El Hilo de Ariadna

Publicado el Berta Lucia Estrada Estrada

DE POETA A POETA: MEIRA DELMAR VISTA POR GLORIA CEPEDA VARGAS

MeiraMEIRA DELMAR

POR: GLORIA CEPEDA VARGAS*

 

Persiguiendo los libros de mi pequeña biblioteca, volví a encontrar ese iceberg imbatible que es la poesía de Meira Delmar, donde, parafraseando a Borges,  cuenta su historia.  Protagonista principal de ella es el amor conjugado en todos los tiempos. Personajes  casi tangibles: la rosa, el ángel, las golondrinas, el viento, el sol. Bajo la línea de flotación, invisibles al ojo humano, navegan la nostalgia, el dolor, el recuerdo en permanente evocación.  La aristocracia del lenguaje y la elevación de la idea, iluminan como un faro la extensión del mar, escenario insustituible de su vida y   obra.  Una sensación de lejanía permanente, de tiempos ya vividos en otras estaciones, relumbran de principio a fin, en este encaje lírico, único en Colombia.

A diferencia de otras voces poéticas, la suya conserva el color y el sabor a lo largo de una larga vida. Desde su primer libro Alba de Olvido (1942) hasta Laúd memorioso (l995), su obra poética es una cantiga con igual armonía. Siempre la voz angélica, el trazo apenas insinuado, la fineza, la presencia de sitios y seres que pasaron. Un hombre recortando la luna de los desiertos interiores, la ronda sin descanso. Surgiré en tu recuerdo con aquella encantada/ vaguedad de las cosas hace tiempo olvidadas/ que retornan a veces en la luna de oro/ en lo triste de un verso, en el eco sonoro, canta  en Alba de olvido (42)  para desembocar 43 años después, en la voz decantada de Laúd memorioso: Si acaso al otro lado de la vida/ otra vez por azar, nos encontramos/ ¿se reconocerán nuestras miradas/ o seremos tan solo dos extraños?/ De  todos modos te amaré lo mismo/ juntos o separados.

El mar de Meira es un espejo sosegado. Hecho de sol y viento pacíficos,  no ruge ni avasalla. Es un mar-duende, un mar que abrasa el corazón con su lengua de oro: El mar danzaba entre las islas/ desnudo y joven como un dios/ sobre su piel resplandecía/ el agua azul llena de sol.

A pesar de la nube de seda que la envuelve, el suyo es un talante  subversivo. Subversión significa  reversión del orden establecido. A diferencia de la ruptura que traducen las diferentes corrientes literarias establecidas en Colombia de acuerdo a las circunstancias existenciales, la suya es una confirmación honesta y cabal de su credo poético. Antes de ella fueron Los Panidas (1915) con León de Greiff al timón, luego Los Nuevos: Porfirio Barba Jacob y  Luis Carlos López, ardiendo en el delirio entonces a media luz de la impostergable renovación de nuestro decadente modernismo lírico para abrir la puerta a Piedra y Cielo, el primer movimiento poético declarado por los críticos como una transformación tangible en la anquilosada poesía colombiana. Eduardo Carranza, Jorge Rojas, Arturo Camacho Ramírez, Rogelio Echavarría entre otros, se negaron a reconocer lo que en ese  momento se identificaba como poesía colombiana y lo lograron. Hay quien ubica a Meira en la generación de  Piedra y Cielo quizá por asuntos cronológicos. No hay tal, ahí no encaja su clamor y disuena, entre ese coro desdeñoso y alucinado, su permanente ejecutoria de belleza. Por eso, con aciertos y  sensibilidades casi taumatúrgicas, sin alardes ni retos, su obra trasciende atemporal y única. Han pasado los años. Sobre movimientos de falsa o legítima vanguardia, de guerras, mascaradas, críticas y mono sabios poderosos, permanece fiel  a su concepto de lo que significa administrar con acierto el asombro.

Su poesía es trigo limpio. Hasta los tan conocidos misóginos que merodean en academias, suplementos literarios, críticas de una sola orilla,  la reconocen. Hasta las clasificaciones inventadas por los exploradores del pensamiento, se estrellan contra ese muro sutil afuera, marmóreo al fondo.

Sin levantar la voz, se hizo escuchar. El respeto que profesaba hasta a la obra de poetas  desconocidos, su amabilidad, su señorío, vienen no solo de sus filigranas ancestrales o su cuidadosa formación musical y literaria. Cuando Meira dice: En el azul de la mañana/ vuela una garza/ ¡quién sabe qué poeta distraído/ dejó escapar una palabra! no hace más que recoger un sentimiento general para expresarlo con palabras que tienen la credibilidad de la sencillez. Este breve poema es una metáfora  alada, un tropo que viste lujosamente el relámpago idiomático. El romance, la copla, el haiku, la décima, el soneto, brillan a plenitud en el prodigio de su voz

Es una poeta que conoció todos los meandros del idioma, todos los alcances  y diferencias de ese rompecabezas que constituyen los distintos géneros poéticos. Sus sonetos  llenan  con generosidad los rigurosos requisitos que necesita para ser con decoro, ese ángel arisco, exigente y profundo.  Ahí se imponen la administración y riqueza del lenguaje, el conocimiento de la huella lírica superviviente a hombres, astros y bestias sumergidos en el mar de los siglos.  Sacerdotisa de rituales antiguos, lectora de códigos abstrusos, decodificadora de cifras poderosas, Meira Delmar, nuestra barranquillera universal, sigue cantando más allá de la sombra.

*Nota: Este ensayo se publica con la autorización escrita de la poeta Gloria Cepeda Vargas      

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