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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Andrey Porras Montejo, Bloguero de Blogs El Espectador</title>
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        <title>¿“El mugre” o “la mugre”?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ventiundedos/mugre-la-mugre/</link>
        <description><![CDATA[<p>Además de las elucubraciones especulativas de sus clases, los acompañamientos en los descansos, las planeaciones eternas condicionadas a formatos híper complejos y las inagotables sesiones de calificación, el profesor Noreña también tiene que lidiar con la naturaleza del espíritu cotidiano y, a falta de una economía robusta, él mismo debe hacer los oficios de costumbre, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Además de las elucubraciones especulativas de sus clases, los acompañamientos en los descansos, las planeaciones eternas condicionadas a formatos híper complejos y las inagotables sesiones de calificación, el profesor Noreña también tiene que lidiar con la naturaleza del espíritu cotidiano y, a falta de una economía robusta, él mismo debe hacer los oficios de costumbre, todo para que<em> “no se caiga la casa de su propio mugre</em>”.</p>
<p>Es así como, cada domingo, como si fuera un oficio religioso, el profesor Noreña se levanta de su cama y procede a las labores de limpieza, las cuales, con una música adecuada, pueden resultar placenteras, edificantes y transformadoras. “Qué bien se siente uno cuando se puede contrarrestar, con orden y dedicación, la naturaleza corruptible de las cosas”, pensaba feliz nuestro docente, al poder llevar a cada rincón de su existencia un espacio formativo.</p>
<p>Pero tal como un castillo de naipes, esa robusta confianza se fue minando después de 20 minutos de trabajo, dado que el arrume de platos se desplomó al querer sacar una cucharita del fondo; más aún, la carne del almuerzo quedó con gotas de jabón detergente, justo en el momento en que se empezaba al lavar la nevera; y, por último, la ropa limpia cayó en en el balde de los trapos sucios con decolorante, todo por querer saber si ya estaba seca; en otras palabras, el profesor Noreña fue víctima de la fenomenología de lo imposible.</p>
<p>Por lo tanto, aquella satisfacción arrogante del principio pasó a ser furia tripartita: “¿pero qué tamaño tiene mi torpeza?”, “¿será que las cosas existen por su propia voluntad?”, “¿se confabula el mundo para evitar mi perfección pedagógica, mi vocación de formación permanente o, simplemente, existe en la realidad una implícita vocación al desastre?”. Necesitó una pausa larga y profunda, casi en remembranza de sus clases de yoga, para poder calmar su profundo desasosiego.</p>
<p>“Esta ridícula farsa de mí mismo se parece mucho al mundo que me rodea”, pensó nuestro personaje, consolándose un poco. “A título personal, los directores de las instituciones educativas se llevan el crédito de los otros profesores que trabajan el triple que ellos”, “a título colectivo, la ley que rodea las ideas que se desean transformar, favorece el anquilosamiento de lo establecido, aniquilando la creatividad”, “a título de valores, las voces del cambio se parecen a una coartada que juega en contra de las personas que creyeron en ellas”, “y a título sin epígrafe, todo parece desplomarse después de haberse constituido con la mejor de las esperanzas”; en ese momento, el último reducto de platos que quedaba por caerse depositó su peso sobre el piso, causando un estallido de inconformidad inenarrable.</p>
<p>Fue entonces cuando nuestro docente filósofo insatisfecho, nuestro poeta fallido y desconsolado, nuestro campeón del desastre y la parafernalia, tomó una de las mejores decisiones de su vida:</p>
<p>“Que se caiga la casa del mugre”</p>
<p>Y decidió regresar a la cama.</p>
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<p>&nbsp;</p>
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        <author>Andrey Porras Montejo</author>
                    <category>Ventiundedos</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93710</guid>
        <pubDate>Sun, 26 Feb 2023 12:01:17 +0000</pubDate>
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        <title>Ni el que se va hace falta, ni el que llega sobra</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ventiundedos/se-va-falta-llega-sobra/</link>
        <description><![CDATA[<p>El profesor Noreña piensa en la frase que acaba de escuchar, al principio la cree como una de esas sentencias que esconden una falacia argumentativa e insultante, pero después, desgaja los sonidos de cada palabra y llega a su significado completo: nadie es indispensable. Recuerda, entonces, a su amigo… aquel vagabundo sempiterno, amo del alcohol, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p class="p1">El profesor Noreña piensa en la frase que acaba de escuchar, al principio la cree como una de esas sentencias que esconden una falacia argumentativa e insultante, pero después, desgaja los sonidos de cada palabra y llega a su significado completo: nadie es indispensable.</p>
<p class="p1"><span class="s1">Recuerda, entonces, a su amigo… aquel vagabundo sempiterno, amo del alcohol, usurpador de todas las reservas de vodka de la ciudad, quien le decía “poeta….somos recursos renovables… que no nos pase como al profesor que le dijeron [esta institución no sería nada sin ti, pero, el próximo año, vamos a averiguarlo]” y soltaba una carcajada apestosa a sabiendas del tamaño de su libertad.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Y es que esas voces vagabundas son el consuelo del trasegar del Profesor Noreña, sus recorridos son vacíos, se encuentra solo y pareciera que nada más que su discurso lo acompaña: su discurso y lo que alimenta sus discursos.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Abre la página del libro que tiene en frente y lee: “<i>La autoridad que desde un principio se atribuyó oficialmente a la Academia en materia de lengua, unida a la alta calidad de la primera de sus obras, hizo que se implantase en muchos hablantes -españoles y americanos-, hasta hoy, la idea de que la Academia &#8220;dictamina&#8221; lo que debe y lo que no debe decirse</i>”. Esa sí es una falacia argumentativa, piensa el profesor Noreña, se le pone rojo el garguero y empieza a dictaminar ideas sobre el poder de los hablantes, la versatilidad del lenguaje de la gente pobre, la construcción de significados a partir de malicias populares; sube y baja el tono de voz porque cada vez se emociona más; entre frases argumentativas intercala frases emotivas “perdón por la emoción”, “es que eso hay que decirlo sin adornos”, “no es posible que en plena globalización tengamos pensamientos de la Edad Media”…</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">El punto más alto de su elucubración llega cuando recuerda el lema con el que se eternizó el poder ideológico de una nación sobre una lengua, es decir, el lema que en 1722 definió la actividad de la Real Academia de la Lengua: “Limpia, fija y da esplendor”. En ese momento, no es la garganta sino el cerebro entero el que se pone rojo. Nacen así las habilidades réprobas desde lo más profundo de su pensamiento y se riega contra la falsedad ideológica; contra la mentira de un imperio que quería dominar después de haber sido dominado durante más de 1000 años; contra la desfachatez de creer que el valor de los ideales es mayor al valor de la gente de la calle, que masca palabras para sentirse feliz, para dar con sus sentimientos, para expresar en el mundo que las cosas existen porque ellos las experimentan y no porque unos eruditos se las inventan; rompe en sollozos, tiene que respirar profundo y sentencia: “nos vemos la próxima clase”.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Pero los estudiantes no se van, ese repentino final no les sonó a despedida, uno cierra el cuaderno y lo guarda en su maleta, los otros siguen el movimiento con sus ojos y reaccionan haciendo lo mismo… un momento, no todos, hay, todavía, uno estudiante inmóvil. Se acerca al profesor para revivir la siguiente conversación: </span></p>
<p class="p1"><span class="s1">-“Lástima que no todos los profesores piensan como usted”.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">-“No todos tenemos que ser iguales, señor Castelli”.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">-”No me refiero a eso, profesor Noreña, ayer mismo, en clase de Francés, el profesor Galberto defendió la lengua francesa diciendo que era culta y que no podía ser popular”.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">-“Todas las lenguas son cultas y populares al mismo tiempo…”.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">-“Como el whisky y el tamal….”</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">-“No entiendo la comparación”</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">-“Es que para su colega, por ejemplo, cantar salsa en francés es como bajar un tamal con whisky…”.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Guardó silencio por respeto a su adlátere, pero sintió indignación. Y cuando el profesor Noreña siente indignación, entonces, piensa, piensa duro: </span></p>
<p class="p1"><span class="s1">los profesores somos pobres porque pobreteamos lo que enseñamos, establecemos relaciones de poder para perpetuar la injusticia que supuestamente combatimos, ejercemos la influencia de las ideas como ejerce la dominación un tirano, el ideal de una buena clase pasa por la repetición de ideologías, de mentiras, de lugares comunes, hagamos una lista de embustes: “el francés es más refinado”, “el inglés es un idioma práctico”, “el francés es la lengua del amor”, “el inglés es el idioma de los negocios”, y si lo pesamos desde nuestro lado: “la RAE es verdad absoluta”, “Es indigno escribir como se habla”, “el castellano es la segunda lengua más hablada del mundo”…¡queridiculeznomás¡….¡somos émulos de la tontería…!</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">-“Profesor Noreña, ¿le pasa algo?”.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">-“Nada, nada señor Castellini, no olvide leer las 39 páginas del profesor Grijelmo para la próxima clase…”. Y se retira alterado.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Una sola cosa cruza su mente al pasar por el umbral del salón: aquel colega mequetrefe debería ser un recurso renovable, un personaje así podría ser absolutamente dispensable: </span></p>
<p class="p1"><span class="s1">-“Si él se va, no hace falta, y si yo llego”, piensa con pausa el profesor Noreña, “pues tampoco sobro”</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Una carcajada apestosa ahora es la que retumba en los pasillos de la edificación.</span></p>
<p class="p1"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-61437" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2018/02/Captura-de-pantalla-2018-02-18-a-las-11.10.48-p.-m.-288x300.png" alt="captura-de-pantalla-2018-02-18-a-las-11-10-48-p-m" width="288" height="300" /></p>
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        <author>Andrey Porras Montejo</author>
                    <category>Ventiundedos</category>
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        <pubDate>Mon, 19 Feb 2018 04:13:22 +0000</pubDate>
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