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Autorretratos…Aldecoas. León de Greiff y Gilberto Owen en Bogotá

León de Greiff
León de Greiff

Aquiles Cuervo *

“…el violado crepúsculo…Recuerdo

recuerdo el anima en vela! De filtros rebosante

-angustiados- el indomado espíritu!”,

León de Greiff, Relato de Aldecoa, 1926-1930.

Acababa de comprar el “nuevo” libro de León de Greiff, colección de relatos en edición de bolsillo. Caminaba por el norte de una Bogotá adolescente. Me senté a leer su relato de Gaspar en la plaza que irónicamente lleva el nombre de nuestro poeta tergiversador, por la calle 85. Conozco mal el norte de esta ciudad, pero a veces encuentro ciertos lugares con algún encanto. Cuando pasé al Relato de Aldecoa, me quedé pensando en la dedicatoria (A Gilberto Owen). Hablamos de un poeta y escritor mexicano de la primera mitad del siglo pasado. Pero en ese momento no lo sabía. De Greiff, con su dedicatoria, me llevó a otro gran poeta, elogiado por muchos, entre ellos Carlos Monsivais.

Luego, en un puesto temporal de libros “leídos” por la carrera quince hacia la calle 90, me encontré de frente con Gilberto Owen. En el relato de Aldecoa, León de Greiff habla de Sindbad, con su estilo inconfundible:: “¿Sindbad un si es no es un poco restringido, un poco mucho!”. Y Owen escribe: “tu tronco de misterio es lo que me apuntala un cielo en ruinas”. Y la dedicatoria a Owen pasa por un poema del mexicano titulado Sindbad el varado, quien a la vez cita a Eliot (“because I do not hope to turn”). Y ese Sindbad, viajero incansable me atrapó con sus devenires y Owen me susurró: “me quedo en tus pupilas, sin convite a tu fiesta de fantasmas. Adentro todos trenzan sus efímeros lazos, yo solo afuera, y sin amor, más prisionero, yo, mozo de cordel, con mi lamento, a tu ventana, yo nuevo triste, yo, nuevo romántico”, (Gilberto Owen, Sindbad el varado, día tres, al espejo).

Y de tanto leer a De Greiff y a Owen, me dejé ir en tantas ensoñaciones. Antes de encontrar esos dos libros, Yo me sentía como un “transeúnte sin identidad” (por la canción de Virus). Después de viajar con De Greiff y Owen, pude entregarme a contemplar con otros ojos estos días, estas calles, estos destiempos. Entonces tomé una foto y me fui con este verso de Owen entre los labios: “tras la diurna función, el tramposita del crepúsculo recogió sus trucos de escenografía los paseantes se guardan los prismáticos con un poco de desencanto, y en los estuches de la Kodak esconden lo que pueden del paisaje.”

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(*) Colaborador.

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