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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>RicardoGarcia, Bloguero de Blogs El Espectador</title>
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        <title>La Palabra y la Necesidad</title>
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        <description><![CDATA[<p>En el ejercicio del poder siempre emergen, acuciantes, las necesidades; esto es, los llamados in-puts o demandas de la sociedad, de los que hablara David Easton, un desafío creciente frente a las capacidades de un gobernante, que con frecuencia está presionado por la escasez de los recursos dentro del sub-sistema político; pero que en todo [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="https://t4.ftcdn.net/jpg/05/88/01/63/240_F_588016386_iTeESRLRzOWbOJnG06MYydwhaKoJnMST.jpg" alt="AI humanoid robot with the microphone on a stage. Generative AI" /></p>
<p>En el ejercicio del poder siempre emergen, acuciantes, las necesidades; esto es, los llamados <em>in-puts</em> o demandas de la sociedad, de los que hablara David Easton, un desafío creciente frente a las capacidades de un gobernante, que con frecuencia está presionado por la escasez de los recursos dentro del sub-sistema político; pero que en todo caso controla un arsenal de acciones y  de palabras; de modo que si faltaren las primeras, pudiese acudir al salvavidas del verbo.</p>
<p><strong><em>El presidente y el discurso</em></strong></p>
<p>Es de temer que, en las presentes circunstancias, el presidente del cambio se consagre sobre todo a las palabras; dicho de otro modo, al discurso, a las fórmulas rituales. Y mucho menos a las acciones, entendidas estas como decisiones, traducibles en políticas públicas con efectos transformadores. Es una consecuencia que se deriva necesariamente de la restricción de recursos; ante todo, de recursos políticos, por el hecho de que el gobierno representa apenas una minoría en el Congreso, el lugar en donde se fabrican nada más y nada menos que las leyes y las reformas constitucionales. Situación desfavorable que en más de una ocasión le puede significar alguna derrota sonora en la agenda legislativa. Como ha sido el caso de la reforma a la salud, todo un fracaso.</p>
<p><strong><em>El hundimiento</em></strong></p>
<p>El archivo de esta reforma ordenado por la comisión VII del Senado fue sin duda una derrota para el gobierno del cambio, tanto más resonante, cuanto que el propio Gustavo Petro la había encumbrado extrañamente como la propuesta medular de su agenda legislativa.</p>
<p>Y toda derrota de esta naturaleza abre un vacío político que el gobierno ha tratado de llenar inmediatamente con el discurso; es decir, con esas palabras que implican una justificación y una culpabilización del otro, no exenta de un sesgo ideológico; como si cargara sin remedio con un profundo moralismo cristiano, el que señala el mal en cabeza del adversario.</p>
<p>Hundida la reforma de la salud, el presidente Petro admitió el revés amargamente, para luego agregar que efectivamente fue vencido por una empresa privada, por el poder de unos extranjeros que violan la Constitución y las leyes al manejar parte de la salud, además de financiar las campañas electorales de los parlamentarios que después se le atraviesan a sus propuestas.</p>
<p>Se trata de una diatriba que, albergue o no algún fondo de verdad, de cualquier manera da el tono de las respuestas del gobierno ante la ingobernabilidad agobiante alrededor de su programa estratégico, el de los grandes cambios, no el de la gestión diaria de la economía, en la que mantiene un manejo adecuado: el presidente intensificará los ataques y el debate para llevar a los opositores a ese terreno en el que pueda reiterar  la crítica fácil contra las injusticias del sistema y por cierto contra los errores seculares de la élite tradicional, como un rosario de mantras que sustituya las reformas ausentes.</p>
<p><strong><em>¿Y el margen para los hechos y las ejecuciones?</em></strong></p>
<p>Claro está que esas reformas no acudirán al solo conjuro de las palabras; tampoco el cambio llegará bajo el sortilegio del discurso, por más ennoblecido que éste aparezca, con el barniz de la “astucia” progresista de la historia, como lo pretendía Immanuel Kant.</p>
<p>Es verdad que el discurso (y con él la ideología) no sirve para tapar los espacios huérfanos de realizaciones. Pero ni las reformas ni los <em>out-puts</em>, esas necesarias respuestas del Estado, surgen como por encanto de los sueños del <em>Príncipe</em>: hay que prepararlas y acometerlas, con la disposición de los actores, con las alianzas indispensables; con un sentido de su tamaño y de los tiempos; naturalmente, con la movilización de la conciencia popular, pero sin desconocer los consensos entre los que deciden.</p>
<p>Aunque solo restan cuatro meses para que el gobierno atraviese el ecuador de su cuatrienio, aún conserva a su favor el margen para propiciar un acuerdo nacional, si así lo quisiera; así mismo para adelantar el trámite de la reforma pensional en el Congreso; y sobre todo para concertar una reingeniería del sistema de salud, misión que ahora se convierte en una urgencia nacional, ante los graves riesgos de un colapso.</p>
<p>Estos se han evidenciado en la intervención estatal de Sanitas y de la Nueva EPS, algo que no augura nada claro; pero además en la solicitud de Compensar para optar por una liquidación voluntaria. Son todos ellos, hechos, que muestran la aproximación del peor de los escenarios en el sistema de salud: sin ningún tipo de reforma legal, por un lado; y con principios de quiebra financiera, por el otro. Asuntos delicados que no se solucionarán con la mera autorización de los giros directos a los hospitales y las clínicas, una salida que obviamente dará más fluidez y liquidez a estas IPS’s en los pagos, pero sin que arregle de raíz la insostenibilidad estructural ni neutralice los riesgos financieros.</p>
<p>En todo ello, el gobierno del cambio tiene posibilidades de reinventarse, en lugar de solo esperanzarse en el mundo mágico del discurso. El problema consiste en saber si se decidirá por los cambios posibles, en vez de optar por la simple culpabilización del contrario, por más satisfacciones que esta proporcione.</p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>RicardoGarcia</author>
                    <category>Reflexiones</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=99057</guid>
        <pubDate>Mon, 15 Apr 2024 19:43:25 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La Palabra y la Necesidad]]></media:description>
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        <item>
        <title>¿Ni cambio, ni reformas?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/reflexiones/ni-cambio-ni-reformas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ya hace poco más de un año, cuando el gobierno llevaba en funciones 6 meses, era posible adivinar que Colombia no tendría cambio, pero sí reformas. Ningún cambio en la cultura política, en los imaginarios éticos, en el estilo del ciudadano y en una postura firme frente a la corrupción; aunque por otro lado sobrevendrían [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="https://img.freepik.com/foto-gratis/desastre-proteccion-abajo-fila-peligro_1418-54.jpg" alt="Desastre, protección, abajo, fila, peligro" /></p>
<p>Ya hace poco más de un año, cuando el gobierno llevaba en funciones 6 meses, era posible adivinar que Colombia no tendría cambio, pero sí reformas. Ningún cambio en la cultura política, en los imaginarios éticos, en el estilo del ciudadano y en una postura firme frente a la corrupción; aunque por otro lado sobrevendrían reformas, parciales pero serias, en beneficio de los más vulnerables; transformaciones sociales en la salud, en la educación, en el mundo laboral y en el régimen de pensiones.</p>
<p>Hoy es más claro el hecho de que el cambio no ha llegado y quizá no llegue, en el sentido de unas nuevas formas de ejercer el poder, no tan instrumentalizado y a la vez menos clientelista.</p>
<p>El problema mayor es el de que reformas tampoco habrá. Ellas han llegado a un punto en el que se asemejan a un paciente atacado por fiebres cruzadas, en el que todo se complica, sin un horizonte cercano de muerte, pero tampoco de alivio próximo.</p>
<p><strong><em>El catálogo de reformas truncadas</em></strong></p>
<p>La reforma a la salud está llegando al punto más crítico de la anemia que la acosa; ha perdido su soplo vital. Si pasó holgadamente en la Cámara, se ha quedado sin oxígeno en el Senado, lo que estaba previsto por lo demás.</p>
<p>La reforma pensional que inicialmente contaba con buena acogida, recibe ahora la indecorosa bienvenida de los ausentismos que impiden el quorum para recibir el trámite adecuado.</p>
<p>El gobierno que desechó las coaliciones se confió en los apoyos individuales de los parlamentarios, metodología que empieza a tropezar con su agotamiento. En resumen, revolotea en el recinto del Congreso el fantasma de la debacle en la agenda legislativa del cambio.</p>
<p><strong><em>Y a todas estas, la improbable Constituyente</em></strong></p>
<p>En momentos en los que su plan de reformas pasa por un valle muy bajo y la reforma a la salud está ad portas del hundimiento, el presidente dio en la flor de agitar la idea de una Constituyente, a la manera de una plataforma desde la que se podrían adelantar las fallidas transformaciones, bandera ésta que arrió, tan pronto recibió críticas de diverso orden, provenientes de voceros de la derecha y del centro.</p>
<p>Con todo, el argumento que más pesaba contra la propuesta, no era otro que la circunstancia de que la convocatoria de una asamblea de esa naturaleza tiene que sobreponerse a obstáculos institucionales, como el hecho de estar obligada a obtener más de 13 millones de votos favorables, si es que antes llegara a pasar el filtro de las mayorías absolutas en el Congreso. Todo lo cual la convierte en una iniciativa casi irreal durante la presente coyuntura, salvo que solo se tratara de un divertimiento, mecanismo para mantener ocupada la escena política.</p>
<p>Ahora bien, no son siempre legítimos los cuestionamientos, a veces con ataques histéricos a veces con temores filisteos, contra la eventualidad de una constituyente, cuando precisamente el único experimento de esa naturaleza, hace 33 años, resultó un ejercicio virtuoso.</p>
<p>Lo cual no niega la validez de nuevas experiencias constituyentes; más bien las puede revalidar; eso sí, bajo una concertación de casi todas las fuerzas políticas, para crear un espacio en el que concurran diversos partidos, compelidos a grandes acuerdos, y sin imposiciones unilaterales, en temas como el orden territorial, la justicia, el tipo de régimen político, sin olvidar el de la seguridad y las Fuerzas Armadas. Espacio constituyente que valorizaría los consensos fundamentales, los que afirman la identidad democrática.</p>
<p><strong><em>La suerte confusa de las reformas</em></strong></p>
<p>En todo caso, las reformas del gobierno del cambio enfrentan plazos muy reducidos para su aprobación; así mismo, un juego parlamentario, muy fracturado y desordenado, cosa que no le da fluidez al proceso legislativo, el que está más bien sembrado por bloqueos, ausentismos deliberados y por un cierto filibusterismo, que distrae y aplaza, sin que por ahora se produzcan acercamientos para sacar adelante algunas de las reformas; las que por el contrario patinan en medio de un pantano político, poco esperanzador.</p>
<p>Son los roces e interferencias en los rodamientos y engranajes, de los que habla el nobel en economía Oliver Williamson, los mismos que representan los costos de transacción, planteados por el neo-institucionalismo; y que en el caso del sistema inter-institucional es un fenómeno que se traduce en esa ingobernabilidad a la que hemos denominado “carencia de gobernanza estratégica”, la misma que habla de la dificultad estructural para realizar las reformas con las que se identifica la voluntad del gobierno, algo que tiene que ver en este caso con un modelo de preferencia estatalista y con énfasis en los subsidios, bajo la esperanza -fundada o no &#8211; de una mayor redistribución en los ingresos, favorable a la población más urgida de soluciones.</p>
<p>Se trata de una ingobernabilidad estratégica – la de la incapacidad para grandes reformas – que finalmente le pasará una factura sensible al proyecto del Pacto Histórico, eventualidad nada deseable que el presidente trata de sortear con la movilización de los sectores populares en los territorios.</p>
<p><strong><em>Movilización y Territorios</em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong>Gustavo Petro ha desplegado desde casi el comienzo de su mandato, reuniones fervorosas en algunas zonas rurales del país, a las que les dio forma con su modelo de Gobierno con el Pueblo; son asambleas a las que se desplaza con su gabinete y con los altos funcionarios. Consigue movilizaciones locales de tamaño considerable, las que son acompañadas por la devoción y el entusiasmo de las organizaciones populares y los líderes de la región. Por cierto, no le falta razón al presidente cuando las valora con pinceladas más atractivas y favorables que las concentraciones de la oposición en las ciudades, quizás portadoras de una carga más negativa por sus lemas expresados preferentemente contra alguien.</p>
<p>En los territorios y en la población semi-rural es en donde estaría encontrando una mejor conexión, una relación más orgánica con la sociedad civil que es empujada por las necesidades más urgentes; es un proceso de entronques que naturalmente tendrá que cimentar con una voluminosa inversión social en los territorios tradicionalmente abandonados.</p>
<p>De esa manera, en el juego de los posicionamientos políticos, Petro estaría instalando mejor su liderazgo en la Colombia periférica, representación de una sociedad subalterna y fragmentada, aunque prometedora, si la meta es una Colombia moderna e integrada. Mientras tanto, los escenarios institucionales y los urbanos comenzarían a serle más esquivos y complicados; escenarios mucho más disputados por unas élites y partidos tradicionales, a los que ya no podrá debilitar; y ganadores por lo demás en las grandes ciudades después de los recientes comicios regionales y municipales. Lo cual ofrecerá el terreno particular para la carrera presidencial del 2026 y en general para los horizontes políticos a mediano plazo, en cuyo marco no parece resuelto lo que tiene que ver con las grandes transformaciones sociales y políticas, aun pendientes como una deuda histórica.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>RicardoGarcia</author>
                    <category>Reflexiones</category>
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        <pubDate>Tue, 26 Mar 2024 15:40:30 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Ni cambio, ni reformas?]]></media:description>
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        <item>
        <title>Las violencias interdependientes en la geopolítica del Medio Oriente</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/reflexiones/las-violencias-interdependientes-la-geopolitica-del-medio-oriente/</link>
        <description><![CDATA[<p>Después de que el grupo Hamás llevara a cabo el 7 de octubre su gran provocación terrorista en territorio de Israel y luego de que este último país desatara su guerra de venganza, ocupando y bombardeando sin piedad la Franja de Gaza, el conflicto no solo se ha intensificado, también ha potenciado otros conflictos colaterales [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="" src="https://t4.ftcdn.net/jpg/01/83/95/97/240_F_183959714_gTC3bujKUwUFaNC7Kl9LrDRadIupzgfV.jpg" alt="Israël - Palestine - carte - Moyen Orient - conflit - israélien - palestinien - Moyen-Orient - guerre" width="603" height="422" /></p>
<p>Después de que el grupo Hamás llevara a cabo el 7 de octubre su gran provocación terrorista en territorio de Israel y luego de que este último país desatara su guerra de venganza, ocupando y bombardeando sin piedad la Franja de Gaza, el conflicto no solo se ha intensificado, también ha potenciado otros conflictos colaterales que hacen erupción a través de acciones bélicas, de retaliaciones y de amenazas; de hechos sangrientos entre  actores que hacen parte del Medio Oriente; todo ello en un revoltillo de intereses y estrategias que, no obstante, ser de baja intensidad, dan lugar a una situación complicada y explosiva, material combustible para una conflagración regional.</p>
<p><strong><em>Los hechos violentos en distintos frentes</em></strong></p>
<p>La guerra entre Israel y Hamás lleva más de 4 meses, con miles de muertos del lado palestino, un horror; y con el paso del tiempo no ha hecho sino recrudecerse. Como quiera que el gobierno de Netanyahu, empeñado en arrasar con Gaza, no ha podido aniquilar a Hamás y solo ha rescatado dos rehenes, continúa con su estrategia de guerra duradera, sin siquiera escuchar los tibios llamados de la Administración Biden, para que ofrezca un plan en función de la postguerra; es decir, para que comience a desescalar su ofensiva militar. Esta guerra no ha dado paso a una desescalada, pero en cambio ha provocado la aparición de otros frentes en el vecindario, con choques a muerte, mediante la intervención de terceros.</p>
<p>En la frontera con el Líbano, Israel ha intercambiado con Hezbollah golpes destructivos y amenazantes, empaquetados en misiles, con los que los dos contendientes se muestran agresivamente los dientes. Por cierto, en territorio libanés fue asesinado un dirigente político de Hamás, con un misil probablemente israelí, aunque nadie reivindicó el hecho.En otro frente, los Estados Unidos de América mataron en Irak a 4 iraníes de la Guardia de la Revolución, los que seguramente cumplían labores de asesoría militar.</p>
<p>En Yemen los rebeldes hutíes, que dominan Sana, la capital; y que están en los bordes del Mar Rojo, han disparados misiles contra barcos comerciales que transitan por esa ruta marítima; lo han hecho como una forma de solidaridad con los palestinos y simultáneamente para castigar, dicen ellos, a quienes puedan tener algún vínculo con los israelíes.</p>
<p>En otro episodio temerario; la islámica guerrilla Koateb en Irak, aunque de orientación pro- iraní; mató a 3 soldados estadounidenses; lo hizo en las barracas de una base militar, situada en Jordania.</p>
<p>Finalmente, en un extraño juego de carambolas cruzadas, el Estado Islámico (ISIS) ha entrado en escena con un golpe brutal contra Irán, al ejecutar un acto terrorista con dos explosiones en la ciudad de Kerman, en el sur de esta república islámica, con un saldo devastador de 80 muertos, un atentado que provocó respuestas en distintas direcciones por parte del país de los ayatolas, algo de lo que se encargaron sus fuerzas armadas, lanzando misiles contra distintos puntos en países como  Pakistán, Irak y Siria, en donde habría focos de combatientes enemigos.</p>
<p><strong><em>Los Actores</em></strong></p>
<p>Tanto la guerra entre Israel y Hamás, como los otros choques colaterales y contextuales, violentos y vesánicos, representan un teatro de guerra, múltiple y fraccionado; de cualquier manera, envolvente y mortífero; y sin embargo pleno de potencialidades negativas que de desarrollarse empeorarían aún más el cuadro de una conflagración.</p>
<p>Es un escenario en el que concurren, cada cual insuflado por el <em>animus belli</em>: los Estados y los grupos irregulares, en medio de conflictos asimétricos; así mismo, potencias externas e internas; claro, una superpotencia global y potencias regionales; judíos y musulmanes; musulmanes y cristianos; sunitas y chiitas; eso sí, todos ellos, con el trasfondo de una disputa encarnizada por el dominio territorial, disputa nucleada alrededor de un despojo a los palestinos, patentizado y prolongado a lo largo de los últimos 74 años.</p>
<p>El infaltable Israel, representado ahora por un gobierno, el de Netanyahu, en el que se mezclan la derecha del Likud y la extrema derecha religiosa de los grupos ortodoxos. Y en el lugar opuesto, un movimiento como Hamás, que por supuesto no representa a un Estado soberano pero que es cuando menos la autoridad política de una pequeña nación ocupada.</p>
<p>Por cierto, Hamás, la Autoridad Palestina y los hutíes de Saná plasman como actores políticos la condición particular de no poseer la titularidad de un estado soberano, sin que por ello se conviertan en simples grupos irregulares, pues disponen de una relativa representación institucional y de un control territorial.</p>
<p>De otra parte, concurren los Estados Unidos, única superpotencia mundial, la que por su lado compromete su peso con el apoyo total a Israel; además, con una diplomacia empeñada en no darle respiro a Hamás, al vetar en el Consejo de Seguridad de la ONU, toda orden de cese al fuego.</p>
<p>También acude, a la arena de todos los conflictos, Irán, la nación islámica interesada sin fatiga, en devenir una potencia regional; y ahora mismo presa de derivas muy conservadoras en el orden interno.</p>
<p>En este espacio geopolítico de múltiples conflictos y violencias, como lo es el Medio Oriente, hacen presencia entonces no solo los Estados, sino sobre todo los grupos armados que, sin embargo, exhiben impacto transnacional, fenómeno que queda ilustrado con la existencia de Hamás, Hezbollah, los hutíes y las distintas milicias que operan en Irak, movimientos todos ellos ya mencionados, sin dejar por fuera a ISIS, el ejército fundamentalista, empeñado en una guerra santa contra los infieles. El escenario se caracteriza en consecuencia por un abigarramiento de actores y de conflictos, siempre al borde de la conflagración; en el filo de un estallido fragmentado; con metralla, con misiles y bombardeos, cruzados en direcciones inusualmente diversas.</p>
<p><strong><em>Los alinderamientos y las líneas de fractura</em></strong></p>
<p>Con todo, emerge una línea divisoria que se superpone a las distintas fracturas entre unos y otros actores, una línea que redefine los puntos de ruptura y que determina reagrupamientos entre los sujetos colectivos apoyados en una voluntad de guerra. Es la línea geoestratégica y cultural que separa a los que de alguna forma respaldan la causa palestina, en oposición a Israel y sus aliados.</p>
<p>Entre los primeros, los más activos son Irán y los movimientos que reciben su apalancamiento y solidaridad; se trata de una alianza a la que las autoridades de ese país califican como el Eje de la Resistencia. Al otro lado de la trinchera, ideológica y estratégica, se levanta el bloque “Tel Aviv-Washington,” un eje en el que surge un aliado, solitario pero poderoso, sobre el que descansa Israel, ese que está representado por un Estados Unidos, sin embargo, temeroso de dar pasos en falso dentro de su involucramiento, dados sus antecedentes desastrosos en Irak y Afganistán; con tanta mayor razón por cuanto ahora se aproximan las elecciones en las que cualquier exceso en uno u  otro sentido puede significar la deserción de segmentos claves del electorado, como ha quedado evidenciado en las universidades, en las que el candidato Biden parece perder terreno por su apoyo exagerado a un Israel que bombardea sin descanso a los civiles de Gaza, aunque diga como pretexto baladí que solo persigue a los  milicianos de Hamás.</p>
<p><strong><em>Los intereses y las identidades se trenzan abriendo fosos profundos</em></strong></p>
<p>Como sucede con las trenzas que surten la firmeza de los lazos o del cabello, así acontece con estos bandos, en los cuales se entrelazan intereses e identidades, hegemonías políticas y sectarismos religiosos, ambiciones territoriales e imaginarios ancestrales. De ahí que las rupturas coincidentes y duraderas en estas diversas dimensiones hacen más honda la separación, más palpitante el estado de guerra, como cuando se presentan al mismo tiempo las contradicciones de índole económica y religiosa, o las de carácter nacionalista y territorial. Eso sí, todo ello concentrado en esa herida profunda y jamás sanada, como lo es la ocupación de Palestina; así a veces aparezca atenuada.</p>
<p>Ocupación que ha estado enhebrada con los hilos del control, la represión y la vida indigna a la que ha sido sometido este pueblo, desde la Nakba o catástrofe -los penosos desplazamientos obligados en los años 50-, hasta la actual guerra de venganza, una guerra en la que Israel mezcla elementos de genocidio; aunque solo postule que busca eliminar un movimiento político-militar y no un pueblo; con operaciones de desplazamientos masivos y con padecimientos sin fin; sobre todo, entre las mujeres y los niños; además, con un saldo infame de más de 25 mil muertos, el 1% de la población de Gaza.</p>
<p><strong><em>Interdependencia de los odios y las violencias</em></strong></p>
<p>En todo este período aciago, las afirmaciones opuestas de identidades religiosas, los nacionalismos exacerbados, las ocupaciones territoriales y las estrategias de guerra y de violencia, se han traducido en sentimientos encontrados de odio entre pueblos, la peor versión de la política internacional; convertida de ese modo en un sistema enrevesado de exclusiones esenciales, entre comunidades étnicas, religiosas y nacionales que, en otras condiciones, podrían convivir a través de la interdependencia multicultural y de la cooperación económica; ambas categorías, más propias de un “sistema-mundo”, anclado en la modernidad.</p>
<p>En cambio, la reproducción ampliada de odios y de golpes, de humillaciones y rencores, ha hecho brotar una inmodificable geopolítica de hostilidades, la cual se apoya en los deseos múltiples e inclaudicables del aniquilamiento recíproco. Los Estados, naciones y grupos se sostienen ontológicamente como unos sujetos colectivos, cuya razón de existir depende, en buena parte, de mantener viva la expectativa de acabar con el otro; una suerte de inter-dependencia de hostilidades, relación entre enemigos, algo que dificulta cualquier arreglo del conflicto.</p>
<p>Más aun, cuando los extremismos, en ese juego entre enemigos, han saltado al poder en cada bando, como es el caso de Netanyahu en Israel y de Hamás en la Franja de Gaza; y ni hablar del chiismo conservador en Irán. Situación que encierra potencialidades para la extensión de la guerra y, por el contrario, un margen muy reducido para darle vida a los viejos e inanimados acuerdos de Oslo.</p>
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        <author>RicardoGarcia</author>
                    <category>Reflexiones</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=98223</guid>
        <pubDate>Thu, 15 Feb 2024 00:34:32 +0000</pubDate>
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        <title>Kissinger o la Realpolitik en la época tardía de la Guerra Fría</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/reflexiones/kissinger-la-realpolitik-la-epoca-tardia-la-guerra-fria/</link>
        <description><![CDATA[<p>Henry Kissinger, político e historiador, ha fallecido recientemente, poco después de cumplir sus 100 años; ¡vaya si a estas edades de ahora toca contabilizarlas como tiempos geológicos! Hay que decirlo de entrada: él siempre experimentó una fascinación intelectual por Klemens Von Metternich, el canciller austriaco que imprimió un sello especial al Congreso de Viena en [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Henry Kissinger, político e historiador, ha fallecido recientemente, poco después de cumplir sus 100 años; ¡vaya si a estas edades de ahora toca contabilizarlas como tiempos geológicos! Hay que decirlo de entrada: él siempre experimentó una fascinación intelectual por Klemens Von Metternich, el canciller austriaco que imprimió un sello especial al Congreso de Viena en 1815, al que pinceló con sus trazos finos, en función de un nuevo orden europeo, después de la caída de Napoleón Bonaparte; este último, el elemento de perturbación mayor, en un continente conservador poblado por monarquías absolutistas.<img decoding="async" src="https://static01.nyt.com/images/2016/04/21/arts/29kissingr-obit-ESP/kissinger-obit-16-web-articleLarge.jpg?quality=75&amp;auto=webp&amp;disable=upscale" alt="Henry Kissinger muere a los 100 años - The New York Times" /></p>
<p>Foto tomada de New York Times</p>
<p><em>El enfoque realista</em></p>
<p><em> </em>El que, en su momento, se convirtiera en asesor de seguridad nacional y en Secretario de Estado (control cuasi omnímodo de la política internacional bajo las administraciones de Nixon y de Gerald Ford) se formó en la escuela realista de las relaciones internacionales, una concepción que se apoya en cuatro grandes factores; a saber, el poder, la fuerza, el interés nacional y el equilibrio de poderes.</p>
<p>En otras palabras, es un enfoque que no ve otra forma de entender tales relaciones, sino como la defensa del interés nacional por parte de cada Estado y que tiene como horizonte la búsqueda de un equilibrio de fuerzas en las definiciones de la guerra y de la paz.</p>
<p><em>El modelo</em></p>
<p><em> </em>Pues bien, cuando Metternich redefinió las líneas maestras del orden internacional monárquico, tuvo como referentes ineludibles los intereses respectivos de cada Estado y sobre todo el equilibrio de unos poderes basados en la fuerza, entre al menos la cinco potencias más relevantes, algo que terminó por llamarse el Concierto Europeo, garantía de estabilidad y orden, pues daba origen a un sistema que garantizaba, en principio, la neutralización de cualquier ambición hegemónica que proviniera de cualquiera potencia externa o interna.</p>
<p>De más está decir que Henry Kissinger hizo de esa formulación y de esa experiencia histórica su decálogo, tanto en la orientación académica como en la acción política, alto funcionario como lo fue y consejero de presidentes.</p>
<p>Pero el concierto europeo, que tuvo éxito durante casi 100 años, explotó en mil pedazos, con ocasión de la Gran Guerra europea en 1914. Por otra parte, después de la II Guerra Mundial, en 1945, el mundo cambió radicalmente, de modo que la existencia de varios imperios en competencia, fue reemplazada por la bipolaridad; una especie de duopolio; con dos superpotencias hegemónicas, provistas del arma nuclear; y trenzadas en lo que se denominó la Guerra Fría, la disputa entre dos sistemas, protagonizada por los Estados Unidos y la Unión Soviética.</p>
<p>Para cuando Kissinger, el profesor de historia, comenzaba a convertirse en el principal diseñador de la política exterior de Estados Unidos; es decir, para los años 70 del siglo XX, ya la Guerra Fría había pasado por momentos críticos, como en 1949, en 1961 y finalmente en 1962, con sus amenazas apocalípticas de devastación global. Claro está que después de la crisis de los misiles en Cuba había entrado en una etapa de cierto entendimiento, la llamada <em>distensión</em>, que desembocaría en una suerte de co-hegemonía; eso sí, siempre “perturbada” por las guerras de liberación nacional y por la emergencia de nuevos actores internacionales, armados de sus propios sueños y ambiciones.</p>
<p>Era un sistema bipolar que necesitaba regularizar la paz entre esas dos superpotencias, pero al mismo tiempo dar cabida a los intereses de los otros actores con su correspondiente fuerza, sin que se desestabilizara el núcleo central de un orden mundial, sometido al equilibrio esquizofrénico de una paz nuclear, un mundo que aseguraba su existencia a partir del peligro de destrucción mutua.</p>
<p>Kissinger, con sus aires de personaje anacrónico (facha convencional de director de funeraria y pensador con entusiastas afanes decimonónicos) pareció ser la figura precisa para una diplomacia de reajustes internacionales en la etapa tardía de la Guerra Fría; era un papel que interpretaría tanto con sus aciertos en el ajedrez mundial, como con sus errores criminales en el tratamiento a las naciones periféricas y emergentes.</p>
<p>Su <em>realismo</em> conservador, anclado en el orden, en el equilibrio de fuerzas y en el interés del Estado, lo supo acomodar a las exigencias de un bipolarismo que ya mostraba sus insuficiencias y que pedía a gritos un cambio.</p>
<p><em>Guerra Fría y diplomacia</em></p>
<p><em> </em>En su integración; a veces lúcida, a veces confusa y errónea; de esos ingredientes con los que se cocinaba la <em>realpolitik</em> del siglo XIX, cometió errores inútiles y criminales (en los que no faltó el  anticomunismo, componente adicional), tales como la prolongación de la guerra en Indochina y los bombardeos a Camboya; así mismo, como la represión en Bangladesh;  en América Latina lo fueron el apoyo al golpe contra Allende en Chile y el respaldo a la dictadura subsiguiente de Pinochet, a quien en medio de una diplomacia perversa le dijo que “no lo quería perjudicar sino ayudar”.</p>
<p>Ahora bien, con esas mismas motivaciones, paradójicamente condujo la brillante jugada diplomática del acuerdo con la radical China de Mao Tse-Tung, potencia emergente del comunismo que se hallaba en disputa con la Unión Soviética, todo ello para un re-equilibrio del mundo; movida en el tablero global en la que coincidió, del otro lado de la trinchera, con un diplomático de talento, aunque personalmente de una discreción ejemplar, el primer ministro Chou-En-Lai, contrapeso en el poder del muy ideológicamente revolucionario presidente Mao.</p>
<p>Entre Kissinger y Chou-En-Lai, con el acuerdo de 1972, consiguieron rediseñar el orden mundial, mediante la presencia de una China continental, que por cierto después de la muerte de Mao escogió la senda del crecimiento económico como un factor creciente de poder, que desconfiguraba los parámetros de la Guerra Fría.</p>
<p>Todo lo cual no le impidió al Secretario de Estado en esos mismos años 70 impulsar tratados de limitación en el armamentismo nuclear con una Unión Soviética, a la que empezó a considerar como una potencia “seria”, amiga del orden mundial, sin derivas disruptivas o subversivas.</p>
<p>Por otro lado, el señor Kissinger supo beber en las fuentes de la politología norteamericana, para enriquecer su perspectiva histórico-realista, con una atención especial al peso que tenía el <em>liderazgo</em>, una veta abierta para el análisis político, al lado de la burocracia.</p>
<p>Seguramente, a la luz del modelo que ofrecen algunos prominentes líderes refundacionales, veía engrandecido su propio papel de diplomático y asesor; él, que se relamía como un gato, imaginando que manejaba las cosas con la misma mano maestra con la que lo hacía el monárquico Metternich.</p>
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        <author>RicardoGarcia</author>
                    <category>Reflexiones</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=97637</guid>
        <pubDate>Wed, 20 Dec 2023 16:10:56 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Kissinger o la Realpolitik en la época tardía de la Guerra Fría]]></media:description>
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        <title>Milei: ¿agenda neo-conservadora sin gobernabilidad?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/reflexiones/milei-agenda-neo-conservadora-sin-gobernabilidad/</link>
        <description><![CDATA[<p>Javier Milei era hasta hace poco un outsider sin partido que vociferaba contra un régimen como el argentino, pronunciadamente estatalista, incluso asistencialista. Denunciaba a la chorra casta política por su cleptocracia, mientras proclamaba su “liberalismo” neoconservador para sacar al país de la crisis, previo el desmonte de la justicia social. Este libertariano, amigo del estado [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="https://image.shutterstock.com/image-illustration/3d-rendering-hand-casting-vote-260nw-2243822015.jpg" alt="2243822015" /></p>
<p>Javier Milei era hasta hace poco un <em>outsider</em> sin partido que vociferaba contra un régimen como el argentino, pronunciadamente estatalista, incluso asistencialista. Denunciaba a la <em>chorra</em> casta política por su cleptocracia, mientras proclamaba su “liberalismo” neoconservador para sacar al país de la crisis, previo el desmonte de la justicia social.</p>
<p>Este libertariano, amigo del estado mínimo, por tanto, de las privatizaciones en masa; extravagante y provocador, irrumpió con eficacia en la competencia política y supo movilizar para su causa, a los nuevos electores, los muy jóvenes; los que caben en el rango entre 16 y 24 años. Demás está decir que también conquistó el apoyo de los partidos conservadores, interesados en acabar con la hegemonía de un peronismo desgastado e incapaz de corregir una economía con indicadores lamentables. De modo que Milei, con su melena de roquero tardío y su verbo arrebatado, terminó por barrer en las urnas, con el soplo ilusorio de devolver a la Argentina a sus orígenes míticos, los de ser una potencia mundial.</p>
<p>Solo que este triunfo, hyper-holgado en la elección presidencial, contrasta con la orfandad de su poder en el legislativo. Este desequilibrio casi llega a representar una presencia extraviada de náufrago en el Congreso, esa fábrica de la que surgen las leyes, los moldes en los que se vierten las “transformaciones” agenciadas por el nuevo gobierno y cuya suerte entra en una incierta zona penumbrosa, causa de primer orden para la ingobernabilidad, esa incapacidad para materializar en políticas, los designios del <em>Príncipe</em>.</p>
<p><em>La insuficiente influencia en el parlamento.</em></p>
<p><em> </em>Milei ha ganado la presidencia de la República con el 56% de la votación, porcentaje nada desestimable. En cambio, su partido Libertad Avanza alcanzó apenas el 8% de las sillas en el senado y el 14% en la cámara de diputados. Lo cual quiere decir que dispone solo de 7 curules en un senado de 72 miembros y de 38 diputados en una cámara de 257 representantes. En otras palabras, si dependiera de su sola fuerza parlamentaria, no estaría en condiciones de aprobar leyes en su cuatrienio.</p>
<p>La situación que se dibujaría en el horizonte, según esas cuentas, sería la de un <em>desequilibrio</em>, de acuerdo con el lenguaje de Juan Linz, utilizado cuando este politólogo evocaba las condiciones que hacían entrar en crisis estructural una democracia. Lo que naturalmente no es el caso en Argentina, al menos no por ahora, tratándose de un país con 40 años de esforzada pero probada madurez democrática; y sobre todo con un sistema en el que coexisten partidos, en uno y otro extremo del arco político, leales al régimen.</p>
<p>Además, la composición de las minorías (todos los partidos lo son) despliega el escenario para la configuración efectiva de una mayoría, por la vía de las alianzas; eso sí, solo en la Cámara de Diputados; y de cualquier forma, con un alcance limitado, casi un ras con apenas.</p>
<p>No hay que olvidar que la oposición conservadora, la de la alianza Juntos por el Cambio, con Patricia Bullrich, la candidata derrotada en primera vuelta, ahora nombrada ministra de la Seguridad, aportó su 24% al caudal del presidente electo, antecedente que le permite a Macri -empresario, político conservador, anti- peronista y sobre todo jefe real de la centroderecha- hacer realidad una alianza dentro del gobierno con el libertariano, a punto de instalarse en el poder. A cambio de la cuota recibida, ofrecerá el apoyo de sus 98 diputados, cantidad que con los 37 de Libertad Avanza y otras pequeñas facciones, sumarán una mayoría suficiente, potencial plataforma para una gobernabilidad en materia legislativa.</p>
<p>Una gobernabilidad nada cómoda, en todo caso, si se piensa que enfrentará una oposición conformada por una minoría paradójicamente muy numerosa, la de los 108 peronistas, capaces de desestabilizar la eventual coalición mayoritaria.</p>
<p>Sin embargo, aún contando con esa mayoría inestable en la Cámara, Milei no dispondrá de la misma posibilidad en el Senado, en donde el poder estará en manos de la oposición peronista, ideológicamente situada en las antípodas del libertarianismo, conservador y neoliberal de Javier Milei.</p>
<p><em>Ingobernabilidad y alternancia en el poder.</em></p>
<p>Lo que muestra el triunfo del libertariano Milei, sin mayorías por sí mismo en las dos cámaras, es la emergencia de grandes dificultades en la gobernabilidad de los regímenes democráticos; sobre todo, si al mismo tiempo la competencia entre los actores políticos está atravesada por la polarización; esto es, por una significativa e intensa distancia ideológica entre los partidos que compiten como alternativas de gobierno.</p>
<p>Con lo cual, la alternancia – el cambio de color y de orientación en los gobiernos – se convierte en un proceso que incorpora como un elemento reiterado la ingobernabilidad en las democracias presidencialistas; particularmente, si los presidentes, apoyados por el voto popular, no cuentan al mismo tiempo con mayorías parlamentarias. Las mismas que a veces quedan en manos de una oposición, con la potencia y la voluntad para bloquear la agenda gubernamental, sea ésta de derecha o de izquierda, circunstancia que por el momento es indiferente para el análisis.</p>
<p><em>La repetición del fenómeno.</em></p>
<p>Son diversos, y no pocos, los casos de ingobernabilidad por el contraste entre el poder presidencial y unas mayorías parlamentarias que no le pertenecen, además en medio de la polarización ideológica. Son situaciones que proliferan de un modo especial en el paisaje político de América Latina, terreno de las tensiones ancestrales entre los populismos, las utopías transformadoras, los autoritarismos y las oligarquías clientelistas; una región además en la que en tiempos recientes se han presentado oscilaciones entre gobiernos de derecha e izquierda, sin que los parlamentos hayan incluido claras mayorías, sintonizadas con un gobierno interesado en promover cambios radicales, como parte de su proyecto político.</p>
<p>Un caso con el que podría comenzarse el inventario de estropicios en este tipo de ingobernabilidad, es el Perú de Pedro Castillo, el maestro rural convertido en presidente, blanco de una oposición mayoritaria, que lo destituyó, operación que desnuda un desequilibrio extremo, sin que por el momento se   detallen los yerros del propio mandatario.</p>
<p>En Chile, un <em>impasse</em> ha vuelto pedregoso el proceso constituyente, de manera que la ciudadanía terminó por votar negativamente la Constitución propuesta por los aliados del presidente, para que finalmente la Comisión Constitucional designada, con mayoría de la oposición, presentara, al final, una nueva Carta Política, contraria al programa del presidente Boric.</p>
<p>En Colombia, Gustavo Petro se ha encontrado con una falta de mayorías para que fluya la aprobación de sus reformas. Y en Brasil, la victoria de Lula contra Jair Bolsonaro, el exmilitar de extrema derecha, fue un <em>hit</em> electoral que no le significó una mayoría en el parlamento al candidato de izquierda, lo que sin duda va a retardar su agenda reformista; además de que su ascenso al poder –el del antiguo obrero metalúrgico- fue respondido por una asonada de los bolsonaristas en Brasilia; por supuesto un hecho de anomia desintegradora, calcado además del modelo de otra asonada, la de Washington el 6 de enero de 2021, perpetrada por los seguidores de Trump para impedir la oficialización de los resultados electorales, por serles estos contrarios al presidente saliente, aferrado a la silla presidencial.</p>
<p>Por último, en Ecuador, el presidente conservador Guillermo Lasso iba a ser destituido por un Congreso que le era adverso, por lo que el mandatario tuvo que acudir al mecanismo constitucional conocido como la Muerte Cruzada, para llamar a elecciones tanto de Congreso como de presidente, sin que de todos modos pudiese terminar el mandato. Por cierto, en Paraguay hace unos años, un Congreso de corte mayoritariamente tradicionalista, defenestró al presidente progresista de entonces, Fernando Lugo, en un acto interpretado por muchos observadores como un real pero disfrazado golpe de Estado.</p>
<p><em>Respuestas y perspectivas.</em></p>
<p><em> </em>Frente a este tipo de ingobernabilidad, surgen distintas respuestas. O bien se rompen los equilibrios, lo que da lugar a quiebras institucionales y a la caída de gobiernos, sin importar que se trate de regímenes presidencialistas; o bien, sobreviene la parálisis gubernamental y se evidencia la inhabilidad para sacar adelante una agenda, con mayor razón si la inspira la ilusion del cambio.</p>
<p>En tales condiciones, se hace necesaria la conformación de coaliciones mayoritarias, con las que cada gobierno desarrolle sus iniciativas legislativas y se blinde frente a la inestabilidad y a los riesgos de destitución por motivos políticos. Claro, también aparece como una operación urgente, la de los grandes consensos entre fuerzas contrarias, si se quiere dar paso a algunos momentos básicos de renovación, seguramente moderados en ese contexto, pero inaplazables en el desarrollo social.</p>
<p>Coaliciones y consensos, en una doble fórmula, son al parecer los remedios contra los procesos de alternancia polarizada, algo que quizás va a demandar también una cultura cívica, la del entendimiento, alrededor de las pautas que le dan sentido al sistema democrático; obviamente sin olvidar los imperativos de un siempre refundado contrato social.</p>
<p>Milei en Argentina, con su radicalismo neoliberal y el espíritu pugnaz de sus insultos, va a tropezar por otro lado con una oposición no muy conciliadora en el Congreso; y por cierto también en las calles, por la previsible reacción de los sindicatos y pobladores a los recortes en el Estado Social de Derecho.</p>
<p>Se trata de un riesgo que implica el debilitamiento de los equilibrios institucionales, lo que puede traer el afloramiento de ese demonio escondido que es el autoritarismo. Gobierno y oposición tendrán que hacer gala de maestría política para salvaguardar una democracia, todavia en plan de consolidarse, aunque los militares parecieran haber dejado atrás esa vocación ideológica de partido político, de la que hablara Alain Rouquié.</p>
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        <author>RicardoGarcia</author>
                    <category>Reflexiones</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=97317</guid>
        <pubDate>Fri, 24 Nov 2023 20:35:54 +0000</pubDate>
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        <title>La cuestión palestina no-resuelta y la nueva guerra apocalíptica</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/reflexiones/la-cuestion-palestina-no-resuelta-la-nueva-guerra-apocaliptica/</link>
        <description><![CDATA[<p>El bárbaro ataque del grupo islamista Hamás en Israel fue una provocación. Naturalmente no dejó de ser un hecho criminal, pero la incursión terrorista entrañaba ante todo una provocación en términos estratégicos y a la vez simbólicos, no importa si para el efecto, tuviera que ejecutar una masacre, a la que por otra parte procedía [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="https://img.freepik.com/foto-gratis/banderas-israel-palestina-paredes_23-2150946027.jpg?size=626&amp;ext=jpg&amp;ga=GA1.1.1939102437.1662391514&amp;semt=ais" alt="Foto gratuita banderas de israel y palestina en las paredes" /></p>
<p>El bárbaro ataque del grupo islamista <em>Hamás</em> en Israel fue una provocación. Naturalmente no dejó de ser un hecho criminal, pero la incursión terrorista entrañaba ante todo una provocación en términos estratégicos y a la vez simbólicos, no importa si para el efecto, tuviera que ejecutar una masacre, a la que por otra parte procedía con gusto y con sevicia.</p>
<p>En un giro frente a sus conductas pasadas, a veces pragmáticas; y asimilando más bien las tácticas y el espíritu del fundamentalista Estado Islámico, quiso desfogar su ira (aunque claro bajo una preparación rigurosa). Quizás aquí todo sea una acumulación del odio por parte del débil, tan a menudo conectado por un hilo interno e indescifrable con la acción del terror. <em>Hamás </em>quiso por supuesto ejecutar esa malhadada acción, como si le saliera de las capas más profundas de una inconformidad colectiva; del ahogo de un pueblo al que prácticamente se le encierra en una estrecha lengua de tierra árida, a su turno, sembrada de controles contra sus habitantes.</p>
<p>Pero también esperaba desatar la ira del enemigo, la furia del ocupante, de ese dominador, por un instante convertido en rey de burlas y así mismo victimizado, aunque lo fuera momentáneamente. El grupo islamista ejecutaba la incursión sangrienta, su osadía terrorista, sin ningún respeto por la eficacia de los servicios de inteligencia del blanco de ataque, sin embargo, bien reputados.</p>
<p><em>La vulnerabilidad del fuerte.</em></p>
<p>El repudiable asalto de <em>Hamás</em>, aun siendo un acto de terror, fue también un embate de orden táctico, destinado a causarle daño material y moral a su enemigo, todo ello en los marcos de una correlación de fuerzas abismalmente favorable a este último. De hecho, es la acción más destructiva causada a Israel por cualquier grupo palestino en 70 años de conflicto.</p>
<p>Igualmente implicaba un doble propósito de alcance estratégico. El primero consistía en demostrar que ese enemigo era vulnerable, que podía ser blanco en el futuro de golpes efectivos, por más que los atacantes resintieran la pobreza de su nación y sus desventajas militares. Sin que dejara de ser un crimen, era un mensaje a la vez estratégico y simbólico, acerca de una lucha que se plantea como una larga resistencia, como la guerra de identidad profunda que define a un sujeto colectivo.</p>
<p>El segundo propósito era minar la confianza, una de las fortalezas de su enemigo. Se trata de un objetivo estratégico en el campo de la moral, dimensión que tiene que ver con la voluntad; y que es, en la concepción de Raymond Aron, un recurso fundamental de la guerra. Ahora, si fallare ese recurso en este caso, su resquebrajamiento debería traducirse sicológicamente en la sensación de que Israel ya no estaría en condiciones de ofrecer una seguridad suficiente a sus ciudadanos.</p>
<p>Solo que el plan de ataque no enfocaba objetivos militares en Israel, solo civiles: niños, ancianos, mujeres, personas inocentes. Lo cual es un atentado contra el Derecho Internacional Humanitario, hecho que termina por entrampar la resistencia y por disolver el espíritu de la independencia en el ácido corrosivo de un atentado múltiple a los derechos humanos, razón que inhabilita moralmente a quien, de esa manera, defiende una causa, por más noble que sea su alegato.</p>
<p><em>La disrupción violenta en una rutina opresiva.</em></p>
<p>El prolongado y descorazonador conflicto entre el Estado de Israel y la nación palestina ha transcurrido desde 1948 entre las guerras y los estallidos sociales, pero también en medio del estancamiento y la rutina que, lejos de apaciguar los ánimos o de sosegar los odios e introducir una institucionalización razonable y aceptable por las partes, ha albergado una mezcla de desesperanza y de rencores mutuos, apenas disimulados, en una atmósfera de discriminación, pero también de amenazas.</p>
<p>Como consecuencia de la guerra de los 6 días en 1967, Israel además de El Sinaí y los Altos del Golán, ocupó la Cisjordania y la Franja de Gaza. Desde entonces, el Estado ocupante siempre quiso perpetuar un cierto <em>statu quo</em> en el que se mantuviera la precariedad territorial y la vigilancia sobre la población palestina. Claro, en algún momento estuvo dispuesto al retiro de las tropas y abierto a la creación de un Estado palestino; eso sí, de manera que siempre estuviese sometido a una estrecha presión por parte del vecino poderoso.</p>
<p>La realidad sin embargo fue la de que los sectores más poderosos de Israel nunca aceptaron tener como vecino a un Estado palestino con todas las de la ley; como también resultaba innegable el hecho de que los más radicales, entre los palestinos, jamás han admitido la existencia del Estado de Israel. Así entre esas divergencias de fondo, se fue volviendo rutina un deleznable estado de cosas, contra el que ahora irrumpe violenta y ciegamente el fundamentalismo islámico.</p>
<p>Ese estado de cosas incluía la prolongación de una Cisjordania ocupada; incorporaba además el impulso a los asentamientos y la ocupación de Jerusalén Oriental; todo ello coronado por el ascenso al poder en Israel de la extrema derecha, representada primero por el terrible Ariel Sharon, un auténtico azote sin sentimientos ni escrúpulos; y más tarde por  los sucesivos gobiernos de Netanyahu y sus aliados religiosos de tendencia extremista, para quienes el mismo Sharon podría pasar por “tibio”, ya que finalmente sacó a los propios colonos judíos de la Franja de Gaza.</p>
<p>Una rutinización opresiva que convertía a Gaza en lo que algunos han denominado la “cárcel a cielo abierto más grande del mundo”. Rutinización con la que seguramente <em>Hamás</em> quiso romper, apoyado en su voluntarismo sin límites y su mendaz sacralización de la violencia contra los “gentiles”.</p>
<p><em>Entre el terrorismo y la resistencia de masas.</em></p>
<p>Con posterioridad a la ocupación de los territorios, los palestinos comenzaron a gestar la lucha por su liberación (que desde luego implicaba la terrible consigna de la abolición del Estado de Israel, hasta cuando Yasser Arafat sentenció que esa eliminación del Estado hebreo debía entenderse como una consigna que había caducado, ya no iría más como bandera).</p>
<p>Esa guerra de liberación contra la ocupación pasó inicialmente por la lucha apoyada en el uso del terrorismo por parte de la Organización de la Liberación Palestina (OLP), una organización que cometió numerosos y resonantes actos de terrorismo entre 1972 y 1976. Con lo cual, los palestinos consiguieron enemigos no solo en Occidente, también se granjearon la enemistad de algunos países árabes como Jordania, el reino de la dinastía hachemita.</p>
<p>Mientras tanto, Israel fortaleció su ejército y su aparato de inteligencia, a lo que agregó un control excesivo sobre el territorio y la población palestinos: el terrorismo de <em>Al Fatah</em>, el ala militar de la OLP, fue seguido por un período de estancamiento político y por un retroceso de la lucha armada durante casi 10 años, hasta cuando estallaron las <em>Intifadas</em> o levantamientos no-armados de la juventud en Gaza.</p>
<p>Agotado estratégicamente el terrorismo de los fedayines, o guerrilleros, surgió de pronto en diciembre de 1987 el alzamiento de la propia población, una movilización portadora de una denuncia clara sobre las condiciones de opresión, a la vez que ponía al desnudo la desproporción descomunal en el poderío militar, esa misma desproporción  que se daba entre las piedras lanzadas por adolescentes y los fusiles Galil, las ametralladoras y los tanques de guerra todoterreno, con los que respondían los soldados israelíes.</p>
<p>De ese modo, el descrédito se extendía sobre la cabeza del Estado judío, que comenzaba a rozar la condición de <em>país paria</em>, algo que también afectaba la política internacional de los Estados Unidos, su protector incondicional. Es cierto, las <em>Intifadas</em> legitimaron la causa palestina, pero también fueron aplastadas por las fuerzas armadas israelíes. Con todo, ellas y la solidaridad internacional consiguieron abrir un espacio favorable a la diplomacia y a la flexibilización de las partes.</p>
<p><em>Diplomacia, elasticidad y acuerdos.</em></p>
<p>Aunque derrotadas, las <em>Intifadas</em> ejercieron una presión que llevó a Israel, un tiempo después, a retirarse de Gaza, si bien manteniendo controles asfixiantes; así mismo condujeron a que un ala moderada, sobre todo la de los laboristas, entreviera la coexistencia con un Estado Palestino. En el marco de la negociación sería posible el intercambio de territorio y soberanía para la parte palestina y, por otro lado, seguridad en las fronteras para Israel.</p>
<p>Ya lo demás, era el esfuerzo del presidente Clinton para acercar a los representantes de ambos pueblos, de modo que sentó en la misma mesa a Isaac Rabin y a Yasser Arafat, antiguos guerreros y, en las nuevas circunstancias, convertidos en jefes moderados y pragmáticos, todo lo cual desembocó en los Acuerdos de Oslo de 1993. Dichos acuerdos contemplaron un gobierno interino en territorio palestino, lo que se plasmó en la elección de la Autoridad Palestina, lo que abría la perspectiva para la existencia de dos estados; no obstante, sobre algunos asuntos estructurales no hubo consensos, por ejemplo, sobre Jerusalén oriental, zona reclamada por los palestinos con el propósito de convertirla en su futura capital y que por el contrario había sido tomada a la fuerza por las autoridades israelíes, situación que se mantiene hasta la fecha.</p>
<p>Así, lo pactado en los Acuerdos de Oslo se cumplió a medias; pero en cambio, exacerbó la oposición de los frentes radicales de lado y lado. Además, sobrevino la desaparición de los líderes comprometidos en los acuerdos. Rabin fue asesinado por un fanático judío de extrema derecha y una década después murió el carismático Arafat, casado por lo demás con una cristiana, tan lejos estaba la resistencia de entonces de los fundamentalismos posteriores.</p>
<p><em>Los extremos y el mesianismo.</em></p>
<p><em> </em>Fracasada la alentadora diplomacia -inoperantes los acuerdos-, vinieron los siguientes treinta años; en medio de la desesperanza, se alejó la solución de los dos Estados, se incrementó el control sobre la Franja y Cisjordania y se continuó con los asentamientos de colonos judíos.</p>
<p>Y mientras tanto tuvo lugar el ascenso de los sectores más extremistas y conservadores en Israel con Netanyahu a la cabeza, al que se han sumado los extremistas religiosos; entre tanto, el partido laborista perdió peso, al igual que los moderados del <em>Likud </em>(partido de derecha gobernante en Israel). En el frente palestino, un conservador, islámico y radicalizado <em>Hamás</em> crecía en apoyo popular hasta alcanzar en 2006 el mando en la Franja de Gaza, mientras languidecía lo que antes representó el revolucionario Yasser Arafat, hoy sustituido por un bonachón y casi inoperante Mahmoud Abbas, confinado con su Autoridad Palestina a Cisjordania, sin ninguna influencia en Gaza.</p>
<p>El escenario no ha podido ser peor: la confrontación de dos mesianismos apocalípticos, según la caracterización del historiador Patrick Boucheron. Dos mesianismos que no solo miran como objetivos de guerra a los aparatos militares y a los estados, sino a la población civil del campo contrario, juzgada como un enemigo secreto e informe –quizá diabólico– al que también hay que aniquilar, porque es carne y sangre del mal; como si le fuera consubstancial a este último. Con lo cual, se llevan de calle al Derecho Internacional Humanitario, casi como un impulso sustancial de la guerra, no como un simple accidente.</p>
<p><em>La feroz guerra de venganzas.</em></p>
<p>En esas condiciones, ha estallado un nuevo y salvaje enfrentamiento dentro de este conflicto multi-dimensional, con su carácter territorial, étnico-religioso y estratégico-nacional, que ya dura 70 años; y que amenaza con prolongarse indefinidamente. Claro, mientras se mantenga viva la “cuestión palestina”; esto es, mientras los palestinos de Gaza y Cisjordania sufran esa mutilación existencial, la de carecer de un Estado independiente y de una soberanía territorial; y por cierto mientras Jerusalén no goce de un status internacional.</p>
<p>Lo que quiso el fundamentalismo de <em>Hamás</em> fue actualizar esa “cuestión palestina”, más o menos aletargada durante las últimas tres décadas. Lo hizo brutal y sangrientamente, mientras daba rienda suelta a su rabia, con el fin de patear el tablero del juego geopolítico; además para acabar de un golpe con los acercamientos diplomáticos entre algunos países árabes e Israel.</p>
<p>Y lo hizo, no sin consecuencias, obviamente; pues el gobierno de Netanyahu y sus fuerzas militares, como si esperaran la ocasión, desencadenaron una furiosa guerra de venganza, a la vez de ocupación, que ya deja como saldo más de 11.000 muertos, incluidos 4.300 niños, una cifra de la ignominia, una marca a fuego de inhumanidad. Lo hacen en un territorio, como la Franja, en el que malviven 2 millones 200 mil personas, expuestas a bombardeos incesantes, al desplazamiento interno y a los bloqueos en el abastecimiento de agua y electricidad. Es un asedio infernal, al que no escapan los hospitales, algo que traerá la destrucción de la ciudad de Gaza y por cierto, un debilitamiento transitorio de la resistencia palestina; y el aplazamiento <em>sine die</em> de la solución definitiva.</p>
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        <author>RicardoGarcia</author>
                    <category>Reflexiones</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=97259</guid>
        <pubDate>Thu, 16 Nov 2023 20:33:25 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La cuestión palestina no-resuelta y la nueva guerra apocalíptica]]></media:description>
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        <title>Eclipse de los alternativos y reactivación de las coaliciones tradicionales</title>
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        <description><![CDATA[<p>&nbsp; &nbsp; Qué duda cabe, el gobierno del cambio sufrió una derrota en las regionales y municipales. Todo lo lamentable que se quiera, pero es un dato de la realidad. Apenas un año largo después de asumido el poder, los 11 millones 200 mil votos del presidente Petro se volvieron un material quebradizo, como fragmentos [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
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<p><img decoding="async" class="" src="https://img.freepik.com/vector-gratis/eleccion-campana-politica_74855-6383.jpg?size=626&amp;ext=jpg&amp;ga=GA1.1.1826414947.1699056000&amp;semt=ais" alt="Imágenes de Politica Gobierno - Descarga gratuita en Freepik" width="340" height="266" /></p>
<p>Qué duda cabe, el gobierno del cambio sufrió una derrota en las regionales y municipales. Todo lo lamentable que se quiera, pero es un dato de la realidad. Apenas un año largo después de asumido el poder, los 11 millones 200 mil votos del presidente Petro se volvieron un material quebradizo, como fragmentos de vidrio, que además sufrieron repentinamente una disminución numérica, hasta convertirse en unos 4 millones, una barbaridad, como descomposición de la acción colectiva, una descolgada sensible. Todo un hecho político, en términos negativos.</p>
<p><em>Y sin embargo no hay que olvidar los matices.</em></p>
<p>Parangonar los resultados de una presidencial, con las elecciones territoriales, no es una operación muy brillante: sustituye la razón compleja por la obviedad. Las elecciones presidenciales se mueven en un orden de magnitud distinto a las elecciones en las alcaldías y gobernaciones, contraste que es muy notorio en las primeras. Las identidades del elector se forman en una línea de sintonía diferenciada, sin necesariamente estar unidas por el mismo hilo de pertenencia.</p>
<p>El análisis comparativo debe poner frente a frente las elecciones para alcalde con ellas mismas en el pasado. Sin mezclar peras con manzanas, debe procederse a una minería de datos, extraídos de vetas similares.</p>
<p>Así, los 562 mil votos de Gustavo Bolívar en Bogotá merecen en estricto sentido un comparativo con los 440 mil de Hollman Morris, cuatro años atrás; y no con los 2 millones 220 mil depositados por Petro en la presidencial, que más bien se transfiguraban en un espejismo. Es una votación, dicho sea de paso, que no es endosable en favor de una candidatura a la alcaldía, circunstancia que por otra parte mostraría la excepcionalidad del fenómeno Petro, no reproducible a nivel local y quizá no repetible en cualquier nivel.</p>
<p>Por cierto, en muchas regiones y ciudades ya era notoria la ausencia de las fuerzas petristas hace 4 años y ahora continuó precaria su presencia, lo que hace muy difícil el ejercicio comparativo, además de que muchas veces los candidatos circulan mimetizados en listas de coalición. Es un hecho que quizá abre la tentación para que el presidente sostenga con alguna razón que su movimiento y sus afines avanzaron ostensiblemente; claro, dentro de una cartografía de la periferia electoral. Por cierto, es una racionalización que no puede por ejemplo incluir al departamento de Boyacá en el que triunfó Carlos Amaya, el de los Verdes; y ni siquiera en rigor la alcaldía de Santa Marta, de Fuerza Ciudadana, aunque es verdad que estos dos casos deben incluirse en una contabilidad más amplia de las fuerzas independientes y alternativas, ocupantes de un espectro de frecuencia tampoco muy amplio.</p>
<p><em>Otros fenómenos</em></p>
<p><em> </em>En todo caso, en el lado opuesto de ese espejo cóncavo que es el severo revés político del gobierno, se dibuja la imagen de los ganadores en las cuatro principales ciudades del país, en las que consiguieron votaciones holgadas.</p>
<p>En Bogotá, Carlos Fernando Galán, con su perspectiva ideológica de centro, su apellido de raigambre liberal y su talante inclinado a la moderación, atrajo un voto de opinión que se manifestó sobre todo en localidades bogotanas populosas y populares como Suba, Kennedy y Engativá.</p>
<p>En Medellín, Fico Gutiérrez, cada vez más conservador y siempre anti-petrista, fue casi plebiscitado por un electorado que seguramente expresó masivamente su descontento contra el alcalde saliente, cabeza de un movimiento independiente que casó simultáneamente diversas peleas contra actores de peso en la capital antioqueña, dueños de influencias no despreciables.</p>
<p>En Cali, un retoño del empresariado local, aunque también exfuncionario nacional en temas de paz, sorprendió con una ventaja cómoda al representar una alternativa creíble frente a un alcalde independiente pero suficientemente desprestigiado por el mal manejo de las variadas y sucesivas crisis en la Sultana del Valle. Y en Barranquilla, sin sorpresas ni cambio alguno, Alex Char, delfín del grupo Tiendas Olímpicas, se alzó fácilmente con su tercer mandato local.</p>
<p>En Medellín y Cali, claramente hubo una oscilación de un extremo a otro en el péndulo, pues candidatos de derecha reemplazaron a Daniel Quintero y Jorge Iván Ospina, que habían llegado al poder a hombros de movimientos que se planteaban bajo la etiqueta de independientes y alternativos.</p>
<p>En Bogotá, por su parte, emergió una movilización electoral significativa (o dos si se cuenta el batazo, en términos beisboleros, para un impulso de doble base, que ejecutó Oviedo), pero sin un basculamiento brusco hacia la derecha-derecha; por cierto, el histórico millón y medio de votos de Galán representan una opción de centro, con apego tal vez al elitismo meritocrático pero al mismo tiempo con sensibilidad social, pues su discurso lo ha centrado en combatir el hambre y la desigualdad social.</p>
<p>Por otra parte, muchas otras capitales y especialmente los departamentos fueron los escenarios propicios para que se impusieran candidatos que son profesionales de la política, avezados en el mercado electoral, que controlan aparatos y que a menudo cuentan con el apoyo de coaliciones partidistas o con la concurrencia de varios avales; además, en representación de una tendencia ideológica muy parecida a la derecha o al centro-derecha.</p>
<p><em>Coordenadas en los comportamientos</em></p>
<p>Son identificables por lo menos dos coordenadas que trazan el sentido en el que se desplazan las conductas de los votantes en estas elecciones territoriales. Se trata de coordenadas que al mismo tiempo son líneas, cuyos dos extremos se oponen entre sí; aunque también pueden ofrecer, a la manera de una tabla horizontal de colores, una gama de identidades ideológicas o de actitudes, como si hubiese un <em>continuum</em> entre tales extremos.</p>
<p>Una de esas dos coordenadas es la del tipo de voto, la que tiene que ver con el carácter del votante; es la que opone el votante de opinión al votante de partido. La otra coordenada es la ideológica, que opone la derecha a la izquierda, aunque muchos digan que tal división ya no existe. Son todas ellas categorías en las que se inscribe el elector; están relacionadas con actitudes del sujeto y con sus orientaciones. Además, se combinan del siguiente modo: un <em>votante de partido</em> puede ser un sujeto de izquierda o de derecha, sin abandonar por ello su adscripción y su disciplina. Así mismo, un <em>elector de opinión</em> puede ser de derecha o al contrario de izquierda, en una integración de categorías que da lugar a alineamientos que, a manera de ilustración, se dibujan en una matriz, expresión de la tendencia del votante:</p>
<p style="text-align: center"><strong>VOTANTES<img decoding="async" class="alignleft size-large wp-image-97090" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/11/Imagen-1-1024x237.png" alt="" width="840" height="194" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/11/Imagen-1-1024x237.png 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/11/Imagen-1-150x35.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/11/Imagen-1-300x70.png 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/11/Imagen-1-768x178.png 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/11/Imagen-1-1200x278.png 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/11/Imagen-1.png 1938w" sizes="(max-width: 840px) 100vw, 840px" /></strong></p>
<p style="text-align: left">A la vista de los resultados en la democracia local y regional, podría decirse que la votación mayoritaria se inclinó más hacia la derecha y hacia los partidos; o, más exactamente, hacia los aparatos electorales, a expensas de la izquierda y de los movimientos de opinión.</p>
<p style="text-align: left"><em>Coaliciones regionales</em></p>
<p>Cuando se habla de partidos en la Colombia actual se hace referencia a un mundo muy fragmentado; el sistema de partidos es una suma más o menos caótica de 36 agrupamientos, autorizados todos ellos por el Consejo Nacional Electoral, una versión exagerada del pluralismo, lo que dificulta enormemente la constitución de mayorías, desde la intervención de un solo partido.</p>
<p>Se trata de una fragmentación que obliga a los agentes colectivos a coaligarse, algo que a nivel regional se traduce a menudo en alianzas entre caciques que a la vez son dueños de empresas electorales, mimetizadas como partidos, afectadas por un perfil muy personalista; y cuyo peso en las campañas les asegura las mayorías suficientes para conquistar las alcaldías y gobernaciones, sin los azares de atraer los votos de opinión, aunque, claro, sin excluir tampoco esta aventura.</p>
<p>De modo que cuando se haga referencia a los partidos y los aparatos electorales, debe darse por sabido que tales entidades toman forma en coaliciones que se enfrentan por los gobiernos, para una distribución posterior del poder en cuotas proporcionales.</p>
<p>En realidad, un amplio espectro de estos gobiernos fue conquistado por coaliciones, camufladas mediante el uso de los avales mancomunados, útiles para que los partidos se sumen a las candidaturas en disputa.</p>
<p><em>Las inclinaciones ideológicas</em></p>
<p>A propósito de las identidades ideológicas, alguien podría cuestionar con razón que la división entre derecha e izquierda es muy simple y reduccionista. Es verdad; no solo existen estos extremos; entre ellos se da una amplia gama de matices, que ocupan un campo ideológico intermedio, calificado como el <em>centro</em>; y del cual se reclaman muchísimos competidores políticos, un centro que por cierto puede recoger tonos más intensos de izquierda o de derecha, según el caso.</p>
<p>Al preguntarse en manos de qué partidos quedaron las ciudades y los departamentos, podría concluirse sin dificultad que la tendencia predominante está definida por el centro y el centro-derecha, independientemente de las etiquetas y consignas.</p>
<p>De modo que las fuerzas dominantes en estas elecciones territoriales de 2023 han sido quizá las de los aparatos electorales que exhiben el sello prevaleciente del centro-derecha, sin desconocer el impacto que tuvieron los movimientos de Galán y Oviedo que siendo de centro, fueron al mismo tiempo de opinión en una buena proporción: dos millones largos de votos, nada despreciables.</p>
<p><em>Gobierno/Oposición</em></p>
<p>Naturalmente, a las líneas de fractura anteriores o a las coordenadas que definen los comportamientos de los electores, hay que añadir sin falta el enfrentamiento entre gobierno y oposición; y hay que hacerlo a nivel nacional y local, eso sí, con las particularidades que patentiza cada uno de estos planos. En ocasiones, por ejemplo, coinciden la oposición al gobierno nacional y al local, según se vio en Medellín.</p>
<p>En todo caso, vistos los resultados de gobernaciones y alcaldías, se diría que la oposición más radical, por un lado; y el gobierno, por el otro, no resultaron ganadores. Como ya todo el mundo lo sabe, en Colombia la norma no incluye como categorías, solo a la oposición y al gobierno; también a los independientes.</p>
<p>Si se calibrara la votación de partidos como el liberal, el conservador y el de la U, medible en las asambleas departamentales, sin olvidar la de Galán y Oviedo, aunque sean de otro alcance, podría afirmarse que la votación mayoritaria correspondió a la categoría de los inscritos como independientes, si bien es cierto, no pasan la prueba en otro tipo de taxonomías políticas.</p>
<p><em>¿Y los movimientos de avanzada?</em></p>
<p>Lo cierto es que esos partidos que se declaran “independientes” han tenido en esta ocasión un peso muy grande. Ahora bien, los que se declaran de oposición no ganaron. Pero los del gobierno, encajaron una derrota porque se dejaron comparar desfavorablemente con la elección presidencial de hace apenas 15 meses, votación ésta que no se prolongó en las elecciones locales; careció de una fuerza de arrastre evidente.</p>
<p>El centro-derecha tradicional mantuvo su presencia mayoritaria, fuera a través de candidaturas unipartidistas o de coaliciones. Y finalmente, los guarismos electorales confirmaron la ausencia de movimientos progresistas y animados por una izquierda bien estructurada.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>RicardoGarcia</author>
                    <category>Reflexiones</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=97088</guid>
        <pubDate>Sat, 04 Nov 2023 20:19:58 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Eclipse de los alternativos y reactivación de las coaliciones tradicionales]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">RicardoGarcia</media:credit>
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                            </item>
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        <title>UN CARA A CARA INTEMPORAL, MANET DEGAS</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/reflexiones/cara-cara-intemporal-manet-degas/</link>
        <description><![CDATA[<p>    Estos fueron dos de los grandes talentos franceses que poblaron la modernidad y la pintaron, esa fugitiva existencia de la vida urbana, la de París en el siglo XIX. Capturaron semblanzas, escenas y personajes; por cierto, nada grandilocuentes, ni artificiosamente densos; quizás, prosaicos; y sin embargo dotados de cierto perfil “heroico”, con un heroísmo [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><strong> </strong></p>
<p><strong><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-large wp-image-95529" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/Captura-de-Pantalla-2023-07-17-a-las-6.23.36-p.-m.-1024x600.png" alt="" width="840" height="492" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/Captura-de-Pantalla-2023-07-17-a-las-6.23.36-p.-m.-1024x600.png 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/Captura-de-Pantalla-2023-07-17-a-las-6.23.36-p.-m.-150x88.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/Captura-de-Pantalla-2023-07-17-a-las-6.23.36-p.-m.-300x176.png 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/Captura-de-Pantalla-2023-07-17-a-las-6.23.36-p.-m.-768x450.png 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/Captura-de-Pantalla-2023-07-17-a-las-6.23.36-p.-m.-1200x703.png 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/Captura-de-Pantalla-2023-07-17-a-las-6.23.36-p.-m..png 1912w" sizes="auto, (max-width: 840px) 100vw, 840px" />   </strong>Estos fueron dos de los grandes talentos franceses que poblaron la modernidad y la pintaron, esa fugitiva existencia de la vida urbana, la de París en el siglo XIX. Capturaron semblanzas, escenas y personajes; por cierto, nada grandilocuentes, ni artificiosamente densos; quizás, prosaicos; y sin embargo dotados de cierto perfil “<em>heroico</em>”, con un heroísmo surgido paradójicamente desde la llaneza de la sociedad burguesa que bullía, junto con el republicanismo y el liberalismo ciudadano, valores que contagiaban virtuosamente a una sociedad, ya no tan cargada como antes de prejuicios y formalismos agobiantes.</p>
<p><strong>“Entre la admiración y la irritación”</strong></p>
<p>Bajo sus espléndidos techos combados, de arcadas luminosas estilo <em>beaux-arts</em>, el Museo de Orsay, antiguamente una estación de tren, ha montado una muestra singular: la exhibición de las obras, unas frente a otras, pertenecientes a estas dos figuras cimeras de la plástica francesa, 120 lienzos en total. La curaduría ha sido fabulosa; el paralelismo, sorprendente; y el relato biográfico e histórico, notable, aunque en ocasiones puramente anecdótico. Ha dejado ver la cercanía entre los artistas y al mismo tiempo sus desencuentros; pero ante todo, el reconocimiento que cada uno le reservaba al otro.</p>
<p><strong>Vidas paralelas</strong></p>
<p>Nacidos en París, el uno en 1832 y el otro en 1834, además vástagos de familias acomodadas, los dos llenaron con desparpajo y brillo el mundo de la creación artística en un siglo especialmente pródigo en innovaciones culturales; claro, al lado de Cézanne y de los impresionistas, tan amados por la crítica, por el público y los coleccionistas; por cierto, los impresionistas conformaron un grupo reformista en el manejo de la luz, en el de la pincelada y en su desenvoltura, al que todo el mundo ha asociado con nuestros dos grandes pintores, sin que estos se sintieran a gusto con tal identificación. Manet y Degas se conocieron en el Louvre, probablemente descifrando la mirada psicológica de gigantes como Velázquez.</p>
<p>Desde entonces, iniciaron una marcha fecunda en la producción de obras con líneas comunes de interés y con la selección de motivos similares, tales como las escenas en una modistería o las carreras de caballos o los retratos de personajes, Zola o Mallarmé por ejemplo. Ahora bien, las respuestas a cada desafío estaban diferenciadas, dados el genio y la inspiración de cada uno. Así la pintura del primero era más contundente, quizás más influida, tanto en la figura como en el color, por Tiziano y Velázquez; a la inversa, más ligera y alegre la del segundo, con aires de Ingres y de su sensualidad e ingravidez.</p>
<p>Curiosamente, eran expresiones que contrastaban con los temperamentos personales de estos individuos sobresalientes. Édouard Manet era expansivo, sociable y seductor; mientras tanto, Edgar Degas era retraído y encerrado en su <em>atelier</em>, sin que se le conocieran muchas amistades femeninas de cierta intimidad, motivo de chanzas que le dedicara Manet, algo que lo ponía furioso y lo dejaba largamente resentido.</p>
<p><strong>El realismo subjetivo</strong></p>
<p>En materia de tendencias pictóricas, los dos defendieron los postulados del realismo y la rebelión contra un clasicismo apegado a modelos de nobleza acartonada y a la virtud idealizada, lo mismo que a las leyes tradicionales de la perspectiva, la composición y el color.</p>
<p>Se trataba por supuesto de un realismo especial, no de un simple calco de la naturaleza, de las cosas y las personas. Lo que los apasionaba era un realismo que estuviera penetrado por un enfoque subjetivo, suerte de “transfiguración que desde luego no fuera anulación de lo real, sino juego difícil entre la verdad de lo real y el ejercicio de la libertad”, según lo anotara un siglo después Michel Foucault: la misma perspectiva que ofreciera el propio Manet y que enunciara de esta forma perentoria: “Pinto no lo que los otros quieren ver, sino la realidad que yo mismo veo”; eso sí, del modo más simple posible, agregaba.</p>
<p><strong>El<em> flâneur</em>, el <em>dandy</em> y la modernidad</strong></p>
<p>Cuando Foucault buscó una idea central con la cual pudiese definir qué era la modernidad, encontró que esta era no sólo el imperio de la razón, sino un modo de ser, una forma de reaccionar frente a la sociedad; esto es, una manera crítica de observar su evolución. Para delinear mejor la formulación, evocó la teoría de Charles Baudelaire según la cual el sujeto de la vida moderna podría ser el <em>flâneur</em>, un paseante que circula por los laberintos urbanos, por las calles, plazas y cafés de la ciudad; incluso por sus antros; para sacar enseñanzas; así mismo, para dilucidar situaciones a punta de una curiosidad que le permitiera armar en su cabeza el entramado del mundo urbano, algo que en el análisis de Foucault constituye una especie de operación cultural de heroización del <em>flâneur</em>, como paseante y como constructor de los nuevos imaginarios urbanos.</p>
<p><strong>Los creadores de imaginarios sociales</strong></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-large wp-image-95530" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/Captura-de-Pantalla-2023-07-17-a-las-6.26.38-p.-m.-1024x648.png" alt="" width="840" height="532" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/Captura-de-Pantalla-2023-07-17-a-las-6.26.38-p.-m.-1024x648.png 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/Captura-de-Pantalla-2023-07-17-a-las-6.26.38-p.-m.-150x95.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/Captura-de-Pantalla-2023-07-17-a-las-6.26.38-p.-m.-300x190.png 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/Captura-de-Pantalla-2023-07-17-a-las-6.26.38-p.-m.-768x486.png 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/Captura-de-Pantalla-2023-07-17-a-las-6.26.38-p.-m.-1200x759.png 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/07/Captura-de-Pantalla-2023-07-17-a-las-6.26.38-p.-m..png 1852w" sizes="auto, (max-width: 840px) 100vw, 840px" /></p>
<p style="text-align: center">Bebedores de ajenjo, Édouard Manet 1858 y Edgar Degas 1875</p>
<p><strong> </strong>Así Manet y Degas precursores inmediatos del impresionismo, hicieron posible con su programa de orden realista, el proyecto de una modernidad, al estilo de Baudelaire, como si esta fuera una manera de ser libres y críticos en la construcción imaginaria del universo burgués. Y de ser individuos capaces de sobreponerse a la fugacidad de lo cotidiano, sin dejar de participar en ella, sólo para abordar principalmente una ímproba tarea, la del <em>dandy</em>, empeño en el que cada uno se construye a sí mismo y asume el compromiso de elaborarse como sujeto. Era como si tal pretensión se convirtiese en la huella estética de Manet y Degas.</p>
<p><strong>Una aventura inquietante</strong></p>
<p>En el paralelismo propuesto, los comisarios de la exposición consiguieron plasmar esta aventura cultural, bella e inquietante; tal como lo es por otra parte la imagen que sirve de síntesis: el cuadro <em>Olympia</em>; esa mujer rutilante, desafiante y sugerente; y además rebosante de sexualidad, sin encubrimientos metafóricos, ni virtuosos; sin ningún disfraz de Venus; mujer que fuera pintada por Manet, un artista amigo del poeta Charles Baudelaire, con quien solía caminar por el Jardín de las Tullerías para observar a los concurrentes, en un oficio placentero, que les permitiría a ambos captar imágenes para re-crearlas con un sello realista y un gesto libre.</p>
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<p style="text-align: center">Olympia, Édouard Manet, 1863, Museo de Orsay, París.</p>
<p>Fuente de las imágenes: Wikipedia</p>
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        <author>RicardoGarcia</author>
                    <category>Reflexiones</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=95528</guid>
        <pubDate>Mon, 17 Jul 2023 23:42:58 +0000</pubDate>
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        <title>Wagner o los azares del mercenarismo y el poder en Rusia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/reflexiones/wagner-los-azares-del-mercenarismo-poder-rusia/</link>
        <description><![CDATA[<p>&nbsp; Sainete o tragedia política, pantomima o tentativa de asalto al poder, las amenazas del grupo Wagner y la marcha de sus carros blindados que desde Rostov se dirigían al Kremlin, deja ver la línea crítica que pone en contacto dos formas de fragmentación, las que se presentan simultáneamente en el orden del Estado soberano [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="https://as1.ftcdn.net/v2/jpg/04/99/31/54/1000_F_499315481_oqDKyK6lQF5GEskZSwrO4CdwquGULEX9.jpg" alt="german main battle tank leopard 2a7. war and army symbol. isolated vector image for military concepts" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sainete o tragedia política, pantomima o tentativa de asalto al poder, las amenazas del grupo Wagner y la marcha de sus carros blindados que desde Rostov se dirigían al Kremlin, deja ver la línea crítica que pone en contacto dos formas de fragmentación, las que se presentan simultáneamente en el orden del Estado soberano y en las relaciones internacionales, carentes ellas de una soberanía única; un lazo de engarce que refleja y acentúa los equilibrios inestables, al interior y al exterior de una nación.</p>
<p><strong><em>El orden interno y el orden internacional</em></strong></p>
<p>El orden político interno se caracteriza por el poder nacional único; el orden internacional, por la multiplicidad de poderes nacionales que se excluyen a impulsos de sus soberanías respectivas; el primero está tipificado por el gobierno único, el segundo por la ausencia de un gobierno mundial. La anarquía en este último, si se quiere, es normal; en el orden interno, por el contrario, es una anomalía <em>hobbesiana</em>, pues este orden debe suponer la vigencia de un poder superior.</p>
<p>La normalidad de la anarquía en el orden internacional se vuelve perversión con el advenimiento de la guerra entre naciones. La anormalidad de la anarquía en el orden político interno termina convertida en la perversión del golpe de Estado, el pronunciamiento militar o la guerra civil.</p>
<p>La marcha del grupo Wagner para tomarse la sede del gobierno ruso y las invocaciones de su jefe Yevgueni Prigozhin, contra la burocracia y los altos jerarcas militares, reunía como en un conjuro de mala magia tanto la tentación del golpe de Estado en el Kremlin, fruto de la fragmentación interna del poder, como la realidad descorazonadora de la guerra, la de la invasión contra Ucrania, que pone al orden del día la fuerza y la agresión.</p>
<p><strong><em>Los mercenarios en la guerra</em></strong></p>
<p>Pregozhine, el oligarca amigo de Putin y gerente propietario de un ejército privado, venía de conseguir sus éxitos sobre el terreno, con la conquista de la ciudad de Bajmut en el este de Ucrania; lo hizo en una campaña militar al compás de las diatribas contra el ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, mientras el presidente de la Federación rusa guardaba silencio.</p>
<p>Animado por sus recientes hazañas, a la manera de un guerrero carismático regresaba, ya no solo para sacar de su puesto al ministro, sino para defenestrar al patriarca Putin, su antiguo protector y titular del poder tradicional, como si se tratara de un episodio histórico, suerte de rebelión carismática, auscultada por Max Weber.</p>
<p>Entre tanto Shoigú, el ministro de Defensa, igualmente cercano a Putin, como una fiera taimada en el bosque, daba sus pasos para el asalto seguro contra el enemigo de intrigas que lo asediaba, el empresario y caudillo de mercenarios; lo hacía al poner en ejecución la orden oficial, en el sentido de que todos los combatientes del ejército privado debían entrar mediante contratos en los rangos del Ejército de la Federación, lo cual dejaría sin sus bases al oligarca levantisco.</p>
<p><strong><em>Jugadas y presiones mutuas</em></strong></p>
<p>Presionado a pesar de sus logros recientes, Prigozhin, el llamado “<em>chef”</em> de Putin, quiso jugarse el todo por el todo, cruzar su propio rio Rubicón, a la manera de Julio Cesar, para lanzarse a la toma del palacio de gobierno.</p>
<p>Solo que su Rubicón resultó ser un ficticio rio de pesebre, sobre el que regresó repentinamente, para echar marcha atrás, poco antes de aceptar sin explicación un trato con el régimen, propiciado por Lukashenko, el hombre fuerte de Bielorusia y un aliado cercano de Putin. Como resultado de la negociación secreta, Bielorusia acogería al jefe rebelde de los mercenarios, mientras Putin, aunque llamara traidor al oligarca amotinado, ofrecería retirar cualquier denuncia o persecución judicial contra los que participaron en la revuelta. Mientras tanto, los soldados mercenarios de la empresa Wagner iniciarían su enlistamiento en las filas del Ejército oficial.</p>
<p><strong><em>Control inmediato y perspectivas inciertas</em></strong></p>
<p>Ciertamente Prigozhin no podía coronar su alucinada empresa de tomarse el poder, tanto más cuanto que no hubo fracturas visibles en las Fuerzas Armadas, además de que ninguna fracción de las élites se pasó a su bando.</p>
<p>Sin embargo, el desplazamiento de sus blindados y de sus hombres puso en evidencia un <em>no-evento</em> de carácter insólito, a saber: nadie salió a oponerles resistencia, ningún regimiento del Estado apareció por parte alguna. No hubo quien los apoyara, es cierto; pero tampoco quien los combatiera, pese al peligro que esta aventura entrañaba para el régimen de Putin.</p>
<p>En consecuencia, el desafío del general de mercenarios y señor de la guerra se disolvió en la nadería de un probable exilio dorado en Bielorusia para el “rebelde” (salvo que la Venganza, esa dama inexorable, le tenga reservado otro destino). Con todo, las fisuras del régimen podrían asomar después; sobre todo, si en la guerra con Ucrania, el Ejército ruso y sus comandantes siguen sin mostrar trazos serios de victoria, una eventualidad muy probable a largo plazo; aunque por el momento, también es verdad, la contra-ofensiva desplegada por Kiev desde la primavera tropieza con una férrea defensa rusa en muchas líneas de combate, según lo ha reconocido el gobierno de Zelenski.</p>
<p>Un empate militar prolongado en Ucrania y una sorda inconformidad dentro del gobierno ruso podrían representar el escenario probable de una inestabilidad, en la que coincidan la falta de control sobre la situación, tanto en el frente externo como en el interno.</p>
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        <author>RicardoGarcia</author>
                    <category>Reflexiones</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=95351</guid>
        <pubDate>Wed, 05 Jul 2023 00:18:21 +0000</pubDate>
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        <title>La Coalición Efímera</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="" src="https://img.freepik.com/foto-gratis/rompecabezas-madera-juguete-manos-aisladas-blanco_155003-12810.jpg?size=626&amp;ext=jpg&amp;ga=GA1.2.1939102437.1662391514&amp;semt=ais" alt="Foto gratuita rompecabezas de madera de juguete en manos aisladas en blanco" width="592" height="394" /></p>
<p>Demasiado rápido colapsó la coalición dominante, la que le proporcionaba las mayorías al gobierno para las leyes en las que vierte como en un molde las reformas del cambio. Prevista para los cuatro años del período presidencial, el empuje le duró apenas para el brevísimo lapso de 8 meses largos, al término del cual, el presidente Petro que es el que manda en estos asuntos y en otros muchos, sentenció sin una sola lágrima: simplemente ya no existe; por poco añade, la tal coalición.</p>
<p>-Insólito, reclamó el presidente del Senado, el mismo Roy Barreras, que le había ayudado, diligente, a levantar esa coalición multipartidaria de activistas alternativos y políticos tradicionales.</p>
<p>-Inédito, reiteró perplejo: nunca antes una alianza en el poder tan amplia y tan bien hecha, había sido enterrada en semejante tiempo récord; un verdadero dislate, parecía murmurar, sobre todo si se pensaba en el hecho histórico de que él mismo había contribuido a estructurarla con tan buenos auspicios.</p>
<p>Casi en el mismo momento en que surgió a la vida política, se vino abajo, aunque ciertamente pasara la primera prueba, la de sacar adelante la reforma tributaria; solo que este examen exitoso, no le dio el combustible suficiente para resistir el segundo, la reforma a la salud, objeto de un tortuoso debate de dos meses sin un acuerdo definitivo y más bien con un desencuentro fundamental, sobre la manera como se procedería a modificar el sistema de salud.</p>
<p><strong><em>¿Lo que rápido comienza, muy pronto termina?</em></strong></p>
<p>Quizá la prontitud con la que la coalición desembocó en una parálisis, se debió a la alegre rapidez con la que se levantó ese edificio, por cierto, sin muchos cimientos. La alianza de los partidos quedó para el bautizo en un santiamén, como nacida por las artes de un prestidigitador; por supuesto, bajo el apremio de los plazos que los partidos tienen para pertenecer al gobierno o a la oposición. Sin embargo, nadie sabía exactamente cómo sería el contenido de los proyectos en la agenda legislativa. Entre todos montaron y echaron a andar, sin ensillar las bestias, como bien reza el adagio popular. Y muy pronto la caravana se detuvo, sin atinar a reemprender la marcha, como varada en los pedregosos senderos de la geografía nacional.</p>
<p>Hoy las mayorías parlamentarias se constituyen, no desde un partido, tampoco desde el pacto entre dos grandes familias partidistas que cogobiernan. De esa manera sucedían las cosas en ese pasado tan remoto, pero tan fantasmalmente presente, en el que imperaba un orden más estable, pero más oligárquico. Las mayorías se forman por la suma de un cierto número de partidos y facciones de tamaño medio; en realidad, un mosaico de minorías diversas. Es lo que ofrece, sin remedio, el orden vigente, ese conjunto fragmentado de partidos. Es un sistema de partidos, particularmente fraccionado, que además está surcado por diferencias ideológicas y por la competencia de las élites políticas, afanadas por un relevo en el control de la representación política.</p>
<p><strong><em>Sumas mecánicas y distancias ideológicas.</em></strong></p>
<p>Así, la construcción de una coalición mayoritaria supone la suma de muchos de esos grupos y movimientos que han conquistado una porción de la representación parlamentaria. Pero además exige la gestión de las contradicciones surgidas de las diferencias ideológicas y de la competencia entre élites y patronazgos. Es por un lado la suma numérica o la dimensión mecánica; y por el otro lado el encuentro complejo en un horizonte común, nucleado por el proyecto político. La coalición que surgió cuando el gobierno comenzó su andadura, solo cumplió con la tarea de la suma mecánica, no con el horizonte ideológico común, el mínimo desde luego.</p>
<p>La suma mecánica solo proporcionó la energía para el despegue, no para la marcha inercial sostenida, la que ahora trastabilla, después de la interminable confrontación de ideas y propuestas, a propósito de la ya mencionada reforma a la salud, una circunstancia que llevó al jefe de gobierno, no ya únicamente a dar por terminada la coalición parlamentaria, sino a cancelar la otra coalición que él dirigía, la del gabinete ministerial. Lo hizo al prescindir, primero, de Alejandro Gaviria y luego de José Antonio Ocampo y Cecilia López, ministros, cuyas inclinaciones podrían estar inscritas en el centro progresista y, por tanto, representantes indirectos de esa misma tendencia dentro del espectro político del país, unos cuatro millones de votos, depositados por cierto en la misma bolsa de los once millones seiscientos mil, consignados por Gustavo Petro.</p>
<p>De cualquier modo, el reto es el de recomponer en cada coyuntura, en cada trámite legislativo, la mayoría suficiente; a fin de garantizar la aprobación de una agenda razonable y progresista. En cada momento, el gobierno estará obligado a tejer esa composición virtuosa, una meta para la cual requiere la formulación de propuestas sensatas y la construcción inteligente de consensos.</p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>RicardoGarcia</author>
                    <category>Reflexiones</category>
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        <pubDate>Sun, 30 Apr 2023 16:46:14 +0000</pubDate>
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