El Hilo de Ariadna

Publicado el Berta Lucia Estrada Estrada

MARIENNE VON WEREFKIN Y EL EXPRESIONISMO ALEMÁN

Por Berta Lucía Estrada Estrada

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La Pinacoteca de París, fiel a su espíritu de diálogo, presenta por primera vez una exposición sobre el Expresionismo Alemán, no por autores, como se ha hecho hasta ahora, sino exhibiendo las dos corrientes pictóricas, tan diferentes entre sí; tanto desde el punto de vista de la pincelada y de la paleta como desde la búsqueda filosófica, especialmente Der Blaue Reiter (El Jinete Azul),  movimiento intelectual que incursionó incluso en la música al aceptar en sus filas a Shönberg, y  Brücke (Puente), movimiento más centrado en la emoción, en la sensibilidad. Los artistas, adscritos a estas dos corrientes, sufrieron la persecución nacionalsocialista y fueron considerados artistas degenerados. Der Blaue Reiter, se desarrolla, básicamente en Munich y la región bávara, mientras que Brücke lo hace en Dresde, Moritzburg y Berlín.

Pero antes de hablar un poco más sobre el Expresionismo Alemán, me gustaría recordar que la Historia del Arte del siglo XX se centró sobre todo en analizar y mostrar, una y otra vez, el arte del Renacimiento italiano; por lo cual muchos otros movimientos han sido poco difundidos. Es el caso específico de Las Puertas de Ghiberti (1378-1455), conocidas por todas aquellas personas que se hayan interesado, poco o mucho, por el arte florentino. No obstante, el trabajo en bronce de Las Puertas de Bernward (1015) y de La Columna de  Cristo (1020), de la Catedral de Hildesheim, denotan un florecimiento extraordinario en las artes alemanas del Medioevo; siendo prácticamente desconocidas no sólo para los neófitos sino para muchas personas  que se precian de conocer un poco el arte occidental.

Después de este breve paréntesis podemos dar un salto en la historia y ubicarnos a comienzos del siglo XX. Desde 1905 artistas como Franz Marc, Paul Klee, Kirchner, Von Jawlensky o Heckel, habían puesto sus ojos en el fauvismo, pero también entendieron la importancia de Vincent van Gogh, al mismo tiempo que descubrían el “arte negro”, que les mostraba otros códigos estéticos, tan diferentes al mundo occidental. O en el caso de Kirchner el arte realizado en los mares australes. No obstante, me interesa hacer énfasis en las mujeres que participaron activamente en el movimiento expresionista, a saber: Gabriele Münter (Alemania, 1877-1962), Natalia Sergejewna Goncharova (Rusia, 1881-1962) y Marianne von Werefkin (Rusia, 1860-1938).

Gabriele Münter, junto con Paula Modershon-Becker (Alemania, 1876-1907), es uno de los íconos de la pintura expresionista. Compañera sentimental de Kandisky por espacio de varios años, incursionó en la pintura abstracta desde sus primeros años como pintora. Después de la II Guerra Mundial se dedicó en cuerpo y alma a la difusión de Der Blaue Reiter. Consciente de su genialidad decidió donarle su obra a la ciudad de Munich.

Natalia Sergejewna Goncharova, de espíritu autónomo, rebelde, contestaria, desde muy joven se vio envuelta en persecuciones moralistas que la acusaban de  moverse en círculos de pornografía.  Su talento sobrepasaba el interés por la pintura, ya que siempre le interesó trabajar como decoradora de compañías de ballet clásico; habiéndose desarrollando plenamente en este campo cuando decidió instalarse definitivamente en París.

Marianne Von Werefkin

De los artistas que hacen parte de la exposición de La Pinacoteca, hay una que me llamó poderosamente la atención y a quien no conocía, hablo de Marianne Von Werefkin (Rusia, 1860-1938). Nacida en el seno de una familia aristócrata, con el nombre de  Marianna Wladimirowna Werefkina, en 1883 decide entrar a la Escuela de Arte de Moscú, en 1886 hasta 1896 toma cursos particulares con el artista Ilya Répin y éste le presenta a Alexej von Jawlensky quien se convierte en su compañero sentimental, poco tiempo después se instalan en Munich, donde abren una galería de arte que expone los trabajos de Jawlensky. Marianne Von Werefkin se dedica por completo a la difusión de la obra de su compañero, lo que les permite entrar de lleno en la vida artística de la ciudad. Durante 10 años se olvida de su propio trabajo; pero también es cierto que años antes había sufrido un accidente de caza en el cual su mano derecha había perdido gran parte de su movimiento, lo que le dificultaba mucho el ejercicio de la pintura. La relación con su pareja es cada vez más tormentosa y la artista se da cuenta que su vida profesional es verdaderamente ahogada por su compañero sentimental, en realidad es su sombra; así que en 1905 retoma nuevamente las riendas de su vida y con ella los pinceles. En 1909 crea, junto con Kandisky y Franz Marc, La Nueva Asociación de Artistas de Munich, en 1912 la abandona y participa en la primera exposición de Der Blaue Reiter, organizada por la Galería Sturm de Berlín y se convierte en una de sus principales teóricas. Muchos de los postulados artísticos quese le atribuyen a Kandinsky son en realidad postulados de Marianne von Werefkin; Kandinsky la respetaba y admiraba; era consciente de su gran capacidad analítica y crítica y de su gran visión artística; no en vano había dirigido con gran éxito la galería de arte que exhibía la obra de von Jawlensky. Un año después Marianne von Werefkin forma parte de Primer Salón del Otoño Alemán, que acoge la vanguardia artística europea. En 1917 conoce a Rilke y en 1918 se instala  en Ascona. En 1924 funda Der Grösse Bar, en el cual participan los pintores Walter Helbig, Ernst Frick, Albert Kohlen, Gordon McCouch, Otto Niemayer y Otto van Rees.

Sus obras pictóricas tienen como centro temático a la mujer, a su aislamiento, a su soledad intrínseca; así ella hubiese sido respetada por todos sus congéneres masculinos, entendía como pocas personas el dolor de ser mujer en un mundo gobernado por hombres. Es el caso del cuadro “Otoño” (La Escuela) realizado en 1907, donde se observa a un grupo de niñas acompañadas de su maestra, el grupo camina al lado de un lago apacible pero triste.

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Ni la maestra ni las niñas tienen rostros definidos, llevan una máscara que las hace iguales, carecen de futuro, son ovejas que van por su propia decisión rumbo al sacrificio. Un sacrificio por lo demás inútil, puesto que la sociedad que lo espera lo considera fútil; como si la profesora y las niñas no tuviesen otra escapatoria distinta a la muerte; en realidad son cadáveres que se pasean antes de quitarse el disfraz que oculta su terrible soledad.

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Nadie mejor que ella para entender el dolor humano, y  lo plasmaba, incluso,  en una extraña mezcla de “realismo onírico”. Cuando hago esta aseveración es básicamente  al observar el cuadro que se titula “La Mujer de la Linterna”, 1910. En él se representa a una mujer, que puede también ser un monje medieval, paseándose por un paisaje invernal, desolado; es una persona abatida por la vida, su joroba habla de una vida ruda y un ambiente inhóspito. Al observar la obra pictórica siento el frío corroerme los huesos y el viento helado  me pega en la cara. Sin embargo, el color rojo, caro a los fauvistas, está presente  en toda la pintura; en ella, dos cerdos duermen plácidamente, como si no les esperara un triste fin, ajenos al drama de la mujer que se aproxima con la linterna.

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