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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Mon, 13 Apr 2026 16:29:31 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
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	<title>Adriana Patricia Giraldo Duarte, Bloguero de Blogs El Espectador</title>
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        <title>Como esperando abril</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/como-esperando-abril/</link>
        <description><![CDATA[<p>El cielo de abril recupera lo que tenemos en el tintero. Nos trae la lista de motivos, el vuelo de una manta blanca bordada y colgada al sol. Se abre justo un miércoles en la tarde cuando esperas paciente que vuelvan los colibríes y que tu amiga se decida por un viaje aplazado. En abril [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>El cielo de abril recupera lo que tenemos en el tintero.</p>



<p>Nos trae la lista de motivos, el vuelo de una manta blanca bordada y colgada al sol.</p>



<p>Se abre justo un miércoles en la tarde cuando esperas paciente que vuelvan los colibríes y que tu amiga se decida por un viaje aplazado.</p>



<p>En abril llegan las señales de la primavera, las buenas conversaciones, las pausas con soda fría y limonada fresca, los ataques de risa y la llamada esperada.</p>



<p>Abril no tiene noches en vela, solo poesía reunida y películas sin horarios, y desintoxicaciones, y positivos hartazgos; el zumbido de las causas que, como mujeres, aún tenemos por batallar.</p>



<p>En este mes se exhala menos miedo, se escribe más, se manifiesta más, se prueban los colores de la primavera y se abandona uno a la luna rosa, con más certezas sobre los días que vienen antes de que partan al cielo los cohetes.</p>



<p>En abril, la vida te elige, te enseña otra vez a caminar, a suspirar adherida al ruido leve de los guaduales frescos.&nbsp;</p>



<p>Este mes se lleva lejos las palabras absurdas que te hicieron perder magia, los sofocos del mal genio que no te permitió priorizarte.</p>



<p>Entras en confianza con lo que sucede sin anuncio, y vuelve la tinta y el mar oculto en tus pupilas, y miras de nuevo el cuadro de los pescadores que te devuelve la fe, y piensas en cómo será el encuentro con la poeta del viejo mundo que cocina letras al carbón mientras cultiva la esperanza.</p>



<p>En abril un coro te susurra que todo es posible, te recuerda lo que te corresponde. Algo llega sin mucho ruido y se instala para que ya no tengas más pendientes, mientras el equilibro salta al espacio, mientras el viento mueve las flores y se reconoce en ti.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127614</guid>
        <pubDate>Wed, 01 Apr 2026 22:12:11 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Como esperando abril]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Adriana Patricia Giraldo Duarte</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>El latido</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/el-latido/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay objetos que no saben que ya no hacemos parte de los lugares en los que fuimos felices. Por ejemplo, las medallas ganadas en las primeras batallas contra el agua, las cartas de amor escondidas para que no las leyera la madre, las credenciales que confirmaron nuestras primeras decisiones, las señales narradas en voz alta [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Hay objetos que no saben que ya no hacemos parte de los lugares en los que fuimos felices.</p>



<p>Por ejemplo, las medallas ganadas en las primeras batallas contra el agua, las cartas de amor escondidas para que no las leyera la madre, las credenciales que confirmaron nuestras primeras decisiones, las señales narradas en voz alta cuando jugamos escondite, o las visitas a los lugares que jamás fueron peligrosos para los niños.</p>



<p>Hay espacios que dejamos de habitar cuando el curso de la vida separa nuestros recuerdos.</p>



<p>Hay momentos en los que una voz que ya no hace parte de nosotros, regresa para recordar el pasado, entregar una novedad, reiterar la necesidad de remar hacia el extremo que creemos más conveniente.</p>



<p>Hay voces ocultas y sencillas que nos invitan a ser por un momento, fantasmas cubiertos de polvo, seres más compasivos y misericordiosos, personas capaces de entender a los resistentes, de seguir combatiendo a quienes se quedan con las manos cruzadas y a los que se consumen en sus delirios al bajarse del ascensor.</p>



<p>Ya hay menos objetos. Somos otros.&nbsp; Más selectivos, menos tolerantes con la ignorancia, más aferrados a las motivaciones reales; humanos menos severos con nuestra propia sombra, corazones más alejados de la prepotencia.</p>



<p>Yo me quedo con un encuentro y una despedida, con el gesto privado de bordear cicatrices que un día dolieron, con la voz del niño que me dijo que recorrería conmigo el mundo.</p>



<p>No quiero riesgos que me inviten a la otra orilla. Quiero disfrutar el punto neutro que me abre los ojos en el espejo del tiempo, la burbuja que me protege de los insolentes; quiero seguir el latido, el ardor que todavía me dice: hay que desobedecer.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=126924</guid>
        <pubDate>Sun, 15 Mar 2026 00:08:03 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El latido]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Adriana Patricia Giraldo Duarte</media:credit>
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        <item>
        <title>Las almas vivas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/las-almas-vivas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Te vemos en tu regreso, devolviéndole al mundo un brindis por la vida.   Agradecida por el tiempo revolucionario que no te detiene y en el que sobreviviste delicada, insistente, florecida, respirando, buscando tu centro.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p>Nos cobijan la misma tierra y ese cielo ardiente que te persigue hasta en las fotografías.</p>



<p>Sin saberlo, aprendimos juntas que las lágrimas no son fragilidad, sino abono oportuno para el camino, y que las madres acompañamos solo con la aspiración de que ustedes tengan aprendizajes menos invasivos para sus atormentados y temporales sentimientos.</p>



<p>Nos mostraste que querer es un mandato y una promesa.</p>



<p>Lo hicimos incluso cuando te vimos algo confundida, eso sí, siempre con una red extendida imbatible, cosida con principios que no se negocian, esa telaraña invisible que hoy da alivio a tu afán de libertad.</p>



<p>Ahora nos haces comprender mejor, que vivir no es solo estar, sino mantenerse: en los cambios, en la tormenta, en el crecer.</p>



<p>Y eres un alma viva admirable, porque en esa claridad, remueves estructuras y das un mensaje contundente: vale la pena percibir con fe las pequeñas cosas, pese a vivir en un tiempo tan brusco e insensible, tan falto del gozo de días improductivos que sumen al calendario.</p>



<p>Te vemos en tu regreso, devolviéndole al mundo un brindis por la vida.</p>



<p>Agradecida por el tiempo revolucionario que no te detiene y en el que sobreviviste delicada, insistente, florecida, respirando, buscando tu centro.</p>



<p>En este retorno, te celebramos. Más sonriente que nunca, más decidida, más dispuesta a bailar bajo las luces y las sombras, cruzando con precisión y sabiduría el camino, entusiasmada con tus pasos, revelando que quedarse es el acto pleno de la valentía, y que avanzar es moldear los miedos y vivir.</p>



<p>Regresas a tu destino, a tu tierra, cabalgando tus recuerdos.</p>



<p>Y no perdiste. Simplemente, recuperaste tu centro, grabando en tus ojos el paisaje memorable que quieres almacenar y que se dimensiona en el eco fabuloso de tu sonrisa, entre quienes sabemos que eres un alma viva.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125620</guid>
        <pubDate>Sun, 08 Feb 2026 17:24:40 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Las almas vivas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Adriana Patricia Giraldo Duarte</media:credit>
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        <item>
        <title>El centinela de la vereda</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/el-centinela-de-la-vereda/</link>
        <description><![CDATA[<p>Otro café entre sus manos. Ahueca las manos alrededor de la taza para sentir la cálida tibieza de su aroma mañanero. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center"><strong>Carlos Fernando Gutiérrez Trujillo</strong></p>



<p>La mañana huele a hierba mojada. Desde el fondo de la cocina llega el aroma del café. Es mi padre quien lo prepara en un colador de tela. Siento sus pasos y su silencio. Lo trae en dos pequeñas tazas de esmalte y se sienta frente a mí, en un taburete rústico. Extiende su brazo y sonríe. – Tómese el café, mijo.</p>



<p>Es el gesto más tierno que su dura vida le enseñó.</p>



<p>Hoy hablamos más. Quizás hacerme viejo, como él, me ayuda a comprenderlo. Los años y la sensatez permiten valorar a quienes ya no están. Desde mis recuerdos viene con su voz pausada, con sus historias de antes. Como hilos que se trenzan en un tapiz, así llegan sus relatos: de las montañas andinas, de cuando era niño y creció entre caminos y pueblos montañeros.</p>



<p>Conversamos mientras el café se enfría entre las palabras. Caminó con sus miedos en las montañas de Riofrío o El Dovio. Allí, cuando era arriero de una recua de mulas, los animales se detuvieron en medio de la trocha. Intentó que siguieran a golpe de silbidos y zurriago, pero permanecieron inmóviles. Habían asesinado a cuatro campesinos de una vereda cercana y los habían abandonado a un lado del camino. Eran liberales, se decía. Aparecieron varios hombres armados y lo obligaron a llevar aquellos cuerpos torturados entre las enjalmas, para amedrentar a la gente del pueblo próximo. Así recuerdo sus historias, hijas de una violencia que aún no cesa.</p>



<p>Otros días fue centinela en su vereda. Los chulavitas de Tuluá habían amenazado con tomar el caserío y matar a todos los cachiporros. Muchas noches vigilaban las entradas con armas artesanales y rústicas para evitar la emboscada. Un día cualquiera, muy temprano, entraron tres camiones del ejército y, casa por casa, fueron decomisando todo lo que pudiera servir como arma. Pocas noches después, llegaron los godos. Sólo pudieron escapar algunos hombres; las mujeres, con sus niños. Así eran sus relatos: escuetos, casi silenciosos, con un café en la mano. Con gestos tímidos, como quien guarda su alegría en un rincón personal.</p>



<p>Lo veo otra tarde. Esta vez tomamos un café cerrero, sin aguapanela y fuerte. Nos cuenta a mí y a sus nietos el origen de sus abuelos. Llegaron, a lomo de bueyes, desde Abejorral hasta las montañas del Quindío. La pobreza y una familia numerosa los empujaron a los caminos de los colonos. Atravesaron las montañas del antiguo Caldas y con unos cuantos pesos compraron un pedazo de selva. Allí sembraron una casa de guadua y tierra para ver crecer hijos y surcos de café.</p>



<p>Pero todo es camino para quienes crecieron con espíritu de aventureros. Con apenas unos años de haberse hecho hombre en el trabajo, partió de su casa para dar lugar a otros hermanos que venían, y se aventuró en varios oficios: arriero, ayudante de trapiche, guaquero, músico montañero en fondas de vereda, maestro de obra en casas de bahareque.</p>



<p>Otro café entre sus manos. Ahueca las manos alrededor de la taza para sentir la cálida tibieza de su aroma mañanero. Sentados en una cocina con fogón de leña, narró sus encuentros con espantos y sustos de montaña: la mujer que iba a su vereda a pedir sal de casa en casa; una viuda que lo perseguía en forma de bruja en sus noches solitarias; la fiera que rugía al borde de los caminos por donde arriaba sus mulas; las noches de guaquería, donde aparecían tenues fuegos de color azul anunciando que había oro. Pienso en Pedro Rimales o en Sebastián de las Gracias: así eran sus historias, con la espontaneidad de quien vive la vida sin aspavientos.</p>



<p>La mañana huele a café recién colado. Observo desde la memoria el viejo taburete que acogía las conversaciones con mi padre. Ahora soy yo quien sirve un café caliente a mi hija. Le cuento historias, ya no tan antiguas. No hay arrieros, ni caminos de colonos paisas. Pero al abrir esa página de memorias, vuelven esos lugares y acontecimientos que hoy permiten habitar esos recuerdos. Ese hilo de tierra y aroma de surcos que nos hace volver y contemplar a quienes llegaron a sembrar hijos y trabajo.</p>



<p>Quizás la casa de la memoria quedó vacía. El viejo taburete ya no espera aquellos relatos de hombres venidos desde la tierra. Los caminos se llenaron de silencio.</p>



<p>Pero cuando mi hija sirve un café mañanero en dos tazas de esmalte y las pone en la mesa, empieza de nuevo ese ritual de historias de quienes acompañaron aquel viaje por los caminos de colonos.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124915</guid>
        <pubDate>Sun, 18 Jan 2026 17:22:26 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El centinela de la vereda]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Adriana Patricia Giraldo Duarte</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Cuatro vidas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/cuatro-vidas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por: Adriana Patricia Giraldo Duarte Hay vidas que nos permiten entender por momentos, las decisiones anticipadas. Hay vidas en las que caminamos recordando lo superado, y paramos para ver cómo nacen los hijos vivos de las flores. Escuchamos los logros del ausente y pensamos con insistencia en por qué no quedó más tiempo para el [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center">Por: Adriana Patricia Giraldo Duarte </p>



<p>Hay vidas que nos permiten entender por momentos, las decisiones anticipadas.</p>



<p>Hay vidas en las que caminamos recordando lo superado, y paramos para ver cómo nacen los hijos vivos de las flores.</p>



<p>Escuchamos los logros del ausente y pensamos con insistencia en por qué no quedó más tiempo para el caos y la rendición.</p>



<p>Hay vidas en las que no es posible ser influyente, protestar, decidir, esperanzarse en otras horas.&nbsp; Momentos en los que todo es calma y precisión. El círculo perfecto del porvenir.</p>



<p>Y en esta, nos pusieron juntos, sobre las mismas rocas enterradas que muestran su mejor cara. Unidos para andar en línea recta, sin comprender el después.</p>



<p>Y terminamos de mojarnos con la brizna de la mañana, de oír una voz chiquita que deleita por su valentía. Vivimos el privilegio de regresar a la cama porque es festivo, sorprendernos con los rostros de las almas felices que guardan secretos, con los ojos de los desvalidos, con el llanto sobre su piel, con el deseo de quienes luchan por volver a perseguir la cola de un perro.</p>



<p>Hay días en los que llega un mensaje colectivo de vivir el hoy, de dejar atrás los juicios y los olvidos, las miradas esquivas, las palabras hirientes, la astucia equivocada.</p>



<p>Él tenía cuatro vidas. En todas fue vistoso, creyente, soñador, y flotaba siendo feliz entre los dormidos.</p>



<p>Él contó sus vidas. Unas veces fue astuto, excesivo, soberbio y confundido. En otras, amable, comprometido con lo único que su corazón podía defender.</p>



<p>Al final entendió que solo en el poder divino del amor dejamos de ser caníbales para confirmarnos dignos, humildes y demasiado humanos.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124609</guid>
        <pubDate>Mon, 12 Jan 2026 15:03:58 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>Nacer en septiembre</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/nacer-en-septiembre/</link>
        <description><![CDATA[<p>En septiembre, uno mira el techo de tejas de barro de la casa de la abuela, y proyecta vírgenes rojas, y toma gotas para seguir descifrando la magia de los frutos lechosos desconocidos. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center">Por: Adriana Patricia Giraldo Duarte </p>



<p>Si uno nace en septiembre, le gusta que las carátulas de las libretas se tuesten al sol, y que los perros se tiren sobre el pasto seco recortado, y se siente mediador de los intrusos que entran a la casa, a pesar de que tienen heridas abiertas en el pecho.</p>



<p>Le gusta analizar las miradas de los otros, y decirles que todo pasa, y que es entendible, porque fuimos capaces de ignorar la arrogancia.</p>



<p>Ama tener de frente los gigantes que desafiaron todas las reglas, y que ahora en soledad le preguntan sobre su futuro, como esperando la redención probada en la última gota de sangre de sus corazones.</p>



<p>Le gusta tomar el teléfono en la mañana y elegir leer noticias y poemas antes que acudir a las voces del poder, que siempre arrojan errores y correcciones.&nbsp;</p>



<p>Siente que solo tiene afán por palpar las empatías en las arrugas de los ojos, e imaginar que ÉL se está desenamorando rápido, como una señal de rebeldía contra el propio olvido, pues en realidad, tiene una categórica certeza de que ELLA será la última de esa lista.</p>



<p>Si uno nace en septiembre tiene pares en el mundo para hacerse tatuajes que esperan que el sol les entre por la tinta. Entiende que esa gemela es una alma viva que asiste a conferencias de novelas policiacas, porque sabe que únicamente el misterio y la ficción mantienen nuestros sentidos.</p>



<p>Y uno tiene mínimos de tiempo para recuperar el ritmo; para percibir los detalles humanos sin tener que hacer listas de mercado; para sentir que la única obligación es ser compasivo, porque el premio es tener aún los hijos vivos, echando una mano a quienes envidian sus golpes de suerte.</p>



<p>En septiembre uno se ve y agradece lo ido, lo eliminado, lo absorbido, lo devuelto.&nbsp; Y alaba el viento que se lleva los rayos, anhela una mudanza para recorrer los nuevos mundos, y una casa con biblioteca gigante, mientras celebra las pequeñas hojas que festejan la virtud de los demás.</p>



<p>En septiembre, uno mira el techo de tejas de barro de la casa de la abuela, y proyecta vírgenes rojas, y toma gotas para seguir descifrando la magia de los frutos lechosos desconocidos.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=119955</guid>
        <pubDate>Sun, 31 Aug 2025 17:31:46 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Nacer en septiembre]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Adriana Patricia Giraldo Duarte</media:credit>
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        <item>
        <title>La palabra TÍA</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/la-palabra-tia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por: Laura M. Sánchez Dávila Conocí el amor en una nueva forma. Pasó desde aquel momento en el que abracé a mi hermana y entre lágrimas le dije &#8211; ¿No estás feliz?; ella llorando me dijo &#8211; ¡SI! pero tengo susto &#8211; yo la abracé aún más fuerte. Atesoraré por siempre ese instante: su cara [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center"><strong>Por: Laura M. Sánchez Dávila</strong></p>



<p>Conocí el amor en una nueva forma. Pasó desde aquel momento en el que abracé a mi hermana y entre lágrimas le dije &#8211; ¿No estás feliz?; ella llorando me dijo &#8211; ¡SI! pero tengo susto &#8211; yo la abracé aún más fuerte.</p>



<p>Atesoraré por siempre ese instante: su cara de felicidad, sus lágrimas con un poco de incredulidad porque no entendía cómo era posible que esto estuviera pasando, cuando hace algunos años le habían asegurado que no podía ser; solo un milagro podría ayudarla con su anhelo.</p>



<p>Pero ahí estábamos nosotras, cuatro años después, otra vez abrazadas, llorando con mucho sentimiento, no de tristeza, sino por el contrario, de alegría desmedida. Nuestro corazón estaba extasiado, palpitando fuerte, acelerado. Me detuve a mirar sus manos; temblaban mientras sostenía una hoja de papel: el resultado del examen, con palabra POSITIVO, grande y en negrilla.</p>



<p>Fue en ese instante cuando lo supe que, el amor gigante que conocíamos de antes, nuestro amor de hermanas, estaba floreciendo. En su vientre se encontraba la semilla que por años había añorado, y que ahora, después de tanto, se hacía realidad. Su hogar, el que había conformado, estaba creciendo, venía en camino lo más preciado, un tesoro para ellos, para mí y para toda la familia.</p>



<p>Jamás olvidaré esa sensación que tuve esa Navidad. Un 24 de diciembre inolvidable, con ese regalo esperado, como cuando éramos pequeñas y con mucha ilusión le pedíamos al Niño Dios los juguetes de moda; ella, una barbie del momento y yo, en cambio, una muñeca que, para los tiempos, caminaba sola. Sonrió al recordar nuestra inocencia, sobre todo, la mía.</p>



<p>Hoy creo en el amor verdadero, en que hay muchas formas de amar y muchas personas a las que amar. Cuando pienso en mis papás tengo la seguridad de que están en mis amores verdaderos; ver a mi hermana en su proceso me hace estar segura de que es otro amor verdadero; pero ahora es mucho más grande, mucho más de lo que imaginé sentir.</p>



<p>Es entender que en mi vida hay un nuevo ser al que le estoy dado la prioridad, porque el amor es así: es entrega, es interés, es estar incondicionalmente, es saber que mientras yo esté, él va a poder contar conmigo, porque está claro que, si con mi hermana lo he sido, con él lo seré aún más. Es sencillo, mi promesa hoy es estar siempre para él.</p>



<p>Le doy la bienvenida al nuevo amor de mi vida, gracias por abrir un poco más mi corazón. Si así ya me siento extasiada de amor, no sé cómo manejaré mis emociones cuando de su boca salga la palabra tía.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=119432</guid>
        <pubDate>Mon, 18 Aug 2025 15:24:14 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La palabra TÍA]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Adriana Patricia Giraldo Duarte</media:credit>
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        <item>
        <title>Un vacío sin respuesta</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/un-vacio-sin-respuesta/</link>
        <description><![CDATA[<p>No sé si es subjetivo, pero es como si el tiempo se hubiese convertido en estatismo, sin avance, movimiento ni progreso.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center"><strong>Por: Mónica Palacio</strong></p>



<p>Todo parece decadente ahora.</p>



<p>No sé si es una realidad objetiva, o solo mi percepción del tiempo que me rodea.</p>



<p>En cualquier caso, siento que la llama del entusiasmo, la inocencia y la alegría se apaga lentamente.</p>



<p>La llama de aquellos que creíamos que al final del túnel la vida sería diferente.</p>



<p>La llama de quienes nos creíamos imperfectos y caminábamos por el sendero del aprendizaje y la verdad no descubierta.</p>



<p>No sé si es subjetivo, pero es como si el tiempo se hubiese convertido en estatismo, sin avance, movimiento ni progreso.</p>



<p>Todo ahora es predecible, concreto y sin sorpresa.</p>



<p>Me pregunto: ¿Qué sería mejor para mi tiempo?</p>



<p>Asumir mi imperfección y venderme la ilusión de un crecimiento que no existe, o de antemano, haber previsto que no existía ningún sentido. ¿Cuántas veces me mentí y durante cuántos años? ¿Es esto entender el misterio de la vida? ¿Tener la certeza de que nada tiene sentido? ¿Es así de simple y desprovisto de emoción?</p>



<p>La certeza que tengo ahora va más allá de creer en algo.</p>



<p>Me pregunto en qué creer y qué sentir. Pues por lo visto, me atrevo a afirmar que: parece que la búsqueda de sentido en estos tiempos, se ha vuelto un simple vacío sin respuesta.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=119180</guid>
        <pubDate>Sat, 09 Aug 2025 14:42:53 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Un vacío sin respuesta]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Adriana Patricia Giraldo Duarte</media:credit>
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        <title>Carta a Ella</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/carta-a-ella/</link>
        <description><![CDATA[<p>Todo esto que eres no es digno de cualquiera.  No todos pueden apreciarlo porque sus ojos jamás les permitirán ver más allá.  Demasiado comunes, como para ver tanta complejidad, tanta belleza. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center">Por: Isabel Cardona Figueroa</p>



<p>No sé qué tanto te pueda aconsejar.&nbsp; No sé qué mucho te pueda decir.</p>



<p>Sé que cada uno tiene el derecho de cometer los errores que quiera y necesita cometerlos para evolucionar en esta vida.</p>



<p>Lo que sí sé, y tal vez sirva un poco, es lo que he vivido, sufrido y aprendido.</p>



<p>Todo tiene sentido cuando me veo frente a ti.</p>



<p>Eres tan fuerte, tan determinada, tan independiente, que asombras.</p>



<p>Me haces pensar en una ley de oro que he aprendido gracias a mis errores, y es que mi futuro, mis sueños y mi libertad no las puedo dejar en manos de otros; me pertenecen a mí, solo a mí, y sólo yo sé qué hacer con ellos.</p>



<p>Todo esto que eres no es digno de cualquiera.&nbsp; No todos pueden apreciarlo porque sus ojos jamás les permitirán ver más allá.&nbsp; Demasiado comunes, como para ver tanta complejidad, tanta belleza.</p>



<p>Pocos se atreven a recorrer el camino para&nbsp; ir hasta allá, a conquistar un corazón fuerte, decidido y libre.</p>



<p>Así que no pierdas el tiempo.&nbsp; No te permitas fallarte a ti misma. Que la tristeza y el dolor no te manejen, que todo ese torrente de vida, fuerza y energía que eres te ayuden a enfrentar este momento de fragilidad que es tan normal, tan irremediablemente natural.</p>



<p>Yo estaré aquí, como una roca, conteniendo la marea, sirviéndote de refugio, de descanso.</p>



<p>Todo pasa, las tormentas más terribles, los calores insufribles, las batallas más desgarradoras. Todo al final pasa, y aquí&nbsp; estamos,&nbsp; de pie, frente al cielo azul o naranja, respirando, viviendo y siendo nosotras.</p>



<p>Te amo y amaré siempre.&nbsp; Aquí estoy.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=118987</guid>
        <pubDate>Thu, 07 Aug 2025 15:42:05 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Carta a Ella]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Adriana Patricia Giraldo Duarte</media:credit>
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        <item>
        <title>Saber quererse</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/saber-quererse/</link>
        <description><![CDATA[<p>Aprendí que las huidas y los abandonos también son anhelos que obligan a reinventar nuestros propios despojos, en los bordes que aterrizan lo que creíamos imposible.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Me levanto en llamas, imaginando cómo arde la montaña.</p>



<p>Aterrizo mis uñas despintadas en el reclamo radiante de lo que no pudo ser.</p>



<p>No quiero guardar tu nombre. Quiero verlo acabar, de repente, en el centro que me dejas.</p>



<p>Ya tuve que ajustar varias cuentas por tu partida, con el brillo de estos ojos despiertos, para evitar que rompieras más esta herida abierta.</p>



<p>Me levanto desnuda y sin agonías, con mi volcán desolado, reclamando tus silencios, antes de este desapego.</p>



<p>Aprendí que las huidas y los abandonos también son anhelos que obligan a reinventar nuestros propios despojos, en los bordes que aterrizan lo que creíamos imposible.</p>



<p>Y antes de que se apague el fuego, bajo el toldo de las promesas que me inventé, reaparezco para mi misma, con mis bendiciones, mis velas, mis mapas recuperables, mis amores prohibidos, la rebeldía que nunca fue paisaje, el deseo gritado de no someterme, ni callar frente a lo que veo.</p>



<p>No tengo lamentos, ni grietas.&nbsp; Conozco ya mis pozos y cenizas. Me falta otro escalón; soltar lo que piensan los demás.</p>



<p>Celebro.&nbsp; Me hallo sola en la figura del espejo, con mis formas correctas.</p>



<p>Tomo mis gotas de ceibas y pastos; sonrío y me siento feliz, valiente, correspondiente.</p>



<p>Celebro el alma rebelde que sueña velas medievales, el alma que se adhiere a las flores encendidas, en aquella que se corta el cabello, porque confía y sabe quererse.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=118173</guid>
        <pubDate>Sat, 19 Jul 2025 03:50:46 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Saber quererse]]></media:description>
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