Corazón de Pantaleón

Publicado el ricardobada

El Brasil y nosotros

Desde Bogotá, mis buenas amigas Maruja y Constanza Vieira, poetisa y periodista, tía y sobrina, respectivamente, me llamaron hace diez años la atención sobre el grandísimo escándalo (para ellas) de que no existiera todavía en el Brasil una antología de poesía hispanoamericana; recién entonces el poeta Thiago de Mello se estaba poniendo a la tarea.La atenta mirada de ustedes habrá detectado ya que añadí un paréntesis a lo del «grandísimo escándalo» y dije que lo es «(para ellas)». Porque es que yo creo que en materia de escándalo vamos a la par con los brasileños, y si no díganme cuántas antologías de poesía brasileña en castellano recuerdan ustedes.

Es posible que haya traducciones aisladas de poetas de Brasil, cómo no. En particular yo recuerdo por ejemplo la de Ferreira Gullar debida al gran poeta peruano Antonio Cisneros y que no fue publicada precisamente por una editorial sino por la sección cultural de la embajada brasileña en Lima. Y están también los volúmenes Itabira, de Carlos Drummond de Andrade, y La educación por la piedra, de João Cabral de Melo Neto, incluidos en la prestigiosa colección Visor de Madrid; y un cancionero de Chico Buarque de Holanda en edición bilingüe aparecida en Buenos Aires. Y estoy convencido de que debe haber alguna que otra muestra más, en lengua castellana, de lo que es la poesía brasileña, pero si llegan a la docena ya serán muchas. De manera que el escándalo inverso no es para tanto.

Por otra parte sucede que si bien es bastante seguro que todos los brasileños cultos navegan sin problemas por los mares de nuestro idioma, también lo es que el 90% de los latinoamericanos cultos son  olímpicamente analfabetos en portugués. En mis largos años de convivencia y trato con escritores de nuestro continente tan sólo he escuchado a tres de ellos hablar fluido en el idioma de Macunaíma: al uruguayo Eduardo Galeano, al chicano Rolando Hinojosa, y a Álvaro Mutis, de quien, por cierto, sí existe una antología de sus poemas en Brasil.

Ahora bien: teniendo en cuenta que el receptor normal de la poesía traducida es un lector aficionado y culto, la consecuencia de esta aberrante situación es que los brasileños que quisieran leer poesía hispanoamericana no tenían ninguna necesidad de recurrir a la traducción: podían leer a César Vallejo y Delmira Agustini en su idioma original. Lo cual, dicho sea de paso, es infinitamente mucho mejor que leerlos traducidos, aunque el trujamán haya sido alguien de quilates homologables a los de Petrarca o Ezra Pound.

Y entonces, por pura lógica, ningún editor brasileño debe haberse preocupado nunca de publicar una antología de poetas hispanoamericanos. Tengo a la vista una muy buena versión al portugués de la LIII, la más famosa rima de Bécquer, aquella que comienza diciendo:

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán…
etc.

Confieso que a ser yo brasileño y entender el castellano, me resultaría insoportable encontrar esa preciosidad convertida en lo siguiente (y copio íntegra la traducción):

Voltarão a escuras andorinhas
Na varanda seus ninhos a botar,
E outra vez com a asa em tuas vidraças,
Brincando chamarão.
Mas aquelas que o vôo refreavam,
nossa imensa ventura ao contemplar,
aquelas que aprenderam os nossos nomes…
essas… não voltarão!

Voltarão as espessas madressilvas
do teu jardim as cercas a escalar,
e outra vez à tarde, até mais formosas,
as flores se abrirão.
Mas aquelas tão coalhadas de orvalho,
cujas gotas víamos tremular
e cair, como lágrimas do dia…
essas… não voltarão!

Voltarão do amor aos ouvidos teus
as palabras ardentes a soar;
teu coração, de seu profundo sono,
talvez despertará.
Mas calado e absorto e de joelhos,
como se adora a Deus ante o altar,
como eu te amei… podes desenganar-te,
assim não te amarão!

Para muestra basta con un botón. Y eso que, ya digo, me parece una bastante buena versión, esta de José Cláudio de Almeida Abreu, que transcribí corregida de puntuación. Así es que nada de escándalos, y desde luego, bienvenida sea la antología que prepara Thiago de Mello, pero sin rasgarnos las vestiduras por el hecho de que sea la primera.

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