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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Thu, 16 Apr 2026 23:15:47 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Acoso laboral: cuando el silencio pesa más que las palabras</title>
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        <description><![CDATA[<p>Por Jenny Pimiento. Hablar de acoso laboral muchas veces llamado mobbing no es sencillo. No siempre se presenta de forma evidente, ni se limita a gritos o humillaciones directas. A veces es más sutil, más silencioso y, por lo mismo, más difícil de identificar. Se esconde en la manipulación, en los comentarios pasivo-agresivos, en los [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p><em>Por Jenny Pimiento. </em></p>



<p>Hablar de acoso laboral muchas veces llamado <em><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Acoso_laboral">mobbing</a></em> no es sencillo. No siempre se presenta de forma evidente, ni se limita a gritos o humillaciones directas. A veces es más sutil, más silencioso y, por lo mismo, más difícil de identificar. Se esconde en la manipulación, en los comentarios pasivo-agresivos, <strong>en los discursos disfrazados de liderazgo</strong> y en una constante sensación de incertidumbre que termina afectando la salud emocional y mental de quien lo vive.</p>



<p>Esta es una realidad que muchas personas enfrentan, y que yo misma experimenté.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cambios no asertivos</h2>



<p>Todo comenzó con la llegada de un nuevo jefe. Como suele ocurrir, uno espera que estos cambios traigan nuevas ideas, aprendizajes y oportunidades de crecimiento. Sin embargo, no siempre es así. Hay líderes que no llegan a adaptarse a los equipos, sino a imponerse sobre ellos. Y en ese intento de imponer, muchas veces se pierde lo más importante: el respeto por las personas y ser escuchado.</p>



<p>Al principio, todo parecía normal. Un discurso estructurado, lleno de palabras sobre liderazgo, coaching, resultados y cultura organizacional. Pero con el paso del tiempo, ese discurso empezó a contradecirse con las acciones. Comentarios ambiguos, mensajes con doble intención y una comunicación cargada de pasivo-agresividad comenzaron a generar confusión.</p>



<p>Frases que, en apariencia, eran inofensivas, pero que en el fondo dejaban una sensación de incomodidad: dudas sobre tu desempeño, cuestionamientos indirectos, silencios incómodos y cambios de actitud difíciles de entender. </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-medium-font-size"><strong><em>Todo esto empezó a afectar no solo mi trabajo, sino también mi tranquilidad.</em></strong></p>
</blockquote>



<p>Llegaron entonces los días sin dormir. La mente no descansaba. Pensar constantemente en qué hacer, cómo actuar, cómo responder, cómo adaptarme. Una preocupación permanente por no cometer errores, por cumplir expectativas poco claras y por tratar de encajar en una dinámica que no terminaba de definirse.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La manipulación también juega un papel importante</h2>



<p>Ese es uno de los efectos más complejos del acoso laboral sutil: no siempre sabes con certeza qué está pasando, pero sientes que algo no está bien. Te cuestionas, dudas de ti mismo, y poco a poco el desgaste emocional empieza a hacerse evidente.</p>



<p>A través de discursos bien elaborados, algunos líderes logran justificar decisiones o comportamientos que, en otro contexto, serían claramente inadecuados. Se habla de exigencia, de crecimiento, de salir de la zona de confort, de no ser <strong>“reticente” </strong>pero en la práctica se genera un ambiente laboral tenso, poco claro y, en muchos casos, poco humano.</p>



<p>Este tipo de situaciones no solo afectan el desempeño laboral, sino que impactan directamente la autoestima, la seguridad y el bienestar de las personas. Y, sin embargo, <strong>muchas veces se guarda silencio.</strong></p>



<p>El miedo es un factor determinante. Miedo a perder el empleo, a ser juzgado, a no ser escuchado o incluso a que la situación empeore. También está el miedo al “qué dirán” y la sensación de que tal vez es mejor adaptarse que confrontar.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Pero el silencio tiene un costo alto</h2>



<p>Con el tiempo, entendí que el problema no estaba en mi capacidad ni en mi compromiso con el trabajo. Hacer bien las cosas, cumplir con las responsabilidades y tener vocación de liderazgo no significa aceptar dinámicas que afectan la dignidad y el bienestar personal.</p>



<p>También comprendí la importancia de la comunicación asertiva y el manejo de las emociones. No es fácil expresar lo que uno siente en estos contextos, pero es fundamental. Poner límites, buscar espacios de diálogo y, cuando es necesario, acudir a instancias formales dentro de la organización puede marcar la diferencia.</p>



<p>Así mismo, es importante reconocer que no todos los líderes son iguales. En mi camino también he tenido la oportunidad de encontrar excelentes mentores y líderes que no solo enseñan, sino que acompañan. Personas que creen en el crecimiento desde el respeto, la empatía y la coherencia entre lo que dicen y lo que hacen.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Esos liderazgos son los que realmente transforman</h2>



<p>Hablar de acoso laboral no es solo contar una experiencia personal; es abrir la puerta a una conversación necesaria en los entornos laborales. Es reconocer que el bienestar emocional es tan importante como los resultados, y que un buen liderazgo no se basa en el control o la imposición, sino en la confianza y el respeto mutuo.</p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p>Hoy, más que nunca, es importante aprender a identificar estas situaciones, darles nombre y no normalizarlas. Porque lo que empieza como un comentario incómodo o una actitud ambigua puede convertirse, con el tiempo, en un entorno laboral dañino.</p>
</div></div>



<p>Y porque nadie debería tener que sacrificar su tranquilidad por conservar un trabajo.</p>



<p class="has-text-align-center has-x-large-font-size"><strong>¡<a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">Romper el silencio</a> es el primer paso!</strong></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Educación</category>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
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        <pubDate>Wed, 08 Apr 2026 16:51:45 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Acoso laboral: cuando el silencio pesa más que las palabras]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Rompamos el silencio</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Educación artística: el camino hacia una sociedad inclusiva</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/educacion/educacion-artistica/</link>
        <description><![CDATA[<p>Santiago Cruz Sánchez. Jefe de Área departamento de Artes CBJML. Hace un par de años, más exactamente en el 2019, mientras cursaba mi Maestría en Investigación Musical, estaba al mismo tiempo leyendo el libro “¿Por qué fracasan los países?” de Daron Acemoglu y James A. Robinson (2012). Aunque es un libro que no tiene en [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Santiago Cruz Sánchez.</strong> <em>Jefe de Área departamento de Artes CBJML.</em></p>



<p>Hace un par de años, más exactamente en el 2019, mientras cursaba mi Maestría en Investigación Musical, estaba al mismo tiempo leyendo el libro <strong><em>“¿Por qué fracasan los países?” de Daron Acemoglu y James A. Robinson (2012)</em></strong>. Aunque es un libro que no tiene en lo absoluto nada que ver con educación, o con música y Arte, el impacto que generó este libro en mí fue profundo, no solo por su análisis sobre las causas del éxito o fracaso de las naciones, sino porque, al mismo tiempo que me formaba como investigador, me llevó a cuestionar de manera constante el rol de la educación dentro de la sociedad y, de manera más específica, el lugar que ocupa la educación artística en los procesos de transformación social.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El desarrollo de los países</h2>



<p>La tesis central de <em>Acemoglu y Robinson </em>plantea que las diferencias entre países no radican en factores geográficos o culturales, sino en la manera en que se han configurado sus instituciones políticas y económicas. </p>



<p>A través de ejemplos como el de ”<em>Nogales</em>”, una ciudad dividida entre Estados Unidos y México, los autores evidencian cómo dos territorios con características similares pueden ofrecer condiciones de vida radicalmente distintas dependiendo de la solidez y naturaleza de sus instituciones. </p>



<p>Este planteamiento permite comprender que el desarrollo no es una casualidad, sino el resultado de decisiones históricas que han favorecido modelos inclusivos o, por el contrario, estructuras extractivas que perpetúan la desigualdad.</p>



<h2 class="wp-block-heading">En el contexto colombiano</h2>



<p>En el caso de América Latina, y particularmente en Colombia, estas reflexiones encuentran un eco evidente. Tal como lo expone mi análisis previo, las decisiones políticas y estructurales han limitado históricamente las oportunidades de desarrollo, afectando ámbitos fundamentales como la educación, la ciencia y la innovación. </p>



<p>Sin embargo, dentro de este panorama surge una reflexión aún más profunda: si las instituciones son determinantes en el desarrollo de las sociedades, ¿qué tipo de formación necesitan los ciudadanos para construir instituciones más justas, inclusivas y equitativas? Es en este punto donde la educación artística y la cultura adquieren un papel fundamental.</p>



<p>La educación artística no puede seguir siendo entendida como un componente accesorio dentro del sistema educativo. Por el contrario, constituye un espacio esencial para el desarrollo de capacidades humanas que son indispensables en la construcción de sociedad.</p>



<p>A través del arte, los individuos aprenden a pensar de manera crítica, a interpretar su contexto, a cuestionar las realidades establecidas y a proponer nuevas formas de comprender el mundo. Estas habilidades son coherentes con la necesidad de formar ciudadanos capaces de participar activamente en la transformación de sus entornos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La cultura artística como reconstrucción del tejido social</h2>



<p>Tal como lo evidencia la historia latinoamericana, los procesos de colonización no solo implicaron la explotación de recursos, sino también la fragmentación de identidades culturales y la imposición de estructuras de poder que aún hoy tienen repercusiones. En este sentido, el arte y la cultura se convierten en herramientas de resistencia, memoria y reconstrucción. Permiten a las comunidades recuperar sus narrativas, fortalecer su identidad y generar espacios de encuentro que contrarresten las dinámicas de exclusión.</p>



<p>Desde esta perspectiva, la educación artística se articula directamente con la construcción de instituciones inclusivas, tal como lo plantean Acemoglu y Robinson (2012). Una sociedad que promueve el pensamiento creativo, la sensibilidad social y la capacidad de diálogo está mejor preparada para cuestionar estructuras injustas y proponer alternativas de cambio.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>En otras palabras, el arte no solo forma artistas, sino ciudadanos con la capacidad de imaginar y construir nuevas realidades.</p>
</blockquote>



<h2 class="wp-block-heading">Espacios de transformación</h2>



<p>Además, en contextos donde la desigualdad y la falta de oportunidades han generado escenarios de violencia o fragmentación social, las prácticas artísticas se consolidan como espacios de <a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">transformación</a>.</p>



<p>La música, el teatro, la danza y las artes plásticas y visuales, permiten canalizar emociones, generar sentido de pertenencia y construir comunidad. Estos procesos son fundamentales para reconstruir el tejido social, especialmente en países que, como Colombia, han enfrentado profundas heridas históricas.</p>



<p>En consecuencia, pensar en el desarrollo de una nación implica necesariamente replantear el lugar de la <a href="https://josemaxleon.edu.co/bienestar-estudiantil/artes" target="_blank" rel="noreferrer noopener">educación artística</a> dentro de los sistemas educativos. </p>



<p>No se trata únicamente de formar en habilidades técnicas, sino de reconocer el arte como un medio para fortalecer la conciencia social, la empatía y el pensamiento crítico. Invertir en educación artística y cultural es, en este sentido, una apuesta por el desarrollo humano y la transformación social.</p>



<p>Finalmente, si bien las decisiones políticas pueden limitar o ampliar las oportunidades de una sociedad, es en la educación donde se siembran las bases para el cambio. La formación de ciudadanos críticos, sensibles y creativos es un paso indispensable para construir instituciones más justas y equitativas. </p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p>En este camino, la educación artística y la cultura no son elementos secundarios, sino pilares fundamentales para reconstruir una sociedad que, a pesar de sus dificultades históricas, aún tiene la posibilidad de reinventarse desde el conocimiento, la creatividad y la participación colectiva.</p>
</div></div>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Bibliografía</strong></h3>



<p>Asemoglu &amp; Robinson (2012), ¿Por qué fracasan los países? – Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza. Bogotá, Editorial Planeta Colombiana.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Educación</category>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
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        <pubDate>Tue, 24 Mar 2026 16:22:39 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Educación artística: el camino hacia una sociedad inclusiva]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>Crónica sobre la educación: la valentía de volver</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/educacion/cbjml/</link>
        <description><![CDATA[<p>Sergio Ibáñez. Jefe del Departamento de Lengua Castellana y Literatura. Durante cuatro años estuve alejado de mi país para perseguir mis sueños con el afán del que sólo piensa que el sentido de la vida estaba en llegar a la meta, en lograrlo. La vida me llevó a nuevos lugares y nuevas personas, caminé por [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Sergio Ibáñez. <br></strong><em>Jefe del Departamento de Lengua Castellana y Literatura</em>.</p>



<p>Durante cuatro años estuve alejado de mi país para perseguir mis sueños con el afán del que sólo piensa que el sentido de la vida estaba en llegar a la meta, en lograrlo. La vida me llevó a nuevos lugares y nuevas personas, caminé por senderos desconocidos que nunca imaginé hasta llegar al CBJML.</p>



<p>Mi alma se dejó contagiar por esa idea de que vivía bien por tener la posibilidad de comprar unos tenis de marca con un día de trabajo o que era genial poder tener el último teléfono con solo quince días de trabajo: creía que eso era el bienestar y el progreso.&nbsp; En esa frenética lucha por alcanzar esos imaginarios de triunfo tropecé.&nbsp; </p>



<p>Fue un golpe durísimo y certero que hizo que mi vida entera entrara en un limbo, en un punto de quiebre. Decidí volver.&nbsp;He hablado con muchas personas que afirman que migrar es un acto de valentía. </p>



<h2 class="wp-block-heading">El verdadero acto de valentía es volver </h2>



<p>Conozco a muchas personas que están atrapadas en un país y un lugar que no les pertenece, un lugar que no los hace felices, están atados a esa idea de que volver es una derrota. Yo descubrí que hay derrotas necesarias y hermosas sin las cuales algunas de las victorias no tienen sentido. Tal vez de eso se trate la vida, de aceptar que las derrotas implican necesariamente el sentido y la validez de futuras victorias. </p>



<p>Cuando volví todo parecía oscuro: no sabía por dónde empezar ni cómo volver a reconstruir esa vida que creía perdida. Necesitaba desesperadamente un faro, algo que me devolviera las ganas de volver a descubrir nuevas rutas, mi salud mental estaba empezando a deteriorarse a causa de la inactividad y las secuelas del pasado.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Mi victoria más valiosa fue volver a las aulas</h2>



<p>El 10 de enero del 2024, recibí una llamada telefónica que le devolvió la respiración a mi alma: “Profe, te llamamos del Colegio Bilingüe José Max León, recibimos tu hoja de vida para la vacante de Docente de Lengua Castellana, queremos conocerte un poco más, ¿puedes venir mañana?”. &nbsp;Claro que podía. No solo podía, lo necesitaba, llevaba seis meses esperando esa llamada.&nbsp; </p>



<p>El trece de enero fue mi primer día de trabajo con los niños en el colegio.&nbsp;Ese primer día me pareció exageradamente extraño, llevaba exactamente cuatro años y un mes sin pisar un aula. </p>



<p>Ese primer día fue un estado de <em>shock</em> constante e ininterrumpido: venía de trabajar en la obra cargando bultos de cemento y vaciando escombros durante 8 horas, repartiendo comida en bicicleta en el frío tempestuoso del invierno, lavando platos con alergias severas en la piel por el vapor y el jabón desde los dedos hasta los codos o recibiendo insultos de un chef porque no llevaba el plato rápido a la mesa del comensal. Eso solo por mencionar algunos casos. &nbsp;</p>



<p>Ahora que lo veo desde afuera, no sé por qué pude aguantar tanto tiempo normalizando esas acciones; como inmigrante cargué sobre mi espalda el injusto peso de perder mi dignidad por esa falsa idea de bienestar de la que hablé anteriormente. &nbsp;</p>



<p>Ciertamente esos trabajos, que hacen un paréntesis en mi profesión real, me enseñaron a ver el mundo con otros ojos y a entender que detrás de nuestro privilegio está el sacrificio de quien trabaja en esas otras profesiones que viví: ellos siempre serán dueños de todo mi respeto y admiración.</p>



<h2 class="wp-block-heading">En el CBJML</h2>



<p>Los días allí empezaron a redireccionar mi vida. No hubo mejor terapia para mí que el calor humano de los niños, ellos me devolvieron la esperanza, las ganas de volver a empezar mi vida. </p>



<p>Aprendí, gracias a ellos, que la docencia es un acto profundamente vital que va más allá de cualquier necesidad material: es un ejercicio que permite ensanchar el espíritu. Recuerdo uno de esos primeros días en el aula, una niña me dijo: “profe, ¿por qué eres tan raro?, parece como si no tuvieras sentimientos”.</p>



<p>Ese fue un comentario que, lejos de escandalizarme, me conmovió profundamente. Por un lado, fue una radiografía de lo que era yo en ese momento, de cómo llegaba de nuevo a mi país: en esa frase pude verme reflejado como el viajero que llega después de mucho tiempo cansado y sin energía. </p>



<p>Pero por otro, me demostró la increíble sensibilidad que guarda un niño para ver lo que los demás no pueden ver o no se atreven a decir. A partir de ese momento me prometí no subestimar, en ninguna circunstancia, el pensamiento de los niños. </p>



<p>Vivimos en un mundo adulto-céntrico que considera que el único pensamiento válido es el que está determinado por la sabiduría que solo se alcanza con la experiencia, pero olvidamos que allí en la raíz, en el pensamiento de los niños se esconde una profundidad sublime, se esconden las preguntas y las reflexiones de los grandes filósofos y la espontaneidad de quien dice lo que siente sin ningún tipo de pretensión.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Abrazos de seres que apenas conocía en el CBJML</h2>



<p>No podía creer que un abrazo tuviera la posibilidad de curar las heridas de una forma tan certera, eran verdadera medicina para el alma.&nbsp; En las aulas y los espacios de diálogo con mis colegas empecé a enamorarme de la filosofía del colegio, de esa manera en la que el vínculo y el cuidado eran tan importantes como el pensamiento crítico. &nbsp;</p>



<p>Poco a poco fui dejándome llevar por esa forma de ver la educación hasta que mi alma sanó por completo y la angustia por llegar a la meta desapareció.</p>



<p>Descubrí que la meta que tanto perseguí es el camino en sí y que ese camino que empezaba a recorrer de nuevo sólo podía ser recorrido si implicaba enseñar. El tiempo que llevo en el <a href="http://www.josemaxleon.edu.co">CBJML</a> me ha hecho entender que <strong>enseñar en la escuela, es también contemplar</strong>.&nbsp;</p>



<p>En ese camino de la contemplación que se posibilita gracias al acto de <a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">enseñar</a>, se dibujan paisajes que no todos los seres humanos pueden contemplar: &nbsp;El paisaje de ver a mis estudiantes crecer.</p>



<p>El paisaje de ver materializado un concepto tan abstracto como la felicidad en la figura de pequeños niños corriendo en el parque todos los días (<em>este es uno de los más bellos</em>). Un paisaje sonoro: “¡Profe, te quiero mucho!”. &nbsp;El paisaje del agradecimiento cuando mis brazos son el consuelo del llanto. &nbsp;El paisaje dulce.&nbsp;</p>



<p>El paisaje de la tormenta: un paisaje triste cuando cometo algún error en mi condición humana. El olor del paisaje a hierba mojada después de esa tormenta, cuando logro dialogar y solucionarlo… &nbsp;Todas esas formas de paisaje que aparecen en el camino de la enseñanza me han demostrado constantemente que ser profesor es un privilegio que me permitió descubrir que mis sueños no son nada si no implican construir sus sueños.</p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p>A mis estudiantes que me han enseñado el valor real de la vida, al CBJML que confió en mí cuando todo estaba apagado, y a mis colegas que comparten y viven conmigo la pasión por la enseñanza, les agradezco por ser mi faro.</p>
</div></div>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Educación</category>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=126969</guid>
        <pubDate>Mon, 16 Mar 2026 19:50:04 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Crónica sobre la educación: la valentía de volver]]></media:description>
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        <item>
        <title>Un colegio para la vida</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/un-colegio-para-la-vida/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por Santiago Botía. Representante estudiantil. Mi historia en el Colegio Bilingüe José Max León comenzó hace 7 años, en el momento en el que mis padres toman la decisión de matricularme para cursar cuarto de primaria. En aquel entonces tenía 10 años y, sin saberlo, acababa de comenzar a escribir el capítulo más inolvidable de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Por <strong>Santiago Botía</strong>. </p>



<p><em>Representante estudiantil.</em></p>



<p>Mi historia en el Colegio Bilingüe José Max León comenzó hace 7 años, en el momento en el que mis padres toman la decisión de matricularme para cursar cuarto de primaria.</p>



<p>En aquel entonces tenía 10 años y, sin saberlo, acababa de comenzar a escribir el capítulo más inolvidable de mi vida, lleno de historias, aprendizajes, valores, amistades y crecimiento personal.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El primer día de clases</h2>



<p>El estar en un nuevo ambiente, con todo lo que eso implica, me preocupaba de gran manera. Sin embargo, el recibimiento tan caluroso de las directivas, los profesores y por supuesto mis compañeros, a quienes más tarde comencé a llamar amigos, me impresionó e impactó de sobremanera. Ese fue el primer indicio de que había llegado al lugar indicado.</p>



<p>El ingreso al <em>CBJML</em> no lo hice solo, pues me matriculé junto a mi hermana mayor quien entró a noveno grado. Naturalmente, a ella, el cambio de colegio le preocupaba más, pues al entrar a un curso mucho mayor, ella suponía que los grupos de amistades iban a estar más marcados y que su integración iba a ser mucho más compleja. </p>



<p>Pero ella, al igual que yo, fue recibida por personas sumamente calurosas y humanas, a las cuales, 4 años después sigue recordando y apreciando con mucho cariño.</p>



<p>A lo largo de los años, las dinámicas dentro del colegio me hacían entender cada vez más que yo no estaba estudiando en un lugar normal, sino que era todo lo contrario, mi colegio era uno muy especial. </p>



<h2 class="wp-block-heading">Un colegio para la vida</h2>



<p>Comprendí entonces, que todo ese cariño humano que recibimos junto con mi hermana en nuestro primer año no era gratuito, sino que era reflejo de lo que el colegio realmente enseña a sus alumnos: humanidad. </p>



<p>En estos años he tenido la oportunidad de interactuar con muchas personas de distintos colegios y puedo decir, sin miedo a equivocarme, que lo que el Colegio Bilingüe José Max León nos enseña a cada uno de los estudiantes va mucho más allá de un aula de clase o de una simple nota.</p>



<p>Yo no hablo así de mi colegio bajo una perspectiva cegada por el amor que tengo hacia el mismo, sino que lo hago al entender todo lo que este dispone para la educación humana de calidad que enseña. </p>



<p>Evidencia de esto, son los programas institucionales con los que el colegio cuenta, tales como el programa <a href="https://josemaxleon.edu.co/propuesta-educativa/antibullying">SER </a>o el CARE, programas cuyos propósitos son que los estudiantes nos sintamos seguros en nuestro segundo hogar y que, asimismo, sea de nuestro conocimiento las herramientas y procedimientos necesarios para combatir el acoso escolar. </p>



<h2 class="wp-block-heading">Programas antibullying</h2>



<p>Los programas SER y CARE nacen con el propósito de generar espacios seguros dentro del colegio para todos los estudiantes, resaltando y admirando las diferencias, los gustos o creencias y permitiendo que todos tengan una voz que realmente sea escuchada. </p>



<p>Ambas iniciativas no se quedan solo en el papel, sino que son trabajadas día tras día por parte del colegio y es por eso, y por muchas otras cosas, que el Colegio Bilingüe José Máx León es el primer colegio con un certificado <em><a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">Antibullying </a></em>en Colombia. Y acá hay algo que quiero resaltar:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><em>El colegio somos todos. Directivas, estudiantes, profesores, padres de familia y todos los actores que hacen que realmente vivamos en una comunidad, todos somos los que realmente hacemos colegio.</em></p>
</blockquote>



<p>Este año fui elegido por mis compañeros para ser el representante de los estudiantes, cargo que asumo con mucho honor y por el cual agradezco la confianza que se me otorgó. </p>



<p>Este cargo lo desempeño con la responsabilidad propia de un estudiante leonista, pues ser el representante de todos los estudiantes del colegio lo amerita. Desde lo que he podido evidenciar día a día cómo representante, pero sobre todo como estudiante, es algo hermoso que tiene nuestro colegio: la cantidad de niños, niñas y jóvenes líderes, empoderados, críticos, empáticos, responsables y por supuesto, humanos. </p>



<h3 class="wp-block-heading has-x-large-font-size">La construcción de un legado</h3>



<p>Esto evidencia que el proyecto institucional del CBJML realmente está funcionando y que el trabajo llevado a cabo por directivas, docentes, padres de familia y, por supuesto, estudiantes, si está construyendo un legado. </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>Mi colegio es el ejemplo claro de que la educación tiene el don más maravilloso de todos: humanizar para construir un mundo mejor.</p>
</blockquote>



<p>Hoy estoy cursando grado undécimo y puedo decir, totalmente convencido, de que <strong><em>mi colegio es un colegio para la vida</em></strong>, que no solo enseña a ser bueno para las matemáticas o las ciencias, sino que realmente nos enseña a todos a cómo ser verdaderos seres humanos. </p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p>Este año voy a graduarme del colegio, lo que naturalmente me genera nostalgia y un poco de tristeza. </p>



<p>Sin embargo, estoy seguro de que cuando salga a la vida real, no dejaré jamás de ser un estudiante leonista, pues esa semilla que implantaron en mí y en todos mis compañeros, germinará y dará todos los frutos de una educación de calidad humana que resonará y me acompañará toda la vida.</p>
</div></div>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Educación</category>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=126202</guid>
        <pubDate>Wed, 25 Feb 2026 14:39:32 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Un colegio para la vida]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Rompamos el silencio</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La crianza en el recreo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/la-crianza-en-el-recreo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por: Catalina Quiroga Matiz. Psicóloga &#8211; Consejera Escolar. Se trata de pensar en las formas en que la crianza se expresa de mil maneras en la interacción de los niños, niñas y adolescentes, esta vez, enfocándonos en cómo se muestran en compañía de sus pares y bajo el cuidado de otros adultos que no son [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Por: Catalina Quiroga Matiz.</strong> <br><em>Psicóloga &#8211; Consejera Escolar</em>. </p>



<p>Se trata de pensar en las formas en que la crianza se expresa de mil maneras en la interacción de los niños, niñas y adolescentes, esta vez, enfocándonos en cómo se muestran en compañía de sus pares y bajo el cuidado de otros adultos que no son necesariamente sus familiares. </p>



<h2 class="wp-block-heading">El recreo, donde la magia ocurre</h2>



<p>Es un momento, quizá pensado para el descanso, pero también es el escenario donde nacen ideas y se da la posibilidad natural de interactuar con el otro.</p>



<p>Realizar un ejercicio de observación en estos espacios resulta profundamente enriquecedor, porque allí todo ocurre de manera transparente. Incluso podría decirse que es un espacio donde aquello descrito por Charles Darwin sobre la selección natural encuentra una analogía curiosa: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><em>los niños y adolescentes ubican sus intereses, afinidades y formas de relacionarse desde las características que les ha dejado la crianza recibida en casa. </em></p>
</blockquote>



<p><br>Y es interesante porque, aunque el entorno está envuelto en un halo de diversión y juego, cada subgrupo, o incluso cada persona que elige estar sola, carga consigo un universo de conversaciones internas y externas. </p>



<p>Universos que, a veces, muestran aspectos que suelen camuflarse ante sus cuidadores. El recreo está lleno de risas y movimiento, pero basta una pequeña diferencia o roce para que la dinámica cambie por completo.</p>



<p>Ante esas dificultades, algunos niños buscan de inmediato a sus adultos de confianza para contar lo sucedido. Esa información, entregada en el momento justo, permite mediar de manera precisa y apoyar la continuidad del juego con más calma. </p>



<p>Otros prefieren evitar la pausa y continuar, mostrando una capacidad creciente para resolver por sí mismos. Pero muchos, como es natural, esperan a llegar a casa para narrar ese pequeño conflicto que, en la mayoría de los casos, no tiene una connotación tan grande como se percibe desde la emoción.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El recreo, un laboratorio vivo de lo aprendido</h2>



<p>Y es ahí donde aparece otro escenario: el del hogar. Ante la voz vulnerable de un hijo que relata su experiencia, los padres escuchan con atención y, desde el amor, amplifican cada detalle. Actúan como madres y padres leones, dispuestos a proteger a sus retoños. No está mal; es profundamente humano. </p>



<p>Sin embargo, cuando la inconformidad crece y el relato se convierte en una preocupación mayor, algunos adultos buscan directamente a quienes consideran responsables, intentando impartir justicia de manera inmediata. </p>



<p>Es en ese impulso, comprensible pero riesgoso, donde, sin proponérselo, pueden llegar a reproducir dinámicas propias del <a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">acoso escolar</a>: señalar, presionar, intimidar o acusar sin mediación, todo con la convicción de defender. Y es ahí cuando, sin darnos cuenta, los adultos también podemos convertirnos en parte del mismo problema que intentamos evitar.</p>



<p>Es en ese punto donde la crianza entra de nuevo al recreo: en las formas tajantes de resolver, en la mirada que señala, en el riesgo de revictimizar, en la dificultad de comprender que los conflictos infantiles tienen una escala distinta a la de los adultos. </p>



<p>Mientras tanto, quienes desde el <a href="http://www.josemaxleon.edu.co">colegio</a> trabajan en mediación, resolución pacífica de conflictos, justicia restaurativa y procesos formativos comprenden que la historia suele ser menos dramática de lo que llega narrada a casa. Y aun así, el colegio queda con la etiqueta de “no hace nada”.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Al final, las formas de crianza también caben en el recreo</strong></h3>



<p>Quizás lo que nos recuerda el recreo es que todos estamos aprendiendo: los niños, a convivir; los adultos, a acompañar sin desbordarnos. Que en esos pequeños roces que parecen enormes se esconden oportunidades para enseñar y para mirarnos como cuidadores. </p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p>Y que antes de apresurarnos a defender, señalar o juzgar, vale la pena detenernos, respirar y recordar que cada experiencia es parte de un proceso más grande: <em>el de formar seres humanos capaces de construir paz, primero en el patio del colegio y, luego, en la vida</em>.</p>
</div></div>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125871</guid>
        <pubDate>Wed, 18 Feb 2026 13:23:38 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/18075355/Recreo.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La crianza en el recreo]]></media:description>
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            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Llegan tarde y con el lente equivocado</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/llegan-tarde-y-con-el-lente-equivocado/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por: William Ríos. Gerente Género e Impacto Comunicaciones. En el mundo, los medios de comunicación suelen mirar al bullying con el lente equivocado. Lo mencionan cuando ocurre una tragedia, cuando un joven se quita la vida, cuando un video se hace viral o cuando un colegio queda expuesto en redes sociales. Se multiplican las entrevistas, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Por: William Ríos. Gerente Género e Impacto Comunicaciones. </p>



<p>En el mundo, los medios de comunicación suelen mirar al bullying con el lente equivocado. Lo mencionan cuando ocurre una tragedia, cuando un joven se quita la vida, cuando un video se hace viral o cuando un colegio queda expuesto en redes sociales. Se multiplican las entrevistas, se habla del “flagelo”, aparecen opinadores repentinos y voces sin formación en convivencia escolar; luego, apenas pasan unos días, el caso se diluye, la agenda cambia y el fenómeno vuelve a quedar en silencio.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La anterior es una constante mundial</h2>



<p>El bullying solo aparece cuando duele. Lo más preocupante es que esa mirada reactiva no solo es limitada: es peligrosa.</p>



<p>Los medios —tradicionales y digitales— son formadores de cultura. Moldean valores, transmiten ejemplos, crean referentes sociales y acompañan a los ciudadanos desde que son niños hasta que se convierten en adultos. Por eso, cuando los medios reducen el bullying al titular dramático del día, están renunciando a su papel más importante: convertirse en agentes permanentes de prevención, educación y construcción de ciudadanía.</p>



<p>Una de las confusiones más extendidas es creer que el bullying es un fenómeno exclusivamente escolar. No lo es. Comienza en el hogar, se manifiesta en el <a href="http://www.josemaxleon.edu.co">colegio</a>, reaparece en la universidad y, en la edad adulta, toma la forma de mobbing o acoso laboral. Hay que entenderlo: este fenómeno se transforma y en ocasiones muta.</p>



<p>Agencias como la ONU y UNICEF reiteran permanentemente la responsabilidad de los medios de comunicación en la lucha contra el ciberacoso, la violencia de género y los discursos de odio, todos elementos presentes en el bullying, y que escalan a dimensiones sin proporciones.</p>



<p>Hace menos de un mes, en el marco de sus actividades del Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar, la Unesco aseguró que “Aproximadamente el 58% de las niñas y los jóvenes del mundo sufren de acoso en línea, mientras que los estudiantes pertenecientes a minorías y comunidades migrantes sufren de manera desproporcionada el odio y la exclusión en Internet”.</p>



<p>Sin embargo, según el Informe GEM 2024 – edición juvenil, solo el 16 % de los países ha adoptado una legislación destinada a prevenir el ciberacoso a través de la educación.</p>



<p>Como ocurre con el ciberacoso, las cifras de cualquiera de las manifestaciones del bullying (y de las múltiples formas en que se mimetiza) son escalofriantes.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>En Colombia normalizar el bullying ha sido demasiado fácil</strong></h2>



<p>Cuando llevamos la conversación al contexto colombiano, la urgencia es mayor. No es un secreto que Colombia ha vivido décadas de violencia política, urbana y rural. Esa historia ha dejado cicatrices profundas, pero también una peligrosa costumbre: la de normalizar la agresión.</p>



<p>En un país donde la violencia ha moldeado durante tanto tiempo las relaciones sociales, el bullying no es un asunto menor: es un termómetro cultural. Es un indicador de qué tanto hemos logrado transformar la manera en que tratamos al otro. </p>



<p>Por eso, los medios colombianos deberían asumir esta causa como una preocupación nacional permanente, no como un tema que despierta interés únicamente cuando hay tragedias que lamentar.</p>



<p>Los medios de comunicación tienen una responsabilidad que va más allá del titular: crear cultura de prevención, promover valores, difundir rutas de atención, consultar expertos y mantener la conversación abierta. Necesitamos periodismo y comunicadores que generen conciencia, acompañen a las familias, brinden herramientas a los niños, y que incomode a las instituciones cuando miran hacia otro lado.</p>



<p>Además, necesitamos medios que entiendan su poder pedagógico. Cada vez que presentan un caso de bullying sin análisis, sin contexto, sin especialistas, están fortaleciendo la confusión. Cada vez que cubren el tema desde el morbo, están repitiendo el ciclo de violencia que dicen rechazar. Y cada vez que dejan de cubrirlo, contribuyen al silencio que permite que prospere.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Educar testigos hoy es formar ciudadanos que alzan la voz mañana</strong></h2>



<p>Prevenir el bullying en el entorno escolar es una prioridad nacional. Una de las claves más poderosas para lograrlo es educar a los testigos: a los compañeros que ven, escuchan o conocen una agresión. Cuando un niño entiende que puede denunciar, que no está solo y que su palabra importa, se rompe la cadena del silencio.</p>



<p>Pero esto va más allá del colegio: un niño que denuncia bullying hoy es un adulto que denuncia corrupción mañana, que señala la desigualdad, que exige equidad, que no se queda callado frente a las injusticias. Formar testigos valientes es formar ciudadanos íntegros.</p>



<p>En esa tarea, los medios tienen un rol esencial. No solo informan sobre la realidad: ayudan a construirla. Y si queremos un país donde la violencia deje de ser parte de la cotidianidad, donde los niños crezcan con valores sólidos y donde la ciudadanía se atreva a alzar la voz, necesitamos un periodismo responsable, constante y comprometido con la prevención del bullying.</p>



<p></p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p>Los medios no pueden seguir llegando cuando es demasiado tarde.</p>



<p>Su responsabilidad es estar antes, durante y después. </p>



<p>Su deber ético es acompañar. </p>



<p>Su compromiso ineludible es educar. En síntesis, su obligación es ayudar a “<a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">Romper el silencio</a>”.</p>
</div></div>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
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        <pubDate>Wed, 10 Dec 2025 18:41:31 +0000</pubDate>
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            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Dejemos vivir a noviembre</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/noviembre/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por: Robert Max Steenkist. Año a año, el mes de noviembre pierde su identidad. Asfixiado por dos fechas de consumo desenfrenado, se vuelve cada más una transición desaborida entre el excesivamente dulcificado octubre y las fiestas (cada vez más acaparadoras) de diciembre. Es un mes en el que el fin del año, los compromisos no [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Por: Robert Max Steenkist.</p>



<p>Año a año, el mes de noviembre pierde su identidad. Asfixiado por dos fechas de consumo desenfrenado, se vuelve cada más una transición desaborida entre el excesivamente dulcificado octubre y las fiestas (cada vez más acaparadoras) de diciembre. </p>



<p>Es un mes en el que el fin del año, los compromisos no cumplidos y las fiestas decembrinas empiezan a presionar los bolsillos y el rendimiento académico. </p>



<h2 class="wp-block-heading">Los días de noviembre son cada vez más movidos por la ansiedad</h2>



<p>De acuerdo a la OMS, la ansiedad es un “estado de malestar emocional con manifestaciones psíquicas y físicas, como miedo, preocupación o tensión excesiva que puede ser una reacción normal al estrés”. Para otros, es un mecanismo de defensa natural de cada individuo frente a estímulos externos o internos como amenazantes o peligrosos. </p>



<p>Es decir, es un sentimiento que causa desagrado, tensión y sufrimiento a alguien por algo que aún no le ha pasado. La búsqueda constante de bienes materiales que alguien podría tener (o le han hecho creer que debería tener) genera un aparente vacío tan poderoso que impide que disfrute su realidad actual. </p>



<p>De una satisfacción efímera, siempre incompleta por “lo posible” que nos ofrece un mercado desbordado, se nutre un consumismo destructivo, la dependencia suicida de nunca estar completos y de la que nos tenemos que cuidar los unos a los otros.&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading">Acoso escolar y ansiedad, un vinculo estrecho</h2>



<p>Ambos tienen en común la sensación de estar siempre incompletos, de ser defectuosos a pesar de tener todo a la mano para ser igual de exitosos, abundantes, bellos y felices a los otros.</p>



<p>Estudios indican que los estudiantes que sufren acoso escolar presentan niveles significativamente más altos de ansiedad, depresión y estrés postraumático. </p>



<p>Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente el 30% de los estudiantes a nivel global han experimentado algún tipo de matoneo, lo que incrementa la probabilidad de desarrollar trastornos de ansiedad en un 40%, comparado con sus pares no afectados. </p>



<p>Este fenómeno afecta generalmente el sueño y pronto el rendimiento académico. Con esto, usualmente se deteriora la autoestima y la capacidad social de los jóvenes, creando un ciclo difícil de romper.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Mobbing</h2>



<p>La relación entre el <a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">acoso escolar</a> y el laboral es un reflejo de cómo los patrones de violencia y dominación se reproducen en diferentes etapas de la vida.</p>



<p>El acoso laboral, también conocido como mobbing, comparte características similares al acoso escolar: hostigamiento repetido, abuso de poder y daño psicológico. Investigaciones demuestran que individuos que fueron víctimas de matoneo en la infancia tienen mayor probabilidad de experimentar o incluso ejercer acoso en el ámbito laboral.</p>



<p>Esto se debe a que las conductas aprendidas y las heridas emocionales no resueltas pueden manifestarse en entornos adultos, perpetuando ciclos de violencia y ansiedad. Por ejemplo, un estudio de la Universidad Nacional de Colombia encontró que el 25% de los trabajadores víctimas de mobbing reportaron antecedentes de acoso escolar en su infancia.</p>



<p>Noviembre es un mes propicio para reflexionar sobre la ansiedad que nos rodea en un entorno especialmente dado a celebrar con anticipación sin pensar que esto afecta nuestra relación la conciencia del aquí y del ahora. </p>



<h2 class="wp-block-heading">Noviembre llega con más alegría</h2>



<p>En Colombia, se celebran el Día de los Derechos Humanos (10 de noviembre), el Día de la No Violencia contra la Mujer (25 de noviembre) y el Día de la Música (22 de noviembre), entre otras fechas conmemorativas a las que se podría dar más importancia que la nieve artificial y otros tantísimos productos que hemos vuelto parte de nuestros complejos. </p>



<p>La verdadera esencia de este mes podría radicar en una conexión humana entre padres e hijos, entre <a href="http://josemaxleon.edu.co">estudiantes </a>y maestros que se preparan (sin presiones) para la solidaridad y el respeto por la diversidad emocional, que requiere el último mes del año.</p>



<p>Cerrar ciclos, sanar heridas, pedir perdón y perdonar, alistar los objetivos para el año que viene son algunas de las bendiciones que nos brinda otro paso consecutivos de la Tierra por un mismo punto de su órbita.</p>



<p>El llamado es a vivir noviembre y todo lo que antecede a la Navidad con autenticidad, a evitar las dinámicas que fomentan la exclusión, la competencia por lo material, promoviendo ambientes para la reflexión y la comunicación pacífica (dos elementos claves contra el matoneo de cualquier tipo). </p>



<p>Noviembre debe ser el mes de los balances y las conclusiones, de la liberación de falsas expectativas y la liberación de ataduras injustas hacia sí mismo y hacia los otros. Las fechas conmemorativas (no solo las decembrinas) deben ser oportunidades para fortalecer la empatía y el bienestar colectivo.</p>



<p></p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p>En lugar de caer en el consumismo acelerado, estamos frente a la oportunidad de cultivar una espiritualidad genuina que construya comunidades más saludables y resilientes.</p>
</div></div>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122590</guid>
        <pubDate>Tue, 25 Nov 2025 14:09:54 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Dejemos vivir a noviembre]]></media:description>
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        <item>
        <title>El eco del liderazgo</title>
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        <description><![CDATA[<p>Por Magdalena Garzón. “Soy como una gota de agua sobre una roca. Golpe a golpe, dando siempre en el mismo lugar, comienzo a dejar una marca.”Rigoberta Menchú Tum (Premio Nobel de la Paz). En los colegios, hablar y ser escuchado no siempre es fácil. Las voces se pierden entre reglas, miedos o costumbres. Este texto [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Por Magdalena Garzón.</p>



<blockquote class="wp-block-quote has-small-font-size is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-text-align-right has-small-font-size">“Soy como una gota de agua sobre una roca. Golpe a golpe, <br>dando siempre en el mismo lugar, comienzo a dejar una marca.”<br><em>Rigoberta Menchú Tum (Premio Nobel de la Paz)</em>.</p>
</blockquote>



<p></p>



<p>En los colegios, hablar y ser escuchado no siempre es fácil. Las voces se pierden entre reglas, miedos o costumbres. Este texto nace de la necesidad de reflexionar sobre lo que significa realmente alzar la voz y liderar desde la empatía.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p>Crecí leyendo historias de mujeres excepcionales que no temían alzar la voz frente a las injusticias. Desde entonces soñé con poder convertirme, algún día, en eso para los demás.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El colegio, un escenario donde el sueño toma forma</h2>



<p>No fue de un día para otro: aprendí a escuchar, a dudar, a caer y volver a intentarlo. Descubrí que tener voz no significa hablar más fuerte, sino hablar con sentido; que hay palabras que levantan puentes y otras que levantan muros, y que cada decisión, incluso la de callar, deja huella.</p>



<p>Es por esto que decidí lanzarme como personera. No fue una decisión impulsiva, sino el resultado natural de todo lo vivido: de observar, de escuchar, de sentir que era momento de devolverle al colegio todo lo que me había enseñado. Postularme fue, en cierta forma, mi manera de decir “quiero hacer algo por los demás”. </p>



<p>Y ser elegida, más que un reconocimiento, fue una responsabilidad que asumo con gratitud y con la certeza de que una sola voz —si se usa con propósito— puede marcar una diferencia.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><em>Porque el verdadero liderazgo no se mide por cuántos escuchan tu voz, sino por cuántos se atreven a usar la suya después de oírte.</em></p>
</blockquote>



<p>A lo largo de este camino he comprendido que incluso el silencio enseña. Eduardo Galeano decía que <em>“mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.”</em> Y es que ¿no es eso un colegio? No es grande comparado con el mundo, los estudiantes no son mayoría frente a la población, pero es desde aquí donde empezamos a cambiar lo que está allá afuera.</p>



<p>La transformación debería empezar desde los salones, los pasillos, en lo cotidiano. Es en el <a href="http://www.josemaxleon.edu.co">colegio</a> donde aprendemos que el liderazgo no se impone: se contagia. Se multiplica cuando una sola voz inspira a otra a hablar, y así, poco a poco, los silencios comienzan a llenarse de sentido.</p>



<p>Es en el colegio donde las palabras que elegimos —y las que decidimos callar— definen el tipo de comunidad que construimos. Hay que aprender a hablar, y aprender a escuchar. No basta con levantar la voz, hay que hacerlo con propósito, con empatía, con la intención de construir y no de imponer.</p>



<h2 class="wp-block-heading">A veces se aprende más de un silencio que de un discurso </h2>



<p>Hay silencios que dicen “no me siento parte”, y otros que gritan “necesito ser escuchado”. Ser líder es saber reconocerlos.</p>



<p>En el colegio he visto lo mucho que necesitamos escucharnos mejor. Aprender a recibir las palabras de los demás con respeto, con calma. Aprender a hablar de una forma que no ataque, sino que construya. </p>



<p>Porque comunicar no es solo decir lo que piensas, sino saber cómo decirlo, ese es el corazón del liderazgo estudiantil: <strong>no hablar porque sea fácil, sino porque es necesario.</strong></p>



<p>Porque es precisamente en esos silencios, en esa falta de voz, donde el acoso y la exclusión encuentran su escondite más seguro. El bullying se alimenta del silencio, crece en los rincones donde nadie se atreve a nombrarlo. Pero no prospera cuando hay líderes dispuestos a tender puentes hacia el que es apartado, a usar su voz no para imponerse, sino para cuidar.</p>



<p>Alzar la voz con propósito, entonces, no es solo un acto de valentía: es un acto de protección. Es recordarle a cada persona que no está sola.</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Qué es ser líder?</h2>



<p>Ser líder no es hablar más fuerte, sino <strong>saber cuándo y por quién hablar</strong>. Ser personera es representar, sí, pero sobre todo escuchar. Es ser puente entre las necesidades, las inconformidades y los sueños de todos. </p>



<p>Ser personera es ser ese puente que conecta, que traduce las necesidades, las inconformidades y los sueños de todos en acciones posibles.</p>



<p>Siempre he querido hacer del mundo un lugar mejor. Y creo que eso empieza desde lo más pequeño, desde lo más cercano a mí: mi colegio, un microcosmos del mundo. Donde los profesores y las directivas me han inspirado a creer que transformar el mundo es posible si se empieza desde aquí.</p>



<p>Si puedo dejar algo en esta institución que tanto me ha marcado, quiero que sea eso: la sensación de que sí se pueden cambiar las cosas, si lo haces con corazón y con la convicción de que cada voz cuenta, y que cuando una se alza, muchas más pueden seguirla. </p>



<p></p>



<p>Cuando una voz se mantiene firme en la verdad, termina despertando la escucha de los demás. Y ese día, el silencio deja de ser costumbre, para volverse diálogo.</p>



<p></p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p><em>Porque si una gota puede marcar una roca, un liderazgo puede dejar un eco que perdure más allá de quien lo ejerce, y <a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">rompa el silencio</a>.</em></p>
</div></div>
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        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122035</guid>
        <pubDate>Thu, 06 Nov 2025 16:22:01 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El eco del liderazgo]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>Indicios para una lectura de la violencia en la escuela: el señor de las moscas en un mundo feliz</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/lectura-de-la-violencia-en-la-escuela/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por Manfred Ayure Figueredo. Director Sección Juvenil CBJML. “Ningún hombre es una isla, ni se basta a sí mismo;Todo hombre es una parte del continente, una parte del océano.” John Donne. No creo que se trate de un exabrupto afirmar que uno de los propósitos de la escuela es revertir, controlar, domeñar la pulsión que [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Por Manfred Ayure Figueredo. </strong><em>Director Sección Juvenil CBJML.</em></p>



<blockquote class="wp-block-quote has-text-align-right has-medium-font-size is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-text-align-right">“Ningún hombre es una isla, ni se basta a sí mismo;<br>Todo hombre es una parte del continente, <br>una parte del océano.”</p>
<cite>John Donne.</cite></blockquote>



<p>No creo que se trate de un exabrupto afirmar que uno de los propósitos de la escuela es revertir, controlar, domeñar la pulsión que todos los seres humanos tenemos hacia la violencia.</p>



<p>Por supuesto que la escuela, como lugar y tiempo para la (con)-formación de lo que nos hace humanos, tiene objetos más loables y dignos de encomio: propiciar el encuentro con la belleza y la bondad que hay en el mundo, reconocer que la justicia debe ser un principio de vida, ayudar a construir la <a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">identidad</a> desde el reconocimiento del otro y para el otro.</p>



<p>Sin embargo, considero que la escuela no puede ser renuente a comprender que la violencia está presente en nosotros, en nuestra proto-humanidad, en parte de esa naturaleza que nos constituye, de la que venimos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El señor de las moscas</h2>



<p>En este sentido, parece ser ésta la reflexión que descansa en la célebre novela <em>El señor de las moscas</em> (1954) del escritor británico William Golding, obra en la que se relata la historia de un grupo de niños que, luego de padecer un terrible accidente aéreo, quedan varados a su suerte en una inhóspita y deshabitada isla.</p>



<p>Tras un primer intento de organización con normas y reglas, empiezan a gobernar el miedo y el caos, y con ellos afloran los instintos más oscuros propios del ser humano. La ley del más fuerte parece ser el único principio que determina la vida de todos los pequeños que allí intentan sobrevivir.</p>



<p>Es, por lo tanto, la violencia la verdadera protagonista de esta historia, personificada en la figura del señor de las moscas, un ser al que los niños le rinden culto, una fuerza que rige el destino de todos esos infantes.</p>



<p>Por supuesto que ninguna escuela podría ser esa isla deshabitada en la que reinen sus dos majestades: el miedo y el caos. Por el contrario, toda escuela debe ser, por antonomasia, el lugar más seguro para cualquier niño y niña.</p>



<p>Dentro de sus muros debe existir no sólo un marco normativo que intente regular la vida en comunidad, como sucedería en cualquier sociedad civilizada, sino que asimismo debe estar fuertemente sustentada por una clara disposición ética que busque orientar las conductas humanas hacia valores como lo bueno, lo bello, lo justo y lo noble.</p>



<p>Ese marco normativo y esa disposición ética sólo podrán estar fuertemente consolidadas si la escuela es capaz de contemplar frontalmente que la violencia también hace parte de nuestra condición humana, que descansa en el terreno de nuestros instintos y que gracias al ejercicio de la razón y de aquello que llamamos conciencia ha sido reducida, sometida, subyugada.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading">La Escuela</h2>



<p>Para ejemplificar lo anterior, imaginemos ahora la siguiente escena kafkiana: un buen día, en un salón de una escuela, aparece un niño que ha amanecido convertido en un insecto. El niño llega caminando con rapidez y ligereza gracias a sus seis patas y trata de acomodarse con dificultad en el escritorio que le ha sido asignado.</p>



<p>Mientras tanto, los otros niños lo miran con extrañeza y con algo de incomodidad pues no se ve como ellos, no camina como ellos y no se comporta como ellos.</p>



<p>Con seguridad, la reacción más primaria para una pequeña cría de ser humano sea el rechazo dado por la repugnancia que provoca o por la sospecha que genera o por el miedo que desata aquel niño extraño.</p>



<p>Si ese niño convertido en insecto hubiera sido parte de aquel grupo de infantes perdidos en una isla desierta, con certeza hubiera sido la presa ideal para que los niños convertidos en salvajes desataran contra él toda la furia, el miedo y la paranoia que esas condiciones les hubieran podido generar. &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading">Normas en la escuela</h2>



<p>En esta misma línea, supongamos, entonces, que en dicha escuela hay una norma clara y tajante que manifiesta que a ningún niño convertido en insecto se le puede vulnerar, se le puede agredir. </p>



<p>Esperaríamos que la manifestación de la norma fuese un camino más que suficiente para evitar cualquier acto violento en contra del niño insecto. Pero, en realidad, sabemos que no es así. </p>



<p>Sólo a través de la comprensión profunda de la naturaleza humana, de lo que somos como especie, de nuestros más bondadosos intereses, pero también de nuestros más sombríos instintos se logrará tornar esa mediata acción violenta en un proceso de conocimiento y de aceptación del otro, en un reconocimiento de sus características únicas que lo hacen un ser sin parangón.</p>



<p>Porque, de lo contrario, podríamos enfrentar un vacío, una escuela que vive en la superficie y cuya profundidad es escasa o nula. Los sujetos podríamos devenir en meros objetos de unas emociones falsas, infundadas, carentes de sentido.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un mundo feliz</h2>



<p>La negación de lo que es lo verdaderamente humano, de la naturaleza que nos acompaña desde los albores de la especie no daría espacio a una mejor versión de lo que somos, sino a una existencia no verdadera. </p>



<p>Y, entonces, pienso en esa sociedad indeseable construida con tanta maestría por Aldous Huxley en <em>Un mundo feliz</em>(1932).</p>



<p>Es aquel mundo el imperio de la felicidad; pero no de una felicidad y de un bienestar auténtico, sino de un sucedáneo, de un remedo, de una sombra, de un mero espectro que no trasciende sino sólo en apariencia. </p>



<p></p>



<p>Allí, en ese lugar, aquel niño extraño no sería feliz porque, simplemente, no podría ser.</p>



<p>Sólo aparentaría ser pues todo quedaría bajo el yugo de la norma, sin el camino poderoso y trascendente de poder reconocer en el otro lo que nos hace comunes, lo que nos une, lo que, en últimas, nos permite ser verdaderamente en el mundo: nuestra poderosa condición humana.&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-large-font-size">Por lo tanto, combatir la violencia en la escuela no debe partir de la negación de la violencia, como si negándola dejara de existir. </p>
</blockquote>



<p>Considero que para enfrentar dicho fenómeno debemos primero comprendernos nosotros mismos, saber quiénes somos en el mundo, reconocer nuestra naturaleza y todo lo que en ella descansa.</p>



<p><a href="http://www.josemaxleon.edu.co">La escuela</a> será entonces el lugar seguro porque allí se plantean estas cuestiones y se intentan resolver, buscando en lo hondo de nosotros mismos, enfrentando nuestros miedos comunes y compartiendo nuestros más elevados sueños.</p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p>No somos islas. Todos nosotros hacemos parte de ese gran continente, de ese océano inmenso y profundo al que llamamos humanidad.</p>
</div></div>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
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        <pubDate>Thu, 30 Oct 2025 18:43:19 +0000</pubDate>
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                            </item>
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        <title>PIECES: una nueva forma de entender la convivencia escolar</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/pieces-una-nueva-forma-de-entender-la-convivencia-escolar/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cuando hablamos de convivencia escolar en Colombia, casi siempre pensamos en peleas, acoso o conflictos que escalan hasta convertirse en noticia.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Diana Ortiz. EAN.</p>



<p>Cuando hablamos de convivencia escolar en Colombia, casi siempre pensamos en peleas, acoso o conflictos que escalan hasta convertirse en noticia. Solemos llegar tarde y reaccionamos cuando el problema ya estalló. </p>



<p>Esto muestra que la convivencia no debería reducirse al manejo de crisis: es, en realidad, una construcción ética y cotidiana que se juega en la forma en que nos hablamos, nos escuchamos y nos cuidamos como comunidad; se aprende en lo diario y en cada pequeño espacio de socialización en el que participamos como individuos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Socioemocionalidad</h2>



<p>Tradicionalmente las instituciones educativas han respondido punitivamente con sanciones, reportes o expulsiones. Más recientemente, el énfasis se ha trasladado a programas de “educación socioemocional”. </p>



<p>Aunque estos esfuerzos han aportado, es necesario decir algo que puede sonar impopular en tiempos en que las emociones y su regulación parecen estar en el centro de todo: reducir la convivencia escolar a lo socioemocional ha sido insuficiente, confuso y reduccionista. </p>



<p>Al poner el foco en el individuo y en su autocontrol, este enfoque termina alejando el cambio estructural al que aspiramos. Como si problemas colectivos como el bullying o la exclusión pudieran resolverse únicamente con técnicas de respiración o talleres de regulación emocional. El resultado es claro: se confunde convivencia con autocontrol, cuando lo que está en juego es mucho más complejo.</p>



<h2 class="wp-block-heading">PIECES</h2>



<p>Con el propósito de superar estas limitaciones creamos <strong>PIECES (Posicionamiento Intersectorial en Ética para la Convivencia Escolar)</strong>, un modelo de intervención institucional que busca transformar las prácticas sociales y promover entornos de cuidado y protección para niños, niñas y jóvenes. </p>



<p><strong>PIECES surge de la necesidad de promover una visión innovadora para trabajar en educación, anclada en los avances de la psicología experimental de punta; su diseño teórico y metodológico se ha traducido en acciones concretas que, además, han orientado mi visión estratégica al frente de la dirección del ecosistema de educación de la Universidad Ean.</strong></p>



<p>Este modelo se diferencia porque no busca moldear emociones, sino transformar la escuela como sistema, con base en tres pilares:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li><strong>Posicionamiento ético:</strong> entendido como una forma de actuar de los individuos en relación con criterios éticos, es decir, con aquello que consideramos correcto o incorrecto. No se trata únicamente de “sentir” respeto, sino de comportarnos de acuerdo con principios de respeto, justicia y cuidado mutuo. <br><br>Por ejemplo: si antes resultaba tolerable burlarse de alguien por su género o alguna condición de discapacidad, en ese sentido el trabajo con a partir de este modelo implica promover el reposicionamiento ético para lograr que esa conducta deje de tener sentido y se vuelva inaceptable para toda la comunidad. Lo que nos lleva a nuestro segundo pilar.<br><br></li>



<li><strong>Intersectorialidad:</strong> PIECES no se limita al aula ni al trabajo individual con estudiantes, busca promover el reposicionamiento en todos los actores del proceso educativo (docentes, directivos, estudiantes, familias) e incluye también a la sociedad civil y a los tomadores de decisión en ámbitos de política pública, puedan aportar y permitan fortalecer la convivencia escolar. Convivir no es solo asunto del aula: es un desafío social que exige corresponsabilidad, independientemente de cómo cada uno se sienta en un momento concreto.<br><br></li>



<li><strong>Ética práctica:</strong> más allá de las llamadas “habilidades blandas”, PIECES propone principios éticos que orientan decisiones, políticas y comportamientos dentro de la escuela. No es un eje decorativo ni un listado de valores abstractos; es un compromiso traducido en prácticas concretas.</li>
</ol>



<p>Este enfoque cambia la pregunta central: ya no se trata de cómo responder a un caso de acoso, sino de cómo sembrar, día a día, un clima de respeto y cuidado en todos los rincones de la <a href="https://universidadean.edu.co/">institución</a>, desde la portería hasta la alta dirección, con la participación activa de la comunidad y la sociedad en su conjunto.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Convivencia escolar</h2>



<p>La experiencia muestra que cuando se trabaja la convivencia desde el posicionamiento ético, con un enfoque intersectorial, los resultados son más profundos, se previene la violencia, se fortalecen los vínculos y se consolidan comunidades educativas más confiables y cuidadoras.</p>



<p>La convivencia no es un curso de emociones maquillado ni un manual de sanciones. Si seguimos confiando en soluciones punitivas o en programas centrados en una visión individualista, que reducen el comportamiento a juicios de valor o a perspectivas esencialistas, solo estaremos corriendo detrás del problema. </p>



<p>Con modelos como PIECES podemos hacer algo distinto: dejar de apagar incendios para empezar a construir entornos protectores, comunidades que cuidan, nuevas ciudadanías y generaciones capaces de cuestionar, dialogar y convivir en la diferencia. </p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p>Colombia necesita avanzar hacia una verdadera cultura de paz, y quienes trabajamos en <a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">educación </a>tenemos el deber y la oportunidad de impulsar esta realidad con el fin de garantizar los derechos de todos los niños, niñas y jóvenes de nuestro país.</p>
</div></div>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=121564</guid>
        <pubDate>Thu, 23 Oct 2025 13:54:33 +0000</pubDate>
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