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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Políticamente insurrecto | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Reactivación del peaje de Turbaco, una injusticia social</title>
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        <description><![CDATA[<p>Esta es una posición personal que en nada representa al ente para el que trabajo. Lo hago como ciudadano preocupado. Soy doliente y no me permito callar ante una situación compleja, mi hijo y su madre son turbaqueros, estudian y trabajan en Cartagena. Tengo grandes amigos allí y conozco de cerca la situación y el [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="669" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/20195314/1000596500-1-1024x669.jpg" alt="" class="wp-image-101092" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/20195314/1000596500-1-1024x669.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/20195314/1000596500-1-300x196.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/20195314/1000596500-1-768x502.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/20195314/1000596500-1-1536x1004.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/20195314/1000596500-1-2048x1339.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Esta es una posición personal que en nada representa al ente para el que trabajo. Lo hago como ciudadano preocupado. Soy doliente y no me permito callar ante una situación compleja, mi hijo y su madre son turbaqueros, estudian y trabajan en Cartagena. Tengo grandes amigos allí y conozco de cerca la situación y el contexto.</p>



<p>Espero que por favor alguien en la Agencia Nacional de Infraestructura -ANI- lea estas líneas, pues lo hago desde la honestidad, la razón y el argumento serio y ponderado.</p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="512" data-id="101095" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/20195741/1000596504-1024x512.jpg" alt="" class="wp-image-101095" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/20195741/1000596504-1024x512.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/20195741/1000596504-300x150.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/20195741/1000596504-768x384.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/20195741/1000596504.jpg 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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<p>Estoy de acuerdo con la ANI y el ministro de Transporte, William Camargo, con que los peajes son y han sido una herramienta fundamental para la financiación de obras de infraestructura víal en el territorio nacional. Eso, por lo menos para mí, no tiene discusión. No obstante, se le ha dado largas, desde el legislativo, a un debate pertinente que debe girar en torno a tres asuntos puntuales y que nada tiene que ver -por si acaso- con estar en contra del desarrollo de la infraestructura del país.</p>



<p>1. Los peajes concesionados deben contar con una tarifa diferencial para las comunidades aledañas a las áreas de influencia de los proyectos. Caso Turbaco.</p>



<p>2. Que entre un peaje y otro haya una distancia mínima de 150 kilómetros.</p>



<p><strong>3. Que los incrementos en las tarifas no sean superiores al IPC del año anterior, y que los municipios y distritos no puedan establecer peajes internos. Caso Cartagena.</strong></p>



<p>Pero volvamos a Turbaco. Y esto va dirigido al Ministro Camargo Triana, a quien percibo como un funcionario reflexivo, serio y con sensibilidad social. Ministro, usted y la ANI están midiendo este asunto con un racero tipo y sin enfoque diferencial; y como dicen los abogados, cada caso es un caso y el diablo está en los detalles. Si ustedes pensaran al peaje Turbaco en clave de justicia social, estoy seguro que le darían un abordaje más preciso y conveniente. Pero no.</p>



<p>Ministro: el peaje de la discordia se ubicó allí hace más de 10 años para pagar la doble calzada que va hasta Arjona, eso usted lo sabe. La TIR se alcanzó, es decir, ya se pagó por la obra. Pero las casetas quedaron en la mitad de dos municipios dormitorio con población flotante, que en su mayoría gana menos del mínimo y que transita permanantemente por la Troncal para llegar a Cartagena a sus trabajos e instituciones educativas. Hay quienes lo hacen hasta 4 veces al día. Dentro de la estructuración financiera del corredor de carga Cartagena &#8211; Barranquilla, que contaba con el recaudo de los peajes de Turbaco, debieron tener en cuenta esta particularidad que no es asunto menor. Entre otras, porque cuando se propuso, en su momento, no había clima social ni circunstancias de coyuntura para decirles a estas comunidades recién salidas de un confinamiento por pandemia, en recesión, con sus economías lastimadas de lenta recuperación, con la canasta familiar por las nubes y con la gasolina al alza, que tenían que seguir pagado por una obra que, en perspectiva, no les corresponde. </p>



<p>El sentimiento antipeaje, germinado por la concesión leonina que nos querían imponer en Cartagena a través de los peajes internos, alimentó el fervor de miles a oponerse a tal injusticia en Turbaco. Gobernar es calcular, pensar, planificar, hacer control de daños, adelantarse a los acontecimientos para saber cómo y cuándo proceder, para así, aumentar el margen de maniobra y disminuir el de error. Soy consciente, por supuesto, que la obra debe mantenerse y es costoso para el municipio, si es que se encargara de hacerlo. Un peaje social hubiese estado bien, mil, dos mil pesos, por lo menos de bajada. Pero hasta ahí. Poner a pagar a estas comunidades por otra obra, por lo menos desde lo comunicacional, es un error de procedimiento estratégico.</p>



<p>Ministro, estamos en un punto de no retorno. Evite por favor un estallido social. 5 mil pesos representa la comida diaria de una familia en estos dos municipios. Nadie pagará un sólo peaje y para los manifiestantes no hay puntos medios, ni mesas de concertación que haga que la gente dé su brazo a torcer. Pregúntele al Presidente Petro qué hacer, él es consciente de lo que prometió en plaza pública a los turbaqueros en campaña. Aquí no van a aceptar discusiones con términos como &#8220;cierre financiero&#8221;, &#8220;estructura financiera&#8221; o &#8220;desequilibrio contractual&#8221;, la gente quiere escuchar, al respecto, soluciones de fondo. Aplazar una decisión definitiva, es dilatar una tragedia social en ciernes.</p>



<p>Invito a la ANI, al Ministerio de Transporte y los gobernantes de Turbaco y Bolívar, a dialogar pero con base en un contexto claro y que permita buscar soluciones en perspectiva, en clave de justicia social y con base en la realidad socioeconómica de todos los municipios del norte de Bolívar, impactados por esta obra que, en honor a la verdad, tanto beneficio nos ha traído. Un gobierno de corte social, piensa primero en la gente.</p>



<p>Juan Diego Perdomo Alaba.</p>
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        <author>Juan Diego Perdomo Alaba</author>
                    <category>Políticamente insurrecto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=101089</guid>
        <pubDate>Tue, 21 May 2024 00:54:25 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>Petro y el peaje de Turbaco</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/politica/politicamente-insurrecto/petro-peaje-turbaco/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por: Juan Diego Perdomo Alaba @Perdomoalaba Definitivamente gobernar es otra cosa. En 2017, desde el activismo electoral, el entonces candidato de la Colombia Humana, Gustavo Petro Urrego, criticó los peajes por numerosos, onerosos y asfixiadores, pues &#8220;la industria nacional se ahoga por sobrecostos en transporte a través de peajes&#8221;. Hizo referencia -vaya paradoja- a lo [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-94136" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/1681081875549.jpg" alt="" width="1050" height="700" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/1681081875549.jpg 1050w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/1681081875549-150x100.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/1681081875549-300x200.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/1681081875549-768x512.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/1681081875549-1024x683.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1050px) 100vw, 1050px" /></p>
<p>Por: <strong>Juan Diego Perdomo Alaba @Perdomoalaba</strong></p>
<p>Definitivamente gobernar es otra cosa. En 2017, desde el activismo electoral, el entonces candidato de la Colombia Humana, <strong>Gustavo Petro Urrego</strong>, criticó los peajes por numerosos, onerosos y asfixiadores, pues &#8220;<em>la industria nacional se ahoga por sobrecostos en transporte a través de peajes&#8221;</em>. Hizo referencia -vaya paradoja- a lo que actualmente se vive en su propio Gobierno, los &#8220;<em>altos costos en los servicios públicos y materias primas&#8221;.</em> Escupió pa&#8217; arriba y no demoró en recibir el salivazo en la cara.</p>
<p><a href="https://twitter.com/petrogustavo/status/946061167990071296?t=cX_Eci7czClU2LoCw7jS7w&amp;s=19">https://twitter.com/petrogustavo/status/946061167990071296?t=cX_Eci7czClU2LoCw7jS7w&amp;s=19</a></p>
<p>En febrero de 2022, el candidato presidencial del Pacto Histórico llegó a la plaza principal del municipio de <strong>Turbaco</strong>, se reunió e hizo fotos con el comité antipeajes y se puso la gorra. En tarima y frente a miles, asestó que los peajes empobrecían a las comunidades. Nunca dijo que los acabaría, pero apoyó a grupos que buscan su eliminación.</p>
<p style="text-align: left;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-94138" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/Screenshot_20230409_191514_Twitter.jpg" alt="" width="1080" height="1331" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/Screenshot_20230409_191514_Twitter.jpg 1080w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/Screenshot_20230409_191514_Twitter-122x150.jpg 122w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/Screenshot_20230409_191514_Twitter-243x300.jpg 243w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/Screenshot_20230409_191514_Twitter-768x946.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/Screenshot_20230409_191514_Twitter-831x1024.jpg 831w" sizes="auto, (max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /></p>
<p>El 25 de marzo del año en curso, el ministro de Transporte, el conservador <strong>Guillermo Reyes</strong>, anunció con vehemencia que a partir del 1 de abril &#8220;<em>no habrá ningún peaje sin cobrar</em>&#8220;. Pero fue más allá, hizo un llamado de atención a políticos, precandidatos, gobernantes en ejercicio y activistas que prometen desmontar peajes: “<em>Uno no puede ir irresponsablemente por el país diciendo que va a quitar peajes, sin tener en cuenta la viabilidad financiera y las consecuencias jurídicas que implicaría desmontarlos&#8221;</em>.</p>
<p>Reyes dijo que mientras no exista otra forma de mantener y hacer las vías, se seguirá cobrando vía peajes, &#8220;<em>Yo les quito el peaje con mucho gusto apenas empecemos a cobrar valorización a los colegios, fincas, casas y hoteles que se encuentran en las zonas aledañas a las doble calzadas. Así lo permite la ley y lo permitirá el Plan de Desarrollo”</em>, explicó.</p>
<p>La Cámara Colombiana de la Infraestructura CCI Seccional Norte, el Comité Intergremial del Atlántico y el Consejo Gremial de Bolívar, de manera conjunta, expresaron su preocupación debido a las “problemáticas de orden público” que se vienen presentando en los peajes, por eso le pidieron al Gobierno Nacional adoptar medidas para la seguridad en las casetas. El Gobierno acató y se excedió en su cumplimiento. Ya verán por qué.</p>
<p>Tal como lo anunció el ministro Reyes arriba, hace ya ocho días se reactivó el cobro del peaje de Turbaco tras 19 meses sin talanqueras por las protestas que se adelantaban contra ese recaudo. Dos días antes se retomó el cobro de Marahuaco, en la Vía al Mar. Ese día en Turbaco todo fue caótico y tenso, pues desde la madrugada las autoridades desplazaron un operativo militar sin precedentes que contó con la presencia del ESMAD y más de un centenar de efectivos de la Policía, una presencia de fuerza pública que nunca se ve, ni siquiera en la Cartagena de los 200 asesinatos en 200 días.</p>
<p>Los plantones, bloqueos y manifestaciones por parte de los activistas antipeajes no se hicieron esperar; frente a esto, el Ministro de Transporte anunció la instalación de una mesa de concertación el próximo martes en la Gobernación de Bolívar para llegar a acuerdos, diálogo que se debió pactar antes de reiniciar el cobro y no después de la polvareda social que afecta a muchos.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-94139" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/FB_IMG_1680536181132.jpg" alt="" width="1080" height="502" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/FB_IMG_1680536181132.jpg 1080w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/FB_IMG_1680536181132-150x70.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/FB_IMG_1680536181132-300x139.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/FB_IMG_1680536181132-768x357.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/FB_IMG_1680536181132-1024x476.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /></p>
<p>Los representantes del comité antipeajes, quienes otrora han demostrado efusividad, consistencia y templanza, han sido bastante condescendientes frente a las reacciones de este gobierno torpe que ha demostrado ser todo menos uno dado al diálogo y a la concertación. Si la orden de reactivar el cobro y mandar al ESMAD la hubiese dado <strong>Iván Duque</strong>, ese peaje estuviera en llamas. Hoy quien paga el pato es el transportador, el pasajero, el mototrabajador y el usuario de la vía quienes se tienen que &#8220;mamar&#8221; los retenes ILEGALES que montaron hace cinco días durante todo el día cada media hora en ambas calzadas de la vía Troncal a la altura del sector &#8220;La Virgencita&#8221;, en Turbaco. Lo hacen dizque para hacer &#8220;pedagogía&#8221;, claro, poner a la gente a aguantar media hora de sol en una vía Nacional no es muy &#8220;pedagógico&#8221; que digamos.</p>
<p>Eso sí, muchos de ellos están desilusionados con el Petro de tarima que poco se arrima al Petro tuitero gobernante, ese que tira la línea en privado para que sus ministros hagan el trabajo sucio en público.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-94140" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/20230409_133251.jpg" alt="" width="4000" height="3000" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/20230409_133251.jpg 4000w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/20230409_133251-150x113.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/20230409_133251-300x225.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/20230409_133251-768x576.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/20230409_133251-1024x768.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/04/20230409_133251-1200x900.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 4000px) 100vw, 4000px" /></p>
<p><strong>Los peajes: el florero de Llorente </strong></p>
<p>En Colombia los peajes están -como dice un amigo- calumniados. Como la inversión en infraestructura de transporte es muy costosa, los gastos son mayores a los ingresos y las asignaciones presupuestales se priorizan para inversión social, se acude desde hace 30 años a las alianzas público privadas APP, mecanismo que busca atraer capital privado para la rehabilitación, mantenimiento y construcción de medios de transporte, que se le paga al particular vía peajes.</p>
<p>Para nadie es un secreto que estas concesiones se han convertido en todo un cartel, o sino pregúntenselo a Aída Merlano, excompañera del finado congresista Roberto Gerlein, hermano de Julio, megacontratista que se volvió archimillonario a costa de estos cobros vitalicios que además de pagar vías, pagan campañas electorales. Luis Carlos Sarmiento, el otro magnate involucrado en el negocio de los peajes, tiene 4 de los 10 peajes más costosos del país.</p>
<p>En la actualidad en todo el territorio nacional existen más de 170 peajes, a cargo de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), seguido del Instituto Nacional de Vías (Invías) y el resto manejadas por concesiones privadas.</p>
<p>Por eso resulta realmente escandaloso, a la sazón de las innumerables polémicas sobre contratos leoninos de peajes en el país -verbigracia los internos en Cartagena- que se anuncie uno a 30 o 40 años de cobro. ¡Un exabrupto! Eso la ciudadanía ya no se lo aguanta, no es ni política ni socialmente viable ni presentable.</p>
<p>En cuando a Cartagena, todos sabemos, hasta la misma Concesión Víal, que la tasa interna de retorno se alcalzó hace años. Es decir, la obra ya se pagó. Y ese es uno de los líos con los peajes en el país, que se pagan tres y hasta cuatro veces con la complacencia de los tomadores de decisiones. O las vías siguen rotas, como los de Sucre, por ejemplo. Por eso, el próximo alcalde o alcaldesa de Cartagena debe dar la lucha jurídica responsable para demostrar que ya la TIR de los peajes internos se alcalzó. No obstante, soy de la idea de que las casetas se deben preservar para mantener el Corredor vial, hacer vías complementarias y/o financiar el Plan de Rehabilitación Víal, pues el presupuesto de libre destinación del Distrito es limitado y lo poco que queda es para inversión social. Mucho mejor que cobrar obras por valorización. El cobro además lo haría el mismo Distrito. Pero bueno, no hay ambiente político ni confianza para tal idea. Quien la proponga que aliste casco y de paso flotador. O sino que lo diga Pedrito Pereira.</p>
<p>Para terminar, me permito preocuparlos más e insistir en algo. En el informe de <strong>empalme Duque &#8211; Petro</strong>, del sector transporte, su coordinadora, María Constanza García, informó al país sobre la instalación de 19 nuevos peajes entre 2023 y 2024, ante la necesidad de financiar la sostenibilidad de las vías de cuarta generación (4G) ya comprometidas. Nada que hacer, el expresidente Duque los dejó aprobados desde 2021.</p>
<p>Y ya que insiste tanto en el &#8220;cambio&#8221;, ojalá que, en la medida de lo que le permita la ley, Petro entre a renegociar todos esos peajes leoninos o, en su defecto, presentar o apoyar un proyecto de ley que los ponga en cintura.  Tres puntos para abordar serían:  1. Los peajes concesionados deben contar con una tarifa diferencial para las comunidades aledañas a las áreas de influencia de los proyectos. Caso Turbaco. 2. Que entre un peaje y otro haya una distancia mínima de 150 kilómetros. 3. Que los incrementos en las tarifas no sean superiores al IPC del año anterior y que los municipios y distritos no puedan establecer peajes internos.</p>
<p style="text-align: left;">Entre el populismo electoral y la sobresimplificación política del asunto, y el abuso financiero y leonino del mecanismo, los peajes, como herramienta de financiación de infraestructura necesaria para el desarrollo del país, se está quedando sin piso político ni legitimidad pública . Y Petro, al respecto, está dando palos de ciego. Ojalá reoriente y tome mejores decisiones sobre el particular. Si es que el sistema lo deja, porque como lo señalé al inicio, gobernar es otra cosa.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Juan Diego Perdomo Alaba</author>
                    <category>Políticamente insurrecto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=94135</guid>
        <pubDate>Mon, 10 Apr 2023 00:36:12 +0000</pubDate>
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        <title>El Teatro Cartagena y la nostalgia de los tiempos idos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/politica/politicamente-insurrecto/teatro-cartagena-la-nostalgia-los-tiempos-idos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por: Juan Diego Perdomo Alaba Twitter: @perdomoalaba A la memoria de Carlos Eduardo Castro Trujillo, el alumno más aventajado de don Víctor Nieto. El Festival de Cine de Cartagena, que también se fue, te quedó debiendo un homenaje merecido. Buen viaje, primo querido.   Las imágenes en movimiento, ese intento de cine que en el siglo XIX [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-56757 size-large" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/20170418_174403-1024x576.jpg" alt="20170418_174403" width="840" height="473" /></p>
<p style="text-align: justify;">Por: <strong>Juan Diego Perdomo Alaba </strong></p>
<p style="text-align: justify;">Twitter: <strong>@perdomoalaba</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em>A la memoria de <strong>Carlos Eduardo Castro Trujillo</strong>, el alumno más aventajado de don Víctor Nieto. El Festival de Cine de Cartagena, que también se fue, te quedó debiendo un homenaje merecido. Buen viaje, primo querido.  </em></p>
<p style="text-align: justify;">Las imágenes en movimiento, ese intento de cine que en el siglo XIX desarrollaron en Francia los <strong>hermanos Lumière</strong>, llegó a <strong>Cartagena de Indias</strong> a mediados de 1897 y según registros históricos, la primera función se hizo con un <strong>vitascopio Edison</strong> en el <strong>Teatro Mainero</strong>, el primero y único de la época en la ciudad inaugurado el 6 de septiembre de 1874, ubicado en el centro histórico en la calle del Coliseo donde funcionaron los almacenes Mogollón y Sears, y la antigua sede de la Escuela Taller hoy en Getsemaní.<span id="more-56746"></span></p>
<p style="text-align: justify;">En diciembre de ese año se proyectaron las primeras películas con el <strong>kinetoscopio</strong>, aparato que antecedió al <strong>cinematógrafo</strong> de los Lumière. En ese entonces no se invitaba al cine sino al ‘kine’ que significa movimiento en griego. El Mainero se deterioró y desapareció a principios del siglo XX.</p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-56748 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/FB_IMG_1496089577623.jpg" alt="fb_img_1496089577623" width="900" height="543" /></p>
<p style="text-align: justify;">Este novedoso esparcimiento comenzó a ganar adeptos, se necesitó entonces un espacio más amplio, cómodo y con condiciones técnicas para las proyecciones. Resulta que en 1905 <strong>Belisario Díaz</strong>, un apasionado del séptimo arte y precursor del cine nacional, tomó en arriendo un lote de propiedad de Bernardo Porto ubicado frente al Camellón de los Mártires, donde funcionaron las capillas de La Veracruz y San Francisco, luego teatros Cartagena y Colón, y nace allí el primer teatro para la exhibición cinematográfica en el país, el <strong>Teatro Variedades</strong>, una estructura semicircular de madera con ornamentos parecidos al circo teatro de la Serrezuela. En ese mismo lugar el 8 de marzo de 1941 se inauguró con la película norteamericana ‘El cielo y tú’ de Anotale Litvak, el que fuera el teatro insigne de la heroica, el <strong>Teatro Cartagena. </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-56750 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/FB_IMG_1496089923545.jpg" alt="fb_img_1496089923545" width="510" height="314" /></p>
<p style="text-align: justify;">La época de oro del cine mexicano coincidió con lo que el investigador y docente <strong>Ricardo Chica Geliz</strong> llamó ‘El espacio urbano del cine en Cartagena 1936-1957’. En diferentes sectores de la ciudad hubo más de una docena de teatros que ya no existen: <em>El Padilla, Rialto, Miramar, España, Colonial, Esmeralda, San Roque, Granada, Calamarí, Bucanero, Claver-Colón; cinemas La Matuna y Capitol; Salones Cartagena, Universal, Del Virrey, Torices, El Dorado y Heroica. Y el más importante del barrio El Bosque, el Teatro Miriam, y el más pequeño, El América; y en Blas de Lezo, el Don Blas.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-56764 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/216853_150429798431097_1222535551_n.jpg" alt="216853_150429798431097_1222535551_n" width="421" height="645" /></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pesadilla final: la muerte de Freddy </strong></p>
<p style="text-align: justify;">En 1991 tenía ocho años y tres sitios de diversión en Cartagena que me hacían feliz: el trencito Bimbo en Bocagrande, las atracciones mecánicas del centro comercial Getsemaní y los teatros del mismo sector. <strong>El centro recreacional El Edén en el barrio Las Gaviotas</strong>, recién inaugurado, se sumaba a mis lugares favoritos. Hoy lamentablemente ninguno existe. Y de este último, solo promesas…</p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-56751 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/FB_IMG_1496089985392.jpg" alt="fb_img_1496089985392" width="648" height="403" /></p>
<p style="text-align: justify;">En el 90 mamá me había llevado al teatro Calamarí -según comentarios de la época el mejor de todos-, a ver Robocop II y Mi probre diablillo. Fue fascinante hacer la fila, pasar por el torniquete, comprar crispetas con gaseosa y caminar por un pasaje largo hasta llegar a esa sala donde me abstraía de la realidad. Ver ese telón gigante que proyectaba imágenes rocambolescas siempre me produjo asombro y emoción, nunca imaginé que en ese mismo lugar alguna vez se coronó a la <strong>señorita Colombia</strong> y fue sede única de las primeras ediciones del <strong>Festival Internacional de Cine –hoy FICCI-.  </strong></p>
<p><figure id="attachment_56755" aria-describedby="caption-attachment-56755" style="width: 899px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-56755 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/FB_IMG_1496090568045.jpg" alt="Estreno de la película norteamericana 'El mundo en tus brazos' 1952" width="899" height="559" /><figcaption id="caption-attachment-56755" class="wp-caption-text">Estreno de la película norteamericana &#8216;El mundo en tus brazos&#8217; 1952</figcaption></figure></p>
<p style="text-align: justify;">Al año siguiente estrenaron <strong>‘La muerte de Freddy Krueger’</strong>, un icono del terror. Le rogué a mi madre que me llevara a verla. Invitamos a una amiga de la cuadra, tenía mi edad, quizá mayor. Estábamos expectantes, me sudaban las manos, quería enfrentarlo, medir mis miedos. Volvimos al Calamarí, pasamos el torniquete e ingresamos a ese pasadizo lóbrego parecido a un túnel con olor a excretas de murciélago que conectaba con la sala, unos 200 metros tal vez. Faltando unos pasos, de la nada sale un personaje al que le detallé con impresión un sombrero de pana café, buzo de franjas rojas y negras, rostro corroído por quemaduras y unos guantes de navaja multiusos, era Krueger persiguiéndonos; espantados corrimos en dirección a la salida, nos correteó con saña el muy desconsiderado. Macabro infeliz. Fueron segundos eternos de persecución. Después de ese episodio no fui capaz de entrar a ver la película y mi mamá casi desbarata al tipo. No era para menos.</p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-56758 size-large" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/maxresdefault-1024x576.jpg" alt="maxresdefault" width="840" height="473" /></p>
<p style="text-align: justify;">Luego se me envolató la vida. Nos mudamos a otra ciudad, regresé. Me fui nuevamente, volví. Y así, encontré que en 1998 habían cerrado el Teatro Cartagena y el Colón. El comodato duró 15 años desde que <strong>Cine Colombia</strong> lo tomó por allá en el 83 cuando apenas nacía. Volví a cine en el 2000 a ver <strong>‘La virgen de los sicarios’</strong> en una sala del centro comercial Los Ejecutivos que tampoco existe. Dos mil pesos costó la entrada.</p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-56752 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/FB_IMG_1496089993110.jpg" alt="fb_img_1496089993110" width="960" height="671" /></p>
<p style="text-align: justify;">En el Cartagena anécdotas hay muchas. Recuerdo una que me encontré en Facebook: cuenta una forista que en el 74 se estrenó la película <strong>Terremoto</strong> de Mark Robson, con sonido <em>surround</em>. Instalaron unos parlantes grandísimos en el Teatro para provocar la sensación de temblor y ruido. En la primera función se empezó a caer el cielo raso con el teatro lleno. “Fue la locura”, comentaron algunos.</p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-56766 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/423003_1686851424788919_295794370_n.png" alt="423003_1686851424788919_295794370_n" width="843" height="403" /></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>De Club Cartagena y Claustro de San Francisco a Four Seasons</strong> <strong>Hotels and Resorts </strong></p>
<p style="text-align: justify;">Según los certificados de tradición a fecha de 2013, los teatros Cartagena, Bucanero, Calamarí y Rialto son de propiedad de la empresa Cine Colombia; mientras que el Teatro Colón (antiguo Claver) y el claustro San Francisco donde hoy funciona una de las sedes de la Universidad Rafael Núñez, son propiedad del <strong>Círculo de Obreros San Pedro Claver</strong> que dirige don <strong>Jaime de la Cruz</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">El Teatro Cartagena se erigió sobre la Iglesia de la primera Orden –capilla de la Veracruz- donde según el historiador español <strong>Enrique Marco Dorta</strong> estarían enterrados los restos de <strong>don Blas de Lezo</strong>; y el Colón, sobre la Iglesia de la segunda, capilla San Francisco. Hoy queda la Iglesia de la tercera Orden donde comienza la Calle Larga, también propiedad del Círculo de Obreros que entregó en comodato a la <strong>Arquidiócesis de Cartagena</strong> quien a su vez la cedió para su administración y mantenimiento a la <strong>Armada Nacional</strong>.</p>
<p><figure id="attachment_56747" aria-describedby="caption-attachment-56747" style="width: 720px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-56747 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/FB_IMG_1490465296497.jpg" alt="Antiguo mercado público " width="720" height="493" /><figcaption id="caption-attachment-56747" class="wp-caption-text">Antiguo mercado público</figcaption></figure></p>
<p style="text-align: justify;">En 1948 la Nación le entrega en comodato al <strong>Circulo de Obreros -fundación de los jesuítas-</strong> las ruinas del Convento San Francisco para que lo restaure y le de buen uso con la única condición de que si el Círculo desaparece el convento le será devuelto. Desde 1871 fue convento, beneficencia, coliseo, escuela de varones, hospital para ciegos, fábrica de sombreros, asilo de mendigos. En 1995 el Club Cartagena fue declarado Monumento Nacional y en el 2000 el conjunto del Claustro y la Iglesia de San Francisco fueron declarados Bien de Interés Cultural de carácter Nacional.</p>
<p><figure id="attachment_56765" aria-describedby="caption-attachment-56765" style="width: 843px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-56765 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/263898_1712328562241205_949901916_n.png" alt="263898_1712328562241205_949901916_n" width="843" height="403" /><figcaption id="caption-attachment-56765" class="wp-caption-text">1974</figcaption></figure></p>
<p style="text-align: justify;">El Conjunto Conventual Franciscano es el primer convento concluido de manera integral en Cartagena. Todo un complejo religioso, un testimonio de la preceptiva tridentina que constituyó en su momento el punto de partida del desarrollo urbano del barrio Getsemaní.</p>
<p><figure id="attachment_56749" aria-describedby="caption-attachment-56749" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-56749 size-medium" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/FB_IMG_1496089681803-300x225.jpg" alt="Teatro Colón (1988)" width="300" height="225" /><figcaption id="caption-attachment-56749" class="wp-caption-text">Teatro Colón (1988)</figcaption></figure></p>
<p style="text-align: justify;">En 2014 se elaboró un <strong>Plan especial de manejo y protección –PEMP-</strong> arquitectónico aprobado ese mismo año por el Ministerio de Cultura para garantizar la protección, conservación y sostenibilidad del conjunto de inmuebles que comprende el Club Cartagena, el Claustro de San Francisco y su zona de influencia. Define a su vez las posibilidades de restauración y ampliación de cada predio que lo compone. En 2015 lo aprobó el Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena -IPCC- y 2016 aprobó el proyecto. <strong>El grupo Santo Domingo</strong> compró el Club Cartagena frente al parque Centenario y los predios propiedad de Cine Colombia para construir allí el hotel <strong>Four Seasons</strong>. Al parecer aún no llega a un acuerdo con el hotel Monterrey; con el Círculo de Obreros existe un pre acuerdo según su director, pues la idea es hacerse a todo el conjunto. El proyecto lo desarrolla <strong>San Francisco Investment</strong> de <strong>Valorem S.A</strong>, un <em>holding</em> que agrupa la mayoría de las inversiones de la familia Santo Domingo. Una fuente consultada que está al frente de esta iniciativa precisa que la demora para arrancar en firme con la obra es porque quieren cuidar que se cumpla estrictamente con la normatividad, permisos, licencias y demás estudios técnicos y morfológicos que se le exigen a estos monumentos nacionales para su intervención. Solo falta la resolución aprobatoria del Ministerio de Cultura para emitir la licencia de construcción. Si todo va bien, comenzarían a intervenir en el segundo semestre del año e curso.</p>
<p style="text-align: justify;">El anhelo colectivo de recuperar ese gran epicentro cultural para la ciudad es una entelequia de tozudos que nos rehusamos a aceptar la realidad. La nostalgia de los tiempos idos nos hace desvariar. Pero a falta de iniciativas públicas, el desarrollo privado en esta Cartagena de unos pocos no da tregua, es avasallante, descomunal y debe continuar. Dicen quienes conocen el proyecto que es la primera iniciativa de esa envergadura en la ciudad la cual dinamizará la economía del sector pues no solo aumentarán el número de habitaciones para Cartagena como destino sino que trae consigo un brazo comercial interesante. Pone en valor los BIC involucrados. Según el arquitecto restaurador Jaime Correa, &#8220;todo un polo de desarrollo para Getsemaní&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando paso y miro sus portones sellados con un mural pintado con <em>graffitis, </em>no dejo de pensar en esa magia especial que había adentro. Esas escalinatas anfitrionas de chistes, cuentos y charlas siempre con sabor cerveza, cóctel de camarón, rosquitas o perro caliente. Notarias del tiempo y sus aconteceres.</p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-56756 size-large" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/20170321_154353-1024x576.jpg" alt="20170321_154353" width="840" height="473" /></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>ADENDA: </strong>este bloguero se irá por un tiempo pero algún día volverá. Solo hasta cuando la VIDA se lo permita. ¡Gracias!</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Fuentes:</strong></p>
<ul>
<li style="text-align: justify;"><em>‘Génesis y evolución del cine en Cartagena’ del profesor Raúl Porto Cabrales.</em></li>
<li style="text-align: justify;"><em>‘Cartagena de Indias, relatos de la vida cotidiana y otras historias’ del profesor Rafael Ballestas Morales.</em></li>
<li style="text-align: justify;"><em>Jaime de la Cruz, director del Círculo de Obreros San Pedro Claver.</em></li>
<li style="text-align: justify;"><em>Jaime Correa, arquitecto restaurador cartagenero,</em></li>
<li style="text-align: justify;"><em>Resolución número 1458 de 2015, PEMP Club Cartagena y Claustro de San Francisco.</em></li>
</ul>
<p><strong>Fotos:</strong> <em>archivo de Jaro Pitro  &#8211; Grupo en Facebook: Fotos antiguas de Cartagena</em> <a href="https://www.facebook.com/groups/10375747639/">https://www.facebook.com/groups/10375747639/</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Juan Diego Perdomo Alaba</author>
                    <category>Políticamente insurrecto</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/?p=56746</guid>
        <pubDate>Wed, 31 May 2017 05:48:28 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[El Teatro Cartagena y la nostalgia de los tiempos idos]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Juan Diego Perdomo Alaba</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>‘La ceiba de la Libertad’ de Gigante ¡vive!</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/politica/politicamente-insurrecto/la-ceiba-la-libertad-gigante-vive/</link>
        <description><![CDATA[<p>  La de Gigante, en el departamento del Huila, es la ceiba de plaza más famosa y esplendorosa del país, verdadero símbolo de la libertad republicana. Bicentenaria, continúa altiva y majestuosa pese a la mano depredadora del hombre y a un hongo que penetró su raíz debilitando su tronco y propiciando un follaje escaso y [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"> <img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-53751 size-large" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/01/20170113_105541-843x1024.jpg" alt="20170113_105541" width="840" height="1020" /></p>
<p style="text-align: justify;">La de Gigante, en el departamento del Huila, es la ceiba de plaza más famosa y esplendorosa del país, verdadero símbolo de la libertad republicana. Bicentenaria, continúa altiva y majestuosa pese a la mano depredadora del hombre y a un hongo que penetró su raíz debilitando su tronco y propiciando un follaje escaso y enfermizo. En este entrañable municipio de gente cálida y clima perfecto, que vive principalmente del café y el cacao, están mis raíces paternas y mis amigos de la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay dos versiones sobre su siembra y varias leyendas alrededor de su existencia.  La oficial relata que fue sembrada el 5 de octubre de 1851 por orden del presidente liberal José Hilario López, para celebrar la firma de la Ley que abolía la esclavitud en Colombia. El historiador giganteño Humberto Montealegre  afirma  que se remonta a mucho antes  en 1813 como símbolo de nuestra independencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Ambas versiones, sin embargo, tienen arraigo en la Revolución francesa. Resulta que en la época de la colonia se emplazaba un cepo en la plaza central para castigar a los indios y esclavos que desobedecían las normas establecidas. Tras el movimiento independentista  de 1810, Antonio Nariño recoge las banderas de la Revolución francesa y toma el símbolo del “Árbol de la Libertad”, junto con la traducción y divulgación de los derechos humanos. Fue él quien decidió entonces que el cepo fuera cambiado, en todos los pueblos, por un arrayán que engalanara la plaza principal.</p>
<p style="text-align: justify;">Confío en la tradición oral, pues indagando entre los más viejos del pueblo, me confirman la versión oficial. Y de allí una de sus leyendas, pues se dice que si este árbol muere, volverá a reinar la esclavitud en los pueblos y llegará nuevamente el cepo para castigar a los rebeldes. De niño mi papá me contó que a la ceiba la sostiene una columna de oro que si se rompe, la ceiba muere y se hundirá el pueblo ya que debajo hay una gran laguna.</p>
<p style="text-align: justify;">Este año la visité y la vi con otro semblante, siempre tan señorial, nos recibió con su acogedora sombra y una brisita fría. Hace un par de años la alcaldía municipal y la polémica multinacional Emgesa contrataron a la fundación Yarumo para intervenirla, le realizaron un tratamiento especial para su fortalecimiento y así prolongar su vida. Su deterioro comenzó en el 78 cuando le cortaron parte de sus raíces para construir un muro a su alrededor. No las curaron, perdió estabilidad y por ahí llegaron los hongos que comenzaron a podrirlas y a carcomer su voluminoso tronco. El árbol se fue inclinando. En los 90, agonizante, un comité pro defensa de la ceiba le programó un tratamiento de cuidados intensivos que duró más de un año. Uno de sus cinco brazos, el más pesado, quedó con muletas; en el 92, perdió uno.</p>
<p style="text-align: justify;">A la ceiba hay que hacerle seguimiento, este “Símbolo universal de la libertad y patrimonio ecológico de la humanidad” no soportaría baches prolongados de abandono. No te mueras nunca, Libertad, no la dejemos morir.</p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-53749 size-large" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/01/20161230_122335-1024x576.jpg" alt="20161230_122335" width="840" height="473" /></p>
]]></content:encoded>
        <author>Juan Diego Perdomo Alaba</author>
                    <category>Políticamente insurrecto</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/?p=53747</guid>
        <pubDate>Fri, 13 Jan 2017 22:18:33 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[‘La ceiba de la Libertad’ de Gigante ¡vive!]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Juan Diego Perdomo Alaba</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>[CRÓNICA] El día que casi muero en el templo ‘Sakroakuarios’ de los Taos en Santander</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/politica/politicamente-insurrecto/el-dia-casi-muero-en-el-templo-sakroakuarios-de-los-taos-en-santander/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por: Juan Diego Perdomo Alaba &#8211; @perdomoalaba La Selección Colombia jugaba la fase de grupos del mundial de Italia 90. Yo estaba en primero de primaria y recién salía de vacaciones de mitad de año.  Mi mamá, en ese época tan inquieta por buscar refugio espiritual tras su separación de mi padre, se unió a [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_447" aria-describedby="caption-attachment-447" style="width: 480px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-447" title="Templo ‘Sakroakuarios’ " alt="Templo ‘Sakroakuarios’ " src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2016/10/FB_IMG_1476120009278.jpg" width="480" height="320" /></a><figcaption id="caption-attachment-447" class="wp-caption-text">Templo ‘Sakroakuarios’</figcaption></figure></p>
<p style="text-align: justify">Por: <strong>Juan Diego Perdomo Alaba &#8211; @perdomoalaba</strong></p>
<p style="text-align: justify">La Selección Colombia jugaba la fase de grupos del mundial de Italia 90. Yo estaba en primero de primaria y recién salía de vacaciones de mitad de año.  Mi mamá, en ese época tan inquieta por buscar refugio espiritual tras su separación de mi padre, se unió a un grupo taoísta que lideraba en Cartagena una señora de nombre Gloria, de estatura pequeña, charlatana pero buena gente.</p>
<p style="text-align: justify">En vacaciones siempre acostumbrábamos viajar al interior del país a visitar a la familia. Pero en esta ocasión mamá me sorprendió:</p>
<p style="text-align: justify">–Diego, nos vamos para el paraíso.</p>
<p style="text-align: justify">– ¿Hay piscina mami?</p>
<p style="text-align: justify">–De todo: columpios, animales, comida en abundancia.  Es una finca donde conocerás a Jesús.<span id="more-50574"></span></p>
<p style="text-align: justify">La idea no me cuadró mucho; me causó escozor y miedo.  A pesar de mis siete años, era bastante perspicaz. Algo tenía que ver con la secta a la que asistía, pensé.  Un día de junio nos montamos Gloria, mi mamá y yo, en un Brasilia que tomamos en el Pie de la Popa. Después 12 horas de viaje, nos bajamos en la vía que une a Charalá, Santander, con Duitama en Boyacá, muy cerca de la reserva forestal Santuario de Flora y Fauna de Virolín.</p>
<p style="text-align: justify">Nos recibieron unos personajes de barba poblada, pelo largo y túnicas blancas. Olían a humo de leña. Muy amables, nos guiaron a una maloca, una especie de barraca maloliente con piso de barro. No había camas sino esteras con frazadas de lana de oveja. Todo muy rústico en un ambiente bastante rupestre.</p>
<p style="text-align: justify">No había piscina, ni columpios, ni comida en abundancia. Estábamos en el Templo Vegetal Sakroakuarius, en la finca Bogotacito, en Gámbita, Santander. Más de 500 hectáreas de misterio y secretismo. Todo el que llegaba quería conocer a la reencarnación de Jesús o Samael Johav Bahtorh, como se hacía llamar ese enigmático personaje hijo del líder del templo, a quien se le atribuían poderes sobrenaturales de sanación corporal y espiritual.</p>
<p><figure id="attachment_448" aria-describedby="caption-attachment-448" style="width: 461px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-448" title="Templo ‘Sakroakuarios’ adentro, una de sus barracas. " alt="Templo ‘Sakroakuarios’ adentro, una de sus barracas. " src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2016/10/FB_IMG_1476120044451.jpg" width="461" height="346" /></a><figcaption id="caption-attachment-448" class="wp-caption-text">Templo ‘Sakroakuarios’ adentro, una de sus barracas.</figcaption></figure></p>
<p style="text-align: justify">Efectivamente eran los Taos, una misteriosa iglesia que dice tener contacto con los extraterrestres.  Allí viven cerca de 4 mil monjes, hombres y mujeres que buscan acercarse a la perfección a través de la meditación y las escrituras. Hacen parte de la &#8216;Sacra iglesia Tao Crística universal’,  liderada por Kelium Zeus Induseus, el “mesías extraterrestre”, un longevo personaje de estatura media que nunca hablaba, la razón que daban era que se encontraba en “ayuno verbal”: &#8220;es que tiene tanto poder al hablar, que cuando lo hace ocurren tragedias en el mundo”, decía un monje con rasgos indígenas.</p>
<p><figure id="attachment_446" aria-describedby="caption-attachment-446" style="width: 432px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-446" title="Luis Gustavo Morales Sierra, 'Kelium Zeus Induseus' líder de los Taos" alt="Luis Gustavo Morales Sierra, 'Kelium Zeus Induseus' líder de los Taos" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2016/10/FB_IMG_1476119934832.jpg" width="432" height="576" /></a><figcaption id="caption-attachment-446" class="wp-caption-text">Luis Gustavo Morales Sierra, &#8216;Kelium Zeus Induseus&#8217; líder de los Taos</figcaption></figure></p>
<p style="text-align: justify">Cayó la noche. Nos ofrecieron una colada insípida con pan integral sin levadura. Los Taos son vegetarianos. No había televisor ni radio. Tampoco luz. Me acurruqué con mi mamá en una estera fría. No podíamos dormir por los turupes del suelo arcilloso, era incómodo. Amaneció. A las 4 de la mañana nos levantaron, hacía un frío soportable. Nos invitaron a participar en ejercicios de artes marciales. Nos bañamos sin jabón en unas regaderas colectivas y para defecar tocaba en unas letrinas improvisadas. Ya estaba fastidiado y mi mamá le reprochaba a Gloria a dónde putas nos había traído. Desayunamos patilla.</p>
<p style="text-align: justify">Mi mamá, en ocasiones ingenua pero con un don de percepción desarrollado, intuyó que algo andaba mal, entonces se afanó a descubrir qué pasaba. Me dio libertad para ir a jugar y así iniciar sus pesquisas. Me fui a la maloca principal a conocer al tal Samael, que decían, era físicamente parecido al Jesús de las películas. Entré, me robé un trozo de patilla y un gajo de uvas frescas, cuando de repente salió, lo vi, me sorprendí, constaté lo que se rumoraba. Lo seguía una horda ávida de un roce suyo, una mirada, una palabra.</p>
<p style="text-align: justify">Escuché el grito de mi mamá llamándome, desesperada, con una totuma llena de frijoles verdes cocidos. “Diego toma, come bien que nos vamos de aquí esta noche” me dijo al oído. –Qué pasó má –le contesté-. Me contó que nos iban a secuestrar, que ya estaban indagando qué bienes tenía para someterla, robarlos y desaparecernos.  Se me aceleró el corazón pero confíe en ella, no era la primera vez que escapábamos del peligro.</p>
<p style="text-align: justify">Catorce años después, en 2004, tras denuncias de habitantes del pueblo de Charalá, un centenar de funcionarios de Fiscalía, Policía, DAS y Ejército ingresó al templo Sakroakuarius con una orden de allanamiento. Pero Kelium Zeus se voló, según versiones a Venezuela. En 2005, la Fiscalía ordenó la detención de Luis Gustavo Morales Sierra (Kelium Zeus) y de a otros siete integrantes, a los que sindica de concierto para delinquir. Ex miembros de la secta, que posteriormente fueron asesinados, la acusaron de asesinatos, secuestros y porte de armas. Las autoridades en el allanamiento descubrieron granadas y municiones de diversos calibres. Según testigos, hubo también abuso sexual a menores.</p>
<p><figure id="attachment_445" aria-describedby="caption-attachment-445" style="width: 506px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-445  " title="'Kelium Zeus Induseus' y su hijo Samael " alt="'Kelium Zeus Induseus' y su hijo Samael " src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2016/10/kELIUM1.jpg" width="506" height="380" /></a><figcaption id="caption-attachment-445" class="wp-caption-text">&#8216;Kelium Zeus Induseus&#8217; y su hijo Samael</figcaption></figure></p>
<p style="text-align: justify">Pasada las 8 de la noche, mi mamá me tomó de la mano y sin más, llegamos a un parqueadero donde nos esperaba un campero Toyota color beige. Al volante iba una señora de cabello corto de unos 45 años. “Móntense rápido y ocúltense bien que ya nos vamos”, dijo la doña con acento rolo. Nos acompañaban tres personas más. Me oculté como pude. Cuando llegamos al portón nos pararon. –Doña Rosa déjeme ver qué hay atrás –dijo alguien-. –Mire no me joda que tengo prisa, llevo a un niño enfermo –ripostó Rosa-. Salimos a gran velocidad. Pude respirar cuando llegamos a Socorro, Santander, a comprar algo de comida. Estábamos hambrientos todos.</p>
<p style="text-align: justify">A finales de marzo de 2007, se rumoró en internet que Kelium Zeus y su hijo Samael habían sido asesinados en octubre de 2006 por grupo armado colombiano. Al parecer Kelium fue delatado por un seguidor suyo por los asesinatos, abusos sexuales, robos, estafas y secuestros que cometieron durante años profanando “la verdadera enseñanza gnóstica”.</p>
<p style="text-align: justify">Llegamos a Bogotá al día siguiente un 18 de junio de 1990. Rosa Pacheco nos invitó a su casa en el barrio Chapinero. En las ventanas de las casas, edificios y negocios había banderas de Colombia. El frío afectó mis bronquios y tosía mucho. Mamá llamó a mi papá para que por favor nos auxiliara porque no teníamos dinero ni ropa, todo lo habíamos dejado en ese lugar. En esa casa me vi el mítico partido Colombia – Alemania que me hizo llorar. Un par de días después llegó mi papá. Rosa nos salvó la vida, pero al día de hoy no sabemos nada de la suya. A Gloria la volvimos a ver en Cartagena y nos contó que ninguna de las fotos que al escondido tomó en el templo Tao salieron.</p>
<p style="text-align: justify">Mis recuerdos de ese episodio llegan hasta la imagen de un Rene Higuita vencido, trastabillando, impotente tratando de alcanzar al animal de Roger Milla que nos cercenó una alegría que por esos tiempos macabros para el país, necesitábamos. Ese día ya estábamos en Gigante, Huila, el pueblo de mi padre. El templo Sakroakuarius aún existe en Santander.</p>
<p><figure id="attachment_449" aria-describedby="caption-attachment-449" style="width: 468px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-449 " title="Camerún  - Colombia, mundial de Italia 90" alt="Camerún  - Colombia, mundial de Italia 90" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2016/10/Milla1990.jpg" width="468" height="295" /></a><figcaption id="caption-attachment-449" class="wp-caption-text">Camerún &#8211; Colombia, mundial de Italia 90</figcaption></figure></p>
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        <author>Juan Diego Perdomo Alaba</author>
                    <category>Políticamente insurrecto</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/politicamente-insurrecto/?p=444</guid>
        <pubDate>Mon, 10 Oct 2016 20:45:50 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[[CRÓNICA] El día que casi muero en el templo ‘Sakroakuarios’ de los Taos en Santander]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Juan Diego Perdomo Alaba</media:credit>
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