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Credibilidad versus comprensión

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Flickr: MrB-MMX

Fernando Araújo Vélez

El sonido siempre fue fundamental dentro de un filme, incluso en los tiempos del cine mudo.  Allí, en el sonido, como en la vida, todo cuenta, todo habla. Cuenta una puerta que se cierra con mayor o menor fortaleza, cuentan unos pasos más o menos claros, y el viento, la lluvia, el papel que se arruga y demás. Cuenta la música y cuentan las palabras, por supuesto. Sin embargo, a veces las palabras son sólo sonidos. O ruido. Una conjunción de fonemas que se juntan y explotan, y de alguna forma, se estrellan formando un caos. La frase más importante de una película, la que desenreda la trama, suele ser dicha en voz muy baja porque es seria, decisiva, pero por lo mismo, puede ser incomprensible.

Muchos años atrás, por allá en los años 40 y 50 del siglo XX, o incluso antes, cuando el cine mexicano y el argentino dominaban la escena en América Latina, una de las directrices de los directores y productores era que los actores pronunciaran con claridad. A veces, también, debían trabajar en la neutralización de sus acentos. Era tan clara la instrucción, que por momentos el cine parecía teatro. María Félix, Libertad Lamarque, Pedro Infante, Carlos Gardel, por citar sólo unos, hablaban y cantaban y transmitían, porque la palabra primaba sobre el gesto y el ambiente. Con los 60, revolución por revolución, surgieron otros directores con distintas teorías.

El cine era imagen y palabra, dijeron, pero también, ambiente, escena, silencio, y hasta ruido. Un todo que debía retratar una realidad. Por un lado iba la credibilidad. Por el otro, la comprensión. Por un lado, la autenticidad, ese hablar con el acento y el tono y el murmullo originales; una frase entre dientes, con la mirada al piso, no transmitía ni transmite lo mismo que esa frase dicha con absoluta claridad, letra por letra, sílaba por sílaba. La primera era más real, verídica en sus gestos y en su tono, en sus silencios, pero en ocasiones resultaba, resulta incomprensible. La segunda no era exacta, se notaba que era una puesta en escena, y sin embargo, se entendía.

Credibilidad versus comprensión: el dilema. Un dilema de siempre. ´Tesis sobre un homicidio´, ´Siete días en La Habana´, ´No´, han sido presentadas con aplausos tibios en el Festival de Cine de Cartagena, y si fueron sólo tibios, se debió en gran parte a que la verosimilitud estuvo por encima de la comprensión. La perfección en el todo sobre la comunicación.   

 

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