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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Eduardo Barajas Sandoval, Bloguero de Blogs El Espectador</title>
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        <title>La Arzobispa</title>
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        <description><![CDATA[<p>Berta, de la dinastía de los Merovingios, hija del rey Charibert I de París y esposa cristiana del pagano Æthelberht, Rey de Kent, obtuvo a finales del Siglo VI licencia de su marido para reparar una primitiva iglesia romana abandonada en Canterbury, capital del Reino. Con la ayuda de su capellán Liudhard, fundó entonces el [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Berta, de la dinastía de los Merovingios, hija del rey Charibert I de París y esposa cristiana del pagano Æthelberht, Rey de Kent, obtuvo a finales del Siglo VI licencia de su marido para reparar una primitiva iglesia romana abandonada en Canterbury, capital del Reino. Con la ayuda de su capellán Liudhard, fundó entonces el templo de San Martin, la edificación cristiana más antigua todavía en uso en Inglaterra, que se alza con sus añejos ladrillos dentro del conjunto dominado por la Catedral de Canterbury, que por artes del destino y la conveniencia monárquica vino a ser la sede principal de la Iglesia Anglicana.&nbsp;</p>



<p>Las huestes del Imperio Romano habían abandonado hacía poco Britannia, y el espacio estaba abierto para que los nuevos reinos anglosajones que se repartían el poder tomaran el camino de retorno al paganismo. Circunstancia que entendió Berta y lo mismo el Papa Gregorio I, llamado “el grande”, como oportunidad para acometer una tarea evangelizadora que el pontífice encomendó a Agustín, abad de un monasterio benedictino en Roma. Ese es el origen de “la silla de San Agustín” que después de 1400 años ha venido a ocupar una mujer, la arzobispa Sarah Mullally. </p>



<p>Agustín, que según la estrategia del papa debía ir a Londres, prefirió quedarse en Kent, donde Berta y su esposo le ofrecieron tierra. Llegó con cuarenta monjes, construyó una abadía y desarrolló una admirable campaña de conversiones, hasta que fue designado por el Papa como Arzobispo de Canterbury en 597, con lo cual se abrió el camino a la tradición del cristianismo británico que llegó a ser tan importante como para convertirse desde entonces en aliado fundamental del poder político, particularmente a partir de la fundación de la Iglesia de Inglaterra, separada de Roma, a instancias de Enrique VIII.&nbsp;</p>



<p>Si bien hubo cristianos en las islas británicas desde el Siglo I, y sus creencias figuraban como una de las muchas que pululaban en comunidades todavía primitivas, la conversión de Æthelberht, a instancias de su mujer, fue un punto culminante en el rumbo que tomarían las cosas, pues ese primer rey convertido a la fe cristiana poco a poco se convirtió en ejemplo y referente para otros. El “secreto”, aunque parezca pagano y pragmático decirlo, es que la adopción del cristianismo llevaba la ventaja de imitar al emperador oriental Constantino, descubridor del poder de la integración de iglesia y Estado.&nbsp;</p>



<p>A partir de entonces, la importancia de Canterbury fue definitiva en la evolución de la vida británica, y ello se manifestó en el desarrollo mismo de la lengua inglesa, lo mismo que en eventos y avances democráticos que vinieron a tener eco que todavía resuena en los más variados escenarios del mundo. Todo esto además de mantener una vigencia fundamental en el desarrollo de una organización religiosa que incluyó nada menos que la fundación de una iglesia propia, la anglicana.</p>



<p>El 29 de diciembre de 1170 Thomas Becket, arzobispo de Canterbury, fue brutalmente asesinado por cuatro caballeros al servicio del Rey Enrique II en el interior de la catedral, después de haber reñido con el monarca, anteriormente su amigo, en cuanto a la supremacía de la autoridad real sobre la de la iglesia. Como suele suceder, quedó la duda de si los asesinos recibieron la orden de matar a Becket, o si le quitaron la vida como gesto exagerado de busca de privilegios del monarca. Lo cierto es que, desde entonces, Becket se convirtió en santo y el sitio de su asesinato en lugar de peregrinación con profundo sentimiento popular.&nbsp;</p>



<p>Stephen Langton, arzobispo de Canterbury en 1215, jugó un papel importante en las negociaciones entre el Rey Juan y los barones, al punto que se dice ayudó a redactar nada menos que la Carta Magna, que vino a establecer el principio de que nadie está por encima de la ley, incluido el monarca. Fundamento de la futura democracia inglesa, anterior a las demás de occidente y sobreviviente a todas las vicisitudes de la historia interna e internacional, que no han sido pocas.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Geoffrey&nbsp;<ins>Chaucer se instaló allí</ins>&nbsp;<ins>entre 1387 y 1400</ins>&nbsp;para escribir sus 24&nbsp;<ins>célebres Cuentos de Canterbury, que representaron la “liberación” de la lengua inglesa</ins>&nbsp;al adquirir su propia identidad literaria, separada del francés&nbsp;<ins>anglo-normando&nbsp;</ins>y del latín, de los cuáles conservó elementos embellecedores. Con ello contribuyó a que la lengua inglesa, con base en el londinense vernáculo, se popularizara&nbsp;<s><del>,</del></s><ins>y pudiera ser vehículo de comunicación de sutilezas, complejidades y expresiones poéticas.&nbsp;</ins>&nbsp;<ins>&nbsp;&nbsp;</ins></p>



<p>La ruptura con la Curia Romana, y con la autoridad de los papas en el Siglo XVI ha sido tal vez el hito más importante de la relevancia del arzobispado de Canterbury. Declarada la independencia de la Iglesia de Inglaterra, luego de los conocidos enfrentamientos del rey Enrique VIII con el papado de Roma, Thomas Cranmer se convirtió en el primer arzobispo de la nueva iglesia protestante, y en consecuencia tuvo a su cargo el diseño de The Book of Commmon Prayer, que marca la identidad del cristianismo anglicano.</p>



<p>Cuando la reina Mary I, católica, llamada por los británicos “Bloody Mary”, llegó al trono en 1553, se puso por oficio vengar a los autores y cómplices del divorcio de su padre Enrique VII con Catalina de Aragón, su madre, y de la apertura forzada a la reforma protestante en Inglaterra, según la conveniencia del monarca. Cranmer fue acusado de traición y herejía, pero fundamentalmente de la anulación del matrimonio de Enrique y Catalina, así como de la degradación de ésta última. Por lo cual terminó quemado vivo, a pesar de haber renegado varias veces por escrito de su fe protestante. Gesto del cual se arrepintió a la hora de morir, por lo cual puso su mano derecha a quemar primero que todo por haber firmado semejantes documentos.&nbsp;</p>



<p>A partir de Cranmer se ha mantenido, con sede en Canterbury, una “sucesión apostólica” que otorga a quien ocupe la silla de San Agustín la calidad de “primus inter pares” en el mundo entero de la denominación anglicana, que se extiende a más de 160 países. Y desde el año 973 existe la tradición según la cual al arzobispo corresponde la coronación de los monarcas británicos.&nbsp;</p>



<p>Esta es, con la mención de unos pocos hechos, la tradición que hereda y representa Dame Sarah Elisabeth Mullally, originalmente enfermera, casada con Eamonn, de quien tomó su apellido, madre de dos hijos, miembro de la Cámara de los Lores, anterior obispa de Londres, ahora arzobispa de Canterbury y por lo tanto suprema referente de la Iglesia Anglicana para el mundo entero. Desde ahora, eso sí, bajo el patronazgo del Rey Carlos III, estandarte y protector de la Iglesia Anglicana.&nbsp;</p>



<p>La selección de Sarah se desarrolló a lo largo de un proceso complejo, que tomó más de un año a partir de la renuncia del arzobispo Justin Welby, quien dejó el cargo en noviembre de 2024 por no haber actuado con suficiente diligencia frente al abuso de niños por parte de un amigo suyo. Así quiso evitar que se mancharan el prestigio y la autoridad que deben caracterizar a quien ostente el arzobispado. Renuncia sin precedentes en 1427 años, que demuestra encomiable celo por la preservación de la rectitud en el ejercicio de funciones de alta responsabilidad pública. Nada de “aquí me quedo”.</p>



<p>Antes de convertirse en la persona que ostenta, por centésima sexta vez el arzobispado, y hasta su ascenso en Canterbury, Sarah Mullally continuó ejerciendo como obispa de Londres. La escogencia estuvo a cargo de un comité de 17 personas, presidido por Lord Evans de Weardale, antiguo jefe del espionaje, cinco miembros no ingleses, entre ellos un arzobispo palestino, un ingeniero argentino y un profesor ghanés, seis representantes del Sínodo General de la Iglesia, tres de la Diócesis de Canterbury y dos del obispado de Norwich. Asistieron además dos miembros sin voto.</p>



<p>La comisión abandonó la tradición de que los candidatos fuesen blancos, graduados de Oxford o Cambridge, del género masculino, y procedentes del sureste de Inglaterra. La escogida, que por primera vez no estudió ni en Oxford ni en Cambridge sino en una universidad discreta del sur de Londres, fue puesta a consideración del primer ministro, quien recomendó al rey su nombramiento. Luego de lo cual vino la ceremonia de confirmación de la elección en reunión secreta en Canterbury, la confirmación pública de la elección en la Catedral de San Pablo de Londres y finalmente la entronización en la catedral de su ejercicio como arzobispa de ahora en adelante.</p>



<p>La ascensión de la arzobispa no estuvo libre de controversias y dificultades, y existen todavía elementos que ponen a prueba la aceptación profunda de su presencia y su condición de primus inter pares en el variado mundo de una iglesia que no limita su presencia a las islas británicas. Su condición de mujer, aceptada con entusiasmo por algunos sectores, no es vista con los mismos ojos en otros, y su talante liberal y abierto a una interpretación no restringida de la fe cristiana y más bien inclusiva y permisiva respecto de asuntos como las uniones homosexuales, estarán en adelante a prueba frente a las vicisitudes de su ejercicio. </p>



<p>Por ahora, no deja de ser un acontecimiento loable el relevo en el cumplimiento  de funciones tan importantes reservadas hasta aquí a los hombres, que han producido suficientes altibajos como para que sea sano dejar instituciones de alta trascendencia en manos de mujeres virtuosas. En eso va la tradición instalada hace 1429 años por Berta, pionera del cristianismo británico. </p>
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        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
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        <pubDate>Wed, 08 Apr 2026 13:33:35 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La Arzobispa]]></media:description>
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        <item>
        <title>Hasta la puerta de la presidencia</title>
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        <description><![CDATA[<p>Hay figuras políticas que trascienden sin necesidad de que con ellas se cumpla el designio esperado de llegar a la cumbre del poder. A pesar de su derrota en los términos drásticos y muchas veces inesperados de las urnas, su trayectoria alcanza para que puedan pasar a la historia por la integridad de su comportamiento, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Hay figuras políticas que trascienden sin necesidad de que con ellas se cumpla el designio esperado de llegar a la cumbre del poder. A pesar de su derrota en los términos drásticos y muchas veces inesperados de las urnas, su trayectoria alcanza para que puedan pasar a la historia por la integridad de su comportamiento, el peso de sus reflexiones, su servicio a la sociedad y su ejemplo a lo largo de los altibajos propios de la aventura de participar en las disputas de la actividad política.</p>



<p>Conmovido, como corresponde a un presidente que ejerce la obligación de representar el sentimiento de propios y extraños ante la desaparición de una figura pública, Emmanuel Macron asistió a la ceremonia que, en la Esplanada de Los Inválidos, tuvo lugar en homenaje póstumo a Lionel Jospin.</p>



<p>Como si el presidente Macron hubiera vuelto a sus raíces, ya que fue militante del Partido Socialista Francés antes de organizar su propio partido, y en todo caso como intérprete de los sentimientos de la militancia antigua y nueva de ese partido, dio lectura emocionada a un discurso conmovedor que repasó la trayectoria de Jospin y subrayó las características principales de su legado.</p>



<p>Con sorprendente familiaridad, Macron recordó la condición calvinista de Jospin, su exquisita formación, su temprana militancia en el Partido Socialista, las tareas cumplidas en el entorno inmediato de Francois Mitterrand, su participación en congresos definitivos del proyecto socialista, los ministerios que ocupó en el gobierno Rocard, la jefatura del partido, su actuación como miembro del Consejo Constitucional, su jefatura del gobierno en cohabitación, sus candidaturas presidenciales y su retiro en dignidad de la vida pública.</p>



<p>El protagonismo propio de Jospin vino a ser realidad luego de la desaparición de su maestro Francois Mitterrand. Como era previsible, 14 años de omnipresencia de un presidente socialista, elegido según la constitución gaullista dos veces seguidas para períodos de siete años, habían llevado el péndulo en una dirección que tenía que cambiar. En ese orden de ideas, la previsible derrota socialista de 1993 debía conducir a una profunda reflexión sobre el futuro del partido.</p>



<p>Lionel Jospin estuvo al frente de una travesía por el desierto durante la cual su partido tenía que reflexionar sobre los éxitos y las equivocaciones de la era Mitterrand, para salir a proponer cosas nuevas y pertinentes, con la mirada puesta en el remate del siglo y el comienzo de un nuevo milenio. Ese fue el origen de las propuestas de la “Izquierda Plural”, libre de dogmas derrotados por la experiencia, como aquel de la indispensable supremacía del Estado en la administración de la mayor cantidad de emprendimientos de significación para los ciudadanos.</p>



<p>En esa izquierda plural, menos ortodoxa y más amplia, vinieron a caber miembros del desfalleciente partido comunista lo mismo que del naciente de los verdes, engrosado con los que pasaron de rojo a verde. Prueba de la pertinencia de esa transición programática vino a ser el triunfo de retorno de la izquierda democrática con Jospin como portaestandarte, para protagonizar la cohabitación más larga de la Quinta República.</p>



<p>A lo largo de esa cohabitación, prolongada y estable, el presidente Chirac se ocupó exclusivamente de los asuntos de defensa y relaciones exteriores, mientras el primer ministro fue un verdadero jefe de gobierno. Así se pudo abrir paso el mandato programático de la nueva versión de la izquierda, que con Jospin a la cabeza introdujo reformas como la reducción de la jornada laboral, para reducir el desempleo y mejorar la calidad de vida de los trabajadores, la cobertura en salud para ciudadanos de menores recursos económicos comprobados, y el famoso PACS, Pacto Civil de Solidaridad, destinado a formalizar la unión de personas del mismo sexo, aprovechado más tarde por no homosexuales en busca de formalización de su vínculo como sucedáneo del matrimonio.</p>



<p>Se dice en Francia que Jospin privatizó más empresas públicas que los gobiernos de la derecha. En la lista figuran entre otras Air France, Thomson Multimédia, AGF, Credit Lyonnais, France Telecom y Aérospatiale-Matra. También figuran rebajas de impuestos que serían más bien propias de gobiernos de derecha tradicional.</p>



<p>El sello de esa nueva izquierda no llevaba ya la marca del culto al Estado como el gran emprendedor y gerente de asuntos que podían estar en manos del sector privado. De manera que ya no se le concebía como garante a ultranza de beneficios para quienes no tuviesen voluntad o vocación de abrirse paso dentro del modo de producción capitalista, contagiados por el virus retrógrado de un peronismo a la francesa.</p>



<p>Semejante ruptura pragmática con los postulados estatistas que en su momento fueran paradigma romántico del Partido Socialista, no salió necesariamente de la traición a sus propias tradiciones o de una claudicación blandengue ante el empuje de otros partidos. Más bien salió del choque con la realidad a la hora del ejercicio del poder y de reacciones frente a los beneficios el Estado, no siempre con el espíritu constructivo esperado sino con el ánimo de vivir sabroso a costa del esfuerzo de otros, que si se sumaran a la misma causa producirían la ruina generalizada, como predijo el ideólogo socialista Jacques Attali, asesor inmediato de Mitterrand y tal vez la persona más sensata, ecuánime y realista de la izquierda democrática europea.</p>



<p>Sin desmontar el Estado de Bienestar en su versión original, los postulados del Partido Socialista comenzaron desde entonces a cambiar para dejarlo como protagonista de la atención de las “urgencias sociales” y la defensa del poder adquisitivo de los ciudadanos, comprometido con una “justicia fiscal” que exija contribuciones de solidaridad a los más poderosos de manera que sea posible financiar servicios como la salud y la educación, además de atender la causa de la defensa del ambiente y la transición hacia energías renovables.</p>



<p>Lionel Jospin recibió el bautismo de fuego de la derrota en su primer intento como candidato a la presidencia, cuando en las elecciones de 1995 obtuvo el primer lugar en la primera vuelta frente a una derecha dividida entre Chirac y Édouard Balladur, pero en la segunda vuelta perdió por estrecho margen. No obstante, su fortaleza política aumentó de manera que tan pronto como en 1997 su partido se impuso en las parlamentarias, de donde salió su obligación política de formar un gobierno en cohabitación con el propio Chirac.</p>



<p>En las elecciones de 2002 fue por segunda vez candidato presidencial. Como primer ministro en ejercicio, tuvo que afrontar críticas por su gestión cuando la discusión se centró en los problemas de la delincuencia creciente, y fue atacado por gente de su propio partido por su favorecimiento del libre mercado, de manera que tuvo que afrontar la competencia de candidatos socialistas radicales que le quitaron porciones del electorado, al punto que no alcanzó a clasificar para la segunda vuelta.</p>



<p>Ya se sabe que, ante la alternativa de elegir entre la continuación del desgastado Jacques Chirac y la entronización del campeón de la extrema derecha, Jean Marie Le Pen, los propios socialistas, como el resto de la izquierda, se vieron políticamente obligados a votar por Chirac, que obtuvo por esa vía, y contra todo pronóstico, un segundo mandato presidencial.</p>



<p>Sacado del juego en virtud de esa peculiar situación política, a las puertas de la presidencia, Lionel Jospin reconoció su derrota y se retiró de inmediato de la vida pública, en gesto y con actitud ejemplares de político de talla mayor, sereno y digno, sin síntomas de desespero ni venganza, y sin insistir en la búsqueda reiterada del poder. De manera que no pasó a la lista de quienes toman por oficio ser siempre candidatos como resultado del enamoramiento platónico del poder.</p>



<p>Desde entonces cumplió a cabalidad con la regla de oro de los retirados, que dejan atrás la edificación de su trayectoria pública para retomar los capítulos postpuestos de su realización personal, habiendo dado hasta el último de sus días muestras de una integridad que siempre le caracterizó y permitió la terminación de su vida como ejemplo de rectitud y coherencia, conforme a principios éticos y morales que jamás abandonó. Así lo tiene que reconocer el juicio de la posteridad. Y así deberíamos exigir que se comporten, con integridad, los políticos de actualidad.</p>



<p></p>
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        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
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        <pubDate>Tue, 31 Mar 2026 04:20:08 +0000</pubDate>
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        <title>Ni Churchill ni Roosevelt</title>
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        <description><![CDATA[<p>Donald Trump ha dicho que el primer ministro británico Sir Keir Starmer no es Churchill, con la connotación fantasiosa de que, si lo fuera, habría atendido desde el primer momento el llamado de la Casa Blanca a colaborar en la destrucción de Irán. Ciertamente Starmer no es Churchill, ni ha reclamado serlo ni parecerse a su [&hellip;]</p>
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<p>Donald Trump ha dicho que el primer ministro británico Sir Keir Starmer no es Churchill, con la connotación fantasiosa de que, si lo fuera, habría atendido desde el primer momento el llamado de la Casa Blanca a colaborar en la destrucción de Irán. Ciertamente Starmer no es Churchill, ni ha reclamado serlo ni parecerse a su legendario predecesor, quien con absoluta seguridad no se habría sometido a obedecer los caprichos erráticos de un Donald Trump. </p>



<p>Si el actual primer ministro británico perteneciera a la especie de los que creen tener siempre la razón y además el derecho a calificar a los demás como les venga en gana, podría decir que Trump no es Franklin Delano Roosevelt, contraparte americana de Churchill y aliado en el invento de la “relación especial” que desde la Segunda Guerra Mundial caracterizó la amistad entre el Reino Unido y los Estados Unidos. </p>



<p>Aparte del origen cultural, histórico y lingüístico compartido entre sus dos países, Churchill y Roosevelt tenían afinidades en cuanto a su abolengo distinguido, su educación y su integridad personal y política, además de un entrenamiento comprobado en el manejo de las cosas públicas. Condiciones personales de ancestro, afinidad y cercanía ausentes en el caso de Starmer y Trump: el primero abogado, parlamentario y exitoso fiscal, y el segundo hombre de negocios inmobiliarios, concursos de belleza, casinos, hoteles, y campos de golf.</p>



<p>No es posible apreciar el contenido y la calidad de la relación entre los gobernantes británico y estadounidense de hoy sin darle una mirada al contexto político e institucional que, en el caso de cada uno, enmarca sus actuaciones. Starmer vive la realidad cotidiana de un sistema político fundamentado en la discusión parlamentaria permanente, frente a una oposición institucionalizada, ejercida con rigor y dureza apoyados no solamente en proyectos políticos diferenciados, sino en la existencia de un “gabinete en la sombra” que debe recibir toda la información necesaria para estar listo a asumir el poder en el término de horas, si fuese necesario.&nbsp;</p>



<p>Cada miércoles al medio día, todo primer ministro británico debe concurrir personalmente a responder preguntas en el seno de la Cámara de los Comunes. Allí debe demostrar su conocimiento del Estado, el sentido que tiene el funcionamiento de su gobierno, la orientación de su política interna y exterior, y todo cuanto se les pueda ocurrir a los miembros de esa cámara habitada por representantes elegidos que se mantienen en contacto con sus electores para recoger sus sentimientos y hacerlos públicos. Para completar, el jefe del gobierno no puede nombrar simplemente a sus amigos o socios de su vida privada en el gabinete, pues para formar parte de ese equipo es indispensable ser miembro del parlamento. Y no puede haber gobierno si el primer ministro no cuenta con mayoría parlamentaria, de manera que en el momento en que la pierda, se tiene que ir.</p>



<p>El contraste con los Estados Unidos de nuestros días no puede ser más elocuente. La venerada Constitución de 1787 es mucho más joven que las normas que dieron origen a la democracia británica, que datan de la Carta Magna de 1215, cuando se estableció que el rey estaba sujeto a la ley. Pero en todo caso no es otra cosa que la consagración expresa de un Estado de Derecho, con libertades, responsabilidades y factores de equilibrio que nadie se había atrevido a desconocer. </p>



<p>Justamente ahora se ha venido a hacer evidente que esa constitución, a la que se refieren con justificado orgullo los estadounidenses, confiaba en la continuidad de un estereotipo elevado de presidente de la Unión. Es decir que el gobierno federal estuviese en manos de alguien caracterizado por el respeto a esa ley de leyes que cada presidente jura cumplir y defender, el manejo juicioso de las herramientas del poder, la atención prioritaria a la preservación del Estado de Derecho, y el respeto total de las fronteras entre ramas del poder, así como entre el gobierno federal y los estatales. Algo que no se aprecia con esa nitidez bajo el modo de ejercicio de la presidencia actual de los Estados Unidos. </p>



<p>Esto quiere decir que no es fácil ni exigible políticamente la coincidencia entre un presidente que ejerce su mandato a su manera, sin detenerse demasiado en “detalles” institucionales, y un primer ministro que ejerce el suyo de manera rigurosa dentro de una de las organizaciones institucionales democráticas más antiguas del mundo.&nbsp;</p>



<p>Trump ha demostrado que no tiene reatos en lanzarse a una guerra de proporciones y consecuencias muy graves sin notificación previa ni autorización del Congreso, con expresiones erráticas sobre las causas y los objetivos de la “excursión”, y encima de todo exigir con aire de dueño del mundo que los aliados históricos de los Estados Unidos le acompañen en su aventura. ¡Justamente por eso no le sería posible convencer y manejar un Churchill!</p>



<p>Tal vez quien hubiera convenido más a Trump habría sido un Tony Blair. En el Reino Unido nadie olvida que, con motivo del ataque a Irak, sobre el supuesto, que resultó después falso, de la posesión de armas de destrucción masiva por parte de Sadam Hussein, Blair corrió a participar en el asalto y después en la administración imperial de Mesopotamia, con resultados de los que todavía tienen de qué lamentarse todas las partes.&nbsp;</p>



<p>Churchill y Roosevelt fueron aliados políticos y llegaron a ser amigos personales, pero ninguno de ellos se caracterizó por tratar de subordinar al otro y mucho menos tratarlo de manera irrespetuosa, como si tuviera la exclusividad de la prerrogativa de calificarlo y jugar burlonamente ante el público con las palabras para sentirse superior. Quien así hubiera actuado se habría desprestigiado para siempre, y habría sentido horror de ser celebrado como “mangas” de barrio. </p>



<p>Y no es que hubieran faltado desacuerdos, inclusive profundos, entre esos dos líderes de verdadera talla mundial. Como fue el caso de la presión de Roosevelt en favor del desmonte del esquema colonial del Imperio Británico como garantía del paso a una nueva era en la configuración del mundo. Propuesta que afectaba el que para Churchill era el logro más grande de la Gran Bretaña en la historia mundial. Imperio en el que había nacido y en cuya administración y sostenimiento había participado con una mezcla de política y armas en la mano. Pero jamás esa diferencia fue motivo de comportamiento desobligante o irrespetuoso, como tampoco dificultades mayores la admiración de Roosevelt por Stalin, no compartida en la misma proporción por Churchill.</p>



<p>Trump y Churchill difícilmente habrían podido ser amigos. Para ello habría sido necesaria la existencia de motivos de admiración mutua, sobre la base común de la integridad demostrada por cada quién. En gracia de discusión, Churchill, al haber recibido la solicitud de Trump de entrar en la guerra actual contra Irán, habría hecho valer su condición de estratega y guerrero en condición de militar o de periodista en las guerras de la independencia de Cuba, en batallas libradas para el Imperio en la India y en Sudáfrica, en la debacle de los Dardanelos y otros episodios de la Primera Guerra Mundial, así como en la invención de los tanques de Guerra, en su momento el avance más grande de la tecnología bélica, para rematar en la epopeya de la Segunda Guerra Mundial y la reconfiguración del mundo. </p>



<p>Vale la pena imaginar cómo habría sido la expresión de Winston Churchill, consumado lector y Premio Nobel de Literatura, curtido en campos de batalla donde se distinguió por osadía y audacia, al ser invitado por un empresario de inmuebles que se precia de no leer y evadió el servicio militar pero se cree el jefe de la manada, a emprender una guerra, con los argumentos expuestos al calor de su ego superlativo, precisamente en Irán, donde los británicos tuvieron tanta influencia en la estructuración de la explotación petrolera y en la política en el Siglo XX, y cuyas complejidades geográficas y culturales son particularmente exigentes.&nbsp;</p>



<p>Los británicos no han sido ajenos a los chistes de Trump respecto de Starmer, quien ha manejado el bullying con decoro de caballero. Entre los comentaristas de actualidad ha habido quien recuerde que la alianza con los Estados Unidos no ha sido necesariamente incondicional. El primer ministro Harold Wilson mantuvo en su momento al Reino Unido fuera de la Guerra de Vietnam, a pesar de las presiones de Dean Rusk. En la misma lógica esperan que Starmer pase a la historia como alguien que fue capaz de mantener al país al margen de “una invitación a fiesta de karaoke en un lodazal”.</p>



<p>En Londres entienden que si bien los gobiernos tienen la obligación de pretender que los Estados Unidos obran con responsabilidad, la gente del común se puede separar de esa pretensión. Razón por la cual desde diferentes rincones se cuestiona la seriedad de los argumentos expuestos, y cambiados a cada rato, para el desencadenamiento de esta guerra asimétrica por definición y llena de sorpresas, como la de comenzar todo con el exterminio aparentemente aséptico de los gobernantes del país atacado.&nbsp;</p>



<p>Las alianzas se deben construir sobre valores y compromisos comunes, y las guerras emprendidas en compañía exigen propósitos previamente acordados. Nadie tiene obligación de salir corriendo a participar en un asalto que se le ocurrió a otro, que exige ayuda e insulta a quien no la preste para luego repudiarlo por innecesario, al tiempo que anuncia a su conveniencia propósitos y hechos que no siempre coinciden con la realidad. Motivos suficientes para que sea risible la referencia de este momento a la figura de Winston Churchill, como si con su bagaje de gobernante y estratega hubiese estado dispuesto a entrar bajo el mando errático de Donald Trump.</p>



<p></p>
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        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
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        <pubDate>Wed, 25 Mar 2026 15:25:16 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Ni Churchill ni Roosevelt]]></media:description>
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        <title>Ni Churchill ni Roosevelt</title>
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        <description><![CDATA[<p>Donald Trump ha dicho que el primer ministro británico Sir Keir Starmer no es Churchill, con la connotación fantasiosa de que, si lo fuera, habría atendido desde el primer momento el llamado de la Casa Blanca a colaborar en la destrucción de Irán.&nbsp;Ciertamente Starmer no es Churchill, ni ha reclamado serlo ni parecerse a su [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Donald Trump ha dicho que el primer ministro británico Sir Keir Starmer no es Churchill, con la connotación fantasiosa de que, si lo fuera, habría atendido desde el primer momento el llamado de la Casa Blanca a colaborar en la destrucción de Irán.&nbsp;Ciertamente Starmer no es Churchill, ni ha reclamado serlo ni parecerse a su legendario predecesor, quien con absoluta seguridad no se prestaría a obedecer los caprichos erráticos de un Donald Trump.&nbsp;</p>



<p>Si el actual primer ministro británico perteneciera al género de los que creen tener siempre la razón y además el derecho a calificar a los demás como les venga en gana, podría decir que Trump no es Franklin Delano Roosevelt, contraparte americana de Churchill y aliado en el invento de la “relación especial” que desde la Segunda Guerra Mundial caracterizó la amistad entre el Reino Unido y los Estados Unidos.&nbsp;</p>



<p>Aparte del origen cultural, histórico y lingüístico compartido entre sus dos países, Churchill y Roosevelt tenían afinidades en cuanto a su abolengo, su educación y su integridad personal y política, además de un entrenamiento comprobado en el conocimiento de las cosas públicas.&nbsp;Afinidad y cercanía ausentes en el caso de Starmer y Trump: Sir Keir abogado, parlamentario y exitoso fiscal, y Donald hombre de negocios inmobiliarios, concursos de belleza, casinos, hoteles, y campos de golf.</p>



<p>No es posible apreciar el contenido y la calidad de la relación entre los gobernantes británico y estadounidense de hoy sin darle una mirada al contexto político e institucional que, en el caso de cada uno, enmarca sus actuaciones. Starmer vive la realidad cotidiana de un sistema político fundamentado en la discusión parlamentaria permanente, frente a una oposición institucionalizada, ejercida con rigor y dureza apoyados no solamente en proyectos políticos diferenciados, sino en la existencia de un “gabinete en la sombra” que debe recibir toda la información necesaria para estar listo a asumir el poder en el término de horas, si fuese necesario.&nbsp;</p>



<p>Cada miércoles al medio día, todo primer ministro británico debe concurrir personalmente a responder preguntas en el seno de la Cámara de los Comunes. Allí debe demostrar su conocimiento del Estado, el sentido que tiene el funcionamiento de su gobierno, la orientación de su política interna y exterior, y todo cuanto se les pueda ocurrir a los miembros de esa cámara habitada por representantes elegidos que se mantienen en contacto con sus electores para recoger sus sentimientos y hacerlos públicos. Para completar, el jefe del gobierno no puede nombrar simplemente a sus amigos en el gabinete, pues para formar parte de ese equipo es indispensable ser miembro del parlamento. Y no puede haber gobierno si el primer ministro no cuenta con mayoría parlamentaria, de manera que en el momento en que la pierda, se tiene que ir.</p>



<p>El contraste con los Estados Unidos de nuestros días no puede ser más elocuente. La venerada Constitución de 1787 es mucho más joven que las normas que dieron origen a la democracia británica, que datan de la Carta Magna de 1215, cuando se estableció que el rey estaba sujeto a la ley, y no es otra cosa que la consagración de un Estado de Derecho, con libertades, responsabilidades y factores de equilibrio que nadie se debería atrever a desconocer.&nbsp;</p>



<p>Justamente ahora se ha venido a hacer evidente que esa constitución, a la que se refieren con justificado orgullo los estadounidenses, confiaba en la continuidad inmodificable de un estereotipo de presidente de la Unión. Es decir que el gobierno federal estuviese en manos de alguien caracterizado por el respeto a esa ley de leyes que cada presidente jura cumplir y defender, por el manejo juicioso de las herramientas del poder, la atención prioritaria a la preservación del Estado de Derecho, y el respeto total de las fronteras establecidas entre ramas del poder, así como entre el poder federal y los estatales. Algo que no se aprecia con esa nitidez bajo el modo de ejercicio de la presidencia actual de los Estados Unidos.&nbsp;</p>



<p>Esto quiere decir que no es fácil ni exigible políticamente la coincidencia entre un presidente que ejerce su mandato a su manera, sin detenerse demasiado en “detalles” institucionales, y un primer ministro que ejerce el suyo de manera rigurosa dentro de una de las organizaciones institucionales democráticas más antiguas del mundo.&nbsp;</p>



<p>En otras palabras, Trump no tiene reatos en lanzarse a una guerra de proporciones y consecuencias muy graves sin notificación previa ni autorización del Congreso, con expresiones erráticas sobre las causas y los objetivos de la “excursión”, y encima de todo exigir con aire de dueño del mundo que los aliados históricos de los Estados Unidos le acompañen en su aventura. ¡Justamente para eso no sería posible convencer y manejar un Churchill!</p>



<p>Tal vez quien hubiera convenido más a Trump habría sido un Tony Blair. En el Reino Unido nadie olvida que, con motivo del ataque a Irak, sobre el supuesto, que resultó después falso, de la posesión de armas de destrucción masiva por parte de Sadam Hussein, Blair corrió a participar en el asalto y después en la administración imperial de Mesopotamia, con resultados de los que todavía tienen de qué lamentarse todas las partes.&nbsp;</p>



<p>Churchill y Roosevelt fueron aliados políticos y llegaron a ser amigos personales, pero ninguno de ellos se caracterizó por tratar de subordinar al otro y mucho menos tratarlo de manera irrespetuosa, como si tuviera la exclusividad de la prerrogativa de calificarlo y jugar ante el público con las palabras para sentirse superior. Quien así hubiera actuado se habría desprestigiado para siempre, y habría sentido horror de ser celebrado como “mangas” de barrio.&nbsp;</p>



<p>Y no es que hubieran faltado desacuerdos, inclusive profundos, entre esos dos líderes de verdadera talla mundial. Como fue el caso de la presión de Roosevelt en favor del desmonte del esquema colonial del Imperio Británico como garantía del paso a una nueva era en la configuración del mundo. Propuesta que afectaba el que para Churchill era el logro más grande de la Gran Bretaña en la historia mundial. Imperio en el que había nacido y en cuya administración y sostenimiento había participado con una mezcla de política y armas en la mano. Pero jamás esa diferencia fue motivo de comportamiento desobligante o irrespetuoso, como tampoco dificultades mayores la admiración de Roosevelt por Stalin, no compartida en la misma proporción por Churchill.</p>



<p>Trump y Churchill difícilmente habrían podido ser amigos. Para ello habría sido necesaria la existencia de motivos de admiración mutua, sobre la base común de la integridad demostrada por cada quién. En gracia de discusión, Churchill, al haber recibido la solicitud de Trump de entrar en la guerra actual contra Irán, habría hecho valer su condición de estratega y guerrero en condición de militar o de periodista en las guerras de la independencia de Cuba, en batallas libradas para el Imperio en la India y en Sudáfrica, en la debacle de los Dardanelos y otros episodios de la Primera Guerra Mundial, así como en la invención de los tanques de Guerra, en su momento el avance más grande de la tecnología bélica.</p>



<p>Vale la pena imaginar cómo habría sido la expresión de Winston Churchill, consumado lector y Premio Nobel de Literatura, curtido en campos de batalla donde se distinguió por osadía y audacia, al ser invitado por un empresario de inmuebles que se precia de no leer y evadió el servicio militar pero se cree el jefe de la manada, a emprender una guerra, con los argumentos expuestos al calor de su ego superlativo, precisamente en Irán, donde los británicos tuvieron tanta influencia en la estructuración de la explotación petrolera y en la política en el Siglo XX, y cuyas complejidades geográficas y culturales son particularmente exigentes. </p>



<p>Los británicos no han sido ajenos a los chistes de Trump respecto de Starmer, quien ha manejado el bullying con decoro de caballero. Entre los comentaristas de actualidad ha habido quien recuerde que la alianza con los Estados Unidos no ha sido necesariamente incondicional. El primer ministro Harold Wilson mantuvo en su momento al Reino Unido fuera de la Guerra de Vietnam, a pesar de las presiones de Dean Rusk. En la misma lógica esperan que Starmer pase a la historia como alguien que fue capaz de mantener al país al margen de “una invitación a fiesta de karaoke en un lodazal”.</p>



<p>En Londres entienden que si bien los gobiernos tienen la obligación de pretender que los Estados Unidos obran con responsabilidad, la gente del común se puede separar de esa pretensión. Razón por la cual desde diferentes rincones se cuestiona la seriedad de los argumentos expuestos, y cambiados a cada rato, para el desencadenamiento de esta guerra asimétrica por definición y llena de sorpresas, como la de comenzar todo con el exterminio aparentemente aséptico de los gobernantes del país atacado. </p>



<p>Las alianzas se deben construir sobre valores y compromisos comunes, y las guerras emprendidas en compañía exigen propósitos previamente acordados. Nadie tiene obligación de salir corriendo a participar en un asalto que se le ocurrió a otro, que exige ayuda e insulta a quien no la preste para luego repudiarlo por innecesario, al tiempo que anuncia a su conveniencia propósitos y hechos que no siempre coinciden con la realidad. Motivos suficientes para que sea risible la referencia de este momento a la figura de Winston Churchill, como si con su bagaje de gobernante y estratega hubiese estado dispuesto a entrar bajo el mando errático de Donald Trump.</p>



<p></p>
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        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
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        <pubDate>Wed, 25 Mar 2026 05:21:17 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Ni Churchill ni Roosevelt]]></media:description>
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        <title>El destejido de la alfombra persa</title>
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        <description><![CDATA[<p>Cada día es más evidente que los israelíes tenían claro el propósito de su nuevo ataque a Irán, como parte de una confrontación que entienden como esencial para su supervivencia. En cambio, no es claro el motivo que tuvieron los Estados Unidos para lanzarse en esa aventura, justo cuando avanzaban en una negociación directa sobre [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Cada día es más evidente que los israelíes tenían claro el propósito de su nuevo ataque a Irán, como parte de una confrontación que entienden como esencial para su supervivencia. En cambio, no es claro el motivo que tuvieron los Estados Unidos para lanzarse en esa aventura, justo cuando avanzaban en una negociación directa sobre el programa nuclear iraní medio año después de haber destruido completamente, como entonces pregonaron con engreimiento, las instalaciones de desarrollo nuclear de la República Islámica.</p>



<p>Las explicaciones de las razones por las cuales los Estados Unidos desataron esta guerra no han producido claridad. Si Irán estaba muy cerca de contar con bombas atómicas, quedaría desvirtuada la proclama victoriosa de hace 6 meses en el sentido de que los iraníes tardarían décadas en conseguir un arsenal atómico después del contundente bombardeo de la “Guerra de los 12 días”. Y si la idea fue adelantarse a la reacción iraní contra los Estados Unidos ante el inminente ataque de Israel, como lo dijo el Secretario de Estado, los americanos habrían entrado en guerra arrastrados por insinuación ajena. La renuncia estrepitosa de Joe Kent, director del Centro Nacional de Contraterrorismo, que dice expresamente que Irán no representaba una amenaza inminente contra los Estados Unidos y que la Administración “inició esa guerra bajo presión de Israel y su poderoso lobby americano”, dejará flotando serias dudas en esa materia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>El llamado del presidente Trump a los iraníes, coreado por el primer ministro israelí, para que se levanten y tomen por su cuenta la tarea de acabar con el régimen de los ayatolas, no ha sido o no ha podido ser atendido. Pasados unos días parece claro que la misma gente que salió a la calle en enero no estaría dispuesta a correr otra vez, ahora en pleno Ramadán, a intentar tomarse el poder bajo el bombardeo de quienes habían prometido ayudar y dicen hacerlo de manera aséptica desde el aire, como en un juego de computador.&nbsp;</p>



<p>El sistema establecido por la revolución islámica de Irán fue diseñado desde un principio para afrontar contrarrevoluciones. Con ese propósito se fundó una poderosa guardia, diferente del ejército, a cargo de organizaciones policivas y paramilitares, públicas y secretas, internas y exteriores, orientadas exclusivamente al control social y la represión, no sólo cuando la gente protesta sino a través de acciones de control de la vida cotidiana. Organización arraigada en la vida del país a lo largo de casi medio siglo, que no se va a disolver por el hecho de que muchas de sus instalaciones hayan sido destruidas.&nbsp;</p>



<p>En las ciudades iraníes se dice que a estas alturas la gente no solo tiene miedo de la represión, cuyo aparato a pesar de haber sido golpeado sigue vigente y más alerta que nunca, sino que teme caer en la trampa de una guerra civil, que castigaría a una población de más de 90 millones de almas que no necesariamente aplauden, sino que repudian el ruido de los aviones y la caída de miles de bombas sobre su territorio.&nbsp;</p>



<p>Casi veinte días después del ataque que mató al líder supremo, seguido de una “poda” mortal de altos dirigentes, y a pesar del anuncio de la destrucción de la fuerza aérea, el hundimiento de la marina de guerra y del cierre, ahora sí, del programa nuclear, Irán continúa lanzando misiles y artefactos de bajo precio contra instalaciones militares americanas en la región y contra objetivos civiles en los países del Golfo Pérsico. Controla además el paso por el Estrecho de Ormuz, sin que se produzca el temido efecto de obliteración del suministro de petróleo que por allí transita, pues permite la navegación de embarcaciones con destino a sus amigos y principales compradores.</p>



<p>Como si una operación de semejante envergadura no hubiese estado bien planeada, desde Washington se ha hablado de “excursión” lo mismo que de guerra, se ha tratado de manera desobligante al primer ministro británico para luego decir que no se necesita su apoyo, se ha convocado luego a la OTAN, con Gran Bretaña incluida, para que contribuya a despejar Ormuz y, ante la muy importante e inédita negativa de los aliados naturales a cooperar en ese propósito, se ha vuelto a decir que no se les necesita.&nbsp;</p>



<p>La aspiración de la Casa Blanca en el sentido de participar en la selección del nuevo líder supremo de la República Islámica, con la esperanza de montar un esquema como el de Venezuela, simplemente no fue atendida. La mención de que Irán estaría solicitando un cese del fuego y una negociación fue categóricamente desmentida por el canciller iraní, que desde un principio ha sostenido que Irán no tiene de qué hablar con los Estados Unidos y que está dispuesto a continuar la guerra por el tiempo que sea necesario, y ha retado más bien a que los norteamericanos se atrevan a enviar tropas para ver cómo les va en el terreno.&nbsp;</p>



<p>La guerra desatada contra Irán se convierte poco a poco en una prueba de resistencia. Para la República Islámica, y también para el pueblo iraní, sea cual sea su posición frente a los hechos, cada día de supervivencia tiene sabor de victoria. El deseo de sobrevivir les fortalece. Mientras tanto, sigue siendo una incógnita la actitud futura de los países limítrofes y de los del Golfo Pérsico, cuya condición de “oasis” para inversionistas y emprendedores occidentales se ha deteriorado y será difícil de recuperar.&nbsp;</p>



<p>Israel, que maneja sus operaciones con precisión y propósitos claros, se ha beneficiado de la acción estadounidense para golpear a Irán con base en un ejercicio de inteligencia que lleva años en busca de una oportunidad como esta. También se ha adentrado en el Líbano para tratar de rematar a Hezbollah. Acciones que al parecer cuentan con apoyo en una sociedad que ha tenido en Irán un enemigo declarado. Otra cosa serán las cuentas de todo lo que Israel ha protagonizado a partir del infausto ataque de Hamas el 7 de octubre de 2023, que no hay que olvidar como detonante de tanta desgracia.&nbsp;</p>



<p>En los Estados Unidos, a pesar del apoyo irrestricto de algunos sectores, no se notan réditos y más bien crecen las voces que reclaman por la falta de claridad en los objetivos, las explicaciones erráticas y una opacidad incómoda respecto de la extensión y profundidad de una guerra que se ha llamado a ratos expedición, como si fuera un paseo. Aventura cuyo desenlace se aplaza en cuanto no caiga el régimen iraní, el Estrecho de Ormuz siga en otras manos, siga ausente el apoyo de aliados tradicionales y crezca la oposición interna, preocupante en la perspectiva las elecciones de renovación parcial del congreso en el mes de noviembre.</p>



<p>Si la Casa Blanca diera vuelta atrás, cualquier proclama, aún de victoria, para justificar ese hecho tendría sabor a derrota; algo inaceptable para un presidente que considera que “perdedor” es el peor de los calificativos.&nbsp;&nbsp;Además, dejaría al mundo metido en una crisis de la cual le echarían la culpa abierta o veladamente. Y podría ser el principio de una tremenda batalla política en busca de una nueva prevalencia imperial, en cuanto muchos paso a paso se atreven ya a cuestionar un liderazgo americano que se desgasta con su falta de claridad y sus contradicciones.&nbsp;</p>



<p>Destejer una alfombra tejida en el seno de una civilización milenaria, ignorada y menospreciada a través de ese lente oscuro de ignorancia con el que tantos miran hacia Oriente, no es trabajo fácil. No más la idea del martirio como credencial con la que muchos desean irse a la tumba resulta ser un elemento de refuerzo al sentido que el régimen islámico tiene de la misión que cumple.&nbsp;</p>



<p>Todo se ve como si, una vez más, los Estados Unidos insistieran en emprender acciones con el fin de cambiar el Medio Oriente, que es un mundo aparte donde aún existen las huellas de Nabucodonosor, Alejandro, Darío y Ciro, que no eran ningunos tontos. Y es que cogobernar a Irán no es lo mismo que hacerlo con Venezuela, que parecería ser el modelo originalmente invocado. Y hacerlo después de más bombardeos, aún con el envío de tropas a un país de 90 millones de almas, donde se hablan al menos 40 idiomas distintos, sería una aventura de pronóstico reservado.</p>



<p>Paul Bremen, que tuvo a su cargo el gobierno de Irak luego de la caída de Sadam Hussein, relata en cartas dirigidas en su momento a su esposa, cómo la pretensión de ir a gobernar conforme a los valores occidentales asuntos de fondo que pertenecen a otro mundo, todo lo que hizo fue propiciar una revuelta antiamericana que en un año lo obligó a renunciar a ese oficio.&nbsp;</p>



<p>No cabe duda de que en Washington se viven momentos dramáticos, aunque muchos traten de ocultar una realidad apremiante que pone a prueba el verdadero liderazgo mundial que el presidente ha reclamado con tanta suficiencia. Mientras se sabe que Rusia jamás ha sido ajena al destino de Irán, y que China e India tienen cartas para jugar, lo mismo que las naciones árabes, habitantes del mismo vecindario.</p>



<p>Aunque parezca inocuo, idealista, ingenuo o ridículo, en esta época de transgresión sin pena del derecho internacional, quienes crean que todavía es posible echar mano de lo que de ese engendro quede, deberían hacer a estas alturas el intento de buscar una paz negociada, en lugar de insistir en el uso brutal de la fuerza para detener un proceso de deterioro que puede llevar a una catástrofe cada vez más amplia.&nbsp;</p>



<p></p>
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        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
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        <pubDate>Wed, 18 Mar 2026 03:48:50 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El destejido de la alfombra persa]]></media:description>
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        <title>Una mirada a la elección de Congreso</title>
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        <description><![CDATA[<p>Según la organización de nuestro sistema político, las elecciones de Congreso revisten una importancia fundamental que mucha gente jamás ha logrado o querido entender. Esto, porque, sin duda, existe una indomable apatía respecto de esos comicios, cuando no un tremendo desconocimiento, en los escenarios más insospechados, sobre la forma como funcionan nuestras instituciones. Las elecciones [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Según la organización de nuestro sistema político, las elecciones de Congreso revisten una importancia fundamental que mucha gente jamás ha logrado o querido entender. Esto, porque, sin duda, existe una indomable apatía respecto de esos comicios, cuando no un tremendo desconocimiento, en los escenarios más insospechados, sobre la forma como funcionan nuestras instituciones.</p>



<p>Las elecciones de Congreso en este caso eran cruciales porque, como ya quedó plenamente demostrado con el gobierno nacional que termina, a menos que el Ejecutivo cuente con una mayoría parlamentaria, estable o “negociable“, no puede realizar cabalmente su proyecto de gobierno, cualquiera que sea.</p>



<p>En esa lógica, era entendible la gran preocupación que existía por el esfuerzo extraordinario del gobierno actual en mantener una propaganda implacable en favor de sus reales o supuestas realizaciones, para conseguir un aumento sustancial en la representación parlamentaria de la izquierda, en la perspectiva de un nuevo gobierno nacional. Estrategia de propaganda que jamás fue contrarrestada por una oposición seria y sostenida.&nbsp;</p>



<p>Curiosamente, la gente que vota le ha puesto suprema atención a la elección para el Senado de la República, mientras que tiende a relagar a segundo plano la elección para la Cámara de Representantes. Algo que constituye una importante equivocación, porque nuestras dos cámaras tienen exactamente los mismos poderes desde el punto de vista legislativo y de reformas constitucionales, con un ítem muy particular, y es que mientras en el Senado la representación es nacional, algo que conduce a todo tipo de ficciones e interpretaciones, en la Cámara de Representantes la elección se hace sobre la base directa de una representación regional, es decir, departamental, además del Distrito Capital, que puede mostrar más fiel y efectivamente, a lo largo y ancho del país, lo que es la temperatura de la vida política, la participación, y sobre todo el apoyo que pueda tener uno u otro movimiento.</p>



<p>Ciertamente, para el Senado de la República, la izquierda representada hoy en el gobierno nacional tuvo aparentemente un avance en materia de curules, pero no tanto como para tener una incidencia mayor que la que antes tenía si se sumaban a sus 20 escaños los concedidos por el acuerdo de paz a la antigua guerrilla. De manera que, a la hora de la verdad, la representación, o mejor la fuerza congresional en el Senado, sigue siendo la misma para ese movimiento, mientras las demás fuerzas se reparten el resto, con el ítem adicional de que la antigua guerrilla no obtuvo ni siquiera una curul por la vía auténticamente democrática, y ni siquiera consiguió el umbral de la votación. Así que “el establecimiento” y “la maquinaria” condujeron a que no haya cambios de rumbo. Que eso sea bueno o malo, ya se verá.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Lo que sí vale la pena señalar es que en el caso de la Cámara de Representantes el resultado fue muy distinto del que muchos esperaban, sobre todo frente a la acción proselitista del gobierno en las regiones. Allí, en cada departamento, podría decirse que sucedieron dos cosas: en primer lugar, triunfó la maquinaria política tradicional, mientras que, por otro lado, no avanzó como se pudiera esperar el proyecto político del gobierno, pues a la hora de la verdad el Pacto Histórico quedó relegado a un lugar modesto en la composición de la Cámara.&nbsp;&nbsp;Y si recordamos que la Cámara de Representantes tiene exactamente la misma fuerza que el Senado a la hora de legislar o de hacer reformas, esa representación resulta insuficiente, mientras que se refuerza o por lo menos se mantiene la de la derecha radical y la de los partidos tradicionales.</p>



<p>El anterior panorama conduce a concluir que un nuevo gobierno de izquierda a la colombiana no tendría mayores posibilidades de desarrollar una agenda legislativa conforme a su proyecto político, mientras que uno del centro o inclusive de la derecha tendría mejores posibilidades de hacerlo.</p>



<p>Las incongruencias propias de un país en el que los partidos políticos en todo caso son precarios, los programas políticos son bastante desconocidos, los debates se dan en torno a las personas y no a las ideas, y la gente escoge candidatos por simpatía, se pusieron de presente nuevamente en esta contienda electoral.</p>



<p>La mayor incongruencia se deriva, para mostrar sólo una fotografía, del hecho de que el candidato Oviedo hubiese recibido un vigoroso apoyo que lo ubicó con más de 1 millón de votos en el segundo lugar de la consulta en la que participaba, mientras que su lista ni siquiera consiguió el umbral. Algo parecido sucedió con otras organizaciones políticas, para demostrar que no solamente no existen partidos debidamente organizados y mucho menos con militancia vigorosa, salvo de alguna manera la de izquierda, sino que ese mismo tipo de incongruencia y falta de racionalidad política jugarán un papel importante en la elección presidencial.</p>



<p>La campaña por la presidencia comienza verdaderamente ahora. Otra cosa es que a lo largo del último año se haya agitado el panorama con la presencia de aspirantes de distintas tendencias, cuyo verdadero poderío electoral saldrá a flote con motivo de la primera vuelta.&nbsp;</p>



<p>En ese orden de ideas hay buenas noticias para el país, en la medida que se va a clarificando el panorama y nos vamos acostumbrando a que ahora sí es el momento de la exigencia de programas, de debates, de contradicción democrática, y de fortalecimiento de proyectos políticos por los cuales la gente pueda votar con conocimiento, criterio, y responsabilidad democrática.</p>



<p></p>
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        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
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        <pubDate>Tue, 10 Mar 2026 00:23:40 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>Refrendada ley de la selva</title>
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        <description><![CDATA[<p>Para dicha de la industria del armamento, los vendedores de armas, y tanto aspirante que anda suelto en busca del despintado Nobel de Paz, en una semana han estallado varias guerras que no se sabe en qué, ni cuándo, irán a terminar. Hace 100 años la Compañía Británica de las Indias Orientales, fundada en 1600 [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Para dicha de la industria del armamento, los vendedores de armas, y tanto aspirante que anda suelto en busca del despintado Nobel de Paz, en una semana han estallado varias guerras que no se sabe en qué, ni cuándo, irán a terminar.</p>



<p>Hace 100 años la Compañía Británica de las Indias Orientales, fundada en 1600 para dominar el comercio de especias, se había convertido en fuerza armada y política entreverada en las luchas locales que libraban sin cesar pequeños tiranos de ambos lados del río Indo. El ejército de la Compañía respaldaba la administración férrea de extensiones enormes de tierra y el control de los negocios del té, la seda, el índigo, el algodón y estupefacientes como el opio, bajo la garantía de un derecho otorgado por la Corona.</p>



<p>Para entonces, la noción de la India era amplia y vaga y los intereses de la Compañía la llevaban a estar pendiente de regiones aledañas como Afganistán, desde siempre tierra arisca e indomable en medio de su sencillez. Donde no tenía campamentos militares, la Compañía contaba con amigos, tenía enemigos útiles, competidores, espías profesionales e informantes espontáneos que ayudaban a acertar en las decisiones de avanzar, retroceder, comprar o vender gobiernos, invadir o sancionar, financiar o abandonar a quien fuese conveniente.</p>



<p>Dos factores unían para entonces a los habitantes de los actuales Afganistán y Pakistán: la memoria de que Alejandro Magno había estado allá y la presencia extendida de la comunidad Pastún.&nbsp;</p>



<p>Giorgos Ziogas, arquitecto griego, comprobó en el Siglo XX en escenarios campesinos de toda la región, que sus interlocutores, al enterarse de su procedencia helénica, le contaban emocionados cómo dentro de la tradición oral de la gente de sus aldeas se mantenía desde tiempos muy antiguos la historia de que Alejandro Magno estuvo allí. Motivo por el cual le regalaban monedas de cobre y lo invitaban a tomar té.</p>



<p>Lo peor que le pudo haber pasado a la comunidad Pastún fue la demarcación, típicamente europea, que sembró desde el Siglo XIX algunas de las semillas de la guerra que hace una semana se desató entre Pakistán y Afganistán, eclipsada por el asalto de Estados Unidos e Israel a Irán.</p>



<p>Pakistán bombardeó ciudades afganas, entre ellas Kabul, para dar inicio a una guerra abierta, según el ministro de defensa Khawaja Asif, apoyado por su primer ministro, Shehbaz Sharif, “con la seguridad de que nuestras tropas pueden aplastar a las del vecino”. Guerra sorprendente luego de que Pakistán fue refugio y apoyo del movimiento talibán hasta que negoció hábilmente un pacto con Trump en el que apenas se obligó a no aliarse jamás con Al Qaeda ni organización alguna opuesta a los Estados Unidos.&nbsp;</p>



<p>Salidos los occidentales de esas tierras donde jamás se han podido imponer, surgieron tensiones entre paquistaníes y afganos derivadas de un desacuerdo respecto de la extensa línea divisoria de 2600 kilómetros entre los dos países, establecida por el británico Sir Mortimer Durand en 1893.</p>



<p>Para la época, se trataba de la línea que separaba al Emirato de Afganistán del “Raj” de la India Británica. Frontera impuesta al emir Abdur Rahman Khan y que ha sido desconocida, con mayor o menos énfasis, según conveniencia política, por los sucesivos gobiernos afganos, que cuando más la consideran simplemente como raya de “demarcación de combates”, mientras Pakistán la considera frontera entre ambos países.</p>



<p>El problema de la “Línea Durand” es que conlleva desde entonces la división de la Comunidad Pastún, separada por esa decisión burocrática de la antigua potencia colonial, que rompe la armonía de una “tribu” de entre 40 y 60 millones de personas que habitan de lado y lado, siendo el 15% de la población de Pakistán y el 40% de la de Afganistán.&nbsp;</p>



<p>Insurgencias de todo tipo, contra uno u otro gobierno, han florecido a lo largo del tiempo, al amparo de esa división, de manera que los gobiernos de lado y lado, según el caso, dan abrigo a oponentes del vecino o resultan víctimas de incursiones en su contra por parte de guerrillas animadas por la otra parte. Habiendo sido recientemente los paquistaníes quienes se quejan de la acción de grupos talibán en contra del gobierno de Islamabad.&nbsp;</p>



<p>Afganistán, a la hora de discutir el asunto, expresa su aspiración a controlar todo el territorio pastún, que equivaldría a apoderarse de una quinta parte del territorio paquistaní. Así de insoluble es ese conflicto, que puede seguir por años sin resolver aun cuando Pakistán es una potencia nuclear, con ejército de más de medio millón de efectivos, mientras Afganistán, a la hora de la guerra, ha tenido la gentileza de echar, para no ir muy atrás, a los soviéticos y después a los ejércitos de la OTAN.&nbsp;</p>



<p>Esa guerra huérfana, entre dos vecinos de Irán, se ha visto eclipsada por una más grande, o mejor dicho dos más, que en pocas horas ha contribuido a refrendar a escala más amplia ley de la selva: las que en paralelo acaban de desatar los Estados Unidos e Israel contra Irán. Y se habla de dos guerras más pues cada uno de los dos protagonistas de la agresión tiene motivos de contenido y extensión distinta, así sean compatibles, con la aventura militar que resolvieron emprender.&nbsp;</p>



<p>Se trata de una especie de guerra “preventiva” e ilegal que ha despertado muchas preguntas cuya respuesta está por verse a través de hechos que en buena medida no dependen de quienes la han desatado, pues convergen en la idea de que los iraníes, después del descabezamiento de la República Islámica, salgan a la calle a rematar el régimen teocrático. Sin que sea claro para nadie lo que pueda resultar.</p>



<p>En los Estados Unidos se ha invocado la existencia de una hostilidad de 47 años en su contra por parte de Irán y la certidumbre de una reacción iraní ante un inminente ataque por parte de Israel. En el caso israelí siempre ha estado claro el propósito que ese país tiene de avanzar en su lucha contra un enemigo declarado, como es la República Islámica de Irán, que nunca ha dejado de proclamar como uno de sus fines la destrucción del Estado de Israel.&nbsp;</p>



<p>El cambio de régimen y de sistema político en Irán, que se deja por ahora a cargo de los mismos iraníes, que ya fueron masacrados por el gobierno islámico en anteriores oportunidades, resulta extremadamente aleatorio cuando las armas de la represión continúan furiosamente en manos de los que a principios de año mataron a miles de personas por salir a protestar.&nbsp;</p>



<p>En una nación con más de 92 millones de habitantes, alimentada a lo largo de casi medio siglo con la idea de la primacía de los clérigos, si bien es posible que haya varios millones que resientan las reglas del radicalismo islámico y aspiren a un régimen diferente, también lo es que muchos se consideren huérfanos por la muerte de su líder máximo y no estén dispuestos a cambiar sino a continuar.&nbsp;</p>



<p>Los próximos días resultan cruciales, pues la refrendación de la ley de la selva no se ha propiciado solamente en el ámbito de lo internacional, sino que ha lanzado a los propios iraníes a guiarse por el instinto selvático en la búsqueda de su futuro político y social. De manera que cualquier día de estos los agresores dan por terminada su tarea con una proclama victoriosa mientras los iraníes quedan a merced de contradicciones internas que podrían enfrentarlos en guerra civil.&nbsp;</p>



<p>Hacia afuera, Irán, diezmado en su poderío militar, y bajo el mando oculto de sucesores previstos del Ayatola Jamenei, ha “huido hacia adelante” con el cierre del Estrecho de Ormuz, el ataque a bases militares y sedes diplomáticas de los Estados Unidos en países del Golfo Pérsico, la activación de Hezbollah, y en la medida de sus posibilidades el bombardeo a Israel.&nbsp;</p>



<p>Por ahora Israel avanza, en su versión de esta guerra, valiéndose audaz e inteligentemente de los Estados Unidos, para deshacerse de su enemigo mortal. Para ello no solo ha bombardeado centros de poder en Irán, sino que ha repelido los ataques de Hezbollah con bombardeos a barrios que ocupa en Beirut y el establecimiento de una zona de “tapón” en territorio libanés.&nbsp;</p>



<p>Los Estados Unidos parecerían estar en otra apuesta. Su mirada, por encima de dictaduras y democracia, puede estar en el gran juego de la disputa con China por la supremacía mundial en el Siglo XXI. Así como en el caso venezolano Trump logró hasta ahora hacerse de alguna manera al control del país con las reservas petroleras más grandes, animado por esa experiencia, y sin que los casos sean totalmente comparables, se habría aventurado a la búsqueda del control de los recursos petroleros de Irán. China es el comprador principal del petróleo iraní y dentro de sus aspiraciones energético estratégicas globales no puede dejar de figurar el petróleo iraní. Aspiración que con esta guerra podría verse frustrada en favor de los Estados Unidos.</p>



<p>En otro orden de ideas, podemos estar en presencia de un esfuerzo más por imponer una visión del mundo basada en la reiteración de la ley de la selva, es decir cada gran felino con su territorio y sus presas. Con aspiraciones declaradas en el sentido de que Rusia desea quedarse con Ucrania, China con Taiwán, y los Estados Unidos con las fuentes de petróleo ya mencionadas, además de Groenlandia, Cuba y Panamá. Mientras el Derecho Internacional sigue en el taller de restauración de documentos desteñidos. </p>
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        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=126495</guid>
        <pubDate>Wed, 04 Mar 2026 01:27:51 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Refrendada ley de la selva]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>Occidente no está terminado</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/destellos-de-un-mundo-en-mutacion/occidente-no-esta-terminado/</link>
        <description><![CDATA[<p>Es prematuro declarar que Occidente está acabado por el hecho de que, al avanzar el Siglo XXI, se han puesto de manifiesto diferencias entre europeos y americanos.&nbsp; El concepto de Occidente, con la integración de Europa y América, se forjó a lo largo de tres siglos, desde cuando españoles, portugueses, ingleses, franceses y otros en [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Es prematuro declarar que Occidente está acabado por el hecho de que, al avanzar el Siglo XXI, se han puesto de manifiesto diferencias entre europeos y americanos.&nbsp;</p>



<p>El concepto de Occidente, con la integración de Europa y América, se forjó a lo largo de tres siglos, desde cuando españoles, portugueses, ingleses, franceses y otros en proporciones menos significativas vinieron a ocupar tierras americanas. No se trataba de chinos, indios, persas, mongoles o árabes musulmanes. La marca de los invasores y de sus proyectos era la condición cristiana, expresa en el caso de los ibéricos e implícita en los otros; exigida luego a los africanos forzados a venir a las Américas. Hasta que llegaron los ideales de las revoluciones europeas a producir la ruptura del modelo colonial como uno de los mejores cataclismos de la historia.</p>



<p>Esta mención sirve para recordar elementos fundacionales sobre los cuales se concibe todavía el concepto de lo occidental, aún después de que el balance del poder haya cambiado al cierre de la época de las guerras mundiales para vivir casi un siglo con la primacía americana y la extensión de la idea del occidente político-geográfico a Australia, Japón y Corea, por lo menos en torno a la “democracia representativa” y el capitalismo. Solamente Cuba se fue abiertamente en contra de esa primacía, con las consecuencias conocidas, y la Europa Oriental se integró al esquema luego del experimento comunista. </p>



<p>La “crisis existencial” que ahora asusta a unos cuantos no tiene ni de lejos las proporciones, ni la profundidad, de verdaderas crisis anteriores de los elementos propios del Occidente euroamericano: la independencia de las colonias francesas, británicas, españolas y portuguesas, con el surgimiento de decenas de nuevos Estados de estirpe occidental, y las dos guerras mundiales, que sustancialmente fueron europeas y después de resolverse con la decisiva participación americana condujeron por un lado a la formación de la Unión Europea y por el otro a la division de Europa representada en el Muro de Berlín .</p>



<p>Cómo no iba a ser una crisis mayor la independencia y la ruptura del orden colonial que ataba a la altura de los Siglos XVIII y XIX a Europa y América. Y cómo olvidar que la historia de Europa, crisol original de Occidente, estuvo manchada de sangre hasta rematar con dos guerras originadas en desavenencias europeas, que en el curso de treinta años dejaron cien millones de muertos. Para vivir luego casi medio siglo de división profunda debida al control de los comunistas en los países del Oriente europeo, antes de pasarse con furia de conversos a la OTAN y al modelo político y económico occidental. </p>



<p>Es dentro de este amplísimo panorama que se debería apreciar el desencuentro actual, motivado por el reclamo americano de mayores contribuciones presupuestales al pacto de defensa de la OTAN y las confusas y poco ilustradas críticas de unos políticos americanos, recién llegados a las grandes discusiones, hacia “la cultura europea” sin autoridad evidente para hacerlo.</p>



<p>El primero de los dos reclamos no solamente es justificado sino fácil de satisfacer: en la elemental lógica “trumpiana” no es sino pagar. Pero, además, y en eso tiene razón el presidente estadounidense, los europeos deben fortalecer su conciencia de la necesidad de asumir las cargas de diferente índole en cuanto a la defensa de su continente, en lugar de sobrevivir en la tibieza de la confianza desmedida en la protección de la sombrilla nuclear americana. Afortunadamente Europa ha despertado para atender ese reclamo presupuestal, con el rédito del refuerzo de la unidad europea.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>El segundo de los reclamos, formulado de manera sorpresiva por el vicepresidente de los Estados Unidos en la Conferencia de Seguridad de Múnich el año pasado, dejó perplejos a los asistentes cuando dijo que “la mayor amenaza para la seguridad europea es interna” por la “pérdida de valores fundamentales compartidos con los Estados Unidos”, la &#8220;permisividad en materia migratoria&#8221; y &#8220;las limitaciones de la libertad de expresión&#8221; en el viejo continente. Con esas admoniciones, al comenzar la segunda administración del más radical de los republicanos en los Estados Unidos, parecía marcado un tono agresivo de las relaciones intercontinentales para los siguientes cuatro años.</p>



<p>Lo anterior resultó agrandado por el hecho de que el vicepresidente reafirmó, en visitas después de la reunión, su apoyo a los partidos de la más extrema derecha, que se oponen a la Unión Europea y abogan por el autoritarismo bajo lemas populistas con connotaciones excluyentes y racistas. Así quedaron puestas las cosas por parte de los Estados Unidos, con un airecito infundado de superioridad moral respecto de Europa, como si en los Estados Unidos de hoy los tradicionales valores occidentales fuesen rutilantes.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>En la versión 2026 de la misma conferencia de Múnich el Secretario de Estado Marco Rubio mostró ahora un ánimo aparentemente menos tendencioso y más respetuoso y conciliador. Aunque anunció la obviedad de los cambios vertiginosos que se están produciendo en el panorama geopolítico mundial, reiteró el compromiso de los Estados Unidos con su amistad respecto de Europa, lo cual resultó plausible. Pero al tiempo prescribió un orden internacional apartado del internacionalismo globalizante liberal, opuesto a las migraciones y sobre todo centrado no ya en reglas preestablecidas sino en las prioridades de acción de los Estados Unidos conforme a sus necesidades e intereses. Característica esta última que obliga a pensar en relaciones diversas, basadas en negociaciones fragmentadas más que en instituciones estables, para efectos comerciales y políticos.</p>



<p>Después de esos planteamientos, salidos del Departamento de Estado de los Estados Unidos, donde de pronto saben mejor cómo decir las cosas que se piensan en la Casa Blanca, el mundo quedó advertido. Se vive un periodo de ajuste. Para que nadie se alarme, es bueno recordar que el hecho de que haya diferencias es de estirpe occidental. Y nada tiene de malo un Occidente que contenga versiones diferentes de sí mismo, con el común denominador de las libertades, la aversión ciudadana al autoritarismo y su apego al Estado de Derecho.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>En estas condiciones hay que ver quién, dónde y cómo, está obrando en atención o en contravía de los valores occidentales. Para no ir muy lejos, la observación puede hacerse respecto del&nbsp;menosprecio radical de ciertos sectores en los Estados Unidos por el islam y del desconocimiento de los padecimientos demográficos de Europa.&nbsp;Como si el fundamentalismo religioso no hubiese sido invento de comunidades protestantes norteamericanas, adjudicado luego apasionadamente a los musulmanes, y como si nadie hubiera leído la historia sanguinaria de las Cruzadas y advertido la generosidad musulmana, por ejemplo, hacia los judíos cuando los expulsaron de España. Y en materia de migraciones, como si no fuese explicable la resaca del colonialismo europeo en África, Asia y Oceanía, y la&nbsp;&nbsp;necesidad de atender responsabilidades post coloniales que no tienen que ver solamente con las migraciones sino con el desarrollo de las antiguas colonias, a las que durante siglos se les vendió la fantasía de paraísos europeos.&nbsp;</p>



<p>Aún después del discurso del cubano-americano secretario de Estado, a nadie le debería espantar un Occidente con diversas interpretaciones de su configuración y sus posibilidades. Pero, eso sí, sin sumisiones, ni unanimidad, y más bien con un jardín variado donde sobresalgan las libertades. No sometido a una potencia dominante, encargada de señalar de manera autoritaria y equivocada el rumbo de la democracia más allá de las urnas.</p>



<p>Nadie puede decir que las realizaciones del primer año del nuevo gobierno republicano en los Estados Unidos sean ejemplares en cuanto a los valores occidentales. Qué tal Macron, Merz, Starmer, o Meloni, usando la diplomacia como medio para hacer negocios en favor de familia y amigos, con criptomonedas a su nombre, cobrando por la entrada a las sedes de sus gobiernos, insultando periodistas de ciertas cadenas y negándose a responderles, acosando a la Sorbona, Heidelberg, Oxford o Boloña, cerrando las puertas del gobierno a oficinas de abogados que hayan defendido causas molestas, enviando agentes enmascarados a cacería de inmigrantes, mutilando la administración a la brava bajo el mando del hombre más rico de sus respectivos países, desconociendo al correspondiente poder legislativo y regañando a los jueces. Para no hablar de arremetidas contra las causas ambientales y de búsqueda de nuevas energías, cambios súbitos de políticas comerciales y retiro paulatino de la ayuda al extranjero y de organismos de las Naciones Unidas, menos del Consejo de Seguridad, para mantener, quienes lo tuviesen, el poder de veto.&nbsp;</p>



<p>Pero, ahí está la gracia, en todo caso. Que haya diversidad dentro de una causa común, mientras la historia pasa y en poco tiempo vuelva todo a su cauce o encuentre uno nuevo. Cada quién en su viaje, dirían los sabios orientales de otra época.&nbsp;</p>



<p>La alianza histórica que sostiene a Occidente todavía no está terminada, pero exige en este momento esfuerzos para echarla hacia adelante sobre la base de valores comunes que no han desaparecido como propósitos. Se trata de atender la obligación histórica de estar atentos para que el destino sea mejor. Aunque falta ver si los líderes de lado y lado de los mares están a la altura del desafío.</p>



<p>Esta coyuntura no nos puede ser ajena. Nuestra situación es de cuidado ya que debemos pensar en el futuro de nuestras relaciones con quienes dan por descontada nuestra sumisión a los Estados Unidos. Ante lo cual debemos trabajar para que las relaciones interamericanas se desarrollen en términos de respeto mutuo, nuestros vínculos con Europa se fortalezcan, y se hagan reales encuentros fructíferos política y económicamente con otros continentes, para acelerar el ritmo de nuestra independencia.&nbsp;&nbsp;</p>



<p></p>
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        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=126151</guid>
        <pubDate>Tue, 24 Feb 2026 04:15:26 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Occidente no está terminado]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Eduardo Barajas Sandoval</media:credit>
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        <item>
        <title>Política fuera de lugar</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/destellos-de-un-mundo-en-mutacion/politica-fuera-de-lugar/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hasta cuando el Emperador Teodosio los proscribió en 393 por considerarlos paganos, motivación político-religiosa, los juegos olímpicos eran la oportunidad por excelencia no solo de observar una tregua en los conflictos entre las pólis sino de moderar diferencias entre gobernantes, para que los atletas emularan en sana competencia física animados por un espíritu de concordia.  [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p>Hasta cuando el Emperador Teodosio los proscribió en 393 por considerarlos paganos, motivación político-religiosa, los juegos olímpicos eran la oportunidad por excelencia no solo de observar una tregua en los conflictos entre las pólis sino de moderar diferencias entre gobernantes, para que los atletas emularan en sana competencia física animados por un espíritu de concordia. </p>



<p>El cumplimiento mismo de la tregua, obligatoria para las ciudades participantes, les daba a los juegos, por definición, una función política paralela a la competencia deportiva, pues el hecho de ser símbolo y ejemplo de que la paz es posible tenía significado político en el más noble de los sentidos. De allí salió el ideal de que ese espíritu se mantuviera en torno y con ocasión de toda competencia deportiva, y no se limitara al paréntesis de los juegos.</p>



<p>A pesar de esa quimera, la puerta quedó, de hecho, abierta a la interferencia de los tribalismos, traducidos a los nacionalismos. También quedó abierto un acceso, cada vez más grande, a la interferencia que frente a los ideales olímpicos pueden representar la comercialización del deporte como espectáculo y la propagación del fanatismo. Fenómenos ambos que han avanzado para convertir las justas deportivas, con sus pros y sus contras, en elemento sustancial de la civilización contemporánea. Una civilización que, bajo sus diferentes versiones, convierten a algunos deportes en elementos de verdadera congregación internacional de público de todos los países, sin barreras de credo religioso o político.&nbsp;</p>



<p>La omnipresencia del deporte ha venido a llenar en nuestra época el vacío de espectáculos de masas que siempre existieron en todas partes. Promotores de militancias y colectores de euforias o frustraciones colectivas que afectan a millones de personas relacionadas con equipos en los que no juegan, pero por los que se juegan el pellejo como devotos o críticos de los actores de uno y otro torneo.&nbsp;</p>



<p>Si fuese posible, que no lo es sino en gracia de discusión, sustraer los espectáculos deportivos de los rituales de la vida contemporánea, el mundo sería sin duda aburrido y también peligroso, pues se pondría en busca de entretenimientos como el circo romano, con ansia irrefrenable de causas comunes para esperar, vivir, criticar y recordar acontecimientos de concurrencia multitudinaria, ahora presencial o remota. Para celebrar o sufrir en compañía de alguien victorias y derrotas.&nbsp;</p>



<p>Existe una legítima preocupación, aunque no siempre explícita, que acompaña en todas las ocasiones las competencias deportivas: la fidelidad al espíritu del olimpismo. Es decir que, así no se trate de los Juegos Olímpicos formalmente organizados, subsiste y debe subsistir el propósito del cumplimiento de esos ideales olímpicos que se sintetizan en el encuentro amigable de representantes de distintas agrupaciones de la especie humana para buscar, con la práctica de un deporte, los ideales de mente sana en cuerpo sano, la competencia amistosa, el juego limpio, y la paz no solamente entre los competidores, sino entre sus seguidores y gobernantes.</p>



<p>Frente a ese panorama idílico existen realidades contundentes que muestran encuentros y también desencuentros entre la política y el deporte.&nbsp;&nbsp;Y es difícil que sea de otra manera porque, sobre todo en la dimensión internacional, las personas que participan en cada competencia tienen distintas características y creencias, que salen a flote un poco por fuera de lo deportivo bajo la presión de los animadores de su respectiva cultura, cuando no de sus respectivos estados. De manera que los deportistas se convierten en portadores involuntarios de estandartes de aquello que se ha venido en llamar “poder suave “, que juega un papel importante en todos los escenarios de las relaciones internacionales.</p>



<p>La idea misma de la restauración de los Juegos Olímpicos por parte del Barón Pierre de Coubertin, en los últimos años del siglo XIX, despertó interesantes observaciones de naturaleza política, además de las deportivas. A partir de entonces, ha sido muy difícil ahuyentar todo tipo de interferencias, así como el aprovechamiento de los juegos por parte de gobernantes de distinta procedencia para dar impulso a sus intereses o al menos hacerse notar en el escenario.</p>



<p>Muy en desorden, se puede recordar cómo los juegos de Berlín, en época del Tercer Reich, quisieron ser aprovechados para demostrar la superioridad racial de los organizadores. Lo mismo, bien que mal, ha sucedido en otras partes, así no haya sido de manera tan radical y ostensible. Los Estados Unidos boicotearon los Juegos Olímpicos de Moscú como represalia por la invasión rusa de Afganistán. Rusia hizo lo propio con los de Los Ángeles.&nbsp;</p>



<p>En torno de Rusia, se han presentado las mayores y más intensas discusiones. Los atletas rusos han sido proscritos de las justas olímpicas, y de otros eventos, por la utilización de lo que se ha denominado por algunos “doping institucional” para sus atletas en los Juegos Olímpicos de Sochi. También ha sido excluida últimamente de los olímpicos y de otros campeonatos importantes, como los de la FIFA y la UEFA, a manera de sanción por su ataque a Ucrania. Atletas rusos pueden participar en forma individual en algunos campeonatos, previo proceso restrictivo, pero su nacionalidad no se menciona, la bandera no es izada ni portada y el himno nacional no se escucha.&nbsp;</p>



<p>En torno de los deportes existe todo tipo de discusión y reclamo en cuanto al papel del Estado como sustentador de los esfuerzos deportivos y su apoyo a competencias internacionales. Y claro, algunos Estados apelan al deporte como muestra propagandística de su poder blando. Tal el caso del cubano, que se propuso en una época conseguir los mayores logros posibles en materia deportiva como muestra de la fuerza de su revolución. Los derechos de televisión y la propaganda comercial inserta en la mayoría de los eventos deportivos juegan un papel muy importante en la universalidad o la exclusión de países o sectores sociales frente al deseable acceso universal al desarrollo de las competencias. Las apuestas han encontrado nido en las competencias deportivas para sacar provecho del espíritu aventurero de los entusiastas de poner a prueba su suerte, y el fenómeno se ha convertido en fuente de ingresos para empresarios del juego y de impuestos para muchos Estados.&nbsp;</p>



<p>El fanatismo se ha convertido en inspirador de figuras sociales, como el “hooliganismo”, con expresiones en distintos países, que ha producido tragedias dentro y fuera de los estadios. Inclusive el fanatismo ha llevado a guerras folclóricas entre países tercermundistas. Las “bolsas” de pases de deportistas mueven billones de dólares y se alejan de los ideales del olimpismo, pero resultan de una importancia arrolladora e inevitable: tienen el monopolio de negocios que la gente sigue con el mismo interés que los juegos. Y, en fin, en países polarizados internamente, que son muchos, resulta claro que la selección nacional del deporte predominante se convierte en el único factor identificable de unidad, así sea por el tiempo que dure un partido.</p>



<p>En estos mismos días India y Bangladesh protagonizaron tremendo espectáculo en desarrollo del Campeonato Mundial de Cricket, deporte de primer orden en esos dos países, al punto que el tratamiento dado por la India al tema la puede alejar de su aspiración de albergar próximamente unos Juegos Olímpicos. En la medida que se acerca el Campeonato Mundial de Fútbol, aparecen conjeturas sobre las vicisitudes que puedan pasar visitantes extranjeros en las ciudades estadounidenses donde se desarrollará parte de la competencia.&nbsp;</p>



<p>Para cerrar este relato de infortunios en contra del espíritu que debería poner fuera de juego a la política en materia deportiva, al presidente de la FIFA se le ocurrió inventarse un premio de la paz, representado en una figura extravagante, dorada y ostentosa, que entregó al presidente de los Estados Unidos, para compensar su decepción por no haber recibido el Nobel de Paz. Acto que de pronto le permitió congraciarse una vez más con el destinatario de su premio inventado de manera personal, pero deplorable desde el punto de vista de la neutralidad política del deporte.&nbsp;</p>



<p>Por supuesto, hay quienes claman por la preservación absoluta del espíritu olímpico en todas las actividades deportivas, y es bueno que haya quien mantenga en alto esa bandera. También hay quienes abogan por terminar la trashumancia de los juegos olímpicos, para que se lleven a cabo siempre en el mismo lugar, al que peregrinarían todos los países del mundo, sin que exista esa competencia de prestigio, gasto público y negocio rentable por el que compiten ahora los candidatos. Existen discusiones sobre el género en los juegos olímpicos y deporte en general. Lo mismo que en torno del concepto de actividad deportiva olímpica, que rechaza el patinaje sobre ruedas, pero acepta malabares de andén.&nbsp;</p>



<p>Tal vez los Juegos Olímpicos de Invierno, que se realizan por estos días, sirvan para retratar el estado de cosas de un movimiento que sin duda sirve inmensamente a la humanidad y cuya continuidad debe ser propósito universal. Un atleta ucraniano fue excluido de los juegos por llevar en su casco, imágenes de atletas de su patria muertos en la guerra con Rusia; país que no pudo participar. Cinco atletas rusos fueron admitidos de manera individual y “neutral”, y la admisión, aún en esas condiciones, motivó la protesta de Ucrania.&nbsp;</p>



<p>El espectáculo denota la presencia insistente de consideraciones políticas en el seno del olimpismo, sin que exclusiones y castigos contribuyan a arreglar ningún problema, y no sirvan para algo más que profundizar animadversiones que van en contra de ese espíritu que debe prevalecer. Con ese propósito, ninguna autoridad deportiva se debería tomar la atribución de calificar políticamente a los eventuales participantes en un campeonato, o mejor aún, a los gobiernos del país de donde provengan, para decidir si pueden competir o no; para no contradecir, con el lenguaje brutal de los hechos, ese espíritu olímpico que deseamos conservar. Los Estados, por supuesto, deben realizar el esfuerzo de respetar la independencia del deporte y no utilizarlo en favor de sus intereses desde fuera de lugar.&nbsp;</p>
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        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125852</guid>
        <pubDate>Mon, 16 Feb 2026 04:51:40 +0000</pubDate>
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        <title>Guerra fría en el Ártico</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/destellos-de-un-mundo-en-mutacion/guerra-fria-en-el-artico/</link>
        <description><![CDATA[<p>Todavía nos preguntamos si los vikingos llegaron al continente americano antes que Cristóbal Colón. La idea proviene de la posibilidad de esa llegada por las rutas del norte, que pueden unir continentes en el verano. Rutas cada vez más manejables en la medida en que progresa el calentamiento global. La pretensión del presidente de los [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
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<p>Todavía nos preguntamos si los vikingos llegaron al continente americano antes que Cristóbal Colón. La idea proviene de la posibilidad de esa llegada por las rutas del norte, que pueden unir continentes en el verano. Rutas cada vez más manejables en la medida en que progresa el calentamiento global.</p>



<p>La pretensión del presidente de los Estados Unidos de controlar Canadá y Groenlandia ha motivado una especie de despertar estratégico que resulta extraño para muchos, y ha puesto de presente las debilidades de la defensa ártica ante una posible acción de Rusia y China, que podrían utilizar el camino del Polo Norte para agredir al continente americano, la primera en razón de su presencia de proporciones extraordinarias en el Círculo Polar Ártico, y la segunda en busca del cumplimiento de sus designios estratégicos, para completar una dimensión nueva de la ruta de la seda.</p>



<p>Ante ese panorama, Europa se ve obligada a reaccionar para no quedar atrapada entre potencias que no solamente aspiran, como es el caso de los Estados Unidos, a apoderarse de una de sus posesiones de ultramar, como lo es Groenlandia, sino a diseñar, como Rusia y China, una nueva versión de control de la geografía del planeta para el resto del siglo XXI</p>



<p>La discusión respecto de Groenlandia conduce a una cuestión más amplia todavía sobre el control de la región ártica del planeta, y pone de presente que ha existido cierta negligencia por parte de la OTAN respecto de ese corredor marino y submarino que permite la presencia de navíos de todas partes en las aguas del verdadero Atlántico Norte. Esto mientras la OTAN se dedica a atender el frente oriental, particularmente en torno del conflicto en Ucrania y los peligros de su extensión hacia la Europa Oriental.&nbsp;</p>



<p>Es indudable que el ártico representa un escenario estratégico de creciente importancia, punto de convergencia insospechado de encuentro o desencuentro entre los intereses de Canadá, Estados Unidos, China, Rusia, y los países europeos del norte.</p>



<p>Una lectura del planeta visto desde encima del Polo Norte, a la que muchos no están acostumbrados, excepto geógrafos y estrategas, permite ver cómo Corea del Norte y Rusia estarían a un paso de Canadá y a dos de los Estados Unidos, para los efectos que fuese. La redondez de la tierra, que nos han acostumbrado a apreciar con Europa como el centro del mundo, revela en este caso una dimensión desconocida, pero de trascendencia evidente.</p>



<p>El círculo que rodea al Polo Norte interesa, en el sentido de las agujas del reloj, a Rusia, con una costa estimada en 24,145 km, la mitad de toda la ribera ártica, Finlandia y Suecia, aunque no tengan necesariamente costas sobre los mares de la región, Noruega, Dinamarca, y los Estados Unidos, por su control sobre Alaska. Es tan grande la zona marítima que contiene los mares de Barents, Kara, Laptev, Siberia Oriental y Chukota, y en ella desbocan los ríos, Obi, Lena y Yeniséi, para mencionar solamente los más importantes.</p>



<p>A través de esa región, para no hablar de cohetes, avanzaría una ruta marítima cada vez más posible en época de verano, entre el estrecho de Kara en el norte de Rusia, más allá de la península de Kola, y el estrecho de Bering. La utilización efectiva de ese camino conduciría a que la distancia entre el Mar del Norte y el Mar de Corea fuese de 13,000 km, mientras que el mismo destino requeriría cubrir 20,000 km yendo por el Canal de Suez. Para no hablar de dar la vuelta por el sur de África.&nbsp;</p>



<p>Mención especial merece, como factor común a los intereses y preocupaciones de los países árticos el manejo del “permafrost”, esa capa de sedimentos mezclados de tierra y elementos vegetales empastada por el hielo a lo largo de siglos, que, según la estación, libera dióxido de carbono y metano, en forma acelerada ahora por el cambio climático. Esto sin contar con que, si el deshielo se profundiza, o se escarba en busca de riquezas minerales, escaparían de pronto bacterias y virus antiguos de difícil manejo para la humanidad.&nbsp;</p>



<p>A todo esto hay que agregar que mares e islas del norte aparentemente guardan recursos de primera importancia ante los requerimientos de nuevos materiales para sustentar desarrollos tecnológicos contemporáneos. Sea cierto o no, la mera expectativa de que se encuentran esos recursos despierta todo tipo de inquietudes y de ambiciones en torno a ese casco, que resulta ser una especie de sombrero del mundo.</p>



<p>Conviene preguntarse si los Estados Unidos, en su autodefinición, se han considerado una nación ártica, y la respuesta es que en su gran mayoría no. En realidad, los estadounidenses del común cuando se ocupan de esas cosas piensan sobre todo en la situación de su país frente a Rusia, China, los europeos, América Latina y el Caribe. En lo cual se diferencian de los rusos, finlandeses, noruegos, suecos, daneses y canadienses, para quienes el tema es de obligatorio interés.&nbsp;</p>



<p>Otra cosa son los habitantes de Alaska, que viven intensamente esa dimensión y esperan señales de Washington sobre la materia. Alaska, adquirida en 1867de los rusos por 7.2 millones de dólares para evitar que vendieran el territorio a los británicos, resultó ser, a lo largo de la Guerra Fría, bastión de primera línea de la defensa de Norteamérica frente a sus antiguos aliados soviéticos, después de haber servido durante la Segunda Guerra Mundial como avanzada para transferir aviones a la URSS.&nbsp;</p>



<p>Ante las posibles amenazas de Corea del Norte, Rusia y China, que tendrían cohetes, barcos de superficie y submarinos apuntando hacia los Estados Unidos, el tema plantea exigencias importantes para quien gobierne los Estados Unidos, que tiene la obligación de formular políticas para aliarse o disputarse con el resto de países que pertenecen por naturaleza al “círculo del Ártico”.&nbsp;</p>



<p>En la época de transición hacia el fin de la Guerra Fría, el presidente Mijaíl Gorbachov, responsable del futuro de la enorme región ártica de Rusia, sugirió que el Ártico se convirtiera en “zona de paz”, sin armas nucleares y con propósitos comunes de los países del vecindario en materia de manejo medioambiental. Nació así la idea del “excepcionalismo ártico”, que ha recibido apoyo oscilante de parte de los gobiernos estadounidenses.</p>



<p>Como intento institucional de manejo de los recursos ocultos arriba del Círculo Polar Ártico, dentro del espíritu de lo propuesto por Gorbachov, Rusia, Canadá, Estados Unidos, Finlandia, Noruega, Suecia, Islandia y Dinamarca, establecieron el Consejo Ártico como foro intergubernamental que se ocuparía del manejo armónico de las complejidades de esa parte del planeta. En virtud de lo cual se firmaron convenios de cooperación científica, manejo de la contaminación y búsqueda y rescate.&nbsp;</p>



<p>El ritmo del Consejo se vino a interrumpir con motivo del ataque de Rusia a Ucrania, que despertó todo tipo de susceptibilidades y prevenciones respecto del compromiso ruso con la institucionalidad internacional. El tema pasó entonces sí a ser objeto de estudio y consideraciones estratégicas por parte de la OTAN, con énfasis acelerado por la entrada de Finlandia y Suecia a esa Organización.&nbsp;</p>



<p>Ese es el contexto en el que conviene apreciar la intención del presidente de los Estados Unidos de anexar y extinguir al Canadá, y tomarse la isla de Groenlandia. Asuntos ambos relacionados con las preocupaciones estratégicas propias de la dimensión ártica de las relaciones internacionales. De manera que, de ahora en adelante, esas pretensiones “trumpianas” no pueden ser vistas solamente como caprichos, que lo son en cuanto hay otras formas de manejar el asunto, sino como materia de obligatoria definición dentro del marco de las preocupaciones por el orden en el Círculo Polar Ártico.&nbsp;</p>



<p>Canadá ha concebido planes ambiciosos de defensa en la región ártica, para cubrir en nombre de Occidente ese flanco, sin dejarlo exclusivamente en manos de los Estados Unidos. El refuerzo de las relaciones canadienses-danesas, con apoyo de los países nórdicos europeos y del conjunto europeo de la OTAN, marchan en la misma dirección. Algo que implica un intento de sustitución de la exclusividad estadounidense en el ejercicio del poder disuasorio frente a Rusia, China y todos los interesados en el uso civil o militar de las rutas marítimas y aéreas del Círculo Polar del Norte. Estrategia que el primer ministro Mark Carney definió no como una transición sino como una ruptura. Falta por ver hasta dónde es posible que ese enfoque tenga éxito sin la voluntad de los Estados Unidos, que en lugar de tratar de imponer su voluntad podría contribuir a fortalecer el manejo colectivo de la seguridad en el norte del norte.&nbsp;</p>



<p>Siempre será bueno recordar que Rusia, no ahora sino de tiempo atrás, geografía obliga, mantiene bases militares a lo largo de toda la Ruta Marítima del Norte, en lo que le corresponde, y que la principal rama de su flota marítima militar es la del norte. Para no hablar de los chinos, que miran el mundo como espacio en el que tienen derecho y obligación estratégica de hacer presencia y sacar ventaja dentro de la competencia por la primacía en las décadas venideras.&nbsp;</p>



<p>La ministra británica de relaciones exteriores, Yvette Cooper, advirtió que “el Ártico es la puerta para que la Flota Norte de Rusia pueda amenazar a Europa Occidental, Canadá y Estados Unidos”. Si ello es así, la seguridad transatlántica depende en alta medida del esquema que se pueda establecer para el Ártico, donde se está librando una especie de guerra fría en el frío nórdico, pues Rusia, China y otros, tienen también sus propias apuestas.&nbsp;</p>
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        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
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        <pubDate>Mon, 09 Feb 2026 03:08:03 +0000</pubDate>
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