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El nuevo viaje de Diana Uribe

Trasladar toda una vida de trabajo a la web, es la nueva apuesta de Uribe Forero, quien espera obtener los recursos necesarios a través del ‘crowdfunding’.

Mariángela Urbina Castilla

 Diana Uribe nació en Bogotá el 30 de marzo de 1959/ Cristian Garavito-El Espectador

La plataforma, tal y como ella la imagina, está pensada para ser un juguete. Un parque de diversiones que permita enlazar sus audios, caminar por mapas, conocer los lugares que su voz describe y visualizar los rostros de los protagonistas de ‘La historia del mundo’. Será un espacio que priorice el hipertexto y rompa las barreras que los medios análogos imponen sobre el tiempo y el espacio de los contenidos. Según Michel Serres, lo que permiten las nuevas tecnologías es recuperar las facultades propias de nuestros sentidos. A eso le apunta esta enciclopedia digital que cualquiera puede financiar desde ayer, durante dos meses.

Tendrá de todo, y aunque las generalidades ya fueron definidas, aún quedan detalles por ajustar cuando esté la plata sobre la mesa. Por ahora, hay 600 mil pesos. ¡Qué chimba!, gritó cuando le dijeron que esa era la suma obtenida durante primer día. El crowdfunding es una estrategia de financiación que que le ha dado vida a proyectos sin recursos en otros lugares del mundo y que tímidamente está surgiendo en Colombia, aunque aquí no ha sido exitoso hasta el momento. Consiste en hacer donaciones a través de un portal de internet. La idea es que si el proyecto le gusta, usted mismo pague para que no se quede en bocetos. Así, muchas novelas, documentales, historietas o programas sociales han logrado materializarse, sin necesidad de que el artista le venda el alma al diablo.

“La radio me llevó a un espacio físico y el espacio físico me llevó a un espacio virtual”, dice Diana Uribe. Todo empezó cuando la gente quería leer el libro del que la locutora hablaba en radio, ver la película que mencionaba, tener el objeto que protagonizaba el relato. Por eso hizo ‘La casa de la historia’, que funcionó durante tres años en el barrio La Soledad, en Bogotá. Pero más adelante La casa se quedó chiquita. “Hay mucha gente en el exterior que nos escucha. Me decían, cuando vas a traer La Casa de la Historia a Panamá o a México”, recuerda. Pero habría sido imposible abrir sedes en el mundo. Para eso sirve internet y todas sus estrategias de interactividad.

“La idea es que esto sirva para abrir trocha. Hace poco estuve en el Chocó y no se imagina la cantidad de ideas interesantes que tiene la gente”, comenta la historiadora, quien, de triunfar en la recaudación de fondos, estaría en efecto abriendo un camino de financiación que hasta el momento ha estado bloqueado en el país. “Me imagino al taxista, a la maestra de sociales, a la mamá ponchada por la tarea de sus hijos, donando. Se pueden hacer donaciones desde 20 mil pesos entrando a lachevere.co”, agrega y le brillan los ojos como una niña con un nuevo juguete. Porque así es esta plataforma, su nuevo juguete y, de paso, el más atrevido de todos sus viajes por el mundo, esta vez, más que nunca, sin salir de casa.

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