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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Wed, 20 May 2026 02:26:07 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Actualidad | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Abelardo de la Espriella y la pornopolítica</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/abelardo-de-la-espriella-y-la-pornopolitica/</link>
        <description><![CDATA[<p>En este artículo exploramos brevemente como el performance del candidato Abelardo de la Espriella puede inscribirse en lo que el politólogo Edwin Cruz ha llamado &#8220;Pornopolítica&#8221;, un régimen escópico, de percepción, donde la política es convertida en espectáculo y show. </p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>El politólogo Edwin Cruz puso a circular en Colombia, recientemente, el término <em>Pornopolítica</em>, en un libro del mismo nombre (Bogotá, ediciones Desde abajo, 2025). Es un término y un concepto interesante porque pone de presente algo que ya algunos filósofos posmodernos habían mostrado a finales del siglo pasado, a saber, que la política se había vaciado de contenido, más precisamente, que se había convertido en espectáculo. En esos momentos se habló de pos-política, por ejemplo, en la obra <em>Las estrategias fatales </em>de Jean Baudrillard. La idea era que, en la posmodernidad, en esa era del vacío, en medio de la condición epocal, donde todo se diluye en el discurso, en la imagen; donde, para decirlo con Marx retomado por Marshal Berman, “todo lo sólido se desvanece en el aire”, el contenido mismo de la política perdía valor. Todo se trasladaba a la superficie, al efectismo, en suma, al show político.</p>



<p>Dice Edwin Cruz: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>“las formas de escenificar en la actividad política contemporánea están fuertemente marcadas por la extensión de caracteres propios de lo pornográfico a la totalidad del campo de lo visible. Predomina la exhibición, tanto de la imagen personal como de la interioridad subjetiva, y el capital erótico como mecanismo para visibilizarse, marcar distinción social y monetizar, es decir, traducir las distintas formas del capital. [Es] atraer la atención mediante lo obsceno, lo sorprendente, lo escandaloso” (p. 20-21).  </p>
</blockquote>



<p>La política para Cruz se convierte en espectáculo, en show, una tendencia que él rastrea con Berlusconi en Italia y con Donald Trump, pero que hoy constatamos también con Milei, con Bukele &nbsp;y con la campaña tal como la está desarrollando en Colombia el candidato Abelardo de La Espriella. En la pornopolítica el sujeto se somete a un determinado régimen de percepción, un régimen escópico en términos del historiador y filosofo Martin Jay, donde la forma como este ve el mundo es planificada, organizada. Como en la pornografía, el sujeto acude a un show prefabricado, a escenas planeadas y diseñadas para el consumo pasivo; el sujeto consume un producto, imágenes, lo que implica consumir formas de ver el mundo, valores, aspiraciones, deseos. Es una política <em>libidinal, </em>que mueve energías psíquicofisicas que modulan el deseo o lo que se quiere.</p>



<p>Esto es lo que se mueve en la política espectáculo o pornopolítica que vende de la Espriella. Su escenificación lujosa, la presentación social de sí mismo como un hombre exitoso, de negocios, con su avión y sus relojes costosos, busca crear identificaciones afectivas con ese modo de vida. Lleva al elector a <em>desear </em>ese <em>modus vivendi</em>, lo cual, inevitablemente, terminará en frustración. El lujo mueve fibras, mueve deseos. En una sociedad consumista, como en la que vivimos, donde es más importante el <em>tener que el ser</em> (contrario a lo que recomendaba Erich Fromm), hacerles creer a los electores pobres o de clase media, que podrán ser como el político rico y millonario que los gobernará, produce efectos en la subjetividad…la coloniza con ideales mercantilistas. Lo que se busca con la identificación creada y manipulada (por medio del lujo) es algo a cambio: un voto. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Pero esa pornopolítica también está presente en la plaza pública, en la tarima, en el escenario. Este es diseñado para crear el efecto relampagueante, vistoso. Y así como las mercancías se exhiben cuidadosamente en las vitrinas, acompañadas a veces con luces de neón y con una estética prefabricada, el político-actor de la Espriella se presenta cual estrella de Rock, bien vestido, para mostrarse y venderse al público como la mercancía deseada, la que el elector tiene que comprar. El uso de luces, coreografías, <em>intros</em>, videos de fondo, música, configuran un régimen de percepción visual que va en desmedro de la reflexividad del futuro votante. Aquí lo importante es la escena, el escenario, más que las ideas, el discurso, el programa. El votante asiste a un espectáculo coreografiado donde los contenidos del programa político pasan a un segundo plano y se olvidan en medio del humo vibrante del espectáculo. &nbsp;</p>



<p>Pero estas escenificaciones que simplifican todo, van acompañadas también de un discurso simplificante, o, mejor, de eslóganes reductivos, cuasi vacíos. El eslogan “Firmes por la patria” es una proposición simplísima. El uso de la palabra patriarcal “Patria”, que viene de padre, que protege, es estratégica, porque remite a una semántica afectiva. La patria es una idea abstracta, sentimental, que alude a una esfera, a un espacio protector, jearquico y autoritario; remite, además, a identificaciones románticas con un pasado y con una tradición. Pero en Colombia ¿de qué Edad Dorada, de qué tradición estamos hablando? No es claro. La patria, la nación, el partido, la religión, etc., esos universales abstractos (y también los sustantivos colectivos) son peligrosos, como decía E.M. Cioran. Recuerdo que mi maestro Darío Botero Uribe decía que: “los credos religiosos y los partidos políticos han derramado más sangre a través de la historia que cualquier otra causa”. Pues bien, en una parte de las huestes fervorosas que apoyan a de la Espriella parecen haber individuos dispuestos a sacrificarse en el altar de la Patria.</p>



<p>Digamos que la expresión “Firmes por la patria” es un eslogan sencillo, de esos que se clavan fácilmente por <em>repetición </em>en la cabeza de la gente; es una frase que no tiene mayor contenido y que genera un <em>automatismo mental</em>. El resultado: un “pensamiento” acrítico, unidimensional y operativo que prescinde de la reflexión y la dialéctica de las ideas, tal como ya lo describía el filósofo alemán Herbert Marcuse cuando hablaba del “lenguaje orwelliano”. El eslogan es militarista y va acompañado de un saludo militar. Ese militarismo es hábilmente asociado por de la Espriella con el deseo de muchos colombianos: el de la seguridad del país. Con todo, el <em>securitismo </em>como política es bastante peligroso. En Colombia lo sabemos, pero también en las dictaduras del Cono Sur (Argentina y Chile), pues llevado al extremo deriva en violación de derechos humanos, arrestos sin justificación, caza de brujas, persecución de opositores, violación del debido proceso o, en el peor de los casos, desapariciones, torturas y asesinatos. Así que la idea de “destripar a la izquierda” o fumigarla como si fuera un virus, puede volverse una realidad, ya que ese securitismo es inmunitario y puede pretender limpiar a sangre y fuego todo aquello que no comulgue con su forma particular de concebir el cuerpo social.</p>



<p>La seguridad no puede ponerse por encima de la democracia o del derecho. Eso siempre termina mal. Elegir a un gobierno con carta blanca para el <em>securitismo</em> es darle también carta blanca para el abuso de autoridad y el autoritarismo. Ya lo vivimos en Colombia con el Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala y con su segunda versión la Seguridad democrática (¿?). También es palpable en el Salvador con la toma institucional que ha realizado Bukele en aras de “seguir defendiendo” a sus ciudadanos. El resultado: madres que buscan a sus hijos desaparecidos en las cárceles y un punitivismo que tiene encarcelados a más de 80.000 personas. Las cárceles no son, a mi parecer, ni deben ser, símbolo del progreso de una sociedad. Mas bien, es todo lo contrario: su presencia es prueba fehaciente de que esa sociedad ha fracasado en sus políticas públicas y sociales, que ha fracasado construyendo un país con bienestar. </p>



<p>Pero, además de la seguridad, está la promesa de <em>proteger la propiedad de una cierta élite</em>, de la misma en la que el candidato logró, tras su trabajo con clientes de dudosa reputación, ingresar, mezclarse; esa élite con quien parece estar formado un pacto <em>oligárquico </em>para la defensa de sus intereses y sus negocios. A esto debemos sumarle una personalidad autoritaria mezclada con una aparente imagen chabacana, bacana, fresca y ligera, que le da licencias machistas, sexistas y homofóbicas. Esta mezcla de cualidades, de atributos, confluyen todas en un personaje show que se vende como mercancía en una democracia formal que se ha <em>tornado ritual</em>, vacía, sin contenido. &nbsp;</p>



<p>Abelardo de la Espriella es un muñeco (aunque de carne), como decía Carolina Sanin; un Frankenstein armado artificialmente con partes de Milei y de Bukele; un pastiche. Del primero copia el show, pero también su nefasta idea de achicar el Estado, con lo cual limita su alcance y su capacidad de acción en la sociedad; del segundo, asume su autoritarismo. Por si fuera poco, es un candidato que simpatiza con Trump y con el sionismo genocida de Israel. Eso es un verdadero peligro para la región y para el país, pues encarna la crisis axiológica que vive la cultura occidental ampliamente cómplice (con algunas excepciones) de la barbarie en Gaza, Cisjordania y Líbano.</p>



<p>Es cierto que no hay candidato perfecto, confeccionado al gusto del elector, pero sin duda de la Espriella es el que representa un peligro mayor para los excluidos de Colombia, para los pobres, para sus instituciones y su ya débil democracia. En esto debemos estar de acuerdo con Ana Bejarano.</p>



<p>Digamos, finalmente, que la pornopolítica no debe gobernar un país porque entonces lo verdaderamente importante, lo fundamental, la salud, la reforma agraria, la educación, el bienestar social, va a ser desplazado por el espectáculo constante…por un espectáculo peligroso y antidemocrático que puede arrasar con todo.</p>
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        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129300</guid>
        <pubDate>Wed, 20 May 2026 02:26:06 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El Stand de la memoria</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/el-stand-de-la-memoria/</link>
        <description><![CDATA[<p>Un grupo de visitantes observa la exposición de la línea de tiempo del conflicto. No hablan mucho. Señalan fechas, nombres, lugares. Cerca de ellos, unos niños participan en un taller de cartografía dibujando los lugares importantes de sus barrios. Las dos escenas ocurren simultáneamente. La tragedia nacional y la imaginación cotidiana conviven apenas separadas por [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Un grupo de visitantes observa la exposición de la línea de tiempo del conflicto. No hablan mucho. Señalan fechas, nombres, lugares. Cerca de ellos, unos niños participan en un taller de cartografía dibujando los lugares importantes de sus barrios. Las dos escenas ocurren simultáneamente. La tragedia nacional y la imaginación cotidiana conviven apenas separadas por unos metros de alfombra naranja.</p>



<p>En el pabellón Colombia de la FILBo, donde casi todos los estands parecen competir por el brillo o por la velocidad de la atención, hay uno que eligió otra cosa: escuchar. No es una metáfora de catálogo editorial. Está escrito incluso en la entrada, como una declaración de intenciones y también como una advertencia moral: “El territorio habla, el centro escucha”. El lema del Centro Nacional de Memoria Histórica no aparece allí como un eslogan institucional sino como una suerte de respiración lenta en medio del ruido de la feria.</p>



<p>El estand no tiene puertas simbólicas. No obliga al visitante a entrar: lo recibe abierto, como si quisiera desmontar la vieja solemnidad estatal que tantas veces convirtió la memoria en un trámite o en un mausoleo. Uno puede atravesarlo casi sin darse cuenta, y quizás allí esté uno de sus mayores aciertos. En un país acostumbrado a que la violencia tenga oficinas, expedientes y sellos, el CNMH decidió construir un espacio sin bordes duros. Un lugar donde la conversación parece más importante que la exhibición.</p>



<p>Pase varios días en ese stand, algo que francamente nunca había hecho en una feria del libro. Era un ángulo curioso de esa fiesta cultural, completamente opuesto a los otros lugares donde suelo estar como moderador, entrevistador o invitado. Mientras el resto de Corferias se movía al ritmo de las filas, las cámaras, los lanzamientos y los autores de moda, allí el tiempo parecía funcionar distinto. La gente no pasaba únicamente a mirar: se quedaba.</p>



<p>Y eso llamaba profundamente la atención.</p>



<p>Personas de todo tipo preguntaban por la memoria de su propio país. Jóvenes universitarios, familias completas, adultos mayores, estudiantes de colegio, visitantes que parecían haber llegado por azar. La belleza del estand atraía precisamente por una lógica muy curiosa: en Colombia la memoria suele asociarse únicamente a lo difícil, a la guerra, a la tragedia, al expediente doloroso. Pero allí la memoria aparecía también ligada a las resistencias, a la maravilla obstinada de seguir construyendo sociedad después de tanto.</p>



<p>En la FILBo, donde las personas cargan bolsas llenas de novedades editoriales y buscan firmas de autores como quien colecciona pequeñas inmunidades contra la realidad, el estand del Centro opera de otra manera: no vende olvido rápido. Propone permanencia.</p>



<p>Lo primero que llama la atención son los colores. No hay negros dramáticos ni rojos de denuncia explícita. Tampoco el minimalismo frío que domina tantos espacios culturales contemporáneos. La diseñadora Susana Carrié eligió tonos tierra, colores orgánicos, texturas que recuerdan fibras, tintes naturales, barro húmedo, madera expuesta, telas campesinas. Hay algo deliberadamente antiurbano en la composición visual del espacio. Como si el estand quisiera traer adentro de Corferias una temperatura distinta del país.</p>



<p>Carrié lo explica con una precisión casi artesanal: la paleta se inspiró “en algunos colores de la tierra, de los textiles y tintes orgánicos y de la naturaleza en general”. Y eso se nota. No es una estética decorativa sino territorial. Colombia aparece allí menos como nación abstracta que como acumulación de geografías heridas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/19203802/20260421_Stand-Filbo_Dia-1_EDIT_FPrieto_3-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-129294" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/19203802/20260421_Stand-Filbo_Dia-1_EDIT_FPrieto_3-1024x682.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/19203802/20260421_Stand-Filbo_Dia-1_EDIT_FPrieto_3-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/19203802/20260421_Stand-Filbo_Dia-1_EDIT_FPrieto_3-768x512.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/19203802/20260421_Stand-Filbo_Dia-1_EDIT_FPrieto_3-1536x1024.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/19203802/20260421_Stand-Filbo_Dia-1_EDIT_FPrieto_3.jpg 2000w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>En el centro del recorrido hay una línea de tiempo sobria, montada sobre tubos de cartón en crudo. Nada reluce demasiado. La memoria aquí no fue diseñada para el espectáculo. Quizá por eso conmueve más. Los materiales parecen querer desaparecer para dejar hablar las historias. En otro punto emergen unos rostros enfrentados, casi totémicos, donde la biodiversidad étnica y cultural del país adquiere forma visual. Son figuras que observan al visitante tanto como el visitante las observa a ellas. En una feria donde casi todo busca seducir, estas piezas parecen interrogar.</p>



<p>Y sin embargo, hay una ruptura deliberada en esa gama de tierras: un tapete naranja intenso que invade el ingreso y la zona de juego infantil. El color estalla como una llamarada. Carrié dice que fue pensado para atraer al público infantil, para señalar el espacio lúdico donde se desarrollan talleres y actividades. Pero el efecto es más profundo. El naranja funciona como una irrupción de futuro dentro de una narrativa marcada por el duelo. Allí los niños dibujan, juegan, construyen jardines simbólicos de memoria, participan en cartografías afectivas, exploran archivos como pequeños arqueólogos emocionales.</p>



<p>Hay algo profundamente político en esa escena.</p>



<p>Porque el CNMH entendió algo fundamental: la memoria que no logra conversar con la infancia termina convertida en archivo muerto.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/19204108/20260423_Filbo_Dia-3_EDIT_JMendez4-2-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-129295" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/19204108/20260423_Filbo_Dia-3_EDIT_JMendez4-2-1024x682.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/19204108/20260423_Filbo_Dia-3_EDIT_JMendez4-2-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/19204108/20260423_Filbo_Dia-3_EDIT_JMendez4-2-768x512.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/19204108/20260423_Filbo_Dia-3_EDIT_JMendez4-2.jpg 1400w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Mientras camino por el estand, escucho fragmentos de conversaciones simultáneas. Una mujer explica a otra quién fue Kimy Pernía Domicó. Un estudiante hojea un informe sobre Córdoba. Una niña escribe algo en una flor de papel para el “Jardín de la memoria”. Más allá, alguien escucha un pódcast en la Sala Escucha, ese pequeño entorno inmersivo donde suenan las producciones radiales hechas directamente por comunidades de los territorios.</p>



<p>Hablé con muchas personas durante esos días. Algunos contaban historias de sus familias. Otros preguntaban por un dato concreto, por un nombre, por una fecha, por un informe específico. Muchos simplemente se sentaban a hojear libros durante largos ratos, como si buscaran algo difícil de nombrar. Las familias, especialmente, parecían conectarse con el espacio de una manera distinta. Había padres explicando a sus hijos episodios del país que quizás nunca habían sabido cómo contarles.</p>



<p>Y uno terminaba preguntándose si acaso Colombia quiere buscar su memoria, pero no en lenguajes institucionales. Quizá en lenguajes poéticos.</p>



<p>No en vano el libro más importante de nuestra sociedad se llama <em>Cien años de soledad</em>. ¿Qué otra cosa es esa novela sino una inmensa obsesión colectiva por la memoria, por lo que hemos sido, por lo que nos ha sucedido, por aquello que intentamos recordar antes de que el tiempo termine borrándolo?</p>



<p>La Sala Escucha probablemente sea uno de los lugares más silenciosamente radicales del estand.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/19204209/20260422_Taller-busqueda-de-Salo_Dia-2_EDIT_FPrieto_13-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-129296" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/19204209/20260422_Taller-busqueda-de-Salo_Dia-2_EDIT_FPrieto_13-1024x682.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/19204209/20260422_Taller-busqueda-de-Salo_Dia-2_EDIT_FPrieto_13-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/19204209/20260422_Taller-busqueda-de-Salo_Dia-2_EDIT_FPrieto_13-768x512.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/19204209/20260422_Taller-busqueda-de-Salo_Dia-2_EDIT_FPrieto_13.jpg 1400w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>En un país que lleva décadas produciendo discursos sobre las víctimas, el CNMH parece intentar algo más difícil: permitir que hablen sin traducción intermediaria. Las voces que salen de los audífonos no tienen la dicción homogénea de los estudios de radio bogotanos. Hay acentos atravesados por río, montaña, costa, selva. La escucha se vuelve un acto físico. Uno entiende rápidamente que la memoria sonora tiene una capacidad distinta para perforar defensas. La voz humana conserva algo que la escritura pierde: respiración, miedo, pausa, temblor.</p>



<p>Pamuk escribió alguna vez que los museos verdaderos no organizan objetos sino emociones del tiempo. Este espacio parece construido bajo esa intuición.</p>



<p>No organiza únicamente documentos del conflicto armado colombiano. Organiza maneras de aproximarse al dolor sin convertirlo en mercancía emocional.</p>



<p>Eso se percibe también en la programación. No hay aquí una obsesión por cubrirlo todo ni por representar todas las tragedias nacionales en formato de agenda cultural. La selección fue producto —según explican desde el Centro— de una concertación entre distintas direcciones misionales de la entidad. No se trata de una línea única de relato sino de múltiples entradas a la memoria reciente del país.</p>



<p>Por eso conviven talleres infantiles con conversatorios sobre desaparición forzada, lanzamientos editoriales con ejercicios de cartografía comunitaria, archivos orales con teatro, pedagogía con justicia restaurativa.</p>



<p>La memoria aparece entonces no como una pieza fija sino como un organismo vivo.</p>



<p>Algunas actividades resumen especialmente bien el espíritu del espacio. “La palabra que repara”, por ejemplo, reúne experiencias de justicia restaurativa impulsadas junto a la JEP. No se trata simplemente de hablar sobre víctimas y victimarios sino de explorar cómo la palabra puede convertirse en un territorio de reconstrucción. En otro conversatorio, dedicado a los diez años de la Cátedra de Paz, la pregunta central parece atravesar todo el proyecto del estand: ¿cómo enseñar el conflicto armado sin normalizarlo?</p>



<p>Hay también una insistencia notable en los archivos.</p>



<p>En tiempos donde la información circula a velocidades digitales y donde la verdad parece fragmentarse en versiones instantáneas, el CNMH insiste en el valor material de conservar. Talleres sobre archivos personales, documentos desclasificados, archivos orales, acervos comunitarios: todo apunta a la misma idea. Un país sin archivos termina condenado a depender de la versión del más fuerte.</p>



<p>Quizá por eso uno de los espacios más conmovedores de la programación sea el dedicado a “Archivos en resistencia”, donde se dialoga sobre desaparición forzada a partir del Colectivo 82 colombiano y el caso Ayotzinapa en México. Allí la memoria deja de ser únicamente conmemoración y se vuelve también investigación criminal, búsqueda obstinada, prueba contra el olvido.</p>



<p>Pero el estand no se instala únicamente en el pasado. Hay una voluntad permanente de discutir el presente colombiano. Conversatorios sobre violencia contra movimientos políticos, transformaciones del conflicto después de los acuerdos de paz, memoria ambiental, territorios y Paz Total muestran que el Centro intenta escapar de la tentación museográfica de congelar la violencia como si perteneciera únicamente a otra época.</p>



<p>En realidad, lo que el estand pone en escena es algo más incómodo: que el conflicto colombiano no ha terminado de convertirse en pasado.</p>



<p>Quizá por eso Córdoba ocupa un lugar especial dentro de la programación. El homenaje al departamento funciona casi como un eje narrativo subterráneo del estand. Informes sobre el Bloque Córdoba, discusiones sobre Santa Fe de Ralito, memorias ambientales, archivos territoriales: todo compone una especie de radiografía fragmentada de una región donde la violencia paramilitar dejó marcas profundas y todavía insuficientemente narradas.</p>



<p>Ahí está quizá la verdadera apuesta del espacio.</p>



<p>No se trata únicamente de recordar lo ocurrido. Se trata de preguntarse qué hacemos con eso mientras seguimos viviendo.</p>



<p>En algún momento de la tarde me detengo frente a uno de los micrófonos abiertos donde víctimas y funcionarios leen textos relacionados con memoria histórica y derechos humanos. La escena tiene algo frágil. En una feria dominada por la velocidad del consumo cultural, alguien decide leer en voz alta un fragmento sobre desaparición, desplazamiento o resistencia campesina. Y algunas personas se detienen. Otras siguen caminando. Algunas escuchan apenas unos segundos antes de irse.</p>



<p>Pero incluso esa fragilidad parece importante.</p>



<p>Porque el estand no intenta producir unanimidad emocional. No busca obligar al visitante a conmoverse. Más bien abre la posibilidad de una conversación pública donde la memoria no aparezca como imposición moral sino como experiencia compartida.</p>



<p>Tal vez por eso el diseño abierto resulta tan coherente con el concepto institucional. El territorio habla, el centro escucha. La frase adquiere sentido espacial. El visitante no atraviesa puertas ceremoniales ni corredores oscuros preparados para una experiencia inmersiva controlada. Aquí uno entra como entra a una plaza o a una conversación.</p>



<p>Y quizá esa sea la gran diferencia.</p>



<p>Muchos espacios sobre memoria en el mundo terminan convirtiendo el dolor en escenografía. Este estand parece intentar lo contrario: devolverle humanidad cotidiana.</p>



<p>Incluso en los detalles más pequeños aparece esa búsqueda. Los juegos colaborativos como <em>Cosechas de memoria y verdad</em>, las coplas campesinas, los jardines simbólicos, las conversaciones sobre naturaleza y territorio como víctimas del conflicto. Todo insiste en una memoria menos monumental y más comunitaria.</p>



<p>No una memoria vertical sino horizontal.</p>



<p>Mientras cae la tarde sobre Corferias y la feria empieza lentamente a vaciarse, el estand mantiene una especie de temperatura humana extraña. No parece agotarse con el paso de las horas. Quizá porque allí la gente no entra solamente a consumir contenidos culturales sino a reconocerse. O a intentar hacerlo.</p>



<p>Pienso entonces en algo que decía Pamuk sobre los museos pequeños: que su verdadera fuerza consiste en acercar las grandes historias nacionales a la escala íntima de las personas comunes. El espacio opera exactamente así. Toma la enorme maquinaria abstracta del conflicto armado colombiano y la devuelve a la dimensión concreta de las voces, los archivos familiares, los relatos locales, las fotografías, las canciones, los dibujos infantiles.</p>



<p>La memoria deja de ser una categoría jurídica o académica y recupera algo esencialmente humano: la necesidad de contar lo vivido antes de que desaparezca.</p>



<p>En Colombia, donde tantas veces el lenguaje oficial ha intentado domesticar el horror mediante cifras, el estand del CNMH propone otra velocidad narrativa. Más lenta. Más abierta. Más vulnerable también.</p>



<p>Y quizás allí resida su valor más profundo.</p>



<p>Porque escuchar de verdad siempre implica el riesgo de transformarse.</p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129292</guid>
        <pubDate>Wed, 20 May 2026 01:42:43 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El Stand de la memoria]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>LA DOBLE CARA DE LAS PENSIONES</title>
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        <description><![CDATA[<p>Los recursos de las pensiones son un elemento clave para el desarrollo de una sociedad, entérminos tanto de las condiciones de vida de las personas, como de los recursos con que cuenta sueconomía para progresar. Son un importante componente de la vida social y económica, tantopara la economía personal y familiar, como para la social [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Los recursos de las pensiones son un elemento clave para el desarrollo de una sociedad, en<br>términos tanto de las condiciones de vida de las personas, como de los recursos con que cuenta su<br>economía para progresar. Son un importante componente de la vida social y económica, tanto<br>para la economía personal y familiar, como para la social o macroeconómica.<br>Constituyen el principal generador de ahorro en la economía, con recursos de los ciudadanos. Esto<br>les da la condición de ser un activo privado que juega un papel socialmente estratégico, como<br>principal fuente del ahorro de la economía que financia la inversión y les garantiza un ingreso a<br>quienes alcanzan el tiempo y la edad para pensionarse. Esta doble realidad hace que sea crítica<br>garantizarles a quienes cumplan las condiciones establecidas, el correspondiente ingreso para<br>jubilarse, cosa que en nuestro país sigue siendo un derecho al cual muchos no acceden, dado el<br>nivel de informalidad, rebusque y precariedad laboral imperante; por ello, muchos colombianos<br>que viven en medio de la inseguridad laboral tienen, además, la incertidumbre de no contar en el<br>futuro, con un ingreso, aún precario.<br>Esa realidad que es pública y privada, exige una política y un régimen de pensiones que coordine<br>los dos componentes. Es decir, el origen privado de los recursos pensionales y su manejo con una<br>política pública que vele por su uso para el cumplimiento del objetivo para el cual fueron<br>establecidos. La política pública, como sucede, puede limitarse a establecer las normas y<br>procedimientos para su manejo, en cabeza de entidades privadas creadas u organizadas para el<br>efecto, que deben operar en el marco de las disposiciones establecidas y sujetas a control por la<br>entidad estatal asignada, como lo establece la ley 100. O bien, se puede regresar al período inicial,<br>vigente durante los años de existencia del Seguro Social, que terminó ineficiente, burocratizado y<br>corrupto. En la discusión de entonces, jugó un papel central la definición del uso de los recursos<br>recaudados con las cotizaciones de los cuales solo una fracción, creciente en el tiempo, era<br>empleada en el pago de las pensiones; en esas primeras décadas eran más los cotizantes que los<br>pensionados, generándose un volumen creciente de recursos disponibles para ser invertidos. El<br>Seguro Social lo podía hacer en papeles del Estado. Una de las causas del desmonte del Seguro<br>Social, además de su creciente corrupción, fue el interés de destinar esos recursos de liquidez a<br>inversiones productivas privadas, colocándolos en fondos internacionales y en la financiación de<br>operaciones económicas nacionales.<br>Indudablemente, el sistema exigía ser revisado, pero conservando su espíritu. El Presidente Petro<br>se montó en esa necesidad de revisión y ajuste para buscar regresar al esquema inicial, ya<br>superado. El Presidente además ha pretendido que puedan ser utilizados, al menos parcialmente,<br>para cubrir un déficit presupuestal desbordado, exponiendo a un enorme enorme riesgo, a un<br>dinero que no es del gobierno, sino de los ciudadanos, fruto del ahorro, que han realizado<br>durante el transcurso de su vida laboral, para financiar sus años de pensionado.<br>Esa pretensión populista e irresponsable de Petro expropia a los ahorradores de sus dineros y va<br>en contra vía del sentido de las cotizaciones pensionales , pretendiendo tapar, con recursos<br>privados, un enorme y creciente hueco fiscal, al desviar los recursos aportados por los ciudadanos<br>para su pensión. En su desespero, el Presidente pretende comerse de un bocado, el fruto de años<br>de ahorro de los ciudadanos, para no hacer el ajuste presupuestal que le correspondería hacer, si</p>



<p>fuera un gobernante responsable, cosa que no es. En la agonía de su gobierno busca salir del<br>paso, dejando a su sucesor y al país, engrampado: en déficit, sobre endeudado y con la caja vacía.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Juan Manuel Ospina</author>
                    <category>Actualidad</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129289</guid>
        <pubDate>Tue, 19 May 2026 15:10:41 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[LA DOBLE CARA DE LAS PENSIONES]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Juan Manuel Ospina</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La memoria petrificada de un pensamiento titánico: Roberto Pizano Restrepo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-conspiracion-del-olvido/la-memoria-petrificada-de-un-pensamiento-titanico-roberto-pizano-restrepo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Entre yesos petrificados, archivos olvidados y travesías transatlánticas, emerge la figura casi mítica de Roberto Pizano Restrepo: el artista que soñó con traer la memoria estética de Europa al corazón de Colombia. Este artículo recorre su vida, su legado y la sorprendente red genealógica que une arte, política, espiritualidad y nación, en una historia donde el pasado se resiste a morir y el arte conspira contra el olvido.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Por Ramón García Piment y Claudia Patricia Romero</strong></p>



<p>¿Cuántas historias pueden contarse?, ¿cuántas merecen la pena ser recordadas?… Creemos que todas poseen valor. La humanidad es como una gigantesca biblioteca en la que cada ser es un libro único, con recorridos, perspectivas y trasegares distintos. Hay quienes pretenden encasillarnos en estigmas regionales, nacionales o culturales; sin embargo, algunos sentimos más cercanía con seres del otro lado del planeta que con aquellos con quienes convivimos.</p>



<p>Algunos han logrado trascender su historia, publicar el libro de su vida y conspirar contra el olvido; mientras otros la han perdido en el gabinete del tiempo, hasta que los arqueólogos de la memoria se atreven a contemplar aquello interesante que, por alguna razón, fue desechado.</p>



<p>En un recorrido por algunos edificios centenarios colombianos podemos encontrar obras de arte de una talla extraordinaria, capaces de llamar la atención de quienes perciben el aura o la “densidad luminosa” que atrae, de manera hipnotizante y sensorial, hacia esos yesos petrificados ante el paso de los años. Con ellos permanece encostrada la historia de su creador: un personaje místico, oculto y extraño, dotado de visión y arrojo; altamente reconocido en el medio artístico, pero casi desconocido para los nacionales: Roberto de las Mercedes Pizano Restrepo.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="381" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132339/20260515_035718000_iOS.jpg" alt="" class="wp-image-129275" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132339/20260515_035718000_iOS.jpg 800w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132339/20260515_035718000_iOS-300x143.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132339/20260515_035718000_iOS-768x366.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></figure>



<p>Este retratista, pintor y amante de los paisajes logró trascender en su época con paso firme y voluntad avasalladora, superando los estándares del arte incipiente colombiano que se esforzaba por alcanzar frutos de talla mundial. Sin embargo, sus luchas por amar el arte por encima de su propia vida, así como su inclinación por los lujos de la sociedad bogotana de la posguerra del siglo XIX, fueron deteriorándolo hasta extinguirlo prematuramente, antes de alcanzar el culmen de sus sueños. Murió a los 32 años, en 1929, en su casa de campo “Servitá”, al norte de Bogotá. Su tránsito por la vida estuvo guiado por una mirada inovadora con la que escribió un legado indeleble para la historia del arte de un país que, con demasiada frecuencia, parece empeñado en olvidar su pasado.</p>



<p>La inserción de Pizano en la memoria colectiva se consolidó a partir de un proyecto concebido desde la exploración de la visión artística mundial, su introducción en círculos sociales y políticos determinantes para la toma de decisiones nacionales, y la audacia de proponer ideas al gobierno en un momento crucial. Con tal propósito, viajó a los 21 años a España para estudiar artes en la Academia de San Fernando, y recorrió Francia e Italia en busca del perfeccionamiento de su identidad artística. El hilo que lo mantenía unido al país lo trajo de regreso en 1921: se casó con María de Brigard Ortiz, fue profesor de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional y recopiló como ninguno, su información sobre el artista colonial Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="600" height="362" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132338/20260515_034951000_iOS-1.jpg" alt="" class="wp-image-129274" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132338/20260515_034951000_iOS-1.jpg 600w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132338/20260515_034951000_iOS-1-300x181.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 600px) 100vw, 600px" /></figure>



<p>En 1923 regresó a Europa, donde se concentró en concluir y publicar el libro sobre Vásquez de Arce, mientras trabajaba en el taller del director del Museo del Prado en España, Fernando Álvarez de Sotomayor, y fortalecía su enfoque artístico en París, en L’École Nationale Supérieure des Beaux-Arts. Fue precisamente en aquellos recorridos por edificaciones parisinas dedicadas al arte, como el palacio de estudios construido por Félix Duban, conocido como “La Cour vitrée”, &nbsp;donde se produjo un punto de inflexión: una luz que permitió vislumbrar el destino de su trabajo terrenal. Lo expresó él mismo:</p>



<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p>“Para adquirir un carácter nacional definido y fuerte, es preciso mirar al pasado, enseñar a los jóvenes a estudiar y conocer la obra de sus predecesores, para transmitirles así la energía y el pensamiento de estos, condición indispensable para que pueda proseguirse”.</p></blockquote></figure>



<p>Así surgió la idea pedagógica de llevar las obras clásicas de Europa a los estudiantes de la incipiente escuela de artes bogotana. Pizano se preguntaba cómo concretar sus aspiraciones en un país que apenas salía de convulsiones y tormentos políticos. Al mismo tiempo, fortalecía una mirada conservadora del arte académico en un mundo que respiraba nuevos aires de vanguardia, revolución social e industrial, negando los cánones clásicos de belleza. Su perspectiva, joven y aguda, lo llevó a inclinarse por lo definido y a no zambullirse en un universo aún inexplorado.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="676" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18005112/La-Cour-Vitree-676x1024.png" alt="" class="wp-image-129250" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18005112/La-Cour-Vitree-676x1024.png 676w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18005112/La-Cour-Vitree-198x300.png 198w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18005112/La-Cour-Vitree.png 745w" sizes="auto, (max-width: 676px) 100vw, 676px" /></figure>



<p>Podemos imaginar las tertulias parisinas de Pizano con amigos como José Medina y el antioqueño Roberto Pinto Valderrama, director de <em>Le Journal des Nations Américaines</em> y jefe de la oficina de información colombiana en Francia, donde se confabularon las estrategias para traer el arte clásico a Colombia. Fue entonces cuando Roberto Pizano lanzó un dardo intelectual a la sociedad capitalina, al publicar un artículo en un diario bogotano denunciando la necesidad de espacios dignos para la enseñanza de las artes, semejantes a los que había conocido en España y Francia.</p>



<p>El dardo dio en el blanco. En el Congreso de la República se debatía la precaria y humillante manera en que estudiaban los futuros artistas colombianos, al aire libre, en el Parque de la Independencia. La presión de la élite colombiana ante la publicación de Pizano, miembro de la Academia Colombiana de Historia y artista reconocido, fue tan contundente que el ministro de Instrucción Pública le envió un telegrama ofreciéndole la rectoría de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional.</p>



<p>Su intrépida respuesta no se hizo esperar. Puso dos condiciones al gobierno: apoyo irrestricto para adecuar un espacio digno y suficiente para albergar la Escuela de Bellas Artes del país, y la dotación de los “materiales esenciales” para su correcto funcionamiento. Posiblemente los dirigentes vieron con desfachatez la firmeza de sus exigencias y no alcanzaron a dimensionar que aquello significaría la conformación de bienes artísticos de valor centenario para la nación, destinados a convertirse en patrimonio cultural nacional.</p>



<p>El gobierno, encabezado por Miguel Abadía Méndez, plasmó su decisión mediante el Decreto 898 de mayo de 1927, por medio del cual se le asignaban 23.827 pesos para la compra de materiales que Pizano considerara convenientes y 600 pesos de viáticos para su retorno al país. Era dinero proveniente de la indemnización por el canal de Panamá.</p>



<p>Los documentos históricos se transforman en experiencias sensoriales que transmiten la pasión desbordada de esta lúcida fábrica del conocimiento orquestada en la mente de Pizano, al solicitarle al Estado colombiano que le permitiera “<em>permanecer en Europa hasta terminar de elegir la totalidad de las obras, haberlas comprado y despachado él mismo para Bogotá con el fin de impedir cualquier demora o error perjudicial</em>”.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="770" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131905/20260515_035826000_iOS-770x1024.jpg" alt="" class="wp-image-129270" style="aspect-ratio:0.7519612450742923;width:454px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131905/20260515_035826000_iOS-770x1024.jpg 770w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131905/20260515_035826000_iOS-226x300.jpg 226w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131905/20260515_035826000_iOS-768x1021.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131905/20260515_035826000_iOS.jpg 828w" sizes="auto, (max-width: 770px) 100vw, 770px" /></figure>



<p>Resulta fácil imaginar la satisfacción y el enorme trabajo que debió representar para este artista la posibilidad real de adquirir réplicas de las obras de arte más representativas y seleccionar la colección que habrían de contemplar sus conciudadanos. Escogió piezas provenientes del Louvre, el Museo Británico, gliptotecas y otras instituciones de Grecia e Italia. Sabemos, gracias a los registros de archivo, que entre mayo y septiembre de 1927 Roberto Pizano seleccionó y compró cuidadosamente 242 yesos de alta calidad y precisión respecto a los originales, relacionados con el arte egipcio, asirio, persa, caldeo, griego y romano; así como con el arte gótico, renacentista, barroco, manierista, neoclásico, romántico y moderno.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="474" height="800" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131908/20260518_170252267_iOS.jpg" alt="" class="wp-image-129272" style="aspect-ratio:0.5925107088572613;width:345px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131908/20260518_170252267_iOS.jpg 474w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131908/20260518_170252267_iOS-178x300.jpg 178w" sizes="auto, (max-width: 474px) 100vw, 474px" /></figure>



<p>Asimismo, reunió una colección de grabados y calcografías provenientes de museos de Berlín, París, Londres y Madrid, conformada por 1.653 piezas de artistas como Jacques Callot, Rembrandt, Giovanni Battista Piranesi, Hyacinthe Rigaud y Alberto Durero.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="936" height="892" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131901/salida-puerto-1.png" alt="" class="wp-image-129268" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131901/salida-puerto-1.png 936w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131901/salida-puerto-1-300x286.png 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131901/salida-puerto-1-768x732.png 768w" sizes="auto, (max-width: 936px) 100vw, 936px" /></figure>



<p>La travesía de esta experiencia artística única comenzó en los muelles del Port Autonome du Havre, en la desembocadura del río Sena, en Normandía; también en los puertos de Hamburgo, desde donde partía el vapor <em>Venezuela</em> por el río Elba con cargamentos de la casa E. A. Seemann, desde Leipzig; y en otros muelles de Italia y Liverpool, con el vapor <em>P. de Latouche</em>. Los vapores coincidían en un viaje de tres meses hasta el muelle de Puerto Colombia, en Barranquilla, considerado en 1888 como el segundo más largo del mundo.</p>



<p>En este punto, el maestro Pizano, quien para ese entonces fungía sin posesionarse, como director de la Escuela de Bellas Artes, enfrentó dificultades administrativas derivadas de los engorrosos trámites impuestos por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público a través de la sección de encomiendas postales del exterior, especialmente en lo relativo a la exención de paquetes postales. Otro suplicio surgió con el transporte fluvial por el río Magdalena, donde champanes y vapores como el <em>Atlántico</em>, el <em>Bomboná</em> o el <em>Amazonas</em> trasladaban las enormes cajas de madera hasta Honda, Beltrán y Girardot. Allí eran revisadas nuevamente por inspectores fluviales antes de ser cargadas en los vagones del tren que finalmente las conducirían hasta la Estación de la Sabana, en Bogotá. Los cargamentos arribaron de manera escalonada durante todo 1928, e incluso algunos llegaron tardíamente en 1929.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="600" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132342/Rio-magdalena.png" alt="" class="wp-image-129276" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132342/Rio-magdalena.png 800w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132342/Rio-magdalena-300x225.png 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18132342/Rio-magdalena-768x576.png 768w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></figure>



<p>En uno de aquellos vapores viajó Pizano junto con su esposa y sus dos hijos, uno de ellos sería años después cofundador de la Universidad de los Andes y gestor del plan urbano de Bogotá ideado por Le Corbusier. Tocaron suelo colombiano el 26 de diciembre de 1927 y siguieron la misma travesía hasta el interior del país, donde logró posesionarse como director el 5 de enero de 1928.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="403" height="800" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131907/20260518_165959782_iOS.jpg" alt="" class="wp-image-129271" style="aspect-ratio:0.5037678131761546;width:354px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131907/20260518_165959782_iOS.jpg 403w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131907/20260518_165959782_iOS-151x300.jpg 151w" sizes="auto, (max-width: 403px) 100vw, 403px" /></figure>



<div class="wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-6c531013 wp-block-group-is-layout-flex">
<p>Con el entusiasmo intacto, Roberto Pizano instaló las oficinas y salones de la Escuela de Bellas Artes en la antigua casona de Miguel Antonio Caro, fundador de la Academia Colombiana de la Lengua, ubicada en la estratégica esquina de la carrera séptima con calle 19. La construcción, diseñada por Pietro Cantini y Carlos Camargo Quiñónez, contaba temporalmente con las condiciones espaciales necesarias para el estudio de las bellas artes. Entre tanto, la colección mundial llegaba al Colegio de San Bartolomé, donde era ubicada en el salón de grados para su revisión y restauración, a cargo del español nacionalizado en Colombia Ramón Barba.</p>
</div>



<p></p>



<p></p>



<p>Dentro de los propósitos de Roberto Pizano no estaba previsto que el destino, en ocasiones, juega con la fragilidad de la vida. De manera repentina apareció una extraña enfermedad que apagó rápidamente su vigor y, con él, la esperanza de sus discípulos, de los intelectuales y de toda una sociedad que creyó en un palacio inundado de arte y terminó enfrentándose al dolor de un sarcófago aquel 9 de abril.</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="567" height="480" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18130328/Roberto-Pizano-low.jpg" alt="" class="wp-image-129267" style="aspect-ratio:1.185287277112585;width:610px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18130328/Roberto-Pizano-low.jpg 567w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18130328/Roberto-Pizano-low-300x254.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 567px) 100vw, 567px" /></figure>



<p>Fue necesario un año entero para que la nación asimilara la derrota ante su muerte. El 9 de abril de 1930 se abrió finalmente la anhelada sala de exposiciones artísticas en Bogotá. Entretanto, seguían llegando comunicaciones de agentes de aduana reclamando innumerables encomiendas que, al parecer, continuaban arribando desde el Olimpo, resonando como campanas en los deudos oficiales de la titánica labor del maestro. Los años transcurrieron sin que esfuerzo posterior alguno lograra completar el sueño que Roberto Pizano alcanzó apenas a rozar con las manos: su edificación digna aún está por verse.</p>



<p>Hoy, casi un siglo después de su partida, los bajorrelieves y esculturas de la “Colección Pizano”, dispersos en espacios prestados, llenan de una pasión casi sacra a quienes hemos tenido el privilegio de contemplarlos en la biblioteca, el Museo de Arte Moderno y la hemeroteca de la Universidad Nacional de Colombia. Cada pieza pétrea, inmóvil pero vibrante, narra no solo la labor de su creador desde una mirada pedagógica e histórica, sino también el pasado estético de la humanidad. Sin embargo, la memoria colectiva parece desvanecerse cuando no conspira contra el olvido. Roberto Pizano lo sabía; por ello escribió lapidariamente en el prólogo de su libro sobre Vásquez de Arce y Ceballos:</p>



<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p>&#8220;Con razón debería gloriarse nuestra patria de los artistas que han florecido en su suelo, y, sin embargo, no son en general apreciados como lo merecen. Si se trata de los que en antaño vivieron, su historia está aún por escribir, y sus nombres se van desvaneciendo&#8221;</p><cite>Roberto Pizano Restrepo</cite></blockquote></figure>



<p>Pero el destino, y también la gracia divina, suele transitar por caminos insospechados, tejiendo artilugios invisibles para mantener viva la llama del pasado, esa que jamás debería extinguirse. Así, en medio de una búsqueda genealógica que parecía apenas un ejercicio de fechas, nombres y parentescos, las familias Pizano y De Brigard comenzaron a escudriñar los pliegues de un árbol familiar vasto y frondoso, poblado de personajes cuya sola evocación parece recorrer la historia republicana de Colombia: religiosos de hondura espiritual, artistas, políticos, intelectuales y empresarios que dejaron huella en la construcción del país.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="493" height="800" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131908/20260518_170441161_iOS.jpg" alt="" class="wp-image-129273" style="aspect-ratio:0.6162570888468809;width:306px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131908/20260518_170441161_iOS.jpg 493w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18131908/20260518_170441161_iOS-185x300.jpg 185w" sizes="auto, (max-width: 493px) 100vw, 493px" /></figure>



<p>De esa búsqueda del pasado podemos encontrar que, en los albores de la República, cuando la Sabana de Bogotá aún conservaba el aliento de la colonia y el eco de las guerras de independencia, la estirpe Sordo, de origen peninsular y arraigada entre comerciantes y hacendados, se entrelazó con la sangre de los Girardot, de ascendencia francesa. De aquellas uniones surgirían alianzas destinadas a prolongarse a través de generaciones como un río de memoria que nunca deja de correr. <em>(De la familia Sordo Girardot, hemos escrito el articulo: <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-conspiracion-del-olvido/el-nacimiento-del-sistema-financiero-y-economico-colombiano/">El nacimiento del sistema financiero y económico colombiano</a> )</em>.</p>



<p>Fue entonces cuando apareció la figura casi novelesca de Juan de Brigard y Dombrowsky, militar nacido en Varsovia, sobreviviente de las guerras napoleónicas, quien llegó a Colombia cargando consigo el polvo de Europa y el espíritu errante de los viejos imperios. Su unión, en 1824, con Benita María Josefa Sordo García, descendiente de una poderosa familia de comerciantes bogotanos, dio origen a la estirpe De Brigard Sordo, una rama familiar en la que se amalgamaron el rigor europeo, la sensibilidad intelectual y el arraigo criollo.</p>



<p>De aquella casa solariega nació, entre otros, Luis de Brigard Sordo, quien al unirse con María Josefa Ortiz daría paso a una generación profundamente ligada al destino cultural y espiritual del país. Entre sus hijos estuvieron María Luisa de Brigard Ortiz, destinada a cruzar su vida con la del artista Roberto Pizano Restrepo, y Monseñor Emilio de Brigard Ortiz, una de las figuras eclesiásticas más queridas e influyentes de Bogotá.</p>



<p>La unión entre Roberto Pizano Restrepo y María Luisa de Brigard Ortiz representó mucho más que un matrimonio: fue el encuentro simbólico entre la sensibilidad artística y una genealogía moldeada por la política, la fe y la educación republicana. De ese cruce nacieron herederos que prolongaron la vocación intelectual de la familia, de quien mencionamos anteriormente, Francisco Pizano de Brigard, arquitecto, político y cofundador de la Universidad de los Andes, institución de la que también fue rector y decano; o Helena Pizano de Brigard, cuya descendencia enlazaría con figuras determinantes de la vida nacional como Daniel Samper Pizano y el expresidente de Colombia Ernesto Samper Pizano.</p>



<p>Las ramas de este árbol familiar continúan extendiéndose hasta el presente, como raíces antiguas que se niegan a morir bajo la tierra del olvido. Allí aparece Carmen Pizano, heredera contemporánea de este linaje, depositaria no solo de un apellido, sino también de una memoria cultural, arquitectónica y espiritual que atraviesa generaciones enteras.</p>



<p>Y fue precisamente a través de un encuentro furtivo en este año con Carmen Pizano, casi como si la historia hubiese decidido abrir discretamente una puerta olvidada, que volvió a encender el llamado de la memoria. Aquel diálogo nos permitió comprender que el pasado no desaparece: permanece latente, aguardando a quienes estén dispuestos a escucharlo. Gracias a ese inesperado cruce de caminos, la figura titánica del maestro Roberto Pizano Restrepo volvió a levantarse sobre el pedestal de la memoria pétrea, reclamando el lugar que merece en la historia nacional: una historia que debe ser contada, recordada y profundamente apropiada por quienes aún creemos que el arte también puede salvar del olvido a nuestra nación.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ramón García Piment</author>
                    <category>La conspiración del olvido</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129242</guid>
        <pubDate>Mon, 18 May 2026 18:43:28 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18000930/20260515_040411510_iOS.png" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La memoria petrificada de un pensamiento titánico: Roberto Pizano Restrepo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ramón García Piment</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La imposibilidad de Arrow: cuando la democracia enfrenta sus propios límites</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ecuaciones-de-opinion/la-imposibilidad-de-arrow-cuando-la-democracia-enfrenta-sus-propios-limites/</link>
        <description><![CDATA[<p>En vísperas de las elecciones en Colombia, resulta oportuno recordar los hallazgos sorprendentes de los estudiosos de la teoría de la elección social, quienes han puesto de relieve las paradojas que surgen al intentar diseñar un método de votación perfecto.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>El estadounidense Kenneth Arrow ha sido considerado uno de los economistas más importantes del siglo XX. Falleció en 2017, a los 95 años de edad, y había recibido el Premio Nobel de Economía en 1972.</p>



<p>El resultado por el que Arrow es más conocido se denomina <em>teorema de imposibilidad de Arrow</em>, enmarcado en un campo de investigación situado entre las matemáticas y la economía: la teoría de la elección social, desarrollada a partir de su libro de 1951 <em>Social Choice and Individual Values</em>.</p>



<p>El teorema de imposibilidad de Arrow aborda el problema de elegir una opción dentro de un conjunto de alternativas mediante métodos basados en las preferencias individuales, que se transforman en una única preferencia colectiva. Un ejemplo típico es la elección de un representante de una comunidad cuando existen tres o más candidatos.</p>



<p>El significado fundamental del resultado de Arrow es que, sean cuales sean los detalles precisos del mecanismo de selección, resulta imposible que el procedimiento satisfaga simultáneamente ciertas condiciones que, consideradas de manera aislada, parecen naturales e irrenunciables. Esto implica que no existe sistema de elección capaz de evitar, en algún caso, resultados abiertamente contrarios a los fines que el propio diseño del mecanismo pretendía alcanzar.</p>



<p>Estas consecuencias pueden aparecer en determinadas situaciones, y aunque podamos evitarlas mediante una modificación del sistema de selección, al desaparecer las que se pretendía eliminar, inevitablemente surgen otras consecuencias indeseables.</p>



<p>Ante la pregunta de si es posible encontrar un sistema óptimo para establecer la preferencia colectiva —donde cada individuo debe poder ordenar, según su criterio, las opciones de su preferencia—, el teorema de Arrow ofrece una respuesta categórica: no existe sistema alguno capaz de satisfacer simultáneamente las siguientes cuatro condiciones:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li><strong>Universalidad:</strong> el sistema produce siempre un resultado para la preferencia colectiva, sean cuales sean las preferencias individuales.<br></li>



<li><strong>Unanimidad (eficiencia de pareto):</strong> Si para todos los electores A es preferible a B, entonces la elección no puede recaer en B.<br></li>



<li><strong>Independencia de alternativas irrelevantes:</strong> el resultado no debe depender de las preferencias de los electores por alternativas que ya no están en juego. Si se elimina una opción, el orden de las demás, no excluidas, debe mantenerse.<br></li>



<li><strong>Ausencia de dictadores: </strong>el sistema garantiza que no exista ningún elector —denominado en este contexto “dictador”— cuyas preferencias coincidan siempre con el resultado, independientemente de las preferencias de los demás.</li>
</ol>



<p><br>Originalmente, el enunciado del teorema de Arrow afirma lo siguiente:</p>



<p><em>“Todo sistema de establecimiento de preferencias colectivas que satisfaga las propiedades 1, 2 y 3 anteriores necesariamente tiene un dictador.”</em></p>



<p>Esto significa que las condiciones 1, 2 y 3 constituyen requerimientos mínimos de democracia.</p>



<p>Naturalmente, el teorema de imposibilidad de Arrow conduce a paradojas. Consideremos el siguiente ejemplo: los votantes, integrantes de un congreso compuesto por 99 miembros, ordenan sus preferencias entre tres proyectos de desarrollo vial <em>A</em>, <em>B</em> y <em>C</em>, clasificándolos de mejor a peor para decidir cuál de los tres será aprobado. Supongamos que el resultado es el siguiente:</p>



<p><strong>33 votos</strong>: <em>A &gt; B &gt; C</em>. Es decir, un tercio del congreso prefiere el proyecto <em>A</em> sobre <em>B</em>, y <em>B</em> sobre <em>C</em>.</p>



<p><strong>33 votos:</strong><em> B &gt; C &gt; A</em>. Otro tercio prefiere <em>B</em> sobre <em>C</em>, y <em>C</em> sobre <em>A</em>.</p>



<p><strong>33 votos: </strong><em>C &gt; A &gt; B.</em> Finalmente, el último tercio prefiere <em>C</em> sobre <em>A</em>, y <em>A</em> sobre <em>B</em>.</p>



<figure class="wp-block-table"><table class="has-fixed-layout"><tbody><tr><td class="has-text-align-center" data-align="center"><strong>Grupo de votantes</strong></td><td class="has-text-align-center" data-align="center"><strong>Preferencia 1</strong></td><td class="has-text-align-center" data-align="center"><strong>Preferencia 2</strong></td><td class="has-text-align-center" data-align="center"><strong>Preferencia 3</strong></td></tr><tr><td class="has-text-align-center" data-align="center">33 miembros</td><td class="has-text-align-center" data-align="center"><em>A</em></td><td class="has-text-align-center" data-align="center"><em>B </em></td><td class="has-text-align-center" data-align="center"><em>C</em></td></tr><tr><td class="has-text-align-center" data-align="center">33 miembros</td><td class="has-text-align-center" data-align="center"><em>B</em></td><td class="has-text-align-center" data-align="center"><em>C</em></td><td class="has-text-align-center" data-align="center"><em>A</em></td></tr><tr><td class="has-text-align-center" data-align="center">33 miembros</td><td class="has-text-align-center" data-align="center"><em>C</em></td><td class="has-text-align-center" data-align="center"><em>A</em></td><td class="has-text-align-center" data-align="center"><em>B</em></td></tr></tbody></table></figure>



<p>En este escenario, al comparar por pares:</p>



<p><em>A </em>es preferido sobre <em>B</em> (66 votos contra 33).</p>



<p><em>B</em> es preferido sobre <em>C</em> (66 votos contra 33).</p>



<p><em>C</em> es preferido sobre <em>A</em> (66 votos contra 33).</p>



<p>Esto presenta un resultado paradójico:&nbsp;</p>



<p><em>A &gt; B &gt; C &gt; A.</em></p>



<p>Es decir, no existe un ganador claro, y el sistema de votación arroja un desenlace contradictorio con la idea de una preferencia colectiva coherente.</p>



<p>No obstante, las paradojas solo aparecen cuando existen tres o más alternativas. A pesar de las implicaciones del teorema, los métodos de votación entre dos opciones no presentan dificultad; y esta es una de las razones por las que se recurre con frecuencia a la eliminación de múltiples alternativas hasta reducir la decisión únicamente a dos. Decidir entre múltiples candidatos cuál goza de mayor favorabilidad conduce a situaciones paradójicas que no se producen cuando únicamente se enfrentan dos candidatos.</p>



<p>El teorema de imposibilidad de Arrow revela los desafíos inherentes a los sistemas de votación basados en el orden de las preferencias, al mostrar que ningún método puede satisfacer simultáneamente todas las condiciones clave de equidad, y pone de relieve las paradojas que entraña la búsqueda de un sistema de elección colectiva perfecto. Se trata de un concepto fundamental en la teoría de la elección social, que subraya la complejidad y los desafíos de la toma de decisiones colectivas.</p>



<p>Gracias a esta investigación, en 1972 Arrow se convirtió en la persona más joven en recibir el Premio Nobel de Economía.</p>



<p>@MantillaIgnacio</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ignacio Mantilla Prada</author>
                    <category>Ecuaciones de opinión</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129218</guid>
        <pubDate>Mon, 18 May 2026 14:57:54 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/17161239/Arrow-1.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La imposibilidad de Arrow: cuando la democracia enfrenta sus propios límites]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ignacio Mantilla Prada</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>&amp;#8220;Llueve sobre Babel&amp;#8221;</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/llueve-sobre-babel/</link>
        <description><![CDATA[<p>&#8220;Llueve sobre Babel es una carta de amor que reimagina a Cali como la Ciudad Maya, o el Purgatorio mismo, e invita al público a reflexionar sobre la belleza y el dolor del crecimiento, la supervivencia y el autodescubrimiento&#8221;.  Gala del Sol, directora.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right">Hernando Llano Ángel</p>



<p>La ópera prima cinematográfica de Gala del Sol, concebida durante la pandemia del Covid-19 con un grupo de jóvenes amigos teatreros de Cali entre 21 y 26 años, hace honor al nombre artístico de su directora. Es una película solar y a la vez pluvial, que marca un punto de inflexión en el imaginario de “Caliwood”. Sin duda, se suma a la saga creativa, crítica y transgresora de Luis Ospina y Carlos Mayolo, como al mundo frenético, pagano, vital y lúgubre dejado por Andrés Caicedo, para “quien vivir después de los 25 era una vergüenza”. Estos jóvenes también nos demuestran, igual que Caicedo, que se pueden hacer obras magnificas, en el límite de lo antológico, antes de los 25..</p>



<p><strong>Lluvia de reconocimientos &nbsp;</strong></p>



<p>Su debut mundial fue en el Festival de Sundance 2025, posteriormente seleccionada por The Hollywood Reporter entre las 10 mejores películas en español de 2025 (hasta la fecha). También ha recibido crítica destacada en Variety, que la describió como &#8220;<em>un triunfo maximalista&#8221;</em> y a su directora como &#8220;<em>una voz fabulosamente singular del cine contemporáneo”.</em> Ha recorrido más de 50 festivales y ha sido distribuida en 20 países, con proyecciones en Pixar Animation Studios y post-producción de audio en Sony Pictures Studios. Es una cinta que amalgama, con un ritmo vertiginoso, una serie de historias de vida y muerte, con sus luces y sombras, que se resisten a los designios de la “Flaca”, una hermosa y rumbera negra que oficia como Parca desde el mítico Bar Babel. Está adobada con una excelente banda musical original, compuesta por el joven caleño Martin De Lima, que acompasa perfectamente con la música en vivo del bar Babel.</p>



<p>En palabras de Gala del Sol, su directora: <em>“Llueve sobre Babel» es una carta de amor a la ciudad que me marcó. Ambientada en un mundo retrofuturista y tropical-punk, la película captura el choque entre la rebeldía y la nostalgia en la jungla de cemento latinoamericana, impregnada del espíritu del punk de los 90. Reimagina Cali, Colombia, como la Ciudad Maya, o el Purgatorio mismo, e invita al público a reflexionar sobre la belleza y el dolor del crecimiento, la supervivencia y el autodescubrimiento en un lugar lleno de contradicciones”<a id="_ednref1" href="#_edn1"><strong>[i]</strong></a></em>. En efecto, nos proyecta la idea de que toda vida humana es una obra inconclusa, una apuesta incierta y difícil por afirmar cada persona su propia identidad, desafiando modelos familiares y sociales impuestos como normales, erigidos en expresión de éxito incuestionable. Y lo extraordinario es que este grupo de jóvenes lo hace de una manera festiva y profunda, superando prejuicios y clichés. Así logran recrear una Cali que es mucho más que el eslogan turístico de “<em>la capital mundial de la salsa</em>” o la delirante “<em>sucursal del cielo</em>”, para no mencionar la desafortunada campaña de la actual administración: “<em>Cali es donde <strong>debes estar</strong>”, </em>como si se tratará de una obligación, en lugar de una apasionada elección. Viendo “<em>Llueve</em> s<em>obre Babel”</em>, uno comprende fácilmente porque Cali es mucho más que todo lo anterior. Es también purgatorio de almas en tránsito, que ruegan a la Flaca prolongar su estadía en estos confines terrenales para continuar gozando la vida con todas sus limitaciones y penalidades, sin arruinar su propio cuerpo y el de los demás, como lo hace el poeta Monet en la cinta, que para sobrevivir es un pequeño narcotraficante. Almas y cuerpos que traicionan al final de su vida el amor, como lo hace Gian Salai por Dante, no por casualidad en la propia oficina de Babel. Un amor nacido en medio de las trincheras de la guerra, entre combatientes que se rebelan con su pasión contra la homofobia consubstancial en todas las filas militares, tanto en las institucionales como insurgentes, que lo reprimen hasta con pena de muerte. Por eso en la cinta, Cali es también una ciudad para la vivencia y el disfrute de las Drags Queens, que exhiben con orgullo su estrambótica belleza y provocadores movimientos, que llevan al éxtasis al público de Babel y a más de un asistente en las salas de cine.</p>



<p><strong>Cali cosmopolita y provinciana</strong></p>



<p>Desde las primeras imágenes, la cinta nos sorprende y deslumbra, pues yuxtapone a la Cali tradicional, provincial y bucólica de San Antonio con la Cali-Babel moderna, cosmopolita y surrealista donde vemos rascacielos y hasta una especie de pirámide Maya, que se diluye en el horizonte. En la esquina aparece el grupo irreverente de las Drags Queens pidiendo la bendición del pastor, pero también el mensajero del ayer con su burro, cargado de pliegos y recuerdos, descendiendo por una empinada calle del barrio, sacado de la imaginación macondiana. Así nos va llevando Gala de la mano de personajes míticos como el Boticario, extraviado en el limbo a las puertas del averno, con su bella compañera silente desde niña, que no tiene voz y solo se expresa escribiendo en los espejos de bares y baños para invitarnos a reflejarnos en ellos, tal como somos, sin escondernos en palabras y justificarnos en bellos discursos. Y nos conduce a dos escenarios en los que transcurren los principales acontecimientos de la Cali-Babel. El primero de carácter sagrado y metafísico, la casa e iglesia del pastor evangélico y el otro totalmente pagano y mundano, el Bar Babel y el Motel “Pequeño Pony”, coronado por una deslumbrante Venus, que domina todo a su alrededor. Es casi imposible separar e identificar el hogar del pastor, decorado con crucifijos y veladoras, de la escenografía moderna de su Iglesia, fluorescente y a la vez familiar, donde se congregan sus feligreses. Pero ambos lugares terminan siendo profanados por la irrupción del deseo y las identidades de quienes se sienten más allá de lo masculino y lo femenino. En su propio hogar, por Jacob, su preciado hijo y futuro pastor, integrante de las Drags Queen, cuya identidad es descubierta accidentalmente por su madre, al ver bajo la mesa sus medias de cabaret y en el templo con la presencia sorpresiva del hijo de su mejor amigo, que le reclama al Pastor ser reconocida con su nueva identidad trans.</p>



<p><strong>Escenarios de placer y disputa</strong></p>



<p>Algo similar sucede con el segundo escenario, pues entre Babel y “Pequeño Pony” existe una continuidad fluida, la de los cuerpos que danzan y luego se entrelazan, pasando del jolgorio de la salsa al éxtasis sensual. &nbsp;El Motel es la quintaesencia del desenfreno y el goce, situado en la periferia del centro de Cali, coronado por una gigantesca Venus, que de caerse aplastaría todo el vecindario. Bajo sus pies, se extiende una laberíntica red de habitaciones que permite recrear a sus clientes con sus decorados esperpénticos las fantasías eróticas desde el remoto Egipto, pasando por la condenada Sodoma, hasta la lujuriosa y moderna ciudad del pecado, Las Vegas. Sin duda, el “Pequeño Pony”, motivaría a Trump a visitar clandestinamente a Cali de no estar tan extraviado y a punto de naufragar en el estrecho de Ormuz. Pero el que sí se encuentra como rehén de sus pasiones y fantasías en el “Pequeño Pony” es nada menos que Cayo Hueso, el “<em>sexofonista”</em> de Bamba, la insuperable banda de salsa, que deberá presentarse al amanecer en el Babel para salvar de sus deudas a Gian Salai de un par de implacables agiotistas del gota-gota. Para rescatar a Cayo Hueso de la habitación 777 será precisa la valiosa colaboración de la salamandra Rosa, compañera inseparable de la bella gitana argentina, que recorrerá las entrañas nauseabundas de las cañerías de Venus y les permitirá ingresar al Motel y liberar a Cayo Hueso, después de vencer en un feroz combate a los cancerberos del “Pequeño Pony”. Y así llegamos al final apoteósico y feliz del concierto en Babel. Un bar “metafísico” de vida, goce y transición al más allá, que brinda a todos sus clientes la posibilidad de descubrir su personal y propio elixir de la vida. Un elixir que, sin duda, reclama a todo ser humano una voluntad insobornable de autenticidad y una búsqueda inclaudicable de felicidad, capaz de desafiar y vencer a la Flaca y su diabólico cómplice, el Boticario. Por eso, lo invito a ver “Llueve sobre Babel”, para que deguste un coctel de eternidad.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> <a href="https://www.fabrica-mundi.com/llueve-sobre-babel">https://www.fabrica-mundi.com/llueve-sobre-babel</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129223</guid>
        <pubDate>Sun, 17 May 2026 22:18:19 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>Petro y la Lista Clinton</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/petro-y-la-lista-clinton/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ernesto Samper entendió algo hace décadas, cuando Estados Unidos le retiró la visa en medio del proceso 8.000: el castigo no era administrativo. Era político. Era un mensaje de poder. Y frente a eso tomó una decisión que, les guste o no sus críticos, terminó convirtiéndose en un gesto de dignidad personal: nunca más volvió [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Ernesto Samper entendió algo hace décadas, cuando Estados Unidos le retiró la visa en medio del proceso 8.000: el castigo no era administrativo. Era político. Era un mensaje de poder. Y frente a eso tomó una decisión que, les guste o no sus críticos, terminó convirtiéndose en un gesto de dignidad personal: nunca más volvió a pedirla.</p>



<p>Podían aislarlo. Podían señalarlo. Pero no iban a verlo rogando.</p>



<p>Con Gustavo Petro ocurrió exactamente lo contrario.</p>



<p>Durante meses, buena parte de los movimientos políticos y diplomáticos del presidente parecían atravesados por una obsesión silenciosa: evitar terminar —o salir cuanto antes— de la llamada Lista Clinton. Y no era paranoia. Cualquiera que entienda lo que significa entrar allí comprende por qué un mandatario, un empresario o una figura pública harían prácticamente cualquier cosa por impedirlo.</p>



<p>Porque la Lista Clinton —las sanciones OFAC administradas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos— no es simplemente una lista negra. Es una muerte financiera internacional. Quien entra allí queda prácticamente expulsado del sistema económico occidental: bancos que cierran cuentas, empresas que rompen relaciones, activos congelados, restricciones para mover dinero y un efecto devastador sobre familiares, socios y entorno político. No hace falta una condena penal. Basta la decisión política de Washington.</p>



<p>Y entonces ocurrió lo que durante meses parecía imposible para un presidente colombiano en ejercicio.</p>



<p>El Gobierno de Estados Unidos incluyó en la Lista Clinton al presidente Gustavo Petro, a su esposa Verónica Alcocer, a su hijo Nicolás Petro y al entonces ministro del Interior, Armando Benedetti.</p>



<p>El mensaje fue demoledor.</p>



<p>Porque Washington no sancionó solamente al jefe de Estado colombiano. Sancionó a su círculo más íntimo. A su familia. A su entorno político más cercano. Y con ello convirtió el problema en algo mucho más profundo que una disputa diplomática.</p>



<p>Ya no se trataba solamente de restricciones financieras.</p>



<p>Se trataba de destruir legitimidad.</p>



<p>Porque las sanciones OFAC tienen precisamente esa característica: contaminan todo alrededor. Nadie quiere hacer negocios con alguien incluido allí. Bancos internacionales bloquean operaciones. Empresas evitan relaciones. Gobiernos toman distancia. El sistema entero actúa como si la persona estuviera marcada.</p>



<p>Por eso resulta tan revelador observar lo que ocurrió alrededor de Petro durante los meses posteriores.</p>



<p>La Presidencia de Colombia terminó firmando un contrato de diez mil millones de pesos para buscar una salida jurídica y política frente a las sanciones estadounidenses. Pero el escándalo no fue solamente la cifra. Fue el destinatario.</p>



<p>El Gobierno contrató a una microempresa británica de apenas dos empleados llamada Amadeus Consultancy. Una firma con activos cercanos a las 57 mil libras esterlinas, sin trayectoria reconocida como gran bufete internacional y operando desde una oficina prefabricada en un polígono industrial del noroeste de Inglaterra.</p>



<p>La empresa recibiría cerca de 2,7 millones de dólares en apenas 112 días. Treinta y cinco veces su patrimonio.</p>



<p>Y el detalle más impactante quizá sea otro: el contrato no incluía defender jurídicamente al Estado colombiano ni litigar formalmente ante tribunales estadounidenses. La consultora debía simplemente elaborar “recomendaciones”, análisis y conceptos técnicos sobre cómo enfrentar las sanciones internacionales.</p>



<p>Es decir: diez mil millones de pesos públicos para intentar recuperar legitimidad frente a Washington.</p>



<p>Pero además apareció un elemento todavía más delicado políticamente: distintos reportes periodísticos comenzaron a señalar vínculos y relaciones previas entre Amadeus Consultancy y el entorno de Alex Saab, el empresario colombiano recientemente extraditado y convertido en una de las figuras más sensibles del entramado financiero del chavismo.</p>



<p>Y ahí la situación deja de ser solamente escandalosa para convertirse en profundamente simbólica.</p>



<p>Porque el gobierno que durante años construyó un discurso moral contra las élites, el imperialismo y las redes tradicionales de poder internacional terminó recurriendo a una pequeña firma extranjera, ligada además a personajes del universo político venezolano, para intentar resolver su crisis frente a Washington.</p>



<p>Todo esto hace todavía más simbólico el origen político de la historia.</p>



<p>Porque meses antes, en Central Park, Nueva York, Petro apareció con un megáfono lanzando discursos incendiarios contra el poder estadounidense y contra Donald Trump. No fue en cualquier lugar. Fue en el corazón simbólico de Estados Unidos. En la ciudad que representa el mito personal de Trump. La ciudad donde construyó su fortuna, su apellido y su narrativa de poder. La ciudad donde se levanta la Trump Tower.</p>



<p>Hay algo que muchos todavía no terminan de comprender sobre Trump: negocia todo, pero no olvida nada.</p>



<p>Trump puede sentarse con sus adversarios, sonreír, conversar y tomarse fotografías. Lo ha hecho toda su vida. Una semana antes de destruir políticamente a alguien puede estar negociando con esa misma persona. Así funciona su lógica de poder.</p>



<p>Por eso las fotografías posteriores, los acercamientos diplomáticos y los permisos especiales nunca significaron necesariamente reconciliación.</p>



<p>Semanas antes de la captura y traslado de Nicolás Maduro a territorio estadounidense —uno de los gestos más contundentes de poder militar y dominación geopolítica de la administración Trump en América Latina— existían conversaciones y contactos. Porque Trump es un negociante. Pero también es un hombre profundamente resentido.</p>



<p>Se resiente con periodistas que lo contradicen. Con celebridades que lo atacan. Con antiguos aliados que considera desleales. Y probablemente también con líderes extranjeros que decidieron desafiarlo públicamente en su propia ciudad.</p>



<p>Petro quizás confundió capacidad de negociación con ausencia de memoria.</p>



<p>Y ahí apareció el verdadero problema político.</p>



<p>A pocos meses de abandonar la Presidencia, Gustavo Petro ya no tenía margen suficiente para negociar directamente con Washington una eventual salida de la Lista Clinton. Un eventual gobierno de continuidad progresista tampoco tendría demasiado capital político para lograrlo.</p>



<p>Paradójicamente, quien sí podría tener capacidad real de interceder por el presidente Petro sería un gobierno de derecha.</p>



<p>Un gobierno alineado históricamente con Estados Unidos. Un gobierno dispuesto a reconstruir una relación clásica, disciplinada y estratégica con Washington. Un gobierno capaz de pedir “ese favor” dentro de una lógica de cooperación irrestricta.</p>



<p>Pero surge entonces la pregunta más incómoda de todas:</p>



<p>¿por qué lo harían?</p>



<p>¿Por qué ayudarían ellos políticamente al hombre más importante del progresismo colombiano?</p>



<p>Porque mantener a Petro cercado internacionalmente tendría una enorme utilidad política interna. No afectaría solamente a un expresidente. Afectaría a la principal figura simbólica de la izquierda colombiana durante años. A su familia. A su entorno. A su capacidad económica y de movimiento internacional.</p>



<p>Sería, además, un mensaje continental.</p>



<p>La izquierda latinoamericana pasó años construyendo un relato antiestadounidense mientras, al mismo tiempo, dependía profundamente de la legitimidad financiera y diplomática del propio sistema occidental.</p>



<p>Quizás, en tres años, un cambio de administración en Estados Unidos podría abrir una ventana distinta. Tal vez un presidente demócrata estaría dispuesto a revisar las sanciones, reconstruir canales diplomáticos o desescalar políticamente el caso Petro. Pero incluso eso es profundamente incierto. Porque las sanciones de Washington rara vez dependen solamente de afinidades ideológicas. También dependen de intereses estratégicos, de presiones internas y, sobre todo, de símbolos de poder.</p>



<p>Y ahí es donde la comparación con Samper termina siendo demoledora.</p>



<p>A Samper le quitaron la visa y jamás volvió a pedirla. Transformó la sanción en una forma de dignidad política. Petro, en cambio, termina dejando la imagen opuesta: la de un hombre que pasó del discurso antiimperialista a la necesidad desesperada de recuperar legitimidad ante el mismo poder que desafió durante años.</p>



<p>Porque al final, la tragedia política de Gustavo Petro no fue entrar a la Lista Clinton.</p>



<p>Fue demostrar cuánto necesitaba nunca haber entrado allí.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129216</guid>
        <pubDate>Sun, 17 May 2026 17:13:06 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Petro y la Lista Clinton]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Perfecciones imperfectas II. La imperfección y la biología</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/perfecciones-imperfectas-ii-la-imperfeccion-y-la-biologia/</link>
        <description><![CDATA[<p>La semana pasada se trató el tema de las imperfecciones que, en ciertos diseños de ingeniería, se traducen en robustez y flexibilidad. Esta semana se explorarán casos en los que este principio se cumple en el reino de la naturaleza, donde se manifiesta el mejor ejemplo de &#8220;perfecta imperfección”: el mecanismo de replicación del ADN, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>La semana pasada se trató el tema de las imperfecciones que, en ciertos diseños de ingeniería, se traducen en robustez y flexibilidad. Esta semana se explorarán casos en los que este principio se cumple en el reino de la naturaleza, donde se manifiesta el mejor ejemplo de &#8220;perfecta imperfección”: el mecanismo de replicación del ADN, causante de la diversidad de la vida en la Tierra. Sin errores en las copias no habría mutaciones y, sin estas, no existirían la diversidad biológica ni la adaptación. Sin errores de copia, seguiríamos siendo organismos unicelulares. El error es una expresión del caos y es, al mismo tiempo, el motor de la innovación biológica.</p>



<p>Incluso el corazón humano sigue esta lógica. Un corazón ideal no late con la precisión de un metrónomo; de hacerlo, lo más recomendable sería pagar de una vez el ataúd. Los corazones sanos poseen un &#8220;caos determinista&#8221;, lo que significa que el intervalo entre latidos varía constantemente por milisegundos. Esta irregularidad permite al sistema cardiovascular responder instantáneamente a cambios inesperados, como un susto, un esfuerzo físico o un cambio de presión. Un ritmo rígidamente perfecto incapacitaría al corazón para adaptarse a la incertidumbre del entorno; en este contexto, el desorden se convierte en resiliencia.</p>



<p>Debo confesar que este interés por la “perfección imperfecta” (no hay tal cosa) se debe al mero deseo de investigar y contar sobre los gallos Onagadori.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" src="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/5/57/KITLV_A955_-_Haan_in_Japan%2C_KITLV_107916.tiff/lossy-page1-960px-KITLV_A955_-_Haan_in_Japan%2C_KITLV_107916.tiff.jpg?utm_source=commons.wikimedia.org&amp;utm_campaign=index&amp;utm_content=thumbnail" alt="" /></figure>



<p><em>O-naga-dori</em> significa &#8220;ave de cola larga&#8221;. Esta es una de las razas de gallos más espectaculares y raras del mundo. Los hace únicos una mutación genética que impide que las plumas de la cola muden anualmente, provocando que crezcan sin detenerse. Poseen un gen recesivo llamado <em>non-molting</em> (nm). En condiciones óptimas, sus plumas crecen entre un metro y medio y tres metros por año; y alcanza longitudes de entre diez y doce metros.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="655" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/17100017/Screenshot-2026-05-17-095946-655x1024.png" alt="" class="wp-image-129214" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/17100017/Screenshot-2026-05-17-095946-655x1024.png 655w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/17100017/Screenshot-2026-05-17-095946-192x300.png 192w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/17100017/Screenshot-2026-05-17-095946.png 761w" sizes="auto, (max-width: 655px) 100vw, 655px" /></figure>



<p>Estos gallos requieren cuidados extremos de los criadores: viven en jaulas especiales llamadas <em>tombaku</em>, diseñadas con una percha alta para que la cola cuelgue sin tocar el suelo contra el cual se estropearía: se infectaría, se ensuciaría, se rompería. Debido a que su exportación está prohibida, es prácticamente imposible encontrar ejemplares fuera de Japón. Allí la raza fue declarada &#8220;Monumento Natural Especial&#8221; en 1952.</p>



<p>La tradición oral atribuye su origen a Takeichi Rizaemon, quien, entre 1644 y 1648, crió aves de plumaje excepcional para decorar las lanzas y estandartes de los señores feudales. En los desfiles ceremoniales, estas plumas eran símbolo de estatus y poder militar. Al notar que algunos ejemplares no mudaban —ignorando entonces que se trataba de una mutación—, los criadores se concentraron en escoger solo a los ejemplares que poseyeran ese rasgo. En el mundo silvestre, una cola larga es un arma de doble filo: potencia el éxito del cortejo (la selección sexual), pero convierte al ave en una presa fácil. Por ello, ninguna especie salvaje alcanza las proporciones del Onagadori. Lo más cercano es el gallo <em>Bankiva</em> (<em>Gallus gallus</em>), ancestro de todos los gallos domésticos, cuyas plumas caudales son brillantes y arqueadas, pero mudan cada año para reparar las plumas que se dañan por la densa vegetación del sudeste asiático. Otro ejemplo es el gallo Verde de Java (<em>Gallus varius</em>), con una de las colas más estilizadas entre los ejemplares silvestres.</p>



<p>La naturaleza, aunque ciega, busca constantemente un óptimo que apunta a la eficacia biológica. Esta resulta de dos variables: la eficacia reproductiva y la supervivencia. A menudo, la primera entra en conflicto con la segunda. Los gallos Onagadori son hermosos para nosotros y para las hembras de su especie, pero con sus colas pesadas y magníficas prácticamente no pueden moverse, volar ni esconderse.</p>



<p>Si buscamos un ave diseñada exclusivamente por la evolución que se parezca al Onagadori, debemos ir a los faisanes. En el faisán de <em>Reeve</em>, la cola puede superar los dos metros; en el faisán plateado, mide unos setenta centímetros; y en el pavo real, entre uno y un metro y medio. No obstante, todas estas aves mudan anualmente su plumaje.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" src="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/a/a2/K%C3%B6nigsfasan_%28Syrmaticus_reevesii%29.jpg/960px-K%C3%B6nigsfasan_%28Syrmaticus_reevesii%29.jpg?utm_source=commons.wikimedia.org&amp;utm_campaign=index&amp;utm_content=thumbnail" alt="" /></figure>



<p>Los Onagadori son una especie de joyas vivientes que suben el estatus social de sus criadores debido a la complejidad que exige su manutención y cría. Históricamente, solo las clases altas o individuos privilegiados, patrocinados por los señores feudales podían criarlos y mantenerlos. Su &#8220;imperfección&#8221; biológica resulta de una belleza imponderable; sin embargo, han perdido toda su autonomía natural: dependen absolutamente del cuidado humano para sobrevivir.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129211</guid>
        <pubDate>Sun, 17 May 2026 15:00:24 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Perfecciones imperfectas II. La imperfección y la biología]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿Por qué Abelardo De La Espriella presume de su entrepierna?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/por-que-abelardo-de-la-espriella-presume-de-su-entrepierna-2/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cuando un candidato presidencial y la prensa chocan, se juntan el hambre con las ganas de comer, en un juego de roles en el que todos los involucrados ganan algo, mientras la sociedad y los ciudadanos perdemos. Como político, Abelardo De La Espriella es la constatación de un oficio en decadencia. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Imagen creada con inteligencia artificial.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-ed419ea6cacf2fc984b751448a91a1ee"><strong><em>Busque llamar la atención a cualquier precio. Todo es juzgado por su apariencia, lo que no se ve no cuenta (&#8230;) Ponga toda su fuerza en destacarse. Conviértase en un imán que concentre la atención de los demás, mostrándose más grande, más atractivo y más misterioso que la gran masa, tímida y anodina”:</em> Del libro Las 48 leyes del poder.</strong></p>



<p>Es posible que el candidato presidencial Abelardo De La Espriella (ADELE) esté lejos, muy lejos, de tener pinta de estadista, pero nadie puede negar que sabe cómo alborotar a las masas en una sociedad harto conservadora y mojigata.</p>



<p>Podemos gastar tinta y tiempo repudiando sus conductas entre ofensivas y desafiantes. Podríamos debatir sobre la sexualización de la política (es decir, sus frases con carga sexual), cómo método legítimo o ilegítimo para conquistar votos. Podríamos preguntar si cada vez que el monteriano alardea del tamaño de su pene (¿?) o del grueso de su chequera está escondiendo uno que otro complejillo.</p>



<p>Podríamos usar varias cuartillas para desmenuzar y rechazar todas las veces en las que <em>El Tigre</em> ha mostrado su desprecio hacia la prensa y los periodistas. Porque todo es posible en esta vida menos revivir a los muertos, y en esta contienda electoral sí que hay más de un difunto&#8230; en sentido figurado. ADELE está <em>vivito y coleando</em> (con o), dando la pelea en las encuestas para pasar a segunda vuelta. Paloma Valencia va ahí, detrás, intentando desplegar sus alas. </p>



<p>Podemos sentar cátedra sobre moral para reprobar sus poses de macho machote o sus fijaciones fálicas y así quedar divinamente con quienes desdeñan su candidatura. Podemos clavarlo en la cruz de la picota pública para parecer políticamente correctos. Pero qué necesidad de llover sobre mojado en torno a este circo mediático si todo el mundo habla de lo mismo y mañana el asunto sobre su pito nos importará un pito.</p>



<p>Porque nada de lo que se escriba cambiará el mundo. En cambio, lo que diga ADELE, hace que muchos sin tema para llenar columnas, ahora lo tengan, y quién quita que por ahí derecho se catapulte al poder, precisamente por el exceso de importancia que le hemos dado.&nbsp;Y eso, más que el tamaño de su cosita, es lo preocupante.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-97ed910380fb87172185996746827466"><strong><em>“La política ha ido remplazando cada vez más las ideas y los ideales, el debate intelectual y los programas, por la mera publicidad y las apariencias”,</em></strong> señala Mario Vargas Llosa en su libro “La sociedad del espectáculo”.</p>



<p>Sin justificar su patanería, envuelta en frases que pronuncia en tono calmado, sin que se le arrugue el traje, diré que todo lo que pasa con <em>El Tigre</em> es el natural reflejo de la sociedad del espectáculo en que se convirtió la política mundial tras la irrupción de las redes sociales en nuestras vidas. Importan la apariencia más que las ideas. Importa el numerito no el contenido. Importa aquello que genere atención (y eso incluye descalificar al contrario, por ejemplo)</p>



<p>La habilidad del político moderno no está en los conocimientos que acumule en su cerebro, sino en su sagacidad con las palabras y los ademanes para robarse el show. En esas lides, ADELE es un monstruo, en el sentido que cada lector quiera tomarlo. Es el <em>showman</em> de esta campaña presidencial. El numerito que justifica pagar la entrada. Aquel que gusta y disgusta pero no deja indiferente a nadie, porque sobre esta clase de personas todos tienen (tenemos) una opinión. Y eso significa que no es un pintado en la pared.</p>



<p>Subestimarlo es desconocer que, bajo esta misma fórmula, los argentinos eligieron a Javier Milei y los gringos a Trump. Como fenómenos políticos, son rompedores, harina (¿o <em>memes</em>?) del mismo costal. Han construido un personaje, son fieles a él y, como el producto que son, tienen una clientela cautiva; querámoslo o no, eso los hace genuinos y les imprime carácter; en su rol antagónico, encarnan al villano perfecto del que muchos se enamoran, quitando del medio a unos contradictores con déficit histriónico, que si bien se las dan de políticamente correctos, las más de las veces lo son únicamente de labios para afuera.</p>



<p>Porque en el fondo la diferencia entre ser políticamente correctos y políticamente incorrectos es el nivel de hipocresía con el cual nos queremos arropar. Y la gente está ahí, observando, al que quiere ser sin parecer. Más allá de eso, en una campaña electoral los candidatos que posan de buenos y formalitos&nbsp;están condenados al cuarto de <em>San Alejo</em> (que, a propósito, es el patrono de los que sufren humillaciones).</p>



<p>O sea, dependiendo de las circunstancias, la política requiere ciertas dosis de cinismo y agresividad. En una recta final como la actual, faltando una quincena para elecciones, gana puntos quien domine la conversación o imponga la agenda: Eso hace la diferencia entre estar y no estar en los titulares. Por eso, el dicho es muy sabio: <em>Es mejor llegar a tiempo que ser invitado.</em></p>



<p>El caso de Sergio Fajardo es el mejor ejemplo. Borrado de las encuestas, su exceso de decencia y su currículo de estudiante aplicado (¡díganme si no tiene más pinta del monaguillo que quería ser cura y no de profesor de matemáticas!), daría para escribir todo un tratado sociológico que explique lo rara que es la política y los raros que son los electores. El hombre hizo todo lo contrario de lo que recomienda&nbsp;una de las leyes de&nbsp;<em>Las 48 leyes del poder: “Nunca acepte perderse en el anonimato de la multitud o ser sepultado por el olvido”.</em> No se fue a ver ballenas esta vez, pero su presencia pasa inadvertida.</p>



<p>Me atrevo a decir que una cuarta candidatura&nbsp;suya sería un atentado a nuestra paciencia. Sobre él parece caer la misma maldición que le negó la presidencia a Germán Vargas Lleras, Horacio Serpa, Álvaro Gómez o Noemí Sanín.&nbsp;</p>



<p>Quizás los menos hipócritas son los segundos (los políticamente incorrectos) por mostrarse tal como son, sin filtros, sin maquillaje; por decir lo que quieren decir sin temor al qué dirán, por ser capaces de soltar en público lo que seguramente viven diciendo en privado, borrachos o en sano juicio, porque esa es su naturaleza.</p>



<p>Además, no se puede juzgar a una persona como ADELE sin reparar en su idiosincrasia de hombre costeño, de esa región Caribe donde el lenguaje desabrochado y la piel expuesta al sol adquieren otros significados sociales, distintos en todo caso de lo que somos y nos define a los bogotanos, por ejemplo; temerosos de la desnudez, procurando hablar pasito y nada más que lo necesario, gobernados precisamente por el <em>ojalá no vayan a hablar de mí.</em> &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Esa clase alta, representada en la élite bogotana, que hoy desaprueba al candidato y la clase alta a la que él representa, con toda seguridad no tendrán problema en encaramarse&nbsp;juntas al bus de la victoria como pase a segunda vuelta, aunque al mismo tiempo deben prenderles velas a caulquier santo para que eso no ocurra.</p>



<p>Total: quienes ya detestan a ADELE, lo aborrecerán más, del mismo miedo que quienes lo aman, lo amarán más por frentero; porque donde unos vemos a una ser ofensivo, impetuoso e incluso misógino, otros ven a una persona que <em>no se anda con pedos atorados</em>, como dice la frase coloquial. Y es posible que comportarse así, directo y sin rodeos, sea visto como una virtud entre los indiferentes con la cosa política y entre los indecisos que están a la espera de ser convencidos. En ese río revuelto, el candidato saca sus cartas de su lengua, no de la manga.</p>



<p>Porque, gústenos o no, recoge a un sector amplio e inconforme de colombianos que además de ver en él a alguien a quien quieren parecerse,&nbsp;reniegan de la prensa, lo mismo que él.</p>



<p>En el detrás de cámaras tras la entrevista del Canal Caracol, ADELE —entre risas y besos—, insiste en sus críticas a la prensa:&nbsp;&#8220;El periodismo colombiano tiene un problema (…) habla desde un pedestal en el que cree que no se le puede cotrapreguntar, un pedestal en el que cree que tiene la verdad revelada&#8221;.&nbsp; &nbsp;</p>



<p>Se plantea aquí un doble dilema: El de los periodistas (algunos) que no gustan de las respuestas de sus entrevistados y el de los políticos (algunos) que se molestan por las preguntas de los periodistas; en ese tire y afloje el espacio periodístico se transforma en tribunal o, peor, en cuadrilátero. Esa es la explicación más franca de por qué unos y otros nos condenaron a los colombianos al no debate.&nbsp;</p>



<p>No justifico la arrogancia del candidato, tampoco su verborrea, ni su ánimo provocador, pero debemos reconocerle que entiende mejor que varios de sus rivales para qué sirven los medios de comunicación y cómo exprimirlos hasta la <em>viralidad</em>. &nbsp;Es, por decirlo de otra manera, el invitado que nadie quiere tener en la fiesta pero que al final hace la fiesta menos aburrida. Porque qué sería de unas elecciones presidenciales sin un poco de función circense.</p>



<p>Para concluir diré que con cada numerito de ADELE muchos son los beneficiados: en primer lugar, el propio candidato, porque hábilmente se pone en el centro de los reflectores y obliga a todos a hablar de él (<em>que hablen mal o bien, pero que hablen, malaya sea</em>); los medios de comunicación, porque consiguen los ansiados clics por parte de unas audiencias también ansiosas y las mismas audiencias, porque calman brevemente su hambre de pan y circo.</p>



<p>No importa que la sociedad toda pierda… ¡el show debe continuar!&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129203</guid>
        <pubDate>Sun, 17 May 2026 12:32:15 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>¿Por qué Abelardo De La Espriella presume de su entrepierna?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/por-que-abelardo-de-la-espriella-presume-de-su-entrepierna/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cuando un candidato presidencial y la prensa chocan, se juntan el hambre con las ganas de comer, en un juego de roles en el que todos los involucrados ganan algo, mientras la sociedad y los ciudadanos perdemos. Como político, Abelardo De La Espriella es la constatación de un oficio en decadencia. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Imagen creada con inteligencia artificial. </em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-b8ee7fa1b2329759d60705d4bde287ba"><strong><em>“Busque llamar la atención a cualquier precio. Todo es juzgado por su apariencia, lo que no se ve no cuenta (&#8230;) Ponga toda su fuerza en destacarse. Conviértase en un imán que concentre la atención de los demás, mostrándose más grande, más atractivo y más misterioso que la gran masa, tímida y anodina”:</em> Del libro Las 48 leyes del poder.</strong></p>



<p>Es posible que el candidato presidencial Abelardo De La Espriella (ADELE) esté lejos, muy lejos, de tener pinta de estadista, pero nadie puede negar que sabe cómo alborotar a las masas en una sociedad harto conservadora y mojigata.</p>



<p>Podemos gastar tinta y tiempo repudiando sus conductas entre ofensivas y desafiantes. Podríamos debatir sobre la sexualización de la política (es decir, sus frases con carga sexual), cómo método legítimo o ilegítimo para conquistar votos. Podríamos preguntar si cada vez que el monteriano alardea del tamaño de su pene (¿?) o del grueso de su chequera está escondiendo uno que otro complejillo.</p>



<p>Podríamos usar varias cuartillas para desmenuzar y rechazar todas las veces en las que <em>El Tigre</em> ha mostrado su desprecio hacia la prensa y los periodistas. Porque todo es posible en esta vida menos revivir a los muertos, y en esta contienda electoral sí que hay más de un difunto&#8230; en sentido figurado. ADELE está <em>vivito y coleando</em> (con o), dando la pelea en las encuestas para pasar a segunda vuelta. Paloma Valencia va ahí, detrás, intentando desplegar sus alas. </p>



<p>Podemos sentar cátedra sobre moral para reprobar sus poses de macho machote o sus fijaciones fálicas y así quedar divinamente con quienes desdeñan su candidatura. Podemos clavarlo en la cruz de la picota pública para parecer políticamente correctos. Pero qué necesidad de llover sobre mojado en torno a este circo mediático si todo el mundo habla de lo mismo y mañana el asunto sobre su pito nos importará un pito.</p>



<p>Porque nada de lo que se escriba cambiará el mundo. En cambio, lo que diga ADELE, hace que muchos sin tema para llenar columnas, ahora lo tengan, y quién quita que por ahí derecho se catapulte al poder, precisamente por el exceso de importancia que le hemos dado.&nbsp;Y eso, más que el tamaño de su cosita, es lo preocupante.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-97ed910380fb87172185996746827466"><strong><em>“La política ha ido remplazando cada vez más las ideas y los ideales, el debate intelectual y los programas, por la mera publicidad y las apariencias”,</em></strong> señala Mario Vargas Llosa en su libro “La sociedad del espectáculo”.</p>



<p>Sin justificar su patanería, envuelta en frases que pronuncia en tono calmado, sin que se le arrugue el traje, diré que todo lo que pasa con <em>El Tigre</em> es el natural reflejo de la sociedad del espectáculo en que se convirtió la política mundial tras la irrupción de las redes sociales en nuestras vidas. Importan la apariencia más que las ideas. Importa el numerito no el contenido. Importa aquello que genere atención (y eso incluye descalificar al contrario, por ejemplo)</p>



<p>La habilidad del político moderno no está en los conocimientos que acumule en su cerebro, sino en su sagacidad con las palabras y los ademanes para robarse el show. En esas lides, ADELE es un monstruo, en el sentido que cada lector quiera tomarlo. Es el <em>showman</em> de esta campaña presidencial. El numerito que justifica pagar la entrada. Aquel que gusta y disgusta pero no deja indiferente a nadie, porque sobre esta clase de personas todos tienen (tenemos) una opinión. Y eso significa que no es un pintado en la pared.</p>



<p>Subestimarlo es desconocer que, bajo esta misma fórmula, los argentinos eligieron a Javier Milei y los gringos a Trump. Como fenómenos políticos, son rompedores, harina (¿o <em>memes</em>?) del mismo costal. Han construido un personaje, son fieles a él y, como el producto que son, tienen una clientela cautiva; querámoslo o no, eso los hace genuinos y les imprime carácter; en su rol antagónico, encarnan al villano perfecto del que muchos se enamoran, quitando del medio a unos contradictores con déficit histriónico, que si bien se las dan de políticamente correctos, las más de las veces lo son únicamente de labios para afuera.</p>



<p>Porque en el fondo la diferencia entre ser políticamente correctos y políticamente incorrectos es el nivel de hipocresía con el cual nos queremos arropar. Y la gente está ahí, observando, al que quiere ser sin parecer. Más allá de eso, en una campaña electoral los candidatos que posan de buenos y formalitos&nbsp;están condenados al cuarto de <em>San Alejo</em> (que, a propósito, es el patrono de los que sufren humillaciones).</p>



<p>O sea, dependiendo de las circunstancias, la política requiere ciertas dosis de cinismo y agresividad. En una recta final como la actual, faltando una quincena para elecciones, gana puntos quien domine la conversación o imponga la agenda: Eso hace la diferencia entre estar y no estar en los titulares. Por eso, el dicho es muy sabio: <em>Es mejor llegar a tiempo que ser invitado.</em></p>



<p>El caso de Sergio Fajardo es el mejor ejemplo. Borrado de las encuestas, su exceso de decencia y su currículo de estudiante aplicado (¡díganme si no tiene más pinta del monaguillo que quería ser cura y no de profesor de matemáticas!), daría para escribir todo un tratado sociológico que explique lo rara que es la política y los raros que son los electores. El hombre hizo todo lo contrario de lo que recomienda&nbsp;una de las leyes de&nbsp;<em>Las 48 leyes del poder: “Nunca acepte perderse en el anonimato de la multitud o ser sepultado por el olvido”.</em> No se fue a ver ballenas esta vez, pero su presencia pasa inadvertida.</p>



<p>Me atrevo a decir que una cuarta candidatura&nbsp;suya sería un atentado a nuestra paciencia. Sobre él parece caer la misma maldición que le negó la presidencia a Germán Vargas Lleras, Horacio Serpa, Álvaro Gómez o Noemí Sanín.&nbsp;</p>



<p>Quizás los menos hipócritas son los segundos (los políticamente incorrectos) por mostrarse tal como son, sin filtros, sin maquillaje; por decir lo que quieren decir sin temor al qué dirán, por ser capaces de soltar en público lo que seguramente viven diciendo en privado, borrachos o en sano juicio, porque esa es su naturaleza.</p>



<p>Además, no se puede juzgar a una persona como ADELE sin reparar en su idiosincrasia de hombre costeño, de esa región Caribe donde el lenguaje desabrochado y la piel expuesta al sol adquieren otros significados sociales, distintos en todo caso de lo que somos y nos define a los bogotanos, por ejemplo; temerosos de la desnudez, procurando hablar pasito y nada más que lo necesario, gobernados precisamente por el <em>ojalá no vayan a hablar de mí.</em> &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Esa clase alta, representada en la élite bogotana, que hoy desaprueba al candidato y la clase alta a la que él representa, con toda seguridad no tendrán problema en encaramarse&nbsp;juntas al bus de la victoria como pase a segunda vuelta, aunque al mismo tiempo deben prenderles velas a caulquier santo para que eso no ocurra.</p>



<p>Total: quienes ya detestan a ADELE, lo aborrecerán más, del mismo miedo que quienes lo aman, lo amarán más por frentero; porque donde unos vemos a una ser ofensivo, impetuoso e incluso misógino, otros ven a una persona que <em>no se anda con pedos atorados</em>, como dice la frase coloquial. Y es posible que comportarse así, directo y sin rodeos, sea visto como una virtud entre los indiferentes con la cosa política y entre los indecisos que están a la espera de ser convencidos. En ese río revuelto, el candidato saca sus cartas de su lengua, no de la manga.</p>



<p>Porque, gústenos o no, recoge a un sector amplio e inconforme de colombianos que además de ver en él a alguien a quien quieren parecerse,&nbsp;reniegan de la prensa, lo mismo que él.</p>



<p>En el detrás de cámaras tras la entrevista del Canal Caracol, ADELE —entre risas y besos—, insiste en sus críticas a la prensa:&nbsp;&#8220;El periodismo colombiano tiene un problema (…) habla desde un pedestal en el que cree que no se le puede cotrapreguntar, un pedestal en el que cree que tiene la verdad revelada&#8221;.&nbsp; &nbsp;</p>



<p>Se plantea aquí un doble dilema: El de los periodistas (algunos) que no gustan de las respuestas de sus entrevistados y el de los políticos (algunos) que se molestan por las preguntas de los periodistas; en ese tire y afloje el espacio periodístico se transforma en tribunal o, peor, en cuadrilátero. Esa es la explicación más franca de por qué unos y otros nos condenaron a los colombianos al no debate.&nbsp;</p>



<p>No justifico la arrogancia del candidato, tampoco su verborrea, ni su ánimo provocador, pero debemos reconocerle que entiende mejor que varios de sus rivales para qué sirven los medios de comunicación y cómo exprimirlos hasta la <em>viralidad</em>. &nbsp;Es, por decirlo de otra manera, el invitado que nadie quiere tener en la fiesta pero que al final hace la fiesta menos aburrida. Porque qué sería de unas elecciones presidenciales sin un poco de función circense.</p>



<p>Para concluir diré que con cada numerito de ADELE muchos son los beneficiados: en primer lugar, el propio candidato, porque hábilmente se pone en el centro de los reflectores y obliga a todos a hablar de él (<em>que hablen mal o bien, pero que hablen, malaya sea</em>); los medios de comunicación, porque consiguen los ansiados clics por parte de unas audiencias también ansiosas y las mismas audiencias, porque calman brevemente su hambre de pan y circo.</p>



<p>No importa que la sociedad toda pierda… ¡el show debe continuar!&nbsp;</p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
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        <pubDate>Sat, 16 May 2026 13:03:12 +0000</pubDate>
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