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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Thu, 24 Sep 2026 00:15:40 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Adriana Patricia Giraldo Duarte, Author at Blogs El Espectador</title>
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        <title>Mal de amores</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/mal-de-amores/</link>
        <description><![CDATA[<p>Suena el pájaro que no conozco y cae una rama. Me aterriza en este hoy tan pausado para entender que nuestras casas no sabrán nunca que nos hemos ido. De ese lado nos susurran los recuerdos frescos de quienes decidieron llamarse amores de la vida. Me devuelves a los días en los que fuimos niños [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Suena el pájaro que no conozco y cae una rama.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me aterriza en este hoy tan pausado para entender que nuestras casas no sabrán nunca que nos hemos ido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ese lado nos susurran los recuerdos frescos de quienes decidieron llamarse amores de la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me devuelves a los días en los que fuimos niños y entraste a ver mis medallas de natación diciendo que recorrerías el mundo de mi mano, volteando la esquina de una credencial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No quiero que me invites a la otra orilla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo sé mucho sobre los amores de la vida. En ellos, las promesas no se extinguen, porque reflejan los ojos en un espejo propio y sin tiempo, en una burbuja de protección incontenible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si me llevas, soportaré menos descifrar las agresiones de los insolentes que se autoproclaman perfectos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí sobrevivo con la ilusión de que un día, en esos pequeños ojos, retomaremos tiempos de vidas pasadas, sin prejuicios, en el reconteo de palabras de las canciones de siempre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Solo repetiré emociones, sin la novedad del repentino descubrimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No me invites, que no puedo ser el amor de tu vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este reino soberano ya llegué a mi trono, y no quiero, ni puedo, añadir a lo temido y adorado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Suena el pájaro que no conozco, escucho un zumbido y cae una rama en lo profundo de mis manos.</p>
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        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133467</guid>
        <pubDate>Wed, 23 Sep 2026 13:08:15 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Mal de amores]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Adriana Patricia Giraldo Duarte</media:credit>
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        <item>
        <title>Después del cumpleaños</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/despues-del-cumpleanos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por: Adriana Patricia Giraldo Duarte Después del cumpleaños se leen periódicos antes de pisar la hierba mojada, se ven las placas marcadas con tu nombre y cualidades, las nuevas heridas cosidas, los regalos sobre la cama y las tarjetas pensadas con entusiasmo. Los zancudos ya no te eligen y están sobre la mesa las rosas [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>Por: Adriana Patricia Giraldo Duarte </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Después del cumpleaños se leen periódicos antes de pisar la hierba mojada, se ven las placas marcadas con tu nombre y cualidades, las nuevas heridas cosidas, los regalos sobre la cama y las tarjetas pensadas con entusiasmo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los zancudos ya no te eligen y están sobre la mesa las rosas rosadas con girasoles en la mitad, las renuncias de los conocidos que todavía no encuentran su rumbo y las cuentas de quienes ya merecían estar ausentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobreviven las muertes de los famosos no deseados, el perro dormido, la ropa por lavar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El versículo inoportuno de una mala actitud positiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El grito de la mamá que celebra cómo gana la carrera su pequeño rayito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La imagen de la quema y la tristeza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El error de ortografía que ya no encuentra la página.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ves los miedos que se pudren, las tusas que pasaron, las listas que se escriben para seguir aplazando películas y canciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los embarazos que se anuncian por teléfono.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los libros que apuntas para leer porque los necesitas en otoño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los ladrillos de barro que se secan al sol.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las casas prefabricadas que alimentan tu sueño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las abuelas coloreando mandalas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los trucos de las mujeres que se tapan las canas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los dos minutos eternos del último temblor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los matemáticos antipoetas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los gritos despavoridos de la mujer que teme ser robada, y las mujeres jóvenes que sacan piedras del jardín y compran máquinas de coser para ser ellas mismas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después del cumpleaños conoces el nombre del santo de las causas perdidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Perdura el deseo de saborear una bebida fresca para celebrar el regreso de la amiga que alimenta tu tranquilidad con canciones en la mañana, y de saber que, en el nuevo camino, hay gente lúcida y menos atormentada y cruel.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después del cumpleaños ya no se madruga, ni se espera, ni se tallan las orejas con aretes mal acomodados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y se va por la vida, con más consciencia de la nueva identidad, con menos músculos retraídos y el eterno deseo de viajar contigo a oler Aracarata y San José del Palmar.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132913</guid>
        <pubDate>Fri, 11 Sep 2026 20:48:44 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Después del cumpleaños]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Adriana Patricia Giraldo Duarte</media:credit>
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        <item>
        <title>Mi pequeño infinito</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/mi-pequeno-infinito/</link>
        <description><![CDATA[<p>Y, por encima de todo, cree en ti.  Porque cuando una mujer aprende a creer en sí misma, el mundo deja de ser un límite y empieza a convertirse en un camino. Gracias por elegirme para ser tu mamá.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>Por: Lina María López Jiménez </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi Juanita:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy cumples ocho años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ocho años… y todavía me parece un milagro que un corazón tan pequeño haya sido capaz de ensanchar el mío para siempre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dicen que el amor mueve al mundo. Yo creo que también lo sostiene. Lo descubrí el día en que llegaste y comprendí que existen abrazos capaces de poner en calma las tormentas, risas que espantan la tristeza y miradas que devuelven la luz incluso a los días más grises. Tú eres todo eso para mí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gracias por tus carcajadas, porque tienen la extraña magia de hacer florecer la alegría donde parecía no quedar nada. Gracias por tu bondad, porque en un mundo que a veces olvida la ternura, tú me recuerdas que sigue siendo una de las fuerzas más poderosas que existen. Gracias por esos abrazos tuyos que no solo me rodean… me reinician. Me devuelven la calma, el norte y la certeza de que la vida siempre encuentra la manera de empezar de nuevo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiero que nunca olvides algo, hija: la fuerza más grande que tendrás no estará en tus piernas, ni en tus manos, ni siquiera en tu inteligencia. Vivirá siempre en tu espíritu. Y el espíritu se hace invencible cuando aprende a creer en sí mismo, incluso cuando llegan los miedos, las dudas o los caminos parecen cuesta arriba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Confía siempre en esa voz que vive dentro de ti. Esa voz suave que, aun en silencio, sabe recordarte quién eres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy sueñas con ser una gran futbolista. Cuando hablas del balón, de los partidos y de cada entrenamiento, tus ojos brillan con una luz que solo tienen quienes aman profundamente lo que hacen. Ojalá juegues cada partido con esa alegría que hoy llevas en el corazón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero quiero regalarte una libertad aún más grande.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No tienes que convertirte en la mujer que hoy imaginas para hacerme sentir orgullosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si mañana sigues jugando fútbol, ahí estaré celebrando cada uno de tus goles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si un día descubres un sueño completamente distinto, también estaré.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si decides ser médica, artista, científica, profesora, escritora, veterinaria, astronauta o inventar una profesión que todavía no existe, mi aplauso será el mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque mi sueño nunca ha sido elegir quién serás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi sueño es que tengas el valor de descubrirlo por ti misma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Solo deseo que aquello que elijas nazca del amor, de la honestidad y de la felicidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quiero que guardes estas palabras para los días en que la vida parezca difícil:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi amor por ti no depende de las notas que saques, de los goles que marques, de los trofeos que ganes ni de las veces que aciertes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi amor por ti está a prueba de todo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Del tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De los errores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De las caídas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De las derrotas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De la distancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De los cambios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y hasta de esos días en los que tú misma olvides cuánto vales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque mientras yo respire, habrá un lugar en este mundo donde siempre serás amada exactamente como eres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ojalá la vida te encuentre valiente, pero también buena.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fuerte, pero siempre capaz de abrazar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nunca permitas que el mundo te convenza de endurecerte para ser grande. Las personas más extraordinarias que he conocido conservan la capacidad de amar, incluso cuando la vida intenta arrebatársela.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y tú, hija, ya naciste con ese regalo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy cumples ocho años y yo no solo celebro tu cumpleaños. Celebro el inmenso privilegio de caminar la vida a tu lado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gracias por enseñarme que la felicidad puede tener rizos despeinados, rodillas raspadas, una sonrisa inmensa y unos brazos pequeñitos capaces de abrazar el universo entero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Camina siempre con la frente en alto, los pies firmes y el corazón abierto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cree en Dios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cree en el amor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, por encima de todo, cree en ti.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque cuando una mujer aprende a creer en sí misma, el mundo deja de ser un límite y empieza a convertirse en un camino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Feliz cumpleaños, mi niña hermosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gracias por elegirme para ser tu mamá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Te amaré en todos tus comienzos, en todas tus versiones y en todos los días de mi vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con todo mi corazón,<br>Mamá.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131173</guid>
        <pubDate>Thu, 16 Jul 2026 11:32:40 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Mi pequeño infinito]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Adriana Patricia Giraldo Duarte</media:credit>
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        <item>
        <title>Violeta y la eternidad</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/violeta-y-la-eternidad/</link>
        <description><![CDATA[<p>En esta suma de cartas que vas a leer quiero que sepas, como dijo Borges, en su poema “Al hijo”, que somos la eternidad&#8230;</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">Por: Valentina Suárez Fernández </p>



<p class="wp-block-paragraph">He capturado tu vida en mis pupilas desde que te vi.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada día me quedo perpleja ante tus razonamientos y me maravillo con tus innumerables maneras de mostrar amor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Interiorizo cada estado mental que surge cuando me propones lo inesperado, lo grandioso, o lo incomprensible. Sigo asombrada por tu capacidad de adaptación y motivada para verte seguir creciendo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Construyo a tu lado una montaña de recuerdos y no paro darle gracias a Dios cuando veo cómo combinas la sorpresa, cuando siento que ambas provocamos pausas, como una invitación a cuestionar nuestra realidad, en el impulso vital por buscar más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Acá estoy, y siempre estaré para ti.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta suma de cartas que vas a leer quiero que sepas, como dijo Borges, en su poema “Al hijo”, que somos la eternidad &nbsp;“porque la eternidad está en las cosas del tiempo, que son formas presurosas”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Contigo, Violeta, cada foto es el reflejo de lo feliz que he sido siendo tu mamá, en la espontánea solicitud diaria y respetuosa a Dios, de ser eterna sólo para verte, sólo para ser así de feliz como lo he sido hasta ahora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me uno en amor a ti y a tu vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me uno en fe por cada sueño tuyo que esté en mis manos cumplir con disciplina y amor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Te amo aquí y para siempre, mi niña Violeta…mi eterna y amada Violeta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tu mamá.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130974</guid>
        <pubDate>Sun, 05 Jul 2026 02:31:54 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Violeta y la eternidad]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Adriana Patricia Giraldo Duarte</media:credit>
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        <item>
        <title>Como esperando abril</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/como-esperando-abril/</link>
        <description><![CDATA[<p>El cielo de abril recupera lo que tenemos en el tintero. Nos trae la lista de motivos, el vuelo de una manta blanca bordada y colgada al sol. Se abre justo un miércoles en la tarde cuando esperas paciente que vuelvan los colibríes y que tu amiga se decida por un viaje aplazado. En abril [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">El cielo de abril recupera lo que tenemos en el tintero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos trae la lista de motivos, el vuelo de una manta blanca bordada y colgada al sol.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se abre justo un miércoles en la tarde cuando esperas paciente que vuelvan los colibríes y que tu amiga se decida por un viaje aplazado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En abril llegan las señales de la primavera, las buenas conversaciones, las pausas con soda fría y limonada fresca, los ataques de risa y la llamada esperada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Abril no tiene noches en vela, solo poesía reunida y películas sin horarios, y desintoxicaciones, y positivos hartazgos; el zumbido de las causas que, como mujeres, aún tenemos por batallar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este mes se exhala menos miedo, se escribe más, se manifiesta más, se prueban los colores de la primavera y se abandona uno a la luna rosa, con más certezas sobre los días que vienen antes de que partan al cielo los cohetes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En abril, la vida te elige, te enseña otra vez a caminar, a suspirar adherida al ruido leve de los guaduales frescos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este mes se lleva lejos las palabras absurdas que te hicieron perder magia, los sofocos del mal genio que no te permitió priorizarte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entras en confianza con lo que sucede sin anuncio, y vuelve la tinta y el mar oculto en tus pupilas, y miras de nuevo el cuadro de los pescadores que te devuelve la fe, y piensas en cómo será el encuentro con la poeta del viejo mundo que cocina letras al carbón mientras cultiva la esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En abril un coro te susurra que todo es posible, te recuerda lo que te corresponde. Algo llega sin mucho ruido y se instala para que ya no tengas más pendientes, mientras el equilibro salta al espacio, mientras el viento mueve las flores y se reconoce en ti.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127614</guid>
        <pubDate>Wed, 01 Apr 2026 22:12:11 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Como esperando abril]]></media:description>
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        <item>
        <title>El latido</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/el-latido/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay objetos que no saben que ya no hacemos parte de los lugares en los que fuimos felices. Por ejemplo, las medallas ganadas en las primeras batallas contra el agua, las cartas de amor escondidas para que no las leyera la madre, las credenciales que confirmaron nuestras primeras decisiones, las señales narradas en voz alta [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hay objetos que no saben que ya no hacemos parte de los lugares en los que fuimos felices.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ejemplo, las medallas ganadas en las primeras batallas contra el agua, las cartas de amor escondidas para que no las leyera la madre, las credenciales que confirmaron nuestras primeras decisiones, las señales narradas en voz alta cuando jugamos escondite, o las visitas a los lugares que jamás fueron peligrosos para los niños.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay espacios que dejamos de habitar cuando el curso de la vida separa nuestros recuerdos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay momentos en los que una voz que ya no hace parte de nosotros, regresa para recordar el pasado, entregar una novedad, reiterar la necesidad de remar hacia el extremo que creemos más conveniente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay voces ocultas y sencillas que nos invitan a ser por un momento, fantasmas cubiertos de polvo, seres más compasivos y misericordiosos, personas capaces de entender a los resistentes, de seguir combatiendo a quienes se quedan con las manos cruzadas y a los que se consumen en sus delirios al bajarse del ascensor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya hay menos objetos. Somos otros.&nbsp; Más selectivos, menos tolerantes con la ignorancia, más aferrados a las motivaciones reales; humanos menos severos con nuestra propia sombra, corazones más alejados de la prepotencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo me quedo con un encuentro y una despedida, con el gesto privado de bordear cicatrices que un día dolieron, con la voz del niño que me dijo que recorrería conmigo el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No quiero riesgos que me inviten a la otra orilla. Quiero disfrutar el punto neutro que me abre los ojos en el espejo del tiempo, la burbuja que me protege de los insolentes; quiero seguir el latido, el ardor que todavía me dice: hay que desobedecer.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
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        <pubDate>Sun, 15 Mar 2026 00:08:03 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El latido]]></media:description>
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        <title>Las almas vivas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/las-almas-vivas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Te vemos en tu regreso, devolviéndole al mundo un brindis por la vida.   Agradecida por el tiempo revolucionario que no te detiene y en el que sobreviviste delicada, insistente, florecida, respirando, buscando tu centro.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos cobijan la misma tierra y ese cielo ardiente que te persigue hasta en las fotografías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin saberlo, aprendimos juntas que las lágrimas no son fragilidad, sino abono oportuno para el camino, y que las madres acompañamos solo con la aspiración de que ustedes tengan aprendizajes menos invasivos para sus atormentados y temporales sentimientos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos mostraste que querer es un mandato y una promesa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo hicimos incluso cuando te vimos algo confundida, eso sí, siempre con una red extendida imbatible, cosida con principios que no se negocian, esa telaraña invisible que hoy da alivio a tu afán de libertad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora nos haces comprender mejor, que vivir no es solo estar, sino mantenerse: en los cambios, en la tormenta, en el crecer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eres un alma viva admirable, porque en esa claridad, remueves estructuras y das un mensaje contundente: vale la pena percibir con fe las pequeñas cosas, pese a vivir en un tiempo tan brusco e insensible, tan falto del gozo de días improductivos que sumen al calendario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Te vemos en tu regreso, devolviéndole al mundo un brindis por la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Agradecida por el tiempo revolucionario que no te detiene y en el que sobreviviste delicada, insistente, florecida, respirando, buscando tu centro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este retorno, te celebramos. Más sonriente que nunca, más decidida, más dispuesta a bailar bajo las luces y las sombras, cruzando con precisión y sabiduría el camino, entusiasmada con tus pasos, revelando que quedarse es el acto pleno de la valentía, y que avanzar es moldear los miedos y vivir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Regresas a tu destino, a tu tierra, cabalgando tus recuerdos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y no perdiste. Simplemente, recuperaste tu centro, grabando en tus ojos el paisaje memorable que quieres almacenar y que se dimensiona en el eco fabuloso de tu sonrisa, entre quienes sabemos que eres un alma viva.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125620</guid>
        <pubDate>Sun, 08 Feb 2026 17:24:40 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Las almas vivas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Adriana Patricia Giraldo Duarte</media:credit>
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        <item>
        <title>El centinela de la vereda</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/el-centinela-de-la-vereda/</link>
        <description><![CDATA[<p>Otro café entre sus manos. Ahueca las manos alrededor de la taza para sentir la cálida tibieza de su aroma mañanero. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>Carlos Fernando Gutiérrez Trujillo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La mañana huele a hierba mojada. Desde el fondo de la cocina llega el aroma del café. Es mi padre quien lo prepara en un colador de tela. Siento sus pasos y su silencio. Lo trae en dos pequeñas tazas de esmalte y se sienta frente a mí, en un taburete rústico. Extiende su brazo y sonríe. – Tómese el café, mijo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es el gesto más tierno que su dura vida le enseñó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy hablamos más. Quizás hacerme viejo, como él, me ayuda a comprenderlo. Los años y la sensatez permiten valorar a quienes ya no están. Desde mis recuerdos viene con su voz pausada, con sus historias de antes. Como hilos que se trenzan en un tapiz, así llegan sus relatos: de las montañas andinas, de cuando era niño y creció entre caminos y pueblos montañeros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conversamos mientras el café se enfría entre las palabras. Caminó con sus miedos en las montañas de Riofrío o El Dovio. Allí, cuando era arriero de una recua de mulas, los animales se detuvieron en medio de la trocha. Intentó que siguieran a golpe de silbidos y zurriago, pero permanecieron inmóviles. Habían asesinado a cuatro campesinos de una vereda cercana y los habían abandonado a un lado del camino. Eran liberales, se decía. Aparecieron varios hombres armados y lo obligaron a llevar aquellos cuerpos torturados entre las enjalmas, para amedrentar a la gente del pueblo próximo. Así recuerdo sus historias, hijas de una violencia que aún no cesa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otros días fue centinela en su vereda. Los chulavitas de Tuluá habían amenazado con tomar el caserío y matar a todos los cachiporros. Muchas noches vigilaban las entradas con armas artesanales y rústicas para evitar la emboscada. Un día cualquiera, muy temprano, entraron tres camiones del ejército y, casa por casa, fueron decomisando todo lo que pudiera servir como arma. Pocas noches después, llegaron los godos. Sólo pudieron escapar algunos hombres; las mujeres, con sus niños. Así eran sus relatos: escuetos, casi silenciosos, con un café en la mano. Con gestos tímidos, como quien guarda su alegría en un rincón personal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo veo otra tarde. Esta vez tomamos un café cerrero, sin aguapanela y fuerte. Nos cuenta a mí y a sus nietos el origen de sus abuelos. Llegaron, a lomo de bueyes, desde Abejorral hasta las montañas del Quindío. La pobreza y una familia numerosa los empujaron a los caminos de los colonos. Atravesaron las montañas del antiguo Caldas y con unos cuantos pesos compraron un pedazo de selva. Allí sembraron una casa de guadua y tierra para ver crecer hijos y surcos de café.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero todo es camino para quienes crecieron con espíritu de aventureros. Con apenas unos años de haberse hecho hombre en el trabajo, partió de su casa para dar lugar a otros hermanos que venían, y se aventuró en varios oficios: arriero, ayudante de trapiche, guaquero, músico montañero en fondas de vereda, maestro de obra en casas de bahareque.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro café entre sus manos. Ahueca las manos alrededor de la taza para sentir la cálida tibieza de su aroma mañanero. Sentados en una cocina con fogón de leña, narró sus encuentros con espantos y sustos de montaña: la mujer que iba a su vereda a pedir sal de casa en casa; una viuda que lo perseguía en forma de bruja en sus noches solitarias; la fiera que rugía al borde de los caminos por donde arriaba sus mulas; las noches de guaquería, donde aparecían tenues fuegos de color azul anunciando que había oro. Pienso en Pedro Rimales o en Sebastián de las Gracias: así eran sus historias, con la espontaneidad de quien vive la vida sin aspavientos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La mañana huele a café recién colado. Observo desde la memoria el viejo taburete que acogía las conversaciones con mi padre. Ahora soy yo quien sirve un café caliente a mi hija. Le cuento historias, ya no tan antiguas. No hay arrieros, ni caminos de colonos paisas. Pero al abrir esa página de memorias, vuelven esos lugares y acontecimientos que hoy permiten habitar esos recuerdos. Ese hilo de tierra y aroma de surcos que nos hace volver y contemplar a quienes llegaron a sembrar hijos y trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás la casa de la memoria quedó vacía. El viejo taburete ya no espera aquellos relatos de hombres venidos desde la tierra. Los caminos se llenaron de silencio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero cuando mi hija sirve un café mañanero en dos tazas de esmalte y las pone en la mesa, empieza de nuevo ese ritual de historias de quienes acompañaron aquel viaje por los caminos de colonos.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124915</guid>
        <pubDate>Sun, 18 Jan 2026 17:22:26 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El centinela de la vereda]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Adriana Patricia Giraldo Duarte</media:credit>
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        <title>Cuatro vidas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/cuatro-vidas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por: Adriana Patricia Giraldo Duarte Hay vidas que nos permiten entender por momentos, las decisiones anticipadas. Hay vidas en las que caminamos recordando lo superado, y paramos para ver cómo nacen los hijos vivos de las flores. Escuchamos los logros del ausente y pensamos con insistencia en por qué no quedó más tiempo para el [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">Por: Adriana Patricia Giraldo Duarte </p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay vidas que nos permiten entender por momentos, las decisiones anticipadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay vidas en las que caminamos recordando lo superado, y paramos para ver cómo nacen los hijos vivos de las flores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Escuchamos los logros del ausente y pensamos con insistencia en por qué no quedó más tiempo para el caos y la rendición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay vidas en las que no es posible ser influyente, protestar, decidir, esperanzarse en otras horas.&nbsp; Momentos en los que todo es calma y precisión. El círculo perfecto del porvenir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en esta, nos pusieron juntos, sobre las mismas rocas enterradas que muestran su mejor cara. Unidos para andar en línea recta, sin comprender el después.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y terminamos de mojarnos con la brizna de la mañana, de oír una voz chiquita que deleita por su valentía. Vivimos el privilegio de regresar a la cama porque es festivo, sorprendernos con los rostros de las almas felices que guardan secretos, con los ojos de los desvalidos, con el llanto sobre su piel, con el deseo de quienes luchan por volver a perseguir la cola de un perro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay días en los que llega un mensaje colectivo de vivir el hoy, de dejar atrás los juicios y los olvidos, las miradas esquivas, las palabras hirientes, la astucia equivocada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Él tenía cuatro vidas. En todas fue vistoso, creyente, soñador, y flotaba siendo feliz entre los dormidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Él contó sus vidas. Unas veces fue astuto, excesivo, soberbio y confundido. En otras, amable, comprometido con lo único que su corazón podía defender.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final entendió que solo en el poder divino del amor dejamos de ser caníbales para confirmarnos dignos, humildes y demasiado humanos.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124609</guid>
        <pubDate>Mon, 12 Jan 2026 15:03:58 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Cuatro vidas]]></media:description>
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        <title>Nacer en septiembre</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/nacer-en-septiembre/</link>
        <description><![CDATA[<p>En septiembre, uno mira el techo de tejas de barro de la casa de la abuela, y proyecta vírgenes rojas, y toma gotas para seguir descifrando la magia de los frutos lechosos desconocidos. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">Por: Adriana Patricia Giraldo Duarte </p>



<p class="wp-block-paragraph">Si uno nace en septiembre, le gusta que las carátulas de las libretas se tuesten al sol, y que los perros se tiren sobre el pasto seco recortado, y se siente mediador de los intrusos que entran a la casa, a pesar de que tienen heridas abiertas en el pecho.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le gusta analizar las miradas de los otros, y decirles que todo pasa, y que es entendible, porque fuimos capaces de ignorar la arrogancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ama tener de frente los gigantes que desafiaron todas las reglas, y que ahora en soledad le preguntan sobre su futuro, como esperando la redención probada en la última gota de sangre de sus corazones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le gusta tomar el teléfono en la mañana y elegir leer noticias y poemas antes que acudir a las voces del poder, que siempre arrojan errores y correcciones.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siente que solo tiene afán por palpar las empatías en las arrugas de los ojos, e imaginar que ÉL se está desenamorando rápido, como una señal de rebeldía contra el propio olvido, pues en realidad, tiene una categórica certeza de que ELLA será la última de esa lista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si uno nace en septiembre tiene pares en el mundo para hacerse tatuajes que esperan que el sol les entre por la tinta. Entiende que esa gemela es una alma viva que asiste a conferencias de novelas policiacas, porque sabe que únicamente el misterio y la ficción mantienen nuestros sentidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y uno tiene mínimos de tiempo para recuperar el ritmo; para percibir los detalles humanos sin tener que hacer listas de mercado; para sentir que la única obligación es ser compasivo, porque el premio es tener aún los hijos vivos, echando una mano a quienes envidian sus golpes de suerte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En septiembre uno se ve y agradece lo ido, lo eliminado, lo absorbido, lo devuelto.&nbsp; Y alaba el viento que se lleva los rayos, anhela una mudanza para recorrer los nuevos mundos, y una casa con biblioteca gigante, mientras celebra las pequeñas hojas que festejan la virtud de los demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En septiembre, uno mira el techo de tejas de barro de la casa de la abuela, y proyecta vírgenes rojas, y toma gotas para seguir descifrando la magia de los frutos lechosos desconocidos.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=119955</guid>
        <pubDate>Sun, 31 Aug 2025 17:31:46 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Nacer en septiembre]]></media:description>
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