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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Pablo de Narváez, Bloguero de Blogs El Espectador</title>
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        <title>Nairo, humildad indomable</title>
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        <description><![CDATA[<p>Hay un silencio que solo se encuentra en las cumbres y los vientos de Boyacá. Es un silencio que no es vacío, sino una forma de fortaleza acumulada. Ese es el mismo silencio que Nairo Quintana exportó al mundo: el de un corredor que no necesitó gritar para mandar, porque su autoridad emanaba de un [&hellip;]</p>
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<p>Hay un silencio que solo se encuentra en las cumbres y los vientos de Boyacá. Es un silencio que no es vacío, sino una forma de fortaleza acumulada. Ese es el mismo silencio que Nairo Quintana exportó al mundo: el de un corredor que no necesitó gritar para mandar, porque su autoridad emanaba de un diálogo interno forjado en la piedra y el páramo.</p>



<p>Hoy, el “Cóndor de los Andes” ha decidido ponerle fecha al cierre de sus alas. “<em>Esta es la última temporada que hago como ciclista profesional. Cada carrera que haga este año será esa gran fiesta, ese gran último baile en cada una de las competiciones. Quiero disfrutar con los aficionados y con cada una de las personas que han estado a mi lado</em>&#8220;, declaró Nairo hace unos días.</p>



<p>El pedalista no llegó al profesionalismo por una alfombra roja; llegó por una urgencia dictada por la geografía. En su Cómbita del alma, donde creció tras haber nacido en Tunja, la bicicleta fue la herramienta para acortar distancias, convirtiendo el esfuerzo físico en una rutina aceptada desde la infancia. Esa génesis le dio forma a su humildad: una mezcla de sencillez y fuerza mental que le permitió enfrentar los obstáculos más crudos sin perder el norte.</p>



<p>Lo que hizo diferente fue su capacidad para no dejar que la presión le borrara la sonrisa. En un deporte de alta exigencia, en el que la tensión suele opacar las actitudes, Nairo logró conservar el disfrute. Su alegría fue una fuente de optimismo que le permitió pedalear con la frescura de quien entiende el ciclismo también como juego: a bordo del juguete propio de la libertad.</p>



<p>Antes de dar el salto a Europa, ya anunciaba su clase al ganar el Tour de l&#8217;Avenir en 2010. Su éxito maduró gracias a una consistencia envidiable y a un entrenamiento que desarrolló sus pulmones y le dio la templanza para decidir con claridad cuando el límite físico pone a prueba la lucidez de los demás. Al irse joven a España, se sometió a un cambio de vida radical, pero su arraigo le permitió conservar una capacidad de aguante que se convirtió en su mejor arma.</p>



<p>Aunque Nairo parecía tocado por la varita, su talento fue un diamante en bruto perfeccionado con rigor y con la guía y el respaldo de una estructura del Movistar Team. Su condición de escalador lo consagró como especialista, capaz de dominar los ascensos largos con una ligereza que marcaba diferencias en los puertos de categoría especial. Plantó bandera con una inteligencia táctica superior; fue un estratega que supo interpretar la carrera para golpear en el momento exacto. Su estilo se alejaba del esfuerzo tosco para abrazar una cadencia armónica y una eficiencia técnica que le permitirían sostener la regularidad incluso en situaciones de máxima exigencia.</p>



<p>El corredor le dio nuevos matices a la imagen del ciclista colombiano, superando el estereotipo del escalador puramente instintivo para convertirse en un verdadero ajedrecista de la montaña. Su época dorada lo llevó a protagonizar duelos memorables contra Froome y Contador. Fue Nairo quien, en la Vuelta a España de 2016, ejecutó junto a Alberto aquella emboscada camino de Formigal que dejó sin respuesta al Sky, sellando una victoria que hoy es referencia de inteligencia estratégica en el ciclismo moderno.</p>



<p>Su palmarés es el mapa de esa hegemonía, acumulando un total de 51 victorias profesionales entre clasificaciones generales y triunfos de etapa. En este registro resaltan el histórico triunfo en el Giro de Italia de 2014, la victoria en la Vuelta a España de 2016 y los tres podios en el Tour de Francia conseguidos en 2013 (segundo), 2015 (segundo) y 2016 (tercero). Su dominio se extendió a las pruebas por etapas más prestigiosas, sumando títulos en la Volta a Cataluña, el Tour de Romandía, la Vuelta a Asturias y el bicampeonato en la Tirreno-Adriático, entre otras. Tras su paso por el Arkea regresó al Movistar, una señal más de la lealtad con sus raíces. </p>



<p>Visto de cerca, Nairo es el triunfo de la autodisciplina. Visto de lejos, es el símbolo de cómo la constancia potencia el talento natural hasta llevarlo a lo más alto. Al final, su carrera se explica por la templanza y la resistencia de la piedra, la astucia del cóndor y la laboriosidad y la humildad del escarabajo. </p>



<p>Disfrute los últimos bailes, maestro.</p>



<p>📸 Foto: @MovistarTeam</p>



<p></p>
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        <author>Pablo de Narváez</author>
                    <category>El telescopio</category>
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        <pubDate>Fri, 27 Mar 2026 21:30:33 +0000</pubDate>
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        <title>Correr, herencia de nuestra evolución</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/deportes/el-telescopio/correr-herencia-de-nuestra-evolucion/</link>
        <description><![CDATA[<p>Al amanecer, cuando la ciudad apenas comienza a descifrarse o cuando el sol se despide y la luz remarca un borde tenue sobre tejados y edificios, los corredores aparecen como una especie aparte. Figuras que emergen entre la penumbra y el ocaso, cruzan avenidas, bordean parques, zapatean sobre la ciclorruta. A diferencia del ciclismo o [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Al amanecer, cuando la ciudad apenas comienza a descifrarse o cuando el sol se despide y la luz remarca un borde tenue sobre tejados y edificios, los corredores aparecen como una especie aparte. Figuras que emergen entre la penumbra y el ocaso, cruzan avenidas, bordean parques, zapatean sobre la ciclorruta.</p>



<p>A diferencia del ciclismo o del boxeo —pilares indiscutibles de la identidad deportiva colombiana—, el atletismo no ocupa un lugar simbólico equivalente, aunque ha dado campeones y gestas memorables. No es considerado un deporte nacional, pero su práctica crece sin pausa: hoy, más de tres millones de colombianos corren y se organizan alrededor de unas 200 competencias al año. Tal vez porque correr es, antes que una disciplina, un impulso primitivo: una forma de recordarnos quiénes fuimos mucho antes de que existieran pistas o cronómetros.</p>



<p>La antropología lo confirma. Cuando el ser humano todavía era nómada, ya corría. Una de las hipótesis más aceptadas sobre nuestra resistencia es la del <em>persistence hunting</em>: perseguir a un animal durante horas, a ritmo constante, hasta que colapsara por agotamiento. Correr no era un pasatiempo: era una estrategia de supervivencia que, a la vez, marcó nuestra evolución. El tendón de Aquiles como resorte, el arco del pie como palanca, la capacidad de disipar calor en movimiento: todo lo que hoy asociamos al deporte fue, alguna vez, una herramienta para vivir.</p>



<p>Ese legado biológico sigue ahí. Lo muestran los Rarámuri de la Sierra Tarahumara —capaces de recorrer distancias inmensas con sandalias mínimas— o los corredores del Valle del Omo, en Etiopía, cuya eficiencia parece heredada de un tiempo remoto. Incluso en su versión más urbana, con aplicaciones, relojes y tenis de alta tecnología, correr conserva ese pulso antiguo, inextinguible, trascendente.</p>



<p>En las ciudades, el <em>running</em> está reconfigurando la manera en que habitamos el espacio público: a veces en silencio, otras con la contundencia de una avenida tomada los domingos. En Bogotá, por ejemplo, la Carrera Séptima se convierte en ciclovía y recibe a miles de corredores que recorren sus pasos; en Medellín, las rutas junto al río enlazan barrios y rutinas; y en Cali, Bucaramanga o Pereira, el fenómeno se adapta a la topografía y a la cultura urbana de cada lugar. Y así, se replica en cientos de lugares alrededor del mundo.</p>



<p>Pero esta práctica no sólo ocurre en la ciudad: también se abre paso en montañas, senderos y playas, donde la pisada y la respiración se mezclan con la trocha, la arena o la sal.</p>



<p>Correr, además, funciona como una lectura social del país. Cada paso traza un mapa emocional que revela cómo está el entorno: dónde el espacio acompaña y dónde se queda corto. La iluminación, el pavimento o la seguridad condicionan quién puede moverse con libertad y quién debe adaptarse a circunstancias que no deberían existir. Aunque es uno de los deportes más democráticos, el <em>running</em> expone desigualdades en la manera en que ocupamos o evitamos ciertos territorios.</p>



<p>Es, pues, tanto elemental como poderoso. Un regreso a un ritmo que cruza nuestra historia como especie, los lugares que habitamos y las desigualdades que enfrentamos. Esta práctica atesora una ética y una épica propias. Cada zancada guarda una memoria antigua y una posibilidad futura, pero ocurre en un presente total. Esa es su paradoja: avanzar mientras se habita por completo el instante, en un estado que roza lo terapéutico y lo meditativo. Por eso, cuando nos lanzamos a la ruta prolongamos una historia que empezó antes que nosotros y que nos trasciende. Una historia que, pese a todo, recuerda que este acto simple —y profundamente humano— sigue siendo una de las maneras más honestas de estar en el mundo.</p>



<p></p>



<p>📸: Daniel Reche</p>
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        <author>Pablo de Narváez</author>
                    <category>El telescopio</category>
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        <pubDate>Sat, 06 Dec 2025 23:30:32 +0000</pubDate>
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        <title>Rugby, y la poética del juego</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/deportes/el-telescopio/rugby-es-poesia/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿En qué parte del espíritu humano brota la atracción que el rugby produce? ¿Qué dimensión de la consciencia alborota el juego que se juega con una pelota que no es redonda? ¿Que lleva a un juego a desprender los rasgos más primitivos y a coleccionar como ningún otro el valor del colectivismo? En estos días [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p><span style="font-size: revert">¿En qué parte del espíritu humano brota la atracción que el rugby produce? ¿Qué dimensión de la consciencia alborota el juego que se juega con una pelota que no es redonda? ¿Que lleva a un juego a desprender los rasgos más primitivos y a coleccionar como ningún otro el valor del colectivismo?</span></p>



<p>En estos días Francia cautiva al mundo del rugby. Allí se juega la Copa Mundial, también conocida como la Webb Ellis Cup, apellidos del hombre a quien la leyenda le atribuye la invención de ese deporte. El mito reza que el rugby nació en pleno partido de fútbol, cuando en un rapto revolucionario, uno de sus jugadores atrapó la pelota con la mano y salió despedido, abrazándola, hacia el arco rival. No está nada mal pensar semejante hecho como su origen. Aunque algunos estudiosos dilapidan esa teoría aduciendo falta de pruebas. Lo cierto es que su nacimiento data del amanecer de 1820 en el Reino Unido en una escuela primaria al compás, sí, de la atracción que despertaba el fútbol, deporte contranatural que acaparaba la atención de la juventud.</p>



<p>Las semifinales de la Copa del Mundo de Rugby 2023 ya están listas. El Stade de France en Saint-Denis en París será anfitrión de Nueva Zelanda versus Argentina el viernes, e Inglaterra versus Sudáfrica, campeón defensor, el sábado.</p>



<p>El rugby es un juego-deporte que combina con mayor belleza valores arcaicos, rudimentarios, salvajes y naturales. Subyacen pureza y rudeza, tradición y supervivencia, solidaridad y lealtad. Un juego que contempla la mismísima vida en sociedad. Los equipos son comunidades en las que el individuo depende indefectiblemente del compañero, del otro, de los otros. Hay especímenes cracks, por supuesto, que pueden definir partidos; sin embargo, su dominio, su preponderancia individual, solamente es tal si se construye hombro a hombro, pase a pase y paso a paso, metro a metro.</p>



<p>Cada equipo se divide en dos segmentos: los<em> forwards</em> y los <em>backs</em>. Los <em>forwards</em> son la fuerza de choque del equipo, quienes se encargan de detener los avances ofensivos rivales, de avanzar con la pelota y también disputan la ovalada en las formaciones fijas como el<em> scrum</em>, quizás una de las jugadas más relevantes. Por su parte, los <em>backs</em> están posicionados detrás de los forwards, y se encargan de recibir la pelota y de crear y materializar las oportunidades de ataque y de gol con virtudes de habilidad, agilidad y velocidad.</p>



<figure class="wp-block-image"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="300" height="167" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/10/Captura-de-Pantalla-2023-10-17-a-las-1.0-300x167.png" alt="" class="wp-image-96837" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/10/Captura-de-Pantalla-2023-10-17-a-las-1.0-300x167.png 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/10/Captura-de-Pantalla-2023-10-17-a-las-1.0-150x84.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/10/Captura-de-Pantalla-2023-10-17-a-las-1.0-768x428.png 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/10/Captura-de-Pantalla-2023-10-17-a-las-1.0.png 816w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></figure>



<p></p>



<p>La cancha, como en un tablero de ajedrez, es el campo de batalla en el que afirmarse es el puntapié para avanzar, y avanzar es crecer y crecer es conquistar. Que un jugador avance muchos metros con la pelota, sólo, no es común ni es tarea fácil. Casi siempre tiene enfrente a rivales amurallados. La regla marca que hay dos formas de ir hacia adelante en busca del <em>try</em> (el gol) en los casi 100 metros de largo de una cancha: con el pie, o con las manos por medio de pases horizontales a la línea de la pelota o hacia atrás (aquellos con los que se corren menos riesgos de ser sancionado con la pérdida de la posesión). Allí está la esencia de la poética —su épica y su estética— del rugby: para vislumbrar el futuro se recrea el presente reconociendo el pasado.</p>



<p>Al comienzo de cada partido, que dura 80 minutos, el equipo que saca le cede la pelota al otro por medio de una patada hacia adelante, una señal de honor y también de que hay momentos en los que importa más ganar terreno que dominar la herramienta.</p>



<p>En este video hermoso y emocionante están los últimos minutos del match de cuartos de final del Mundial entre Irlanda y Nueva Zelanda. Unos, tratando de anotar para pasar adelante del marcador y ganar; otros, defendiendo el resultado a ultranza. Ambos, con el corazón en la mano. Una pieza maestra sobre la defensa y el ataque, sobre la fuerza de la voluntad y de la persistencia, sobre la cooperación y el choque de fuerzas. Una clase sobre intentar y resistir.</p>



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<p>Cuantos significados nos regala el rugby. Para aquellos que les interesan los deportes desde múltiples aristas —la psicológica, la antropológica, la lúdica, la física, la metafísica—, vale la pena ver algún partido, por qué no, alguna de las semifinales, y dejarse sorprender por su magia y su misterio. Las lecciones y la pedagogía del rugby revelan nuestra humanidad.</p>



<p><strong>Créditos Fotos<br>Apertura: </strong>Reuters<strong><br>Desarrollo: </strong>PA Images</p>
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        <author>Pablo de Narváez</author>
                    <category>El telescopio</category>
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        <pubDate>Tue, 17 Oct 2023 00:18:55 +0000</pubDate>
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        <title>Goles de piedra</title>
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        <description><![CDATA[<p>&nbsp; El deporte es un medio de expresión maravilloso. El Campeonato Mundial Femenino de Mayores 2023, organizado por FIFA en Australia y Nueva Zelanda, vaya si nos habló. Este domingo, España se coronó campeona luego de derrotar a Inglaterra 1 a 0 en un partido áspero y vibrante. Los resultados que consiguieron selecciones como Jamaica [&hellip;]</p>
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<p>El deporte es un medio de expresión maravilloso. El Campeonato Mundial Femenino de Mayores 2023, organizado por FIFA en Australia y Nueva Zelanda, vaya si nos habló. Este domingo, España se coronó campeona luego de derrotar a Inglaterra 1 a 0 en un partido áspero y vibrante. Los resultados que consiguieron selecciones como Jamaica (clasificó a octavos de final dejando a Brasil por fuera en fase de grupos), Colombia (pasó a cuartos de final derrotando al poderío alemán en fase de grupos) y la misma España, por ejemplo, emocionan tanto por lo que significaron en la arena deportiva, como por su valor político y cultural.</p>



<p>Las selecciones y sus hacedoras hablan claramente de esta etapa del camino de luchas y de conquistas de las mujeres en el fútbol, un deporte inundado por la idiosincrasia patriarcal, por la tradición masculina y las barreras ideológicas que son, acaso, más importantes de enfrentar para doblegar que el trofeo más lindo y esculpido, o que el rival más versado. Ellas, siguen construyendo, a pulso, el reconocimiento que históricamente desde la creación de este juego y a lo largo de los días les ha sido negado con obstáculos e inequidades.</p>



<p>Las mujeres en el deporte —y en muchos otros ámbitos— nos han vuelto a dar en este campeonato mundial una muestra de carácter, fortaleza, sensibilidad, trabajo en equipo e ímpetu. Practicar un deporte, más si hablamos en el nivel élite, y entrenar para lograr objetivos de ese tenor, mejora el potencial no sólo físico, sino también intelectual y cognitivo, prolonga la vida en cualquiera de sus etapas, es decir, aporta juventud; aumenta el rendimiento y proporciona libertad física. Y debería, también, proporcionar libertad social.</p>



<p>En la ceremonia final se dio un escandaloso episodio protagonizado por Luis Rubiales, presidente de la Federación&nbsp;Española&nbsp;de Fútbol,&nbsp;quien le dio un beso en la boca, en un gesto fuera de lugar, cuanto menos abusivo de poder y de género, a&nbsp;la jugadora española Jenni Hermoso, tras colgarle la medalla. Un retrato del machismo campante. O como sigue sucediendo con periodistas, en este caso en Colombia &nbsp;—que seguro se replica en otros lugares—, que se jactan de ser &#8220;deportivos&#8221; y referentes en el medio, llamando &#8220;niñas&#8221; a jugadoras profesionales.</p>



<p>La falta de decisiones que afirmen la equidad con los hombres en cuanto a sueldos, premios, contratos, la ausencia de políticas que permitan crear estructuras y organizar competencias y ligas profesionales locales, la precariedad en apoyos y patrocinios y la evidente y reducida cobertura mediática, son también besos improcedentes, irrespetuosos, en contravía del tiempo. Comportamientos y actitudes que debemos deconstruir, prejuicios y estereotipos de género que debemos desnaturalizar y abolir de tajo —con un golpazo de piedra letal—, reconociendo que todo comienza por el gesto y por la palabra; lo que hacemos y lo que decimos.</p>



<p>El deporte afirma voluntad y espíritu, armonía y fortaleza, estética y épica. Además, si fuera poca su riqueza, afirma la dignidad del ser humano desde su cuerpo con sus posibilidades y con sus límites. Esta perspectiva humanista es la que debemos rescatar para, esta vez, ser nosotros los que les hablamos a las mujeres que participaron en el Mundial y que nos regalaron un campeonato de alto vuelo, divino, para honrar sus logros, sus capacidades, sus merecimientos</p>



<p>Foto: Agencia EFE</p>
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        <author>Pablo de Narváez</author>
                    <category>El telescopio</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=95987</guid>
        <pubDate>Mon, 21 Aug 2023 13:42:38 +0000</pubDate>
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