El Hilo de Ariadna

Publicado el Berta Lucia Estrada Estrada

EL OFICIO DE ESCRITOR

máquina de escribir

Un escritor es como un actor, se pone varias pieles según la circunstancia del personaje que interpreta. Para escribir sobre un dipsómano, por ejemplo, un escritor no tiene necesariamente que serlo, como  tampoco tiene que ser un  atormentado para poder bucear en la psiquis de uno de ellos. Un escritor es, en cierta forma, un fabulador, y quien dice fabulador, dice mentiroso. Un escritor se inventa vidas, mundos, universos, algunos conocidos, otros sólo leídos, intuidos o “escuchados”.

Un escritor hurga en las historias de los demás, lo que lo convierte en una especie de psicólogo o terapeuta; y al hurgar en la psiquis muchas veces habla sobre la condición humana, léase sobre las miserias, dramas o alienaciones mentales. Pero también navega en el dolor o en la alegría, en el pesimismo o en la esperanza y eso no quiere decir que comparta plenamente los argumentos que despliega en su narrativa o en su poesía o en su dramaturgia. Un escritor también es un voyeur que espía detrás de una cerradura, a través de la cual observa la vida de los demás o se las inventa.

La literatura es un sueño que a veces se hace realidad, pero también puede ser el reflejo de la vida del autor, o al menos de una parte de ella. Es decir, la literatura no siempre es el espejo de quien la crea. Eso no quiere decir que no se escriban novelas autobiográficas, o al menos con rasgos personales; lo que me lleva a pensar en Philip Roth, o en Amos Oz, o en Primo Levi o en Jorge Semprún, por ejemplo.

Otra de las características del oficio de escritor, aunque menos mencionada y no por eso menos importante, es que detrás de un gran escritor siempre hay un gran lector. No todo buen lector es un buen escritor, pero un mal lector es un mal escritor. Un escritor debe interesarse por múltiples temas: filosofía, historia, sociología, antropología, cine, música, por no nombrar sino algunas de las disciplinas del gran océano que es el conocimiento humano y en el cual cabe, por supuesto, la ciencia. Debe leer a sus contemporáneos pero también a los clásicos o a aquellos que la crítica literaria o la historia de la literatura han relegado al cuarto de san Alejo y que a veces alberga verdaderas joyas del pensamiento y de la creación literaria.

Por último es importante anotar que el oficio de escritor conlleva una enorme disciplina y rigor a la hora de trabajar. La gente a veces cree que una novela, un cuento o un poema son simplemente dictados en una noche de luna llena por las musas que en esa ocasión pasaban por ahí, cerca a la casa del feliz escogido. Es cierto que hay ocasiones, debido a múltiples factores, en que la sensibilidad puede tener mayor impacto a la hora de escribir, pero detrás de cada obra hay muchas horas de trabajo, a veces, incluso, es el resultado de toda una vida. 

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