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Publicado el Grupo Juncal un colectivo de autores

El JARDÍN de las DELICIAS…by F.R.P

El BUENOS AIRES QUERIDO por muchos, DENOSTADO por otros, AÑORADO por algunos… entre quien encontramos a nuestro FRANCISCO RODRÍGUEZ-PRADA, ser HUMANO maravilloso, ARTISTA PLÁSTICO inmenso, PLUMA EXCELSA…quien de manera MAGISTRAL nos entra en el contar de COLEGAS de manera SUTIL y MAGNÍFICA en este…

“El Jardín de las Delicias…By F.R.P

 

 

Hemos de recorrer unos textos llenos de obstáculos y de significantes vacíos. Vacíos como la blanca bruma de Wordsworth quién describe en sus poemas aquella impresión que se tiene al descubrir el color de una flor en la envolvente neblina. Existen otros jardines marchitos de signos y fonemas que refieren y califican flores monocromas sin perfume. Instancias mentales adornadas de guirnaldas carnavalescas que concatenan pecados como quien recita letanías luciferinas. ¿Tendrá el lector suerte de no pisar boñiga escapando de aquel jardín interior? ¿De su propio jardín interior?

A lo lejos se vislumbra el límite del jardín, la frontera de lo pensable; gran muro mohoso corroído por el amoniaco de la orina. Las letras de la palabra orina están contenidas en las letras de la palabra onírica. Los textos describen sueños, algunos más terribles que otros. Textos de género «Orínico»: literatura de prosélitos del fracaso, prosélitos que sueñan no con la escatología de la parusía sino con la escatología coprológica de las entrañas del infierno. No habrá esperanza en las profundidades del infierno, pero si mucho fango cenagoso y de allí crece la flor de loto…

Cordón umbilical que asciende con el alma por aguas pútridas rebasando la superficie de la conciencia. Sobre aquel espejo cristalino se abre la flor del loto. Se abre redimida, iluminada por la lucidez y calidez del pensamiento del otro. Se expande el límite de las ideas de lo propio. Se abre la verja para recorrer el jardín de textos escritos por otras personas. Bosques tupidos de significados y significantes. Atrás quedó el muro mohoso y la disonancia cognitiva. Habrá que orientarse ahora con la brújula semántica para rastrear nuevas interpretaciones. Por desgracia, se llega a viejo sin ser sabio. ¿Cómo interpretar un texto? Queda poco tiempo.

Cejas canosas, largas como paja y muy tupidas. Así son las de Gandalf, Derrida y Girard. Tres eminentes ancianos. Sus cejas disimulan la mirada aguda, sagaz e inquisidora de hombres sabios. El primero, detuvo al Balrog bolchevique en los abismos de Khazad-dûm con su icónico grito «You shall not pass». Se inmoló en los 50´s para evitar que el comunismo invadiera el “Mundo Libre”. Derrida, por su lado, señala que ningún texto puede considerarse completo en sí mismo. Nunca. Tampoco el de comunicar un significado fijo a lo largo del tiempo, o establecer un significado canónico, ni pretender que su autor controle cómo se ha de interpretar indefinidamente. Paradójicamente, Derrida proyecta en su crítica literaria una agenda autoritaria de deconstrucción, agenda de antivalores posmodernos que desafían otros autoritarismos privilegiados y sus connotaciones ideológicas siniestras. Proposiciones tales explicarían ocurrencias absurdas como aquellas expresadas en el presente texto. Se revelaría el juicio no imparcial, anticomunista de quién escribe. Delirante es referir como bolchevique al Balrog de la obra del católico Tolkien. «You shall not pass» dirían más bien Karol Wojtyla y Ronald Reagan en los 80s en vez de Gandalf el deslactosado. Ahora bien, René Girard, tocayo de Kermit, escudriña textos canónicos de la Literatura Universal encontrando “deseos miméticos” y “chivos expiatorios”. Pretende explicar la violencia brutal e irracional del ser humano. ¡Podría uno encontrar en Deuteronomio 20:16-18, la furia sionista que destroza niños cananeos a bombazos! Gemidos de eugenesia ahogados por el fósforo blanco, blanco como la neblina y las flores de Wordsworth.

El significado de un texto está conformado por signos los cuales se encuentran en un proceso constante de evolución. Con el pasar del tiempo o el cambio de contexto, los signos han de fallar en expresar el sentido completo del significado del texto. Si alguien hubiera leído el párrafo anterior antes del 7 de octubre del 2023 no hubiera tenido la herramienta crítica para descifrar aquello que connota. Así mismo, el sentido del mensaje apela al conocimiento somero por parte del lector del trabajo de Girard y la lectura del texto del Deuteronomio 20:16-18; o quizá el conocimiento de la existencia del Mitzvah 605. Esto sin mencionar el uso de figuras literarias que expresan imágenes metafóricas diferentes a aquellas otras imágenes que sus palabras denotan. Se conoce extensamente el sentido del término “chivo expiatorio” independientemente de la acepción erudita que Derrida le da. De frente a la geopolítica belicosa actual se podría inferir quiénes podrían ser aquellos chivos expiatorios. Otras figuras literarias presentan metáforas y analogías que connotan información. ¿Qué podría sugerir la frase caprichosa: “Gemidos de eugenesia ahogados por el fósforo blanco, blanco como la neblina y las flores de Wordsworth”? El avezado lector imaginará la escena e interpretará por sí mismo quienes son las pobres florecillas que gimen y de cómo funcionan las bombas de fósforo blanco o de qué color es el humo de las bombas aturdidoras y “humanitarias” del I.D.F.. Derrida señalaría con sorna que dicha frase caprichosa revela más los desafectos de quién la escribe que una representación factual de la realidad.

Llegó la hora de cruzar el umbral. La verja está abierta y el lector ha de visitar otro jardín. Se ha de vadear en un texto escrito por otro autor. Texto dentro de un texto. Se ha de escudriñar aquel lenguaje sutil, ideas expresadas por signos denotados y connotados, como quien pretende interpretar con rigor aquello que dice un tartamudo. Se me ha solicitado escribir una reseña sobre una exposición artística y en particular sobre la obra pictórica de un artista intrépido. No obstante, la exposición fue inaugurada en la ciudad de Buenos Aires a 4644 km de donde estoy ubicado. Para la exégesis de la obra cuento solo con un texto curatorial y unas cuantas fotografías digitales de baja resolución. Pixeles borrosos y desarticulados como los signos Derridedianos. No se pretende calificar ni la obra ni la exposición sino discurrir en el jardín interior de aquellos sagaces autores…

Texto dentro de un Texto:

“Catorce”

(Autor: Fabian Burgos. Buenos Aires, diciembre 2023.)

J- ¿Che, soy el único al que no le gusta el nombre de la muestra?

F-Jajajaja

Sugerime

Sos bueno poniendo nombres

¿Ya volviste?

J- Inauguró el jueves Estoy montando

A full, corriendo para llegar. Vuelvo a mediados de Octubre

Estoy consultando el nombre con amigos, a todos les gusta “Catorce” y a nadie “Almas”. Yo lo dejaría así: CATORCE

F-Puede ser

Muy poco pensado igual. Son catorce artistas y se llama Catorce la muestra, mmmm Me van a decir: te jugaste con el nombre..JJ

Conceptualmente no habría nada

Al otro día…

F- ¿Sabés qué?

Por el contrario de lo que te dije, que “Catorce” era un título con poco concepto, me parece que no solo no es cierto, sino que extrema la idea de la muestra, en el sentido de que no es una muestra de teoría sino de un grupo de individualidades que para mí los une el talento de las obras, en consecuencia el talento de cada artista. Entonces, “Catorce” enumera individuales y singulares, al mismo tiempo que agrupa. Esa aparente contradicción refuerza los mundos tan difer- entes de cada uno. “Catorce” además es una palabra que te llena la boca desde el paladar. Lo único que me apena es no poder exhibir mi erudición literaria, ya que Catorce ALMAS sale de 1280 ALMAS, novela negra de Jim Thompson, quizás la mejor del género con “Cosecha roja* de Hammett. Una vez más lamento decirte que tu opinión fue muy acertada y precisa. Estoy harto de darte la razón!!!

¿Qué te parece? J-Si

Fabian Burgos Buenos Aires, diciembre 2023

El anterior texto se reproduce exactamente igual a como se presenta dentro del catálogo de la exposición “Catorce”. Catálogo gestionado y producido por la Galería Cecilia Caballero – Arte Contemporáneo.

¿De qué trata la exposición? ¿Qué tipo de arte se exhibe? ¿Es arte lo que ofrece? ¿Es relevante un marco epistemológico en la curaduría de la exposición? El texto, en tanto significante, ¿califica y refiere a la exposición? ¿El texto representa las obras de los artistas o retrata al autor del texto? Texto como jardín interior. Autorretrato literario que da razón del rigor, bagaje cultural e idiosincrasia de aquél que lo escribe. Derrida formularía un sinfín de preguntas retrasando el proceso de juicio crítico para dilucidar alrededor del objeto artístico en disquisición.

¿Qué podría interpretar un cándido y prosaico bogotano al leer aquel texto? Está escrito a manera de Diálogo entre dos personajes. El autor, en un soliloquio de reafirmación, justifica y explica la razón y pertinencia por la cual titula la exposición “Catorce”. Nos explica aquello mediante la voz de dos personajes ficticios. El señor J y el señor F. Éste último personaje podría ser el mismo autor del texto interpretando el rol de curador a manera de metaficción. Se identifica un recurso retórico de persuasión con estilo humorístico. ¿Humorístico el coloquialismo, acento y modismos del español argentino? Para un Bonaerense quizá no. Quizá ha de provocar empatía. Giro contextual: para un lector bogotano, quién al leer imita el acento “cantado” argentino; su propia caracterización ridícula le ha de resultar en extremo cómica. Lo humorístico a veces hace a las personas receptivas a ponderar mensajes no solicitados. Persuade. La secreción de endorfinas durante el evento fisiológico de la risa hace que la gente esté propensa a ser manipulada.

El señor J, presunto artista participante, señala su disgusto por el nombre de la exposición. Él mismo, en otro momento, avala el título recurriendo a un argumento “ad populum” y rechaza la intención de titular el evento “Catorce Almas”. Le señala al señor F que ha de recibir críticas por no articular correctamente el título y por ende el concepto curatorial.

El señor F, antes pasivo, ahora contrargumenta. Señala que el título ha de connotar que la muestra no se sustenta en conceptualismos teóricos posmodernos sino en la unidad dada por el talento de sus participantes. Lo cual, supuestamente se aduce por la calidad formal de las obras expuestas. Posteriormente, plantea una antinomia que le hubiese provocado a Kant levantar la ceja izquierda, entrecerrar los ojos y rascarse la cien con sus agudas uñas… El señor F señala que la palabra “Catorce” refiere a la pluralidad de artistas participantes y su respectiva autenticidad. Pero también a una singularidad. No sé. Si el título se emplea como un adjetivo se entiende la pluralidad. Pero si el título se emplea como pronombre para designar al catorceavo artista, le daría privilegio de jerarquía al pobre infeliz que quedó de último en la lista del catálogo o en el montaje museográfico. Esa no creo que sea la intención del sagaz señor F. ¿La unidad estaría en el talento en común de los participantes y la multiplicidad estaría en la diversidad de cualidades de sus obras? Algo así como la discusión escolástica de los universales y los particulares. Los “talentosos” se clasifican como unidad y la diversidad nominalista estaría en las cualidades excelentes de la persona y la obra de Ruy, Felipe, Juane, Eduardo, Gustavo, Irina, Paola, Federico, Juan, Walter, Marcelo, Catalina, Emilia y el infeliz catorceavo cuyo nombre es Manuel.

Otra interpretación maliciosa ad hóminem del argumento del señor F, es que al enmarcar su proposición como una “contradicción”, justificaría su incoherencia al estilo de los pillos posmodernos quienes violan los silogismos y los Principios de No Contradicción. Tampoco creo que ese sea el caso, aunque me resulte gracioso. Gracioso es cuando el señor F indica que la palabra Catorce le “llena la boca desde el paladar”. Quién sabe a qué se refiere. No soy experto en ortología argentina; pero a mí me llena más la boca los fonemas y el pronunciar lentamente las vocales del anglicismo: “b-u-l-l / s-h-i-t». Por último, el señor F sugiere que se inspiró en el título de una novela para idear el nombre de su exposición. La novela se llama 1280 Almas (Pop.1280). Giro contextual; para un lector bogotano 1280 Almas no refiere al autor J. Thompson sino a la banda de rock bogotana compuesta por truhanes punketos y harcoreros de Chapinero. Derrida indica que los signos portan trazos de otros contextos que resignifican el sentido de la información.

Terminando de leer el texto del señor F no supimos de qué tarta la exposición artística “Catorce”, ni si era de pintura, performance, ikebana o shibari; pero si nos enteramos de la erudición literaria del señor F y de su agudo sentido del humor.

Al analizar textos, entendemos los signos y las letras como unidades gráficas con una correspondencia fonética de acuerdo con el alfabeto romano. Las palabras en tanto significantes se refieren a cosas existentes, también expresan significados y con frases articulan proposiciones. En el caso de la pintura, las huellas gráficas del pigmento y la fricción de la pincelada conforman signos plásticos. Esos signos plásticos configurados adecuadamente componen signos icónicos o imágenes visuales. Esas imágenes visuales refieren a cosas existente en el mundo describiéndolas por analogía figurativa. Las imágenes visuales también representan cosas y hasta pueden sugerir metáforas. Estas nuevas consideraciones darán recursos para comentar la obra del “Séptimo” artista. El señor Federico Abalo y sus jardines de creatividad delirante, jardines que dejarán de ser una metáfora de su intelección y emotividad para materializarse en pinturas y dibujos.

El “Séptimo”:

No pudiendo visitar en persona la exposición “Catorce” en Buenos Aires, analizo solo aquella información que las fotografías y los videos digitales transmiten. Esto, de entrada, supone una injusticia a la correcta apreciación de la obra de Abalo. No se podrá tener en cuenta con precisión la cualidad plástica y matérica de las superficies pictóricas de los lienzos, ni tampoco la relación de escala entre el observador y el bastidor.

Abalo es un artista bidimensional con interés particular en la pintura figurativa expresionista y el dibujo. Representa temas introspectivos usando imaginarios del Simbolismo, pero inspirándose en la idiosincrasia de su país natal. Temas recurrentes en su obra son la figura humana y paisajes urbanos.

Su paleta cromática, a veces fauvista, otras veces oscura; lejos de denotar objetivamente los tonos locales de las cosas, usa el color para expresar su relación empática, apática o patética con el sujeto que representa. Tanto los colores intensos como los oscuros dotan de un aura siniestra a sus personajes y locaciones insólitas. Destaca su pincelada dinámica y enérgica que denota más un estado de ánimo del pintor que una preocupación de figurar y modelar las imágenes con detalle preciso.

En contraposición a esto, en sus dibujos, se nota su esfuerzo por superar la debilidad técnica al tratar de resolver aquella relación entre lo que observa y lo que traza con la huella del lápiz. Sobresale la fuerza de sus imágenes por la expresividad en los gestos de sus personajes y sus locaciones de atmósferas desoladoras. Sus dibujos ofrecen un imaginario divertido de personajillos bizarros y macabros. Los títulos que lo coloca a sus obras suelen ser sugestivos dejando abierta la interpretación del observador favoreciendo una polisemia.

En la coyuntura expositiva “Catorce”, Abalo participa con pinturas al óleo de instancias urbanas. Dos de ellas, “Disolución” y “Designio”, presentan atmosferas vaporosas y contornos borrosos de locaciones oníricas arquitectónicas. Hace recordar la lúgubre, pero hermosa pintura “Puente del Old Battersea” de James Abbot McNeill en donde los contrastes cromáticos crean tensiones y puntos focales en escenas de ensoñación. Por el contrario, la pintura “Derrotero” de índole simbolista, presenta estructuras monolíticas que van ahogando el espacio; dirigen al observador por un angosto corredor al clímax del caos. Caos radiante de rojo intenso de un ocaso apocalíptico.

Abalo, en su pintura “Vértigo”, presenta un retrato fantasmal de un hombre desahuciado sacado de las pesadillas de Henry Fuseli pero con la piel demacrada como la de los Papas de Francis Bacon. Ejes compositivos convergen triangularmente hacia una mano más que macabra ridícula, mientras que en el contorno del rostro del espectro se descubre el perfil de otra cara. La pintura titulada “Disocio” presenta nuevamente la silueta de una cara vista de perfil. No obstante, en su cavidad craneal se encuentra atrapado, casi que estrangulado, un personaje delirante en posición fetal. Se concibe, se nutre y crece una idea macabra a manera de embarazo mental.

En el año 1505 el pintor neerlandés El Bosco pinta su tríptico icónico El Jardín de Las Delicias, en donde representa el Paraíso, el Infierno y el Desenfreno Lascivo. Interesa destacar el desenfreno lascivo no de la fornicación sino la lascivia de las ideas que se suscitan en diferentes autores creadores de imágenes pictóricas e imágenes literarias. En aquellas imágenes converge una tensión entre la intelección y la emotividad del artista y aquellas fuerzas externas del ámbito sociocultural que lo definen. El jardín como espacio simbólico invita al espectador-lector a ingresar a él y a recorrerlo en solaz esparcimiento.

No olvide seguir en redes sociales al audaz Federico Abalo (IG @abalof) y visitar en una noche de verano la exposición “Catorce” (se me llena la boca desde el paladar el pronunciarlo), en la Galería Cecilia Caballero.

Suipacha 1151

C10008AAW Bs. As.

Que más sumar a las casi TRES MIL palabras del TALENTOSISIMO FRAN RODRÍGUEZ PRADA cuando se le junta a un colega como FEDE ABALO…nada más que MÚSICA MAESTRO…

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CONTINUARÁ…

CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS

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