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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>María Clara Ruiz, Bloguero de Blogs El Espectador</title>
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        <title>Chivos expiatorios… reflejos de la perversión social y familiar</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/psicoterapia-y-otras-posibilidades/chivos-expiatorios-reflejos-la-perversion-social-familiar/</link>
        <description><![CDATA[<p>Delincuencia, drogadicción, alcoholismo, ludopatía, anorexia, bulimia, intentos de suicidio, depresión, fracaso escolar, problemas de comportamiento… se juzgan con altivez e indignación sin tomar en cuenta que sólo están reflejando al sistema en su conjunto.    Parecen ser los únicos equivocados, los problemáticos, los malos a quienes se les carga la culpabilidad, la vergüenza y la [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><em><span style="color: #61b4b5;">Delincuencia, drogadicción, alcoholismo, ludopatía, anorexia, bulimia, intentos de suicidio, depresión, fracaso escolar, problemas de comportamiento… se juzgan con altivez e indignación sin tomar en cuenta que sólo están reflejando al sistema en su conjunto.<span class="Apple-converted-space"> </span></span></em></p>
<p><span class="Apple-converted-space"> <a href="https://mariaclararuiz.com/2018/05/23/chivos-expiatorios-reflejos-de-la-perversion-social-y-familiar/" target="_blank" rel="noopener"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-11483" src="https://mariaclararuiz.files.wordpress.com/2018/05/chivos-expiatorios-reflejos-de-la-perversion-familiar-y-social.jpg" alt="chivo-expiatorio--familia" width="820" height="238" /></a></span></p>
<p>Parecen ser los únicos equivocados, los problemáticos, los malos a quienes se les carga la culpabilidad, la vergüenza y la violencia de la familia, del país, de la empresa. Son los <b>chivos expiatorios</b>.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Así, el resto de sus miembros pueden mantener sus roles disfuncionales tranquilamente y sin asomo de sospecha, con lo cual se presentan exentos de responsabilidad y libres de la obligación moral de hacer un cambio.<span class="Apple-converted-space"> </span><span id="more-63635"></span></p>
<p><strong><span style="color: #61b4b5;">¿De dónde viene su nombre?</span></strong></p>
<p>Antiguamente existía un ritual judío llamado <i>Yom Kippur</i>, que consistía en una celebración del día de la expiación. Por orden de <i>Yaveh</i>, se elegían dos machos cabríos. El azar dictaminaba que uno de ellos sería sacrificado con todos los honores, rociando con su sangre el arca de la alianza. El otro, llamado Azazel, estaba destinado a cargar con la culpas de todos los pecados del pueblo. Así, el rabino ya purificado y vestido con una túnica blanca, posaba su mano sobre la cabeza del animal y le confesaba los pecados de la comunidad, transfiriéndole simbólicamente las culpas y quedando el pueblo automáticamente limpio de estas.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Después de la ceremonia, el animal era llevado al desierto en calidad de emisario, dejándosele allí en libertad pero lejos, muy lejos, apartado de quienes deseaban vivir una vida digna, es decir ajena a los pecados.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p><span style="color: #61b4b5;"><strong>¿Qué significa en Psicología Chivo expiatorio?<span class="Apple-converted-space"> </span></strong></span></p>
<figure id="attachment_11484" aria-describedby="caption-attachment-11484" style="width: 329px" class="wp-caption alignleft"><img decoding="async" class="alignnone wp-image-11484" src="https://mariaclararuiz.files.wordpress.com/2018/05/los-roles-que-asumimos1.jpg" alt="roles-familiares-de-grupo" width="329" height="458" /><figcaption id="caption-attachment-11484" class="wp-caption-text"><em><a href="https://mariaclararuiz.com/2018/05/16/los-roles-que-asumimos/" target="_blank" rel="noopener">Los Roles que Asumimos</a></em></figcaption></figure>
<p>Es a partir del simbolismo de este culto que metafóricamente utilizamos en psicología el término <b>chivo expiatorio</b> para denominar al miembro de un sistema como puede ser la familia, el estado, un grupo de trabajo o de amigos, de compañeros de colegio o de instituto e incluso un pequeño grupo de <i>watsapp</i>, en quien se depositan las agresiones desplazadas y quien carga con todas las culpas del sistema. <span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>El mecanismo es generalmente inconsciente y es muy común en grupos con actitudes punitivas hacia los demás, en donde la sensación de culpa llega a ser desbordante y la rigidez no permite hacerla consciente para elaborarla.<span class="Apple-converted-space">  </span>Se da en grupos propensos al castigo, ajenos a la autocrítica, a la<span class="Apple-converted-space">  </span>aceptación de los límites, a la posibilidad de reparación.<span class="Apple-converted-space">  </span>También en sociedades xenofóficas y llenas de prejuicios sociales contra miembros de otros grupos marginales.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p><b>En síntesis, se da en sistemas que prefieren proyectar la culpa afuera antes que asumir la angustiosa expectativa del castigo.<span class="Apple-converted-space"> </span></b></p>
<figure id="attachment_11485" aria-describedby="caption-attachment-11485" style="width: 353px" class="wp-caption alignright"><img decoding="async" class="alignnone wp-image-11485" src="https://mariaclararuiz.files.wordpress.com/2018/05/violencia-cotidiana.jpg" alt="agresiones-cotidianas" width="353" height="265" /><figcaption id="caption-attachment-11485" class="wp-caption-text"><em><a href="https://mariaclararuiz.com/2012/11/13/violencia-cotidiana/" target="_blank" rel="noopener">La Violencia Cotidiana</a></em></figcaption></figure>
<p>Una persona inocente pero de alguna manera vulnerable, se convierte en el depositario de la agresividad del sistema y en receptor de los castigos proyectados. De ahí su nombre de <strong>chivo expiatorio</strong>. Su carácter “emisario” se debe a la capacidad que tiene de asumir el rol de actuar los pecados del sistema, quedando así atrapado en su propia trampa y además sin darse cuenta. <span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p><strong><span style="color: #61b4b5;">El Chivo expiatorio de la Familia</span></strong></p>
<p>A nivel familiar, que es un grupo social en pequeña escala, se pueden observar claramente las dinámicas que llevan a algún miembro a asumir el rol de <b>chivo expiatorio</b>. Es común que sea algún/a hijo/a o una persona enferma la que deba llevar la carga de las ansiedades del sistema para mantener su equilibrio.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<figure id="attachment_11486" aria-describedby="caption-attachment-11486" style="width: 376px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-11486" src="https://mariaclararuiz.files.wordpress.com/2018/05/no-se-lo-digas-a-nadie.jpg" alt="secretos-familiares" width="376" height="282" /><figcaption id="caption-attachment-11486" class="wp-caption-text"><em><a href="https://mariaclararuiz.com/2017/10/25/pero-no-se-lo-digas-a-nadie/" target="_blank" rel="noopener">Pero no se lo digas a Nadie…</a></em></figcaption></figure>
<p>Por ejemplo, nos preguntamos qué pasa con aquel miembro de la familia que fracasa<span class="Apple-converted-space">  </span>permanentemente en su vida mientras los demás gozan del éxito. Así, en ocasiones, se mantiene el equilibrio en algunos sistemas que guardan ocultas dinámicas e historias muchas veces heredadas de generación en generación. <span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Otro ejemplo lamentable pero algo frecuente es el de la mujer que ha experimentado un abuso sexual por parte de<span class="Apple-converted-space">  </span>un miembro de la familia y que inmediatamente o varios años después, desvela su secreto. Pero al contarlo, no sólo se le expresa la desconfianza en la veracidad de su historia sino que además se le trata de loca, paranoica o prostituta, todo con tal de mantener el falso equilibrio, aunque esto suponga en la mujer una depresión, una distorsión en la alimentación o un caos en su vida afectiva.</p>
<p>Sucede también en algunos casos de fracaso escolar o de problemas de comportamiento infantil y adolescente fácilmente adjudicables a causas externas al sistema. Por esto, a veces se ve en las consultas de Psicoterapia a padres y madres llevando a sus hijos con la esperanza de modelar su conducta y sin asomo de intención por revisarse ellos mismos. Algunas veces incluso, cambian de opinión al ver alguna mejoría en su hijo/a y le retiran alegando problemas de tiempo, dinero o disponibilidad.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p><strong><span style="color: #61b4b5;">La función de la Psicoterapia</span></strong></p>
<p>El/la Psicoterapeuta que cae en esta trampa no beneficia de ninguna manera a la familia. Por el contrario, simplemente ayuda a perpetuar su dinámica perversa. El verdadero apoyo consiste en facilitar que el sistema haga consciente su dinámica y en estos casos los cambios pueden llegar a ser sorprendentes.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<figure id="attachment_11447" aria-describedby="caption-attachment-11447" style="width: 376px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-11447" src="https://mariaclararuiz.files.wordpress.com/2018/05/motivos-de-consulta.jpg" alt="Psicoterapia-Maria-Clara-Ruiz" width="376" height="377" /><figcaption id="caption-attachment-11447" class="wp-caption-text"><a href="https://mariaclararuiz.com/2018/04/04/terapia-psicologica-motivos-de-consulta/" target="_blank" rel="noopener"><em>Motivos de Consulta</em></a></figcaption></figure>
<p>Hay un momento en que el conflicto puede y quiere salir del lugar oculto en el que se le ha<span class="Apple-converted-space">  </span>mantenido y es el momento en que el grupo familiar o la persona que acude a la terapia están preparados para ponerlo en palabras, cuestionarlo y escucharlo.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p>Es ese el momento en que se puede revisar la dinámica de comunicación y los roles, para así reconstruir la identidad y hacer conscientes los miedos a los cambios que pueda traer un movimiento psíquico tan intenso.</p>
<p>Suelen ser los chivos expiatorios quienes acuden a terapia. Al fin y al cabo, ¿de quién ha sido el problema hasta el momento? El proceso<span class="Apple-converted-space">  </span>terapéutico puede ayudar a descubrir las razones de su situación más allá del síntoma y desenmascarar los <b>rasgos del carácter</b> que se han ido formando a lo largo de la vida y que ahora aparecen como corazas imposibles de traspasar.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: center;"><em><span style="color: #61b4b5;">Un día fuiste la víctima, al día siguiente el verdugo. Hoy puedes ser simplemente tú mismo/a en contacto con tus más profundas sensaciones, abrazando el cambio que te espera en el momento menos esperado.</span></em></p>
<p style="text-align: right;"><i style="font-family: angelina; color: #524e4e; font-size: 2em; text-align: right;">María Clara Ruiz</i></p>
]]></content:encoded>
        <author>María Clara Ruiz</author>
                    <category>Psicoterapia y otras Posibilidades</category>
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        <pubDate>Wed, 01 Aug 2018 13:28:43 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Chivos expiatorios… reflejos de la perversión social y familiar]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">María Clara Ruiz</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Sobre la Idealización</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/psicoterapia-y-otras-posibilidades/sobre-la-idealizacion/</link>
        <description><![CDATA[<p>No hay ilusión más ingenua que la de creer que se puede vivir sin ilusiones, ni fe más ingenua que la de creer que se puede pensar sin fe. —E. Zuleta— Idealizamos. Está en el origen de nuestras relaciones y aunque no lo podamos evitar, sí podemos comprender sus mecanismos en el amor, en el [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><em><span style="color: #61b4b5;">No hay ilusión más ingenua que la de creer que se puede vivir sin ilusiones, ni fe más ingenua que la de creer que se puede pensar sin fe. —E. Zuleta—</span></em></p>
<figure id="attachment_10754" aria-describedby="caption-attachment-10754" style="width: 820px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://mariaclararuiz.com"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-10754" src="https://mariaclararuiz.files.wordpress.com/2018/01/sobre-la-idealizacion.jpeg" alt="idealización-personal-y-colectiva-estanislao-zuleta" width="820" height="238" /></a><figcaption id="caption-attachment-10754" class="wp-caption-text"><em>Foto: Vicent Pérez</em></figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">Idealizamos. Está en el origen de nuestras relaciones y aunque no lo podamos evitar, sí podemos comprender sus mecanismos en el amor, en el pensamiento y en nuestras acciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Para escribir esta entrada he reflexionado unos cuantos días, recordando las palabras de <b>Estanislao Zuleta</b> (1935-1990), aquel filósofo colombiano que tanto nos aportó en su momento y que lo sigue haciendo hoy con su legado. En uno de sus ensayos llamado <i>Idealización en la vida Persona y Colectiva</i>, habla sobre el proceso de  idealización en ámbitos como el amor, la política, las formaciones colectivas o los grupos religiosos. <span id="more-61351"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Aunque muchos otros pensadores han abordado el tema con gran lucidez, he basado este escrito en algunas de las ideas de Zuleta, esperando que mi interpretación haya sido acertada y deseando que lo que añado —influida por el pensamiento reichiano— sirva como motivación para la reflexión y el aporte de puntos de vista nuevos o diferentes.</p>
<p style="text-align: left;"><em><strong><span style="color: #61b4b5;">¿Cómo idealizamos? </span></strong></em></p>
<p style="text-align: justify;">Imagina un álbum de recuerdos en el que puedes elegir las escenas agradables o las dolorosas según los sentimientos que te evoque alguna persona, cosa o experiencia de tu vida. A partir de esta selección construyes un imaginario, aunque pienses que no hay nada más transparente que tu percepción de la realidad que viviste. Este es un proceso inconsciente.</p>
<p style="text-align: justify;">Me recuerda este mecanismo a una bella canción de Concha Buika llamada <em>&#8220;Volverás&#8221;</em>, en la cual transmite un intenso dolor debido al abandono por parte de quien ama y a quien reta pronosticando su seguro regreso, premonición surgida de su deseo. Con tono de transitoria rendición dice en algún momento:</p>
<p style="text-align: center;"><em><strong><span style="color: #61b4b5;">&#8230; &#8220;No eran tan falsas aquellas mentiras, ni tan verdaderas tus verdades favoritas, no fueron tan callados aquellos silencios, no fueron tan malos algunos momentos&#8221;&#8230;</span></strong></em></p>
<p style="text-align: justify;">La idealización es un proceso que funciona por medio de imágenes tomadas de nuestras experiencias pasadas, pero aisladas de un todo y de una continuidad. Tomamos trozos de la realidad vivida y les damos un sentido absoluto, como si allí estuviera la esencia, la totalidad de un momento o la experiencia absoluta de una relación.</p>
<p style="text-align: left;"><em><strong><span style="color: #61b4b5;">¿Por qué idealizamos?</span></strong></em></p>
<p style="text-align: justify;">Nos gusta pensar que aquello a lo que entregamos nuestra confianza y nuestra vulnerabilidad no nos va a decepcionar nunca. Y para poder arriesgarlo todo, investimos a la otra parte de unas cualidades en las que apoyamos nuestra esperanza de que las cosas irán bien.</p>
<p style="text-align: justify;">Proyectamos nuestros deseos y nuestros planes idealizando un final feliz… o infeliz. Porque según nuestro estado de ánimo o nuestro <a href="https://mariaclararuiz.com/tag/caracter/" target="_blank" rel="noopener">carácter</a>, el fin que imaginamos puede ser placentero o por el contrario más cercano al fatalismo, a la premonición del fracaso, de que el otro nos va a engañar, de que no va a durar, de que no lo lograremos.</p>
<p style="text-align: justify;">De cualquier manera, al idealizar un fin ya sea satisfactorio o no, lo que ideamos es el resultado pero no los medios que nos llevan a éste, es decir que no contamos con el proceso. Cuando imaginamos un logro, una satisfacción o un reconocimiento, nos vemos en el momento del disfrute pero no en el tiempo que le precede con su lucha, su espera o su desesperación.</p>
<p style="text-align: left;"><em><strong><span style="color: #61b4b5;">Idealización en la vida personal</span></strong></em></p>
<p style="text-align: justify;">La vida personal es un ámbito donde los afectos emanan con tanta claridad, que la  idealización se hace presente desde los comienzos de las relaciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Por ejemplo, al iniciar una relación amorosa hay un proceso de enamoramiento que constituye una base para la conformación de futuros proyectos en común y que alimentan a la pareja en su camino.</p>
<p style="text-align: justify;">En ocasiones, después de un tiempo en una relación amorosa en que todo se veía tan bonito al principio, algo se tuerce y las diferencias acaban por quebrar tanta perfección.</p>
<p style="text-align: justify;">Ante la frustración que supone, puede suceder que la percepción nos juegue una mala pasada y nos acordemos sólo de lo &#8220;malo&#8221;. Con esta selectiva colección de recuerdos, quien al principio era un dechado de virtudes de pronto se convierte en la peor persona conocida hasta el momento.</p>
<p style="text-align: justify;">En el caso contrario, puede suceder también que, ante la dificultad para elaborar el duelo por la ausencia de alguien que nos ha dejado, nos acordemos sólo de lo &#8220;bueno&#8221; reprimiendo los recuerdos que consideramos negativos y que nos supondría un conflicto reconocer.</p>
<p style="text-align: justify;">Pongo el ejemplo de la relación amorosa pues es muy claro y reconocible para la mayoría. Pero la idealización en la vida personal no se limita a la pareja. Puede suceder en cualquier relación interhumana en el ámbito de la amistad, de relaciones laborales, de vecindad, etc., y también con animales, objetos, lugares o momentos a los que imprimimos nuestras vinculaciones afectivas.</p>
<p style="text-align: left;"><em><span style="color: #61b4b5;"><strong>Idealización en la vida colectiva</strong></span></em></p>
<p style="text-align: justify;">Con los imaginarios se fundan las relaciones íntimas, así como las adhesiones a grupos y a colectivos con fines políticos, profesionales, filosóficos o religiosos. Así funciona la mente y más vale comprenderla que juzgarla, porque a veces la idealización nos pone en aprietos cuando se queda anclada en el inconsciente, mientras domina ciertas circunstancias de nuestra vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Dominados estamos cuando idealizamos a los demás sobrevalorando sus virtudes sin pasarlas por ningún asomo de relatividad. Nos gustaría ser igualmente valorados y nos dedicamos a mostrarles imágenes para que puedan captarnos tal como queremos que nos vean.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando no podemos hacer conscientes estas tendencias, nos volvemos hipersensibles a todo lo que pueda dañar la imagen que tratamos de producir y la dificultad está en que acabamos dependiendo absolutamente de la idea que se hacen las otras personas sobre nosotros y de su aprobación.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando la ciega aprobación se convierte en una necesidad vital, los amigos serán exclusivamente aquellos que cumplen con esta expectativa y los que no, representan una amenaza por su actitud de diferenciación, cuestionamiento o crítica. Aquí cobra inmenso valor el famoso <i>si no estás conmigo, estás contra mi.</i></p>
<p style="text-align: justify;"><em><strong><span style="color: #61b4b5;">Necesidad de idealizar y necesidad de ser idealizado</span></strong></em></p>
<p style="text-align: justify;">En la interacción humana, la idealización puede tomar dos sentidos. Uno, cuando se busca ser idealizado, por ejemplo a partir de una necesidad narcisista o para compensar la carencia de la propia valoración, o tal vez por la necesidad de exteriorizar una convicción y necesitar que los demás la compartan con el mismo fervor.</p>
<p style="text-align: justify;">Otro, cuando se necesita idealizar a una persona, grupo, ideología o a cualquier sustituto imaginario que represente seguridad, acogimiento o protección y que garantice una identidad que no se puede uno crear por sí mismo. Se busca entonces aquello que responda a todas las preguntas y que ahorre el esfuerzo de respondérselas naturalmente, en el camino de la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Dice Zuleta:</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;"><i>&#8220;El que tema de antemano toda sospecha y todo recelo que pueda obligarlo a pensar en sí mismo y anhele por el contrario sumarse a toda palabra que quiera enseñarle lo que hay que hacer, pensar y desear, ese ya va en busca del líder o del profeta y no dejará de encontrarlos&#8221;. </i></p>
<p style="text-align: justify;">Porque siempre habrá alguien dispuesto a saborear el subidón que supone la sumisión de otros, evitando a toda costa la crítica y resistiéndose a nuevas formas de ver las cosas. Zuleta lo expresa así cuando se refiere a la idealización en colectivos intelectuales:</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;"><i>&#8220;Porque ninguna teoría está protegida contra el delirio y ningún pensador contra la demanda de idealización. Porque oír no es solamente seguir un encadenamiento de razones lógicas sino también participar en una experiencia, ponerse en el lugar del otro, y en esto intervienen necesariamente la identificación y el amor. No hay ilusión más ingenua que la de creer que se puede vivir sin ilusiones, ni fe más ingenua que la de creer que se puede pensar sin fe. Lo que realmente importa sin embargo, es saber en qué medida el proceso vital e intelectual es capaz de volver críticamente sobre sí mismo, de ser revisionista, o si por el contrario se conserva patológicamente ortodoxo. Pero es allí exactamente donde está el gran peligro, porque desde la idealización y el amor se corre el riesgo de aceptar cualquier cosa, y por ejemplo de no aprender ya nada, sino solamente recibir una revelación&#8221;.</i></p>
<p style="text-align: justify;">A partir de estos miedos disfrazados de demandas de lealtad incondicional y compulsiva, se llega a neutralizar el peligro excluyendo o incluso negando a quienes no siguen las pautas marcadas. Así se acalla con relativa facilidad la evidencia de que lo que se cree con tanta pasión no es válido para todo el mundo.</p>
<p style="text-align: justify;">Idealizamos y, como mecanismo de defensa, funciona para contener las esperanzas de que las cosas nos vayan bien esta vez. Y no sirve de mucho pretender no idealizar. Difícilmente podremos llevar a cabo un proyecto vital o iniciar una relación amorosa pensando fríamente en los dolores de cabeza que nos va a suponer. Pero&#8230;</p>
<p style="text-align: center;"><em><strong><span style="color: #61b4b5;">Tomar consciencia nos da la oportunidad de comprender, o al menos de relativizar nuestras percepciones para mantener una parcela de libertad dentro de nuestros límites como seres humanos, complejos y multidimensionales</span></strong></em></p>
<hr />
<p style="text-align: left;"><em><strong>Nota:</strong> Para la realización de este escrito me he basado en el ensayo: &#8220;Idealización en la vida personal y colectiva&#8221;. Autor: Estanislao Zuleta. Ed. Procultura, 1985. Bogotá. Ver esta y otras referencias bibliográficas <a href="https://mariaclararuiz.com/biblioteca-psicologica/" target="_blank" rel="noopener">aquí</a></em></p>
<p style="text-align: right;" align="JUSTIFY"><i style="font-family: angelina; color: #524e4e; font-size: 2em; text-align: right;">María Clara Ruiz</i></p>
]]></content:encoded>
        <author>María Clara Ruiz</author>
                    <category>Psicoterapia y otras Posibilidades</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/?p=61351</guid>
        <pubDate>Wed, 11 Apr 2018 13:31:00 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Sobre la Idealización]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">María Clara Ruiz</media:credit>
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        <title>¿Todo Tiempo Pasado fue Mejor?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/psicoterapia-y-otras-posibilidades/tiempo-pasado-fue-mejor/</link>
        <description><![CDATA[<p>“El pasado es lo que recuerdas, lo que imaginas recordar, lo que te convences en recordar, o lo que pretendes recordar” -Harold Pinter- Era todo magnífico. La vida era como un cuento de hadas. La suerte no parecía acabar nunca. El amor llenaba los días y las noches. Ni un enojo, ni una pizca de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><em>“El pasado es lo que recuerdas, lo que imaginas recordar, lo que te convences en recordar, o lo que pretendes recordar” -Harold Pinter-</em></p>
<figure style="width: 820px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-6871" src="https://mariaclararuiz.files.wordpress.com/2016/06/idealizando-el-pasado.jpg" alt="idealizando-el-pasado" width="820" height="238" /><figcaption class="wp-caption-text"><span style="color: #999999;"><em>Imagen de exposición en &#8220;Art Institute of Chicago&#8221; &#8211; Mayo de 2015</em></span></figcaption></figure>
<hr />
<p style="text-align: justify;">Era todo magnífico. La vida era como un cuento de hadas. La suerte no parecía acabar nunca. El amor llenaba los días y las noches. Ni un enojo, ni una pizca de soledad y hasta levantarse temprano cada mañana resultaba inmensamente satisfactorio. Luego llegó el presente y todo se derrumbó, anticipando el futuro como una imposible misión que pesaba ante unos ojos temerosos por lo que vendría.</p>
<p style="text-align: justify;">El presente se convertirá mañana en el pasado y vuelve la rueda a girar, con la misma versión ampliada a medida que pasan los años, ya que habrá algunas historias más por recordar.<span id="more-55670"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Le pasó al Doctor Juvenal Urbino, personaje de “<i>El amor en los tiempos del cólera”</i>, de Gabriel García Márquez:</p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #808080;">“En París, paseando del brazo de una novia casual en un otoño tardío, le parecía imposible concebir una dicha más pura que la de aquellas tardes doradas, con el olor montuno de las castañas en los braseros, los acordeones lánguidos, los enamorados insaciables que no acababan de besarse nunca en las terrazas abiertas, y sin embargo, él se había dicho con la mano en el corazón que no estaba dispuesto a cambiar por todo eso un solo instante de su Caribe en Abril. Era todavía demasiado joven para saber que la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y que gracias a ese artificio logramos sobrellevar el pasado. pero cuando volvió a ver desde la baranda del barco el promontorio blanco del barrio colonial, los gallinazos inmóviles sobre los tejados, las ropas de pobres tendidas a secar en los balcones, sólo entonces comprendió hasta qué punto había sido una víctima fácil de las trampas caritativas de la nostalgia.”</span></em></p>
<p style="text-align: justify;">Y así es como caemos una y otra vez en nuestra propia trampa, la que nos pone la venda en los ojos para evitar estar en el aquí y ahora, escapando del presente por lo que trae de incertidumbre, de esfuerzo o de pura y dura realidad.</p>
<p style="text-align: justify;"><i>“Todo tiempo pasado fue mejor”</i>, dice con sorna este refrán tan popular. Y así es como vamos seleccionando los mejores momentos para acabar sumidos en una nostalgia que condiciona la percepción. Porque ese amor que se perdió sí, fue bonito cuando estuvo, pero también hubo alguno que otro desencuentro… ¿recuerdas?. Esa persona, o nosotros mismos, no llegamos a tiempo cuando se esperaba o, de cualquier manera, hubo algo que se pareció demasiado a lo imposible.</p>
<p style="text-align: justify;">Y ese otro episodio que recordamos con rencor, seguramente tuvo sus buenos ratos, si es que permanecimos un tiempo participando de sus acontecimientos. <strong>Lo que acabó siendo nos gusta o nos disgusta pero, como mínimo, algo nos enseñó.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Los años de la infancia, de la adolescencia o de la primera juventud estuvieron llenos de colores pastel, pero también de grises oscuros, rojos intensos y blancos con tonos de nada. <strong>Dudas, inquietudes, abandonos e incertidumbres</strong> que la experiencia de los años siguientes parecieran no comprender aunque, por cierto, muchas veces se repiten con algunas variaciones en otros rostros, en otros espacios, en diferentes circunstancias, se tengan los años que se tengan.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El país que se dejó</strong> estaba lleno de paisajes hermosos, de risas, de gente querida, de momentos cuyas fotos se mantienen en nuestra memoria selectiva. Son esas vivencias las que permiten seguir adelante, al menos al principio. Pero poco a poco la vida en el nuevo lugar va creando historia, entre nuevos y no menos hermosos paisajes, diferentes pero no menos queridas personas y risas que frecuentemente se nublan con la melancolía.</p>
<p style="text-align: justify;"><i>“Volver la vista atrás es una cosa y marchar atrás, otra”,</i> decía el poeta Charles Caleb Colton. Por esto es que reconocer el pasado y mirarlo de frente, es muy diferente de engancharse con él. No se trata de evadirlo ni de olvidarlo, pero tampoco de seleccionar solamente los momentos convenientes para sufrirlo o para añorarlo. El pasado es nuestra memoria y estaría bien utilizarlo como fuente de nuestra biografía y no como sillón paralizante.</p>
<p style="text-align: justify;">Así es como se puede vivir en el presente, dando a cada día su lugar y su tiempo, mientras creamos el incierto futuro con la confianza que da el gusto de estar vivos.</p>
<p style="text-align: right;" align="JUSTIFY"> <i style="font-family: angelina; color: #524e4e; font-size: 2em; text-align: right;">María Clara Ruiz</i></p>
]]></content:encoded>
        <author>María Clara Ruiz</author>
                    <category>Psicoterapia y otras Posibilidades</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/?p=55670</guid>
        <pubDate>Wed, 03 May 2017 13:54:49 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Todo Tiempo Pasado fue Mejor?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">María Clara Ruiz</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La Neurosis del Domingo – Del Vacío al Autoconocimiento</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/psicoterapia-y-otras-posibilidades/la-neurosis-del-domingo-del-vacio-al-autoconocimiento/</link>
        <description><![CDATA[<p>Domingo por la tarde. Llegó el momento, por fin. Toda la semana esperando, visualizándose sentado/a en el sofá leyendo una revista, haciendo la siesta para despertar y seguir leyendo, o para quedarse mirando al techo, haciendo figuras con las chispitas con las que juega nuestra percepción cuando crea esas traviesas ilusiones ópticas que nos acompañan [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p align="CENTER"><a href="https://mariaclararuiz.files.wordpress.com/2015/01/la-neurosis-del-domingo.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-5410" alt="la-neurosis-del-domingo" src="https://mariaclararuiz.files.wordpress.com/2015/01/la-neurosis-del-domingo.jpg" width="660" height="192" /></a></p>
<p align="CENTER"><strong><i>Domingo por la tarde. Llegó el momento, por fin. Toda la semana esperando, visualizándose sentado/a en el sofá leyendo una revista, haciendo la siesta para despertar y seguir leyendo, o para quedarse mirando al techo, haciendo figuras con las chispitas con las que juega nuestra percepción cuando crea esas traviesas ilusiones ópticas que nos acompañan desde la niñez.</i></strong></p>
<p align="JUSTIFY">Sí, domingo suena a música, a cuerpo distendido, a niños jugando, a tarta, a permiso, a ropa nueva, a abuelo cómplice. Domingo huele a recuperarse de una larga semana y prepararse para la siguiente. Domingo sabe a balance, a plan, a futuro.</p>
<p align="JUSTIFY">Pero, para alguno/as, domingo por la tarde no es paz, ni descanso, ni alegría. Muy por el contrario, es angustia y ahogo, preocupación, caos. Sucede cuando aparece un inmenso vacío que asusta y hace que se desee escapar de la consciencia. Llegan los dolores y los recuerdos tristes, las frustraciones, la impotencia. El cuerpo no responde, duele la cabeza o el estómago, los huesos o la espalda. Y no parece ser porque se haya comido mucho o poco, o porque se haya dormido bien o mal.<span id="more-3361"></span></p>
<p align="JUSTIFY">Se llama “Neurosis del Domingo” y fue Sándor Ferenczi, allá por el año 1919 quien lo explicó a su manera tan sencilla y, a la vez, tan profunda:</p>
<blockquote>
<p align="JUSTIFY">“<i>El domingo es actualmente el día festivo de la humanidad civilizada. Pero sería un error creer que este día festivo significa simplemente una jornada de reposo físico y psíquico; hay otros factores afectivos que contribuyen notablemente a la expansión que procura por lo general. En este día no sólo somos dueños de nosotros mismos, nos sentimos libres de todas las obligaciones que el deber y la opresión exterior nos impone, sino que también sentimos una especie de liberación interior.” [&#8230;] </i></p>
<p align="RIGHT"><span style="font-size: small"><i>Sándor Ferenczi: “Neurosis del Domingo&#8221; (1919a)</i></span></p>
</blockquote>
<p>Parece mentira, pero a fuerza de vivir cumpliendo horarios o recibiendo órdenes, es como si el momento de libertad que se nos otorga al menos por una tarde, la del domingo, fuera más un castigo que una licencia. Aparece entonces la contención en lugar de la expansión, el afán perfeccionista en vez de la creatividad, el aburrimiento en oposición a la capacidad de disfrute. Y así, ante el incómodo ocio no parece quedar más remedio que desear, furiosamente, que llegue la semana con sus exigencias, con sus horarios y su resignación.</p>
<p align="JUSTIFY">Con todo lo que supone, sería una buena idea dar a este incómodo momento dominguero su importancia. Algo sucede para que, en el tiempo que tenemos para tomar contacto con nosotros/as mismos/as sin impedimentos, se pongan en marcha los “por hacer” y los “no hemos hecho”, o para que la vida se convierta en una ciénaga de lodo de la que parece imposible salir, a no ser que llegue el lunes que, por cierto, no tiene fama de ser precisamente el día más feliz de la semana.</p>
<p align="JUSTIFY">El vacío existencial que algunas personas padecen los domingos, no es tan inocente como parece. Tampoco te vas a morir de eso, al menos de forma inminente. Pero está informando algo y sería muy inteligente no perder la oportunidad de descubrir lo que quiere decir.</p>
<p align="JUSTIFY">Esta vez tampoco hay consejos sobre “c<i>ómo-superar-la-neurosis-del-domingo</i>”. Si eres un/a lector/a asiduo/a, seguro que no esperarás esto. La intención es, más que resolver el problema (pretensión que me resulta absolutamente imposible e inadecuada para un blog), animarte a que, si te sucede esto a ti o a otra persona, sepas que la neurosis del domingo no es una maldición a la que hay que resignarse, sino que es una valiosa oportunidad para buscar ayuda.</p>
<p align="JUSTIFY">Porque aquí no hay atajos que valgan. Sólo después de atreverse a experimentar el vacío conscientemente y en toda su profundidad, se puede decidir con qué llenarlo. El sentimiento de vacío, el aburrimiento, la ansiedad o los síntomas físicos que acompañan a la vivencia neurótica del día de descanso, pueden estar relacionados con la necesidad de revisar el sentido de la vida. Permanecer en la incomodidad que suponen e intentar traducir lo que nos comunican es una excelente puerta de entrada hacia el autoconocimiento y la evolución personal.</p>
<p style="text-align: right" align="JUSTIFY"><i style="font-family: angelina;color: #524e4e;font-size: 2em;text-align: right">María Clara Ruiz</i></p>
]]></content:encoded>
        <author>María Clara Ruiz</author>
                    <category>Psicoterapia y otras Posibilidades</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/maria-clara-ruiz-psicoterapia-y-otras-posibilidades/?p=414</guid>
        <pubDate>Wed, 17 Aug 2016 14:33:42 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La Neurosis del Domingo – Del Vacío al Autoconocimiento]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">María Clara Ruiz</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Elogio de la Dificultad &amp;#8211; Estanislao Zuleta</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/psicoterapia-y-otras-posibilidades/elogio-de-la-dificultad-estanislao-zuleta/</link>
        <description><![CDATA[<p>  &#8220;Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito original de habernos liberado del paraíso, nuestro pecado es que anhelamos regresar a el&#8221;. (Estanislao Zuleta) En esta entrada quiero hablar sobre &#8220;El elogio de la dificultad&#8221;, uno de los ensayos publicados por el filósofo colombiano Estanislao Zuleta (1935-1990) a quien leo una y otra vez sin acabar de sorprenderme descubriendo siempre [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<address> </address>
<p style="text-align: center;" align="CENTER"><strong><span style="color: #61b4b5;"><i>&#8220;Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito original de habernos liberado del paraíso, nuestro pecado es que anhelamos regresar a el&#8221;. (Estanislao Zuleta)</i></span></strong></p>
<p align="JUSTIFY"><a href="http://mariaclararuiz.com"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-59462 size-medium" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2016/04/elogio-de-la-dificultad-1-300x225.jpg" alt="estanislao-zuleta" width="300" height="225" /></a>En esta entrada quiero hablar sobre <i>&#8220;El elogio de la dificultad&#8221;, </i>uno de los ensayos publicados por el filósofo colombiano Estanislao Zuleta (1935-1990) a quien leo una y otra vez sin acabar de sorprenderme descubriendo siempre algo nuevo. Han pasado los años, e igual que sucede con otros pensadores, su legado sigue vigente. Me pregunto cómo es posible que evolucionemos tan lentamente o, incluso, que a veces vayamos para atrás o nos quedemos atascados en la repetición.</p>
<p align="JUSTIFY"><span id="more-3344"></span>En este ensayo, Zuleta empieza hablando de la felicidad y de cómo, cuando la imaginamos, esta aparece asociada a una vida sin dificultades. Pero la cuestión no está en imaginar sino en la expectativa real de que sea este el clima en la vida cotidiana. Así, a esta idea de la felicidad se relacionan la de la seguridad y la de la solución definitiva. Entonces, el autor cuestiona algo importantísimo: el problema no es desear sino la forma como deseamos.</p>
<p align="JUSTIFY"><i>&#8220;Deseamos mal. En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor y por lo tanto, en ultima instancia un retorno al huevo. En vez de desear una sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades, deseamos un mundo de satisfacción, una monstruosa salacuna de abundancia pasivamente recibida. En lugar de desear una filosofía llena de incógnitas y preguntas abiertas, queremos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente si han existido&#8221;.</i></p>
<p align="JUSTIFY">Esta reflexión me eriza, cada vez que la leo. Y me recuerda diferentes momentos y circunstancias en las que, una y otra vez, aparecen los procesos con sus implicaciones, como son la incerteza, la espera, la vivencia del vacío y la conclusión de que las cosas no salieron como se habían planeado. Pudieron salir mejor o peor, pero nunca igual. Y esto tiene su gracia, cuando uno consigue entregarse a lo incontrolable y descubre que la vida es mucho más compleja de lo que uno se empeñaba en construir.</p>
<p align="JUSTIFY">Pero cuando no se acaba de aceptar el hecho de que las cosas no salgan como uno quiere, las cosas se complican y es ahí donde Zuleta habla de la relación entre la idealización y el terror, es decir, la idealización de la meta y el terror de los medios que la justifican. Así es como se desarrollan doctrinas, sectas, grupos y sociedades enteras que, de forma paranoide, se defienden contra toda amenaza de perder el absoluto control de la propia existencia y de la vida de los demás.</p>
<p align="JUSTIFY"><i>&#8220;En lugar de discutir un razonamiento se le reduce a un juicio de pertenencia al otro – y el otro es, en este sistema, sinónimo de enemigo-, o se procede a un juicio de intenciones. Y este sistema se desarrolla peligrosamente hasta el punto en que ya no solamente rechaza toda oposición, sino también toda diferencia: el que no esta conmigo esta contra mi, y el que no esta completamente conmigo, no esta conmigo&#8221;.</i></p>
<p align="JUSTIFY">Pero recordemos que los grupos están constituidos por personas. Entonces, ¿Por qué hay quienes caen en las redes de dogmas, sectas, promesas políticas partidistas o relaciones grupales basadas en la anulación de la propia capacidad de decisión y acción? Estas palabras de Estanislao Zuleta nos pueden ayudar:</p>
<p align="JUSTIFY"><i>&#8220;El atractivo terrible que poseen las formaciones colectivas que se embriagan con la promesa de una comunidad humana no problemática, basada en una palabra infalible, consiste en que suprimen la indecisión y la duda, la necesidad de pensar por si mismo, otorgan a sus miembros una identidad exaltada por participación, separan un interior bueno &#8211; el grupo &#8211; y un exterior amenazador&#8221;.</i></p>
<p align="JUSTIFY">Y así, ya no hay más que pensar. &#8220;Algo&#8221; se hace cargo de mi, de mis decisiones, de mi capital, de mis emociones, de mi cuerpo y, a cambio, yo entrego mi identidad y entro a ser una parte del colectivo que me salva del riesgo de vivir con mis angustias y mis incertidumbres.</p>
<p align="JUSTIFY">En este ambiente, la vigencia de normas universales y los conceptos de respeto y de reciprocidad dejan de tener sentido:</p>
<p align="JUSTIFY"><i>[&#8230;] &#8220;Porque el respeto y las normas solo adquieren vigencia allí donde el amor, el entusiasmo, la entrega total a la gran misión, ya no pueden aspirar a determinar las relaciones humanas. Y como el respeto es siempre el respeto a la diferencia, solo puede afirmarse allí donde ya no se cree que la diferencia pueda disolverse en una comunidad exaltada, transparente y espontanea, o en una fusión amorosa&#8221;.</i></p>
<p align="JUSTIFY">Pero tarde o temprano viene la desidealización, que es otro momento complejo, ya que no se trata sólo de darse cuenta, sino que se suele pasar al extremo del pesimismo. No se retoma el camino hacia una organización social igualitaria sino que se suele adoptar una forma, de nuevo perversa, de reacción individualista.</p>
<p align="JUSTIFY">La propuesta de este filósofo, entonces, no es ni a la idealización de la felicidad con su consecuente desidealización, ni a la renuncia de toda participación colectiva. Su propuesta se encuentra en:</p>
<p align="JUSTIFY"><i>[&#8230;] &#8220;conservar la voluntad de luchar por una sociedad diferente sin caer en la interpretación paranoide de la lucha. Lo difícil, pero también lo esencial es valorar positivamente el respeto y la diferencia, no como un mal menor y un hecho inevitable, sino como lo que enriquece la vida e impulsa la creación y el pensamiento, como aquello sin lo cual una imaginaria comunidad de los justos cantaría el eterno hosanna del aburrimiento satisfecho&#8221;.</i></p>
<p align="JUSTIFY">Lo fácil deja de tener valor. Lo que no exige, no cuestiona o no nos impulsa al desarrollo, no sirve en este contexto. En esta línea, entonces tampoco sirven las justificaciones por las que no se hace lo que hay que hacer y mucho menos las que evitan cualquier indicio de autocrítica. Frases como: <i>&#8220;es que para ti es más fácil porque tienes tiempo, en cambio yo no&#8221;</i>, o <i>&#8220;es que yo tengo hijos y no me puedo mover&#8221;</i>, o <i>&#8220;es que yo soy inmigrante y no tengo las mismas oportunidades&#8221;</i> son, dentro de su realidad, excusas utilizadas para justificar la propia insatisfacción.</p>
<p align="JUSTIFY">Esta es una de las frases finales de este ensayo, que me gusta especialmente porque deja abiertas todas las puertas y reconoce los avances conseguidos:</p>
<p align="JUSTIFY"><i>[&#8230;] &#8220;En medio del pesimismo de nuestra época surge la lucha de los proletarios que ya saben que un trabajo insensato no se paga con nada, ni con automóviles ni con televisores; surge la rebelión magnifica de las mujeres que no aceptan una situación de inferioridad a cambio de halagos y protecciones; surge la insurrección desesperada de los jóvenes que no pueden aceptar el destino que se les ha fabricado&#8221;.</i></p>
<p align="JUSTIFY">Me alegra mucho haber encontrado el momento de compartir este ensayo de Estanislao Zuleta, que ha sido uno de mis pilares en el desarrollo de mi formación profesional, así como de mi ética personal.</p>
<p align="RIGHT"><em> </em><i style="font-family: angelina; color: #524e4e; font-size: 2em; text-align: right;">María Clara Ruiz</i></p>
]]></content:encoded>
        <author>María Clara Ruiz</author>
                    <category>Psicoterapia y otras Posibilidades</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/maria-clara-ruiz-psicoterapia-y-otras-posibilidades/?p=317</guid>
        <pubDate>Wed, 27 Apr 2016 13:28:43 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Elogio de la Dificultad &#8211; Estanislao Zuleta]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">María Clara Ruiz</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La Violencia Cotidiana</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/psicoterapia-y-otras-posibilidades/la-violencia-cotidiana/</link>
        <description><![CDATA[<p>La violencia cotidiana es esa forma de maltrato que se te escapa de las manos, y es tan tramposa que incluso a veces te hace sentir que tú eres el/la culpable de lo que sucede. Es la que te ciega y te amenaza, la que te empequeñece y te bloquea. Yo también estoy en contra [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<header>
<p style="text-align: center"><em>La violencia cotidiana es esa forma de maltrato que se te escapa de las manos, y es tan tramposa que incluso a veces te hace sentir que tú eres el/la culpable de lo que sucede. Es la que te ciega y te amenaza, la que te empequeñece y te bloquea.</em></p>
<p style="text-align: center"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter  wp-image-60" alt="la-violencia-cotidiana" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/08/la-violencia-cotidiana-1024x767.jpg" width="442" height="331" /></a></p>
</header>
<div>
<p style="text-align: justify">Yo también estoy en contra de la violencia. Firmo en todas las listas que llegan a mis manos para mostrar mi oposición a la violencia manifiesta en cualquiera de sus formas. La violencia machista, la violencia doméstica, la violencia armada, la violencia por motivos políticos, religiosos o ideológicos, la violencia social que vivimos cada día y que parece que no tuviera fin.</p>
<p style="text-align: justify">Estoy en contra de todo tipo de violencia, y es por eso que también me indigna esa violencia velada, sin diferencias de clase, de partido ni de género, la que parece que se va naturalizando con el paso del tiempo. La que no se ve pero que va desgastando y matando la alegría, la salud y la esperanza. ¿Sabes de qué hablo? De esa violencia cotidiana que se mete hasta en los poros llegando, incluso, a poner en duda la propia identidad.<span id="more-3242"></span></p>
<p style="text-align: justify">Por eso es que hay que tener la mirada bien abierta, e intentar estar en contacto permanente con las sensaciones. Porque el cuerpo da señales, avisa de los peligros, protege de las amenazas. Por eso es que hay que desarrollar las funciones biológicas, psicológicas y sociales, para poder detectar las situaciones en las que más vale defenderse o retirarse, que quedarse mirando cómo se va degradando la propia autoestima.</p>
<p style="text-align: justify">Hablo de esos maltratos cotidianos que se ven algunas veces en las relaciones humanas. En las parejas, en las familias, en los equipos de trabajo, en los grupos de amigos. Porque a veces la cercanía y la aparente seguridad de que el otro permanecerá, pase lo que pase, produce un efecto de cierta confianza perversa que hace pensar en que se le puede tratar de cualquier manera. Esa forma de violencia merece atención, porque también tiene efectos devastadores. Porque aquí no se asesina a las personas en un plano físico, pero sí se asesinan sus ideas, sus creaciones, sus proyectos, su tiempo, su espacio, su ánimo, su autoimagen, su identidad.</p>
<p style="text-align: justify">A veces ha pasado que alguien se rebela ante ese maltrato velado, y se le acaba tachando de exagerado o demasiado sensible. Pero ¿cuántas veces nos paramos a pensar en los motivos de esa persona para sentirse así? Si lo hiciéramos, comprenderíamos muchas cosas que a veces se nos pasan de largo, posiblemente por esa inercia en la que caen las relaciones cotidianas cuando, más que estables, se vuelven rígidas.</p>
<p style="text-align: justify">Veamos algunas de esas situaciones que nos hacen pensar en el maltrato cotidiano:</p>
<ul style="text-align: justify">
<li>Cuando se envían sistemáticamente mensajes constantes e indirectos de desaprobación, del tipo <em>“tú no puedes”</em>, <em>“eso tan bueno no es para gente como tú”</em>, <em>“deberías hacer lo que yo digo y no lo que tú quieres”</em>.</li>
<li>Cuando se impone el silencio sin motivo,  por ejemplo, cuando no se da respuesta a una pregunta o una petición. Siempre me ha llamado la atención que las personas más ocupadas e importantes que conozco, nunca olvidan responder llamadas y mensajes.</li>
<li>Cuando, sistemáticamente, se utiliza el tiempo de otra persona llegando tarde, o “simplemente” no llegando a la cita concertada, sin dar ningún aviso o señal de disculparse.</li>
<li>Cuando se supone que hay un cierto nivel de compromiso en una relación pero alguna de las personas implicadas no lo ejerce y no acepta cuestionamientos al respecto.</li>
<li>Cuando no se toman en cuenta las necesidades de los demás, como el sueño, el hambre o el cansancio, por estar más preocupado por los propios intereses.</li>
<li>Cuando después de un “<em>no</em>” dicho abiertamente se actúa como si lo que se hubiera escuchado hubiera sido un “<em>sí</em>“.</li>
<li>Cuando se excluye socialmente a una persona simplemente por tomar diferentes opciones de vida.</li>
<li>Cuando se invade sistemáticamente el campo personal del otro, gracias al siempre equivocado sentimiento de posesión.</li>
<li>Cuando se intenta hacer creer que la conducta violenta es justificable: “<em>yo soy así</em>“, “<em>somos amigos/familia/pareja y tienes que aguantarme</em>“.</li>
<li>Cuando se presiona a alguien para homogeneizar su pensamiento y su conducta, en favor de la supervivencia de un grupo: “<em>en este grupo/familia/empresa pensamos así, nos comportamos de esta manera y nos gustan estas cosas</em>“.</li>
<li>Cuando no se le dan a los trabajadores los recursos para desarrollar las funciones para las que han sido contratados.</li>
<li>Cuando se oculta información importante para la comprensión de un asunto de interés particular o público.</li>
<li>Cuando se toman “prestadas” las creaciones de los demás sin hacer los respectivos reconocimientos.</li>
<li>Cuando se culpa a otro/a por el estado personal, que bien hubiera podido superarse trabajando internamente y tomando decisiones con autonomía. Son los mensajes del tipo: “<em>me has dañado la vida</em>“.</li>
<li>Cuando se reprime la expresión de las emociones en favor de los buenos modales y las preferencias sociales de moda.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify">Son incontables los ejemplos para describir el maltrato cotidiano en el que nos movemos permanentemente, y he hecho un esfuerzo por describir los menos evidentes, por estar de alguna forma naturalizados, es decir, como si fuera algo normal estar inmersos en dinámicas de relación disfuncionales. Manipulaciones, chantajes afectivos, faltas de respeto, que parecen inocuos pero no lo son.</p>
<p style="text-align: justify">Y no me refiero a momentos puntuales en que cualquiera de estas situaciones se pueden dar. Sería injusto y un tanto obsesivo y paranoico decir que si mi amigo llega 10 minutos tarde a la cita me está maltratando. No, pero cuando una conducta se repite por costumbre, muchas veces actuando con indiferencia frente al efecto que tiene en la otra persona, se impone definitivamente una condición necesaria para las relaciones perversas: la falta de equidad.</p>
<p style="text-align: justify">Y es aquí donde entra en juego el poder. Cuando no hay equidad, la capacidad de afectar negativamente a otros en las relaciones humanas es infinita, y si lo vemos bien, es esa la base de los tipos de violencia más evidentes, contra los que tanto luchamos y nos manifestamos. La falta de equidad en las relaciones, los abusos de poder, los chantajes y las manipulaciones, generan un estado de tensión, de rabia y de frustración en las relaciones, y no solamente en la “víctima”, sino también en la persona que lo ejerce. Porque no tener los límites claros frente a los otros es una fuente de angustia que puede ser exasperante y que, como un círculo vicioso, produce actitudes violentas al no ser canalizados los impulsos.</p>
<p style="text-align: justify">Cuando actuamos violentamente somos responsables de nuestro acto violento. Cuando lo permitimos también, a no ser que seamos niños o que tengamos alguna discapacidad permanente o temporal que nos impida tomar posición frente a la conducta violenta. En esos casos, es también una responsabilidad denunciar el maltrato ajeno y proteger al niño o a la persona que no puede defenderse.</p>
<p style="text-align: justify">De lo contrario, si en pleno uso de tus facultades como persona adulta, te sientes víctima de la violencia cotidiana, debes saber que puedes cambiar tu situación, trabajando contigo mismo/a en el desarrollo de tus potencialidades, en la recuperación de tu libertad. Te sorprenderá descubrir las enormes capacidades que no habías aprovechado hasta el momento.</p>
<p style="text-align: right" align="JUSTIFY"><i style="font-family: angelina;color: #524e4e;font-size: 2em;text-align: right">María Clara Ruiz</i></p>
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        <author>María Clara Ruiz</author>
                    <category>Psicoterapia y otras Posibilidades</category>
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        <pubDate>Wed, 05 Aug 2015 14:00:34 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La Violencia Cotidiana]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">María Clara Ruiz</media:credit>
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