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El tenis según «el gran Willy»

Empieza el Abierto de Estados Unidos, momento propicio para recordar al argentino Guillermo Vilas, que cumplió el viernes 60 años de edad.

Nelson Fredy Padilla

Para quienes éramos niños en los años 70 la televisión a color llegó con personajes inolvidables como Guillermo Vilas. En mi casa había fiebre de tenis por ídolos como Borg, Connors, Lendl, Nastase, hasta que este melenudo argentino les hizo morder el polvo y empezó  a construir la leyenda que hoy lo mantiene en el salón de la fama del deporte blanco. Ahora que empieza el Abierto de Estados Unidos sería imperdonable no recordar cómo nos hicimos seguidores de su magistral zurda en 1977 mientras se imponía en el grand slam sobre Connors.

A través de grandes reportajes como los que le hizo la revista ‘El Gráfico’, nos enteramos de que el Leo nacido el 17 de agosto de 1952 en Buenos Aires no sería cualquier mortal. Más que por pasar mecánicamente la pelota por encima de la red hasta convertirse en el número 1 del mundo se preocupaba por cultivar su mente. Hijo del escribano José Roque «Cholo» Vilas, un amante del tenis, heredó la pasión por la lectura y la música que le dieron una estructura mental, un valor agregado, a sus decisiones deportivas y a su particular estilo de vida.

Quienes se han apresurado a compararlo ahora con Juan Martín del Potro, el otro argentino ganador del Abierto de Estados Unidos contra el gran Roger Federer en 2009, perdieron de vista la historia y la magnitud de los personajes. Del Potro tiene presente y futuro en el tenis, es uno de los favoritos para el US Open 2012, pero será difícil que se suba al pedestal de las estrellas que trascienden el deporte y dejan huella como Vilas, como Mohamed Alí, como Maradona. En ese plano, Del Potro es elemental; Gastón Gaudio, otro argentino ganador de grand slam, patético; Messi, insípido.

Vilas innovó. Descubrió que podía explotar mejor los efectos si compaginaba el tenis con el billar. Viendo una bola de marfil tacada por un buen jugador de tres bandas amplió las posibilidades de una bola de tenis. Formalmente puso la física al servicio de su profesión para mejorar técnicas como el ‘top-spin’, el ‘backspin’ , el ‘slice’ y el ‘drop’. Eso lo empezó a practicar en el Club Náutico de Mar del Plata, donde su entrenador y cómplice, el barbero Felipe Locicero, empezó a afilar sus cualidades como atleta y como pensador. Visualizó que si al talento de sus muñecas le sumaba potencia física sería casi invencible. Vilas se anticipó a la importancia del gimnasio, definitiva para los tenistas de hoy. Incluso, tomó técnicas del polo argentino para inventar “la gran Willy”, la jugada que lo inmortalizó al rescatar una bola que lo había sobrepasado y devolverla de espaldas y por entre las piernas.

Esta mezcla le permitió ganar cuatro grand slams: Roland Garros y US Open (1977) y dos Abiertos de Australia (78 y 79). Ostenta uno de los mejores promedios en la historia de la Copa Davis, 62 trofeos de torneos individuales, 15 campeonatos de dobles y venció en 57 partidos seguidos en polvo de ladrillo, incluyendo entre sus víctimas al colombiano Jairo Velasco en París con un 6-0 y 6-3. “Lo que hice es una grosería. Ganar 57 partidos seguidos en polvo de ladrillo, y 85 partidos de los 87 jugados, con 16 torneos ganados sobre 31, es una barbaridad que no voy a volver a repetir en mi carrera. Ni creo que en mucho tiempo alguien lo pueda igualar”. Récords que a duras penas han superado Federer y Nadal, respectivamente.

Junto a Vilas merece crédito el rumano Ion Tiriac, el entrenador que lo obligaba a levantarse a las 5 de la mañana y le explotó su máximo potencial. Tan innovador como Vilas, fue el que se inventó la polémica cancha de polvo azul para el Masters 1000 de Madrid este año.  Decía de su pupilo argentino: “De un intelectual logré hacer un hombre cumplido y disciplinado”.

Como a Vilas no le bastaba casi nada, acudió al yoga y a la filosofía. Su libro de cabecera, aparte de un poemario de Borges, era La libertad total reto esencial del hombre (1970) de Krishnamurti . ‘El gran Willy’ es un libertino que se devoró no sólo el mundo del tenis, donde permaneció entre los mejores durante siete años, sino frecuentó con autoridad e inteligencia círculos políticos, diplomáticos y de la farándula internacional. Fue novio de Carolina de Mónaco, por ella peleó con Tiriac luego de que se escaparan a la Polinesia Francesa y dejara al rumano sin poder cobrar el 10 por ciento que recibía por sus triunfos. La Miss Mundo Mirtha Massa también lo distrajo pero aprovechaba sus jugadas amorosas para acumular poemas que harían parte de varios de sus libros.

A la sicóloga Gabriela Blondeau le escribió: “Dame un pedazo de tu cielo/ píntame tus estrellas de azul/ que esta bohemia enraizada/ es un vaivén sin costados./ Dame un pedazo de tu cielo./Quiero sentir tu calor, pero /no busques en mi proa el ancla./No midas mis sonrisas con ansias/ que jamás tuve unidad de medidas/ aparte del todo o la nada”. También: “Dame la rosa de tu cuerpo. Enséñame la lección de tu vida./ Besa mis aristas con tu tiempo,/ que quiero existir junto a tu gozo./ Nace en mí cada día/ la fragilidad de la inocencia/ para verte distinta sin memoria/ para amarte hoy como ayer”. Su primer libro vendió 15 mil ejemplares en una semana.

Cuando se reencontraba con su entrenador, Vilas se justificaba con versos de Mario Benedetti: “De modo que si ocurre un desconsuelo/ o un apagón/ o una noche sin Luna/ es conveniente,/ y hasta imprescindible/ tener a mano a una mujer desnuda”. No hablaba como un deportista promedio: “Nunca estuve más solo en mi vida que cuando fui el número uno en 1977. Era un cardo. Solo, solo. La gente puede pensar que fue una temporada espectacular: yo deseaba que terminase rápido”.

Con la música tampoco le fue mal. Grabó, dio conciertos y llegó a cantar a finales de los 80 con Los Fabulosos Cadillacs. Esta celebridad estuvo en Colombia a finales de abril de 2007 y pudimos ir en familia a verlo jugar con Borg (¡!), en una exhibición de veteranos organizada por Seguros Bolívar en el Club Pueblo Viejo. Todavía rebosaba de talento y todavía recorre el mundo jugando porque se mantiene en forma física y mental. Ahí estaba Iván Molina, otro de los colombianos que tuvieron el privilegio y el infortunio de enfrentarlo. Lo veneran, como los fanáticos que llegamos a comprar tenis Puma, modelo Guillermo Vilas.

Son apenas brochazos del mural de vida del “gran Willy”, el padre que le dijo a sus hijas que debían educarse en la libertad y a las que sólo prohibió jugar en el Nintendo. “El tenis se juega deslizándose sobre el polvo de ladrillo”. ¿Por qué no ganó Wimbledon? “El pasto es para las vacas”. ¡Feliz cumpleaños Guillermo!

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