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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Mon, 13 Apr 2026 16:29:31 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Baba, Bloguero de Blogs El Espectador</title>
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        <title>Algunas confusiones prácticas de Mejía Vergnaud</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/algunas-confusiones-practicas-de-mejia-vergnaud/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ser pragmáticos no equivale a ser moralmente inertes&#8211;por el contrario, el pragmatismo es en sí mismo una postura moral.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Consideren el siguiente párrafo:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>En el capítulo 12 de mi libro reciente&nbsp;<em>La ruta del pragmatismo</em>&nbsp;me pregunto si una cierta hipertrofia del sentido moral nos está volviendo incapaces de afrontar y solucionar problemas prácticos. No porque la moral no sea importante ni tenga lugar, sino porque cuando excede sus confines y crece más allá de lo debido (hipertrofia), desplaza o asfixia nuestra capacidad de resolver problemas.</p>
</blockquote>



<p>La cita proviene de una ya no tan reciente entrada del blog que publica Andrés Mejía Vergnaud en Substack, y que puede checar <a href="https://substack.com/home/post/p-170100087">aquí</a>.</p>



<p>Me parece un ejercicio instructivo detenernos en el pensamiento principal del fragmento anterior. Es éste: en Colombia existe una cierta hipertrofia del sentido moral. Puesto de otro modo: el sentido moral de los colombianos está algo sobredimensionado, desproporcionado, fuera de su justa medida.</p>



<p>Esta proposición no es intuitiva: ¿Colombia, un país con un sentido moral <em>demasiado</em> desarrollado (de alguna forma o en algún sentido)? ¿Una nación que en 2024 tuvo más o menos <a href="https://www.elcolombiano.com/colombia/en-2024-las-muertes-violentas-alcanzaron-su-punto-mas-alto-en-los-ultimos-siete-anos-en-colombia-FI29037882">13.917 homicidios</a>, <em>i.e.</em>, alrededor de 25.4 homicidios por cada 100.000 habitantes? Para efectos de contraste, piensen en Francia, donde ocurrieron <a href="https://countryeconomy.com/demography/homicides/france?utm_source=chatgpt.com">897 homicidios</a>, <em>i.e.,</em> más o menos 1.3 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2024. Uno tendería a pensar que existe en principio una relación inversa entre la robustez del sentido moral de una población y la tasa de homicidios de esa población. Si esta intuición es correcta, nuestros cruentos números parecen bastar para refutar la tesis de Vergnaud.</p>



<p>Esto no es lo único que no huele muy bien en las ideas que defiende Vergnaud. Hay, creo, problemas todavía más graves; más filosóficos, pues. Porque si en Colombia o donde sea el sentido moral puede exceder sus justas proporciones, entonces cabe preguntarse cuáles son los límites en los que debe mantenerse ese sentido. ¿Cuál es el peso exacto que una persona debe atribuirle a sus principios morales en su proceso de toma de decisiones?</p>



<p>Quiero llamar su atención sobre el hecho de que esta pregunta supone que somos más o menos libres de atribuirle una mayor o menor importancia a nuestros escrúpulos morales, y que, al menos en algunas circunstancias apremiantes, es posible que lleguemos a otorgarles un valor nulo. Quizá existen casos extraordinarios, pensamos, que nos exigen mantener cualquier tipo de evaluación moral al margen de nuestra deliberación práctica. Pero esta imagen del razonamiento moral de las personas es una ilusión&#8211;una ilusión que emana de una concepción superficial de la conducta de las personas.</p>



<p>Actuar, o mejor, <em>ser agentes</em>, es una labor teleológica. Ser agentes implica la existencia de algo que creemos ser un<em> bien</em> y que es aquello que funge como el objeto de nuestra intención. En un eslogan, actuar es <em>valorar</em>.</p>



<p>Si esto es el caso, <em>i.e.</em>, si toda acción intencional presupone la creencia de que algo es un bien, entonces debe ser falsa la opinión de que existen formas de deliberación práctica moralmente inertes. Todo el punto de pasar por un proceso de toma de decisiones consiste en determinar cuál, entre varios cursos de acción posibles, es el que debemos tomar, <em>dadas nuestras preferencias o propósitos</em>.<sup data-fn="cfad58cc-bba9-4d81-be45-423065c1fabd" class="fn"><a href="#cfad58cc-bba9-4d81-be45-423065c1fabd" id="cfad58cc-bba9-4d81-be45-423065c1fabd-link">1</a></sup> Si omitimos esas preferencias, no es claro cómo podremos determinar qué curso de acción es el correcto, o el más conveniente, etc.</p>



<p>Por estas razones, creo que haríamos mejor si, en lugar de preguntarnos por el peso que los principios morales deben tener en el ejercicio deliberativo (público o privado), examinásemos la <em>calidad</em> de ese mismo ejercicio: la solidez de las razones que llevan a nuestrxs conciudadanxs a tomar tales o cuales objetos como cosas deseables o buenas, o a pensar que sus acciones son consistentes con o propiciatorias del bien que persiguen. Colombia no sufre, creo, de un sentido moral hipertrofiado o paralizante, como opina Mejía Vergnaud. Todo lo contrario. Sufre de un sentido moral desnutrido, impotente y dejado a la buena de Dios.</p>



<p><em>IG: <a href="https://www.instagram.com/pater_doloroso/">@paterdoloroso</a></em></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />


<ol class="wp-block-footnotes"><li id="cfad58cc-bba9-4d81-be45-423065c1fabd">No quiero, con esta calificación, prejuzgar contra Kant. Sin embargo, para efectos de esta entrada, no me parece útil complicar la exposición discutiendo imperativos tan controvertidos como lo son los categóricos. <a href="#cfad58cc-bba9-4d81-be45-423065c1fabd-link" aria-label="Saltar a la referencia de la nota al pie 1">↩︎</a></li></ol>


<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Baba</author>
                    <category>La tortuga y el patonejo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124555</guid>
        <pubDate>Fri, 23 Jan 2026 22:39:23 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Algunas confusiones prácticas de Mejía Vergnaud]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>¿Por qué no penalizar la dosis personal?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/dosis-personal/</link>
        <description><![CDATA[<p>Un sencillo argumento para justificar la no penalización de la dosis personal en Colombia.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><em>(Publicado originalmente el <a href="https://web.archive.org/web/20230321090348/https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/por-que-no-penalizar-la-dosis-personal">21/IX/2009</a>)</em></p>



<p>En mi anterior post (“<a href="https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/escepticismo-vs-relativismo/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Escepticismo y relativismo</a>”), intenté despejar algunas confusiones alrededor de la noción de escepticismo, además de ofrecer un modesto argumento—específicamente, una <em>reducción al absurdo</em>—en contra de cierta forma radical de relativismo. En esta entrada quisiera relajarme un poco y abordar un tema de actualidad en Colombia: la penalización de la dosis personal. He de confesar, desde el comienzo, que ignoro los pormenores del proyecto de ley en cuestión que promueve (¿por quinta vez? Ya perdí la cuenta) el gobierno de Uribe. Por ello, es probable que mucho de lo que diga no se aplique, o se aplique sólo en parte, al contexto político actual de Colombia. Ustedes juzgarán. Sin embargo, tengo mis razones para pensar que no es así.</p>



<p>La pregunta que quisiera plantear es la siguiente: ¿qué justificación podría tener un Estado de Derecho (de ahora en adelante ‘ED’) para penalizar la dosis personal? Es importante notar que la dosis personal no ampara el&nbsp;<em>consumo</em>&nbsp;en sitios públicos; únicamente ampara el&nbsp;<em>porte</em>&nbsp;de una determinada cantidad de droga ilegal en tales lugares. Esa cantidad debe ser tal que sea altamente razonable que la sustancia transportada no esté destinada al tráfico sino al uso personal. Así las cosas, la pregunta es: ¿por qué razón pensar que una persona es merecedora de una sanción social por el simple hecho de llevar consigo una cantidad de droga ilegal que obviamente no está destinada al comercio?</p>



<p>Creo que, en general, un gobierno dispone de dos líneas argumentativas para penalizar el porte de sustancias psicoactivas ilegales. La primera es lógicamente prioritaria a la segunda, pero ambas, presumo, son estériles. El primer argumento (A) es de corte ético, y comienza por la suposición que el ED tiene la obligación de defender los derechos de sus ciudadanos. Dado que el consumo de drogas ilegales para el disfrute personal representa una amenaza para la vida del ciudadano (uno de sus principales derechos), el ED tiene el compromiso de prevenir este consumo. Una forma, entre otras, de hacer esto, es mediante la prohibición de la dosis personal, pues se supone que ésta desestimulará (en cierta medida) el consumo. El segundo argumento (B) toma A como base y enmarca la discusión en el contexto de la lucha contra las drogas. En la medida en que tiene la obligación de defender el derecho a la vida, un ED debe combatir el fenómeno de las drogas ilegales en todos sus frentes. Uno de estos frentes es el económico. Prohibir la dosis personal supondría un obstáculo extra para la compra de droga ilegal, lo cual menguaría (hipotéticamente) la capacidad financiera de los carteles.</p>



<p>En lo que resta de esta entrada me ocuparé solamente del primer argumento. Esto es natural, pues B depende de A. A continuación, voy a desplegar el argumento A en la forma de un esquema:</p>



<p>1. El ED debe garantizar el derecho a la vida de sus ciudadanos.</p>



<p>2. Si el ED debe garantizar el derecho a la vida de sus ciudadanos, entonces debe prevenir el consumo de drogas por parte de sus ciudadanos.</p>



<p>3. El ED debe prevenir el consumo de drogas por parte de sus ciudadanos.</p>



<p>4. Si el ED debe prevenir el consumo de drogas por parte de sus ciudadanos, entonces el ED debe prohibir la dosis personal.</p>



<p>* Conclusión: El ED debe prohibir la dosis personal.</p>



<p>Si bien este razonamiento es válido (es decir, si bien las premisas del argumento sí implican la conclusión), creo que la primera premisa (“El ED debe garantizar el derecho a la vida de sus ciudadanos”), leída sin calificación, es falsa. Pues no <em>siempre</em> un ED debe garantizar el derecho a la vida de sus ciudadanos. Ésta debe ser una obligación del ED, sí, <em>pero sólo</em> <em>mientras su aplicación no viole una libertad fundamental del individuo</em>—una libertad que el ED, por su misma naturaleza, está también obligado a respetar y a hacer respetar (al menos en el caso que nos concierne, que es el de las acciones perjudiciales para la salud cuyo origen y destino es la misma persona).</p>



<p>Imaginemos, por ejemplo, que una persona decide, después de una fría meditación, privarse de la vida. ¿Sería legítimo que un ED interviniera en tal designio, bajo el estandarte de la defensa al derecho a la vida de sus ciudadanos? A mí me parece que no. El comercio de una persona con su propia vida es casi por definición algo que no es cosa de interés público. Si la relación conmigo mismo no es algo que me incumba a mí y solamente a mí, no veo entonces cuál es el punto de hablar de mis “libertades”. Esto aplica al tema que nos atañe. Cuando alguien decide consumir o portar una droga ilegal ejerce una prerrogativa inalienable que esa persona posee sobre su propio cuerpo, una prerrogativa que, de arrebatársela, un ED no tendría de Estado de Derecho sino la sigla.</p>



<p>Si la premisa 1 del argumento A tiembla, con ella tiembla todo el razonamiento que se basa en ella. Es más: si mi crítica a la premisa 1 es atinada, entonces la situación de un gobierno con ánimo de penalizar la dosis personal es bastante incómoda, pues estaría obligado a mostrar por qué, si bien es cierto que un ED debe garantizar el derecho a la vida de sus ciudadanos en la medida en que ello no conlleve la violación a libertades fundamentales del individuo, prohibir el porte de una sustancia ilícita para el consumo personal&nbsp;<em>no</em>&nbsp;implica tal violación. No obstante, esta alternativa me parece vana, por el simple hecho de que prohibir el porte—el&nbsp;<em>mero</em>&nbsp;porte—o el consumo—a secas—<em>sí</em>&nbsp;implica una violación a una libertad fundamental: a la de no ser acusado por algo que no merece castigo.</p>



<p>Éste es un caso típico de conflicto entre los deberes de un agente (en este caso, el agente es el estado). Lo que está en juego es, por un lado, el respeto debido a una prerrogativa inalienable del sujeto social, y por el otro, el imperativo de defender un derecho fundamental de los ciudadanos. Mi argumento apunta a la idea de que el último imperativo es&nbsp;<em>derrotable</em>&nbsp;por el primero (al menos en el tema que nos atañe), y que dicha derrotabilidad se basa en la naturaleza misma del ED. En este sentido, no podemos penalizar la dosis personal y a la vez preciarnos de tener un ED. Ambas cosas, me parece, son incompatibles.</p>



<p><em>IG: <a href="https://www.instagram.com/pater_doloroso/">@pater_doloroso</a></em></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Baba</author>
                    <category>La tortuga y el patonejo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=120695</guid>
        <pubDate>Tue, 23 Sep 2025 15:04:42 +0000</pubDate>
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            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El anillo de Giges (2)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/el-valor-de-la-justicia-2/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Tiene algún punto la práctica de la justicia para alguien que siempre puede salirse con la suya?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Una de las cosas geniales de la leyenda de Giges es que pone el problema de la utilidad o del valor asociado a la justicia de una manera admirablemente perspicua. ¿Qué <em>perderíamos</em>, pregunta Platón, si pudiéramos siempre salirnos con la nuestra&#8211;si ninguna de nuestras acciones deshonestas o criminales pudiera ser detectada?</p>



<p>Es bastante común pensar que la relación entre la justicia y los distintos bienes que la vida nos puede prodigar (riqueza, fama, belleza, etc.) es de carácter instrumental. Así como no es malo ser inteligente si lo que se desea es tener plata, no es malo actuar con justicia si lo que se desea son honores, fama, incluso (al menos en teoría) riqueza. Esto es parte de lo que vimos <a href="https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/el-valor-de-la-justicia/">la semana pasada</a>.</p>



<p>Pero claro, si la relación entre la justicia y todos esos bienes es <em>meramente </em>instrumental&#8211;si la justicia es <em>tan sólo</em> un medio para la consecución de felicidad, riqueza, honores, etc.&#8211;, entonces todo el valor o la utilidad de ser justxs se esfumaría si, como Giges, siempre pudiéramos hacer trampa y salir ilesxs. ¿Qué punto tendría para nosotrxs practicar la justicia en semejante escenario? Parece que todo lo que podríamos ganar siendo justxs es <em>a lo más</em> tanto como lo que podríamos ganar usando esa bendita sortija.</p>



<p>Las apariencias son, sin embargo, engañosas. Giges puede amasar fortunas, ostentar dignidades públicas, tener a quien desee. Puede gozar de una reputación inmaculada, completamente inmerecida, y, si le reza a los dioses adecuados, quizá pueda costearse los lujos asociados a una buena conciencia. Pero hay algo que, desde una perspectiva lógica, ni siquiera Giges, o un dios, es capaz de hacer. Giges no puede actuar con justicia <em>si no actúa con justicia</em>.</p>



<p>Esto es una trivialidad, pero condensa un pensamiento fulgurante: Platón nos invita a considerar que <em>la justicia </em>es el beneficio del cual Giges se priva al actuar injustamente. Esta idea no es intuitiva. Cuando consideramos los bienes que podemos o queremos llegar a obtener, pensamos en cosas como el dinero, la inteligencia, el buen nombre, la belleza, tener relaciones significativas, hacer viajes, tener experiencias placenteras, etc. Algunas personas de delicada naturaleza incluirán el conocimiento en la lista anterior, pero pocas considerarán a la justicia como parte de aquellos bienes que, si se esmeran, podrían adquirir. Así que Platón nos debe una explicación en este punto: ¿en qué sentido o de qué forma puede la justicia, al margen de cualquier otra cosa que ella propicie, ser un bien para una persona?</p>



<p><em>IG: <a href="https://www.instagram.com/pater_doloroso/">@pater_doloroso</a></em></p>
]]></content:encoded>
        <author>Baba</author>
                    <category>La tortuga y el patonejo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=120231</guid>
        <pubDate>Fri, 12 Sep 2025 01:55:42 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>El anillo de Giges (1)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/el-valor-de-la-justicia/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Tiene la justicia un valor por sí misma, o es valiosa sólo en la medida en la que nos permite obtener algún beneficio?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Esta semana les voy a ahorrar mis <a href="https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/ridiculos-presidenciales/">sardónicos comentarios de la política criolla</a>; en su lugar, les propongo que le echemos un ojo a un problema filosófico muy bonito que fue formulado en el siglo IV AC. </p>



<p>El problema tiene la forma de un dilema ético y fue presentado por el divino Platón en el Libro II de su magnum opus, <em>La República</em>. Puesta sucintamente, la cuestión es ésta: ¿Es la práctica de la justicia algo recomendable o valioso por sí mismo, o tan sólo lo es por los bienes que esta práctica nos permite obtener?</p>



<p>Las ventajas asociadas al hábito de la justicia son bastante obvias. Una de ellas, muy importante, es una buena reputación. Existen muchos roles sociales para los cuales la honestidad parece ser un requisito innegociable. En teoría, nadie le confiaría su dinero o su salud o su libertad o su país a alguien sabidamente corruptx. Por tanto, practicar la justicia parece algo sabio si no queremos vernos privadxs de los beneficios que se siguen del desempeño de esos roles&#8211;o si no queremos vernos agobiadxs por los males que se siguen de tener la reputación de ser gente tramposa, que son varios.</p>



<p>Todos éstos, sin embargo, son bienes que no tienen con la justicia una relación interna. Y esto implica que es posible hacerse de estos bienes sin realmente ser justxs. Basta con <em>parecerlo</em> y, claro, con asegurarnos de que esta apariencia nunca sea corregida.</p>



<p>Platón escenificó esta posibilidad a través de una leyenda que involucra al rey Giges de Lidia (<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Giges_de_Lidia">un personaje histórico</a>). En <em>La República</em>, Giges es presentado como un pastor que encuentra un anillo dotado de la singular propiedad de hacer invisible a su portador. Luego de su descubrimiento, Giges usa este anillo para seducir a Nisia, la esposa del entonces rey Candaules, y posteriormente para asesinar al propio Candaules y usurpar el trono de Lidia.</p>



<p>El punto inmediato de la inclusión de la leyenda en el diálogo platónico consiste en exponer la idea de que los seres humanos no somos justxs por querer, sino por temor (al castigo). Por tanto, una vez eliminadas todas las cosas que inspiran este temor, también quedan eliminadas todas las motivaciones que tenemos para actuar con rectitud. Esta poderosa idea, que encontraría un vigoroso defensor más o menos veinte siglos después en la figura de Thomas Hobbes, es uno de los pilares sobre los que se erige el pensamiento político occidental.</p>



<p>Más generalmente, empero, la leyenda parece entrañar la conclusión de que, mientras podamos guardar las apariencias, ser <em>in</em>justos es al menos tan provechoso para nosotrxs como ser justxs. Si esto es verdad, entonces si <em>siempre</em> pudiésemos guardar las apariencias, ser injustxs sería <em>siempre</em> para nosotrxs al menos tan beneficioso como ser justxs.</p>



<p>La cuestión permanece abierta: ¿existe algún beneficio que esté reservado para quienes practican la justicia, y que ni siquiera un Giges sea capaz de obtener? A juzgar por lo cubierto hasta este punto, las cosas no pintan bien para quienes piensan que sí. Denme unos días y les platico cómo prosigue esta venerable discusión filosófica, así como el <em>tour de force </em>que Platón empleó para dar a su pregunta una respuesta afirmativa.</p>



<p><em>IG: <a href="https://www.instagram.com/pater_doloroso/">@pater_doloroso</a></em></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Baba</author>
                    <category>La tortuga y el patonejo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=119970</guid>
        <pubDate>Mon, 01 Sep 2025 19:11:19 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El anillo de Giges (1)]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>Escepticismo y relativismo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/escepticismo-vs-relativismo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Segunda entrega de la serie &#8220;El gran reencauche&#8221;. Esta vez, la cuestión recae en distinguir el escepticismo y el relativismo.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><em>(Entrada publicada originalmente el&nbsp;<a href="http://web.archive.org/web/20231207064048/https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/escepticismo-y-relativismo">10 Dic 2009</a>.)</em></p>



<p>En la zona de comentarios de la entrada anterior (<a href="https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/por-que-un-blog-de-filosofia/">¿Por qué un blog de filosofía en El Espectador?</a>) leí algo que me pareció podría dar pie a una pequeña e interesante discusión filosófica. A continuación cito el fragmento en cuestión, cuyo autor es el usuario alias &#8216;sablemocho&#8217;:&nbsp;&#8220;Bien por una ventana en donde se invita al sano escepticismo, a saber que todo es relativo y que aun la verdad mas (sic) &#8220;absoluta&#8221; tiene un menos&#8221;. Lo primero que debo decir es que me procura satisfacción saber que sablemocho juzga buena la existencia de este blog. Sin embargo, quisiera hacer una aclaración con respecto al sentido del escepticismo al que mi anterior entrada invitaba.</p>



<p>Sablemocho hace una amalgama entre el escepticismo y la posición según la cual &#8220;todo es relativo&#8221; que, me parece, es desafortunada. Para mostrar por qué, permítanme hacer una distinción muy general con respecto a las&nbsp;<em>actitudes</em>&nbsp;que podemos tener ante una determinada oración. (Consideraré que una oración es un ítem lingüístico capaz de ser verdadero o falso, como por ejemplo &#8220;Julio César cruzó el Rubicón en el año 49 A.C.&#8221;.) Una actitud “oracional” <a href="http://web.archive.org/web/20231207064048/https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/escepticismo-y-relativismo#_ftn1">[1]</a>&nbsp;muy difundida es la&nbsp;<em>creencia</em>. Cuando creemos una oración le&nbsp;<em>damos nuestro asentimiento</em>,<em>&nbsp;</em>o le&nbsp;<em>damos crédito</em>, a esa oración. Como se puede apreciar, la creencia posee un carácter fundamentalmente afirmativo <a href="http://web.archive.org/web/20231207064048/https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/escepticismo-y-relativismo#_ftn2">[2]</a>&nbsp;que se manifiesta en el hecho de que al creer una oración&nbsp;<em>asumimos</em>&nbsp;que esa oración es&nbsp;<em>verdadera</em>&nbsp;y que su negación es&nbsp;<em>falsa</em>. Si yo creo que Platón fue gordo en un determinado momento de su vida, entonces estoy asumiendo que Platón no fue flaco en ese mismo momento de su vida.</p>



<p>Otra actitud importante es la&nbsp;<em>duda</em>. La duda tiene la peculiaridad de ser una actitud que no posee un carácter asertivo con respecto a la oración que se ha puesto en duda. Por el contrario: la duda mina el crédito que le damos a una determinada oración en un determinado momento. Ahora bien, supongamos que yo dudo, o soy&nbsp;<em>escéptico</em>&nbsp;de, que Dios exista; ¿significa esto que le doy crédito a la oración &#8220;Dios no existe&#8221;? No; dudar que Dios exista significa solamente pensar que no se posee la evidencia suficiente para creer que Dios existe, lo cual&nbsp;<em>no</em>&nbsp;es equivalente a pensar que se tiene la evidencia suficiente para apoyar que Dios&nbsp;<em>no</em>&nbsp;existe. Por tanto, cuando uno duda una oración uno no está necesariamente dándole respaldo a la negación de esa oración, pues uno puede muy bien dudar que Dios exista y también que no exista. Esto lo expresamos cuando decimos que no&nbsp;<em>sabemos</em>&nbsp;si Dios existe o no. Desde luego, podría<em>&nbsp;</em>ser que, después de todo, lo más acertado fuese creer que Dios no existe; empero, para establecer tal cosa sería necesario mostrarle al escéptico que tal creencia se encuentra también desprovista de dudas razonables. Si esto&nbsp;<em>no&nbsp;</em>se logra, ni tampoco se logra establecer que Dios sí existe más allá de toda duda razonable, entonces el consejo del escéptico es que nos mantengamos en la duda—que no creamos ni la oración &#8220;Dios existe&#8221; ni la oración &#8220;Dios no existe&#8221;. En jerga filosófica, esta actitud se conoce como la&nbsp;<em>suspensión del juicio</em>.</p>



<p>Ahora podemos volver al comentario de sablemocho y entender por qué su amalgama entre escepticismo y relativismo es desafortunada. El relativismo radical que sablemocho parece promover se basa en la idea de que la verdad de una determinada oración es siempre relativa a un contexto—a una persona, a una cultura, a un lenguaje, etc. No obstante, en la medida en que se basa en el&nbsp;<em>afirmación&nbsp;</em>de la oración &#8220;todo es relativo&#8221; (o de la falsedad de &#8220;hay algo que no es relativo&#8221;), su posición tiene muy poco de escéptica. Puede ser que sablemocho tenga buenas razones para dudar que haya algo que no sea relativo, no lo sé. Sin embargo, el paso de la&nbsp;<em>duda&nbsp;</em>acerca de si existe algo que no sea relativo a la&nbsp;<em>creencia&nbsp;</em>de que todo es relativo es el paso del escepticismo al no-escepticismo, o al&nbsp;<em>dogmatismo</em>, en términos técnicos. Y ese paso es algo que sablemocho no ha justificado, algo que dejó pendiente.</p>



<p>Pues bien, antes de cerrar esta entrada quisiera ofrecer un sencillo (aunque, me parece, eficaz) argumento en contra del tipo de relativismo que sablemocho parece abanderar. Como vimos, la idea de sablemocho parece ser que no existen verdades absolutas, en el sentido en que la verdad de una oración es siempre relativa a un determinado contexto (a una persona—&#8221;lo que es verdad para mí es falso para ti&#8221;—, o a un pueblo—&#8221;lo que es verdad para nosotros es falso para ellos&#8221;—, o a un tiempo, etc.). Supongamos que esto es verdad; ¿qué decir, entonces, de la oración &#8220;todo es relativo&#8221;? ¿Es&nbsp;<em>su</em>&nbsp;verdad también relativa, o no? Si no lo es, entonces &#8220;todo es relativo&#8221; es una verdad absoluta. No obstante, si &#8220;todo es relativo&#8221; es una verdad absoluta, luego es falso que todo sea relativo. Contradicción. Supongamos ahora que la verdad de &#8220;todo es relativo&#8221; es relativa. En tal circunstancia, sería relativo que todo es relativo, lo cual significa que en ciertos contextos sería verdad que todo es relativo, y en otros no. Pero entonces no&nbsp;<em>todo</em>&nbsp;sería relativo, puesto que habría contextos en los que no todo es relativo. Por tanto, si asumimos que la verdad de la oración &#8220;todo es relativo&#8221; es relativa, entonces se hace necesario concluir que es&nbsp;<em>absolutamente</em>&nbsp;falso que todo es relativo. De nuevo, contradicción.</p>



<p>La conclusión de este argumento es que la idea misma de que todo sea relativo resulta indefendible, pues es auto-refutatoria. Ojo: esto&nbsp;<em>no&nbsp;</em>significa que todo sea absoluto—sea lo que sea que ello quiera decir. Significa que hay al menos una cosa, una oración, cuya&nbsp;<em>verdad</em>&nbsp;no es sensible al contexto. (El mismo razonamiento se aplica,&nbsp;<em>mutatis mutandis</em>, al concepto de &#8220;falsedad&#8221;.) Y una de estas oraciones es, precisamente, &#8220;no todo es relativo&#8221;.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p><a href="http://web.archive.org/web/20231207064048/https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/escepticismo-y-relativismo#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;El término usual en filosofía es &#8220;proposicional&#8221;.</p>



<p><a href="http://web.archive.org/web/20231207064048/https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/escepticismo-y-relativismo#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;El término &#8220;asertivo&#8221; sería más indicado, pues especifica que la actitud en cuestión está dirigida hacia (la verdad de) una&nbsp;<em>oración</em>.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Post-scriptum</h2>



<p>No tengo mucho que agregar a la primera parte de este texto publicado hace casi 16 años. La distinción entre escepticismo y relativismo no debería ser contenciosa. Pude, creo, en algún punto, advertirles acerca de la existencia de dos variedades de escepticismo, el clásico y el moderno, y acotar mi presentación al primero, que es el que creo más se ajusta a la descripción de sablemocho.</p>



<p>El argumento, por otra parte, hoy día me genera mis dudas. Algo que me preocupa es la vaguedad de la oración &#8220;todo es relativo&#8221;, que no comenté. Qué dominio recorre este &#8216;todo&#8217;? En el texto asumí que es algo así como el conjunto de todas las proposiciones (u oraciones (<em>declarativas</em>, btw), si prefieren), pero eso puede ser objetado. Aquí sería bueno conocer algo más acerca de las intenciones comunicativas de sablemocho, que yo despreocupada y algo groseramente di por dadas al redactar este artículo.</p>



<p>Buena parte de la fuerza del razonamiento que formulé depende de lo que se responda a esta cuestión. Pero otra parte depende de la <em>lógica</em> del cuantificador universal &#8216;todos&#8217; que adoptemos. Puede parecer extraño, pero no solamente hay muchos tipos de cuantificación: también hay muchas <em>interpretaciones </em>de los cuantificadores. Esto es profundo y bastante técnico, así que por hoy no puedo ir más a fondo en este tópico. ¿Quizá en una futura serie de entregas?</p>



<p><em>IG: <a href="https://www.instagram.com/pater_doloroso/">@pater_doloroso</a></em></p>
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        <author>Baba</author>
                    <category>La tortuga y el patonejo</category>
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        <pubDate>Mon, 25 Aug 2025 16:35:54 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Escepticismo y relativismo]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>Presidenciales ridículos, ridículos presidenciales</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/ridiculos-presidenciales/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por los frutos del Centro Democrático los conocerás.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p>Esta semana que pasó les dejé sin entrada&#8211;no por desidia o por descomposición anímica (pueden suceder!), sino porque en mis ratos libres también soy programador, y en estos últimos días he andado bastante enchicharronado con el desarrollo de una aplicación para un cliente. Una disculpa, pero como todo lo demás, <em>blogus vitam sequitur</em>.</p>



<p>La semana pasada también fue ocasión de un encuentro fortuito que, creo, justifica una entrada más bien ligera acerca de las infamias a las que la filiación política nos puede llevar. El encuentro me involucró a mí y a X, un connotado político cuyo nombre no revelaré. Les cuento.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El contexto</h2>



<p>En la tarde del jueves pasado yo estaba en una cantina con SF, un brillante ex-alumno de la UNAM a quien no veía desde hacía muchos años. En algún momento tuve que excusarme para ir al baño, y al regresar a mi lugar puede detectar, con la puntica del ojo, un rostro que me pareció muy familiar. &#8220;Güey, creo que el man que está por allá es un político choncho&#8221;, le dije a SF sentándome. Le mostré una foto de X en internet y le pedí que fuera él mismo y confirmara o refutara mi impresión. SF accedió; en efecto, era X.</p>



<p>SF y yo nos quedamos en la cantina otra hora y media, más o menos; saldamos la cuenta, tomamos nuestras cosas y nos dirigimos a la calle. Era inevitable que en nuestra salida cruzáramos la mesa donde X departía con sus acompañantes. Sin pensarlo mucho, decidí abordarlo.</p>



<p>&#8220;Señor X, mucho gusto. ¿Le molestaría si mi amigo y yo nos tomamos una foto con usted?&#8221;. Él respondió: &#8220;Mucho gusto. Claro que no, adelante&#8221;. No recuerdo qué más dije en ese momento, pero X pareció detectar algo en mi acento, y después de nuestro momento Kodak, me preguntó: &#8220;¿Y de dónde es usted, señor?&#8221; &#8220;Colombiano&#8221;, le dije.</p>



<p>Ni en mis más locas fantasías habría podido imaginar que mi respuesta serviría de abrebocas a uno de los chismes más jugosos de la historia política reciente de Colombia.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La anécdota</h2>



<p>X (esto es un hecho) fue uno de los invitados de honor a la ceremonia de investidura presidencial del 7 de agosto de 2022&#8211;un evento que, como todxs recuerdan, estuvo teñido por el tire y afloje entre Duque y Petro en torno al uso de la espada de Bolívar en la toma de protesta del presidente entrante.</p>



<p>Esto es <em><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Investidura_presidencial_de_Gustavo_Petro">vox populi</a></em>. Lo que no es tan conocido es lo heterodoxo de los métodos a los que Duque aparentemente acudió para impedir, hasta el último segundo de su mandato, que la espada fuera removida de Palacio de Nariño. A decir de X, no contento con rechazar la solicitud formal de traslado que el comité de inauguración le había remitido, y ante la insistencia y estupefacción de los encargados del trámite, el presidente saliente llegó al extremo de abrazar la urna que resguarda la espada con toda la amplitud de su generosa humanidad, pretendiendo frustrar, a la medianoche de su dignidad presidencial, cualquier intento por cumplir con el orden de la ceremonia.</p>



<p>Así se quedó, al parecer, clavado a la urna, glúteos de cara al sol, creyendo probablemente que ésa era la última gesta de su administración, su última gran muestra de devoción uribista, hasta el instante fatídico en que el poder presidencial le fue por completo drenado de su&#8230; persona. La espada, por supuesto, hallaría su camino a la plaza que ostenta el nombre de quien nos dio libertad. Duque, entre tanto, me imagino que regodeándose con una victoria que sólo existió en su imaginación, quién sabe dónde acabó ese día.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La conclusión</h2>



<p>Podría haber escogido otros acontecimientos del gobierno Duque, mucho más substantivos, para hacer el punto con el que quiero cerrar esta entrada. Quise, sin embargo, usar esta anécdota, en parte porque me pareció chistosa, y en parte porque, más allá de su verosimilitud, es particularmente efectiva para retratar la nimiedad que siempre fue obvia en este <em>manchild</em> de Cedritos.</p>



<p>Ignoro qué cálculos llevaron a elevar a Duque dentro de la jerarquía del Centro Democrático (CD). Pero lo que sí puedo asegurarles es que en esos cálculos la salud de nuestra república nunca figuró. Nadie con dos dedos de frente y con un interés genuino por el bien común hubiera promovido a Duque-2018 para desempeñar la función presidencial. No obstante, haciendo caso omiso de todos los evidentes <em>red flags</em>, lxs líderes del CD no dudaron en llevar a este señor hasta el Palacio de Nariño&#8211;y todavía quisieron repetir la jugadita cuatro años más tarde, dando muestras de un profundo desinterés por la salud del país, cuando por poco logran entronizar a un mequetrefe llamado &#8220;Rodolfo Hernández&#8221;. ¿Cómo evitar entonces la conclusión, pregunto, de que o bien a la gente del CD le hace falta un poquito de seso, o bien un poquito, o un muchito, de integridad política?</p>



<p><em>IG: <a href="https://www.instagram.com/pater_doloroso/">@pater_doloroso</a></em></p>
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        <author>Baba</author>
                    <category>La tortuga y el patonejo</category>
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        <pubDate>Sat, 16 Aug 2025 18:03:00 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Presidenciales ridículos, ridículos presidenciales]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>¿Por qué un blog de filosofía en El Espectador?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/por-que-un-blog-de-filosofia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Primera entrega de la re-edición de las viejas entradas de La tortuga del patonejo, en la que se presentan algunas razones que respaldan este blog.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><em>(Entrada publicada originalmente el <a href="https://web.archive.org/web/20230321085246/https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/por-que-un-blog-de-filosofia-en-el-espectador">5 Dic 2009</a>.)</em></p>



<p>Si se entiende esta pregunta como “¿por qué en El Espectador y no en El Tiempo (o en El Espacio, ya adentrados en ejemplos escabrosos)?”, la respuesta es obvia: porque en El Tiempo sería muy probablemente censurado, y en El Espacio no les interesaría en lo más mínimo publicarlo—lo cual es de lamentar, siendo El Espacio el periódico preferido por el segmento de población más desfavorecido del país. Creo que una mejor manera de entender la pregunta sería: ¿por qué, y para qué, publicar un blog de filosofía en el sitio internet de uno de los pocos periódicos dignos de tal nombre de Colombia? ¿No es la filosofía un asunto demasiado abstracto para ser abordado por un&nbsp;<em>diario</em>—por un medio cuyo objeto es el presente mismo? ¿Por qué sería bueno incluir en una visita al sitio de El Espectador la lectura de un blog de filosofía?</p>



<p>A la filosofía se le suele concebir como el ejercicio de personas solitarias, extrañas, alejadas del “mundanal ruïdo”,&nbsp; concentradas en pensamientos abstrusos y, finalmente, ininteligibles. A diferencia del científico, el filósofo no provee resultados concretos, no&nbsp;<em>expande&nbsp;</em>el conocimiento. Lo que encontramos en filosofía es un conjunto de teorías en pugna acerca de cómo y qué responder a una serie de preguntas bizantinas, preguntas que nadie más sino los filósofos se hacen y que no tienen mayor importancia para la gente del común. Al final de cuentas, aunque mañana se demostrase la existencia (o la inexistencia) del conocimiento&nbsp;<em>a priori</em>, la vida del señor de los seguros, o la de la ingeniera, no cambiarían. Esto no sucede con la ciencia, pues aunque el lechero y el burócrata poco entiendan de física cuántica o de biología molecular, tienen la—correcta—intuición de que el progreso de la ciencia trae consigo un avance tecnológico y, por consiguiente, un mayor bienestar para la humanidad. Los aviones, las computadoras, la luz, los medicamentos, este mismísimo blog: todo ello es fruto del avance de la ciencia. ¿Y qué ha traído el “avance de la filosofía”—si tal cosa existe?</p>



<p>Esta imagen, aunque caricatural, contiene una gota de verdad, y es que no se le hace justicia a la filosofía al juzgarla con los mismos parámetros bajo los cuales juzgamos a la ciencia. La ciencia no trabaja solamente con&nbsp;<em>conceptos</em>; la filosofía, en cambio, sí. No es la única. La matemática y la lógica también son disciplinas enteramente conceptuales, en el sentido en que no se acude al método experimental para resolver problemas lógicos o matemáticos. Un ejemplo de una pregunta clásica en filosofía es: “¿qué cosa es el conocimiento?”. Nótese que ésta podría ser una genuina preocupación científica; no obstante, la filosofía y la ciencia abordarán esta pregunta desde diferentes perspectivas y, sobre todo, con diferentes herramientas. La neurociencia buscará una respuesta acuñada en términos de los sucesos cerebrales involucrados cuando alguien dice saber algo (“cuando una persona dice saber que las rosas son rojas, las zonas D y F de su cerebro presentan una actividad eléctrica mayor que cuando está observando unas rosas rojas”). En contraste, la filosofía buscará&nbsp;<em>definir&nbsp;</em>o&nbsp;<em>esclarecer&nbsp;</em>lo que entendemos por “conocimiento” mediante un&nbsp;<em>análisis&nbsp;</em>de tal concepto—mediante una investigación de lo que se requiere para que la creencia de una persona pueda ser catalogada como una parte del conocimiento que esa persona tiene,&nbsp;<em>sean cuales sean los procesos físicos involucrados en el proceso cognitivo</em>. La neurociencia busca describir los procesos cerebrales que hacen físicamente posible el conocimiento humano; la filosofía pretende determinar qué hace que tales procesos sean genuinas instancias de conocimiento. Así pues, esperar que la filosofía nos provea del mismo tipo de respuestas que la ciencia es como esperar que un martillo pueda hacer–con éxito–las veces de un clavo.</p>



<p>Estas preocupaciones, naturalmente, son muy generales, y pocas veces se logra llegar a un verdadero consenso acerca de lo que se está juzgando. Sin embargo, no se llega a esta divergencia de opiniones por mero capricho o por especulación gratuita. Se llega a tales discrepancias con base en&nbsp;<em>argumentos</em>, es decir, mediante métodos perfectamente racionales. Y éste es un punto que no está de más enfatizar. Pues la gente del común concibe al filósofo como una persona con ideas locas, confusas u obviamente falsas—mi madre, por ejemplo, cuando abordamos algún tema polémico, me exhorta a&nbsp; pensar como una persona “real”, no como un filósofo. Pero éste es un prejuicio que se basa (como casi cualquier prejuicio) en una profunda ignorancia de lo que se prejuzga. Es indiscutible que algunos filósofos han llegado a pensar cosas muy poco intuitivas—como por ejemplo que no podemos estar seguros de si existe o no un mundo fuera de nuestras mentes—,&nbsp; pero éstos&nbsp;<em>nunca&nbsp;</em>son pensamientos “obviamente falsos”, “confusos” o “locos”. Por el contrario, esos pensamientos están fundamentados en razonamientos&nbsp;<em>deductivos</em>&nbsp;construidos a partir de ideas que el hombre de la calle aceptaría sin rechistar. De tal modo que lo que es obviamente falso no son las ideas del filósofo, sino la opinión del común de la gente de que las ideas del filósofo son obviamente falsas. Por consiguiente, si bien el ejercicio filosófico no suele llegar a la verdad, al menos procura algo que es, por así decirlo, “la antesala de la verdad”: la duda razonable. Es preferible ser circunspectos y tener en claro que muchas de nuestras creencias&nbsp;<em>podrían&nbsp;</em>ser falsas, a vivir en un sueño dogmático donde se toma lo falso por indubitablemente verdadero.</p>



<p>En conclusión, creo que si algo se puede ganar de un paseo quincenal por los jardines de la filosofía, además de un poco de cultura general—que nunca está de más, pero es siempre insuficiente—, es el buen hábito de cuestionar de manera&nbsp; racional lo que tomamos usualmente como exento de duda. En una época tan oscura como ésta, en la que se glorifica la “pasión” del colombiano (un eufemismo para su carencia de pensamiento crítico), en la cual un gran&nbsp; segmento del periodismo se reduce a servir de corifeo a quien detenta un poder casi absoluto, y en la cual personas con las más crasas opiniones posan de intelectuales y sabihondos, un poco de sano escepticismo no está de más.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Post-scriptum</h4>



<p>Ésta fue mi primera entrada en este blog. Apenas ahora caigo en cuenta de que tiene muchos más años de lo que pensaba.</p>



<p>Si tuviera que hacer hoy una entrada con el mismo tema (la utilidad de un blog de filosofía pública en El Espectador), no creo que el argumento que propondría tendría un aspecto muy diferente del que tiene el que originalmente ofrecí.</p>



<p>La conclusión sería la misma: este blog debería servirle al o la lectora en parte para ampliar su cultura filosófica, y en parte para ejercitar su razón especulativa. Ambas son cosas lindas, entretenidas y útiles para fomentar una actitud más circunspecta en torno al cúmulo de ideas, valoraciones, actitudes y puntos de vista que llamamos &#8216;opinión pública&#8217;.</p>



<p>Sin embargo, habría reservado menos tinta para el contraste entre ciencia y filosofía y más para la conexión entre la calidad de nuestras habilidades analíticas y la de nuestra vida política y social. Son tiempos más ásperos. Habría profundizado en la manera en que la filosofía nos permite evaluar nuestro comportamiento vía el examen racional de nuestras creencias. Habría tomado ejemplos puntuales para ilustrar mi tesis: la homofobia, el racismo, la misoginia y el fanatismo político o religioso son algunos de los que primero se vienen a la mente.</p>



<p>Incidentalmente, creo que habría añadido algo acerca del valor agregado que la voz del o de la filósofa le aporta al debate público. ¿Qué ponemos, mis colegas y yo, sobre la mesa? No quiero extenderme sobre este punto, así que intentaré ser breve. En una frase: una imaginación curtida por la contemplación de la posibilidad, embridada con rigor por el cultivo de la lógica, y motivada por el deseo de hallar algo bello, bueno y verdadero en este triste y bajo mundo.</p>



<p><em>IG: <a href="https://www.instagram.com/pater_doloroso/">@pater_doloroso</a></em></p>
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        <author>Baba</author>
                    <category>La tortuga y el patonejo</category>
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        <pubDate>Sat, 02 Aug 2025 19:32:33 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>Nota rápida: la condena de Uribe</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/condena-de-uribe/</link>
        <description><![CDATA[<p>Del reciente fallo de la jueza Heredia y el infantilismo político colombiano.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Celebro, por muchas razones, la condena de Uribe; celebro a y me quito el sombrero ante la jueza Heredia, por un trabajo hecho con seriedad, riguroso y pormenorizado. Los argumentos de la jueza ahí están; son cosa pública. En unos días usted y yo podremos ir a revisarlos en la red, checar la evidencia y los principios legales invocados, y juzgar por nosotrxs mismxs la calidad del razonamiento que llevó a la jueza a condenar a Uribe. Esta escrutabilidad, dicho sea de paso, es una cosa bella de nuestro sistema de justicia, por nimia u obvia que parezca. La transparencia no es un extra que se le añade a la práctica y administración de la justicia; es, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Sobre_la_paz_perpetua">como sabía Kant</a>, una parte constitutiva de ellas.<br><br>Es una desgracia para esta nación que buena parte de quienes han depositado su confianza en Uribe a lo largo de muchos años, en lugar de sentirse defraudadxs y manipuladxs, <em>o tan siquiera</em> <em>perplejxs</em>, ante la copiosa evidencia que la jueza presentó, sientan por el contrario que quienes les timó fue la rama del poder que se encarga de impartir justicia, y salgan a demonizar a la jueza Heredia y, de paso, <a href="https://724noticias.com.co/2025/07/28/una-justicia-politizada-el-juicio-del-siglo-termina-empanado-por-la-ideologia-y-la-venganza/">a enlodar a toda la judicatura</a>. Este comportamiento está tipificado: se le conoce como <em>infantilismo</em>. </p>



<p>De nuevo: los argumentos y la evidencia están ahí. Si quieren disputar seriamente el fallo, primero conózcanlo bien. Es alrededor de los argumentos y de las pruebas presentados por la jueza que cualquier discusión acerca la condena de Uribe debe circunscribirse. El resto es bulla, <a href="https://www.eltiempo.com/politica/partidos-politicos/maria-fernanda-cabal-reacciona-ante-la-lectura-del-fallo-de-la-audiencia-contra-el-expresidente-alvaro-uribe-vendra-apelacion-3476199">propaganda</a>, fanatismo o más <a href="https://www.msn.com/es-co/noticias/mundo/marco-rubio-habló-de-condena-de-álvaro-uribe-el-único-delito-del-expresidente-ha-sido-luchar-incansablemente-y-defender-su-patria/ar-AA1JsNQQ">mierda politiquera</a>.</p>



<p>La calidad de un sistema en el que el poder político está uniformemente distribuido depende en parte de la calidad de los estados mentales de aquellxs entre quienes este poder se distribuye. Concluyo que si el revanchismo, la soberbia y el encono, que son pasiones que por su propia naturaleza tienden a ocultarnos el verdadero bien público, prevalecen sobre la ecuanimidad y la prudencia, la nuestra seguirá siendo una democracia disfuncional, inarmónica, errática, confundida. </p>



<p>IG: <a href="https://www.instagram.com/pater_doloroso/">@<em>pater_doloroso</em></a></p>
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        <author>Baba</author>
                    <category>La tortuga y el patonejo</category>
                    <category>Política</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=118634</guid>
        <pubDate>Tue, 29 Jul 2025 17:29:41 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Nota rápida: la condena de Uribe]]></media:description>
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            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El gran reencauche</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/el-gran-reencauche/</link>
        <description><![CDATA[<p>Se viene la re-edición de La tortuga y el patonejo.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>No supe cómo, ni por qué, ni cuándo, ni nada, pero hace un par de meses que quise publicar algo en este blog, caí en cuenta de que las treinta y tantas entradas que había publicado a lo largo de casi diez años de irregular colaboración con El Espectador, ahora se reducían a <em>tres</em>. Para colmo de males, una de éstas, en mejores tiempos la segunda entrega de una serie tripartita dedicada a lo que se conoce en filosofía como &#8216;el problema mente-cuerpo&#8217;, era ahora la segunda entrega <em>de una</em>. Si usted es de los que creen que esto no tiene sentido alguno, ya somos dos. Pero por favor no me increpe <em>a mí</em>: increpe a lxs editorxs de esta sección, quienes se tomaron la libertad de eliminar prácticamente todo mi contenido del sitio de Blogs de El Espectador, por la derecha, sin previo aviso ni bendición de mi parte.</p>



<p>En el momento en el que escribo no tengo ciencia cierta de qué fue lo que sucedió. Sé que a comienzos del año pasado lxs editorxs decidieron darle una enchuladita a la sección de blogs de El Espectador; que aparentemente me mandaron un correo; que éste nunca me llegó, y que en efecto el contenido que mencioné fue dado de baja&#8211;según criterios editoriales que aún no me comparten pero que, dado lo absurdo de sus resultados, en verdad me encantaría conocer. Si usted visita mi <a href="https://blogs.elespectador.com/author/latortugayelpatonejo/">página personal</a> en este diario notará que, junto con ésta, sólo aparecen tres entradas más. (Eliminé la entrada sobre el problema mente-cuerpo, pues sin el contexto brindado por la primera entrega, leer la segunda era tan áspero como tragarse un milhojas de cartón.)</p>



<p>Aquí podría comenzar a despotricar de lo lindo en contra de tan amables editorxs, porque razones no me faltan. Pero no hallo la motivación. Quién sabe qué les pasó por la cabeza a estas personas. Últimamente encuentro que la seriedad es un activo más bien raro en este negocio.</p>



<p>Por fortuna, existe una herramienta del <a href="http://web.archive.org">Internet Archive</a> que permite recuperar contenidos purgados de sitios web como los de El Espectador. Me alivió mucho saber esto porque, siendo un incauto usuario de esta plataforma (y no habiendo experimentado antes problema alguno), no contaba con un respaldo de <em>ninguna</em> de mis entradas (mea culpa). No es que piense que, mas allá de lo que incumbe a mi auto-biografía, todas ellas son de gran valor; pero, para parafrasear a <a href="https://www.ulb.uni-muenster.de/en/sammlungen/nachlaesse/sammlung-frege.html">Frege</a>, algo de valor puede encontrarse en ellas&#8211;o al menos eso creo. </p>



<p>Éstas son las razones que me compelen a re-publicar esas viejas entradas que una insólita directiva eliminó, en la espera de una respuesta oficial que devele la justificación editorial de esa directiva. Todavía pondero si hacer adendas o no a los textos reciclados. Probablemente lo haga; podría estar bonito.</p>



<p>No me encanta el plan de &#8216;reencauche&#8217; que les propongo; hubiera preferido no hacerlo y, sobre todo, no <em>tener </em>que hacerlo. Pero yo ya expuse aquí mis razones; quienes guardan silencio, incluso después de mis explícitos y al menos por ahora desatendidos reclamos, son otras personas.</p>



<p>IG: <a href="https://www.instagram.com/pater_doloroso/">@<em>pater_doloroso</em></a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Baba</author>
                    <category>La tortuga y el patonejo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=118165</guid>
        <pubDate>Wed, 23 Jul 2025 16:50:12 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El gran reencauche]]></media:description>
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            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>De lo que Petro nos lega</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/la-tortuga-y-el-patonejo/de-lo-que-petro-nos-lega/</link>
        <description><![CDATA[<p>Con esta administración, las fuerzas de izquierda han tenido la plataforma institucional para probarse ante la ciudadanía como una opción de gobierno constructiva.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Creo que muchxs como yo pensamos, el día de su elección, que al presidente Petro le iba a suceder lo que sucedió al alcalde Petro. La antipatía, cuando no la abierta hostilidad, por parte de los medios tradicionales. Un congreso empeñado en asesinar en cuna a cualquier proyecto de ley impulsado por el primer gobierno de genuina alternancia (al menos) desde el Frente Nacional. La eterna renuencia de los gremios industriales para elevar los estándares de vida de lxs trabajadorxs colombianxs. Un presidente mercurial rodeado de un gabinete hiperfluctuante, amorfo, inefectivo. Y al cabo de 4 años, naturalmente, un balance de gobierno magro y un retorno de las fuerzas de antaño al control del ejecutivo.</p>



<p>Hoy día, a menos de un año del siguiente ciclo electoral, creo prudente afirmar que lo que muchxs como yo pensamos hace tres años y pico no estará <em>tan</em> lejos de lo que terminará por suceder. Sin embargo, existen logros de la administración Petro (la reforma laboral y la pensional, en particular) que, en lo personal, nunca pensé que podría tramitar. Me alegra haberme equivocado. Falta aún ver qué sucede con las reformas al tributo y a la salud, así como las últimas entregas de la más bien malograda Paz Total. Pero dada la inminencia de las elecciones presidenciales y <a href="https://cambiocolombia.com/poder/remezon-ministerial-estatua-de-la-libertad-en-cartagena-hipopotamos-india-y-ayuda-en-gaza-el">el remezón ministerial por venir</a>, no estoy convencido de que mucho se pueda avanzar en esos frentes. Espero equivocarme otra vez.</p>



<p>Ahora bien, al margen de lo que pueda o no cosecharse en estos frentes, creo que existe algo importante que decir acerca del legado de este gobierno que no es común encontrar abordado en la arena pública. Y no es común porque no es algo como una reforma, una ley o una desmovilización, que son cosas más o menos tangibles y que pueden ser señaladas o cuantificadas. Es algo más sutil, más abstracto, pero que, a mi juicio, marca un hito en la historia política del país.</p>



<p>Con esta administración, las fuerzas de izquierda han tenido por primera vez la plataforma para generar políticas públicas que les permitieran probarse ante toda la nación como una opción de gobierno <em>constructiva</em>, y para configurar instituciones que buscan impactar positivamente la calidad de vida de muchxs colombianxs, sean éstxs o no votantes del Pacto Histórico. Ejemplos de estas iniciativas son el nuevo régimen laboral, que <a href="https://www.swissinfo.ch/spa/petro-firma-la-ley-de-la-reforma-laboral%2C-una-de-sus-mayores-victorias-legislativas/89582933">vuelve a poner el acento en la protección del trabajo</a> y revierte el proceso de precarización que se había acelerado desde el gobierno Uribe, y un nuevo sistema de pensiones que pretende <a href="https://blog.bancolombia.com/actualidad/cambios-reforma-pensional/">ampliar la cobertura básica de nuestrxs ancianxs más desprotegidxs y reducir el número de personas en situación de pobreza extrema</a>. Podremos diferir acerca de sus pormenores o de su implementación, pero es difícil argumentar (al menos seriamente) en contra de lo bien fundado de estas reformas.</p>



<p>Por otro lado, el gobierno Petro, ya próximo a su salida, confirma que las fuerzas de izquierda pueden llegar al poder por vías democráticas, y que su permanencia en y salida del mismo no implican ninguna perturbación del orden institucional. Al caer el telón, Colombia, después de su primer gobierno progresista, no se &#8220;convirtió en ninguna Venezuela&#8221;. Esto no sólo entraña la refutación de un trillado <em>talking point</em> de la derecha, sino la consagración de una genuina alternativa política para lxs colombianxs, que no se siente incómoda por navegar entre la Caribdis de las tradicionales propuestas del centro y la derecha, y la Escila del estigma guerrillero.</p>



<p>A futuro, y pase lo que pase en 2026, la izquierda podrá reclamar como suya una serie de leyes e iniciativas diseñadas para paliar la enorme brecha social en Colombia y conquistadas por vías de derecho. En un país como el nuestro, históricamente empecinado en mantener por fuera del poder a las fuerzas progresistas y vecino de uno de los peores ejemplos de autoritarismo &#8220;de izquierda&#8221; de la región, éstos son resultados prometedores que es necesario afianzar y profundizar.</p>



<p>IG: <a href="https://www.instagram.com/pater_doloroso/">@<em>pater_doloroso</em></a></p>



<p></p>
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        <author>Baba</author>
                    <category>La tortuga y el patonejo</category>
                    <category>Política</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=117974</guid>
        <pubDate>Thu, 17 Jul 2025 18:38:22 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[De lo que Petro nos lega]]></media:description>
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