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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>El hombre que terminó amarrado a un árbol de castaño* | Blogs El Espectador</title>
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        <title>El hombre que terminó amarrado a un árbol de castaño*</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-magazin/el-hombre-que-termino-amarrado-a-un-arbol-de-castano/</link>
        <description><![CDATA[<p>César Augusto Arango-Dávila (*) Entre los personajes de Cien años de soledad, pocos tan fascinantes para la psiquiatría como José Arcadio Buendía. Ese “poeta de la ciencia”, como el propio García Márquez bautizó a los alquimistas en sus reportajes sobre los países de la Cortina de Hierro, no solo fue el artífice de la estirpe [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="recurso_post aligncenter size-large wp-image-3970" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2012/10/GABO2-1024x765.jpg" alt="" width="368" height="275" /></p>
<p style="text-align: left"><strong>César Augusto Arango-Dávila (*)<br />
	</strong></p>
<p style="text-align: left">Entre los personajes de Cien años de soledad, pocos tan<br />
	fascinantes para la psiquiatría como José Arcadio<br />
	Buendía. Ese “poeta de la ciencia”, como el propio<br />
	García Márquez bautizó a los alquimistas en sus reportajes<br />
	sobre los países de la Cortina de Hierro, no solo fue el artífice<br />
	de la estirpe de los Buendía que da vida al libro, sino<br />
	el gran “patriarca juvenil” alrededor del cual se construyó<br />
	la monumental historia de Macondo. Eso sí, al precio de su<br />
	propia locura, que es la que analizaremos a continuación.<br />
	Dotado de un entusiasmo y una imaginación desbordados,<br />
	José Arcadio Buendía se echó al hombro la responsabilidad<br />
	de fundar un pueblo; aunque más tarde, maravillado<br />
	por la ciencia que le prodigaba a puchos el gitano Melquíades,<br />
	se entregó a empresas imposibles motivado por intuiciones<br />
	bárbaras que lo separaron poco a poco de la realidad<br />
	hasta sumirlo en un mundo propio del que ya no volvería<br />
	nunca.</p>
<p style="text-align: left"><span id="more-7283"></span></p>
<p>	Quizás donde se percibe mejor ese tránsito es en el pasaje<br />
	en el que José Arcadio Buendía nota cierto desvarío en el<br />
	tiempo. Entró al taller de su hijo Aureliano, le preguntó<br />
	qué día de la semana era, y este le respondió que era martes.<br />
	Sin embargo, al advertir que el cielo, las paredes y las begonias<br />
	eran las mismas de la víspera, insistió en que seguía<br />
	siendo lunes. Como la sensación se repitió el miércoles, el<br />
	jueves y el viernes, el personaje “no tuvo la menor duda de<br />
	que seguía siendo lunes” (GGM, ibídem, p. 96).</p>
<p>	Esta es una de las manifestaciones frecuentes de un trastorno<br />
	mental que implica la pérdida del contacto con la<br />
	realidad. La vivencia angustiosa de extrañeza en la cual se<br />
	percibe algo intangible, es, casi siempre, una señal de desrealización,<br />
	un fenómeno relacionado con la desestructuración<br />
	del yo que consiste en una “alteración de la percepción de<br />
	la experiencia del mundo exterior del individuo, de forma<br />
	que aquel se presenta como extraño o irreal”.<br />
	La comprensión actual de la enfermedad mental permite<br />
	inferir que la desrealización resulta de una perturbación<br />
	química del cerebro, de tal manera que la percepción y la<br />
	vivencia del sí mismo y del entorno se manifiestan como<br />
	algo nuevo, como algo diferente, usualmente incomprensible,<br />
	que obliga al individuo a examinar los objetos en una<br />
	búsqueda engañosa de lo novedoso: “Pasó seis horas examinando<br />
	las cosas, tratando de encontrar una diferencia<br />
	con el aspecto que tuvieron el día anterior, pendiente de<br />
	descubrir en ellas algún cambio que revelara el transcurso<br />
	del tiempo” (GGM, ibídem, p. 96).</p>
<p>	De hecho, en estos padecimientos es posible encontrar<br />
	una manifestación clínica denominada signo del espejo, en la<br />
	cual la persona se ve en la necesidad de mirar permanentemente<br />
	su reflejo para no perder la noción de sí misma.<br />
	La desrealizacion, por constituirse en una vivencia de<br />
	extrañeza, genera miedo, un miedo que adquiere gran intensidad<br />
	hasta convertirse en lo que se conoce como una<br />
	ansiedad psicótica o ansiedad flotante. Esta experiencia, con características<br />
	de aniquilación, de pérdida de la noción del<br />
	sí mismo o de la noción del entorno, puede desencadenar<br />
	severas alteraciones de la conducta, como las experimentadas<br />
	por José Arcadio Buendía:<br />
	Entonces agarró la tranca de una puerta y con la violencia salvaje de su<br />
	fuerza descomunal destrozó hasta convertirlos en polvo los aparatos de<br />
	alquimia, el gabinete de daguerrotipia, el taller de orfebrería, gritando<br />
	como un endemoniado en un idioma altisonante y fluido pero completamente<br />
	incomprensible. Se disponía a terminar con el resto de la casa<br />
	cuando Aureliano pidió ayuda a los vecinos. Se necesitaron diez hombres<br />
	para tumbarlo, catorce para amarrarlo, veinte para arrastrarlo hasta<br />
	el castaño del patio, donde lo dejaron atado, ladrando en lengua extraña<br />
	y echando espumarajos verdes por la boca (GGM, ibídem, p. 96).</p>
<p style="text-align: left"><strong>Un destino inevitable<br />
	</strong><br />
	Antes de expresar estas señales de locura, José Arcadio<br />
	era un hombre emprendedor y obstinado. Sin embargo, ese<br />
	emprendimiento y esa obstinación tuvieron un origen que<br />
	explican muy bien sus síntomas. En su adultez joven, se casó con su prima Úrsula Iguarán.<br />
	Pero su matrimonio no fue consumado por más de un año,<br />
	por el temor a tener hijos con cola de cerdo. Dentro de los<br />
	antecedentes familiares había existido un Buendía casado<br />
	con una prima, de cuya unión nació un hijo con una cola<br />
	“cartilaginosa y en forma de tirabuzón con una escobilla de<br />
	pelos en la punta”, que “pasó la vida con pantalones englobados<br />
	y flojos” y que a la edad de cuarenta y dos años murió<br />
	desangrado cuando un carnicero amigo se la cortó de un<br />
	tajo (GGM, ibídem, p. 30).</p>
<p>	Por esta razón, Úrsula se negó a consumar el matrimonio<br />
	y usaba un pantalón de castidad. Los encuentros de la pareja<br />
	se limitaban a forcejeos, y la gente comenzó a rumorar que<br />
	ella seguía siendo virgen porque su esposo era impotente.<br />
	En una riña de gallos, cuando el animal de José Arcadio<br />
	Buendía le ganó al de Prudencio Aguilar, este le gritó ante<br />
	16 12 personajes en busca de psiquiatra<br />
	todas las personas de la gallera: “Te felicito. A ver si por fin<br />
	ese gallo le hace el favor a tu mujer” (GGM, ibídem, p. 31).<br />
	José Arcadio se sintió profundamente ofendido, lo retó a<br />
	duelo y varios minutos después le atravesó el cuello con una<br />
	lanza. Esta muerte fue interpretada como un duelo de honor.<br />
	Sin embargo, dejó en José Arcadio Buendía y en Úrsula<br />
	Iguarán un remordimiento que los obligó a emigrar del<br />
	pueblo con un grupo de seguidores. Al no encontrar la ruta<br />
	del mar, tras haber pasado la noche al lado de un río, José<br />
	Arcadio suspendió la travesía influenciado por un sueño.<br />
	“Les ordenó derribar los árboles para hacer un claro junto<br />
	al río, en el lugar más fresco de la orilla, y allí fundaron la<br />
	aldea” (GGM, ibídem, p. 35). No era otra que Macondo.<br />
	En este relato hay varios aspectos que afectaron de forma<br />
	importante las condiciones psicológicas de José Arcadio<br />
	Buendía:</p>
<p style="text-align: left">1. La experiencia de ver vulnerada su sexualidad y la noción<br />
	de su masculinidad. Ante la negativa de su esposa, requirió<br />
	reprimir durante mucho tiempo su pulsión genital,<br />
	su necesidad de copulación. Es significativo que el arma<br />
	utilizada por José Arcadio para matar a su agraviador<br />
	haya sido precisamente una lanza, referente fálico que<br />
	le clavó de forma certera y contundente, para después,<br />
	esa misma noche, blandiendo la misma lanza, obligar a<br />
	su mujer a no ponerse el pantalón de castidad y copular<br />
	agresivamente con ella. Queda así establecido un complejo<br />
	de sexualidad y muerte, muerte y copulación, descarga<br />
	agresiva y descarga sexual, penetración a un hombre<br />
	para penetrar a una mujer. Distorsión para siempre de<br />
	la sexualidad que se asocia a la muerte y, finalmente, a<br />
	la culpa.</p>
<p style="text-align: left">2. Si bien el suceso en el que murió Prudencio Aguilar se<br />
	definió como un duelo de honor, el resultado en José<br />
	Arcadio Buendía fue un sentimiento de culpa desborEl<br />
	hombre que terminó amarrado a un árbol de castaño 17<br />
	dado que lo siguió acompañando el resto de su vida. El<br />
	fantasma de Prudencio Aguilar comenzó a aparecerse de<br />
	manera reiterada en la casa a pesar de las amenazas de<br />
	José Arcadio para que se fuera. La tristeza que el muerto<br />
	manifestaba lo privó de dormir bien, hasta que decidió<br />
	irse del pueblo con los suyos.</p>
<p style="text-align: left">3. El destierro de su propio pueblo, con el consiguiente<br />
	desarraigo de sus orígenes, es la expresión más clara de<br />
	la culpa de José Arcadio Buendía. Esta ruptura implicó<br />
	generar una nueva identidad sobre un antecedente nefasto.<br />
	Así, como se ve en la novela, la distancia geográfica<br />
	no fue suficiente para desprenderse de las consecuencias<br />
	del suceso.</p>
<p style="text-align: left">4. Si bien lo ocurrido alteró la función erótica y copulatoria<br />
	de la sexualidad, la función reproductora del sexo<br />
	también quedó rarificada por el miedo de tener hijos<br />
	con cola de cerdo, por el temor de ser partícipe del engendramiento<br />
	de seres imperfectos que serían el reflejo<br />
	del sí mismo, por la presunción de ser autor de la degeneración<br />
	de la especie.</p>
<p>	Los anteriores sucesos definieron en la vida psicológica<br />
	de José Arcadio Buendía una sensación de incertidumbre<br />
	que deslegitimó para siempre sus actos, su vida personal,<br />
	en pareja y en familia. Durante toda la novela es claro el<br />
	distanciamiento emocional y de facto que tuvo José Arcadio<br />
	Buendía de su esposa Úrsula. En la continuidad de su<br />
	existencia, ambos vivieron más de la culpa, el temor y la adversidad<br />
	que del acompañamiento, el afecto o el goce. La<br />
	sexualidad, que pudo ser un acto de amor, pasó a ser más<br />
	un acto agresivo y de honor, amenazado por el fantasma de<br />
	la muerte.</p>
<p>	José Arcadio Buendía tuvo que asumir inevitablemente<br />
	su vida sexual en función de afianzar su masculinidad y<br />
	paliar su frustración. Sin embargo, al afrontarla, lo perseguían,<br />
	por un lado, la culpa y el remordimiento, y por<br />
	el otro, el temor de engendrar hijos defectuosos. De esta<br />
	manera, tanto el hecho de evitar la sexualidad como el hecho<br />
	de acceder a ella desembocaban en la adversidad. Esta<br />
	vivencia, en la cual ninguna de las acciones asumidas puede<br />
	ser reparadora, es lo que en psicología se denomina ambivalencia,<br />
	la cual consiste en una sensación de contrariedad<br />
	que deja al individuo sin posibilidad de resolución. El concepto<br />
	de ambivalencia se refiere a una acentuada condición<br />
	emocional en la que coexisten impulsos contradictorios que<br />
	derivan de una fuente común y, por lo tanto, son interdependientes.</p>
<p style="text-align: left">Se trata de una constante oposición del tipo<br />
	sí-no, en la que la afirmación y la negación son simultáneas<br />
	e inseparables. El estado psicológico ambivalente, por<br />
	no tener un desenlace satisfactorio por ninguna vía, genera<br />
	una ansiedad y una tensión nerviosa que perturban de forma<br />
	significativa la estabilidad del individuo.</p>
<p style="text-align: left">Los diferentes componentes traumáticos desencadenaron<br />
	en José Arcadio Buendía una secuencia de movimientos<br />
	psicológicos inicialmente adaptativos, pero que muy pronto<br />
	evolucionaron hacia manifestaciones enfermizas cada vez<br />
	más graves.</p>
<p>	<strong>Un emprendimiento sospechoso<br />
	</strong><br />
	Al principio, Macondo floreció rápidamente gracias a la<br />
	iniciativa descomunal, el sentido del orden y el trabajo de<br />
	José Arcadio Buendía. El trazado que diseñó para el pueblo<br />
	permitió que todas las casas tuvieran un acceso igual de fácil<br />
	al río, y recibieran el sol de manera equitativa a la hora<br />
	de mayor calor. Macondo se convirtió así en la “aldea más<br />
	ordenada y laboriosa que cualquiera de las conocidas hasta<br />
	entonces por sus 300 habitantes” (GGM, ibídem, p. 18).<br />
	La loable organización que planteó ya era la exteriorización<br />
	de su psicopatología. Algunos movimientos psicológicos<br />
	defensivos para evitar la pérdida del juicio y<br />
	del contacto con la realidad (psicosis) implican ordenar<br />
	afuera como compensación del desorden interior. Esta<br />
	fue su reacción inicial. En la novela hay varios ejemplos<br />
	de esta tendencia obsesiva y perfeccionista. Sin embargo,<br />
	mientras pudo intervenir y generar un control, este<br />
	incluía un exceso de orden y equilibrio; pero tan pronto<br />
	la complejidad requirió tener que aceptar cierto grado<br />
	de desorden, su juicio empezó a perturbarse, obstinándose<br />
	por proyectos magníficos e irreductibles que eran<br />
	más el reflejo de su imaginación que el resultado de la<br />
	confrontación con la realidad. Esta creatividad, esta necesidad<br />
	de hacer descubrimientos salvadores, de encontrar resultados<br />
	espectaculares, no fueron más que la consecuencia<br />
	de su vivencia personal desestructurada, de su culpa, de su<br />
	incertidumbre, de su ambivalencia, reflejadas en una necesidad<br />
	inconmensurable de actuar para reparar.</p>
<p>	Aquel espíritu de iniciativa social desapareció en poco tiempo […]. De<br />
	emprendedor y limpio, José Arcadio Buendía se convirtió en un hombre<br />
	de aspecto holgazán, descuidado en el vestir, con una barba salvaje<br />
	que Úrsula lograba cuadrar a duras penas con un cuchillo de cocina. No<br />
	faltó quien lo considerara víctima de algún extraño sortilegio (GGM,<br />
	ibídem, pp. 18-19).</p>
<p>	A pesar de las disuasiones de Melquíades, el gitano que<br />
	llevaba los avances tecnológicos del mundo externo a Macondo,<br />
	José Arcadio Buendía se obstinaba en sus propósitos<br />
	de una manera irreflexiva y algunas veces riesgosa, como se<br />
	observa en los siguientes ejemplos: Después de convencer a Úrsula para que le cediera sus<br />
	ahorros de toda la vida, compró los imanes ofrecidos por los<br />
	gitanos, convencido de que atraerían el oro. Utilizó el principio<br />
	de la concentración de los rayos solares por la lupa<br />
	para plantear un sistema ofensivo de guerra, el cual perfeccionó<br />
	y quiso someter a las autoridades. Como resultado,<br />
	sufrió quemaduras y estuvo a punto de incendiar la casa.<br />
	Emprendió estudios de geografía y astronomía con la ayuda<br />
	de instrumentos de navegación que le regaló Melquíades y<br />
	casi se insola en la búsqueda de un método para encontrar el<br />
	mediodía. Más tarde, sorprendió a sus hijos al contarles que<br />
	había descubierto, por su propia especulación, que la tierra<br />
	era “redonda como una naranja” (GGM, ibídem, p. 13).<br />
	Utilizó las monedas de oro de Úrsula en su laboratorio<br />
	de alquimia pretendiendo multiplicar mediante reacciones<br />
	químicas el peso del oro, hasta convertir la herencia de<br />
	Úrsula en un “chicharrón carbonizado” (GGM, ibídem,<br />
	p. 16). Se ilusionó con las posibilidades urbanísticas que<br />
	otorgaban las propiedades físicas del agua y pensó que era<br />
	posible construir casas con bloques de hielo.</p>
<p style="text-align: left">Cuando la peste del insomnio atacó Macondo, quiso defender<br />
	al pueblo de la enfermedad con la elaboración de un<br />
	instrumento que ayudara a recobrar el recuerdo. Imaginó<br />
	un diccionario giratorio, activado por una manivela. Logró<br />
	escribir cerca de catorce mil fichas antes de que llegara Melquíades<br />
	con la cura contra el olvido.</p>
<p>	Pretendió, mediante el uso del daguerrotipo, comprobar<br />
	la existencia de Dios. Destrozó la pianola autónoma que<br />
	les había enseñado a usar Pietro Crespi, “para descifrar su<br />
	magia secreta”, y tras la muerte de Melquíades volvió a encerrarse<br />
	en su laboratorio para construir nuevos inventos.<br />
	“Vivía entonces en un paraíso de animales destripados, de<br />
	El hombre que terminó amarrado a un árbol de castaño 21<br />
	mecanismos deshechos, tratando de perfeccionarlos con un<br />
	sistema de movimiento continuo fundado en los principios<br />
	del péndulo” (GGM, ibídem, p. 92). Y hasta tuvo éxito:<br />
	conectó una bailarina al mecanismo del reloj de cuerda, y<br />
	el juguete bailó durante tres días. “Pasaba las noches dando<br />
	vueltas en el cuarto, pensando en voz alta, buscando la manera<br />
	de aplicar los principios del péndulo a las carretas de<br />
	bueyes, a las rejas del arado, a todo la que fuera útil puesto<br />
	en movimiento” (GGM, ibídem, pp. 94-95).</p>
<p>	<strong>Una imaginación demasiado voraz<br />
	</strong><br />
	Todas las desatinadas propuestas venían acompañadas de<br />
	manifestaciones psicopatológicas que fueron corroborando<br />
	cada vez más la presencia de un grave trastorno mental que<br />
	hoy podemos definir como esquizofrenia. Al tiempo que<br />
	descuidó su presentación y su aseo personal, José Arcadio<br />
	Buendía desarrolló una imaginación fuera de lo normal<br />
	cuando se entregó a sus empresas científicas. Así, mientras<br />
	practicaba con el astrolabio, la brújula y el sextante, en su<br />
	desaforado empeño por encontrar el mediodía, “tuvo una<br />
	noción del espacio que le permitió navegar por mares incógnitos,<br />
	visitar territorios deshabitados y trabar relación<br />
	con seres espléndidos, sin necesidad de abandonar su gabinete”<br />
	(GGM, ibídem, p. 17).</p>
<p>	Estas expresiones tan desfasadas de la realidad son experiencias<br />
	imaginarias sobredimensionadas que confluyen en<br />
	alteraciones del comportamiento. El soliloquio es una manifestación<br />
	de su vida mental perturbada, durante el cual responde<br />
	a voces irreales, esto es a alucinaciones auditivas, o a percepciones<br />
	visuales sin objeto, que son las alucinaciones visuales.<br />
	Tan abstraído por su alteración mental, José Arcadio adquiere<br />
	una de las características propias de la esquizofrenia:<br />
	la conducta autista, en la cual el mundo externo real<br />
	desaparece. En estas circunstancias, a las personas que lo<br />
	rodean les es difícil contactarse con el enfermo y no entienden<br />
	su comportamiento ni sus ideas: “No volvió a comer.<br />
	No volvió a dormir. Sin la vigilancia y los cuidados de Úrsula<br />
	se dejó arrastrar por su imaginación hacia un estado de<br />
	delirio perpetuo del cual no se volvería a recuperar” (GGM,<br />
	ibídem, p. 94).</p>
<p>	En la medida que su enfermedad progresó, José Arcadio<br />
	Buendía se vio en la necesidad de redefinir su percepción<br />
	del mundo en lo que se denomina la interpretación delirante,<br />
	hasta hallar la respuesta que lo salvara de la irrealidad en<br />
	lo que se denomina la iluminación delirante, para, finalmente,<br />
	quedar atrapado en una idea delirante estructurada e irreductible,<br />
	un mundo propio de tipo alucinatorio. Todo su<br />
	esfuerzo de reparación a través de un Macondo perfecto y<br />
	después mediante sus empresas desaforadas dirigidas a resolver<br />
	los problemas del mundo, no fue suficiente para<br />
	tranquilizarlo. Abatido por la ambivalencia irreductible<br />
	que supuso la desestructuración de su yo hasta asumir un<br />
	comportamiento autista ininteligible, creó su vivencia para<br />
	abstraerse de la incertidumbre y de la ansiedad psicótica, es<br />
	decir, para salvarse de la desrealización y de la aniquilación.</p>
<p style="text-align: left">El cerebro de José Arcadio Buendía fabricó una teoría<br />
	que le diera sentido a su existencia, sin percatarse, como les<br />
	ocurre a los esquizofrénicos, de que no tenía congruencia<br />
	con la realidad. Y lo hizo con lo que tenía a mano en su<br />
	biografía. Cumplió así el viejo aforismo psiquiátrico que<br />
	dice que el paciente delira con lo que tiene. José Arcadio,<br />
	amarrado al árbol de castaño, comenzó a ver a Prudencio<br />
	Aguilar, y a conversar con él. Si bien esta es una experiencia<br />
	psicótica, de desarraigo con la realidad, es una estructuración<br />
	psicológica que le da sentido a José Arcadio. La idea<br />
	delirante es la expresión creativa del pensamiento con el fin<br />
	de reducir la incertidumbre y el caos. Incluso, José Arcadio<br />
	El hombre que terminó amarrado a un árbol de castaño 23<br />
	estradas dirigidas a resolver<br />
	los problemas del mundo, no fue suficiente para<br />
	tranquilizarlo. Abatido por la ambivalencia irreductible<br />
	que supuso la desestructuración de su yo hasta asumir un<br />
	comportamiento autista ininteligible, creó su vivencia para<br />
	abstraerse de la incertidumbre y de la ansiedad psicótica, es<br />
	decir, para salvarse de la desrealización y de la aniquilación.</p>
<p style="text-align: left">El cerebro de José Arcadio Buendía fabricó una teoría<br />
	que le diera sentido a su existencia, sin percatarse, como les<br />
	ocurre a los esquizofrénicos, de que no tenía congruencia<br />
	con la realidad. Y lo hizo con lo que tenía a mano en su<br />
	biografía. Cumplió así el viejo aforismo psiquiátrico que<br />
	dice que el paciente delira con lo que tiene. José Arcadio,<br />
	amarrado al árbol de castaño, comenzó a ver a Prudencio<br />
	Aguilar, y a conversar con él. Si bien esta es una experiencia<br />
	psicótica, de desarraigo con la realidad, es una estructuración<br />
	psicológica que le da sentido a José Arcadio. La idea<br />
	delirante es la expresión creativa del pensamiento con el fin<br />
	de reducir la incertidumbre y el caos. Incluso, José Arcadio<br />
	El hombre que terminó amarrado a un árbol de castaño 23<br />
	estaba convencido de que Prudencio era el que lo consolaba<br />
	y lo asistía en sus necesidades, cuando en realidad era<br />
	Úrsula la que lo atendía, lo limpiaba y le daba de comer.<br />
	Es claro en este pasaje el fenómeno de la ilusión, durante el<br />
	cual el paciente esquizofrénico identifica los hechos reales<br />
	de acuerdo con su creencia.</p>
<p>	Prudencio Aguilar, el personaje muerto y asesinado por<br />
	José Arcadio Buendía, quien lo avergonzó señalando su supuesta<br />
	fragilidad sexual, el generador de toda la tragedia de<br />
	su vida, de su destierro, de la ambivalencia de la sexualidad,<br />
	de la incertidumbre, finalmente fue el objeto de condensación<br />
	para su delirio; se convirtió en su respuesta, en la salida<br />
	a su fragilidad ambivalente; lo situó en la existencia, le<br />
	permitió vivir su realidad resolutoria.5 García Márquez expresa<br />
	magistralmente este fenómeno en el pasaje del sueño<br />
	de los cuartos infinitos. José Arcadio Buendía soñaba que<br />
	se despertaba en una habitación y pasaba a otra habitación<br />
	idéntica, y luego a otra idéntica y así sucesivamente, y luego<br />
	se devolvía al cuarto real, donde despertaba. Pero una vez<br />
	Prudencio Aguilar lo despertó en uno imaginario, y ya no<br />
	pudo regresar nunca al cuarto real (GGM, ibídem, p. 166).</p>
<p>	<strong>Un lenguaje para él solo<br />
	</strong><br />
	En la reconstrucción de una realidad propia, ni siquiera<br />
	el propio lenguaje es suficiente. Con frecuencia el esquizofrénico,<br />
	en períodos avanzados de su enfermedad, acude<br />
	a neologismos, que son palabras y frases propias ininteligibles<br />
	para los otros, con significados únicos y propios que ya no<br />
	cumplen una función comunicativa. El Padre Nicanor, el<br />
	párroco del pueblo, descubrió que la jerga de José Arcadio<br />
	Buendía correspondía al latín y se percató de que, a pesar<br />
	de su trastorno mental tan severo, manejaba un sistema lógico<br />
	propio de un individuo consciente. Está definido que<br />
	la idea delirante, en su contexto, es lógica, pero no cumple<br />
	con el principio de la realidad, por lo cual se define como<br />
	un pseudosistema lógico. Por eso el padre Nicanor, “asombrado<br />
	de la lucidez de José Arcadio Buendía, le preguntó<br />
	cómo era posible que lo tuvieran amarrado de un árbol”.<br />
	“–Hoc est simplicisimun –contestó él–: porque estoy loco”<br />
	(GGM, ibídem, p. 104).</p>
<p>	En medio de su condición delirante, la persona con esquizofrenia<br />
	es consciente. Usualmente no se desorienta en<br />
	espacio, en tiempo ni en persona. Su pensamiento responde<br />
	a un pseudosistema lógico. Muchos, incluso, alcanzan a<br />
	identificar que sus vivencias no son adecuadas y logran momentos<br />
	de introspección, como se observa en la respuesta<br />
	que le da José Arcadio al padre Nicanor.</p>
<p>	<strong>La esquizofrenia: una predisposición<br />
	</strong><br />
	La esquizofrenia es una enfermedad del neurodesarrollo,<br />
	es decir, un defecto de origen congénito que altera las<br />
	conexiones de las neuronas. Esta alteración hace que el cerebro<br />
	no se pueda adaptar a las circunstancias estresantes<br />
	del desarrollo. José Arcadio Buendía tenía posiblemente<br />
	esta predisposición, la cual hizo que se deteriorara significativamente<br />
	hasta el punto de pasar una importante parte<br />
	de su vida amarrado a un árbol de castaño en el patio de su<br />
	casa. No fueron los sucesos traumáticos los causantes de su<br />
	enfermedad, pero sí fueron estos sucesos los que facilitaron<br />
	o desencadenaron la patología. Es posible que una persona<br />
	con iguales traumas no desarrolle esquizofrenia si no está<br />
	predispuesta a sufrir la enfermedad.</p>
<p style="text-align: left">La esquizofrenia corresponde a un grupo de trastornos<br />
	mentales crónicos y graves, caracterizados por alteraciones<br />
	en la percepción de la realidad. Causa, además, una mutación<br />
	sostenida de varios aspectos del funcionamiento psíquico<br />
	del individuo, principalmente de la conciencia de<br />
	realidad, y una desorganización psicológica compleja, en<br />
	especial de las funciones ejecutivas, que lleva a una dificultad<br />
	para mantener conductas motivadas y dirigidas a metas,<br />
	y una significativa disfunción social. Una persona con<br />
	esquizofrenia, por lo general, muestra lenguaje y pensamientos<br />
	desorganizados, delirios, alucinaciones, trastornos<br />
	afectivos y conducta inapropiada. El diagnóstico se basa<br />
	en las experiencias reportadas por el mismo paciente, en<br />
	los antecedentes personales y familiares, y en el comportamiento<br />
	observado por el examinador.</p>
<p>	Si José Arcadio Buendía hubiera tenido la oportunidad<br />
	de tratarse médicamente, se habría beneficiado de las intervenciones<br />
	psicológicas y psicofarmacológicas modernas,<br />
	y no habría tenido el triste destino que le tocó asumir. En<br />
	primer lugar, una intervención psicoterapéutica que le permitiera<br />
	desculpabilizarse y paliar el temor y la ambivalencia,<br />
	habría sido beneficiosa. En segundo lugar, los medicamentos<br />
	antipsicóticos modernos no solo habrían mejorado los<br />
	síntomas positivos de la enfermedad (alucinaciones, ilusiones,<br />
	delirios), sino también los síntomas negativos (el retraimiento<br />
	social, la desorganización comportamental, el<br />
	deterioro cognitivo).</p>
<p>	Los antipsicóticos actúan sobre cierto tipo de receptores<br />
	en el cerebro, mejorando los síntomas de la esquizofrenia.<br />
	Su efecto más definido se da por modificaciones en la<br />
	estructura cerebral, cambiando el número de neuronas y<br />
	sus conexiones, y cambiando, por lo tanto, las condiciones<br />
	funcionales del cerebro.Si José Arcadio Buendía hubiera podido usar un medicamento<br />
	antipsicótico, tal vez no habría llegado nunca a sus<br />
	vivencias de los cuartos sucesivos con Prudencio Aguilar, ni<br />
	a su aparatosa actividad delirante y alucinatoria. Habría estado<br />
	al lado de su esposa, trabajando, preocupándose no<br />
	solo por las condiciones emocionales de Úrsula sino también<br />
	por la educación adecuada y el acompañamiento amoroso<br />
	de sus hijos: José Arcadio, Aureliano y Amaranta.</p>
<p style="text-align: left">Pero José Arcadio Buendía, en sus empresas disparatadas<br />
	y sus delirios alucinatorios, descuidó a su familia, no se<br />
	interesó significativamente por la educación de sus hijos,<br />
	quienes lo vieron casi siempre empecinado en sus proyectos<br />
	inverosímiles, retraído emocionalmente, con aspecto de<br />
	holgazán, y las más de las veces hablando de temas ininteligibles<br />
	en un lenguaje incoherente.</p>
<p>	Este esquema de padre perturbado mentalmente deja<br />
	huellas en los hijos, quienes no cuentan con una figura<br />
	estructurada para identificarse. Si José Arcadio Buendía<br />
	hubiera podido tener atención psiquiátrica y hubiera tomado<br />
	medicamentos antipsicóticos, la historia de Macondo<br />
	habría sido diferente. Quizás su hijo José Arcadio jamás<br />
	se habría ido con los gitanos, ni le habría dado la vuelta al<br />
	mundo 65 veces para regresar a Macondo con todo el cuerpo<br />
	tatuado y con vicios de marinero; tal vez nunca se habría<br />
	casado con Rebeca, su hermana de crianza, en un acto de<br />
	perfil incestuoso. Aureliano Buendía no habría participado<br />
	en 32 guerras civiles, no habría tenido 17 hijos con 17<br />
	mujeres distintas, y no habría sufrido de su incapacidad de<br />
	amar. Amaranta, por su parte, no se habría vengado de su<br />
	único amor rechazándolo hasta llevarlo al suicidio, ni se<br />
	habría quemado su mano envenenada de la rabia, ni abusado<br />
	sexualmente de sus sobrinos. Tal vez no habría muerto<br />
	soltera y virgen, embargada por un odio inconce</p>
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        <author>elmagazin</author>
                    <category>El Magazín</category>
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        <pubDate>Sun, 07 Oct 2012 17:29:12 +0000</pubDate>
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