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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Filosofía y coyuntura Archives | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Neoliberalismo, nihilismo y ultraderechas.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/neoliberalismo-nihilismo-y-ultraderechas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Filosofía y coyuntura, espacio de El Espectador, presenta esta reseña-comentario del libro &#8220;Ultraderechas&#8221; (NED ediciones, 2025) del psicoanalista y pensador argentino Jorge Alemán, un texto que aclara el papel que el neofascismo juega al interior del nihilismo y la crisis del actual régimen neoliberal. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>En torno a un libro de Jorge Alemán.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En su libro <em>Ultraderechas </em>(2025), el pensador y escritor argentino Jorge Alemán, exiliado en España desde 1976, nos dice: “Trump es el jefe mundial de un grupo de ricos de ultraderechistas y superneoliberales que desplegarán sobre el mundo un sistema de acumulación por desposesión”; ellos representan el “fascismo neoliberal sobre el planeta” para el cual el “escenario apocalíptico de las guerras es al menos una posibilidad cierta” (Alemán, 2025, p. 103). Pero ¿cómo justificar este diagnóstico o, a lo mejor, esta prognosis, en principio pesimista pero posible, en los tiempos actuales? Alemán lo hace en el libro citado de manera un tanto asistemática (en las páginas preliminares del libro dice: “Aunque los textos de este libro parezcan alejados del tema, es el amor quien escribe”) cuya comprensión cabal implicaría acudir a su vasta obra, en la estela de una “izquierda lacaniana” en diálogo con la filosofía, pero, especialmente, atenta a los problemas y las tensiones del presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alemán es uno de esos académicos combativos, militantes, que no rehúye la discusión y que piensa en medio del barullo y la madeja del mundo. &nbsp;Entre sus libros más recientes encontramos: <em>Capitalismo: Crimen perfecto o emancipación</em>. Barcelona, Ned Ediciones (2019), <em>Pandemónium. Notas sobre el desastre</em>. Barcelona, Ned Ediciones (2020), <em>Lacan and Capitalist Discourse</em>,&nbsp;<em>Neoliberalism and Ideology</em>. Abingdon / New York, Routledge, (2023), <em>Breviario político de psicoanálisis</em>. Barcelona, Ned Ediciones, (2023) y <em>Punto de emancipación. Conversaciones frente a un horizonte posdemocrático</em>. Jorge Alemán y Papo Kling (eds), NED Ediciones (2025).</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" height="1024" width="666" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/11/Imagen-de-WhatsApp-2025-11-25-a-las-10.37.47_1f6eab1c-666x1024.jpg" alt="" class="wp-image-122835" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora ¿Cómo se relacionan, se entrecruzan, el neoliberalismo, el nihilismo y la proliferación actual de las ultraderechas? ¿Cómo es posible ese escenario desalentador y peligroso mencionado al principio? En las primeras páginas del libro <em>Ultraderechas </em>encontramos de manera comprimida la respuesta:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"> “el <em>nihilismo </em>es el soporte filosófico e histórico que permitió que se constituyera el mundo de las ultraderechas” (Alemán, 2025, p. 15). </p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Este nihilismo caracteriza el capitalismo tardío, su forma última, esto es, el neoliberalismo. Este régimen económico, surgido en los años setenta, tiene una pretensión de permanencia, se ha naturalizado y normalizado, como si no hubiera un horizonte alternativo posible. Por eso aparece como un “movimiento circular” no susceptible de ser interrumpido por una voluntad histórico-política, por la acción humana misma; es un régimen económico que destruye la experiencia de la verdad y que, como es bien sabido, desvertebra e impide formar “lazos sociales”, vínculos humanos y experiencias colectivas. Es una modalidad del capitalismo donde impera el <em>individualismo de masas</em> “gobernado por un goce mortífero”, esto es, donde el sujeto disfruta de un sistema que lo lleva a su propia explotación, opresión y, finalmente, destrucción, pues el neoliberalismo opera con la “<em>lógica de la devastación</em>”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Jorge Alemán es claro que hay una “lógica estructural entre el discurso capitalista y el nihilismo de la técnica” (p. 10). Podemos preguntarnos, entonces, ¿Cómo es que ocurre esto? Partamos de la idea de que el nihilismo es, como ya anotaba Nietzsche en el siglo XIX, la pérdida del sentido, la falta del <em>por qué</em>, de la <em>finalidad</em>. Nihilismo es que “todo se va reduciendo a nada, que los valores y sus referencias van desapareciendo, que <em>no hay figura y forma del mundo que no esté alcanzada por su poder anonadante </em>[…] e<em>s el desamparo del ser</em> que ningún sentido trascendental vendrá a colmar”. Se define, y aquí Alemán vuelve a Nietzsche, por el peso del “eterno retorno de lo mismo” en todo lo que sucede, es decir, en esa circularidad de la cual parece imposible escapar, es esa tediosa falta de horizontes, de salidas. Por eso, en consecuencia, Alemán afirma que <em>el nihilismo se puede nombrar neoliberalismo</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que se quiere decir con esto es que el neoliberalismo mismo es nihilista, no ofrece sentido alguno para la existencia del sujeto y la sociedad actual. ¿Por qué ocurre ello? Por la lógica misma del neoliberalismo, sus mecanismos, sus efectos, por la captura que realiza de la subjetividad, con lo cual provoca una “mutación antropológica” (p. 24), en lo que consiste su verdadera potencia, su gran poder. Digamos, de paso, que el objetivo de esa gran <em>mutación </em>es “borrar para siempre la experiencia existencial y comprometida de la política, que es como anular la matriz de todas las experiencias” (p. 30) y, de paso, de sancionar y acomodarse al mundo tal y como está.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El neoliberalismo es un <em>proyecto totalizador</em>, donde se acuñan subjetividades destinadas a ser el motor funcional de la reproducción ilimitada del capitalismo y de sus exigencias muchas veces imposibles de cumplir. El neoliberalismo posee imperativos, exigencias para el individuo, y en él </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“el significante libertad juega un rol determinante en este proyecto de unificación totalizante”. La libertad, dice Alemán, es un “nombre que aparenta abrir un espacio de posibilidades, que, a la vez, está <em>mediatizado, intervenido, formateado, por la lógica del mercado […] </em>En el neoliberalismo la libertad solo es compatible con un aparato psíquico absolutamente estresado, en tensión consigo mismo y nunca a la altura de las obligaciones que el poder hace contraer a las vidas singulares. De tal modo que, <em>en competencia con los otros y consigo mismo, e interpretando su existencia como puro valor de cambio, los sujetos ya no encuentran su lugar en ningún legado histórico” </em>(p. 25). Esto se complementa con el hecho de que el individualismo de masas ha generado “un empuje hacia los automatismos mentales cada vez más alejados del trabajo de la memoria <em>y de la posibilidad de reinscribir la historia en el campo de los simbólico</em>”<strong> (</strong>p. 49).</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En las líneas anteriores del libro de Jorge Alemán resuena la idea de Theodor Adorno (2003) de que la “libertad organizada” no es libertad, pues está mediatizada por el capitalismo mismo y las industrias culturales; también las ideas de Byung-Chul Han (2014) y de Mark Fischer (2018) en torno a los graves problemas de depresión y de salud mental en las sociedades contemporáneas, problemas que son un </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“efecto estructural de una forma de organización del lazo social que ha convertido al sujeto en un operador de sí mismo, obligado a maximizar su propia existencia como un capital en constante valorización” (Alemán, 2025, p. 50). </p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí el “<em>imperativo de la felicidad”</em> (2019) del que habló Sara Ahmed, con su violencia psíquica, con la posibilidad del fracaso y la impotencia, generan daños en el sujeto, un sujeto que, como ha advertido Han, se autoexplota y autoculpa por sus fracasos.&nbsp; Como he dicho en otro lado: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“El resultado son cuerpos con una atención dividida, fragmentada, desconcentrados, ansiosos, cansados, saturados, estimulados, agotados, pero dispuestos a seguir adelante tal como lo hace el hámster en su rueda” (Pachón, 2024, p. 24).</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Alemán advierte, además, cómo opera esto en momentos de inteligencia artificial y algoritmos: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“El consumidor paga, pero simultáneamente es un productor de información que se archiva, se interviene con algoritmos, se procesa y se intercambia. Esta información se convierte en plusvalía que alimenta todo el sistema mediático-financiero. La novedad es justamente esta: el sujeto paga por su propia explotación” (p. 19). </p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Y en estas lógicas, mediadas por las redes, el individuo está más expuesto a la comparación con otros, se impulsa la competencia, se acrecienta la sensación de cansancio y saturación, y aumenta la <em>frustración</em> social y el resentimiento.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo esto ofrece un horizonte desolador. Cuando Alemán sostiene, por ejemplo, que en el neoliberalismo: “<em>los sujetos ya no encuentran su lugar en ningún legado histórico” </em>y de la imposibilidad de “reinscribir la historia en el campo de los simbólico”, está aludiendo al mencionado nihilismo del capitalismo tardío, esto es, a la falta de sentido que opera como un “eterno retorno de lo mismo” donde el individuo queda desamparado, desvalido, a la intemperie, sin apoyo y sin los lazos sociales. El individuo queda totalmente desarraigado y despojado de narrativas de sentido que puedan orientar su vida. Ese neoliberalismo “necesita, además, vaciar de sentido cualquier alternativa, convencernos de que no hay otra posibilidad más que la que impone la técnica”, apuntando a la reproducción infinita de lo que ya existe, en fin, es amigo de la pulsión de muerte. De tal manera que el neoliberalismo es un régimen nihilista que, no solo mina la democracia, la comunidad, la participación, las instituciones, desmonta los marcos de protección del Estado y los servicios sociales, destruye los vínculos sociales, sino que <em>nos desposee de futuro</em>. En él, el individuo queda solo, aislado, saturado, cansado, flotando como una abeja sin panal al interior del caos sistémico de la actual sociedad y al final de una Historia que parece no tener porvenir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así llegamos a una época en la que “el mercado ocupa el lugar de lo sagrado”, y en la cual se le atribuye propiedades mágicas al capitalismo; una época en la que la economía es la nueva teología de la sociedad. Este mercado, y sus violencias, es <em>naturalizado</em> como el mejor de los mundos posibles a pesar de los múltiples daños constatables que produce.&nbsp; Hoy, donde ningún alma candorosa puede hacerse la de la vista gorda frente a la devastación ambiental y social producida por el capitalismo, no podemos dudar de su lógica de muerte, pues subsiste gracias a la explotación de la vida en cada vez más amplias manifestaciones. Al respecto dice Alemán:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"> “El capitalismo, en su esencia, es una máquina acelerada que ningún desastre- ya sea ecológico, sanitario o militar- pueda frenar. En todos los escenarios, incluso los más horrendos, el mercado puede continuar, y la reducción de la vida a la ecuación costo-beneficio también […] Así como la pandemia no frenó la deriva capitalista, <em>ahora la guerra es el nuevo escenario. Una escena que logra mimetizarse con el propio capitalismo</em>” (Alemán, 2025, p. 74). &nbsp;</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Es al interior de este torbellino nihilista donde brotan las <em>ultraderechas.</em> Es al interior del nihilismo neoliberal donde están sus posibilidades. Digamos que la captura de la subjetividad de los individuos por el neoliberalismo produce efectos propicios para el surgimiento de esas ultraderechas: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Viviendo en un presente deshilachado, [los sujetos] oscilan entre una culpabilidad autodestructiva -por no haber encontrado el lugar donde sostener sus vidas- y un odio sin sublimación posible” (p. 71) </p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">hacia aquello que les impide el goce. Así se <em>extiende</em> el <em>odio </em>contra un gran Otro, el otro culpable, </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“un odio a los débiles, a los vulnerables, a las mujeres, al propio lugar natal, al Estado si este está aún interesado en la cosa pública. <em>Ese odio no sólo reemplaza la lógica de las argumentaciones políticas tradicionales, sino que es un factor de cohesión libidinal en la vida de la masa”</em> (Alemán, 2025, p. 25). </p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Estas líneas me parecen fundamentales, pues aquí encontramos la lógica del neofascismo y con la cual opera las ultraderechas o neoderechas: suponen que al comienzo hay un orden, una Edad Dorada, adánica, edénica, donde todo estaba bien, donde reinaba la armonía y la paz en el orden social…era una especie de “unidad primordial” que es amenazada por una exterioridad, por un gran “Otro engañador”, bien sea el “progre”, el socialismo, el comunismo, el inmigrante, el extranjero, el populismo, el movimiento LGBTI+, las vacunas, el cambio climático, etc. Así la sociedad cae en una especie de paranoia donde ese Otro es un enemigo que hay que destruir pues amenaza la “unidad primordial”: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Este es el verdadero éxito de la operación paranoica, legitimar su odio desmedido y obsceno a través de las imputaciones y denuncias permanentes a un supuesto Otro sin ley” (Alemán, 2025, p. 18).</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En este <em>modus operandi </em>la ultraderecha defensora del cuerpo social usan el odio, el resentimiento, la rabia, como inmunología afectiva que los protegerá de los virus externos. Es una e<em>conomía afectiva</em>, para decirlo con la filósofa colombiana Laura Quintana (2022), donde los afectos son inmunitarios y protegen del Otro. Así surge lo “Uno” bueno frente a lo “Otro” malo, la lectura binaria, opuesta y reductiva de lo social, que construye el fascismo. Sin duda, </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“la ultraderecha ha utilizado la rabia y el resentimiento como esa fuerza orientada contra todo lo que el neoliberalismo ha precarizado […] el posfascismo contemporáneo funciona dentro de la anarquía del mercado, aprovechando sus ruinas para establecer formas de gobierno <em>basadas en la administración del odio y la exclusión” </em>(p. 10). </p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">De aquí se colige algo clave: no es que la ultraderecha quiera corregir los desajustes del neoliberalismo, es que los usa, los atiza, los emplea, para movilizar afectivamente a los ciudadanos contra las alternativas al <em>Statu quo</em>, contra el progresismo y el pensamiento crítico y emancipador.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las ultraderechas en su versión neofascista administran el caos, de tal manera que así ofrecen una “salida propia del régimen nihilista, del capitalismo tardío” (p. 9). Ofrecen odio como aglutinador libidinal contra el Otro, el inmigrante. Por eso apelan a lo Uno y acuden a la familia, a la nación, a una edad Dorada perdida; los caracteriza una “lógica identitaria inmunitaria” (Cadahia &amp; Biglieri, 2021, p. 91) adobada con una jerga de la autenticidad frente a los peligros externos. En esta operación la ultraderecha acude al <em>fundamentalismo identitario, cerrado</em>, celebrado <em>como ritual de pertenencia,</em> frente a los inmigrantes, los latinos, los pobres, etc.&nbsp; Pero debe quedar claro que </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“la ultraderecha, lejos de tratar de resolver el malestar, lo gestiona, lo amplifica y lo convierte en una maquinaria de movilización política. Aquí se hace evidente que el neoliberalismo no ofrece una promesa de felicidad, sino una <em>administración de la miseria en la que cada uno debe encontrar su propio culpable” </em>(Alemán, 2025, p. 12). </p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que se concluye de todo esto es que: “la ultraderecha es un síntoma del fracaso de las democracias neoliberales y de la incapacidad de construir un horizonte alternativo” (p. 12).&nbsp; Por eso mismo son tan peligrosas, porque el neofascismo que encarnan pretende mantener vivo por medio de la violencia, el autoritarismo y la guerra a un moribundo. Y esto es evidente en la actualidad, en la crisis sistémica del mundo, en la lucha por la nueva hegemonía global, en la actual transición geopolítica en medio de la crisis civilizatoria. El nuevo amo del mundo parece que se va a definir a costa del sufrimiento y de la miseria de grandes mayorías.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Del libro de Jorge Alemán es necesario recalcar un tema que aborda que tienen plena relación con la manera como funciona la política actual o, mejor, lo que el politólogo colombiano Edwin Cruz llama “pornopolítica” (2025), pues en ella se presenta una “explotación algorítmica de la enemistad” (p. 101), donde el odio y el insulto operan como estrategias para el aumento del <em>tráfico digital</em> y la generación de <em>tendencias</em> y <em>manipulación de la opinión pública</em>. Alemán se detiene en el fenómeno del odio, muestra cómo puede crear identificaciones frente a un otro que hay que <em>destruir, </em>a la vez que señala una de sus características principales: anular la discusión argumentada: “Tal como demostró Freud, el odio insultante es un eficaz cohesionador&nbsp; de grandes grupos sin pasar por el dificultoso trámite de los argumentos”, de ahí que los </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“discursos difamatorios y mentirosos no buscan atacar el discurso que se les opone […]: se proponen más bien atacar la propia existencia del otro, otro que ya no es un adversario, ni siquiera un enemigo, sino un ‘algo’ que no debería existir” (Alemán, 2025, p. 34). </p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">De esta manera se obtura la posibilidad del diálogo, “pues los argumentos conllevan cierta posibilidad dialéctica; el odio solo quiere destruir”. El odio y el insulto reemplaza los argumentos y suelen acompañarse por <em>automatismos mentales</em>, por frases prefabricadas o eslóganes simplistas. El odio opera, entonces, como afecto inmunitario aniquilador de todo aquello considerado amenazante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En síntesis, </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“las nuevas derechas, con argumentos neonazis que acceden al poder en distintos lugares del mundo, constituyen la nueva máquina de guerra construida en una férrea lógica identitaria [El “Uno” y el “Otro”, D.P], la que siempre habla a los verdaderos nacionales <em>invocando la anulación, el desprecio, el rechazo con odio hacia el otro extranjero</em>” (p. 79), </p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">el zurdo, las feministas, el comunista, el indigente, el pobre. Aquí Vox, Trump, Milei, etc., con sus matices, terminan pareciéndose, identificándose. Esa es la lógica de la ultraderecha o el neofascismo que intenta <em>salvar el “orden”</em>, o construir uno más perverso y desigual, en las entrañas del actual colapso civilizatorio en curso</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">***</p>



<p class="wp-block-paragraph">El libro de Jorge Alemán ofrece un diagnóstico del mundo actual. Sobre todo, ofrece luces para comprender las ultraderechas y su relación con la crisis del capitalismo tardío en su versión neoliberal. Es un libro que no tiene una argumentación sistemática, analítica, sobre el tema, por eso se presenta como “Notas sobre la nueva deriva neoliberal”, y, sin embargo, el lector puede leer cada una de esas notas (alrededor de 46), más tres intervenciones finales, y detectar la manera como se teje el argumento; con cierto esfuerzo se puede hacer una visión total del cuadro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que Alemán es un intelectual de primer orden en América Latina y en España, un académico comprometido, que acoge las ideas republicanas, defiende el populismo, lo nacional popular; un intelectual que no claudica ante el horror de la realidad y le apuesta a un mundo diferente; convencido de que el psicoanálisis tiene mucho que decir en el mundo de hoy. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Lastimosamente, no es un autor muy conocido en Colombia, un país donde la tradición lacaniana, psicoanalítica en general, no ha tenido un gran arraigo, a diferencia de lo que ha ocurrido en Argentina desde el siglo pasado; en Colombia el psicoanálisis no ha sido una fuente teórica de la academia comprometida más conocida, con excepción de la figura de Estanislao Zuleta en la década de los años ochenta. En últimas, se trata de un autor que debemos leer, profundizar, para, de paso, ampliar las <em>herramientas teóricas</em> con las que leemos y nos enfrentamos al ominoso presente. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Referencias</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Adorno, Theodor. (2003). <em>Consignas. </em>Buenos Aires: Amorrortu.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahmed, Sara. (2019). <em>La promesa de la felicidad. Una crítica cultural al imperativo de la alegría. </em>Buenos Aires: Caja negra.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Alemán, Jorge. (2025). <em>Ultraderechas. Notas sobre la nueva deriva neoliberal. </em>NED ediciones.</strong> <em>&nbsp;</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cadahia, Luciana &amp; Biglieri, Paula. (2021). <em>Siete ensayos sobre el populismo.</em> Barcelona: Herder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cruz, Edwin. (2025). <em>Pornopolítica. </em>Bogotá: Desde abajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fisher, Mark. (2018). <em>Los fantasmas de mi vida. Escritos sobre depresión, hauntología y futuros perdidos. </em>Buenos Aires: Caja Negra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Han, Byung-Chul. (2014). <em>Psicopolítica, </em>Barcelona: Herder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pachón, Damián. (2024). <em>Neoliberalismo, salud mental y estoicismo. </em>Bucaramanga: Universidad Industrial de Santander.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quintana, Laura. (2022) <em>Rabia</em>. <em>Afectos, violencia, inmunidad. </em>Barcelona: Herder.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
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        <pubDate>Tue, 25 Nov 2025 16:28:22 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
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        <title>Schelling: filósofo de la contingencia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/schelling-filosofo-de-la-contingencia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Después de la traducción de la Fenomenología del espíritu de Hegel, el maestro Jorge Aurelio Diaz se ha dedicado a realizar otras traducciones del idealismo alemán. Presentamos aquí la reseña, de su propia pluma, de su más reciente traducción de Schelling: &#8220;Introducción a la filosofía moderna&#8221;, en Siglo editorial. Especial para Filosofía y coyuntura.  </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Por: <strong><em>Jorge Aurelio Díaz, filósofo colombiano.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Friedrich Wilhelm Joseph Schelling, uno de los grandes pensadores del Idealismo alemán, dictó, en 1827, una serie de conferencias sobre la llamada filosofía moderna, que va desde sus comienzos con René Descartes hasta culminar con el mismo Schelling. Siglo Editorial, en su Colección <em>A-corta distancia</em>, acaba de publicar la traducción al español de dichas conferencias, con una excelente presentación, tanto de la figura del autor como del contenido de la obra, por parte de Carlos Andrés Ramírez, especialista en el pensamiento del filósofo alemán<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a>.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="1024" width="647" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/11/Imagen-de-WhatsApp-2025-11-12-a-las-09.46.32_1fa18208-647x1024.jpg" alt="" class="wp-image-122345" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Se trata de un texto de cuya traducción al español no se disponía, y que viene así a enriquecer nuestro acervo bibliográfico, al ofrecer una excelente panorámica de uno de los periodos más representativos del pensamiento occidental. Porque es bien sabido que dicho pensamiento sufrió un cambio significativo con la filosofía cartesiana, al pasar de fijar su atención en la realidad circundante, para centrarla en el examen del pensamiento mismo. Se trata del llamado “giro a la subjetividad” que caracteriza al pensamiento moderno, y que le otorga al ser humano un lugar privilegiado en lo que respecta a la búsqueda de la verdad. Todavía hoy, en el siglo xxi, seguimos inmersos en ese marco conceptual que ha hecho del ser humano el centro de su atención, condicionando así nuestra manera de abordar los grandes temas que atañen a la humanidad, como la política, el arte, la religión, la historia, la sociedad, etc.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El libro, de formato reducido, ofrece una exposición muy esclarecedora de dicha evolución del pensamiento, al analizar las filosofías de Descartes, Spinoza, Leibniz, Wolff, Kant y Fichte, para desembocar en la filosofía del propio autor, a la que llama “filosofía de la naturaleza”. Termina con una dura crítica al pensamiento de su colega Hegel y a su pretendido idealismo absoluto, así como a las corrientes irracionalistas lideradas por F. H. Jacobi.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pocos pensadores, como Schelling, disponían de la necesaria perspectiva para ofrecernos una visión de conjunto sobre los inicios del pensamiento moderno, ya que asumió una posición que podríamos llamar intermedia con respecto a ese giro. Si bien reconoce la importancia e incluso necesidad del mismo, busca, sin embargo, mantener la reflexión filosófica conectada con dicha realidad; de ahí su apelativo de “filosofía de la naturaleza”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, desde una perspectiva contemporánea, lo que más puede llamar nuestra atención en estas conferencias es lo que señala con claridad el profesor Ramírez en su presentación de la obra, al hacer ver cómo una persona de características tan conservadoras y “burguesas”, como lo fue Schelling, elaboró en realidad una filosofía con una poderosa carga revolucionaria. En sus palabras: “La filosofía de Schelling conserva el impulso revolucionario de la filosofía moderna, tal como la describe a partir de Descartes, en cuanto su filosofía negativa resulta ser la consumación del racionalismo moderno”. Como bien lo señala Ramírez, “los filósofos no son dueños de sus ideas”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El texto comienza señalando la necesidad que tiene la filosofía de tomar en cuenta su historia para poder seguir avanzando, porque se trata de buscar siempre nuevos horizontes que nos permitan situarnos de manera adecuada en nuestro presente. Pasa luego a considerar el pensamiento de René Descartes, que marca “el derrumbamiento de la escolástica”, y a quien califica como un “revolucionario según el espíritu de su nación”. Sin embargo, es en el pensador judío B. Spinoza donde Schelling encuentra “una figura mejor, más hermosa, más satisfactoria”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego de examinar los alcances y las limitaciones del spinocismo, pasa a considerar el sistema del pensador alemán Gottfried Leibniz, al que considera como “silenciosamente opuesto al de Spinoza”. Desde su perspectiva de filósofo y matemático, Leibniz no considera que la realidad esté conformada, como en Spinoza, por una única sustancia, sino por una infinitud de “mónadas”, especie de unidades virtuales radicalmente diferentes entre sí. Sin embargo, Schelling muestra cómo esta diferencia, que parece diametralmente opuesta, viene a ser el resultado de concepciones en realidad muy cercanas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Especial interés merece la presentación del pensamiento de I. Kant, quien, como dice Schelling, “apareció inesperadamente como instaurador de la filosofía y le devolvió la seriedad científica, y con ella, a la vez, la dignidad perdida”. Porque fue Kant quien, con su pensamiento crítico, despertó el mayor interés entre sus contemporáneos y se convirtió en el centro de una muy viva controversia, que será el caldo de cultivo para el surgimiento del Idealismo alemán.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Schelling, la filosofía crítica kantiana logró exactamente el efecto contrario de lo que se propuso. Si su propósito era terminar con la metafísica tradicional, lo que en realidad logró fue despertar un nuevo y renovado interés por su cultivo. “El juicio de la historia –nos dice– habrá de ser que nunca se había llevado a cabo una lucha tan dura, externa e interna, en torno a los bienes supremos del espíritu humano, y que en ninguna época el espíritu científico había tenido experiencias más profundas y más ricas en resultados, que aquellas que ha tenido después de Kant”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Procede luego Schelling a exponer su propio sistema de pensamiento, en un apretado discurso que, a pesar de la brevedad y la complejidad de los temas, constituye tal vez la mejor exposición del mismo. Sin embargo, para compensar en parte el elevado nivel de abstracción en el que se mueve la exposición schellinguiana, cabe muy bien recordar y acudir a las indicaciones que ofrece el profesor Ramírez en la Presentación del libro, donde podemos ver las implicaciones tanto antropológicas, como sociales y políticas de la llamada “Filosofía de la Naturaleza”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cuanto a las duras críticas que le hace Schelling al idealismo de su colega Hegel, es verdad que están marcadas por un cierto resentimiento, proveniente, como nos dice Ramírez, de considerarse “como una figura destronada por quien no había sido, en sus inicios, sino un comentador y un heredero de su propia filosofía”. Sin embargo, bien vale la pena tenerlas en cuenta, porque apuntan sin duda a elementos del idealismo hegeliano que no suelen examinarse con el debido cuidado. En particular, la crítica apunta a su excesivo conceptualismo, que lo aparta de la realidad a la que sin embargo pretende comprender. Todo hubiera ido bien, dice Schelling, “si se hubiera circunscrito a ello y si hubiera ejecutado dicho pensamiento, renunciando estricta y definitivamente a todo lo positivo”; pero no lo hizo, porque cayó en “la pretensión de que el concepto es <em>todo</em> y no deja nada por fuera”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En las páginas finales, el texto ofrece una aguda crítica a las pretensiones del irracionalismo que, escudado en los límites que Kant le había establecido al ejercicio de la razón, busca acceder a las realidades últimas y espirituales mediante el sentimiento y la fe. Sin embargo, Schelling señala con cuidado las diferencias entre ese irracionalismo y las que considera justas pretensiones de la mística.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con el título de “Sobre la oposición nacional en la filosofía”, el texto termina con unas muy someras consideraciones acerca de las diferencias que, a su parecer, existen entre las maneras de hacer filosofía en los tres grandes centros de su época: Alemania, Francia y Gran Bretaña.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Schelling, Friedrich Wilhelm Joseph (2025). <em>Introducción a la Filosofía Moderna</em>. Trad. Jorge-Aurelio Díaz. Colección A-corta distancia. Bogotá: Siglo Editorial.</p>
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        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
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        <pubDate>Wed, 12 Nov 2025 14:58:25 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Schelling: filósofo de la contingencia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
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        <title>Marcuse: contra la desposesión del futuro</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/marcuse-contra-la-desposesion-del-futuro/</link>
        <description><![CDATA[<p>Presento el Prólogo a la tercera edición de mi libro &#8220;Crítica, psicoanálisis y emancipación. El pensamiento de Herbert Marcuse&#8221; (Desde abajo, 2025). Un análisis de la obra del pensador de la Escuela de Frankfurt en diálogo con el presente.  </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La vitalidad del pensamiento de un autor se mide por la vigencia (por lo regular siempre “parcial”) de sus planteamientos, por los recursos teóricos y conceptuales que ofrece para comprender y abordar mejor el presente, la realidad que nos circunda y sus problemáticas. También por la <em>plasticidad</em> de este y la posibilidad siempre permanente de establecer diálogos con otras corrientes filosóficas o científicas y generar nuevas interpretaciones. En este sentido, Marcuse no puede ser tratado como un “perro muerto”, pues su pensamiento continúa presente, a veces subterráneamente, en muchos de los autores contemporáneos que han ofrecido alternativas y/o que continúa pensando el mundo actual. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Un caso paradigmático es la obra de Chantal Mouffe y Ernesto Laclau (2010), en especial, su fundamental <em>Hegemonía y estrategia socialista. </em>Este libro está basado en una idea clave: el pluralismo no es lo que hay que explicar, sino es el punto de partida. En este sentido, es que el texto muestra como la teoría del <em>sujeto revolucionario</em> del marxismo tradicional no es suficiente para pensar la acción política en la actualidad, pues el proletariado ha perdido ese privilegio histórico emancipatorio. No hay, pues, un sujeto predestinado a la revolución en cuyas manos esté, cual mesías, el poder de redimir a la humanidad toda.&nbsp; Lo que hay hoy sus múltiples actores y movimientos sociales con sus demandas, requerimientos, exigencias, etc., las cuales hay <em>articular en una voluntad común, hegemónica </em>para crear una “democracia radical”. Esto lleva a los dos autores a decir, “la era de los sujetos privilegiados […] de la lucha anticapitalista ha sido definitivamente superada” (p. 126).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue lo que Marcuse, en <em>El hombre unidimensional, </em>mostró claramente. El proletariado fue absorbido por el engranaje capitalista, y no cuenta ya con esa exclusividad, por eso hay que integrar sujetos sociales distintos y plurales: estudiantes, ecologistas, jóvenes, parados, feministas, y, desde luego, en una unión con sindicatos, movimientos obreros y demás sujetos de la periferia anticapitalisra, como lo plantearía después en <em>Contrarrevolución y revuelta</em> de 1972. Lo que Marcuse teorizó como “Nueva Izquierda”, la cual tenía a cargo la responsabilidad y la tarea práctica de “El gran rechazo”, era esencialmente <em>plural, diversa.</em> Esta posición <em>prefigura</em>, a mi juicio, la postura de Mouffe y Laclau. Esto es así porque Marcuse “defendió las nuevas fuerzas emergentes de oposición radical y […] el respeto de los nuevos radicales” (Kellner, 2024, p. 37).&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este mismo sentido, la integración del sujeto periférico anticapitalista del Tercer mundo, tal como pensó Marcuse en los años sesenta, tuvo una influencia notoria en el filósofo recién fallecido Enrique Dussel. Le permitió la “politización de la ontología heideggeriana” tal como la leía Dusselen los años setenta (Zúñiga, 2022, p. 45), Esto es, le permitió politizar lo Otro, el no-ser, lo que estaba “fuera” de la totalidad europea y occidental. Por eso los pobres de América Latina, el pueblo del Tercer mundo y, desde la <em>Ética</em> de 1998 (Dussel, 2000), las víctimas excluidas del sistema capitalista y la modernidad entendida como totalidad, representaban la negatividad del sistema que podría superarlo en dirección hacia una transmodernidad futura más allá del capitalismo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero Marcuse no solo influyó en pensadores de esos años, entre ellos, Friedrich Jameson y su lectura de la mercantilización de la cultura, el arte, el inconsciente y la naturaleza misma (2010, p. 89), sino que su influencia alcanza a pensadores que pasaron el umbral del siglo XX, entre ellos (influido a su vez por Jameson) Mark Fisher y Diego Fusaro. En un texto revelador de su pensamiento dice Fisher (2016):</p>



<p class="wp-block-paragraph">[R]ecordamos la frase atribuida a Fredric Jameson como a Slavoj Žižek: es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. El latiguillo recoge con exactitud lo que entiendo por <em>realismo capitalista</em>: <em>la idea muy difundida de que el capitalismo no solo es el único sistema económico viable, sino que es imposible, incluso, imaginarle una alternativa</em>”. (p. 22).</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;Pues bien, lo que Fisher llama “realismo capitalista” no es más que “el hombre unidimensional” que describió Marcuse, en 1964, para la <em>Sociedad Industrial Avanzada</em> (en adelante, SIA). Es decir, el cierre del espacio político, la dificultad del cambio cualitativo, el mantenimiento del estatismo social conservador, la absorción del arte y de la cultura, por el capital. Más precisamente, la subsunción de la <em>vida, </em>la existencia de las personas y la naturaleza misma bajo el imperativo de la acumulación ilimitada. Con una diferencia clara: la apuesta teórica y emancipatoria de Marcuse fue radical y abiertamente utopista, allende al pesimismo marcado de Fisher sobre las posibilidades alternativas al sistema. En Marcuse, la utopía era un faro que orientaba la praxis política de la Nueva Izquierda plural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Diego Fusaro, por su parte, ha retomado esa idea de unidimensionalidad bajo el concepto de <em>“reductio ad unum </em>del hombre sin identidad ni profundidad crítica” (2022, p. 85) para dar cuenta de la terrible homogenización, de la civilización plana, sin fisuras, que desea construir el neoliberalismo actual y su nueva “elite neofeudal” (p. 49). El tecnocapitalismo busca un “pensamiento único homologado” (p. 35), un “sentir homologado” (p. 27) que elimina, a su vez, toda posibilidad de disenso, de pensar diferente. Es, también, la muerte de la crítica en los altares del Dios mercado y su llamado compulsivo al consumo de bienes, servicios y experiencias.&nbsp; Estas ideas aparecen en Marcuse bajo el concepto de «pensamiento unidimensional» y «operativo». Dice Fusaro:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Bajo el cielo domina el granítico pensamiento único del consenso de masas, que, además de garantizar el cautiverio simbólico y permanente de la manada de los últimos hombres, <em>predica compulsivamente la imposibilidad de cambiar el mundo </em>[…] el pensamiento único halla en el axioma del fin de la historia uno de sus fundamentos básicos” (2022, p. 53).</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cabría decir, con base en estas ideas de Fusaro, que al fin de la historia que propugnó Francis Fukuyama a finales del siglo pasado, asistimos hoy a la naturalización y a la colonización del sentido común de la gente, para que normalice y acepte la idea de «el fin del futuro»; para que interiorice que se viene una lucha despiadada por la existencia individual en las próximas décadas.</strong> <strong>Es justo en este sentido, donde encontramos el espíritu crítico, lúcido y propositivo de Marcuse, un pensamiento que opera como una guía posible <em>para la lucha contra esta desposesión de cuerpos, mundos y tiempos.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">También, digamos de paso, que la famosa crítica de la <em>positividad, </em>entendida como culto al presente, a la dadidad, que Byung-Chul Han (2021) ha desplegado insistentemente en sus múltiples y repetitivos libros, hace parte del legado marcusiano. Este legado es evidente, por ejemplo, en el magnífico libro publicado recientemente en Colombia: <em>Unidimensionalidad y teoría crítica. Estudios sobre Herbert Marcuse</em> editado por los profesores Leandro Sánchez Marín y J. Sebastián David Giraldo (2024), el cual es una exquisita muestra de su pensamiento y aportes críticos para la emancipación. <em>&nbsp;</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">* * *</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para la presente edición he agregado varias Adendas y un Epílogo fundamental que muestra, sobre todo, el <em>legado epistémico</em> de la <em>Escuela de Frankfurt</em>, un tópico importante para los estudiosos de las ciencias sociales. El texto sobre Habermas permite retomar algunas cuestiones discutidas al interior de las distintas generaciones de la Escuela, y, a la vez, abordar discusiones actuales. Los cambios realizados al cuerpo del texto han sido mínimos. He agregado notas al píe donde advierto sobre algunas reformulaciones que requeriría la apuesta marcusiana.&nbsp; &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Referencias</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dussel, E. (2000). <em>Ética de la liberación en la edad de la globalización y la exclusión</em>. (3ª ed.) Madrid: Trota.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fusaro, D. (2022). <em>Pensar diferente. Filosofía del disenso. </em>Madrid: Trotta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Han, B. (2021). <em>Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. </em>Barcelona: Herder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jameson, F. (2010). <em>Reflexiones sobre la postmodernidad. </em>Madrid: Abada editores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Laclau, E. y Mouffe, Ch. (2010). <em>Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia</em>. Madrid: Siglo XXI.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Kellner, D. (2024). “La relevancia contemporánea de Herbert Marcuse”. En Leandro Sánchez Marín y J. Sebastían David Giraldo, eds. <em>Unidimensioalidad y teoría crítica. Estudios sobre Herbert Marcuse </em>(pp. 31-53). Medellín: ennegativo ediciones, Politécnico Gran Colombiano. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Marcuse, H. (1981d). <em>El hombre unidimensional</em>. Barcelona: Ariel.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Marcuse, H. (1972). <em>Contrarrevolución y revuelta</em>. México, Joaquín Mortíz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sánchez, L., y Giraldo, J. (Eds.). (2024). <em>Unidimensionalidad y teoría crítica. Estudios sobre Herbert Marcuse. </em>Medellín: ennegativo ediciones y Politécnico Gran Colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Zúñiga, J. (2022). <em>Enrique Dussel. Retratos de una filosofía de la liberación. </em>Barcelona: Herder.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
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        <pubDate>Wed, 08 Oct 2025 20:45:32 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Marcuse: contra la desposesión del futuro]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
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        <item>
        <title>Del derecho a los deberes de la filosofía</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/filosofia-y-coyuntura/del-derecho-a-los-deberes-de-la-filosofia/</link>
        <description><![CDATA[<p>El filósofo colombiano Leonardo Tovar González, miembro de la Sociedad Colombiana de Filosofía y Doctor Honoris Causa en educación por la Universidad Pedagógica Nacional,  nos presenta esta interesante reflexión sobre los deberes de la filosofía, entre ellos, el de la duda, el cuidado y la interpelación. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Con inadvertido antecedente en Simón Bolívar, en junio de 2024 desde la “Sociedad Colombiana de Filosofía” se propuso que en la “Ley Estatutaria de Educación” que por entonces se debatía en el Congreso de Colombia se incluyese un artículo destinado a reconocer el derecho a la filosofía, las ciencias sociales y las humanidades, “como áreas imprescindibles para la formación ciudadana integral de las personas y la sociedad en su conjunto”. Al haber quedado esta norma en el aire a causa de que diferencias insalvables entre el gobierno y la oposición dieron al traste con el proyecto legislativo en que se inscribía, retomamos aquí la propuesta de formación filosófica pluralmente entendida como eje educativo de una sociedad democrática, en consonancia con las orientaciones de Kant, Dilthey y Nussbaum, entre otras voces.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero precisamente por esta misión formativa, el derecho a la filosofía no se puede restringir a licencia para el ocio creativo, por así decir, ni confundir con prerrogativas para los saberes humanísticos y sociales, en desmedro de otros campos de la inteligencia y el obrar humanos. Al propender por una educación filosofante, en las complementarias acepciones de una educación orientada filosóficamente y una educación con contenidos filosóficos, apelamos también a los “deberes de la filosofía”, pues sin las actitudes, aptitudes y responsabilidades emanadas de una genuina formación filosófica, la educación se reduce a mero adoctrinamiento y la vida social a puros entrenamiento y entretenimiento, como sucede hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el primer apartado, se ubica históricamente la necesidad del derecho a la filosofía en el contexto colombiano (1). A continuación, se indaga por la proyección del derecho filosófico en el deber de la filosofía (2). Por último, se postulan el cuidado, la interpelación y la duda como deberes de una educación filosófica al servicio de una sociedad democrática (3).</p>



<h2 class="wp-block-heading">1. El derecho de la filosofía</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Dentro del proyecto de Constitución de la naciente República de Colombia que en febrero de 1819 presentó en Angostura (hoy Ciudad Bolívar, Venezuela), el Libertador propuso un poder moral, a modo de complemento ético y educativo de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Entre los órganos de este cuarto poder, incluyó la creación de un Instituto de Filosofía, que por medio de la enseñanza de textos literarios se encargase de educar a los ciudadanos de la nación recién independizada de España en las buenas costumbres y en el respeto a las leyes como garantía del orden y la libertad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con tácita inspiración en aquella iniciativa bolivariana, más de dos siglos después se buscó incorporar en la normatividad educativa la declaración del derecho a la filosofía, en una comprensión amplia que más allá de la hermenéutica especializada de los escritos filosóficos ilustres, se extiende al trabajo de los saberes sociales (sociología, antropología, historia, entre otros) y de los saberes humanísticos (filología, literatura, estética, etc.). El texto completo de aquel artículo, que en su momento recibió significativo apoyo de la comunidad académica nacional, reza así:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Artículo:&nbsp; Formación en filosofía, ciencias sociales y humanidades: se debe garantizar en todos los niveles y modalidades del sistema educativo colombiano el derecho de todas las personas a la formación en filosofía, ciencias sociales y humanidades, como áreas imprescindibles para la formación ciudadana integral de las personas y la sociedad en su conjunto, en el marco del Estado social democrático de derecho definido por la Constitución Política. Los nuevos retos culturales, sociales, económicos, ambientales, científicos y tecnológicos, entre otros, exige que se cuente con una formación sólida en filosofía, ciencias sociales y humanidades, de modo que se cuente con herramientas, capacidades, conceptos, teorías y comprensiones suficientes para que el abordaje y desarrollo que implican los nuevos retos se den de modo integral.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Junto con el desarrollo y formación sólida en dichos campos, bajo la perspectiva de diálogo de saberes se buscará la articulación de los contenidos disciplinarios globales, latinoamericanos y nacionales con la memoria y las tradiciones culturales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;A través de la garantía del derecho en estas áreas se promoverá la apropiación y desarrollo de las distintas tradiciones y enfoques disciplinares y de pensamiento, junto con el diálogo de perspectivas situadas, que permita abordar, comprender, problematizar, cuestionar e intervenir en los entornos y problemas tanto de las disciplinas mismas como de los distintos contextos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con dicha iniciativa, se procuraba consolidar el estatuto normativo de la enseñanza de la filosofía dentro del sistema educativo colombiano, de manera que de su presencia obligatoria pero marginal en el nivel medio se avanzase a que fuera parte estructural de la educación democrática, pluralista e incluyente buscada para el país. La integración con el campo amplio de las humanidades y los saberes sociales revela que antes que la defensa de un área disciplinaria particular se alentaba una formación comprehensiva que articulara los aprendizajes del qué y del cómo de la ciencia y la técnica con las indagaciones humanistas y sociales sobre el por qué y el para qué.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desafortunadamente, tanto el Instituto filosófico dos siglos atrás como la promulgación del derecho a la filosofía se truncaron, ayer como hoy porque los tiempos no eran propicios. En sus consideraciones, los delegados de la Asamblea Constitucional de Angostura elogiaron el proyecto del Libertador, pero estimaron que la guerra en curso contra la metrópoli no ofrecía el momento apropiado para instaurar instituciones tan idealistas y optaron por aplazar el poder moral y su componente filosófico para cuando hubiere circunstancias más favorables. Y en el presente, la proyectada ley estatutaria se malogró a causa de la resistencia ejercida por el sindicato de educadores oficiales frente a la evaluación de los docentes públicos y a la participación del sector privado en la gobernanza educativa, con lo cual el decreto filosófico se extinguió por pura sustracción de materia normativa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como se sabe, desde el segundo semestre de 2024 el Ministerio de Educación renunció a proseguir en el intento de una transformación de fondo de las leyes y políticas educativas nacionales y ha optado por concentrarse en fortalecer la oferta en la educación superior pública gratuita y universal, mediante el aumento y aseguramiento de la financiación, la ampliación de la infraestructura y el incremento de los cupos estudiantiles en las instituciones oficiales de educación superior.&nbsp; En contravía de las políticas neoliberales aplicadas en las administraciones anteriores, que mediante subsidios y créditos a la demanda estudiantil implicaban, según los voceros del actual régimen, una indebida transferencia de recursos públicos a las instituciones privadas de educación superior, el gobierno desea responder de modo más efectivo a las expectativas de la base estudiantil que fue crucial para su elección en 2022 y promover así la continuidad del programa progresista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero aparte de tácticas electorales o disputas macroeconómicas, no debe olvidarse que la educación es un derecho público, con independencia de que esté a cargo de entidades oficiales o privadas. Por tanto, su ejercicio no puede ser conculcado por la codicia empresarial, pero tampoco anulado en la práctica a causa de la desidia, ineficacia o corrupción de los agentes estatales. Y si el objetivo último apunta a la nacionalización de la educación en Colombia, como temen unos y tal vez aspiran otros, debe asegurarse que el capital material, institucional y humano alcanzado en las mejores prácticas de la educación privada sea incorporado en la gestión pública de la educación como bien común, pues de lo contrario se profundizará la brecha que se desea cerrar entre una educación cualificada muy onerosa para unas ínfimas élites adineradas y otra educación pública gratuita pero con disímiles índices de calidad para el grueso de la población, que según investigaciones como la recogida en “La quinta puerta” es precisamente lo que sucede en la actualidad para la gran mayoría de la población. Ni en la educación ni en otros campos, los problemas sociales se resuelven por la simple sustitución de una tecnocracia liberal de derecha supuestamente técnica pero al parecer sin sensibilidad social por una tecnocracia de izquierda que se declara muy sensible a las necesidades del pueblo pero quizás no cuenta siempre con suficientes capacidades técnicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para justificar su énfasis en los medios y la postergación indefinida de la reforma educativa estructural, el economista Daniel Rojas ha insistido desde su posesión al frente del Ministerio en que el amor está en el presupuesto, pues sin financiación no hay derecho efectivo, pero nos tememos que sin clarificar los principios y valores que sirven de fines a las políticas educativas, tampoco hay posibilidad efectiva de debatir sobre la orientación de los recursos físicos y pecuniarios que sirven para el cumplimiento de las metas educativas. Si el autodenominado gobierno del cambio desea dejar un legado histórico para la transformación educativa en Colombia, no puede conformarse con meros cálculos controvertibles sobre cupos y partidas en el nivel terciario, sino debe avanzar hacia una propuesta de fondo sobre el sentido de la educación en nuestro país como factor imprescindible para la transformación social, más allá del llano lema propagandístico reiterado por el funcionario en reciente entrevista de que la educación es un derecho inalienable y no un simple servicio comercializable. Así sea desde la preeminencia del sector público, el cálculo utilitarista sobre costos y beneficios universitarios no puede soslayar los factores esenciales sobre el sentido de la educación integralmente considerada. Como señalaba la también economista Mariana Mazzucato en la conferencia que en octubre de 2024 dictó en la Universidad del Valle durante la Cop 16 celebrada en Cali:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“la filosofía, ¿dónde se estudia la filosofía? … Se piensa que la escuela pública es para todos, pensamos las cosas concretas, matemáticas, ciencia, inglés, computadores, sin pensar que estas mismas personas …necesitan también capacidades críticas para exigir responsabilidad al sistema …para estar seguro de que el sistema mismo está trabajando bien para el público…. La escuela pública a nivel de Liceo debería armar a los estudiantes de ser parte activa de la sociedad y de pensar en modo crítico” (<a href="https://www.youtube.com/watch?v=ZjFgZ74YAuA">https://www.youtube.com/watch?v=ZjFgZ74YAuA</a>)</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Si hoy recordamos en América Latina a don Andrés Bello al frente de la Universidad de Chile en el siglo XIX y a inicios del siglo XX a José Vasconcelos al frente de la Secretaría de Educación en México, no se debe a las medidas administrativas y financieras que adoptaron, sino a que trazaron un derrotero político, cultural y filosófico a la educación puesta a su cuidado, erigiéndose así en modelos para todo el continente. Sin pretender agotar la cuestión, es aquí donde deseamos recuperar la iniciativa del Libertador implícitamente asumida en el derecho a la filosofía postulado en la frustrada ley estatutaria como garantía “&#8230;para la formación ciudadana integral de las personas y la sociedad en su conjunto, en el marco del Estado social democrático de derecho definido por la Constitución Política”.</p>



<h2 class="wp-block-heading">2. Hacia el deber de la filosofía</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La inspiración netamente filosófica del derecho a la filosofía se remonta a “El conflicto de las facultades” de 1798, obra en la que Kant defiende los fueros de la facultad menor de filosofía frente a las facultades universitarias mayores de teología, derecho y medicina. De paso, apuntemos que, al extender la formación en filosofía a los saberes humanos y sociales, en el artículo legal pergeñado se coincide con la comprensión amplia de la filosofía en esa obra, que no se restringe a la exégesis de los textos ilustres de la tradición filosófica como suele entenderse actualmente en los departamentos de filosofía, sino abarca la amplia gama de saberes sobre la sociedad y la cultura, con extensión a lo que hoy denominamos ciencias básicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más recientemente, fue Jacques Derridá en los años ochenta del siglo pasado quien llamó a reconocer el “privilegio” del derecho a la filosofía, tal como se puede consultar en la traducción de la catedrática chilena Carolina Ávalos. Con su característica minuciosidad hermenéutica, el filósofo franco-argelino interpreta los múltiples sentidos y usos de la expresión “derecho a la filosofía”. Entre las inagotables variaciones que concibe, queremos destacar el carácter eminentemente jurídico que le confiere a la noción, en el que el ámbito de significación está enmarcado en el discurso de los derechos humanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no se trata de apelar a la formalización de un presunto derecho natural a la filosofía emanado, por ejemplo, de la “philosophia perennis” escolástica o de la “metafísica natural” inscrita por Kant en la naturaleza humana, sino de la reivindicación efectiva de una aspiración histórica que, insistamos, no se agota en la filosofía académica. Relacionando con lo desarrollado por Ángelo Papacchini en su obra de 1994 “Filosofía y derechos humanos”, se puede hablar efectiva y no sólo retóricamente de “derecho a la filosofía” si lo relacionamos con el proceso de lucha por el reconocimiento de las condiciones de una vida social digna: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
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<p class="wp-block-paragraph">“los derechos humanos son reivindicaciones de unos bienes primarios considerados de vital importancia para todo ser humano, que concretan en cada época histórica las demandas de libertad y de dignidad. Estas reivindicaciones van dirigidas en primera instancia al Estado, y están legitimadas por un sistema normativo o simplemente por el reconocimiento de la comunidad internacional” (1994, p. 22).</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En esta inserción del derecho filosófico dentro del “lenguaje de los derechos”, podemos preguntarnos de qué derecho se trata. Recordando la clasificación de los derechos humanos que expone el filósofo italo-colombiano en aquel libro, ¿el derecho a la filosofía es un derecho liberal fundado en la llamada “libertad negativa” de no coacción personal, o es un derecho democrático basado en la “libertad positiva” de participación política, o es un derecho socio-económico fincado en la “igualibertad” de garantizar los bienes materiales y culturales de existencia? Que todos tengamos derecho a profesar la filosofía de nuestra preferencia sin imposiciones privadas o públicas parece alinearse con la primera categoría, mientras la capacidad filosófica para el consenso y el disenso en la asamblea pública se emparenta más con los derechos de participación, a la vez que las garantías económicas y sociales para el ejercicio profesional del filosofar y la protección de las instituciones destinados a su enseñanza se vinculan en especial con la tercera clase de derechos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El “derecho a la filosofía” se despliega en estas y otras aplicaciones pero no se agota en ellas. Tampoco concierne primordialmente a un desarrollo del derecho social a la educación pública especificado en la enseñanza de la filosofía, sino al reconocimiento institucional del filosofar como soporte de una sociedad democrática, de la misma manera que la Declaración de los Derechos Humanos antes que formalizar los derechos que se desprenderían de la naturaleza humana, los estatuye mediante el acto de su declaración. Aplicando la conocida expresión de Hannah Arendt, estimamos que el “privilegio” que reclamaba Derridá reside en que el filosofar se constituye en condición para tener derechos. En el último apartado, indagaremos por los deberes que se derivan de este derecho a la filosofía así entendido.</p>



<h2 class="wp-block-heading">3. Cuidar, interpelar, dudar: deberes de la filosofía.</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Puntualizado lo anterior, desentrañaremos ahora los “deberes de la filosofía”, tanto en el sentido objetivo de la filosofía como objeto de la educación (la enseñanza de la filosofía como deber educativo) como subjetivo&nbsp; de “los deberes” que le corresponde atender a la educación en filosofía (los aprendizajes filosóficos que deben enseñarse). Para comenzar por la primera variante, en ningún momento se trata de seleccionar un sistema filosófico particular para adoctrinar con este a la población según las conveniencias de un determinado régimen sociopolítico, sin que creamos que es posible ni deseable una educación doctrinariamente aséptica y filosóficamente neutra. Lejos de una determinada filosofía pero también de cualquier filosofía, se trata de establecer los aprendizajes filosóficos, o si se prefiere en términos pedagógicos, las “competencias filosóficas” más apropiadas para la formación de la ciudadanía en el seno de un “Estado social-democrático de derecho”, según el principio de la Constitución Política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Exploraremos entonces algunos de los deberes de la filosofía que se desprenden del derecho a la filosofía, englobada con los saberes sociales y humanos. Retomando la expresión de Derridá, ¿por qué el Estado debe garantizar de manera especial la enseñanza del filosofar dentro del sistema educativo y dentro de la sociedad, como quedaba consignado en el artículo sugerido en la ley estatutaria? Aunque&nbsp; hace parte de lo que se busca, el asunto va más allá de que personas con vocación filosófica y humanística dispongan de las condiciones institucionales y materiales para dedicarse a las investigaciones filosóficas de su predilección, o que reciban más apoyo los centros de formación filosófica tanto en la modalidad de estudios profesionales como de docencia, o que se amplíen las oportunidades de trabajo gracias a la extensión de las clases de filosofía y temas afines en todos los pénsumes de colegios e instituciones de educación superior.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin negar la importancia de afinar el desempeño didáctico, tampoco creemos que la solución consista en que deleguemos las responsabilidades filosóficas a las ciencias de la educación y la pedagogía, cuando en realidad estas mismas requieren de dilucidar su horizonte filosófico. Ni se trata de cohonestar con una renovada sofística como la que pulula como filosofía en las redes sociales y recibir patente para opinar sin ningún control sobre lo divino y lo humano. Como alertaba Daniel Herrera Restrepo, el discurso filosófico se reconoce porque no se pronuncia de manera aleatoria sobre cualquier tema según los humores e intereses cambiantes de quien lo enuncia, como sucede a menudo en las columnas de prensa y en los podcast, sino responde a una unidad de fondo tanto en los temas como en los enfoques, pero sobre todo en las preguntas adoptadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En definitiva, más allá de poder dictar más cursos sobre temas filosóficos, el derecho a la filosofía concierne a cómo el “ethos filosófico” estructura las creencias, palabras y acciones de las gentes como condición de posibilidad para la libertad de las personas, la justicia social y el cuidado de la vida. Sin negar la fecundidad de otros acercamientos filosóficos, tomaremos como guía las llamadas “reglas del sensus communis” postuladas por Kant en el § 40 de la “Crítica de la facultad de juzgar”. Reiterando lo que críticos de la Modernidad como Adorno, Foucault y entre nosotros Estanislao Zuleta señalaron en su momento, las tareas pendientes de la educación siguen siendo “pensar por cuenta propia” (educación para la libertad), “pensar en el lugar de cada otro” (educación para la justicia) y “pensar de manera consecuente” (educación para el cuidado de la vida). Y si relacionamos cada una de estas reglas con los tres conflictos intra-universitarios que reconstruye Kant en “El conflicto de las facultades”, podemos disponer de una pauta hermenéutica para relacionar los deberes asignados a la enseñanza de la filosofía con el filosofar como deber de la educación y de la sociedad en general, en el marco amplio y complejo de la educación filosófica.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>El deber del cuidado</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Invirtiendo el orden asignado por Kant, empezaremos por la regla del pensar consecuente, que más allá de la coherencia formal en el pensamiento, apunta a que nuestras acciones sean plenamente responsables con nuestra condición de seres sentipensantes finitos. En el “Conflicto de las facultades” esto se proyecta al capítulo final dedicado a la medicina, en el que la filosofía provee de consejos (imperativos hipotéticos de prudencia) como “respirar bien”, “dormir bien” y “comer bien” que motivan la preservación de la salud del cuerpo (salud mental incluida) y ayudan a prevenirlo de la enfermedad. Rebasando el antropocentrismo kantiano, se configura la enseñanza filosófica del cuidado, que en nuestros días se proyecta a la responsabilidad plena con la potenciación de la vida en su rica pero agotable variedad, tal como se debate en las conferencias mundiales sobre medio ambiente y biodiversidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como se trata de un actuar prudencial, el pensar consecuente debe ponderar las responsabilidades a largo, mediano, corto e inmediato plazo con las exigencias de la conservación y las necesidades y urgencias de cada día, no sólo por quienes gestionan las políticas públicas a diferente escala, sino frente a las decisiones mismas de las personas y las comunidades en su transcurrir habitual. En síntesis, el deber de garantizar y orientar una genuina educación filosófica para cuidar, ser cuidados y autocuidarse se erige en responsabilidad para la conservación y promoción de la vida en el seno de la naturaleza, dentro de una amplia asunción de nuestra corporeidad. Como se señaló en México en la propuesta de la “Sociedad del cuidado” formulada durante la “XVI Conferencia Regional sobre la Mujer en América Latina y El Caribe” desarrollada en agosto de 2025:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
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<p class="wp-block-paragraph"> “Situar el cuidado de las personas y del planeta en el centro, como propone el paradigma de la sociedad del cuidado, implica reconocerlo como un bien público, es decir, como un bien cuya provisión beneficia al conjunto de la sociedad…sosteniendo tanto la vida como el funcionamiento de la economía y garantizando así…un futuro más inclusive y sostenible” (citado por RUÍZ NAVARRO, Catalina “La sociedad del cuidado” El Espectador, Bogotá, jueves 28 de agosto de 2025, p.16)</p>
</blockquote>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>El deber de la interpelación</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Pasando ahora a la regla del pensar ampliado, estimamos que “pensar en el lugar de cada otro (y otra)” puede vincularse de manera especial con el mundo de las relaciones políticas abordado por Kant en la segunda parte de “El conflicto de las facultades” y en otros escritos como “Hacia la paz perpetua”. Tanto en la esfera nacional de las relaciones entre los ciudadanos y de estos con el Estado, como en la esfera internacional de las relaciones entre los Estados y de los seres humanos entre sí como integrantes de una sociedad cosmopolita, el criterio último que posibilita la justicia política reside en el principio de publicidad, que pone la libre comunicación como principio de una república en que la voluntad del legislador emane de la voluntad general de la ciudadanía, ampliada virtualmente a la humanidad en su conjunto. Y para alcanzar esto, se defiende el derecho de los filósofos a servir de puente entre los fueros de la razón, que no son otros que los genuinos intereses del pueblo, y las decisiones del gobernante, no para sustituirlo, como vanamente aspiraba Platón con la figura del rey-filósofo, sino para garantizar la justicia de la administración pública al recoger los intereses de la comunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De manera análoga a la actualización de la primera regla, aquí hay que salir de la concepción elitista de la figura del filósofo y propugnar como deber en una sociedad democrática por una educación filosófica universal que cultive el potencial de todas y cada una de las personas para interpelar a las autoridades y los sectores dominantes en el reconocimiento efectivo de los derechos de las víctimas de las injusticias sociales, no negando los propios derechos pero sí descentrándose de los propios intereses para abrirse a los de los demás, en uno y otro caso siempre que sean compatibles con los derechos de la humanidad.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>El deber de la duda</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Y después de haber esbozado la educación del cuidado como deber filosófico para la protección de la vida y la enseñanza de la interpelación como deber filosófico para la justicia en una sociedad democrática, formularemos el deber filosófico de la pedagogía de la duda como tarea educativa de la filosofía en aras de motivar la libertad de las personas morales. Aquí opera la primera máxima del sensus communis, que recoge el llamado a pensar por cuenta propia expresado por Kant en su opúsculo de 1784 “Respuesta a la pregunta Qué es la ilustración?” Pero contra lo que podría suponerse a primera vista, en ningún momento implica una licencia a pensar de cualquier manera según el capricho del propio arbitrio. Contra el voluntarismo de cierto libertarismo tan irresponsable como superficial, las tres reglas se hallan concatenadas, de modo que pensar y actuar de manera autónoma requiere de desarrollar la capacidad para considerar las posiciones ajenas e incluso extrañas, y la voluntad para obrar en consecuencia. La duda, que en el “Conflicto de las facultades” se alza como antídoto contra el fanatismo y la superstición que Kant detectaba en la teología clerical, se aplica hoy en especial a las ideas mal fundadas y falsas verdades que circulan en la sociedad, en especial a través de los canales digitales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, debe aclararse que educar para la duda no equivale a sembrar una desconfianza sistemática hacia la ciencia y las instituciones, sino al contrario, formar el criterio para discernir las condiciones de verdad de las distintas posiciones científicas, políticas o de cualquier orden. En contra de la aceptación a-crítica de cualquier dogma, una educación en filosofía y una educación con impronta filosófica deben formar en el espíritu de un sano escepticismo, que no es lo mismo que renunciar a toda creencia y optar por un eclecticismo cómodo o por un relativismo perezoso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como advierte Kant en “Cómo orientarse en el pensamiento” (17l86), se trata de someter toda fe (sacra o profana) al examen de la razón, entendida no como un tribunal exterior que impone su autoridad sobre las opiniones aisladas de los creyentes (función de las iglesias, academias y conciliábulos), sino como la autoridad emanado del libre juicio de cada cual en diálogo con la razón de cualquier otra persona, dentro de una honesta interacción.&nbsp; Según puntualiza Damián Pachón en reciente columna:</p>



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<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;“la crítica … es sospecha, se basa en la duda, en el escepticismo; descree de los dogmas, de las ideas definitivas, desconfía. La crítica, pues, es el mejor antídoto contra el absolutismo y el dogmatismo; es necesaria para pensar mejor, para hacernos preguntas y plantear problemas inéditos, para pensar por «fuera de los límites y de los marcos de sentido establecidos» y para «descolonizar la mente». La crítica es necesaria para cuestionar el poder político, la normalidad patológica&nbsp;que nos envuelve, los medios de comunicación y la información que nos ofrecen. De esta manera, también, podemos acuciar la imaginación para mejorar el mundo en el que vivimos…” (agosto 23 de 2025).</p>



<h2 class="wp-block-heading">Conclusión</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Para culminar, es palpable que esta propuesta sobre los deberes con la filosofía y de la filosofía trasunta una concepción edificante sobre el filosofar, afín a la “moralidad” formal kantiana cuestionada por Hegel desde la “eticidad” histórica. Desde luego, no es el momento de entrar en esta discusión, así que sólo apuntaremos que la defensa normativa de un “derecho a la filosofía” exige que la educación filosófica asuma sus responsabilidades en la búsqueda entrelazada de una existencia humana más libre, una sociedad más justa y una vida más sustentable, de igual modo que el derecho a la paz implica el deber de preservarla. Sin perjuicio de adoptar posiciones de corte más realista o pragmático sobre uno y otro, aquí se articulan de manera estrecha el derecho-deber de la filosofía y el derecho-deber de la paz, en la medida que los deberes filosóficos de la enseñanza de la duda contra el dogmatismo y el despotismo, la enseñanza de la interpelación en nombre de las víctimas y la enseñanza del cuidado global de la vida se constituyen en condiciones para la paz con las personas, con la sociedad y con la naturaleza. En lenguaje kantiano, se trata del ejercicio del uso público de la razón, o de lo que hemos llamado “pensar en tiempo real”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Fuentes</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">ÁLVAREZ GALLEGO, Alejandro “Tendencias de la educación superior en Colombia” Bogotá, conferencia en la Maestría en Educación de la Universidad Javeriana, 25 de febrero de 2025, 1;45;22.</p>



<p class="wp-block-paragraph">ARENDT, Hannah “The origins of totalitarianism&#8221;</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;New York: Meridian Books, 1958 (1° ed. 1951), “The perplexities of Rights of Man”, 290- 302.</p>



<p class="wp-block-paragraph">BOLÍVAR, Simón “Doctrina de El Libertador Simón Bolívar” Caracas: Biblioteca Ayacucho, 2009, sobre el poder moral, pp. 148- 155. Edición digital.</p>



<p class="wp-block-paragraph">CÁRDENAS, Stella “La ley estatutaria de la educación y la transformación educativa” Le Monde Diplomatique Colombia, julio de 2024, versión digital. </p>



<p class="wp-block-paragraph">CORTÁZAR, Roberto y CUERVO, Luis Augusto (compiladores) “Actas del Congreso de Angostura 1919-1820” edición digital, tomada de la edición de la Presidencia de la República de Colombia, 1988. En especial “Acta 139 del 11 de agosto de 1819”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">DERRIDÁ, J. “Privilegio, o del derecho a la filosofía” (1990, trad. Carolina Ávalos) Universidad Austral de Chile, 2023, 136 p.</p>



<p class="wp-block-paragraph">DILTHEY, John “Democracia y educación” (original inglés 1916) Madrid: Morata, 1998, 320 p.</p>



<p class="wp-block-paragraph">DUZÁN, María Jimena “Con Petro la educación pública se fortaleció, pero…” Entrevista con el ministro de educación Daniel Rojas Medellín, videopodcast A fondo, emitido el miércoles 17 de septiembre de 2025, 48:05. </p>



<p class="wp-block-paragraph">GARCÍA VILLEGAS, Mauricio; CÁRDENAS, Juan; FERGUSSON, Guillermo “La quinta puerta. De cómo la educación en Colombia agudiza las desigualdades en lugar de remediarlas” Bogotá: Ariel, 2021, 327 p.</p>



<p class="wp-block-paragraph">KANT, Immanuel “Contestación a la pregunta ¿Qué es la Ilustración? (1784, trad. Roberto R. Aramayo, ISEGORÍA, Madrid, /25 (2001), pp. 287-291. </p>



<p class="wp-block-paragraph">KANT, Immanuel “Cómo orientarse en el pensamiento” (1786, trad. Carlos Correas) Buenos Aires: Leviatán, 1982, 71 p.</p>



<p class="wp-block-paragraph">KANT, Immanuel Crítica del discernimiento (1790, trad. Roberto Rodríguez Aramayo y Salvador Mas) Madrid: Machado Libros, 2003, pp. 197- 241.</p>



<p class="wp-block-paragraph">KANT, I. “Sobre la paz perpetua” (1795, original alemán <em>“Zum ewigen Frieden: Ein philosophischer Entwurf”</em>, trad. José Luis Abellán) Madrid: Tecnos, 1998, 69 p.</p>



<p class="wp-block-paragraph">KANT, I. El conflicto de las facultades (original alemán 1798, trad. Roberto R. Aramayo) Madrid: Alianza, 2003, 238 p.</p>



<p class="wp-block-paragraph">KANT, E. En defensa de la Ilustración (selección de opúsculos, 1784- 1798, introducción José Luis Villacañas, traducción Javier Alcoriza y Antonio Lastra) Barcelona: Alba Editorial, 1999, 408 p.</p>



<p class="wp-block-paragraph">MAZZUCATO, Maríana “Crecimiento inclusivo y sostenible”, conferencia en la Universidad del Valle, 29 de octubre de 2024, 1:59:24. Pasaje 1:51:31 a 1:53:24). <a href="https://www.youtube.com/watch?v=ZjFgZ74YAuA">https://www.youtube.com/watch?v=ZjFgZ74YAuA</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">NUSSBAUM, Martha “Sin fines de lucro. ¿Por qué la democracia necesita de las humanidades” Buenos Aires: Katz, 2010, 199 p.</p>



<p class="wp-block-paragraph">PACHÓN, Damián “¿Qué es eso del pensamiento crítico?” blog &#8220;Filosofía y coyuntura&#8221; de El Espectador, edición digital, 23 de agosto de 2025. </p>



<p class="wp-block-paragraph">PAPACCHINI, A. “Filosofía y derechos humanos” Cali: Universidad del Valle, 1994, 373 p.</p>



<p class="wp-block-paragraph">PETRO URREGO, Gustavo “Alocución presidencial. Logros en la educación” Bogotá, martes 2 de septiembre de 2025, 1:25, 14. Youtube. </p>



<p class="wp-block-paragraph">ROJAS, Daniel “Informe de datos de educación superior en Colombia”, emitido el 31 de julio de 2025, 1:18:15. YouTube.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">RUÍZ NAVARRO, Catalina “La sociedad del cuidado” El Espectador, Bogotá, jueves 28 de agosto de 2025, p.16.</p>



<p class="wp-block-paragraph">VARGAS, E. Juliana y PRADA. Maximiliano “Sobre el olvido del derecho a la filosofía en la ley estatutaria de educación” en el Blog &#8220;Filosofía y coyuntura&#8221;, de Damián Pachón Soto, El Espectador, Bogotá, publicado el 11 de junio de 2024. </p>



<p class="wp-block-paragraph">VARGAS, E. Juliana; ÁVALOS, Carolina; PAREDES, Diana Melisa “Cuál es el balance de la acción política en torno al derecho a la filosofía y su impacto en la sociedad”, pánel emitido en “El puente” de Uniminuto Radio el miércoles 6 de noviembre de 2024, 50:14. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Una versión preliminar de este texto se expuso en el foro “¿Cuál es la educación filosófica que necesita Colombia?, realizado entre el 7 y el 8 de noviembre de 2024 por el Departamento de Filosofía de la Universidad del Valle en Cali.</p>
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        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
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        <pubDate>Sat, 20 Sep 2025 23:30:59 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Del derecho a los deberes de la filosofía]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
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        <item>
        <title>Juan José Bautista: filósofo de la liberación</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/filosofia-y-coyuntura/juan-jose-bautista-filosofo-de-la-liberacion/</link>
        <description><![CDATA[<p>El profesor Luis Eduardo Rico presenta para Colombia un texto sobre el filósofo boliviano de la liberación Juan José Bautista, recientemente fallecido, un digno heredero de Enrique Dussel. Se aborda el problema del fetichismo, el sujeto de la liberación y la descolonización epistemológica</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"> </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por: Luis Eduardo Rico, </strong>autor invitado. Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá); Magister en Filosofía Latinoamericana por la Universidad Santo Tomás (Bogotá). Docente de Filosofía al servicio de la Secretaría de Educación de Bogotá D.C. Asesor del Centro de Estudios e Investigaciones Docentes de la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (FECODE). Ha investigado diversos aspectos de las obras de Karl Marx, Enrique Dussel y Juan José Bautista, centrándose en los referidos al horizonte ético y a los campos epistemológico, económico y estético.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El sujeto de la liberación: concebir la trasformación desde otra idea de realidad.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Introducción</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En uno de sus componentes fundamentales, la Filosofía de la Liberación postula que la transformación de la realidad exige resignificar el horizonte de sentido desde el cual los sujetos piensan y actúan. En este contexto, Juan José Bautista Segales (1958–2021) propone una epistemología que articula la teoría crítica y la praxis descolonizadora. En su lectura de la Ética de la Liberación de Enrique Dussel y de la Teoría del Fetichismo de Franz Hinkelammert, Bautista revela cómo la racionalidad moderna ha “divinizado” la realidad, subsumiendo la vida cotidiana en la lógica del cálculo instrumental. Uno de sus legados consiste en construir y desarrollar una propuesta por la que <em>el auténtico pensar </em>se posiciona como “motor” de la liberación: el ejercicio de nuevo modo de conciencia (existencial) dialéctica, que desencubre fetiches y reconstruye modelos ideales orientados a la reproducción comunitaria de la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Algunos datos sobre el pensador.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Juan José Bautista Segales nació en La Paz, Bolivia, en 1958. Inicialmente se formó en sociología. Emigró a México para cursar sus estudios en Filosofía; allí fue discípulo grandes pensadores como Eduardo Nicol, Hugo Zemelman, Enrique Dussel y Franz Hinkelammert. Interpelado por el sentido de la pregunta heideggeriana «¿Qué significa pensar?», inicia un proceso de formación rigurosa en el que se propuso dar respuesta a este interrogante desde la perspectiva de la situación latinoamericana. Durante los años noventa participó activamente de los diálogos entre la <em>filosofía de la liberación</em> y la <em>ética del discurso</em> de Karl Otto Apel, en cuyo proceso se construyeron aportes fundamentales para la reformulación de la segunda, junto al surgimiento del llamado “Giro decolonial”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue ganador del Premio Libertador al pensamiento crítico, con la obra titulada <em>¿Qué significa pensar desde América Latina?</em> (2014), con la que se propuso dar cuenta del modo en el que el auténtico pensar solo es posible cuando el sujeto pensante se sitúa desde dentro de la comunidad de vida, en su contexto, motivado o cuestionado por el horizonte vital e histórico que lo constituyen. En otra de sus obras centrales, <em>Dialéctica del fetichismo de la modernidad</em> (2017), Bautista muestra el modo en que las categorías fetichizadas de la racionalidad moderna, al naturalizarse en los modos de vida cotidianos, operan como poderosas fuerzas (religiosas) que, interiorizadas por los seres humanos, exigen el sacrificio cotidiano de la vida (Bautista, 2017, p. 197). En sus escritos posteriores, fundamentó la noción de <em>racionalidad transmoderna</em>, insistiendo en que solo un cambio profundo del «modelo ideal desde el cual pensamos, sentimos y actuamos» habilitará procesos genuinos de descolonización y liberación (Bautista, 2023, p. 100). Juan José Bautista falleció en Ciudad de México en 2021, dejando un legado que impulsa debates sobre epistemología crítica, justicia social y praxis liberadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Descolonización epistemológica y crítica del fetichismo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Bautista, descolonizar el pensamiento implica liberar a la razón de su función reproductora del horizonte moderno, lo que permite revelar sus presupuestos ideológicos. Esta comprensión remite a lo propuesto por Enrique Dussel en los parágrafos 5.3 y 5.4 de la <em>Ética de la Liberación</em> <em>en la Edad de la Globalización y la Exclusión </em>(1998), donde introdujo la necesidad de una <em>episteme crítica</em>, construida desde las víctimas, que se diferencie de las <em>ciencias sociales funcionales</em> por su finalidad liberadora (Dussel, 1998, p. 445). En diálogo con Marx, Bautista asume esa invitación, encontrando que a lo largo de la obra del pensador treverino se desarrollan continuos <em>ascensos y descensos dialécticos</em>, que son posibles gracias a la forma en la cual, en la tradición mística de la cultura judía, tiene lugar la lectura de los textos sagrados, lo que constituiría el &nbsp;desarrollo interno de su método dialéctico en cuatro niveles (descripción, entendimiento, comprensión y espiritualidad mística), y que a diferencia de la dialéctica hegeliana será lo que le permite <em>desencubrir</em> las inversiones o inconsistencia generadas por el capitalismo, que luego se trasladarán a las distintas instancias en las que se configura la realidad moderna (Bautista, 2023, p. 87).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Admirador y estudioso de la obra de Franz Hinkelammert — al que llamaba “el Marx de América Latina”— estudia su <em>Teoría del Fetichismo</em>, recuperando el pasaje de Marx en la Sección primera, capítulo IV, Volumen I de <em>El Capital</em> donde muestra cómo, al convertirse en mercancías, los productos humanos se vuelven «objetos endemoniados» que ocultan las relaciones sociales que los engendran (Marx, 1975, pp. 87–89). Bautista profundiza esta apreciación al exponer que el fetichismo dota de <em>sacralidad </em>al mercado, convirtiendo las mercancías en «divinidades» que devoran la vida, en el sentido propuesto por Hinkelammert (1977, p. 12). A partir de aquí el filósofo boliviano insistirá en la necesidad de desarrollar un modo de racionalidad que desfetichice la realidad; es decir, que revele las formas “fantasmagóricas” ocultas en las mercancías capitalistas, que se proyectan y determinan las relaciones sociales entre las personas, que son las relaciones entre individuos solos, aislados, que se vinculan transitoriamente a través de intereses circunstanciales. Ahora bien ¿cómo reconstruir o transformar las creencias que se tienden sobre las relaciones entre los seres humanos? Nuevamente, en una lectura creativa de Marx, Bautista comprende que el <em>modelo ideal</em> del «Reino de la Libertad» postulado como «una asociación de hombres libres, que trabajen con medios de producción colectivos» para orientar la praxis (Marx, 2019, p. 96), permite concebir como posibles todas aquellas formas de vida en las que el ser humano no sea sometido sino reivindicado conforme a su dignidad, muchas de ellas presentes en las tradiciones y pasado de los pueblos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para que esta composición de la racionalidad sea posible, de manera concreta, en los sujetos ético-políticos de la liberación, será necesario articular un <em>pensar metodológico </em>que pueda concebir a la investigación categorial como un momento o parte fundamental de la praxis liberadora. Así, esta concepción faculta al sujeto crítico para descubrir hechos invisibilizados, contradicciones latentes en los distintos sistemas, e igualmente, le provee de un horizonte existencial capaz de generar categorías situadas. Al restituir la racionalidad en su dimensión creadora de vida común—y no de dominación— Bautista convierte el pensar en un acto de compromiso político permanente con la transformación de las realidades de opresión.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Relevancia de la racionalidad transmoderna para los procesos ético-políticos en América Latina y el “Sur global”.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Según Dussel, la transmodernidad implica «una ruptura en todos los niveles de la civilización» (político, cultural, subjetivo, económico, estético) que surge como parte del proceso de transición descolonial (Dussel, 2014, p. 303). Bautista retoma ese horizonte para proponer una racionalidad transmoderna, que reconozca y valore la pluralidad de cosmovisiones originarias, desplace la universalidad de la razón occidental y ancle el conocimiento en la praxis comunitaria (Bautista, 2014). En un contexto en el que el desenfreno de la formalidad procedimental neoliberal (en sus diversas facciones) ha ocasionado el vaciamiento vital de las democracias, la ausencia de subjetividades orientadas por el criterio de la vida común, la presencia de economías depredadoras y acumuladoras, y experiencias sociales de violencia estructural, un pensar como el propuesto por Bautista ofrece herramientas metodológicas y categoriales, que develan las narrativas sobre las que se sustenta el <em>sentido común</em> <em>moderno</em>; ese mismo horizonte de sentido que hace aparecer como “normales” y hasta “deseables” las causas y situaciones de exclusión por las que atraviesan un número cada vez mayor de personas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La lectura e interpretación críticas de la <em>Filosofía de la liberación de Enrique Dussel</em>, a partir de las construcciones aportadas por quien fuera (en palabras del mismo Dussel) “el mejor de sus discípulos”, invita concentrar los esfuerzos argumentativos en la creación de las condiciones para una deliberación simétrica entre las víctimas, que son los afectados por un modo de validez institucional centrado en el cumplimiento incuestionable de la <em>Verdad del sistema </em>(acudiendo a la expresión utilizada por el filósofo de la argentino-mexicano). Así, al situar el <em>pensar</em> más allá del paradigma de la conciencia, esto es, como corazón de la transformación, la racionalidad transmoderna hace posible la configuración de una subjetividad que conciba la posibilidad y la necesidad de establecer escenarios de diálogo comunitario que reivindiquen la importancia no solo de la emancipación, sino de la liberación. Bautista propone un cambio radical de modelo ideal, que permita concebir una factibilidad que transgreda los marcos vitales que dan forma a la realidad: «la recuperación de nuestra propia realidad histórica tiene que ver con la necesidad de producir no sólo otra concepción de realidad sino, en este caso, de tiempo, de temporalidad y de futuro» (2014, p. 242). &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Conclusión</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Juan José Bautista Segales propuso los elementos para fundamentar «otra idea o concepción de razón» (2014). La Filosofía de la Liberación y, de manera particular su <em>Ética y su Política, </em>se enriquecen con los aportes de una racionalidad que responde a sus <em>Principios críticos. </em>El filósofo boliviano muestra que la liberación exige una racionalidad crítica capaz de desgarrar los velos del fetichismo y reconstruir modelos ideales orientados a la vida comunitaria. Esta concepción de razón enlaza el pensar crítico de la actualidad con la redención de las formas de vida comunitarias y modelos ideales liberadores, que desde el pasado se hacen presentes en el “ahora”, mostrando tanto las contradicciones manifiestas en los modos de vida que se centran en la autosuficiencia individual-unilateral, como las posibles salidas a las principales <em>encrucijadas </em>producidas por la racionalidad y praxis modernas. Su propuesta metodológica ofrece la posibilidad de <em>ejercer el pensar</em> como un <em>adentrarse epistemológico</em> en la realidad, que permita la creación y posicionamiento de conocimiento pertinente. En una de sus obras más relevantes insistía, en que la descolonización del conocimiento no pretende como tarea central la negación de los conceptos, teorías y categorías europeas o anglosajonas, sino el posicionamiento de los horizontes cosmológicos propios, como ámbitos desde los cuales poder leer y construir nuevos contenidos:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que estamos sugiriendo es que cuando nos apropiamos de conceptos, categorías, teorías, o filosofías provenientes de la tradición occidental o de otras; [sic] que el &nbsp;fundamento de esta apropiación, (o sea el proyecto o concepción de humanidad y de vida, que es aquello que está pre-sub-puesto) no sea el horizonte o proyecto moderno-occidental, sino el proyecto nuestro; es decir, que lo pre-sub-puesto en la construcción del conocimiento científico y filosófico respecto de nuestra realidad y horizonte, debiera ser nuestro propio fundamento, o sea nuestro propio proyecto de vida, de nación y de humanidad y que en última instancia&nbsp; éste se deduzca de nuestra historia, cultura y tradición. (2010, pp. 255-256)</p>



<p class="wp-block-paragraph">El presente latinoamericano acude al encuentro entre la crisis y la disputa por la representatividad, las evidencias sensibles de violencia sistémica y los movimientos populares que insisten en la solución pacífica de los conflictos, la depredación medioambiental y la comprensión de la naturaleza como escenario o <em>fuente</em> de la vida; &nbsp;así también, entre la amenaza latente del ingerencismo (que hoy se presenta en las nuevas metamorfosis económicas y políticas) y la configuración de múltiples experiencias políticas y culturales emancipadoras y de liberación. Frente estas manifestaciones, la obra de Bautista se presenta como brújula: invita a reconocer el núcleo mítico-ontológico de las culturas negadas, a afirmar la centralidad de la vida y a construir instituciones democráticas fundadas en la participación simétrica de las víctimas. Al hacer del pensar un acto liberador, su legado ilumina el camino para anticipar “otro tiempo”. Justamente, era este el sentido del argumento expresado en uno de los cursos<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a> que impartiera previamente a su paso al plano ancestral, en el que insistía: <strong>«parece que solo un proceso de redención prepara el camino a la liberación».</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Referencias</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Bautista, J. (2010). <em>Crítica de la razón boliviana. Elementos para una crítica de la subjetividad del boliviano con conciencia colonial, moderna y latino-americana. </em>Rincón Ediciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bautista, J. J. (2014). <em>¿Qué significa pensar desde América Latina? Hacia una racionalidad transmoderna y postoccidental</em>. Ediciones Akal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bautista, J. J. (2017). <em>Dialéctica del fetichismo de la modernidad.</em> Editorial Teoría y Praxis.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bautista, J. J. (2023). <em>La teoría del fetichismo de Marx</em>. Tabula Rasa, 48, 77–102. https://doi.org/10.25058/issn.2011-2742</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dussel, E. (1998). <em>Ética de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión.</em> Editorial Trotta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dussel, E. (2014). <em>16 tesis de economía política: interpretación filosófica</em>. Siglo XXI Editores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dussel, E. (2016). <em>14 tesis de ética: hacia la esencia del pensamiento crítico</em>. Editorial Trotta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dussel, E. (2025). <em>Hacia una teoría de la modernidad/colonialidad</em>. La descolonización epistemológica. Ediciones Akal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hinkelammert, F. (1977). <em>Las armas ideológicas de la muerte. </em>Editorial Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Marx, K. (1975). <em>El capital. Crítica de la economía política</em> (Vol. 1). Siglo XXI Editores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Marx, K. (2019). <em>El capital. El proceso de producción del capital</em> (Tomo I, Vol. 1). Siglo XXI Editores.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Bautista, J. (2020). “<em>El tiempo mesiánico como filosofía de la Historia”. En la obra de Walter Benjamin. </em>Disponible en: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Uw6YQ8uM-vE&amp;list=PLA-D2fJo3NiOZdMD1HH-uEdN0j69kDARR">https://www.youtube.com/watch?v=Uw6YQ8uM-vE&amp;list=PLA-D2fJo3NiOZdMD1HH-uEdN0j69kDARR</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=120414</guid>
        <pubDate>Mon, 15 Sep 2025 12:42:54 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/09/Juan-jose.jpg?quality=60&amp;#038;w=1080" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Juan José Bautista: filósofo de la liberación]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>¿Qué es eso del pensamiento crítico?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/que-es-eso-del-pensamiento-critico/</link>
        <description><![CDATA[<p>Si se habla de un “pensamiento” acompañado con el adjetivo crítico, de entrada, debemos sospechar que no se trata de un pensamiento cualquiera, de un pensamiento ordinario, cotidiano. Pensamos, más bien, de que se trata de un pensamiento diferente y distinto al habitual; un pensamiento cualificado. Abordamos este tema en el presente artículo. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“Y nuestra época es la propia de la crítica, a la cual todo ha de someterse. En vano pretenden escapar de ella la <em>religión por santa y la legislación por majestuosa, </em>que excitarán entonces motivadas sospechas y no podrán exigir el sincero respeto que solo concede la razón a lo que puede afrontar su examen público y libre”. <em>&nbsp;</em>&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-left wp-block-paragraph">                                                                            Immanuel Kant.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">El llamado a ejercitar, promover y potenciar el pensamiento crítico es permanente desde hace bastante tiempo. Se exige la inclusión del pensamiento crítico en la enseñanza y la pedagogía, se alude a su necesidad en los programas académicos de la escuela, el bachillerato y la universidad. Igualmente, en el espacio social y político, se alaban sus virtudes para la creación de ciudadanos <em>críticos, </em>que participen en la vida de la comunidad, que voten y que cualifiquen el debate público por medio de la palabra y de los argumentos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero ¿qué es el pensamiento crítico? ¿Qué significa <em>pensar</em>? ¿Qué implica el adjetivo <em>crítico?</em> En suma, ¿qué significa pensar críticamente? Estas son las preguntas interesantes. Veamos algunas de las formas como se han entendido estos problemas. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Si se habla de un “pensamiento” acompañado con el adjetivo <em>crítico, </em>de entrada, debemos sospechar que no se trata de un pensamiento cualquiera, de un pensamiento ordinario, cotidiano. Pensamos, más bien, que se trata de un pensamiento diferente y distinto al habitual; un pensamiento <em>cualificado</em>. Esto quiere decir, que este <em>pensamiento </em>debe tener algo <em>especial</em> que se aparta de la manera como habitualmente pensamos en la vida diaria o en el llamado “mundo de la vida” dado, que nos constituye<a id="_ftnref1" href="#_ftn1">[1]</a>. En efecto, en la vida diaria asumimos como normal muchas cosas: a) consumimos alimentos, productos o mercancías, por ejemplo, compramos ropa porque queremos estar a la moda o vernos bien; b) votamos para las elecciones porque consideramos que participar en la vida política es importante, o c) creemos que la democracia es una <em>institución</em> que debemos defender. Sin embargo, cuando empezamos a pensar con más cuidado o atención los tres puntos anteriores; cuando nos tomamos en serio lo que estamos <em>diciendo o haciendo, </em>nos <em>percatamos</em> (nos damos cuenta) de que <em>hay aspectos problemáticos </em>en esas <em>acciones </em>(lo que hacemos) o en esas <em>creencias</em> (lo que damos por sentado normalmente). Veamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Consumir alimentos es necesario para la vida, para perpetuar nuestro cuerpo, la especie y para la reproducción del todo social o la sociedad misma. Sin embargo, una cosa es consumir para mantener la vida y otra muy diferente es comprar compulsivamente una gran cantidad de productos o mercancías para vernos bien. ¿Qué sentido tiene comprar 50 pares de zapatos si voy a usar cinco o seis? ¿Qué sentido tiene, como hacen muchas personas ricas o con dinero, comprar 10 autos? El consumo de cosas en cantidades innecesarias <em>daña </em>la naturaleza porque implica usar más recursos. Consumir en exceso desgasta la materia viva disponible, es un desgaste material del mundo que daña el planeta, contamina el agua y los ecosistemas vivos. Entonces, si pensamos <em>con atención</em> en el consumo en la época que vivimos, llegamos a la conclusión de que consumir es necesario para la vida, pero, a la vez, de que, si lo hacemos irracionalmente, en exceso, solo por lujo o placer, matamos la vida. Entonces, ahí aparece una contradicción, un problema que tenemos que solucionar, pues es necesario seguir consumiendo para poder vivir, pero necesitamos <em>cambiar nuestros hábitos de consumo</em>, nuestras formas de relacionarnos con el lujo, repensar cuestiones como la relación entre el&nbsp; estatus social, el reconocimiento, la presentación social del sí mismo y la subjetividad<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a>; necesitamos cuestionar el <em>consumismo</em> del capitalismo velocífero porque este destruye el planeta y, al final, pereceremos por nuestros propios hábitos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si pensamos detenidamente los otros dos aspectos mencionados, la política y la democracia, encontraremos también muchos problemas y contradicciones. Por ejemplo, votamos porque tenemos una visión de sociedad que deseamos (más libre, con bienestar social, etc.). Por eso participamos en las elecciones. Sin embargo, cuando elegimos, las personas o los gobiernos que son seleccionados <em>gobiernan para sus intereses personales</em> y no para los intereses de todos los ciudadanos. Se enriquecen ellos con el dinero público, el dinero de todos los ciudadanos que pagan impuestos. En ese caso, nuestra participación no cuenta, no tiene sentido, no tiene efectos y no ha logrado sus objetivos. Y cuando un ciudadano se percata de que su voto no ha servido se <em>decepciona de la política</em>. Pierde interés en la democracia, las elecciones, el bien colectivo, porque sabe que no puede hacer nada. <em>Entonces, el ciudadano pasó de creer en la política a decepcionarse y ser indiferente o apático frente a la política. </em>Llegamos a la conclusión de que es necesario reformatear, cambiar o crear una política nueva, diferente.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos ejemplos nos permiten entender mejor la naturaleza (lo que es) y la importancia del <em>pensamiento crítico</em>. En primer lugar, implica <em>pensar</em>, es decir, ejercer una acción intelectual o &#8220;reflexiva&#8221; sobre un tema, un problema, o lo que se puede llamar un “objeto de estudio”, o de “investigación”. En efecto, pensar es tomar un asunto, un problema, como el consumismo o la política, acercarse a ellos, como objeto de <em>reflexión</em>, y abordarlos para ver <em>lo que nos dicen</em>, pero también para <em>descubrir lo que no está dicho</em>. Es acercarse al problema para <em>ver lo evidente</em>, pero también para <em>darnos cuenta de aquello que no lo es</em>. Para muchas personas <em>consumir, salir de compras, </em>es algo no problemático; defender la democracia es algo de sentido común, que todos aceptan, <em>sin embargo,</em> cuando empiezan a pensar en serio en el consumismo o en la democracia, van a encontrar contradicciones o aspectos problemáticos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En segundo lugar, el pensamiento crítico implica una <em>actitud</em> permanente, una forma de ser. Es una actitud de <em>sospecha</em>, de desconfianza, de duda, de <em>escepticismo</em>, frente a lo que es habitual. Es dudar de lo que normalmente se acepta sin cuestionamiento. El pensamiento crítico consiste en cuestionar el sentido común de la gente, es <em>dudar</em> de las creencias compartidas de las personas en el “mundo de la vida” dado, irreflexivo, y así derribar muchas ideas sin sentido o nocivas. Decía Kant: “deber es de la filosofía el disipar los engaños producidos por la mala inteligencia, aunque para ello sea menester <em>destruir</em> las más queridas y encantadoras ilusiones”<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a>.&nbsp; Por ejemplo, en el cristianismo se piensa que hay un Dios que creó el mundo con todo lo que existe, sin embargo, alguien puede preguntar, ¿Y si el mundo ha existido siempre y si, más bien, fueron los seres humanos los que crearon la <em>idea</em> de Dios? En este caso, el cristiano que afirma que Dios creó el mundo tendrá que pensar en el <em>eternismo</em> que defendían los griegos y responder a la pregunta de una manera justificada, dando razones, dando argumentos, ofreciendo una explicación convincente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En tercer lugar, podemos decir que la crítica es <em>problematización </em>de las cosas, del conocimiento dado, recibido, de las maneras osificadas como comprendemos el mundo. Aquí problematizar implica un <em>pensamiento perspectivistico</em> que me permita “voltear”, “girar”, los problemas, explorar otras posibles aristas; problematizar es determinar y cuestionar las mismas condiciones de posibilidad de la existencia del conocimiento, de la cosa, del asunto. Esta exploración, esta problematización es un “aprender a ver” distinto, por ello exige la activación de la imaginación para poder escapar a las lecturas habituales, habituadas, a los puntos comunes. &nbsp;Solo así es posible escapar a las ideas fijas, esas que operan como cárceles de larga duración para el entendimiento. Esto quiere decir que todo, en principio, puede ser problematizado. Nada puede escapar, como decía Kant, y como antes de él Francis Bacon, al “libre examen”<a href="#_ftn4" id="_ftnref4">[4]</a> de la razón, un examen que debe ser, a su vez, <em>público</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los anteriores sentidos de crítica, son los que encontramos en las obras de Kant, Marx, Nietzsche, la Escuela de Frankfurt. Es una tradición europea muy conocida a la cual debemos sumar la deconstrucción de Derrida y la genealogía de Foucault.  Sin embargo, hay que agregar a esas expresiones otras formas de la crítica surgidas en otras partes, en la periferia, donde son importantes nombres como Enrique Dussel, Achille Mbembe, Silvia Rivera, Rita Segato o los distintos movimientos sociales, colectivos y comunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La crítica no es algo que pertenezca de manera exclusiva a lo que la filósofa colombiana Laura Quintana llama &#8220;espíritus letrados&#8221; en su libro <em>Política de los cuerpos </em>(Herder, 2020). Pensarlo así sería una especie de arribismo intelectual donde los <em>críticos</em> reclaman un &#8220;privilegio epistémico&#8221; sobre otros sujetos sociales. Por lo demás, tales sujetos no son externos a las fuerzas y configuraciones que los componen, también están dentro de lo criticado, pero eso no anula su capacidad de cuestionar ese mundo, más bien, y justo porque están dentro de él, lo pueden interpelar con conocimiento y con propiedad. La crítica siempre se hace desde &#8220;adentro&#8221;, pues no existe la figura del crítico como un sujeto externo que está &#8220;afuera&#8221;, en un &#8220;punto cero&#8221;, del mundo al cual cuestiona. Estamos configurados y somos producto de la <em>gramática material del mundo </em>en el que habitamos. El crítico, por supuesto, también lo está. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora, si la crítica no es patrimonio de &#8220;la ciudad letrada&#8221; y sus sabios, debemos pensar que cualquier sujeto si atiende a sus historicidad radical, la de su comunidad, su entorno, su vida misma, puede cuestionar críticamente el mundo y los efectos que este produce sobre él. Lo vemos todos los días: lo hacen campesinos, indígenas, afros, movimientos sociales y distintos colectivos. Desde sus saberes diversos, sus experiencias de vida, sus legados y cosmovisiones, etc., se enfrentan a formas dominantes y hegemónicas de comprender la realidad, cuestionan el sistema económico, las jerarquías sociales, los ordenes políticos, la cultura hegemónica que los oprime. Esos movimientos y sujetos se percatan de la crisis múltiples de la civilización y, a la vez, ofrecen alternativas a las mismas. Esto indica que una mejor comprensión de la crítica exige <em>des-elitizarla y atender a los saberes populares, ancestrales</em>, pues muchas veces hay más conocimiento útil, pertinente, en el pueblo que en las academias. Lo sabía Fals Borda, lo sabía ya Gramsci a comienzos del siglo XX.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Avatares de la crítica</em></strong> <em><strong>hoy</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el siglo XVIII en Europa la crítica se impuso como un valor, como algo importante para las sociedades. La crítica implicó pensar por sí mismo, sin estar obligado por otro, en desconfiar de la autoridad de la política, de la iglesia o de la tradición. La crítica, como la planteó Kant, exige la <em>autonomía </em>de la razón, es decir, exige que la persona pueda pensar sin la <em>coacción, </em>sin ser obligado por alguien más. Por eso, desde este punto de vista, la autonomía y la libertad de pensamiento requieren personas que puedan pensar sin estar sometidos a poderes externos que nos impongan maneras de ver el mundo, o de entender las cosas. Un esclavo, por ejemplo, al estar sometido al amo, no puede pensar libremente y, por lo mismo, no puede ejercer la crítica, al menos de manera pública. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El ejemplo del esclavo permite, a su vez, cuestionar el mito de la autonomía total o de la transparencia absoluta del sujeto, del individuo, pues este siempre está inmerso en relaciones históricas que lo condicionan. Desde este punto de vista, el crítico no tiene una libertad absoluta, sino una autonomía &#8220;relativa&#8221; que le permite cuestionar su mundo o actuar en él. Así, la libertad relativa del sujeto al interior de la sociedad no impide la crítica, pero permite problematizar la posición kantiana de un sujeto límpido y autónomo que fundamenta y legisla con pretensiones de universalidad. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En los sistemas políticos (Estados con dictaduras, totalitarismos) donde no se pueden criticar las medidas del gobierno, no se puede ejercer la crítica. Actualmente en Estados Unidos no se puede hablar en algunas escuelas de racismo o de bisexuales, transexuales o de crisis climática, etc., porque el gobierno ataca a esas escuelas y no les da financiación. Es decir, en Estados Unidos la crítica y la posibilidad de pensar libremente están en peligro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dice la pensadora Gloria Jean Watkins, más conocida como “bell hooks”: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“A lo largo de la historia de la educación en Estados Unidos, tanto en el sistema escolar público como en la enseñanza superior, las políticas patriarcales, imperialistas, capitalistas y supremacistas blancas han moldeado las comunidades educativas y han influido en la forma en las que se presentaba el conocimiento”<a id="_ftnref5" href="#_ftn5">[5]</a>. </p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Por esa razón, se enseñaba que el pueblo americano era superior o que las mujeres negras (también las blancas) no podían ser “grandes escritoras”, o que la literatura escrita por los negros no era “gran literatura”. Esta cita de Watkins permite también concluir que la educación en general nunca es “neutra”, que no solo se enseña contenidos y temas, sino que estos tienen alguna carga ideológica, ya sea crear “buenos” ciudadanos (lo cual es un fin político), ya sea defender la vida comunista, o reproducir la idea de que el capitalismo y el libre mercado es la mejor forma de vivir nunca vista antes. La educación siempre es política, comporta siempre <em>fines ideológicos, </em>lo cual nos permite comprender, también, que <em>la crítica es peligrosa para el poder</em>, por eso este siempre trata de socavarla, de destriparla. Ya decía Herbert Marcuse: “el ataque al pensamiento crítico e independiente forma parte del control totalitario”<a id="_ftnref6" href="#_ftn6">[6]</a>. &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos de pensamiento crítico nos referimos a una forma de pensar con seriedad, con atención, con detalle; aludimos a un reflexionar que desconfía y cuestiona las cosas, los problemas, la información, los datos, las estadísticas, la inteligencia artificial, los enunciados problemáticos y, que más allá de ello, nos permite cuestionar las creencias generalizadas, el conformismo paralizante, “el pensamiento único homologado” (con su respectivo <em>sentir homologado</em>) que sustentan nuestro mundo<a id="_ftnref7" href="#_ftn7">[7]</a>. Pero la crítica también se expresa de otras formas, en prácticas artísticas, corporales, comunitarias, en expresiones de protesta y de rebeldía, realizadas por sujetos populares y movimientos diversos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La crítica aborda creencias, imaginarios, cosmovisiones, formas de estar, de ser y de actuar en el mundo, las piensa, distingue, discierne, las estima y evalúa; la crítica muestra, ilumina, visibiliza (hace visible), aspectos escondidos o sepultados bajo las configuraciones históricas sedimentadas de la realidad y sus problemas; la crítica también es sospecha, se basa en la duda, en el escepticismo; descree de los dogmas, de las ideas definitivas, desconfía. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La crítica, pues, es el mejor antídoto contra el absolutismo y el dogmatismo; es necesaria para pensar mejor, para hacernos preguntas y plantear problemas inéditos, para pensar por «fuera de los límites y de los marcos de sentido establecidos» y para «descolonizar la mente». La crítica es necesaria para cuestionar el poder político, la normalidad patológica<a id="_ftnref8" href="#_ftn8">[8]</a> que nos envuelve, los medios de comunicación y la información que nos ofrecen. De esta manera, también, podemos acuciar la imaginación para mejorar el mundo en el que vivimos, pues como dice bell hooks “lo que no podemos imaginar no puede llegar a ser”.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Husserl, Edmund. <em>La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, </em>Buenos Aires, Prometeo, 2008, p. 94.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> Baudrillard, Jean. <em>La sociedad de consumo. Sus mitos, sus estructuras. </em>Bogotá: Siglo XXI editores, 2018.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> Kant, Immanuel. <em>Crítica de la razón pura. </em>Volumen I. Barcelona, Ediciones Orbis, 1985, pp. 82-83.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> Bacon, Francis. <em>El avance del saber. </em>Madrid, Alianza editorial, 1988, p. 46.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> bell hooks, <em>Enseñar pensamiento crítico. </em>Barcelona, Rayo verde editorial, 2023, p. 45.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a> Marcuse, Herbert. <em>Razón y revolución. </em>Madrid, Alianza Editorial, 2017, p. 492</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref7" id="_ftn7">[7]</a> Fusaro, Diego. <em>Pensar diferente. Filosofía del disenso. </em>Madrid, Trotta, 2022, p. 35.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref8" id="_ftn8">[8]</a> Fromm, Erich. <em>La patología de la normalidad. </em>Bogotá, Paidós, 2024.</p>





<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
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        <pubDate>Sat, 23 Aug 2025 15:15:02 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Qué es eso del pensamiento crítico?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
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        <item>
        <title>Bacon y Descartes: dos filósofos que murieron “en su ley”.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/filosofia-y-coyuntura/bacon-y-descartes-dos-filosofos-que-murieron-en-su-ley/</link>
        <description><![CDATA[<p>Bacon y Descartes contribuyeron al método desde perspectivas diferentes. El primero, reviviendo la inducción como práctica reglada para alcanzar las llamadas “Formas”; el segundo, creando un método analítico-sintético cuya garantía era la exactitud que ofrecía la matemática. Ambos murieron siendo fieles a su vocación.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">“Morir en su ley” es una expresión coloquial que indica que alguien murió haciendo lo suyo, lo que le gustaba o apasionaba, es decir, significa dejar la existencia bajo sus propios términos, más precisamente, implica morir siendo fiel a la vocación, a lo que se es, se ama, se hace. Fue lo que les ocurrió al canciller y filósofo inglés Francis Bacon y a Descartes, ambos padres de la revolución científica del siglo XVII y, en distintos registros, de la filosofía moderna. Bacon pasó a la historia como padre del empirismo moderno; Descartes, del racionalismo y, según Heidegger y otros, como el creador de la una <em>metafísica</em> <em>de la subjetividad</em> fuente del dominio del mundo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los dos pensaron y escribieron como si fueran adanes del pensamiento, con conciencia de estar fundando algo nuevo, de ser los iniciadores de una filosofía inédita. Ambos, como hijos de su época, fueron influidos por las grandes transformaciones que ocurrieron durante El Renacimiento: los descubrimientos geográficos, especialmente, el de América, la creación de la imprenta, los descubrimientos de Copérnico (el heliocentrismo) y Kepler (las órbitas elípticas), hechos que pusieron en aprietos a la escolástica de la época, al saber geográfico y cosmológico,  justamente porque se mostraban incapaces de poder explicar la realidad. Debido a que el <em>corpus de saber</em> vigente entraba en franco choque con el mundo, o no lo podía explicar, se produjo una oleada de escepticismo. Pirrón y Sexto Empírico, por ejemplo, resucitaron y el sentimiento de duda invadió el siglo XVI. Una cosmovisión entraba, también, en crisis: eran los albores de la modernidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, el conocimiento llegado de la periferia, producto muchas veces de lo que podemos llamar <em>extractivismo epistémico, </em>aceleró la crisis del conocimiento y del saber. Nos dice Principe Lawrence en su texto <em>La revolución científica: una breve introducción:</em></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Durante unos cien años, prácticamente todos los informes y especímenes que transformaron los conocimientos europeos sobre las plantas, los animales y la geografía entraron en Europa a través de España y Portugal. Resulta difícil imaginar el torrente de datos que inundó Europa procedente del Nuevo Mundo. Las noticias sobre nuevas plantas, animales, minerales y medicinas, y los informes sobre nuevos pueblos, lenguas, ideas, observaciones y fenómenos llegaron a saturar la capacidad de procesamiento del Viejo Mundo. <em>Lo que se produjo fue un auténtico exceso de información que exigía revisar las ideas sobre el mundo natural y elaborar nuevos métodos de organización del conocimiento”</em>. (2013, pp. 32-33).&nbsp;</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Pues bien, si los conocimientos de una época estaban errados, lo que había que cambiar era la manera de <em>producir conocimiento. </em>Por eso ante la ola de escepticismo e inseguridad epistémica producidos en el siglo XVI, la respuesta fue el <em>método</em>. El XVII es el siglo del método, tal como lo ejemplifican perfectamente las dos obras más famosas de Bacon y Descartes: <em>El Novum Organon </em>(una de las partes de una obra mayor llamada <em>La Gran Restauración</em>)de 1620, y <em>El discurso del método </em>de 1637, respectivamente. &nbsp;El método fue, pues, el camino seguro, el hilo de Ariadna para navegar la naturaleza y extraer sus secretos; la manera de conocer la gran máquina del mundo y, desde luego, transformarla. El método fue la respuesta a la inseguridad y al escepticismo que se había producido en Europa por los hechos mencionados arriba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bacon y Descartes contribuyeron al mismo desde perspectivas diferentes. El primero, reviviendo la <em>inducción</em> como práctica reglada para alcanzar las llamadas “Formas” o “Leyes de la naturaleza”; el segundo, creando un método analítico-sintético cuya garantía era la exactitud que ofrecía la matemática (geometría) todo fundamentado en la <em>certeza del yo, de la existencia del sujeto pensante </em>(Descartes, 1986)<em>.</em> Schelling lo dijo de esta manera en su <em>Introducción a la filosofía moderna:</em></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“</em>[Descartes] comenzó rompiendo toda relación con la filosofía anterior, borrando así, como con una esponja, todo lo que se había hecho en esta ciencia anteriormente y construyéndola de nuevo desde el principio, como si antes de él no se hubiera filosofado nunca”. (2025, p. 63).</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Si en la escolástica al uso en la época se aceptaban los dogmas o los principios sin mayor discusión, la apuesta de Descartes consistió en aplicar la <em>duda</em> y dudar de todo. La duda fue el disolvente del dogmatismo. Descartes vio en este escepticismo metódico el camino para sentar las bases de la ciencia y de una nueva filosofía. Bacon había hecho algo parecido: había criticado todo el saber anterior, incluido el de Aristóteles, los argumentos de autoridad, la tradición, llamó a superar la vieja filosofía e hizo énfasis en que era siempre mejor partir del error que de la certeza, pues esta última no llevaba a nada, mientras el error empujaba hacia la verdad. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La inducción era ese camino seguro para alcanzar las leyes de la naturaleza y posibilitar que el hombre hiciera todas las obras posibles favoreciendo “el imperio humano sobre el universo” (Bacon, 2011). Hay que decir, también, que ambos fueron críticos del silogismo, pues este solo servía para reproducir verdades ya sabidas y no permitía adquirir nuevo conocimiento natural, de esa manera (y esto ocurrió también en Descartes) se continuó con la des-aristotelización del pensamiento en el siglo XVII.   </p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, los dos aportaron a la ciencia y a la filosofía, tal como fue reconocido posteriormente por pensadores de la talla de Voltaire, Kant o Schelling. Es cierto que<em> Bacon no llegó a la matematización de la naturaleza </em>como sí lo hicieron Descartes y Galileo, pero revivió la lógica inductiva (teniendo en cuenta las instancias negativas, lo cual prefiguraba el falsacionismo de Karl Popper), planteó la necesidad de la <em>experimentación</em> científica y contribuyó a que la ciencia se fijara de nuevo en el mundo, en la realidad, incluyendo los saberes prácticos o artes mecánicas (Pachón, 2019). A estas labores científicas y filosóficas (también políticas en el caso del Canciller inglés) los dos dedicaron toda su vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el artículo que Gardiner escribió para el <em>Dictionary Of National Biography </em>en 1895 sostuvo que:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“a fines de marzo de 1626 […] Bacon dejó su coche para recoger nieve con el propósito de rellenar una gallina, a fin de observar el efecto del frio en la conservación de la carne. Al hacerlo tomó un resfrío […] y murió el 9 de abril, de la enfermedad que hoy se llama bronquitis”. (2013, p. 50).</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Bacon murió en su ley: investigando. Él pensaba que la naturaleza estaba compuesta de <em>naturalezas simples o cualidades, </em>tales como el frio, el calor, la ductibilidad, lo húmedo, la densidad, lo raro, etc. Llegó a esta conclusión porque son esas cualidades las que experienciamos de manera sensible en el contacto que tenemos con el mundo, entonces, concluyó que, si se conocía la <em>Forma</em> de esas cualidades, se accedía a las leyes mismas de la naturaleza, a sus secretos con lo cual era posible diseñar un mundo técnico-científico con “aviones”, &#8220;teléfonos&#8221;, trasplantes, medicinas y todo tipo de artefactos, que suplieran las necesidades humanas, tal como lo planteó en su utopía <em>La Nueva Atlántida </em>y en <em>Magnalia Naturae </em>de 1627 (<em>The Works</em>, V, pp. 415-416).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, como nos cuenta Cirilo Flórez Miguel en su estudio introductorio “René Descartes, la constitución de la modernidad” a la edición de Gredos de algunas obras de Descartes, en 1649 la reina Cristina de Suecia invitó a Descartes a su corte. Él &nbsp;</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Acordó reunirse con la reina en su biblioteca a las <em>cinco de la mañana</em>, momento en el que ella, libre de sus ocupaciones de gobierno, podía dedicarse al cultivo de la filosofía. <em>Descartes se levantó a las cuatro</em> para acudir a este encuentro, y como consecuencia del frio que hacía a esta hora temprana cogió la neumonía que acabó con su vida.&nbsp; […] Después de pocos meses en este clima frio del norte, la mañana del 11 de febrero de 1650 murió en Suecia”. (2014, p. XVI).</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Descartes, como es bien sabido, compartía sus investigaciones y realizaba intercambios epistolares con teólogos y pensadores de su tiempo. Con esas prácticas, se inauguraba la idea de que la ciencia era un producto comunicable, validable por la comunidad científica y de que la filosofía era dialógica, no era una ocurrencia de mentes solitarias. Descartes murió compartiendo su saber, sus reflexiones, retroalimentándolo. Como Bacon, fue victima del frio, y como él, aunque en mayor medida, forma parte del panteón de la filosofía moderna.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Referencias</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Bacon, Francis.<em> </em><em>La gran restauración</em> (Novum Organum) [1620]<em>, </em>Madrid: Tecnos, 2011. Traducción, Introducción y notas de Miguel A. Granada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Descartes, R. (1986). <em>Discurso del método, </em>Madrid: Alianza Editorial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Flórez, Miguel. (2014). “Rene Descartes, la constitución de la modernidad”. En Descartes. <em>Reglas para la dirección del espíritu, Investigación de la verdad por la luz natural, Discurso del método, Las pasiones del alma, Tratado sobre el hombre. </em>Madrid, Gredos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gardiner, S.R. (2013). Años decisivos en la vida pública de Bacon”. En: <em>La Nueva Atlántida. </em>Buenos Aires, Losada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pachón, D. (2019). [Tesis doctoral] <em>El imperio humano sobre el universo. La filosofía natural de Francis Bacon. </em>Bogotá: Ediciones Desde abajo. <em>&nbsp;</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Principe, Lawrence. (2013). <em>La revolución científica: una breve introducción </em>(Traducción de Miguel Paredes Larrucea)<em>, </em>Madrid: Alianza Editorial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Schelling, F. (2025). <em>Introducción a la filosofía moderna. </em>[Traducción de Jorge Aurelio Díaz], Bogotá: Siglo del hombre editores.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>The Works of Francis Bacon, </em>(James Speeding, Robert Leslie Ellis y Duglas Denon Heath, eds.), 1857-1874. Boston: Houghton, Mifflin and Company: The Riverside Press, Cambridge. En:&nbsp; <a href="http://onlinebooks.library.upenn.edu/webbin/metabook?id=worksfbacon">http://onlinebooks.library.upenn.edu/webbin/metabook?id=worksfbacon</a>, incluye <em>The life and Letters of F.&nbsp; </em><em>Bacon including all his ocassional works </em>(J. Speeding, editor).</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=119198</guid>
        <pubDate>Sun, 10 Aug 2025 22:11:42 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Bacon y Descartes: dos filósofos que murieron “en su ley”.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>Una ontología histórica del poder: contra el anarcocapitalismo y otras formas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/filosofia-y-coyuntura/una-ontologia-historica-del-poder-contra-el-anarcocapitalismo-y-otras-formas/</link>
        <description><![CDATA[<p>El politólogo y filósofo Iván Darío Ávila, uno de los referentes actuales en la reflexión sobre el antiespecismo, el animalismo, el anarquismo, y los problemas conexos, presenta este texto sobre la ontología histórica del poder como una alternativa frente al anarcocapitalismo y otras formas estructuradas y normalizadas de la dominación capitalista, estatalista y patriarcal. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">[<strong>A propósito de la publicación del libro <em>Fuerzas y formas: ensayos de anarquismo postestructural</em> (Bogotá: Desde Abajo, 2025</strong>]</p>



<p class="wp-block-paragraph">El autor invitado, Iván Darío Ávila, es Doctor en Filosofía, magíster en Filosofía y magíster en Estudios Culturales (Universidad de los Andes). Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia. Docente e investigador de la Universidad Nacional de Colombia. Autor de varios libros, entre ellos, <em>Esa metafísica que no es Una: Materialismo inmanente, conocimientos corporizados y formas de vida posthumanas</em> (Desde abajo, 2023) y <em>Rebelión en la granja. Biopolítica, Zootecnia y Domesticación</em> (Desde abajo, 2017). </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="1024" width="755" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/08/libro-id-755x1024.jpg" alt="" class="wp-image-119063" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Hacia una ontología histórica del poder</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué publicar una pequeña colección de textos bajo el título <em>Fuerzas y formas:</em> <em>ensayos de anarquismo postestructural</em>?</p>



<p class="wp-block-paragraph">En primer lugar, existe un motivo coyuntural. Aunque siempre ha habido una gran pluralidad de corrientes anarquistas, durante mucho tiempo el anarquismo estuvo asociado principalmente, de diferentes maneras, al anticapitalismo. Eso parece estar cambiando. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta hace relativamente poco, se comprendía con claridad que las sociedades capitalistas, en tanto sociedades de clases —donde unas dominan y explotan, mientras que otras son dominadas y explotadas—, debían ser superadas junto con la familia patriarcal y la forma-Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas últimas instituciones se asumían como elementos fundamentales no solo para la reproducción de la dominación capitalista, sino también para la perpetuación de la dominación masculina y aquella asociada a las élites y clases político-burocráticas. La superación de la dominación capitalista, estatista y patriarcal era un horizonte político compartido por las principales tradiciones anarquistas y marxistas, aunque diferían en los medios para lograrla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, <strong>el siglo XXI nos sorprendió con la consolidación de una improbable pero difundida asociación entre anarquismo y capitalismo, la cual ha llegado a su <em>quid</em> con figuras como Javier Milei en Argentina.</strong> La difusión de esta paradójica asociación ha sido tan exitosa que, actualmente, <em>mucha gente vincula el adjetivo “libertario” exclusivamente a posturas “anarcocapitalistas” neoconservadoras, como la de Milei.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La paradoja además es doble. Personajes como Milei aluden a la necesidad de librar una “batalla cultural” con el objetivo de establecer un nuevo sentido común, pero además se refieren a la necesidad de conquistar el Estado con el fin de destruirlo y, así, hacer realidad su utopía “anarcocapitalista”, en la que <em>la sociedad </em><em>—</em><em>comprendida como conjunto de actores económicos que compiten en un escenario de libre mercado</em>— <em>se autorregularía</em>, sin necesidad de ningún tipo de coerción o dominación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La paradoja reside en que este es un calco simplificado de una estrategia proveniente de la tradición marxista, en especial de la gramsciana “guerra de posiciones”, acompañada de su distinción entre dirigir a los aliados mediante el consenso cultural y dominar a los enemigos a través de la coerción estatal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, la segunda parte de la paradoja consiste en que, pese a las apariencias, la estrategia “anarcocapitalista” no solo no se remonta al anarquismo, tampoco <em>stricto sensu</em> al marxismo heterodoxo de intelectuales como Labriola y Gramsci, sino al viejo “realismo político” (<em>Realpolitik</em>), perspectiva que a menudo, lamentablemente, se confunde con lo que Labriola y el propio Gramsci denominaron “filosofía de la <em>praxis</em>” o “materialismo histórico”. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Uno de los móviles que anima la publicación del libro Fuerzas y formas es mostrar que el “realismo político” nunca ha sido afín a perspectivas emancipatorias, puesto que su fundamento epistemológico es una racionalidad instrumental u operativa burdamente aplicada a la comprensión de lo político.</em> Vale precisar que esta racionalidad presupone, para su ejercicio, las dicotomías sujeto/objeto y medios/fines.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La racionalidad operativa, aplicada a la esfera de lo político, intenta hallar los medios adecuados para obtener o conservar el poder —comprendido como posición de dominación—, motivo por el cual lo político se presenta como un espacio de conflicto y competencia entre actores que, esencialmente, desean dominar. Desde dicha óptica, <em>el sujeto cognoscente se ubica en la posición de quien domina o de quien desea dominar, mientras que las “masas” o el “pueblo” quedan reducidos a objetos pasivos de disputa por parte de quienes compiten por ocupar las posiciones de mando.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">A lo largo del primer ensayo, me esfuerzo por demostrar que en la tradición “realista” hay una reducción del poder a lucha por <em>la dominación y ejercicio de dominación</em>, cuestión que ha marcado la forma hegemónica de entender la política en Occidente, y que se remonta a autores como Weber, Hobbes y Bodin, así como a las lecturas “realistas” de Maquiavelo y Tucídides.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más recientemente, esta forma reduccionista de entender el poder y la política se manifestó en términos renovados con el debate entre la corriente del pluralismo en ciencia política, cuyo gran referente es Robert Dahl, y la sociología de las élites, con figuras destacadas como Robert Michels, quien terminó militando en el fascismo italiano. El debate entre partidarios de Dahl y Michels oblitera una genealogía común, la cual conduce directamente a Weber y sus definiciones de poder en general y dominación legítima en particular: <em>“posibilidad de imponer la propia voluntad sobre la conducta ajena” y “probabilidad de obtener obediencia ante un mandato”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su parte, la “filosofía de la <em>praxis</em>” se fundamenta en textos como <em>La ideología alemana</em>, de Marx y Engels, o a las <em>Tesis sobre Feuerbach</em>, de Marx, y proviene de un linaje que se remonta a las lecturas materialistas de autores como Spinoza, Maquiavelo y Epicuro. <em>Para la “filosofía de la praxis” la realidad no es un objeto pasivo dispuesto para el control racional, sino un híbrido de determinación e indeterminación, orden y desorden, formas y fuerzas, o como dirían Félix Guattari y Gilles Deleuze: cosmos y caos.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Gustav Landauer, un desconocido autor anarquista que inspiró en su momento a Orlando Fals Borda, denominó a esas dos dimensiones de <em>lo real</em> “topía” y <em>“utopía”, donde la utopía no es un lugar de llegada aún inexistente, sino un nombre para las potencias de lo real que anidan en lo existente</em>. Curiosamente, <strong><em>Marx y Engels definen el comunismo en La ideología alemana, guiados por una intuición similar, no como un punto de llegada, sino como el “movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual”.</em></strong>&nbsp; &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En síntesis, <em>esto significa que en todo orden (conjunto de formas) anida una potencia (fuerzas en juego) que posibilita superarlo, por lo que el papel de la razón radica en hallar dicha potencia, en detectar las fuerzas vivas capaces de superar o alterar el orden establecido</em>. Pero además la razón no funciona desde un exterior metafísico, sino incardinada en la propia realidad material. <em>La razón siempre se ubica en un campo histórico de fuerzas y relaciones, en consecuencia, conocer la realidad es inevitablemente alterarla y verse alterado por esta.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, la “filosofía de la <em>praxis</em>” siempre involucra una toma de partido situada y creativa. Pensar es pensar-con la realidad entera, especialmente con los sujetos históricos que la constituyen. En contraste con la óptica “realista”, primero<em>, <strong>la razón no constata lo dado para manipularlo</strong></em><strong>, intenta detectar las fuerzas o las potencias capaces de superar lo dado (superar la dominación); segundo, no comprende a los sujetos históricos como “masas pasivas”, sino precisamente como fuerzas activas <em>con</em> las que se piensa y actúa; y tercero, pensar es inevitablemente <em>crear</em>.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Este último aspecto ha sido muy bien explorado por autoras feministas como <strong>Donna Haraway, quien propone reconsiderar la ciencia como ciencia ficción, es decir, una ciencia que no solo constata hechos, sino que los fabrica, los crea de manera condicionada, pues opera <em>en</em> el mundo.</strong> De ahí que <strong>los conceptos sean comprendidos por ella como figuraciones o ficciones políticas</strong>, asunto transversal a los nueve ensayos que componen <em>Fuerzas y formas</em>.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La lucha contra la dominación capitalista, estatista y patriarcal conllevaba, tanto en las tradiciones anarquistas como en las marxistas (heterodoxas), una lucha contra la dominación que se expresa en el terreno epistemológico. Dominación epistemológica que se produce, especialmente, como lo ha explicado minuciosamente la Escuela de Frankfurt, a través de la <em>absolutización</em> de una racionalidad instrumental u operativa. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El “anarcocapitalismo” no solo termina afirmando la necesidad de afianzar la dominación cultural (conquista de los “aparatos ideológicos”) y física (conquista del “aparato represivo” del Estado), sino que además lo hace con la meta de establecer un mercado “autorregulado”, que no es nada diferente a la distopía de una dominación capitalista absoluta. Todo lo anterior sin cuestionar e incluso reforzando la dominación heteropatriarcal, capacitista, colonial y sobre la Tierra en su conjunto, y acompañado de una absolutización de la racionalidad instrumental u operativa, traducida en el terreno político como mera <em>Realpolitik</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De hecho, <strong>la propia figura de un personaje como Javier Milei ha sido cuidadosamente fabricada con el fin de movilizar a las “masas pasivas” que, deseando mayor libertad, terminan consintiendo su propia dominación.</strong> En este contexto, debería ser motivo de preocupación que una parte de la izquierda crea que la derecha contemporánea “ha comprendido mejor a Gramsci” que la propia izquierda, reproduciendo la indistinción entre “realismo político” y “filosofía de la <em>praxis</em>” o “materialismo histórico”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La derecha contemporánea no “comprendió mejor a Gramsci”, ni tampoco es anarquista o libertaria, simplemente moviliza en clave funcional deseos, algunos de ellos libertarios y otros revanchistas o represivos, mediante técnicas que fácilmente podríamos comprender desde autores como Weber, Michels y Schmitt</strong>. No captar la diferencia involucra ceder espacio para una dominación epistemológica que funciona de manera entrelazada con otros tipos de dominación. Esta reflexión inspiró la escritura del apartado fragmentario con el que finaliza <em>Fuerzas y formas</em>, titulado <em>Escolios para un marxismo implícito</em>.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En segundo lugar, existe un motivo no tan coyuntural, pero igualmente histórico, para la publicación de nuestra colección de ensayos. Me parece que hoy no solo necesitamos una analítica del poder donde este no sea reducido a dominación y lucha por la dominación, <strong>también requerimos una concepción del poder que abarque decididamente tanto lo humano como lo no humano.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La reconceptualización del poder más allá de la lógica de la dominación es llevada a cabo a partir de autores clásicos como Simmel, Tarde y el mencionado Landauer, pero en especial mediante una lectura situada de Foucault, Deleuze y Guattari. Aquí la apuesta es por una suerte de <em>ontología histórica del poder</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se trata de una <em>ontología</em> <em>histórica</em> debido a que, por un lado, atiende a las mencionadas preocupaciones históricas, pero por otro lado, debido a que conlleva una concepción de la <em>realidad</em> relacionada con la emergencia de una nueva <em>episteme</em> u orden del discurso científico, que se identifica en cierta medida con algunos de los principales planteamientos asociados a la computación y a la física cuántica o microfísica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde este punto de vista, <strong>la realidad es percibida como una pluralidad virtualmente ilimitada de fuerzas (concepción “energética” del poder), la cual se organiza en campos donde se cristalizan diversas estructuras, formas y formaciones tecno-bío-físico-sociales.</strong> <strong>Los campos de fuerzas no se reducen a campos de lucha (conflicto), son también espacios de alianza, resistencia, negociación, refuerzo, seducción, etcétera. </strong>Es <em>en</em> estos campos que adquieren consistencia los estratos físico-químico, orgánico y aloplástico, el último caracterizado por la técnica y el lenguaje. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ende, <strong>los diversos sujetos, objetos y formas en general, humanos y no humanos, se encuentran diversamente ensamblados y poseen tipos de agencia diferenciados en virtud de sus fuerzas constitutivas (<em>filogenia</em>), sus modos de singularización (<em>ontogenia</em>) y sus tipos de individuación.</strong> <em>No son fundamentos de la realidad, sino modos de existencia constituidos en campos de fuerzas, en campos de estructuración. En resumen, dicha analítica del poder posibilita reconsiderar el asunto de las estructuras en clave performativa (procesual) y posthumanista.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, como apunté, <em>lo anterior está lejos de ser un capricho teorético o academicista. Más bien atiende a los retos que implican las discusiones en torno al Antropoceno y a la llamada inteligencia artificial, la crisis socioecológica, la irrupción de movimientos antiespecistas y ecologistas, la aparición de movimientos decoloniales capaces de comprender la politicidad de agentes y fuerzas no humanas, entre muchos otros eventos característicos de una buena parte del siglo XX, pero que se han expresado con mayor ahínco en lo corrido del siglo XXI.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esos flujos de fuerzas y campos de poder, en donde los ejercicios y las formas de dominación son solo uno de sus posibles resultados, no el único ni mucho menos algo necesario, son a su vez asumidos figurativamente como <em>flujos de información</em>, pues <strong>la realidad entera</strong> —así lo recuerda el concepto de “archiescritura” derrideano— <strong>es un <em>entramado de historias en escritura permanente</em>. “Informar” es comunicar una historia que <em>se está escribiendo</em>, pero también el <em>acto de “dar forma”.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese flujo escritural, en principio impersonal, se constituyen históricamente todo tipo de mobiliarios, escenografías y personajes, tanto humanos como no humanos. Las autoras y los movimientos (trans)feministas han insistido siempre en que comprender mejor el mundo implica habitarlo de otros modos, escribir nuevas historias, fabricar nuevas escenografías o jugar con las establecidas para recomponerlas radicalmente. <em>Fuerzas y formas</em> es un modesto intento, <em>realmente modesto</em>,como diría Haraway, de afrontar colectivamente, con ironía, esperanza y alegría, algunos de los problemas de nuestro tiempo y mundos compartidos, sin olvidar lo que nos separa de los adversarios.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;<a></a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Nota</strong>: &nbsp;<em>Las reflexiones que a continuación se presentan fueron parcialmente suscitadas por la lectura del prefacio que amablemente escribió el profesor Alfredo Gómez Muller, reconocido investigador de la historia y el pensamiento anarquista. Le agradezco también al profesor Damián Pachón, incansable promotor de la filosofía latinoamericana y colombiana, su invitación a publicar este texto.&nbsp;&nbsp;</em></p>
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        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
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        <pubDate>Fri, 08 Aug 2025 14:35:21 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Una ontología histórica del poder: contra el anarcocapitalismo y otras formas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>Producir la guerra, acumular la tierra en Colombia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/producir-la-guerra-acumular-la-tierra-en-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Filosofía y coyuntura presenta este texto del filósofo Hernán Alejandro Cortés, en el cual nos cuenta las apuestas principales de su interesante tesis doctoral con la Universidad de los Andes. En ella  aborda la relación guerra y acumulación de la tierra en Colombia.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hernán Alejandro Cortés Ramírez, nuestro autor invitado, es Doctor en filosofía de la Universidad de Los Andes. Licenciado en filosofía de la Universidad Santo Tomás. Autor del libro <em>El animal diseñado: Sloterdijk y la ontología de lo humano</em>. Co-fundador de REC-Latinoamérica. Ha sido profesor universitario y de colegio. Actualmente es asesor en la Consejería de paz del Gobierno Nacional.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong>Por: Hernán Alejandro Cortés.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué puede decir la filosofía política sobre la acumulación de tierras en Colombia? En resumidas cuentas, fue esa la pregunta que formulé para escribir mi tesis de doctorado. Pero, antes de contar cómo me ocupé de eso, quiero dar un breve rodeo. Cuando inicié mis estudios en filosofía las discusiones giraban en torno a lo que los filósofos del canon europeo formulaban como respuesta a las preguntas que su época les planteaba. Las fascinantes páginas de los <em>Diálogos</em> de Platón o los aforismos de Heráclito eran nuestros temas de discusión, comentarista tras comentarista, íbamos persiguiendo alguna verdad en ese discurso y, atendiendo a sus particularidades, elucubrábamos hipótesis sobre el sentido de sus formulaciones y la rigurosidad de sus argumentos. Estudié en la Facultad de Filosofía de la Universidad Santo Tomás en donde, a mediados de los años 70, un grupo profesores sacudió la doctrina de esa forma de enseñanza y, en lugar de ocuparse de manera exclusiva de las interpretaciones de los autores europeos hombres, decidió sacudir el molde y preguntarse por la existencia de la filosofía latinoamericana. Fue en ese camino en el que aprendí que la filosofía tiene expresiones locales que se ocupan de los interrogantes que el presente le demanda, el imperialismo, la liberación, la autenticidad, y otros temas, pasaron a ocupar una agenda de investigación marcada por la fenomenología y la hermenéutica. En la Santo Tomás también conocí a Santiago Castro-Gómez quien me enseñó a indisciplinar la filosofía a través de las preguntas por el presente y a interrogarlas con el hacer del genealogista. Esa forma de comprender la filosofía también fue delineando mis posturas políticas y militar en algunos colectivos de izquierda fue determinante para escribir: <em>Producir la guerra, acumular la tierra. Neoliberalismo y necropolítica en Colombia</em> mi tesis de Doctorado recientemente sustentada en la Universidad de los Andes. Sea esta la oportunidad para agradecerle a Carlos Manrique y Alhena Caicedo su dedicación en la dirección de la misma y a Julio Arias y Juan Ricardo Aparicio por ser lectores generosos y críticos. &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="225" height="225" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/07/Portada-El-animal.jpeg" alt="" class="wp-image-118310" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/07/Portada-El-animal.jpeg 225w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/07/Portada-El-animal.jpeg?resize=150,150 150w" sizes="auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Más que un texto acabado el trabajo pretende abrir una senda de investigación que se circunscribe en torno a una lección metodológica, que para asumir una actitud crítica es preciso: “desubjetivar la cuestión filosófica a través del contenido histórico, así como interrogar el contenido histórico acerca de sus efectos de poder” (Foucault, 2007, p. 22). Incorporando esa precisión el trabajo intenta conjugar las ricas reflexiones elaboradas por la literatura de las ciencias sociales en Colombia con las discusiones de la filosofía política contemporánea. De esta manera, cruzo discusiones tan diferentes como las Gutierrez Sanín, Alejandro Reyes, Catherine LeGrand, Orlando Fals Borda con discusiones hechas por Marx, David Harvey, Achille Mbembe, Rita Segato y Sayak Valencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mi tesis principal consiste en pensar el neoliberalismo como una práctica de gobierno que está ordenada por una racionalidad de acumulación desmedida, por una especie de deseo que ordena el mundo del capital en torno a un impulso que va en contravía de la finitud misma de la vida.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;Dicha contradicción se expresa de formas crueles (necropolíticas) en los contextos del sur global en donde la vida es reducida a un objeto intercambiable dentro del impulso voraz de la acumulación. Así, ecosistemas enteros son arrasados por proyectos de minería a cielo abierto, grupos armados ocupan y confinan territorios enteros para controlar las rentas de las economías ilegalizadas, proyectos agroindustriales de gran escala reemplazan las redes de vida por un paisaje cuya imagen es la rentabilidad; en ese panorama es que tiene sentido la expresión <em>producir la guerra, acumular la tierra</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es que la guerra se produzca para acumular tierras, como bien lo ha señalado Diana Ojeda, sino que en el marco de la producción de la guerra la economía política del capital canaliza la negación del otro en una separación que está ordenada por el impulso rector de la acumulación. Para pensar este problema acudo a las reflexiones que Marx elabora en <em>El capital</em>, tratando de pensar que la acumulación no es solo una suma de puntos en el espacio, sino que, fundamentalmente, es la concreción de una <em>separación</em> en el mundo material de dos tipos de sujetos: quienes pueden reproducir su vida por sus propios medios y aquellos que, subordinados por los primeros, están profundamente limitados en la reproducción de su vida a través de mecanismos de coerción materiales. Si pensamos la acumulación como la concreción de esa separación, entonces, esta entraña una contradicción: la de apelar a una suma infinita en medio de un mundo finito. La guerra opera como la exacerbación de esa contradicción, en la medida que produce espacios ocupados que intensifican la separación.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Para nadie es un secreto que si uno cruza los mapas de la guerra en Colombia con los de la tierra acumulada las coincidencias resultan desgarradoras.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">De esta manera propongo hacer una lectura del problema de la acumulación de la mano del problema de la guerra como conceptos que ayudan a entender lo que están en juego en las dinámicas del despojo y en la configuración de los espacios que el capital demanda como suyos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un segundo conjunto de problemas que aborda la tesis tiene que ver con tratar de pensar ¿qué es precisamente lo que la permite a este par guerra/acumulación perpetuarse en el tiempo? Una de las respuestas que se han elaborado desde las ciencias sociales en Colombia apunta a señalar que es la “ausencia” del Estado en diferentes espacios del territorio nacional la que ha posibilitado la concentración de la tierra y la proliferación de la guerra. Sin embargo, siguiendo la pista de los trabajos de Fernán González, la tesis asume que en lugar de una “ausencia” del Estado <em>lo que ha existido es una presencia diferenciada en espacio y tiempo, caracterizada por la consolidación de un poder regional que habría que pensar en sus particularidades. Con esta lección en mano habría que pensar el Estado no como un movilizador que irradia desde el centro un orden, sino que se configura socioespacialmente en intensidades y modulaciones distintas de acuerdo con el conjunto de relaciones sociales que se despliegan en cada territorio<strong>.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La guerra no se produce, exclusivamente, por la ausencia de las instituciones, por el contrario, la guerra es productora de espacios ocupados para favorecer modelos en los que la renta de la tierra es hegemónica. La narrativa sobre la ausencia del Estado permitió que actores armados como las Autodefensas Unidas de Colombia construyeran un relato sobre la necesidad de la seguridad como condición para el desarrollo de un proyecto de nación del que luego emergieron grandes complejos agroindustriales en donde el trabajo y las redes de vida fueron subsumidas por la lógica de una porción del capital rentista.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;En este punto vale la pena destacar las críticas que diferentes teóricos de la colonialidad del poder han elaborado al pensar el Estado como un producto euromoderno que se mueve con una lógica de distribución que irradia desde el centro hacia afuera su poder y que ha facilitado que la narrativa de la constitución del Estado provenga de un centro ilustrado y racional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De esta manera, pienso la acumulación como un fenómeno complejo que debería analizarse en sus particularidades históricas. En el tercer capítulo introduzco el concepto de <em>ocupación</em> del filósofo camerunés Achille Mbembe para pensar el caso específico de los Llanos Orientales, tratando de señalar cómo <em>en la historia reciente de los llanos han existido de facto un gobierno privado indirecto, en el que diferentes actores armados han propiciado una cierta forma de ordenamiento territorial. </em>Aunque la historia de los Llanos es muy extensa, detallo como el proceso de acumulación de tierras ha sufrido tres ocupaciones. Una primera ocupación colonial, encarnada en el modelo de la hacienda jesuita que tiene como principal actor el desarrollo de la ganadería. Una segunda ocupación armada que tiene dos expresiones, la intromisión de las insurgencias en la economía política del narcotráfico y una disputa por la consolidación de latifundios y el lavado de activos que se desplegó tras la conformación del Bloque Centauros de las Autodefensas Unidas de Colombia y su disputa con las Autodefensas de Casanare y Vichada, en esta dinámica tuvo lugar el despliegue de una necropolítica que convirtió la vida de miles de víctimas en un instrumento para los fines de una guerra que benefició la consolidación del gran propiedad de la tierra. Y, finalmente, una ocupación neoliberal, desplegada por el desarrollo de la Ley ZIDRES y del Plan Renacer la Orinoquia. Todas estas formas de ocupación tienen como eje la transformación de las redes de vida que habitaban el territorio en objetos productores de renta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el cuarto capítulo me ocupo de pensar cómo diferentes lecturas sobre el problema del neoliberalismo han perdido de vista esta dinámica necropolítica que tiene unas profundas repercusiones a nivel geopolítico y que deberían hacer parte del repertorio de análisis político y académico. Siguiendo la línea de Dardot y Laval, asumo que <strong>el neoliberalismo es una opción por la guerra civil que emprenden poderes oligárquicos sobre las poblaciones, una guerra que abre frentes en todos los niveles y que está profundamente imbricada en las relaciones que desplegamos con el mundo de deseos que se repite en las pantallas digitales. </strong>En ningún momento se trata de pensar el neoliberalismo como una cosa que se puede denunciar y ya, poder decir somos antineoliberales no tiene ningún sentido, si no logramos desentrañar esa lógica desde dentro en nuestras relaciones, posar de <em>anti</em> es solo una forma de creerse un crítico del capitalismo, como les pasa hoy a muchos militantes de Instagram. Creo, por el contrario, que <em>se trata entender la forma en la que este se despliega y repliega incluso en las contradicciones que terminan por pesarnos en la cotidianidad.</em> Finalmente, como lo he aprendido en espacios de militancia como REC y Fuerza Común <em>producir teoría crítica no tiene otro horizonte distinto a poder encontrar vías para una emancipación que, contra el deseo de la acumulación, ponga en el centro la vida; que, ante la vorágine del despojo pueda repotenciar las redes de vida que emanan de la imbricación entre humanos y no humanos; que, ante el deseo individualizado y egoísta, se permita imaginar otras formas de relación que no estén mediadas por la renta. Apuesto por la filosofía como una forma de asumir una actitud crítica contra el cinismo ideológico de nuestro tiempo.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, sea esta la oportunidad para destacar la gran potencia del pensamiento crítico en Colombia que, como dice mi amigo Carlos Arturo López es de una riqueza impresionante. La rigurosidad de los historiadores, el compromiso de los antropólogos, el trabajo minucioso de los sociólogos para entender lo que nos pasa es la muestra de una voluntad que se opone a que la guerra sea la única opción para habitar este espacio que compartimos. Creo que cada letra que se ocupa de pensarnos el presente es una forma de resistirle a esa guerra que el poder oligárquico ha configurado como horizonte de sentido, y aunque suene ingenuo, escribir es una forma de dar la batalla para que el futuro deje de estar hegemonizado por aquellos que, cual rentistas sin alma, quieren ganar todas las batallas sin poner el cuerpo en barro de la vida diaria.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=118309</guid>
        <pubDate>Mon, 21 Jul 2025 14:16:31 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Producir la guerra, acumular la tierra en Colombia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
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        <item>
        <title>España sí contribuyó a la filosofía moderna</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/filosofia-y-coyuntura/espana-si-contribuyo-a-la-filosofia-moderna/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cierta narrativa liberal de la posindependencia, que aún conservaba su resentimiento ante España, hizo circular la idea hasta bien entrado el siglo XX  de que el país ibérico no había aportado absolutamente nada a la filosofía moderna. En este texto muestro que esta idea es equivocada e implica una mutilación de la tradición filosófica.    </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Con 1492 el mundo se amplía, por primera vez es uno, unido de Oriente a Occidente y de Norte a Sur. Así se formó el sistema-mundo moderno/colonial/capitalista. Ese hecho, que conmovió la mentalidad europea, está en la base misma de la modernidad. Sin los descubrimientos de los siglos XV y XVI, la modernidad como la conocemos no habría sido posible. Esa modernidad apareció en esa época como un proyecto de civilización, cuyos elementos eran básicamente el individualismo, el antropocentrismo, el racionalismo como culto a la razón, la ciencia, la técnica, la idea de progreso y civilización, al igual que la democracia liberal y el Estado de derecho, con sus principios de libertad, igualdad, fraternidad, y con sus demandas de cada vez una mayor ampliación democrática de los derechos. Desde ahí se acepta que la presencia de todos estos elementos en una sociedad la hacen <em>moderna</em>. Por eso la modernidad ha sido una aspiración, un horizonte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese contexto España entabla una relación conflictiva con Europa, porque se centró en el dominio sobre el mal llamado Nuevo Mundo, América o las llamadas Indias Occidentales. Se encerró sobre sí misma, de manera defensiva, y se aisló de los procesos científicos y filosóficos del resto de Europa. Esa actitud determinó su desarrollo intelectual posterior, pues se mantuvo atrás de lo que ocurría en el resto del continente que poco a poco iba entrando en una nueva era.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El contrarreformismo español, en su obsesiva lucha contra el protestantismo y los seguidores de Martín Lutero o de Calvino, acrecentó el dogmatismo. Y este impide abrirse al otro, se cierra sobre los propios dogmas y al impedir la crítica mata el pensamiento y la posibilidad de avanzar y de metabolizar lo que ocurre alrededor. Solo una actitud escéptica permite aguijonear el globo del dogmatismo. Y eso no era posible en una España donde la inquisición quemaba herejes y díscolos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, con todo, no puede afirmarse que el pensamiento español fue estéril. En estricto sentido, esa lectura es incompleta. Y lo es porque el pensamiento español producido en los siglos XVI y XVII, sí influyó en el pensamiento europeo moderno. Veamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las discusiones abiertas por religiosos como Fray Bartolomé de las Casas y Antón de Montesinos en torno a la humanidad de los indígenas, pusieron en primer plano el problema antropológico. En el momento en que se dudaba de la calidad de hombres de los seres al otro lado del Atlántico aparecían problemas filosóficos serios como el del reconocimiento del Otro, la pregunta por su dignidad, por las cualidades que hacen de un individuo un ser humano cristiano, en fin, aparecían ahí insumos para la antropología filosófica. En estricto sentido, eso se dio en el campo del <em>pensamiento</em> (los encomenderos en América no obedecían), pues fue Paulo III quien reconocerá la humanidad de los indígenas y sacaría otras conclusiones a las cuales el pensamiento europeo no ha dado el suficiente reconocimiento. Recordemos lo que dijo con tanta claridad en su bula <em>Sublimis Deus</em>:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Todas las naciones del mundo son hombres y de todos los hombres y de cada uno de ellos, es una no más la definición, y esta es, que son racionales; todos tienen su entendimiento y su voluntad y su libre albedrio como sean formados a la imagen y semejanza de Dios. Todos los hombres tienen sus cinco sentidos exteriores […] y se mueven por los mismos objetos dellos; todos tienen los principios naturales o simientes para entender y para aprender y saber las ciencias y cosas que no saben.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En esta declaración, el género humano se amplía, se extiende: es cierto que no alude explícitamente a los negros o a las mujeres, pero endilga y reconoce la racionalidad a todos, al igual que la capacidad de usar los sentidos para aprender las ciencias y conocer el mundo. Todo el género humano es poseedor de voluntad y entendimiento. Por eso siempre me he preguntado: ¿por qué no se la ha puesto suficiente cuidado a esta bula y a sus implicaciones, si en ella claramente hay un antecedente clave para lo que después será entendido como derechos humanos y otras discusiones como las del multiculturalismo, el respeto a las culturas? La verdad es que la historia de la filosofía y del pensamiento, sobre todo cuando se vuelve hegemónica, y se cierra acríticamente, es poco dada a este tipo de reconocimientos. Se llega a la indeseada conclusión de que <em>la historia oficial de la filosofía mutila la filosofía</em>, o esconde parte de sus aportes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay que agregar a estos debates del siglo XVI el <em>aporte</em> al <em>derecho de gentes</em> realizado por Francisco de Vitoria, que, si bien miraba de manera desigual a españoles e indígenas, habló del justo trato entre los pueblos, el derecho a la comunicación, a entablar diálogos y a la hospitalidad. Todos esos elementos serán recogidos en Europa por pensadores como Hugo Grocio, Immanuel Kant y el krausismo del siglo XIX. Pero, sin duda, uno de los aspectos menos explorados es el caso del pensador jesuita Francisco Suárez, cuya discusión con la escolástica y novedad de pensamiento influyó en toda Europa. Dice al respecto Enrique Dussel: “sus <em>Disputationes Metaphysicae</em> tuvo 19 ediciones entre 1597 y 1751, ocho solo en Alemania”, donde fue leído por Grocio, Descartes, Leibniz, Baumgarten, entre otros. Este autor es el creador, y de mejor manera, de la teoría de la soberanía popular. En primer lugar, porque parte de la comunidad y no del individuo; en segundo lugar, porque el poder nunca es cedido totalmente al gobernante; y, en tercer lugar, porque cuando el gobierno pierde la soberanía el poder debe regresar a su titular legítimo, es decir, la comunidad. Su posición es diferente a la de Hobbes o Locke, y está más cercana a la de Rousseau. Ese pensamiento influyó en Europa y también en América Latina, donde los criollos lo usaron: cuando Fernando VII es tomado preso, pierde la soberanía, por lo tanto, las colonias americanas recuperan el poder y pueden autogobernarse. De ahí a declarar la guerra abierta contra España solo hubo un paso. Y así se hizo. Por eso la Independencia no bebe, como se suele decir, únicamente de los pensadores franceses o de la Independencia de Estados Unidos. Bebe también de la misma tradición española.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estas ideas están en su libro <em>De legibus </em>o <a><em>Tratado de las leyes o de Dios legislador </em></a>(Suárez, 1967)<em>, </em>conocido también en toda Europa por su influencia en la filosofía política de la época.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, la Ilustración española fue tímida, no tuvo el mismo alcance ni impacto que la Ilustración desarrollada en países como Inglaterra, Francia o Alemania, pero, con todo, despertó un poco la conciencia española y en la época de los Borbones impulsó algunas reformas encaminadas a recuperar el poder de España frente a las otras potencias europeas que, en verdad, le habían tomado la delantera desde mucho antes. De todas formas, el aporte de pensadores como Feijoo es significativo, pues él buscaba:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">fomentar el espíritu crítico y la lectura, desenmascarar mitos y prejuicios sin base racional, diluir dogmatismos y propiciar un sano escepticismo, <em>importar los nuevos conocimientos científicos y filosóficos del extranjero y difundir los nacionales</em>, concienciar sobre la necesidad de someter el propio conocimiento y la vida práctica a un criterio de racionalismo experimental, <em>combatir el monopolio escolástico, la charlatanería, la hostilidad a lo nuevo,</em> la xenofobia, y toda suerte de corporativismos (regionales, religiosos,&nbsp;etc.), animar a sustraerse al peso aplastante de autoridades e ideas fosilizadas («tenaz adherencia a las máximas antiguas»), depurar la religiosidad de supersticiones y falsedades, y en fin, <em>insuflar espíritu de progreso, tolerancia intelectual y apertura a Europa.</em><em>&nbsp;</em></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Bien analizado este párrafo, es fácil advertir cómo Feijoo tenía una mentalidad moderna y quería reformar a España, pero la invasión de Napoleón, el regreso de Fernando VII en 1812, la destrucción del proyecto de Cádiz, el proceso de Independencia en América Latina, etc., mandan todos estos buenos deseos al traste, y en España se da un retroceso: la modernidad sigue postergada. Ese deseo de modernidad no se materializó, y solo volverá aparecer con Sanz del Río.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En España el krausismo fue un movimiento introducido por Julián Sanz del Río, quien tradujo la obra principal de Krause: <em>Ideal de la humanidad para la vida, </em>de 1811. Este movimiento va a tener una gran influencia en el de la ética, la pedagogía y la política, y fue calificado por el mismo Sanz del Río como “un ensayo de filosofía práctica, individual y social”, pero cuyo espíritu reformista no era muy ambicioso. Ese movimiento va a durar hasta los años treinta del siglo XX, y tuvo un impacto notable sobre todo en el campo educativo, cuyo fruto fue la Institución Libre de Enseñanza. La Institución posibilitó ensanchar el horizonte para los jóvenes españoles, tenía un compromiso cívico y político, y en él la educación jugaba un rol de primer orden.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es tras estos intentos timoratos de modernidad donde aparece la Generación del 98 y personajes como Unamuno y Ortega. Sin ellos otro hubiera sido el rumbo del desarrollo filosófico, cultural e intelectual español y, de paso, el de América Latina. En el caso de Ortega, más allá de la solidez de sus propuestas filosóficas, solo cabe insistir con el filósofo colombiano Danilo Cruz Vélez:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que Ortega buscó apasionadamente y con todas sus fuerzas, determinado por su circunstancia y por el modo como vivió al comienzo de su carrera intelectual la llamada ‘decadencia española’, y al servicio de lo cual puso todo lo que escribió, dijo e hizo, esto sí lo logró a cabalidad: reconectar al mundo hispánico, a España e Hispanoamérica, con la tradición del pensamiento occidental y ponerlo a la &#8220;altura de los tiempos&#8221;.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, el desarrollo filosófico de América Latina estuvo siempre atado a la suerte del desarrollo filosófico español. Lo cierto es que desde el siglo XVI América estuvo en la órbita intelectual y cultural de España, pero los debates dados en la península, como el de la humanidad de los indios, la guerra justa, la soberanía popular, los atisbos de ilustración en la era de los Borbones, etc., todo eso marcó las discusiones en la América colonial. Es más, muchos de los problemas discutidos en España fueron usados creativamente por los criollos y los sectores independentistas para declarar la guerra frontal a España y así lograr su libertad. Por ejemplo, en el caso de la <em>guerra justa</em> ya mencionada, los criollos dirán que no es posible hacerle la guerra a pueblos que se encontraban pacíficamente en sus tierras, tal como lo estaban los indígenas antes de 1492, razón por la cual esos pueblos ya mezclados (mulatos, mestizos, tercerones, cuarterones) tiene derecho a luchar contra el invasor así sea tres siglos después de la invasión. El derecho a la libertad no precluye, no tiene fecha de caducidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde luego, América Latina también aprovechó la filosofía política francesa e inglesa, especialmente a partir del siglo XIX cuando logró la independencia y España fue sustituida por otras potencias. Aun así, dado el idioma compartido y los vínculos culturales mantenidos, <em>el ingreso de la filosofía moderna en América se da por vía española.</em> La influencia de otras corrientes, como la sociología de Augusto Comte, de Herbert Spencer o el empirismo inglés, fue también muy importante en algunos países durante el siglo XIX y comienzos del XX, pero sin duda, el pensamiento que ingresó con Ortega, como el de Husserl, Scheler, Heidegger, etc., ponían la discusión en otro nivel y marcaban otros intereses: a decir verdad, la filosofía que entró con Ortega era menos práctica, pero tenía más vuelo teórico. Menciono esto porque, en efecto, corrientes como el utilitarismo inglés y el positivismo habían servido en América Latina para modernizar el Estado, fueron filosofías usadas para modernizar institucionalmente las nuevas repúblicas latinoamericanas, cosa que no lograban ni pretendían lograr corrientes como la fenomenología de Husserl o la de Scheler o la ontología de Heidegger.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En este proceso, la labor del filósofo español José Gaos fue clave en América Latina, pues él recoge el legado orteguiano y tras su llegada a México impulsará la naciente filosofía latinoamericana. Su labor fue fundamental para pensar América Latina, los problemas de la originalidad de la filosofía y, por su puesto, en la metodología de la historia de las ideas con las cuales se historió el pensamiento de la región y se tuvo más conciencia de la tradición filosófica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En conclusión, los aportes de Fray Bartolomé de las Casas, Francisco de Vitoria, Francisco Suárez, Feijoo y los ilustrados españoles, Julián Sanz del Rio y el krausismo y la influencia de autores como Ortega y Gasset (también Unamuno), se convirtieron en aportes de la filosofía española a la filosofía latinoamericana. En los casos de Vitoria, Suárez u Ortega, sus aportes son más significativos, pues han tenido una influencia innegable en las discusiones de la filosofía europea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De todas formas, fueron con estos procesos complejos y accidentados como en el siglo XX América Latina y España formaron una comunidad espiritual en la lengua, en el pasado compartido, lazos que han producido un diálogo y un intercambio literario, filosófico y artístico, que permanecen fuertes hasta el presente y, donde a diferencia del pasado, se da una retroalimentación ya sin el poder imperial de por medio y en condiciones más libres e igualitarias. Todo ello ensancha el horizonte filosófico de ambas regiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Nota: Para una mayor profundización de estas ideas, véase: Pachón Soto, D. (2024). España y la filosofía moderna en América Latina. Contactos históricos.Cuadernos De Filosofía Latinoamericana,45(130), 87-104.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
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        <pubDate>Sat, 28 Jun 2025 00:15:27 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
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