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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Damian Pachon Soto, Bloguero de Blogs El Espectador</title>
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        <title>El cosmos, la hormiga y los espacios sociotécnicos.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/el-cosmos-la-hormiga-y-los-espacios-sociotecnicos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Todo el proceso vital de las especies, así como el del humano, requiere transformar materia. La vida viene de la vida y come vida para perpetuarse. Sobrevivir implica la metamorfosis material del mundo, un incesante intercambio de líquidos, flujos y sustancias. Esa materialidad está presente en el aire que respiramos, el mismo que remite al árbol, a la fotosíntesis y a la estabilidad climática del planeta. </p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Sobre la mesa del comedor de la casa de un campesino, en una vereda de Colombia, se desplaza una hormiga. Lleva entre sus tenazas un pedazo de azúcar para sus larvas que crecen dentro de un hormiguero. Se arrastra inconsciente de la grandeza del <em>cosmos</em> que la posibilita y la rebasa. El nido queda detrás de la casa, en la parte baja de un barranco, rodeado de unos geranios blancos, rojos y zapotes. Para llevar el azúcar a las crías, debe hacer un gran esfuerzo: descender por las patas de madera de la mesa arrastrando su pesada carga, bajar hasta el piso y cruzar por el comedor abierto, hasta llegar a los pies del barranco. <em>La hormiga está en espacios sociotécnicos, humanos, artificialmente creados, pero debe llegar a la tierra, al hormiguero, a su morada.   </em></p>



<p>En el cosmos, la galaxia; en la galaxia, el planeta tierra; en la tierra, este continente; en el continente, Colombia; en Colombia, la vereda; en la vereda, la casa; en la casa la mesa y el piso; tras la casa, el barranco; y bajo la tierra, el hormiguero que <em>aloja</em> a la hormiga. <em>Todo ello es poesía cósmica, del mundo.</em> <strong>Normalmente, cuando estamos sumergidos en la rutina, cuando sometemos nuestros ritmos vitales a la dictadura del reloj; cuando estamos en el trabajo y los días, como se titula el libro de Hesíodo, no nos percatamos de toda esta arquitectura, de estas redes; de estas grandes tramas escritas por el universo</strong>, de la traslación del planeta al interior de la galaxia, de su rotación sobre sí mismo, y del equilibrio cósmico que todo esto implica. No pensamos en el clima global, en la homeostasis planetaria, ni en la <em>habitabilidad</em> del mundo</p>



<p>Flotamos en el cosmos con una absoluta inconsciencia, como dormidos en un planeta vivo que también se mueve, extrañados de la atmósfera, de la biosfera, del núcleo caliente de Gaia que nos abriga y nos arropa…que nos mantiene vivos. Del <em>cosmos</em> provino la vida; esta se ramificó en millones de especies, bellas, diversas, raras, feas. <strong>Se formó así la naturaleza, esa obra de arte que se produce y se reproduce sí misma. La naturaleza es un circuito vital, una dialéctica de vida y muerte; en ella la vida está entrelazada, unida; es la madeja que permite la <em>sinapsis vital del mundo</em>, el <em>tejido viviente</em> del que formamos parte. </strong>No somos seres en la naturaleza, tal como está la matera sobre la mesa; ella es <em>en</em> nosotros, es una especie de universalidad que nos habita.    </p>



<p>En esta tierra habitamos continentes, países, regiones, provincias y veredas, pero todo ello es solo el resultado de un cosmos devenido, configurado, compuesto. <strong>El lugar en el que estamos es un gran arreglo material del mundo que ha tardado eones, milenos, siglos, décadas. </strong>Del <em>Bing-Bang </em>a la tierra donde están las crías de la hormiga, la materia ha pasado por muchas transformaciones, acciones, afectaciones. Se ha desdoblado en orgánica e inorgánica, pero siguen trabajando juntas, todo el tiempo, en lo vivo y en lo abiótico. En ese <em>tiempo </em>cósmico las bacterias descompusieron el CO<sub>2 </sub>y permitieron la formación de la atmósfera; desaparecieron los dinosaurios hace más de 60 millones de años. Desde el <em>Bing-Bang</em> hasta el mamífero humano que construyo la casa, en la cual reposa la mesa sobre la que se desplaza la hormiga, el cosmos se ha desplegado, y el humano, un recién venido en esta gran novela cósmica, ha empezado a escribir su historia. Así, arribamos a un <em>ahora, </em>un presente lleno de pasado y rebosante de futuros posibles, pues como dice la pensadora colombiana Laura Quintana (2025): “Todas las cosas del mundo están en medio de múltiples devenires y trayectorias”. Esa historia a la que arribamos no es más que el producto del diálogo de los seres humanos con el universo, un diálogo complejo, mediado por el lenguaje, la cultura y la técnica.</p>



<p>La casa es solo un <em>útero vivible</em>, una esfera para decirlo con Sloterdijk (2003), un espacio cálido en la agreste tierra, que posibilita la vida humana. Es la versión <em>moderna </em>de la cueva primitiva, donde alrededor del fuego se tejieron las primeras historias, y se echaron los primeros cuentos; en esas cuevas donde el ser humano, esa criatura desvalida si se la compara con la fuerza del tigre, buscó protección y tranquilidad. Allá, entonces, se crearon los mitos, esas grandes, bellas y múltiples maneras con las que los humanos trataban de explicar el origen de todo, su puesto en el cosmos como diría Max Scheler (2003) en el siglo XX, su relación con ese gran universo que lo apabullaba y lo hacía sentir ínfimo, miserable, miedoso. <strong>Los mitos y las religiones aparecieron como <em>formas de tratar con la realidad, </em>de hacerla asible, manejable, dominable, <em>vivible. </em>Por eso los mitos no son charlatanería, no son cuentos. Las religiones, por su parte, son creaciones poéticas para tratar con el mundo, para arroparnos bajo su manto, bajo el manto, también, de los dioses. </strong>Con los mitos y las religiones se buscaba explicar los misterios que apabullaron al humano, entre ellos, los dos más importantes: la vida y la muerte; su origen y su destino final.</p>



<p> Para <em>cavar</em> la cueva el ser humano primitivo, omnívoro, más inteligente, tuvo que trascender la naturaleza. Esta <em>trascendencia</em> es lo típico humano, le permite ir más allá de lo dado, de ciertas determinaciones biológicas. Ella apareció cuando ese animal ancestral que es el humano <em>contempló</em> el mundo, se dejó atraer, tentar, interpelar por lo que estaba afuera, pero también por lo que estaba <em>dentro</em>, en el interior, como dice la filósofa Diana Aurenque (2023). También Ortega y Gasset (2001) el siglo pasado había hablado del <em>ensimismamiento </em>como un carácter distintivo del humano, pues gracias a él pudo crear un e<em>spacio interior </em>que permitía el pensamiento, la filosofía. <strong>Si el animal está sometido a su dotación biológica, sino puede escapar de los límites que la naturaleza le ha impuesto, el ser humano es un ser <em>metafísico</em>, trascendente, que pudo <em>sobrepasar</em> lo físico, “ir más allá” de la naturaleza misma, pero <em>sin</em> <em>salir de ella</em>, pues somos seres anclados al devenir natural. Y es necesario pensarlo así, para evitar la egolatría del antropocentrismo. Somos <em>natura</em> y eso es indiscutible, pero también abrimos rutas hacia otros confines y mundos.</strong> </p>



<p></p>



<p>El ser humano es un ser <em>creador</em>, un animal pensante que creó un proyecto vital propio, <em>su mundo, &nbsp;</em>o, mejor, sus mundos, sus órbitas y universos propios<em>.</em> El animal nace, crece, se reproduce y muere, como sabemos desde la biología elemental; algunos son muy inteligentes, pero no escapan a los designios que <em>natura </em>les ha impuesto. El animal está acorralado por su naturaleza, pero el animal ancestral que es el humano, gracias a su pensamiento que también lo conecta con lo divino, no solo usó <em>herramientas</em> técnicas para cavar la cueva, no sólo creó los mitos y las religiones y se abrió un espacio cálido y protector en el mundo, sino que creó la agricultura, la ciencia, la técnica, la industria, el mercado, el Estado, la política, los departamentos, los pueblos y las veredas, el arte; y, también, engendró la motosierra para cortar la madera que <em>compone</em> la mesa sobre la que camina la hormiga.</p>



<p>Y así como con los hongos y la caza, y el azúcar artificial hecho por el ser humano, la hormiga reproduce su vida biológica, el humano con la técnica se sobrepone al mundo. <strong>No hay humano sin técnica, esta es constitutiva de su humanidad misma. Ha hecho posible el mundo que tenemos y lo ha configurado desde que talló la primera piedra para cazar grandes animales, o para cavar una gruta. La técnica está a punto de convertirse en el “segundo cuerpo de la Tierra”, dice el pensador africano Achille Mbembe (2024); ya es, en efecto, un espacio vital más, en él también moramos, vivimos y trabajamos. Por eso ya somos medio cyborgs.</strong></p>



<p>Todo el proceso vital de las especies, así como el del humano, requiere transformar materia. La vida viene de la vida y come vida para perpetuarse. Sobrevivir implica la metamorfosis material del mundo, un incesante intercambio de líquidos, flujos y sustancias. Esa <em>materialidad</em> está presente en el aire que respiramos, el mismo que remite al árbol, a la fotosíntesis y a la estabilidad climática del planeta. Cuando respiramos el aire nos conectamos, en verdad, con el universo todo, pues sin este, nuestro planeta mismo no existiría. Inhalo parte del cosmos y exhalo parte del cosmos ligeramente alterado. De todo ese entramado depende la vida. La vida es un soplo del cosmos, somos polvo estelar, y somos un suspiro del universo. En fin, <em><strong>somos hijos de engranaje del mundo y, para los creyentes, somos también la materialización de una idea divina, del pensamiento de Dios…somos un sueño de Dios, el producto de su sueño creador.</strong> </em>  </p>



<p>Pero hemos dicho <em>somos, </em>lo cual es relevante porque el humano no es un átomo, <em>recortado</em> de la realidad del mundo, del ambiente de la hormiga. <strong>“<em>Soy porque somos”</em> dice la sabiduría africana. Nacemos atados por medio de un cordón umbilical a Otros.  La comunidad y el mundo nos precede, nos forman. El humano no es una abeja sin panal perdida en el jardín. No. Es un ser atravesado por la sociedad y, a la vez, un ser que individualmente <em>forma</em> esa sociedad. </strong>En esa sociedad somos seres intersubjetivos, que nos comunicamos, nos entendemos, divergimos; en ella estamos cruzados por los afectos y por los principios. En ella cooperamos, aunamos esfuerzos comunes para sobrevivir, para perpetuar el mundo; de la sociedad recibimos lo que somos para poder tejer y crear lo que seremos. <strong>La sociedad es una fábrica de humanos, pero también es el “elemento” que nos permite transcenderla, rebasarla, superarla. La sociedad también está en nosotros y nosotros, individualmente, somos los ladrillos de La sociedad.</strong></p>



<p>Así que cuando veamos en nuestro hogar a un insecto, en su incesante trabajo, llevando un mundo artificial encima, sobre sus cuestas, pensemos en que todo lo que nos rodea es una <em>materialidad</em> devenida, biológica, química, orgánica, inorgánica y…desde luego, <em>técnica</em>. Es así como nos podemos reconciliar con el cosmos, con la vida y, para los creyentes, con la “obra de Dios”. Así potenciamos nuestra conciencia cósmica, nuestra pertenencia en esta procesión de seres, así nos concebimos humildemente como parte de la aventura de la materia y del espíritu; así ratificamos que <strong>“solo la fe en el mundo sensible puede salvarnos. Hay que volver por los derechos de lo corpóreo, de lo que tiene volumen, forma, color”</strong>, como decía la pensadora española María Zambrano (2014). Esto equivale a armonizarnos con los flujos de la vida que nos sostienen para evitar el daño del mundo que nos consumiría a todos.</p>



<p><strong>Referencias</strong></p>



<p>Aurenque, Diana. (2023). <em>Animal ancestral. Hacia una política del amparo. </em>Barcelona: Herder.</p>



<p>Max Scheller. (2003). <em>El puesto del hombre en el cosmos. </em>Buenos Aires: Losada.</p>



<p>Mbembe, Achille. (2024). <em>La comunidad terrestre. Reflexiones sobre la última utopía</em>. NED ediciones.</p>



<p>Ortega y Gasset, José. (2001). <em>En torno a Galileo. El hombre y la gente. </em>México: Porrúa.</p>



<p>Quintana, Laura. (2025). <em>El tiempo que queda. Sobre envejecer en el fin del mundo</em>. Bogotá: <em>Ariel.</em></p>



<p>Sloterdijk, Peter. (2003). <em>Esferas I: burbujas, Microesferología</em>. Madrid: Siruela.</p>



<p>Zambrano, María. (2014). <em>Obras completas, </em>VI. Fundación María Zambrano, Galaxia Gutenberg, S.L.</p>
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        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
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        <pubDate>Wed, 01 Apr 2026 15:05:20 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>Habermas: “El tema fundamental de la filosofía es la razón”</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/habermas-el-tema-fundamental-de-la-filosofia-es-la-razon/</link>
        <description><![CDATA[<p>El pasado 14 de marzo murió el famoso filósofo alemán Jürgen Habermas, uno de los pensadores públicos más importantes de la segunda mitad del siglo XX.  Su teoría de la acción comunicativa no solo fundamenta en el entendimiento, el diálogo y el consenso a las instituciones democráticas, sino que está a la base de una teoría social ambiciosa. Presentamos en esta nota los conceptos de racionalidad, lenguaje y acción comunicativa. </p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Ahora que ha muerto Jürgen Habermas (1929-2026) es curioso ver cómo políticos de distintas vertientes salen a resaltar sus aportes al derecho, al constitucionalismo y a la democracia: desde Gustavo Petro, pasando por Sergio Fajardo, Clara López, hasta Roy Barreras. Lo cierto es que las alusiones son de manual y no se adentran en los aspectos filosóficos de la construcción habermasiana misma, la cual es compleja y tiene como soporte lo mejor de la filosofía moderna y la teoría social. Ese proyecto iba encaminado no solo a recomponer la racionalidad, sino a “completar la modernidad y reactivar las energías utópicas de la Ilustración” (Guerra, 2016, p. 11). En este sentido, iba en contravía de los diagnósticos pesimistas de la primera generación de la Escuela de Frankfurt: Theodor Adorno, Herbert Marcuse y Max Horkheimer, principalmente. En esta nota exploramos su concepto de racionalidad, de lenguaje, y explicamos, brevemente, en qué consiste la <em>teoría de la acción comunicativa.</em></p>



<p><strong>El tema fundamental de la filosofía es la razón</strong></p>



<p>En la Introducción de su monumental <em>Teoría de la acción comunicativa </em>nos dice Habermas: “el tema fundamental de la filosofía es la razón” (Habermas, 2018, p. 23). Pero ¿Cómo la concibe? La razón para Habermas es, básicamente, un <em>procedimiento</em>, <em>un predicado</em>, <em>es una razón intersubjetiva, dialógica</em>. No es una razón objetiva, dada, que gobierna ciertos ámbitos de realidad como pensaban Horkheimer o los estoicos. La razón tiene que ver “con la forma en que <em>sujetos capaces de lenguaje y acción hacen uso</em> del conocimiento”, en la manera como lo emplean, lo usan. De ahí que tanto ‘las personas’ como sus ‘manifestaciones simbólicas’, es decir, expresiones lingüísticas, comunicativas, no comunicativas, pueden ser racionales. Podemos <em>predicar </em>de las personas que portan un saber, así como de las acciones que agencian y que se dirigen a un fin, que tienen un <em>telos</em>, que busca un éxito en la ejecución de esta, etc., que son <em>racionales </em>solo si pueden <em>justificarlos. </em>Debo poder <em>justificar</em> una opinión (<em>la pretensión de verdad</em> que tengo al emitirla), por ejemplo, pero también mis acciones teleológicas y la eficiencia de los <em>medios</em> que he elegido para alcanzar un fin determinado.</p>



<p>Así, el sujeto capaz de lenguaje y acción puede enunciar algo o manifestar algo de tal forma que la racionalidad de esa emisión (lingüística, por ejemplo) o de una acción depende de “su susceptibilidad de crítica o fundamentación” (Habermas, 2018, p. 32). Desde luego, la fundamentación se basa en la <em>argumentación</em>, en dar razones y en poder defender mi pretensión de verdad sobre estados de cosas en el mundo, hechos; o de justificar mis pretensiones de éxito de la acción al poder dar cuenta de la relación fin/medio. Debo poder justificar argumentativamente <em>proposiciones</em> que enuncian un saber sobre un estado de cosas en el mundo, o proposiciones sobre un saber en torno a las acciones teleológicas que efectuó para lograr fines de manera exitosa, aludiendo, por ejemplo, <em>a las reglas seguidas</em>.</p>



<p>&nbsp;Pero también tienen pretensiones de validez, es decir, son susceptibles de fundamentar a) <em>normas que rigen la interacción social,</em> y b) distintas vivencias como <em>deseos</em> <em>o</em> <em>sentimientos</em>, al igual que c) <em>expresiones evaluativas</em>, si bien estas últimas no tienen el mismo grado de <em>universalidad</em> que las <em>expresiones constatativas</em> de los hechos del mundo objetivo.</p>



<p>En el caso de las normas, se tiene pretensión de rectitud o corrección lo cual es fundamental en los casos de las normas sociales, mecanismos de control, la moral, la ética, el derecho; y en el caso de las vivencias quien enuncia tiene pretensiones de veracidad o credibilidad al enunciar estados subjetivos a los cuales él tiene un acceso privilegiado. En todos estos casos, es posible argumentar y contra-argumentar de tal manera que el resultado siempre será mediado por la deliberación racional. La pretensión de verdad se tiene sobre el mundo objetivo; la de corrección, sobre el mundo social; y la de veracidad, sobre el mundo subjetivo. Ahora, de todas formas, es necesario tener en cuenta que en las pretensiones de validez enunciadas:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>Cualquiera que participe en una argumentación demuestra su racionalidad o su falta de ella por la forma en que actúa y responde a las razones que se le ofrecen en pro o en contra de lo que está en litigio. Si se muestra abierto a los argumentos, o bien reconocerá la fuerza de esas razones que se le dan, o tratará de responder a ellas, y em ambos casos se estará enfrentando a ellas de forma racional. Pero si se muestra sordo a los argumentos, o bien ignorará las razones contrarias a su pretensión, o bien replicará con aserciones dogmáticas. Y ni en uno o en otro caso estará enfrentándose racionalmente a los asuntos que están en discusión. (Toulmin citado por Habermas, 2018, p. 42)</p>
</blockquote>



<p>Estas premisas le permiten a Habermas introducir el concepto de <em>racionalidad comunicativa</em> que implica “la capacidad de aunar sin coacciones [de manera libre] y de generar consensos que tiene un habla argumentativa en que diversos participantes superan la subjetividad inicial de sus respectivos puntos de vista” (p. 34), de tal manera que comparten unas convicciones racionalmente motivadas sobre el mundo objetivo y sobre la <em>intersubjetividad </em>del <em>contexto</em> donde desarrollan sus vidas. <strong>La <em>racionalidad</em> aquí implica el entenderse en algo sobre el mundo “al menos con otro participante en la comunicación” (p. 39), pero también permite “coordinar las acciones sin recurrir a la coerción y de solventar consensualmente los conflictos de la acción”, cuando hay disonancias, diferencias o desacuerdos profundos sobre el contexto, la acción o sus posibilidades de ejecución.</strong> Es decir, <strong>si se presenta un desacuerdo, se activa el dialogo y la negociación para llegar a un acuerdo y así solventar la situación concreta.</strong></p>



<p>&nbsp;Desde luego, hay que preguntarse por las condiciones que han de cumplirse para que se pueda alcanzar ese consenso, específicamente, el horizonte desde el cual es posible. Y es aquí donde entra el concepto de mundo de la vida de Edmund Husserl, retomado y profundizado por Habermas. Husserl (2008) lo había definido como “el mundo como efectivamente dado permanentemente a nosotros en nuestra concreta vida mundana” (p. 94), donde se da nuestra experiencia corporal, y fuente de toda pregunta práctica y teórica, el mundo donde habitamos en actitud natural, pre-científica. Ese mundo nos es co-dado, se nos presenta como evidente, se da por sentado, en él vivimos la vida cotidiana, pensamos; es un mundo comunicativamente estructurado, que se nos presenta con un sentido, es el contexto común de las vidas de los hablantes, implica un saber de fondo compartido intersubjetivamente por la comunidad de comunicación, en él los hablantes hablan de acuerdo con esquemas de expresión compartidos y reconocibles.</p>



<p>En <em>El discurso filosófico de la modernidad</em> Habermas (2010) dice que el mundo de la vida:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>constituye un contexto para los procesos de entendimiento y les proporciona también los <em>recursos</em> necesarios. El mundo de la vida constituye un horizonte y ofrece a la vez una provisión de autoevidencias culturales, de la que los participantes en la interacción toman para sus tareas interpretativas pautas de interpretación a las que asiste el consenso de todos…es algo co-dado. (p. 325).&nbsp;</p>
</blockquote>



<p>Este es <em>necesario</em> para <em>definir las condiciones</em> del mundo sobre el que deseo intervenir y donde pienso desarrollar la acción, en fin, donde se va a actuar.</p>



<p><strong>¿Cómo concibe el lenguaje y qué es la acción comunicativa?</strong></p>



<p>Ahora, pero ¿qué se entiende por <em>acción comunicativa</em>? Para esclarecerlo se hace necesario, primero, aludir a la concepción del lenguaje que asume Habermas, a eso que se popularizó como “giro lingüístico” y que está a la base de su <em>teoría de la comunicación</em>. Esta no es esencialmente la transmisión de información, sino que comporta toda una concepción del lenguaje. En este sentido, el filósofo alemán parte de la filosofía analítica y retoma ideas que van desde los <em>juegos del lenguaje</em> de Wittgenstein hasta los <em>actos de habla</em> de John Searle y los aportes de John L. Austin. Estas teorías van acompañadas de elaboraciones realizadas por Karl Otto Apel sobre la pragmática trascendental y la comunidad ideal de comunicación. <strong>Lo que interesa resaltar aquí es que Habermas asume que el lenguaje tiene una racionalidad inmanente, intrínseca, que está abocado al <em>entendimiento</em>, que es intersubjetivo y que, efectivamente, hacemos cosas con palabras. El lenguaje es un “hacer diciendo”. Es decir, Habermas asume el lenguaje en su dimensión <em>pragmática,</em> en su uso en contextos determinados.</strong> El lenguaje tiene varias funciones, entre ellas, “dar órdenes y actuar siguiendo órdenes, describir un objeto por su apariencia […] enunciar y comprobar una hipótesis […] solicitar, agradecer, maldecir, saludar, rezar”, entre otras cosas. Por eso, para Wittgenstein, y es algo que asume Habermas, “hablar la lengua es parte de una actividad o una forma de vida” (Wittgenstein, 2017, pp. 62-63). El lenguaje es, entonces, acción. Con él navego en el mundo, <em>medio </em>[de mediar] la producción del conocimiento, lo trasmito, me comunico, pero también con él produzco mundo, creo realidades.</p>



<p>Decía Searle (1986): “si mi concepción del lenguaje es correcta, una teoría del lenguaje forma parte de la teoría de la acción, simplemente porque hablar un lenguaje es una forma de conducta gobernada por reglas” (p. 26). Estas ideas que se remontan al segundo Wittgenstein están presentes en el filósofo de la segunda Escuela de Fráncfort, <strong>de ahí surgirá una acción comunicativa como procedimiento, formal, donde el objetivo es llegar a consensos, acuerdos, entendimientos y de donde Habermas derivará, en dialogo con las ciencias sociales, especialmente con la sociología (Durkheim, Mead, Weber, Parsons, Luhmann), y en una de las síntesis más ambiciosas del pensamiento del siglo XX, <em>una teoría social y política complejas y plenamente articuladas</em>.&nbsp;</strong></p>



<p>Esclarecida brevemente la teoría del lenguaje, pasemos al de <strong>acción comunicativa</strong>.&nbsp; Habermas da una definición en los siguientes términos:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p><em>Hablo, en cambio, de acciones comunicativas cuando los planes de acción de los actores implicados no se coordinan a través de un cálculo egocéntrico de resultados, sino mediante actos de entendimiento</em>. En la acción comunicativa no se orientan primariamente al propio éxito; antes persiguen sus fines individuales bajo la condición de que sus respectivos planes de acción puedan armonizarse entre sí, <em>sobre la base de una definición compartida de la situación.</em> De ahí que la negociación de las definiciones de la situación sea un componente esencial de la tarea interpretativa que la acción comunicativa requiere. (2018, p. 331).</p>
</blockquote>



<p>Aquí Habermas deslinda la “acción comunicativa” de la “acción instrumental” y de la “acción estratégica”. En la <em>instrumental</em> orientada al éxito se da la observancia de reglas técnicas y de su eficacia sobre un estado de cosas o sucesos; y en la acción estratégica, que de suyo es acción social, se observan reglas de elección racional evaluando el grado de influencia sobre un oponente, es decir, en ésta puedo perseguir mi propio beneficio sobre los otros. La acción estratégica es perfectamente egoísta, mientras en la acción comunicativa se busca el acuerdo. La acción, que exige mínimo dos agentes, requiere también una <em>negociación</em> en torno a la “definición de una situación específica” a ser superada. En el ejemplo del albañil que pone Habermas en su libro, es claro que el más veterano posee ascendencia sobre el más joven y por eso lo puede mandar a traer la cerveza para el almuerzo, pero el joven bien puede decir que la cervecería queda lejos y que él no desea cerveza, sino agua, con lo cual se replantea la situación (Habermas, 2018, p. 599 ss.).&nbsp; Es esto lo que hace que la acción social esté abocada a la comunicación. Esta es necesaria y constitutiva.</p>



<p>La acción implica un comportamiento significativo, con sentido, inteligible por los agentes o un espectador, tiene un <em>telos</em>. <strong>Por eso afirmar que la acción tiene sentido es “dar a entender que la acción social exhibe una racionalidad intrínseca que el agente debe poder justificar” </strong>(Grondin, 1990, p. 20; Hoyos, 1986). </p>



<p>Para finalizar, es necesario decir que la acción comunicativa le permite a Habermas superar las aporías de la primera Escuela de Fráncfort (Wiggershaus, 2009) &nbsp;donde la modernidad racional que prometió la liberación desembocó en dominio y falta de libertad, pues no solo permite ampliar el concepto de razón invalidado por Adorno y Horkheimer (2009) quienes asimilaron razón y cosificación desde “el proceso mismo de hominización” (Habermas, 2018, p. 417), sino que posibilita plantear un paradigma positivo que permite salvar la modernidad misma. Para Habermas, la racionalidad comunicativa lleva a la superación de la <em>filosofía de la conciencia</em>, solipsista, monadológica, autorreferencial, donde el sujeto (agente) actúa y domina el mundo. Recodemos que esa razón dominadora había sido teorizada por Nietzsche, Horkheimer, Adorno y Heidegger. Marcuse sintetiza bien el concepto de razón instrumental derivado de una filosofía de la conciencia cuando dice:</p>



<p>el ego que emprendió la transformación racional del medio ambiente humano y natural se reveló así mismo como un sujeto esencialmente agresivo, ofensivo, cuyos pensamientos y acciones están proyectados para dominar a los objetos. Era un sujeto contra un objeto […] Las naturalezas (tanto la suya como la del mundo exterior) fueron dadas al ego como algo contra lo que tenía que luchar, a lo que tenía que conquistar e, inclusive, violar -tales eran los requisitos de la autopreservación y desarrollo (Marcuse, 1969, p. 109).</p>



<p>&nbsp;Si la razón subjetiva, instrumental, implicó un afán de domar el mundo, escudriñar y revelar sus secretos, y si en ese proceso el humano mismo quedó incluido como objeto, la racionalidad comunicativa permite superar el paradigma de conocimiento de objetos y sustituirlo por un “paradigma del entendimiento intersubjetivo” (Habermas, 2010, p. 323), donde mi relación con el mundo y conmigo mismo está <em>mediada</em> por el otro, es decir, el ego es mediado por un alter que lo reconoce, <em>lo cual permite relativizar mis puntos de vista y mis propias posiciones personales. </em>En pocas palabras, <strong>el paradigma del entendimiento permite un control intersubjetivo de la verdad y una coordinación racional de la acción que al superar el paradigma cosificador y dominador de la razón, facilita pensar en la construcción de una sociedad de ciudadanos libres.</strong></p>



<p>La teoría de la <em>acción comunicativa</em> cuestiona, entonces, ese “apresurado adiós a la modernidad” de la primera Escuela, pero también de los posmodernos (Habermas, 2010, p. 328) y, también, p<strong>retende superar los problemas de legitimación de las instituciones políticas en el capitalismo tardío; es la herramienta por medio del diálogo, el entendimiento y el consenso, de la <em>reconstrucción</em> <em>del derecho y de la democracia</em> en las sociedades complejas y multiculturales actuales </strong>(Habermas y Rawls, 1998). <strong>Así, la racionalidad comunicativa se encarna como praxis en la historia, en las instituciones, en la acción social, en el lenguaje y en el cuerpo.</strong> En esto, a pesar de <em>varias</em> <em>limitaciones</em> a las que no me puedo referir aquí, está el valor de sus aportes a la filosofía contemporánea.</p>



<p><strong>Referencias</strong></p>



<p>Grondin, Jean. (1990). “Racionalidad y acción comunicativa”. <em>Ideas y valores, </em>83-84</p>



<p>Guerra, María. (2016).&nbsp; <em>Jürgen Habermas. La apuesta por la democracia. </em>Buenos Aires: EMSE EDDAP SL.</p>



<p>Habermas, Jürgen (2010). <em>El discurso filosófico de la modernidad. </em>Buenos Aires: Katz editores.&nbsp;</p>



<p>Habermas, Jürgen y Rawls, John. (1998). <em>Debate sobre liberalismo político. </em>Barcelona: Paidós.</p>



<p>Habermas, Jürgen. (2018). <em>Teoría de la acción comunicativa. </em>Madrid: Trotta&nbsp;</p>



<p>Horkheimer, Max y Adorno, Theodor. (2009). <em>Dialéctica de la Ilustración. </em>Madrid: Trotta.</p>



<p>Hoyos, Guillermo. (1986). “Comunicación y mundo de la vida”. <em>Ideas y valores, </em>71-72, pp. 73-105. <em>&nbsp;</em></p>



<p>Husserl, Edmund. (2008). <em>La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, </em>Buenos Aires, Prometeo.</p>



<p>Marcuse, Herbert. (1969). <em>Eros y civilización. </em>Barcelona: Seix barral.</p>



<p>Pachón, Damián. (2025). <em> </em> &#8220;Habermas y la primera Escuela de Frankfurt: de la crítica de la razón a la acción comunicativa y la teoría social&#8221;. En <em>Crítica, psicoanálisis y emancipación. El pensamiento de Herbert Marcuse</em>, (p. 211-227).  3a ed., ampliada. Bogotá: Desde abajo. </p>



<p>Searle, John. (1986).&nbsp; <em>Actos de habla. </em>Madrid: Cátedra.&nbsp;</p>



<p>Wiggershaus, Rolf. (2009). <em>La Escuela de Fráncfort. </em>México: Fondo de Cultura Económica, Universidad Autónoma Metropolitana.</p>



<p>Wittgenstein, Ludwig. (2017). <em>Investigaciones filosóficas, </em>Madrid: Trotta.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=126994</guid>
        <pubDate>Wed, 18 Mar 2026 21:24:04 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Habermas: “El tema fundamental de la filosofía es la razón”]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El marxismo de Mariátegui y los 100 años de Amauta</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/el-marxismo-de-mariategui-y-los-100-anos-de-amauta/</link>
        <description><![CDATA[<p>Presentamos en este artículo una lectura del marxismo en Mariátegui, y del papel que la Revista Amauta (1926-1930) jugó en el proyecto de la construcción de un socialismo indoamericano, peruano, auténtico, que asumiera los aportes materiales y espirituales de la modernidad. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right">“<em><strong>Capitalismo o socialismo. Ese es el problema de nuestra época”</strong></em>.  </p>



<p class="has-text-align-right"><em><strong>Mariátegui, 1928.</strong></em></p>



<p>En septiembre de 1926 apareció el primer número de la Revista Amauta, creada por el pensador peruano José Carlos Mariátegui, uno de los intelectuales marxistas más creativos del siglo XX. El nombre de la Revista era un homenaje a los antiguos maestros educadores de la nobleza en el imperio incaico; solo “refleja el homenaje al incaismo”, sostuvo el peruano, pero con un sentido y fines diferentes, un sentido, una acepción, que había que crear en un Perú y en un mundo nuevos, más allá del capitalismo.</p>



<p>La revista <em>Amauta</em> forma parte de la inmensa, heroica y original tarea que asumió Mariátegui tras su regreso de Europa en 1923, de crear un socialismo peruano, indoamericano. Esta tarea sonaba extraña para los marxistas de manual que pensaban que el socialismo solo era factible y posible en países con un capitalismo desarrollado, que hubiera completado las etapas del desarrollo histórico que había tenido en Europa, esto es, en sociedades que, de acuerdo con el <em>Komintern</em>, hubieran atravesado el comunismo primitivo, la esclavitud, el feudalismo y se hallaran en un capitalismo con una burguesía y un gran desarrollo de la clase proletaria.  </p>



<p>Pues bien, sin conocer al último Marx, el mismo que le había contestado en 1881 en una carta a Vera Zasúlich que era posible partir de la comuna rural (la obschina) para construir el socialismo en Rusia, sin necesidad de atravesar todas las etapas del desarrollo que el capitalismo había tenido en Inglaterra y en los países occidentales, Mariátegui llega a la misma conclusión y se empeña en construir el socialismo en la periferia de Europa. Si Marx, y los primeros populistas rusos (<em>naródniki</em>) del siglo XIX como Herzen o Chernyshevski , pensaba que era posible partir de la <em>comuna rural</em>  y construir el socialismo, eso sí, aprovechando los aportes materiales, técnicos y espirituales creados por la modernidad y el capitalismo en Occidente, Mariátegui buscó recuperar el <em>ayllu </em>incaico, como unidad básica económica y social, y las formas y relaciones comunitarias indígenas y agrarias supérstites, para edificar un nuevo socialismo.  </p>



<p>Mariátegui no buscaba revivir el incaismo, ni extender el comunismo indígena y sus formas supérstites al resto del Perú. Él no pensaba en revivir una identidad sustancial, virginal y pura del indígena. Eso ya no era posible en un Perú cuyas instituciones eran básicamente occidentales, y donde el país estaba inscrito ya, atravesado, por esa cultura. Lo que él pretendía era <em>aprovechar</em> esos elementos cooperativos sobrevivientes, esos insumos, para construir el socialismo en el Perú. Esto lo deja claro en 1928 cuando dice que:  </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>“no significa en lo absoluto una romántica y antihistórica tendencia de construcción o resurrección del socialismo incaico, que correspondió a condiciones históricas completamente superadas <em>y de la cual solo quedan como factor aprovechable</em>, dentro de una técnica de producción perfectamente científica, <em>los hábitos de cooperación y socialismo de los campesinos indígenas</em>. El socialismo presupone la técnica, la ciencia, la etapa capitalista, y no puede imponer el menor retroceso en la adquisición de las conquistas de la civilización moderna y la máxima y metódica aceleración de la incorporación de estas conquistas en la vida nacional”.</p>
</blockquote>



<p>Lo que hizo Mariátegui fue un análisis detallado, materialista de la realidad peruana, de su economía semifeudal, con la existencia de grandes gamonales latifundistas, que, adornados con el liberalismo, habían expropiado las tierras de los indígenas, pero que no habían dado el paso a la economía moderna, del libre trabajo y salario. Mas bien, esas relaciones y estructuras económicas habían perpetuado formas de servidumbre indígena, formas de explotación de su trabajo, que no eran condescendientes con las exigencias de un capitalismo moderno. Eso creó una “economía colonial” articulada al capitalismo extranjero de la época.</p>



<p>Digamos que antes de la teoría de la dependencia, Mariátegui había mostrado como las burguesías latinoamericanas, señoriales como en el Perú, no estaban interesadas en defender la nación, sino que eran cómplices de las burguesías metropolitanas y del capital extranjero. Como el último Marx, el posterior a 1867, Mariátegui se percataba de la existencia de un desarrollo desigual y periférico; un capitalismo dependiente, como se diría después. Esto es lo que aparece en su obra cumbre <em>7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, </em>de 1928, uno de los mejores ejemplos, en Nuestra América, de la aplicación de la concepción materialista de la historia en la investigación de las realidades y las formaciones sociales concretas.    </p>



<p>Entonces, si el problema del indígena en el Perú era, principalmente, económico, y si estaba atado al problema de la tierra, había que superar y liquidar las estructuras políticas, de poder (<em>el gamonalismo</em>) y la base económica (<em>el latifundio</em>), para eliminar la servidumbre indígena. Por eso era necesario <em>construir una voluntad nacional-popular</em>, una voluntad común, una hegemonía en los términos de Gramsci, para transformar la realidad peruana. Ello no implicaba asumir que ahora el indígena era el “sujeto revolucionario de la historia” o algo similar. No. Exigía la articulación de las masas indígenas campesinas, con los obreros, los intelectuales, los estudiantes, que animados por el mito del socialismo, se encaminaran de forma heroica a construirlo. Era la aplicación de la idea de Lenin de la “alianza”. Y en este proyecto político, el<em> mito</em>, que Mariátegui había tomado de Georges Sorel, operaba como <em>pegante emocional, </em>como <em>élan revolucionario </em>que inspiraba, motivaba y se expresaba en la praxis política misma.</p>



<p>En verdad, en Mariátegui el partido y el proletariado seguían siendo la vanguardia en la creación del socialismo peruano, pero él comprendía que en un país donde las cuatro quintas partes de la población era indígenas campesinas, no se podía lograr la cancelación de la servidumbre si esas clases no estaban igualmente emancipadas. En Perú, la superación de la servidumbre, la solución del problema del indio, la liberación nacional y la lucha contra el imperialismo, en fin, la construcción de un socialismo autóctono, que aprovechaba la tradición, pero que también asumía los logros modernos, <em>era tan solo una etapa, una fase, de la construcción de un socialismo cosmopolita</em> más allá de la crisis del capitalismo y de la civilización occidental. Crisis que en Europa era patente tras el final de la Gran guerra (1914-1918), tal como aparecía en el libro <em>La decadencia de Occidente </em>de Oswald Spengler.</p>



<p>Mariátegui no fue un indigenista fundamentalista, pero tampoco fue un marxista eurocéntrico. Odiaba la borrachera del nacionalismo mal entendido, ese nacionalismo de vacas al que se refería Nietzsche, que rechazaba las ideas extranjeras, como si pudiéramos, por ejemplo, prescindir de la teoría de la relatividad; pero también llamaba a que el socialismo en América no fuera “copia y calco” del europeo. El socialismo peruano debía partir de la realidad concreta, de un análisis de sus clases sociales, las relaciones de producción, sus formas económicas semifeudales, su economía colonial subordinada al capital extranjero; debía reconocer el grado de desarrollo pero, igualmente, debía prestar atención a la cuestión cultural y educativa del indio, del peruano en general, como bien lo percibió Augusto Salazar Bondy.</p>



<p>En este último aspecto Mariátegui acogía el gran énfasis que el marxismo historicista italiano en el que se formó, el de Benedetto Croce, Gobetti, Gramsci y, por su puesto de Lenin en Rusia, daba al papel de la cultura. El Amauta entendía que se necesitaba una reforma cultural y moral, pero esta se lograba en el trabajo con las masas, con la educación por medio de las escuelas rurales y agrarias, con el periódico, con las revistas y también en las cátedras de las universidades populares. </p>



<p>La <em>Revista Amauta</em> fue, entonces, uno de esos artefactos culturales para elevar el nivel intelectual, de conciencia, de las masas populares. Un medio para dar la batalla cultural, diríamos hoy. Por eso en el primer número decía: “El objeto de la revista es el de plantear, esclarecer y conocer los problemas peruanos desde puntos de vista doctrinarios y científicos. Pero consideramos al Perú siempre dentro del panorama del mundo”. La revista se presentaba como parte del proyecto de construcción del socialismo en el Perú, junto a <em>Labor</em>, el periódico creado para los obreros y las distintas organizaciones que hubieran acogido el mito socialista. Duró 4 años y alcanzó a publicar 32 números. Articuló parte de la intelectualidad del continente, y publicó crítica literaria, análisis político, corrientes filosóficas, etc. </p>



<p>Era una revista con espíritu, parte de un proyecto. No era como las revistas académicas actuales que reproducen el <em>paperfordismo </em>y, con él, la mercantilización burda del conocimiento. Era una revista con claridad política, sin la asepsia ideológica y burocratil de las revistas actuales.       </p>



<p><strong>El marxismo sui generis de Mariátegui.</strong></p>



<p>Hay que decir que el de Mariátegui fue un marxismo original, algo ecléctico, y sin el calado teórico al estilo de un Adorno, un Lukács, un Korsch, pero que rescataba el <em>ethos revolucionario y el pathos</em> como motor de la praxis revolucionaria, y cuya mejor virtud era la capacidad para aplicar el método al análisis de la realidad concreta. Con acierto ha dicho el filósofo Pablo Guadarrama, que: “[ Mariátegui] no andaba en busca de tarjetas de entrada al exclusivo reino de los filósofos. No era su preocupación y no hizo esfuerzo especial por parecerse a ellos”. Esto se debe a que Mariátegui fue, ante todo, un autodidacta, un militante, un revolucionario, pero fue un auténtico genio, uno de esos frutos escasos de la historia, con una gran capacidad para &#8220;tomar fotos&#8221; de la realidad, para analizar lo que ocurría en el mundo. Su método “periodístico y cinematográfico”, como dice en 1925, en la <em>Advertencia</em> de su libro <em>La escena contemporánea,</em> está basado en la siguiente idea de Bergson:  </p>



<p><em>“Tomamos vistas casi instantáneas</em> de la realidad que pasa, y como son características de esa realidad nos basta con ensartarlas a lo largo de un devenir abstracto, uniforme e invisible, situado en el fondo del aparato del conocimiento, para imitar lo característico del devenir mismo. En general, <em>percepción, intelección y lenguaje proceden así. </em>Tanto si se trata de pensar el devenir, como de expresarlo o, incluso, de percibirlo no hacemos más que accionar una especie de cinematógrafo interior. Todo lo que precede podría resumirse diciendo que <em>el mecanismo de nuestro conocimiento usual es de naturaleza cinematográfica”.</em></p>



<p>Creo que en esa capacidad de ver lo esencial, de articular las escenas, de hacer síntesis de los fenómenos, está su genialidad. Por otro lado, el marxismo de Mariátegui abigarra elementos heteróclitos. Eso se debe al mencionado eclecticismo (visto de manera positiva) y de las fuentes de las que bebió. Él admiró a Sorel quien estuvo influido por Proudhon, Nietzsche, Bergson; tomo elementos de Croce, de James, de Simmel y otros. En fin, asumió contenidos de los mal llamados “irracionalismos” (que prefiero llamar <em>filosofías de la vida</em> o <em>Lebenphilosophie</em>), los cuales también rescataron la interioridad humana sus pasiones, sus afectos, las emociones, y buscaron un humano más íntegro, sensible, espiritual. Las filosofías de la vida de la Europa finisecular contenían, también, una crítica de la cultura. Mariátegui asumió ideas vitalistas, como la crítica de la razón y el énfasis en la afectividad humana. Ahí veo uno de sus más interesantes aportes: el peruano entendió la <em>dimensión afectiva de la política</em>, comprendió que el mito (y su vitalismo intrínseco) puede ser usado tanto por el fascismo como por los revolucionarios socialistas. El suyo por eso es, <em>strictu sensu</em>, un <em>marxismo vitalista.</em>     </p>



<p>Ma parece importante, también, hablando de las fuentes marxistas de Mariátegui, no sobredimensionar las posibles influencias de Gramsci. En ellos se presenta, ciertamente, un <em>pensamiento convergente, </em>pero llegaron a ideas parecidas por vías diferentes. Si bien es cierto que ellos coincidieron en Livorno en 1921, según dice Héctor Alimonda, la obra más relevante de Gramsci, sus famosos <em>Cuadernos de la cárcel, </em>fue  escrita después de 1926 cuando fue encarcelado. Para ese año Mariátegui ya residía en Perú tras su regreso en el año 1923. Es más, la obra importante de Gramsci fue conocida años después, tras 1945, por lo tanto, “Mariátegui sigue un camino independiente del recorrido por el historicismo marxista, <em>son discursos homólogos, </em>pero que se desconocen mutuamente”.</p>



<p>Todo esto es lo que hace de Mariátegui, justamente, un pensador creador, que entendió la dimensión abierta y crítica del marxismo y que no repitió, por ejemplo, la cantinela de que había en Marx una filosofía de la historia o un determinismo histórico, pues esas posiciones las había superado el “último Marx” ya en la década de 1870.  Mariátegui no llegó a pensar, tampoco, que su papel en la historia fuera el de volverse custodio del pensamiento de Marx, sino que su tarea era medirlo, estrujarlo, repensarlo, en relación con la especificidad de las realidades históricas y geopolíticas. En eso consiste, también, su grandeza.</p>



<p><strong>Referencias bibliográficas.</strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Alimonda, Héctor. (2010). “Presentación: La tarea americana de José Carlos Mariátegui”. En Mariátegui, José. <em>La tarea americana, </em>(p. 11-29). Buenos Aires: Clacso, Prometeo.</li>



<li>Bergson, Henry. (1973). <em>La evolución creadora. </em>Madrid: Espasa-Calpe.</li>



<li>Gramsci, Antonio. (1971). <em>El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce. </em>Buenos Aires: ediciones Nueva Visión.</li>



<li>Guadarrama, Pablo. (2013) “La dimensión concreta de lo humano en José Carlos Mariátegui”. En <em>Pensamiento filosófico latinoamericano. Humanismo, método e historia, </em>(p. 233-248)<em>. </em>Tomo III. Bogotá: Universidad Católica de Colombia, Editorial Planeta. </li>



<li>Mariátegui, José Carlos. (1967). <em>En defensa del marxismo. </em>3ª ed. Lima: Biblioteca Amauta. </li>



<li>Mariátegui, José Carlos. (1995). <em>7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. </em>Lima: Biblioteca Amauta.</li>



<li>Mariátegui, José Carlos. (2010). En <em>La tarea americana. </em>(Alimonda, Héctor, ed). Buenos Aires: Prometeo, CLACSO. </li>



<li>Mariátegui, José Carlos. (2021). <em>Antología. </em>Selección, introducción y notas de Martín Bergel. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina.</li>



<li>Marx, K. (1980). “Karl Marx a Vera Zasúlich”. En:  En Marx, K., y Engels, F. <em>Escritos sobre Rusia II. El porvenir de la comuna rural rusa, </em>(p. 60-61). México: Cuadernos del pasado y el presente.</li>



<li>Pachón, Damián. (2024). <em>La disputa del sentido común y la transformación del orden social. Los aportes de Antonio Gramsci. </em>Bogotá: Desde abajo.</li>



<li>Salazar Bondy, Augusto. (2015). “Un salvador de Mariátegui”. En Rojas, Joel <em>et al</em>. <em>Repensar a Augusto Salazar Bondy. Homenaje a los 90 años de su nacimiento, </em>(p. 58-63). Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos.</li>
</ul>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=126592</guid>
        <pubDate>Fri, 06 Mar 2026 19:03:36 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El marxismo de Mariátegui y los 100 años de Amauta]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Comprender a Camilo Torres Restrepo y superar el mito-fetiche</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/comprender-a-camilo-torres-restrepo-y-superar-el-mito-fetiche/</link>
        <description><![CDATA[<p>El profesor Nicolás Armando Herrera, especialista en Camilo Torres, nos presenta este interesante ensayo donde invita a desfetichizar a Camilo y a verlo, mejor, como un símbolo; como un académico-investigador, un sacerdote y un revolucionario que ejerció una sentipraxis pedagógica y que puede considerarse un precursor de la Educación Popular y de la Investigación Acción Participativa. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Por: Nicolás Armando Herrera Farfán</strong></p>



<p><em>Universidad Pedagógica Nacional, Colombia/ / Universidad de San Isidro, Argentina</em></p>



<p></p>



<p>El pasado 3 de febrero se celebró el 97 cumpleaños de Jorge Camilo Torres Restrepo y el 15 de febrero se conmemoraron los 60 años de su paso a la inmortalidad. El sacerdote–sociólogo colombiano se convirtió en el primer colombiano universal a raíz de su decisión última de unirse a las filas rebeldes del Ejército de Liberación Nacional (ELN) convirtiéndose en el “cura guerrillero”.</p>



<p>Camilo Torres ha vuelto a estar en el centro de la opinión nacional por la identificación y posterior entrega de sus restos mortales al padre Javier Giraldo Moreno, justo el 15 de febrero del año en curso, después de que el difunto general Álvaro Valencia Tovar decidiera ocultarlos y desaparecerlos desde el mismo día de su muerte, incurriendo en un crimen de guerra y de lesa humanidad, en una mezcla de alevosía y premeditación, con la complicidad, complacencia y/o connivencia del establecimiento político, económico, eclesiástico y castrense.</p>



<p>Ciertamente, la decisión y acción de Valencia Tovar merecería una reflexión seria y profunda, y, a su lado, una explicación de por qué Camilo Torres se puede y debe considerar y reconocer como una víctima de desaparición forzada. No obstante, en esta ocasión prefiero proponer dos grandes desafíos que deben enfrentarse para comprender cabalmente su vida–obra y sugerir algunas coordenadas de ésta.</p>



<p><strong>Dos grandes desafíos</strong></p>



<p>Desde el mismo día de su muerte y desaparición Camilo se convirtió y consolidó como un mito. Esto no es malo porque los pueblos necesitan sus mitos. Lo que conviene es considerar el sentido que reviste tal mitología.</p>



<p>El <em>mainstream </em>de la literatura disponible acerca de él, sobre todo la que se produjo durante las primeras dos décadas después de su muerte (1966–1986), convirtió la figura del “cura guerrillero” en lo que llamo un <em>mito–fetiche</em>, es decir, una figura mesiánico–militarista que reduce la experiencia de Camilo a un solo momento de su vida (su vinculación a la lucha armada), haciendo de ese pedazo un discurso que pretende explicar la totalidad de su vida–obra, aunque niegue tal reduccionismo, y que termina opacando otras facetas y dimensiones.</p>



<p>A la larga, el <em>mito–fetiche </em>construye un “ídolo” a medida ante el cual solo quedan dos opciones posibles. La primera es rendir un culto obsecuente e irreflexivo que conduce a aceptar como “dogmas” sus postulados y decisiones, exaltando sus dotes militares como “guerrillero ejemplar”, “comandante en jefe” u otras definiciones. En ella han incurrido sectores opositores del <em>statu quo</em>, incluidas facciones de izquierdas. La segunda, es abjurar y apostatar rechazando totalmente cualquiera de sus gestos, viendo como una contradicción lo que en realidad es una paradoja, etiquetándolo como “asesino” o “criminal” (con el desparpajo propio del tiempo de la posverdad que no requiere de pruebas). En ella han incurrido sectores del establecimiento colombiano (político, religioso y académico).</p>



<p>Por cualquiera de las dos vías, el <em>mito–fetiche</em> del “cura guerrillero” no sirve para recuperar la profundidad de la experiencia de Camilo, impide la comprensión cabal de su vida–obra y no alimenta con su savia las luchas populares.</p>



<p>Así pues, sugiero abandonar la identificación del “cura guerrillero” con el <em>mito–fetiche</em>, para comprenderlo como un <em>mito–símbolo</em>. Este giro interpretativo no niega su condición insurgente, ni busca una desodorización histórica, por considerar “mala” o “equivocada” su decisión última; más bien, apunta a comprender que su vinculación con la lucha armada es producto de un devenir coherente de su trayectoria, decisiones, comprensión del mundo y posicionamiento en su actuar.</p>



<p>Como se sabe, la palabra símbolo proviene del griego <em>symbolon</em>, que tiene el prefijo <em>sin–</em> (con, juntamente) y el sufijo –<em>ballein </em>(lanzar, arrojar, tirar) que significa lanzar conjuntamente y reunir. En sus orígenes, se consideraba al símbolo como un objeto que estaba partido en dos y cuyas partes eran conservadas por personas distintas, y que al unirlas les permitía ser reconocidas como portadoras de un compromiso o una deuda. Luego aparece el <em>symbolum </em>(que se traduce como “signo” o “contraseña”) y con el tiempo devino en un tipo de elemento que representa una entidad, una idea o una condición, siendo sinónimo de distintivo, insignia, ícono o emblema.</p>



<p>Paul Ricouer, Joseph Campbell y Mircea Eliade, entre otros, nos enseñan que los mitos, en tanto símbolos, revisten de fuerza explicativa profunda, capacidad de condensación y síntesis poderosa, y, en ocasiones, de sacralidad trascendente. Así pues, todas, todos y todes podemos disputar y discutir el sentido del<em> mito–símbolo</em> e, incluso, otorgarle un nuevo significado, lo cual es muy provechoso para las luchas populares y las tareas revolucionarias por la emancipación.</p>



<p>El segundo desafío está en destruir los moldes explicativos de la vida–obra de Camilo. En su obra <em>Hacia una destrucción de la historia de la ética</em>, Enrique Dussel señala que “destruir” no se refiere a lo que el sentido común asocia, es decir, no alude a la pulverización, reducción a pedazos o aniquilamiento. Más bien, acudiendo a la etimología, enseña que el verbo “destruir” está compuesto por el sufijo “<em>–struo</em>” que significa juntar, hacinar, amontonar, y es antecedido por el prefijo “<em>De–</em>” que es justamente su negación. Así, “destruir” es sinónimo de desatar, desarticular, desmontar y separar una estructura para poder rearmarla. En el caso de la vida–obra de Camilo es necesario <em>de–struir</em> los tres moldes interpretativos canónicos.</p>



<p>Al primero lo llamaré <em>molde–escalera</em> pues presenta la vida–obra como un camino lineal que va del sacerdocio a la sociología y de allí a la dirigencia política y la lucha guerrillera, siendo esta última el “eslabón más alto que puede alcanzar la humanidad”, al decir del Che Guevara. El <em>molde–escalera </em>se articula estrechamente con el <em>mito–fetiche</em>. Por ello, conviene más comprender su devenir en períodos coherentes que den cuenta de sus procesos articulados.</p>



<p>En segundo lugar, está el <em>molde–pozo</em>, que concibe los “campos” – en el sentido de Bourdieu– de su vida–obra como compartimientos estancos. Las fronteras internas de la vida–obra de Camilo son impuras y barrosas, pues siempre se mezclan las reflexiones–acciones teológicas, sociológicas y políticas. Por ello, en su lugar, sugiero comprender su vida–obra como un conjunto de vasos comunicantes o como un estuario.</p>



<p>El tercero lo defino como <em>molde–libresco</em>, que le niega a Camilo la condición de vida–obra por considerar que una “obra” se reduce a la producción de conocimiento escrito, que en nuestro tiempo alude a artículos académicos, capítulos y, sobre todo, libros. Desde esos criterios, pues sus aportes son bastante magros, y lo mismo podría decirse de Jesús de Nazaret, Sócrates y muchos pueblos indígenas; incluso, el propio Antonio Gramsci no escribió ni un solo libro. Así pues, en su lugar, conviene seguir al propio Gramsci, quien recomendaba que la obra de Lenin se comprendía en la articulación entre lo que dijo y lo que hizo, es decir, la <em>praxis</em>; y, a su lado, las de Orlando Fals Borda, quien retomaba de las comunidades pescadoras del río San Jorge, en el caribe colombiano, la idea de articular el pensamiento y el sentimiento, esto es, el <em>sentipensar</em>.</p>



<p>La obra de Camilo se halla en el cruce de caminos entre la <em>praxis </em>y el <em>sentipensar</em> dando lugar al neologismo de <em>sentipraxis</em> que tiene como sustrato la radicalidad de la coherencia y el compromiso. Debe comprenderse como un devenir o un estar–siendo, un entramado que hilvana los principios de complejidad (Morin), totalidad (Marx) y exterioridad (Levinas y Dussel).</p>



<p><strong>El hilo conductor</strong></p>



<p>Al superar los dos desafíos (la figura del “cura guerrillero” como <em>mito–fetiche</em> y los tres moldes explicativos), se revela el hilo conductor de la vida–obra de Camilo: su condición de educador, de pedagogo. En efecto, su vida–obra está atravesada por una <em>sentipraxis</em> que lo convierte en un maestro de las masas populares que, al igual que Frantz Fanon y Paulo Freire, fue educado por su pueblo en los procesos de lucha social y transformación subjetiva. Su condición de educador/pedagogo se deriva de su <em>sentipraxis pedagógica </em>o <em>educativa</em>, dependiendo desde donde se lo vea.</p>



<p>Desde la filosofía latinoamericana de Enrique Dussel (en su libro <em>La pedagógica latinoamericana</em>), podemos verla como <em>sentipraxis pedagógica</em>, ya que alude a un proceso colectivo de enseñanza–aprendizaje y que reivindica la cultura, la espiritualidad y la historia popular, cuya clave está en escuchar la voz de la otredad e inclinarse ante su presencia. Aquí lo pedagógico no alude a la pedagogía, ni se circunscribe a ella, en el sentido de ser una ciencia de la enseñanza y el aprendizaje y, por tanto, no se reduce al aula, como su espacio tradicional y privilegiado.</p>



<p>Por su parte, desde el <em>campo </em>educativo y de las pedagogías críticas (véanse el brasilero Dermeval Saviani y los colegas chilenos Fabián Cabaluz y Cristian Olivares Gatica), se la puede definir como <em>sentipraxis educativa</em>, como una práctica social que busca incidir en la subjetividad para transformar la realidad sociohistórica o (re)producirla, donde el propósito central es convencer y no vencer. En este caso, también se trata de un fenómeno que excede lo estrictamente técnico–pedagógico y trasciende las aulas.</p>



<p>La <em>sentipraxis pedagógica </em>o <em>educativa</em> de Camilo mantiene una estrecha relación dialéctica con la política, con la intervención en las cuestiones públicas, con la interpelación a las instituciones de todos los niveles, y establece ese intercambio dinámico entre el poder de la verdad y la verdad del poder, lo mismo en el poder instituido como en el instituyente.</p>



<p>Ahora bien, esta <em>sentipraxis</em> se expresa a través de tres tipos de magisterios, entendiendo por <em>magisterio</em> el oficio del <em>magíster</em>, del maestro o maestra: el institucional, el social–popular y el revolucionario.</p>



<p>En sus <em>magisterios</em>, Camilo se desenvuelve en la educación formal como en la educación popular, casi en paralelo, aportando elementos a cada una de ellas. Así, en la educación formal, articuló de manera decidida y nítida la docencia, la investigación y la extensión, es decir, el escritorio y el territorio para producir conocimientos situados de la realidad, en los que se combinen el diálogo y la interculturalidad con el pensamiento propio y creativo de cuño anticolonial, y no sólo descolonial.</p>



<p>Una gran síntesis de esta perspectiva fue la creación del Movimiento Universitario y Profesional de promoción de la Comunidad (MUNIPROC), que desarrolló sus acciones principalmente en el barrio de Tunjuelito y que le hizo acreedor al Premio Nacional de Beneficencia “Alejandro Angel Escobar”, que reconoció el valor científico y social de su enfoque pedagógico. Asimismo, su presidencia del Consejo Interfacultades para el Desarrollo de la Comunidad de la Universidad Nacional, en el que canalizó el conocimiento de diversas disciplinas hacia la solución de problemas comunitarios, en un horizonte cercano a lo que hoy se conoce como extensión universitaria crítica (o solidaria).</p>



<p>En cuanto a la educación popular, si se entiende como un proceso que busca apoyar a los sectores populares en sus caminos de concientización y organización para que transformen sus realidades, pues justamente Camilo promovió la triada conciencia–organización–acción. Estaba convencido que el fundamento de todo era la conscientización, es decir, la toma de conciencia de la condición de sujetidad histórica de las clases populares.</p>



<p>La educación popular es, en esencia, una educación del pueblo, y puede hacerse desde espacios institucionales formales, aunque en el devenir de la historia se haya hecho privilegiadamente desde afuera. Nada impide una praxis y no se niegan las instituciones, pero tampoco se desconocen su rigidez y cristalización. De allí que lo interesante es que en sus formas de educación popular él usa las instituciones como plataforma o catapulta para articularse con las comunidades con miras a la transformación radical. Por ello, sus experimentos más notables son, primero surgidos desde adentro de las instituciones, como el MUNIPROC y la Unidad de Acción Rural de Yopal (UARY) y luego el Frente Unido del Pueblo (FUP) y su paso al ELN.</p>



<p>La <em>sentipraxis educativa </em>o <em>pedagógica</em> de Camilo Torres parte de dos principios: el <em>principio material de la vida</em>, pues busca comprender y ayudar a resolver los problemas que impiden el devenir de la vida misma de las personas, ya sea que nieguen la vida de la manera que sea porque, para estos fines, lo mismo vale matar que dejar morir; y el <em>principio del</em> <em>Amor Eficaz</em>, que lejos de cualquier sentimentalismo, se trata de una ética radical de la alteridad y de un criterio de definición (en los sentidos dados por Enrique Dussel y Franz Hinkelammert) que, por definición, asume una fe antropológica: creer en la otredad es el criterio para crear junto a la otredad.</p>



<p>Siguiendo la pista de connotados autores colombianos, como Orlando Fals Borda, Mario Peresson, Miguel Ángel Quiroga Gaona, Fernando Torres Millán y Néstor Camilo Garzón, y tomando nota atenta de que Paulo Freire alude a Camilo en sus dos obras fundamentales (<em>Pedagogía del oprimido </em>y <em>Pedagogía de la esperanza</em>), puede considerarse que su <em>sentipraxis educativa </em>o <em>pedagógica </em>se constituye en antecedente, prototipo o prefiguración de lo que años después de su muerte adoptó los nombres de Educación Popular (propiamente dicha) e Investigación–Acción Participativa (IAP).</p>



<p><strong>A manera de cierre</strong></p>



<p>Justamente, en la intersección entre educador popular e investigador militante está el núcleo de su rol como dirigente revolucionario y es allí donde pueden buscarse las claves explicativas de su condición de intelectual orgánico integral (al decir de Gramsci) y referente insoslayable de la política de la liberación indo–afro–latinoamericana.</p>



<p>Al mismo tiempo, de allí pueden recuperarse su condición de pensador crítico radical de todas las instituciones (iglesia, estado, academia) y sus aportes sustantivos a la teoría y práctica del cambio social revolucionario: su sentido del poder, su comprensión plural de la sujetidad histórica protagónica y su perspectiva de la organización que invierte la pirámide tradicional para dejar, en esta nueva geometría, a las bases arriba de las dirigencias, devolviéndoles a aquellas su lugar de protagonistas del cambio y a éstas su papel de servidoras obedienciales de la lucha popular que se enfrentan a todo tipo de fetichismo y corrupción del poder, comenzando por el burocratismo.</p>



<p>Desde este punto de vista, Camilo se ubica en el corazón del pensamiento crítico continental de cuño liberacionista, aportando elementos centrales también para la Teología de la Liberación y el (eco)socialismo Raizal. Parafraseando el preámbulo del <em>Manifiesto Comunista</em>, puede decirse: “Un fantasma recorre el pensamiento crítico de nuestro continente. El fantasma de Camilo”.</p>



<p><strong>Referencia bibliográfica</strong>:</p>



<p>Torres, Restrepo, Camilo. (2025). <em>Cristianismo y revolución.</em> 2a ed. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional. </p>



<p>Herrera Farfán, Nicolás. (2023). <em>El profeta A(r)mado. Camilo Torres Restrepo. Biografía mínima. </em>Bogotá: Editorial Laboratorio Educativo.</p>



<p>Umaña Luna, Eduardo. (2003). <em>Camilo y el nuevo humanismo. Paz con justicia social.</em> Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. </p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125863</guid>
        <pubDate>Wed, 18 Feb 2026 00:29:41 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/17192219/Camilo.jpeg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Comprender a Camilo Torres Restrepo y superar el mito-fetiche]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Marx: se trata de Interpretar y transformar el mundo.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/marx-se-trata-de-interpretar-y-transformar-el-mundo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Existe una interpretación errada sobre la tesis 11 sobre Feuerbach, escrita por Marx en 1845, como si se tratara de abandonar la interpretación y la comprensión del mundo y hubiera que abocarse al activismo  o a la práctica urgente.  Esta interpretación falsea la unidad teoría/práctica en Marx como se muestra en este artículo. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right">“El conocimiento de nuestro mundo no puede ser separado</p>



<p class="has-text-align-right">del proyecto de transformarlo”.</p>



<p class="has-text-align-right">Claude Lefort.</p>



<p>Las famosas <em>Tesis sobre Feuerbach, </em>en las cuales Marx ajusta cuentas con el materialismo contemplativo y con el descuido de la práctica por parte de su colega alemán, fueron escritas hacia marzo de 1845 en Bruselas. Sin embargo, solo fueron publicadas por Engels en 1888 como apéndice de su libro <em>Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. </em>En este texto sostuvo Engels que las tesis de Marx contenían el “germen de la nueva concepción del mundo”, esto es, de lo que se ha conocido después como “materialismo histórico”, <em>expresión que Marx nunca usó</em>, pero que sirve para expresar que: “El modo de producir los medios de vida de los humanos depende, ante todo, de la índole misma de los medios de vida con que se encuentran y que hay que reproducir”<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a>. Engels definirá <em>la “teoría materialista” como “el factor definitivo de la historia, que es, en fin de cuentas, la producción y reproducción de la vida inmediata.</em> Pero esta producción y reproducción son de dos clases. De una parte, la producción de medios de existencia, de productos alimenticios, de ropa, de vivienda y de los instrumentos que para producir todo eso se necesitan; de otra parte, la producción del hombre mismo, <em>la continuación de la especie</em>”<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a>. &nbsp;</p>



<p>Esto quiere decir que el humano concreto, de carne y hueso, se encuentra en un mundo ya dado, con determinados medios de vida, con fuerzas productivas (ciencia, tecnología, conocimientos, vías de comunicación, transportes, etc.,) y relaciones de producción (propiedad, división social del trabajo, relaciones técnicas…) que le preexisten. Esa realidad condiciona la manera como el <em>ser humano</em> reproduce su existencia física, de ahí que “los individuos son tal como manifiestan su vida”, lo que implica lo que producen y la manera cómo lo producen. Por eso, es la vida material, la vida real y concreta, la que “condiciona” la conciencia y las producciones objetivas (objetivadas) del humano, sin que esto implique que el ser humano no pueda transformar las circunstancias en las cuales nace, pues como dice en <em>La ideología alemana, </em>coescrita con Engels<em>: </em>“las circunstancias hacen al hombre en la misma medida en que este hace a las circunstancias”.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>La postura de Marx no puede dar lugar a equívocos: el ser humano no está fatalmente, absolutamente, <em>determinado</em> por la realidad, todo lo contrario, tiene una libertad relativa que le permite cambiar y subvertir el mundo oprobioso que lo rodea por medio de la praxis, de la acción humana sobre su medio, su realidad. De ahí la importancia de la praxis y el papel dado a la revolución en su obra. Es en este contexto donde debe entenderse la famosa tesis 11: <em>“Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”, </em>según las traducciones más conocidas<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a>. Pero, ¿qué es lo que quiere decir Marx en este apretado aforismo, en esta corta frase? Al respecto, podemos esbozar dos interpretaciones, la primera, la llamaremos <em>la interpretación vulgar-unilateral</em>; la segunda, la interpretación <em>sistemática</em>. Veamos.</p>



<p>La interpretación vulgar-unilateral <em>opone </em>dos cosas: 1) lo que han hecho los filósofos habitualmente, es decir, interpretar; y 2) el llamado urgente a <em>transformar el mundo</em>. Desde este punto de vista, se opone teoría, especulación y discursos, <em>a </em>práctica, actividad, revolución. Es como si dijéramos: ¡basta ya de abstracciones, de castillos teóricos en el aire, pues es hora de lanzarnos a la acción para cambiar, por fin, el mundo que tenemos! Esta lectura es anti-intelectualista, desprecia la teoría, y es producto del <em>voluntarismo político</em> que considera inútil el discernimiento antes de actuar. En el contexto de Marx, era la postura de muchos obreros que no querían saber nada de teorías y abstracciones, y que deseaban afanosamente lanzarse al frenesí práctico. Esta interpretación de la tesis se legitima, para algunos, en la alusión que estaría haciendo Marx a los seguidores de Hegel y a su palabrería mística y vacía, y a la consiguiente invitación de pasar a la revolución. La crítica a sus compatriotas, como se sabe, se formuló en <em>La sagrada familia </em>y en <em>La ideología alemana, </em>libro este último donde Marx y Engels criticaron “la sumisión a Hegel” y donde recusaron a los neohegelianos por creer que “las ideas, los pensamientos, los conceptos, y en general los productos de la conciencia por ellos sustantivada, eran considerados como las verdaderas ataduras del hombre”<a href="#_ftn4" id="_ftnref4">[4]</a>, es decir, por creer que la conciencia determina el ser, cuando, en verdad, es al revés.</p>



<p>Ahora, la interpretación anterior sobre la Tesis 11 no se sostiene porque olvida algo fundamental: <em>la unidad de teoría y práctica en Marx. </em>&nbsp;&nbsp;</p>



<p>La interpretación que llamo <em>sistemática, </em>analiza la tesis 11 teniendo en cuenta el <em>corpus teórico </em>de Marx y no solo el clima de agitación revolucionaria de la época en que fue escrita. De esta manera, se evita apelar al <em>voluntarismo político</em>. Para comprenderla bien, hay que tener en cuenta que hay dos versiones de las tesis: la que escribió Marx en 1845 y la que se publicó en 1888. La redacción es diferente y, como se sabe hoy, Engels introdujo algunos cambios a la redacción original de la Tesis.&nbsp;</p>



<p>La que escribió efectivamente el autor de <em>El capital </em>(según Wenceslao Roses, traductor de Hegel y de Marx al español) es: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo”. Por su parte, el maestro Darío Mesa de la Universidad Nacional, gran conocedor del filósofo alemán, hizo en 1983, la siguiente traducción: “Los filósofos solo han interpretado de distintas maneras el mundo; se trata de transformarlo”<a href="#_ftn5" id="_ftnref5">[5]</a>.</p>



<p><strong>Nótese que la traducción publicada habitualmente conocida dice: “…pero se trata de transformarlo”. Son dos cosas muy diferentes: Se agregó el “pero” el cual es una <em>conjunción adversativa</em> que genera una <em>oposición </em>o una <em>corrección</em> a la primera parte de la oración. Al incluir el “pero” se alteró “ligeramente” el sentido de la primera oración, dando <em>origen a la interpretación vulgar-unilateral</em> ya explicada, pues de esta forma se sugiere que se debe <em>abandonar</em> la teoría y, más bien, abocarse al activismo político.&nbsp;&nbsp;</strong></p>



<p>Como ya se advirtió, esta interpretación en insostenible, pues separa teoría y práctica. En Marx, por el contrario, existe una unidad dialéctica entre ambas: toda práctica es un saber, una manera de hacer que, como bien lo entendió Antonio Gramsci, comporta, implica y requiere un cierto conocimiento. En este sentido, la teoría alumbra, guía y dirige la práctica y, <em>a la vez, </em>la práctica no solo mide la verdad de la teoría, la “terrenalidad” y el poder del pensamiento, sino que aporta nuevo conocimiento, ofrece nuevo material, nuevos datos, para así poder <em>reformular </em>la teoría. De tal manera que, si como investigador social o como revolucionario llevo a la práctica una teoría (que pudo construirse también en la práctica) y si las cosas no salen de acuerdo con ella, esa intervención fallida realizada sobre la realidad, debe dar pie para volver a la teoría y corregirla. Por eso, de esta manera se produce un conocimiento <em>que crece en espiral</em> y que es acumulativo. Este principio básico está en la teoría del conocimiento, y también forma parte de la praxis revolucionaria tal como ya lo mostré en mi artículo <em>Praxis y emancipación en el joven Marx </em>de 2013.</p>



<p>Hay que entender, como dice Theodor Adorno, que la unidad entre teoría y praxis no es <em>inmediata<a href="#_ftn6" id="_ftnref6"><strong>[6]</strong></a></em>, sino que está mediada por muchos elementos, entre ellos, diría Georg Lukács, la “organización”. Por eso, la praxis sin teoría, bajo la condición más progresiva del conocimiento, debe fracasar, y la teoría que no bebe de la praxis, en el caso de Marx, nos deja tal y como estábamos, en las bellas construcciones conceptuales, en el castillo de certezas del idealismo. Así que ni teoría pura, ni activismo ciego, pues como recuerda Adorno<strong>: “Marx no se abandonó nunca a merced de la praxis”<a href="#_ftn7" id="_ftnref7"><strong>[7]</strong></a>, pero tampoco se refugió en el mero pensamiento.</strong>&nbsp;&nbsp;</p>



<p>En esta segunda interpretación se entiende, también, que las filosofías y las teorías, por ejemplo, forman parte del mundo que se quiere transformar, pues lo justifican y lo legitiman, son realidades intelectuales. De tal manera que, si queremos transfigurar el mundo, subvertirlo, etcétera, debemos considerar las teorías (filosofías) como componentes materiales de la realidad, tal como pensaba Karl Korsch en <em>Marxismo y filosofía</em>. Al respecto decía Korsch sobre Engels y Marx: “Jamás dejaron de tratar todas las ideologías, y también por tanto toda filosofía, como realidades efectivas”, pues “incluso la filosofía anterior pertenece a este mundo, y es su complemento, aunque ideal”<a href="#_ftn8" id="_ftnref8">[8]</a>, y, por lo mismo, diríamos, conservador y con efectos prácticos reales, verificables.&nbsp; <strong>Las teorías tienen su propio efecto práctico, no son meras fantasmagorías, lo sabía Marx.</strong> Por eso era necesario construir una <em>ciencia revolucionaria</em>, comprometida, si se quería derrocar el orden burgués.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>La tesis 11 sobre Feuerbach debe entenderse, entonces, desde el punto de vista epistémico de Marx, de la superación que hizo de la dicotomía sujeto/objeto, del papel político que le dio al conocimiento, del papel revolucionario que le dio a la ciencia, y del grado de “cientificidad” que le quiso dar a la revolución. Quien no entiende esto, no ha entendido absolutamente nada. Pensar lo contrario, y acoger la simplificada interpretación vulgar, es no percatarse siquiera que la vida misma de Marx oscila entre el activismo y la filosofía; entre la militancia, los planes programáticos, y el estudio de la economía política. Por eso tardó tantos años para redactar <em>El capital, </em>pues con esta obra le daba fundamento teórico a gran parte de sus primeras intuiciones filosóficas, a la vez que ponía la ciencia al servicio de la revolución.</p>



<p>Sin la teoría y la práctica Marx no habría podido hacer la “anatomía de la sociedad burguesa”. Por eso la teoría debía materializarse, hacerse carne por medio del proletariado. Era la única manera de emancipar al ser humano, de liberarlo de los “abortos de su cabeza”, es decir, del capital, de la religión y de las falsas filosofías, esas mismas que lo habían esclavizado.</p>



<p>Solo con la diada teoría-praxis es posible construir el comunismo, <em>no como fin de la historia</em>,sino como a] un <em>proceso de construcción de lo común, </em>y b] como el inicio de una nueva sociedad donde, partiendo del desarrollo de las fuerzas productivas actuales y las “condiciones creadas por la producción y el intercambio existentes”<a href="#_ftn9" id="_ftnref9">[9]</a>, “surgirá una asociación en que el libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos”<a href="#_ftn10" id="_ftnref10">[10]</a>; una nueva comunidad sin propiedad privada burguesa, sin Estado, que haya eliminado la división social del trabajo y la explotación de los humanos.</p>



<p><strong>El común-<em>ismo</em> es una doctrina de lo <em>común </em>que busca una sociedad donde el ser humano realice todas sus potencialidades humanas de tal manera que pueda “dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar, y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente, cazador, pescador, pastor o crítico, según el caso”<a href="#_ftn11" id="_ftnref11"><strong>[11]</strong></a>.</strong> De tal manera que la enseñanza perenne de Marx es que, si queremos cambiar el mundo, debemos comprenderlo, estudiarlo, elevarlo al concepto, llevar la teoría a la práctica, medir su verdad, ampliar la teoría, etc., y proseguir hasta lograrlo, pues no estamos sobre-diagnosticados teóricamente y el mundo no se ajusta perfectamente a nuestras ideas, por lo que la unidad de teoría y praxis es necesaria.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Marx, K. <em>Escritos sobre materialismo histórico </em>(Selección de César Rendueles)<em>, </em>Madrid, Alianza Editorial, 2012, p. 44.&nbsp; <em>&nbsp;</em></p>



<p><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> Engels, F. <em>El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado. </em>Madrid, Akal, 2017, p. 6.</p>



<p><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> <em>Ibíd., </em>p. 33.</p>



<p><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> Por eso Marx y Engels dicen que los neohegelianos solo oponen <em>frases a frases</em>, y “no combaten en modo alguno el mundo realmente existente”. De ahí que, en estricto sentido, son conservadores. <em>La ideología alemana, </em>Madrid, Akal, 2014, p. 15</p>



<p><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> Darío Mesa, “Las Tesis sobre Feuerbach de Marx”, en: <em>Ensayos sobre teoría sociológica (Durkheim, Weber y Marx), </em>Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 2002, p. 99.</p>



<p><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a>&nbsp; Theodor Adorno, “Notas marginales sobre teoría y praxis”, en: <em>Consignas, </em>Buenos Aires, Amorrortu, 2003, p. 165. <em>&nbsp;</em></p>



<p><a href="#_ftnref7" id="_ftn7">[7]</a> <em>Ibíd., </em>p. 180.</p>



<p><a href="#_ftnref8" id="_ftn8">[8]</a> Karl Korsch, <em>Marxismo y filosofía, </em>Barcelona, Ariel, 1978, p. 107; igualmente, pp. 110 y 112.</p>



<p><a href="#_ftnref9" id="_ftn9">[9]</a> <em>Escritos sobre materialismo histórico, Op. Cit., </em>p. 101.</p>



<p><a href="#_ftnref10" id="_ftn10">[10]</a> Marx y Engels, <em>Manifiesto del partido comunista, </em>Pekín, Ediciones en Lenguas extranjeras, 1968, p. 61.</p>



<p><a href="#_ftnref11" id="_ftn11">[11]</a> Marx y Engels, “La ideología alemana”<em>, </em>en: <em>Escritos sobre materialismo histórico, Op. Cit., </em>p. 61.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125661</guid>
        <pubDate>Mon, 09 Feb 2026 21:39:10 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El fascismo americano y las ultraderechas autoritarias</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/el-fascismo-americano-y-las-ultraderechas-autoritarias/</link>
        <description><![CDATA[<p>A la luz de los últimos hechos ocurridos en Estados Unidos, en este texto hago una caracterización del &#8220;fascismo americano&#8221;, de sus elementos, a la vez que muestro como su ideología es defendida y promovida por derechas articuladas globalmente que comparten muchos de sus principios e intereses y que implican un peligro para la continuidad y perpetuación del mundo. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><em>“Solo los gobiernos totalitarios han adoptado de manera consciente la mentira como paso previo al asesinato”.                                                                                             Hannah Arendt (2020, p. 60).</em></p>



<p>“Estados Unidos es el país de la libertad y de la democracia”. Este es el estribillo que desde el siglo XVIII se ha repetido sin cesar en Occidente. Se educa a la gente con ese <em>imaginario</em>, con esa <em>representación </em>de la grandeza de un país, de una sociedad. Los libros de historia, de ciencia política y hasta los de filosofía han repetido ese mensaje de manera acrítica. Pero hay otra historia de los Estados Unidos, una historia lo bastante visible que desmiente ese mensaje, esa cantinilla. Es cierto que Estados Unidos surgió a partir de las colonias, con sus formas democráticas asamblearias, de participación política horizontal; es cierto que fue un orden social y político construido por inmigrantes europeos que instituyeron “desde abajo” una sociedad próspera; también es cierto que ha sido un país que logró ya desde el siglo XIX un notable desarrollo tecnológico e industrial, entre otras hazañas, tal como lo mostró (bastante acríticamente, por demás) Hannah Arendt (2017) en su libro <em>On revolution </em>de 1963, sin embargo, es imposible ocultar la <em>otra</em> <em>historia</em> (bastante negra) de los Estados Unidos.</p>



<p>En la lectura apologética que se repite sin cesar, se suele ocultar:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>“la dominación, represión y hasta el exterminio de la población indígena, de los esclavos afro, de los blancos pobres y principalmente de los migrantes que por grandes oleadas fueron llegando a territorio norteamericano […], la opresión inmisericorde contra la izquierda, los movimientos obreros […] Estados Unidos ha eliminado en el pueblo toda oposición crítica con una metodología cruel y sumamente eficaz”. (Dussel, 2022, p. 29).</p>
</blockquote>



<p>A lo anterior hay que agregar su racismo estructural (segregar a los negros de los blancos) y el intervencionismo militar e imperial en todo el mundo. Pues bien, ya en su coletazo final o en su canto de cisne para no perder la hegemonía en el actual contexto global, los americanos desembocan abiertamente en el fascismo. En la actualidad, Estados Unidos es ya una dictadura andante y galopante, y esto es algo inocultable. Los eslóganes de Donald Trump de “America First” (“América primero”) y  “Make America Great Again” (“Hacer grande a América de nuevo”), MAGA en sus siglas, no solo son lemas de una potencia en decadencia, asustada, sino que son frases que expresan los viejos propósitos del “Destino manifiesto”, de la Doctrina Monroe de “América para los americanos”, o de los delirios del &#8220;panamericanismo&#8221; de finales del siglo XIX, todos ellos encaminados a justificar providencialmente (como si Estados Unidos fuera un pueblo guiado por Dios mismo) el expansionismo, el anexionismo, el saqueo y el intervencionismo en América Latina y el mundo.</p>



<p>Hoy, desde luego, el contexto de ese expansionismo es diferente al pasado porque la hegemonía china, la presencia de Rusia, el auge de otros países en los BRICS+, etc., amenazan la hegemonía americana en el mundo. <em>Y a esto hay que adicionar los conflictos sociales internos</em>: el desempleo, la pobreza, las drogas, la inflación, el pésimo sistema de salud, la impresionante deuda pública que supera el PIB en 122%, etc., que han activado los “<em>afectos inmunitarios”</em> (Quintana, 2021) contra un “Otro” al cual culpabilizan de todos los males de la sociedad. <em>Aquí solo se activa una vieja táctica de la política: para ocultar los males y sus verdaderas causas hay que inventar un culpable, un chivo expiatorio, un enemigo interno y externo.</em> Este papel de culpable lo asumen los socialistas, los comunistas, los ambientalistas, los zurdos, la ideología woke, las feministas, los pobres, los inmigrantes.</p>



<p>“America First” implica, por derivación lógica, acudir a una jerga de la autenticidad, a la idea de la existencia de un pueblo puro, virginal, grande, heroico, magnificente, virtuoso, que ha sido degradado y corrompido por la presencia y la intrusión de Otro, el cual es asimilado a un virus que hay que eliminar y del cual hay que protegerse. Es una “operación paranoica” fundamentada en una lógica identitaria. Para decirlo con Jorge Alemán en su libro <em>Ultraderechas</em>:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>“<strong>las nuevas derechas, con argumentos neonazis que acceden al poder en distintos lugares del mundo, constituyen la nueva máquina de guerra construida en una férrea lógica identitaria, la que siempre habla a los verdaderos nacionales invocando la anulación, el desprecio, el rechazo con odio hacia el otro extranjero”. (Alemán, 2025, p. 79).</strong></p>
</blockquote>



<p>Así, en la actual dictadura americana se juntan los dos motivos: 1º) el problema externo enmarcado en la perdida de hegemonía en el mundo, donde China es el gran Otro, lo cual es visto como un asedio peligroso para la nación americana, y 2º) la conflictividad interna con todos sus problemas sociales, económicos, políticos y culturales. Ambos confluyen para <em>activar una política nacionalista, xenofóbica, racista, supremacista y sionista</em>. Esto lleva a los americanos a una ofensiva hemisférica y, probablemente, global, que es, en realidad, un disimulado movimiento defensivo que expresa debilidad, miedo y temor a dejar de ser lo que antes se era. Es el pavor a la pérdida de la grandeza que solo expresa inseguridad existencial como nación.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Donald Trump es, en realidad, quien pilotea la decadencia americana, es quien en su segundo mandato se puso decididamente al frente del timón de un barco que naufraga, pero al que para sacarlo avante y evitar que se hunda solo le queda el poderío militar americano, el mismo que han alimentado por décadas con altos porcentajes (del 3.4%) del Producto Interno Bruto (PIB). Es decir, a la potencia en crisis solo le queda la fuerza bruta…es la defensa peligrosa de la bestia moribunda. Es la política del matoneo, del chantaje, de la amenaza, en las relaciones internacionales; y, como vimos en el caso de Venezuela, de la acción directa y el ataque ilegal, donde se ha mandado al traste el derecho internacional y las estructuras políticas creadas después de 1945 para mantener el orden mundial. Es la muerte del multilateralismo para resolver problemas entre Estados y es el regreso del hobbesiano “estado de naturaleza”, pero esta vez entre los Estados mismos, donde sobrevivirá el más fuerte y más poderoso. <em>Es darwinismo social aplicado en las relaciones interestatales</em> y el regreso a la barbarie.</p>



<p><strong>La dictadura americana&nbsp;</strong></p>



<p>En <em>Sobre la violencia </em>Hannah Arendt, citando a Henry Steel, nos dice que: “si destruimos el orden mundial y destruimos la paz mundial <em>debemos inevitablemente subvertir y destruir primero nuestras propias instituciones políticas</em>” (Arendt, 2015, p. 115).&nbsp;Exactamente esto es lo que está haciendo Trump en Estados Unidos: ha ido desmantelando poco a poco los frenos constitucionales y ha erosionado las instituciones americanas, con la diferencia que esto no lo hace primero, sino <em>simultáneamente</em> con la destrucción del orden jurídico global.</p>



<p>Dado a que tiene mayorías en el congreso, allí le aprueban todas sus decisiones, medidas y políticas, entre ellas, intervenir en Venezuela sin el permiso del mismo congreso. Así logra imponer su voluntad al partido demócrata. Esto nos indica que ni siquiera en una democracia con contrapesos, la sociedad está a salvo del autoritarismo. Trump ha ido presionando el sistema judicial (Jueces, fiscales, Corte Suprema de Justicia), está desbaratando el federalismo mismo, busca influir en la Reserva federal, matonea, censura, amenaza y ataca jurídicamente a la prensa, así como a un conjunto de instituciones claves para la democracia de un país, entre ellas, las universidades y las instituciones culturales.</p>



<p>En Este último caso, Trump ha emprendido una <em>batalla ideológica represiva </em>contra la diversidad, el pensamiento crítico, las teorías críticas del racismo, la llamada ideología woke, el movimiento LGBTIQ+, los ambientalistas. Sabe que la <em>uniformización </em>y la <em>homogenización</em> de las creencias, de las representaciones del mundo, del pensamiento, de la cultura, cumplen una función primordial, pues cierran el campo de lo posible y las alternativas al sistema. En esta tarea el uso del lenguaje ha sido clave: este es convertido en un lenguaje simple, macartizador, estigmatizador, donde el Otro es acusado de antisemita, enemigo de la nación, izquierdista, agitador, etc. Es un lenguaje que <em>crea la realidad</em> y que va preparando el camino para la acción. Así convierte las palabras, las declaraciones, los eslóganes, en hechos. Es una especie de performatividad planeada que anuncia la realidad deseada para que luego sea aceptada sin oposición por la ciudadanía. Es la creación de <em>un régimen consentimental</em> o de  un <em>consenso inmunitario</em> que allana toda disidencia y desacuerdo.  </p>



<p>Recordemos que Trump emitió un decreto para desmantelar el Departamento de Educación, cambió el nombre del Departamento de Defensa por el de Departamento de guerra, llama al Golfo de México &#8220;Golfo de América&#8221;, entre otras acciones en las cuales el trabajo sobre el lenguaje, el cambio de los nombres, los deslices semánticos, etc., no es inofensivo, sino donde claramente intenta transformar el <em>sentido común</em> del americano para <em>normalizar </em>la sociedad autoritaria que desea, una sociedad delirantemente pura, virginal, pulcra, sin virus y contaminaciones. Estas acciones sobre el lenguaje recuerdan la <em>neolengua</em> de la que habló George Orwell en su libro <em>1984, </em>donde decía:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>“el propósito de la nuevalengua no era solo proporcionar un medio de expresión a la visión del mundo y de los hábitos mentales […], sino que fuese imposible cualquier otro modo de pensar […] La nuevalengua estaba pensada no para extender, sino para <em>disminuir el alcance del pensamiento</em>”. (2013, p. 315-316).&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
</blockquote>



<p>Es decir, con estas operaciones sobre el lenguaje y la cultura, se busca un ciudadano promedio domesticado, acrítico, borrego, incapaz de pensar, y, por lo mismo, y para recordar de nuevo a Arendt, capaz de cometer el mal. Esto ya se nota en el incremento de los ataques racistas, aporofóbicos, homofóbicos y xenofóbicos en Estados Unidos. Cuando desde el poder se atiza el <em>odio </em>y se moviliza la agresión contra el Otro, las sociedades se vuelven más peligrosas y belicosas: se justifica la violencia y la eliminación física del chivo expiatorio, se alienta el maltrato, el dominio y la represión contra el Otro que supuestamente daña la nación. Esto es lo que ocurre ya a diario en Estados Unidos.</p>



<p>El siete de enero de 2026 un agente del ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) asesinó a disparos en la cara a una ciudadana americana, madre de tres hijos. Su nombre era Renee Nicole Good. Un video muestra claramente cómo ocurrió el hecho en Mineápolis. Sin embargo, el gobierno Trump, incluido él y el Vicepresidente, tildaron de agitadora y de terrorista a la ciudadana. La culparon llamándola una “víctima de la ideología de izquierda” a la vez que defendían la “inmunidad absoluta” del agente asesino. Es decir, le mintieron en la cara al país, a sus ciudadanos; los infantilizaron despreciando su buen juicio. Cuando esto ocurre en un país, es el acabose porque implica que la verdad no importa, que la única verdad es la del poder y la del relato oficial, en estos casos, la mentira puede convertirse en verdad o es la noción de verdad misma la que desaparece. Así, todo queda justificado con un precio muy alto para la ciudadanía, las víctimas y la legitimidad de las instituciones mismas. Esto es lo que ocurre cuando “la mentira moderna- y esta es la característica que la distingue- se produce <em>en serie y se dirige a la masa”</em>(Koyré, 2015, p. 38).</p>



<p>Hechos como el descripto está llevando a Estados Unidos al borde de una guerra interna, una guerra civil, pues frente a la mentira el ciudadano responde con la protesta, tal como efectivamente ocurrió en distintas ciudades americanas. De hecho, en ciudades como Mineápolis en el Estado de Minnesota, la gente se está organizando y atacando al ICE, su autoridades civiles han criticado la militarización y el autoritarismo desplegado en sus jurisdicciones y han entrado en colisión con el gobierno Trump que ahora amenaza con una ley de insurrección, un “estado de excepción” gravísimo, pues implica, como toda excepcionalidad, más poder para el gobierno y menos garantías constitucionales y menos derechos para los ciudadanos, estos quedarían a merced del ICE o las fuerzas represivas del Estado, una especie de Gestapo, encapuchados, sin identificación que desde hace un tiempo allanan tiendas, supermercados, lugares de trabajo, espacios públicos (calles), escuelas, etc., golpeando, maltratando, arrastrando, etc., a migrantes y hasta a sus propios ciudadanos. Nadie está a salvo. Ese grupo parece una organización paramilitar sin control que nos recuerda, de nuevo, a Orwell cuando decía en su magnífico libro:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>“<strong>Si quieres hacerte una imagen del futuro, imagina una bota aplastando una cara humana…eternamente. […] El hereje, el enemigo de la sociedad, seguirá ahí para que podamos derrotarle y humillarle una y otra vez. […] el espionaje, las traiciones, las detenciones, las torturas, las ejecuciones y las desapariciones proseguirán eternamente […] He ahí el mundo que preparamos”. (2013, p. 283).&nbsp;</strong>&nbsp;</p>
</blockquote>



<p>Esto es lo que parece incubarse al interior de Estados Unidos, un país donde el miedo, el odio, la rabia, la zozobra, la inseguridad y la intranquilidad son ya habituales y afectan el día a día de las personas. Es la pesadumbre y la epidermización del miedo los que se incrustan en la vida cotidiana de mujeres, hombres y hasta niños. <em>En Estados Unidos llaman, hoy, libertad al terror, y seguridad al estado de miedo permanente; </em>en ese país se está desmantelando a pasos agigantados el Estado de Derecho y la democracia liberal, una democracia cacareada pero inexistente. Trump parece el Gran Hermano o, mejor, es el <em>egócrata</em>, el alfil de los multimillonarios corporativos, dispuesto a arrasar con la sociedad y el mundo entero en sus delirios supremacistas y nacionalistas. Es el costo, pero, a la vez, la consecuencia y el efecto natural de la ideología MAGA y de “America First”.&nbsp;&nbsp;</p>



<p><strong>Digamos, para resumir, que <em>la vuelta a un nacionalismo chovinista, las políticas xenofóbicas, la caza de migrantes, la destrucción de la división de poderes y las instituciones intra e interestatales, la censura de la prensa, la censura de libros, el ataque a la autonomía universitaria, los ataques a la libertad de expresión y de reunión, el anti-intelectualismo, el rechazo de la ciencia en los movimientos antivacunas, la defensa a ultranza de los valores familiares tradicionales, el negacionismo climático, la movilización del miedo y del odio como afectos inmunitarios contra el diferente, el otro, el extranjero, el pobre; la persecución de los opositores o de los disidentes, la misoginia, la proscripción de los discursos de género y la negación de los derechos para las minorías, el supremacismo blanco racista; el aumento del securitismo y el militarismo, el culto a la personalidad de sus seguidores, entre otros síntomas, </em>muestran que el fascismo americano es una realidad y ponen en tela de juicio, una vez más, el candoroso relato según el cual Estados Unidos es la cuna de la libertad y la democracia.  <em>  </em></strong></p>



<p>En todo lo anterior no se puede excluir el papel y la responsabilidad de parte de la prensa corporativa, la cual determina lo que vale la pena mostrar y lo que es conveniente esconder, a la vez que actúan como instrumentos de legitimación del poder fascista y de las neoderechas globalizadas. En estas estrategias fatales “la prensa es hoy un ejército con especialidades cuidadosamente organizadas; los periodistas son los oficiales y los lectores son los soldados” (Adorno, 1984, p. 32). La prensa se convierte, así, en la punta de lanza de la acción fascistoide, la preparara, la normaliza entre las audiencias. </p>



<p><strong>La derecha fascista en ascenso</strong></p>



<p>En la actualidad se habla en la academia de neofascismos, posfacismos, nuevas derechas, ultraderechas, derechas fascistas, etc. En verdad, no importa tanto el nombre o la denominación sino las ideas que defienden, las ideas que encarnan y promueven como visión de sociedad y como destino del mundo. <em>En esas ideas están dibujadas y representadas formas de valorar, creencias, deseos, defensa de privilegios, visiones de futuro desigualitarias e intereses geopolíticos</em>.</p>



<p> No es raro, por ejemplo, que frente a la guerra en Ucrania o el enorme desarrollo económico de China, la derecha mundial y sus conglomerados mediáticos se abalancen en gavilla a atacar a Rusia o a China. Y lo hacen porque esto países representan un peligro para su hegemonía y sus intereses. O, en otros casos, la ideología anticomunista contra China, o la animadversión histórica por el poder de Rusia (y de su líder actual Vladimir Putin), maquillan los verdaderos intereses de las potencias occidentales: no se trataba tanto de defender a Ucrania, como decían, sino de debilitar o quebrar a Rusia (lo cual no pudieron hacer) y de paso, como en el caso de Estados Unidos, vender petróleo y armas a Europa y apoderarse de sus tierras raras. Esto les permitió a los gringos someter a Europa y doblegarla bajo sus propios intereses. Hoy Europa carece de poder geopolítico frente a Oriente y frente a su mayor aliado occidental, hoy es un continente sometido a las órdenes de Trump. Es la decadencia de Europa. Como vaticinaba Hegel en sus <em>Lecciones sobre filosofía de la historia universal</em>, el poder, el espíritu (Der Geist) se desplazó desde Europa hacia América del Norte: “América es el país del porvenir” (1974, p. 177), decía el filósofo alemán en la primera mitad del siglo XIX.</p>



<p>En el caso de Gaza, para Estados Unidos se trataba de favorecer el poder de Israel en Oriente medio. Israel es, como se sabe, el principal aliado de los americanos en la región; se trataba, también, de pagar favores a los judíos multimillonarios que financiaron la campaña de Donald Trump a la presidencia. En este caso, Estados Unidos actuó como siempre lo ha hecho en el mundo:&nbsp; con cínico pragmatismo. Esto implica atacar a sus enemigos, defender a sus aliados, saquear recursos naturales y asegurar su hegemonía geopolítica. Es la misma lógica del ataque a Venezuela, donde el petróleo -y no la flagrante democracia y libertad- fue su principal motivo. Este ataque, que según la misma ONU viola el derecho internacional, ha sido justificado por las nuevas derechas. Igualmente ha sido ampliamente difundido por la prensa, la cual nunca habla de, por ejemplo, que las brutales sanciones económicas a Venezuela <em>también </em>son responsables de la migración venezolana en América Latina. Se pasa por alto algo tan simple como el hecho de que las sanciones económicas impuestas o los bloqueos para presionar a un gobierno terminan afectando en mayor grado, y en la vida cotidiana, a la población de ese país y no tanto a los gobiernos o cúpulas en el poder.</p>



<p>En su accionar estratégico y geopolítico, como ya advertíamos, Estados Unidos da un tiro de gracia al Derecho Internacional, el Derecho Internacional Humanitario, los Derechos humanos, el multilateralismo, la doctrina política de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. Su política exterior injerencista es un <em>darwinismo político, </em>voraz y depredador. En estas actuaciones ha cometido ejecuciones extrajudiciales en el Caribe al asesinar tripulantes de lanchas. Sin captura, sin debido proceso, sin derecho a la defensa y posibilidad de refutar las pruebas (estas nunca se han mostrado) los americanos asesinan en aguas internacionales. También los gringos son cómplices del genocidio en Gaza pues han sido los principales defensores de Netanyahu y su expansionismo en Oriente. Gaza parece encarnar el destino de los previamente declarados superfluos, prescindibles, por el fanatismo sionista y por el poder. Nada volverá a ser igual después de Gaza pues ejemplifica la debacle moral de Occidente:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p><strong>“solo una humanidad a la que la muerte le ha llegado a resultar tan indiferente como sus miembros, una humanidad que ha muerto, puede sentenciar a muerte por vía administrativa a incontables seres” (Adorno, 2017, p. 242).</strong></p>
</blockquote>



<p> Lo preocupante es que todas estas acciones, estas formas de ver el mundo, son apoyados por las derechas globales afines a Occidente. Desde Vox en España, Javier Milei en Argentina, Bukele en Salvador, Kast en Chile, la derecha colombiana, parte de la derecha europea, justifican los ataques de Israel a Gaza, su necrofordismo o producción serializada de cadáveres de mujeres, niños y hombres; justifican el sionismo, o aplauden la invasión y el secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela. <strong>No se trata de defender a Maduro. Se trata de defender la soberanía de cualquier país, de rechazar el imperialismo, de defender la autodeterminación de los pueblos, el derecho internacional así este funcione deficientemente.  Se trata de abogar por la dignidad y la vida de la gente inocente victima de una historia sacrificial dirigida por los poderosos del mundo.</strong></p>



<p>Las derechas actuales son globales, se <em>articulan</em> en la defensa de sus intereses interviniendo en las elecciones de otros países, promueven una visión de mundo que defiende sus privilegios, sus propiedades, el capitalismo y su neoliberalismo. Es una derecha hipócrita que despotrica del Estado de bienestar, pero acude al Estado para que la salve de la crisis o les proteja sus negocios. Les gusta el Estado para depredarlo, para vampirizar la riqueza socialmente producida, para saquear el producto de los impuestos que pagan los ciudadanos. Esa derecha global unida, desde Argentina, pasando por Colombia, Europa y Estados Unidos, es un peligro para la humanidad porque apoyan la locura imperialista y fascistoide de Trump. Son derechas que ponen en peligro la vida y la existencia del mundo. Se oponen a subsidios, a inversión pública, a salarios y seguridad social dignas; desfinancian la educación y atacan la educación pública, no pagan o pagan pocos impuestos, son aporofóbicas, racistas, clasistas, belicistas, excluyentes. Desean un mundo solo para ellos, eso sí, que les permita explotar a otros para incrementar y reproducir su riqueza.</p>



<p>Esa derecha usa los mismos mecanismos de estigmatización que el trumpismo. Es preocupante como Milei habla de los “Zurdos de mierda”; o, en Colombia, como un candidato de esa topología ideológica habla de “destripar” a la izquierda o al progresismo. Hacen esas aseveraciones en nombre de la libertad y de la patria. Al respecto cabe decir: <strong>“Los hombres han manipulado de tal forma el concepto de libertad, que acaba en el derecho del más fuerte y más rico a quitarle al más débil y más pobre lo poco que aún tiene” </strong>(Adorno, 2017, p. 263). Desde luego, también lo hacen en nombre de sus privilegios oligárquicos y del santo mercado que les permite mantenerlos y perpetuarlos.</p>



<p><strong>La idea que transmiten es que quienes defienden ideas igualitarias, a favor de los menos favorecidos, denunciando el cambio climático, críticos del mercado, que se oponen al militarismo y al sionismo global (apoyado en América Latina por Milei) deben ser exterminados como pulgas o insectos. Así se abonó el exterminio de los judíos en Alemania, y así se prepara en el discurso el exterminio de la izquierda o de cualquier ideología que no se alinee con su cosmovisión. </strong>Esto es ya fascismo puro y duro. En el mundo de las neoderechas no hay pluralismo de ideas, libertad de pensamiento y diferencias. Solo un mundo plano, llano, sin fisuras, un <em>régimen ad unum </em>que con su razón instrumental les permite gestionar a su favor la renta y las riquezas globales. Así se manifiesta, también, su deseo desesperado por mantener un capitalismo caníbal puesto a su servicio.  </p>



<p> <strong>Básicamente, defender la vida, la dignidad, la igualdad, la diversidad, el planeta y la naturaleza, es incompatible con las derechas actuales. </strong>Las derechas globales son necrófilas: Desean la muerte de su Gran Otro inventado. De hecho, no parece haber puntos medios: ya ni siquiera hay espacios para la socialdemocracia o el Estado social de derecho. En su ceguera conveniente, pues olvidan que todo es <em>relacional</em>, <em>interdependiente, codependiente,</em> niegan la crisis climática y los problemas del mundo. Seguramente suponen que cuando estos se vuelvan extremos, y se nos echen encima, ellos podrán contenerlos con más fascismo y represión, pero sin que se altere su “modo de vida imperial” (Saito, 2022, p. 22), el cual se podrá seguir sosteniendo con las riquezas del Sur global, con los réditos del trabajo de los explotados laboral y económicamente; con la depredación vampírica de las potencialidades de las corporalidades vivientes de quienes desprecian.   </p>



<p>En este contexto <em>juega</em> actualmente América Latina. Este continente, como África, ha sido explotado y subdesarrollado por Europa y Estados Unidos, por el Norte. Ya decía Eduardo Galeano:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>“<strong>Todo se ha transmutado siempre en capital europeo o, más tarde, norteamericano, y como tal se ha acumulado y se acumula en los lejanos centros de poder. <em>Todo: la tierra, sus frutos y sus profundidades ricas en minerales, los hombres y su capacidad de trabajo y de consumo, los recursos naturales y los recursos humanos.</em> El modo de producción y la estructura de clases [ricos, pobres, clases medias] de cada lugar han sido sucesivamente determinados, desde fuera, por su incorporación al engranaje universal del capitalismo” (2021, p. 18).&nbsp;</strong></p>
</blockquote>



<p>Y en esta realidad históricamente comprobable para Nuestra América, las clases dominantes, las oligarquías (dominantes hacia adentro, arrodilladas frente a los países del Norte), tienen una gran responsabilidad, pues han permitido y promovido el saqueo de las riquezas de nuestros países. Esa es la maldición de nuestros pueblos sin conciencia, sin un proyecto histórico nacional o continental como deseaban Simón Bolívar, José Martí, Manuel Ugarte, entre otros.</p>



<p>Por eso, hoy hay que acudir a la imaginación política, al rescate de la utopía, la defensa de la esperanza, la articulación desde debajo de los movimientos altermundistas, la construcción de una democracia radical, etc., con la defensa de la vida, la dignidad, el bienestar y la supervivencia de las generaciones futuras como principios rectores para hacerle frente al fascismo y las neoderechas que lo encarnan. En este sentido, las próximas elecciones presidenciales en Colombia no pueden ser la excepción, pues oponerse a la derecha radical y oligárquica deja de ser fanatismo partidista y se convierte, más bien, <em>en un imperativo ético</em> en defensa de la vida biológica humana y no humana. Es cuestión de principios.</p>



<p><strong>Nota:</strong> En este artículo no uso el concepto &#8220;dictadura&#8221; en la acepción romana, sino en la moderna. Equivale plenamente a Fascismo. </p>



<p><strong>Referencias</strong></p>



<p>Adorno, Theodor. (1984). <em>Crítica cultural y sociedad</em>. Madrid: Sarpe.</p>



<p>Adorno, Theodor. (2017). <em>Minima moralia. Reflexiones desde la vida dañada.</em> Akal.</p>



<p>Alemán, Jorge. (2025). <em>Ultraderechas. Notas sobre la nueva deriva neoliberal</em>. Madrid: NED ediciones.</p>



<p>Arendt, Hannah. (2015). “Sobre la violencia”. En <em>Crisis de la república</em> (pp. 81-152), Madrid: Trotta.</p>



<p>Arendt, Hannah. (2017). <em>Sobre la revolución</em>. Madrid: Alianza Editorial.</p>



<p>Arendt, Hannah. (2020). <em>Verdad y mentira en la política</em>. Barcelona: Página Indómita.</p>



<p>Dussel, Enrique. (2022). <em>Política de la liberación</em>. Crítica creadora. Volumen III. Madrid: Trotta.</p>



<p>Galeano, Eduardo. (2021). <em>Las venas abiertas de América Latina</em>. México: Siglo XXI Editores.</p>



<p>Hegel, G. W. F. (1974). <em>Lecciones sobre la filosofía de la historia universal</em>. Madrid: Revista de occidente.</p>



<p>Koyré, Alexander. (2015). <em>La función política de la mentira moderna</em>. Pasos perdidos.</p>



<p>Orwell, George. (2013). <em>1984</em>. Bogotá: Penguin Random House Grupo Editorial S.A.S.</p>



<p>Quintana, Laura. (2021). <em>Rabia. Afectos, violencia, inmunidad</em>. Barcelona: Herder.</p>



<p>Saito, Kohei. (2022). <em>El capital en la era del Antropoceno</em>. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial S.A.S.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124800</guid>
        <pubDate>Fri, 16 Jan 2026 23:36:17 +0000</pubDate>
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            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La Prudencia: un desafío en tiempos difíciles y complejos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/la-prudencia-un-desafio-en-tiempos-dificiles-y-complejos/</link>
        <description><![CDATA[<p>El profesor Jorge Enrique Ramírez Ramírez nos presenta esta reflexión sobre la importancia de la prudencia para la vida, como una especie de saber práctico que puede orientar nuestras decisiones y acciones.  </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Por: Jorge Enrique Ramírez Ramírez, Mg. En Educación</p>



<p>IE. Julio Pérez Ferrero &#8211; Cúcuta</p>



<p>Director CEID &#8211; ASINORT</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>&#8220;<strong>La prudencia es responsabilidad infinita por el Otro, donde el rostro del Otro interpela al Yo, exigiéndole cuidado y acogida sin reciprocidad, incluso más allá de uno mismo, para no caer en la indiferencia (el mal) y construir una justicia que no olvide al individuo concreto&#8221;.  E. Lévinas </strong></p>
</blockquote>



<p>Este tiempo, el año 2025 entra en su recta final, un tiempo para el encuentro en familia y con los amigos,&nbsp; para ganar energías, para organizar las prioridades que importan, para revisar los compromisos cumplidos y los pendientes pero también un presente próximo 2026 lleno de expectativas, de motivaciones y promesas, de incertidumbres, donde cabe la imagen de Jano, el dios de los finales y los comienzos, es en esta transición temporal donde luchamos contra lo fugaz por recuperar una experiencia vital profunda y con sentido, que nos exige actuar con discernimiento y prudencia en las distintas situaciones de la vida, &nbsp;&nbsp;</p>



<p>Nada más importante que el día de hoy, decía Goethe para referirse al valor que tiene el tiempo presente y su aprovechamiento, para vivirlo deliberadamente, es decir con intención, conciencia y propósito al estilo Thoreau. Vivir con discernimiento, es hallar con lucidez la diferencia entre &nbsp;lo superficial y concentrarse en lo esencial, implicando . simplificar la vida, eliminar las distracciones y cuestionar el materialismo consumista que nos agobia, para poder reflexionar sobre los hechos fundamentales de la existencia y responder a la propia conciencia.</p>



<p>La tradición filosófica nos enseña que se honra como prudente a quien sabe deliberar bien, es decir a quien tiene rectitud de juicio para alcanzar un fin útil. Aristóteles afirma en su <em>Ética a Nicómaco </em>que la prudencia es esta cualidad que, guiada por la verdad y por la razón, determina nuestra conducta con respecto a las cosas que pueden ser buenas para el hombre.</p>



<p>La prudencia, muy nombrada y solicitada en el tiempo de navidad, es el hábito práctico que une la razón y la acción, esencial para alcanzar alegrías inolvidables, buena vida y trabajar por el bien común, pero también da fortaleza para enfrentar con lucidez situaciones complejas y adversas de la vida. En otras la prudencia nos invita a pre-ocuparnos por los otros e interesarnos por el cuidado de sí y de los otros</p>



<p>También es señalada como la capacidad de actuar y tomar decisiones justas y buenas en contextos de vulnerabilidad y conflicto, además de vivir con autenticidad y sabiduría, nos da el coraje para luchar contra las ilusiones, el anonimato, la irresponsabilidad y el fanatismo. La prudencia es una forma de orientarse en el pensar y el vivir bien.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>En estos tiempos de polarización política y de prejuicios ideológicos, la prudencia es un artefacto cognitivo, así como una práctica esencial de referencia que nos ayuda a pensar sin barandillas (Arendt), un pensar sin asideros ni justificaciones fáciles, un pensar propio, además de ese diálogo interno que nos permite resistir el mal y el conformismo, y nos da la capacidad de juzgar en el espacio público, distinguiendo hechos de opiniones y actuando con responsabilidad para proteger la esfera política y la vida humana. Es una guía que conduce por la acción correcta, nos ayuda a tender el puente entre las normas y las circunstancias para juzgar situaciones de la vida, y no nos deja llevar por la obediencia de sectas políticas o las modas ideológicas. Nos enseña a evitar el mal y a comprender el ejercicio de la política como espacio donde se escucha y se reconoce la pluralidad de voces sin violencia</p>



<p>Allí donde reina la confusión entre lo ético y lo político, la prudencia proporciona el&nbsp; sentido de la reserva y la veracidad, da el juicio para distinguir la acción&nbsp; política en sus alcances de propuestas y proyectos en la vida pública</p>



<p>Frente al actuar ventajoso, egoísta y corrupto, la prudencia nos abre la ventana a inventar conductas justas que ponen en ponen en equilibrio el deseo personal con el bien común y el respeto por el otro en un proceso narrativo y reflexivo. Nos permite dar juicios morales en dilemas para vivir bien</p>



<p>La prudencia nos hace personas de bien no por una recompensa final, sino por un deber ético personal de actuar correctamente, elegir valores propios y asumir la libertad en la vida cotidiana, sin esperar premio alguno. La prudencia nos ayuda a ser la mejor versión de uno mismo dentro de las prácticas humanas</p>



<p>&nbsp;En la comunicación diaria, la prudencia nos motiva a no ser ligeros de palabras, a hablar&nbsp; con cuidado, sensatez y moderación, pensar antes de decir evitando malinterpretaciones, herir o causar daño, para considerar el impacto de las palabras, el contexto y la audiencia, con el fin de construir, ser claro, respetar a los demás y evitar daños, conflictos o malentendidos, actuando con sabiduría para que lo dicho sea útil y constructivo, no destructivo. La prudencia nos ayuda a evitar el chisme, la difamación&nbsp; y la murmuración que pueden dañar la reputación y la imagen de otras personas.</p>



<p>La prudencia dota de criterios para juzgar la información de las redes sociales, que promueven en sus contenidos y prácticas expresiones de odio y de agresión colectiva, las nuevas formas de violencia sicológica y exclusión social con mensajes ocultos detrás de la cultura de la cancelación, los linchamientos digitales y la polarización tóxica que dominan las plataformas.</p>



<p>En estos tiempos de encuentro cercano con la familia y con los amigos, y de expresión espiritual, propicio para vivir con menos violencia y más apertura hacia los otros, promover la caridad y diálogo, démosle la bienvenida en los buenos deseos, a cultivar la práctica de la prudencia en nuestras vidas.</p>



<p>La prudencia es una especie de sabiduría práctica que nos guía al elegir y al&nbsp; comprometernos con el bien en el mundo, superando caprichos personales para realizar su trascendencia y construir juntos entre iguales la comunidad a través de la reflexión, el discernimiento y la acción justa y responsable, integrando al otro.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124194</guid>
        <pubDate>Tue, 30 Dec 2025 14:43:17 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La Prudencia: un desafío en tiempos difíciles y complejos]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El necesario regreso del anti-imperialismo en América Latina</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/el-necesario-regreso-del-anti-imperialismo-en-america-latina/</link>
        <description><![CDATA[<p>El antiimperialismo no es un discurso ni una práctica caducos o añejos del siglo pasado. No. Es una necesidad política en la actualidad, dada la injerencia gringa en América Latina donde busca ejercer control geopolítico y apoderarse de recursos estratégicos para la industria estadounidense, cargándose, de paso, nuestras soberanías y el derecho internacional. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><strong>“Queremos un mundo en el que otros mundos sean posibles, <em>y este mundo sea imposible</em>”</strong>.&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-right"><em>Ramón Grosfoguel</em>.</p>



<p>En el año 2022 el sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel publicó su libro <em>De la sociología de la descolonización al nuevo antiimperialismo decolonial </em>(Akal)<a id="_ftnref1" href="#_ftn1"><strong>[1]</strong></a>. El libro es, en realidad, ante todo, una compilación de antiguos trabajos, los más relevantes que ha publicado el autor. Ahí podemos encontrar grandes contribuciones. El tema del “nuevo antiimperialismo decolonial” no es exhaustivamente tratado, pero es fácil saber de qué se trata. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="820" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/11123749/Imagen-de-WhatsApp-2025-12-11-a-las-11.07.01_65aa08d0-1-820x1024.jpg" alt="" class="wp-image-123533" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/11123749/Imagen-de-WhatsApp-2025-12-11-a-las-11.07.01_65aa08d0-1-820x1024.jpg 820w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/11123749/Imagen-de-WhatsApp-2025-12-11-a-las-11.07.01_65aa08d0-1-240x300.jpg 240w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/11123749/Imagen-de-WhatsApp-2025-12-11-a-las-11.07.01_65aa08d0-1-768x959.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/11123749/Imagen-de-WhatsApp-2025-12-11-a-las-11.07.01_65aa08d0-1.jpg 949w" sizes="(max-width: 820px) 100vw, 820px" /></figure>



<p>El problema (y la realidad) del <em>antimperialismo</em> resulta clave en estos días (diciembre de 2025) cuando Estados Unidos, en el canto de cisne de su vieja hegemonía, lucha por mantener su posición en la actual transición geopolítica. En la actualidad, China ya lo supera en indicadores de bienestar social, en crecimiento económico, en innovación tecnológica, en estabilidad fiscal, y, ante todo, en su política exterior donde no ha sido imperialista ni belicista. Es cierto que China extrae, como todo el Norte, materias y recursos del Sur global, pero no domina militarmente esos países. Estados Unidos, entonces, yendo contra los principios de la globalización neoliberal, se sumerge en una especie de neofascismo para salvar su estatus, acudiendo a un nacionalismo barato, a políticas xenofóbicas inmunitarias contra los latinos, contra los “países de mierda” que llama Trump, repartiendo aranceles a diestra y siniestra, y se aísla del mundo mientras trata de someter más a la vieja y lánguida Europa, la cual, también, se dirige a una crisis sin precedentes.</p>



<p>En medio de esos delirios del imperio en decadencia, América Latina sufre los embates del moribundo autoritario: amenazas de invasión a Venezuela, e ingerencia militar directa en México y Colombia; Trump interviene en elecciones para mantener una derecha a fin en Argentina y en Honduras, a la vez que comete ejecuciones extrajudiciales en el Caribe a presuntos narcotraficantes, los cuales son asesinados y despojados de los derechos básicos al debido proceso y demás garantías judiciales. Son acciones unilaterales violatorias del derecho internacional. Lo curioso es que estas medidas son aplaudidas por la derecha regional, la cual siempre ha sido arrastrada, reptante, y dispuestas a vender las riquezas nacionales y ceder la soberanía que sea necesaria con tal de tener el beneplácito del amo del Norte. &nbsp;Con esas intervenciones en América Latina, pero también en África, los gringos buscan asegurar recursos para su industria y también para mantener lo que el filósofo japonés Kohei Saito llama, de la mano de Ulrich Brand y Markus Wissen, “el modo de vida imperial”, es decir, el modo de vida que les permite su bienestar a costa de traspasar todas las cargas al Sur Global (huella ambiental, huella material, costos ecológicos, pobreza, desigualdad social, etc.). &nbsp;</p>



<p>Estas, entre otras razones, hace actual el libro de Ramón Grosfoguel, un texto donde él también salda cuentas con todos aquellos que llamándose decoloniales son, en realidad, “coloniales”. No solo porque le hacen el juego al imperialismo, sino porque pretenden salvar, a sí sea a medias, la modernidad misma. &nbsp;</p>



<p class="has-text-align-center">***</p>



<p>Ahora, ¿por qué hablar, en pleno siglo XXI, de un “Nuevo antiimperialismo”? Esto no se entiende si se parte de la equivocada idea de que la Red modernidad/colonialidad era un grupo homogéneo. No. Sus miembros eran bastantes diferentes y siempre tuvieron apuestas teóricas y políticas diversas. Al principio se generó la idea de homogeneidad y concordia debido a reuniones e intercambios permanentes y a las publicaciones conjuntas, etc., pero examinadas con más cuidado las obras de los distintos autores, tal como lo ha hecho Santiago Castro-Gómez desde Colombia, fueron claras todas estas diferencias y la heterogeneidad de la Red. Esto se puso de presente con la situación política venezolana y boliviana, especialmente.</p>



<p>Como dice Juan García Fernández en el <em>Prólogo</em> del libro: “entre 2017 y 2020, tendrían lugar una serie de acontecimientos que fracturarían radicalmente a los autores de la corriente anteriormente llamada Red modernidad/colonialidad. En primer lugar, la batalla de Caracas en relación al golpe de Estado perpetuado por los sectores de la oposición de derechas lideradas por Juan Guaidó, presidente electo de la Asamblea General, y autoenvestido presidente interno de la república, con el apoyo de la CIA y los servicios de inteligencia norteamericanos de la administración Trump”.</p>



<p>En este contexto, Edgardo Lander, Walter Mignolo, Catherine Walsh, Arturo Escobar, y otros académicos como Alberto Acosta o Maristella Svampa,</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>“se situaban del lado del imperio” en el conflicto venezolano, al apoyar un documento emitido por Aníbal Quijano y otros de la Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución donde se condenaba la violencia y el autoritarismo y deslegitimación del gobierno y sus instituciones” (p. 17-18).</p>
</blockquote>



<p>De los antiguos miembros de la Red fueron Grosfoguel, Dussel y una pensadora cercana al movimiento, Karina Ochoa, quienes salieron en defensa del movimiento venezolano contra el intervencionismo americano que además había financiado grupos paramilitares para asesinar ciudadanos en las calles y acusar a Nicolás Maduro de asesino. Grosfoguel y Dussel siempre han defendido la revolución bolivariana y su empoderamiento del poder popular, y han denunciado los bloqueos impuestos a Venezuela como los causantes de la hiperinflación que ha causado la innegable ola de migrantes venezolanos a distintas regiones de América Latina<em>, </em>de Estados Unidos y de Europa.</p>



<p>Igual ocurrió con el golpe de Estado dado en Bolivia por Jeanine Añéz, junto a grupos evangelistas radicales: En medio de todo esto, de nuevo, un grupo de pensadores críticos como Silvia Rivera, Raúl Zibechi, María Galindo, Luis Tapia, Rita Segato, terminaron atacando al gobierno del MAS (Movimiento Al Socialismo) y a Evo Morales, negando, incluso, que se tratara de un golpe de Estado o acusándolo de reproducir las prácticas coloniales extractivas que decía combatir. De nuevo, Dussel, Grosfoguel, Juan José Bautista y otros apoyaron la Revolución boliviana.</p>



<p>Son estos hechos los que justifican el título del nuevo libro de Ramón Grosfoguel, porque – a su parecer– es claro que no todo pensamiento decolonial es antiimperialista. De hecho, dice el autor, antes se entendía que lo decolonial <em>implicaba de</em> <em>suyo </em>ser antiimperial y antidecolonial, pero esas manifestaciones en contra de Venezuela y Bolivia ponen de presente la desorientación política de muchos miembros de la Red, la cual, en el caso de Aníbal Quijano, se debe también a su anarquismo que desconfía de cualquier proceso estatal. Esto requiere comprender que el viejo antiimperalismo solo</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>“luchó por la soberanía jurídico-política, dejando de lado muchas dimensiones de las jerarquías de dominación del sistema-mundo, entre ellas las relaciones de dominación y explotación centro-periferia, las relaciones de dominación raciales y patriarcales, las estructuras de conocimiento eurocentradas” (García, 2022, p. 8).</p>
</blockquote>



<p>De ahí que el “nuevo antiimperrialismo decolonial” no puede repetir esa estrategia, y debe atender a la colonialidad global, “las migraciones como nueva fase de la larga historia colonial”, la crítica al eurocentrismo, los genocidios epistémicos, la islamofobia, las teorizaciones sobre transmodernidad, el pluriversalismo, las luchas por el derecho al territorio y la soberanía (como en Cataluña), es decir, un antiimperialismo mucho más allá de la mera lucha por la soberanía jurídico-política. En síntesis, </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>“el nuevo antiimperialismo se define por la articulación de las luchas soberanistas, antirracistas, antixenófobas, antipatriarcales, anticapitalistas por la liberación de los pueblos tanto de naciones sin Estado como de sujetos inferiorizados racialmente y comunidades de migrantes&#8221;, </p>
</blockquote>



<p>como afirma Javier García en el Prólogo (p. 19).</p>



<p>Este nuevo antiimperialismo permite entender mejor la guerra en Ucrania (p. 339-348). Para Grosfoguel esta hace parte de una estrategia imperial de Estados Unidos para desestabilizar a Rusia y a China fraguada, incluso, unos años atrás. Específicamente llama la atención sobre la Rand Corporation, un tanque de pensamiento que en un documento “Extending Russia”, habló de las estrategias de esa guerra y de las sanciones que se impondrían a Rusia. En ese plan, Europa termina siendo funcional a Estados Unidos, pues le compra armas, petróleo y gas a sobrecostos, generando internamente una hiperinflación y asumiendo los costos de la guerra, pues ha sido Europa la que ha dado millones de Euros a Ucrania en su lucha contra Rusia y contra ucranianos rusoparlantes del Este. Esto hace dependiente y subordina económicamente a Europa de los Estados Unidos. Por otro lado, los millones que llegan a Ucrania y a parte de un ejército que tiene 30 escuadrones pronazis, financia el renacer del nazismo en Europa y de la creciente derechización. Sin embargo, todo apunta, dice Grosfoguel, a que es una élite económica mundial, ese 1% dueño de la mayor parte de la riqueza del planeta, la que prepara una transición del orden civilizatorio en el periodo 2020-2050, incluso si para hacerlo deben llevarse por delante a los mismos Estados Unidos (que ha perdido hegemonía militar y económica, como lo vaticinó Wallerstein hace más de 30 años) y a la misma Europa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>La segunda razón por la cual es valioso el libro de Grosfoguel es que recoge gran parte de sus primeros ensayos y sus aportes a la Red, pero, a la vez, agrega nuevos materiales que permiten visibilizar las diferencias con otros pensadores de las teorías decoloniales. Enumero solo 4 de esos aspectos.</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>La especial atención que Grosfoguel ha prestado al colonialismo americano y europeo en lo que él llama “El Gran Caribe”, que no es una denominación geográfica sino geohistórica. El Caribe fue el lugar donde empezó su articulación el sistema-mundo por el Atlántico ya desde el primer viaje de Colón o incluso, desde la presencia de España en las islas Canarias. Esto lo ha llevado a estudiar la situación colonial de Puerto Rico, Haití, Martinica, Guadalupe, Jamaica, las Antillas holandesas, etc., y sus procesos de migración a las viejas metrópolis coloniales y auscultar las herencias coloniales y las relaciones de dominación aún existentes.</li>



<li>El estudio detallado del pensamiento decolonial afrocaribeño, de autores como Franz Fanon, A. Cesaire, o de caribeños en Estados Unidos como Sylvia Winters y Oliver Cox; también de los <em>marxismos negros</em> como el de Cédric J. Robinson quien habló de <em>capitalismo racial</em> antes que Aníbal Quijano; al igual que el estudio de pensadores y pensadoras africanos como Oyèrónké Oyèwùmi. Hay que decir que aquí el trabajo de Nelson Maldonado Torres, otro puertorriqueño, ha sido clave y relevante, al igual que los aportes de Lewis Gordon. Estas fuentes son descuidadas por otros miembros de la Red que se han centrado más en la América Latina continental. Grosfoguel no solo ha estudiado esas fuentes, sino que las ha publicitado en la editorial Akal.</li>



<li>&nbsp;En el libro Grosfoguel toma distancia de Aníbal Quijano y de Walter Mignolo. En el primer caso, acusa el anarquismo del peruano y su ceguera ante el problema de Venezuela, a la vez que lo acusa de “extractivismo epistémico”, un concepto que alude a la <em>apropiación</em> y explotación del conocimiento de otros sin citarlos y mencionarlos (p. 247 ss.). De hecho, la idea de la relación entre raza y capitalismo la tomó Quijano del concepto de <em>capitalismo racial</em> del ya citado Robinson… pero no se lo reconoce. Quijano aparece como un decolonial que, al igual que en la lógica colonial, extrae epistemes y se las apropia. En el segundo caso, el de Mignolo, “él tiende a pensar que, si un sujeto viene de Europa, ya no puede producir pensamiento decolonial y, a la inversa, si alguien viene del continente americano, ya es entonces, por definición, decolonial” (p. 307). Esto se debe a un esencialismo dualista en el pensamiento de Mignolo, ontológico, que asocia lo decolonial a los purismos étnicos y lo acerca a las políticas de la identidad, y que no reconoce que, incluso, hay “decoloniales coloniales&#8221; o pro-imperialistas, lo que tiene dañinos y perversos efectos políticos. Para Grosfoguel es claro que al interior de Europa también hay amigos decoloniales, y en el Sur global hay también enemigos a lo decolonial, como las izquierdas eurocentradas. La postura de Mignolo bloquea, entonces, posibles articulaciones decoloniales globales.</li>



<li>&nbsp;La postura de Grosfoguel permite también revisar el debate en torno a las relaciones entre modernidad y capitalismo. Aquí sus tesis se diferencian bastante de las del filósofo colombiano Santiago Castro-Gómez. Grosfoguel piensa que <em>el capitalismo es la forma económica de un modelo civilizatorio específico</em>, por lo tanto, no puede ser pensado de manera aislada (p. 316). El capitalismo está imbricado con el racismo, el clasismo, el sexismo, el género, el patriarcado, el cristianismo, etc., opera de manera <em>sinérgica</em> con todas estas lógicas de dominación. No es, entonces, una infraestructura como pensaba el marxismo estándar o su maestro Wallerstein. Por eso se trata de superar el modelo civilizatorio moderno mismo, dando origen a una nueva civilización, la transmodernidad.</li>
</ol>



<p>Un debate, como puede verse, en el cual Grosfoguel asume la postura de Dussel. Pero para el filósofo colombiano Santiago Castro-Gómez, la política no tiene nada que ver con construir un orden civilizatorio que puede tardar siglos, sino con la construcción de una universalidad política, hegemónica, que articula actores y cuestiona unas reglas de reparto de lo social. Para el colombiano, el proyecto de la transmodernidad tal como lo conciben Dussel y Grosfoguel es, más bien, un proyecto religioso, escatológico, donde se espera <em>una nueva era</em>. Por lo demás, la modernidad contiene elementos emancipatorios que no pueden dejarse de lado, y que deben ser apropiados en las zonas de contacto de frontera (<em>Border thinking</em>, concepto de Mignolo) por los colonizados para <em>impugnar</em> así las lógicas coloniales y abogar por una expansión democrática de los derechos y la construcción de un republicanismo transmoderno como postula en <em>El tonto y los canallas </em>de 2019. En términos epistémicos, Castro-Gómez siempre ha visto como una limitación los análisis macro-sociológicos de Quijano y de Grosfoguel, los cuales deben ser complementados con la genealogía foucaultiana de los micropoderes, para así dar cuenta adecuadamente de las maneras como se producen los procesos de racialización y de imbricación <em>in situ</em> de las otras jerarquías de poder en el mundo colonizado.&nbsp; <em>&nbsp;</em></p>



<p><strong>Referencias</strong></p>



<p>Grosfoguel, Ramón. (2022). &nbsp;<em>De la sociología de la descolonización al nuevo antiimperialismo decolonial. </em>Akal</p>



<p>Saito, Kohei. (2022). <em>El capital en la era del Antropoceno</em>. Penguin Random House Grupo Editorial.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Una versión de este texto fue publicada en mi libro Pachón, Damián. <em>Superar el complejo de hijo de puta. Para una introducción al pensamiento decolonial: fuentes, categorías y debates</em>. Bogotá: ediciones Desde abajo, 2023.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=123523</guid>
        <pubDate>Thu, 11 Dec 2025 17:05:09 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El necesario regreso del anti-imperialismo en América Latina]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Hannah Arendt y las resonancias actuales del totalitarismo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/hannah-arendt-y-las-resonancias-actuales-del-totalitarismo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Conmemorando los 50 años del fallecimiento de la pensadora alemana Hannah Arendt, resalto en este ensayo la vigencia de su análisis del totalitarismo, el cual, según la filósofa, era siempre una posibilidad latente. Hoy el fascismo parece estar de vuelta en Occidente. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>La pensadora alemana Hannah Arendt, fallecida hace 50 años, decía que el objeto del pensamiento debía ser la <em>experiencia vivida misma</em>. Este reflexionar sobre la experiencia, lo que la acercó a la fenomenología (cuya máxima expresión es su libro <em>La condición humana </em>de 1958) la llevo tras la Segunda Guerra Mundial a tomarse en serio el problema del totalitarismo para determinar por qué fue posible, cómo fue posible, cómo fue permitido (Pachón, 2025). Ella misma había sido su víctima cuando tuvo que abandonar Alemania en 1933 y cuando fue encerrada en un campo de internamiento en Francia en 1940. Fue su víctima porque fue una judía apátrida, refugiada, desnacionalizada y sin “derecho a tener derechos”; en síntesis, porque padeció el horror del totalitarismo en su vida y tuvo que desarraigarse de los suyos y de su patria. De ahí que escribiera su voluminoso libro <em>Los orígenes del totalitarismo, </em>publicado en 1951, con el fin de <em>comprenderlo</em>.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Hay que decir que Arendt no fue quien inventó el concepto de totalitarismo, aunque sí ayudó a popularizarlo. Este había aparecido ya en la Italia de Mussolini como antítesis del liberalismo, y pensadores como Horkheimer o Marcuse ya hablaban en los años cuarenta de “Estado autoritario” o “Estado total autoritario” (Marcuse, 2025, p. 55).&nbsp; Ahora, si bien el fascismo histórico es típicamente italiano, lo cierto es que Arendt contribuyó a que el fascismo fuera concebido como totalitarismo. En este último término incluyó, como se sabe, tanto al régimen de Hitler como al régimen soviético de Stalin. Después, en el vocabulario político, los conceptos que más calaron en el sentido común, en los opinadores políticos y hasta en la academia, han sido los de dictadura y fascismo.</p>



<p>Lo cierto es que para Arendt el totalitarismo era totalmente novedoso, único, en la historia. Poseía una “novedad radical”. No era una dictadura porque estas en la tradición política eran autorizadas por el mismo orden jurídico y eran temporales (como en Roma), tampoco era una tiranía basada en la ilegalidad porque pretendía una legitimación. En realidad, escapaba a los marcos de comprensión y a las categorías habituales del pensamiento político. Lo característico del totalitarismo era que a) convertía a los humanos en seres superfluos, b)&nbsp; anulaba su capacidad de pensar, c) destruía la esfera pública y d) trataba de cambiar el concepto mismo de “hombre”, la naturaleza humana misma (después ella hablará de <em>condición humana </em>para no caer en esencialismos ahistóricos).</p>



<p>Arendt pensaba que el totalitarismo era una <em>cristalización</em> de varios problemas no resueltos políticamente desde el siglo XIX, específicamente, el antisemitismo, la decadencia del Estado-nación y el imperialismo. Estos hechos, contingentes, confluyeron en el siglo XX en algo nuevo, en un <em>acontecimiento: </em>el totalitarismo. El antisemitismo venía desde el siglo XIX, y tenía que ver con un problema político, el de la asimilación de los judíos a las sociedades europeas. De hecho, no surgió en Alemania y, como lo muestra el caso Dreyfuss, <em>fue en Francia donde se expresó fuertemente cuando toda una nación tomó como un gran Otro </em>al capital judío Alfred Dreyfus acusado de pasar información a los alemanes. En antisemitismo fue creciendo tras el final de la Primera Guerra Mundial cuando se fortaleció en el centro de Europa y en el Este.  La respuesta judía al antisemitismo desde finales del siglo XIX fue <em>el sionismo</em>: este abogaba por la creación de una patria judía, un Estado. <strong>La cuestión judía y el antisemitismo, pues, fueron el “agente catalítico del movimiento nazi en primer lugar, de una guerra mundial poco más tarde, y, finalmente, de las fábricas de la muerte” (Arendt, 2004, p. 10).</strong></p>



<p>Lo que hizo Hitler fue lograr que <em>el antisemitismo se convirtiera en una ideología contra Otro</em>, ya fuera el judío, el comunista, el gitano, o las razas inferiores. El Yo auténtico alemán, fuerte, puro, virginal, apareció como lo opuesto del Otro, portador de todos los males. Era la diada amigo-enemigo de la que habló Carl Schmitt, diada que en estricto sentido no es política, pues implica la muerte del adversario, con lo cual la política y lo político se hace imposible, se niega.</p>



<p>Por otro lado, el triunfo de la burguesía después de la Revolución francesa llevó a que esta se independizara políticamente y debilitara al Estado-nación. La burguesía dio origen al <em>imperialismo </em>donde imperaba la   de la <em>expansión por la expansión. </em>Era llevar la lógica burguesa de la apropiación, el poder, el dominio más allá de las fronteras del Estado-nación, aspecto en el cual se hacían realidad las ideas de Hobbes, pues para Arendt, él fue el verdadero filósofo de la burguesía. El imperialismo creó colonias fuera de Europa. Arendt analiza el caso de África: <em>allí inventaron los campos de concentración </em>y se entrenaron en el arte de degradar, destruir y asesinar a seres humanos considerados sub-humanos, no hombres.  El racismo, dice Arendt, fue una ideología con la cual inferiorizaron al Otro, al periférico, al negro africano. Este apareció como una verdad innegable según la cual las tribus africanas o los seres humanos fuera de Europa eran seres “naturales” que carecían de humanidad; eran mera Naturaleza o una extensión de ella, sin civilización, por eso </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p><strong>“cuando los hombres europeos mataban, en cierto modo, no eran conscientes de haber cometido un crimen” (Arendt, 2004, p. 249).</strong> </p>



<p>Esa aniquilación del otro era posible gracias a la <em>burocracia, </em>la cual permitía, como en la India, las “matanzas administrativas” (p. 290). Racismo y burocracia fueron “medios políticos” de la dominación imperialista, fueron dispositivos efectivos para el dominio de otros seres considerados no-humanos.</p>
</blockquote>



<p>A esto debe sumársele el hecho de la decadencia del Estado-nación, la cual consiste en que los nacionalismos tribales, étnicos, se impusieron por encima del Estado. De esta manera, muchas naciones expulsaron a otros pueblos en el centro Europa, dejándolos sin la protección. <em>Las tesis de Arendt es que desde la Revolución francesa había una contradicción, pues, por un lado, se habló de derechos ciudadanos universales para todos los hombres, pero, por el otro, el goce y el disfrute de los mismos fue atado a la ciudadanía, a una particularidad. Y esta ciudadanía, a su vez, fue atada a la pertenencia a una nación, con su tierra, su lengua, su cultura, sus tradiciones. De tal manera que cuando individuos y pueblos </em>son expulsados, desplazados, <em>se quedan sin nacionalidad, sin ciudadanía y son convertidos en “escorias de la tierra”, en parias, en seres sin derechos, vulnerables, matables; que quedan a merced de distintos poderes o de otros grupos. En estos casos, los derechos humanos mismos no les son aplicables. Eso fue lo que les ocurrió a los mismos judíos cuando distintos países les quitaron la nacionalidad y la ciudadanía. </em>Arendt fue una de esas víctimas, pues, como se dijo, en 1936 le retiraron la ciudadanía alemana lo cual constituye la “muerte jurídica” para el individuo.   </p>



<p>Todo lo anterior es lo que lleva, <em>cristaliza</em>, en el totalitarismo, la más macabra forma de gobierno de la historia, posible por grandes masas desarraigadas, insatisfechas flotantes, que apoyaron una ideología como la nazi, la cual les ofrecía un posible horizonte de salvación. El totalitarismo fue posible por esas masas y por una ideología que pretendía conocer <em>la ley de la historia. </em>En el caso de Rusia, esa ley era la lucha de clases; en el de Alemania, la ley de una raza superior que triunfaría sobre todas las otras razas. Esas ideologías totalitarias eran verdades absolutas, omnicomprensivas, indiscutibles y gobernaban el movimiento mismo de la historia, el devenir de la realidad. La “astucia de la ideología” permitió seducir a grandes masas: desde los ciudadanos mismos hasta las propias víctimas.</p>



<p>El <em>terror</em> como esencia del totalitarismo y su posibilidad omnipresente en la sociedad, la organización, la burocratización excesiva, el culto a la personalidad de líder, la sumisión al partido, la vigilancia generalizada de la sociedad al punto de volverla paranoica, la militarización, la propaganda, etc., desembocaron en la “dominación total” (Arendt, 2004, p. 533). Solo así apareció el “campo de concentración” como el pináculo del sistema donde era posible la realización de la ideología totalitaria en Alemania. Allí, tras la eliminación jurídica de la persona (el quitarles la ciudadanía como ya se mencionó), la destrucción moral de la misma (su animalización, cosificación y pérdida de la dignidad humana), se pasaba a la eliminación física. Y en esa atmósfera el homicidio se volvió tan “impersonal como el aplastamiento de un mosquito”. Así el Estado totalitario se convirtió en una fábrica de cadáveres. Es lo que llamo el <em>necrofordismo</em> o <em>producción serializada de la muerte</em> como un producto tangible de una biopolítica criminal.&nbsp;</p>



<p>Digamos, finalmente, que el totalitarismo tiene otros efectos que serán claves en el pensamiento de Arendt. Uno de ellos, es que este tipo de gobierno elimina el espacio político, la esfera de aparición donde es posible mostrarse, estar, compartir, dialogar, actuar, comenzar algo nuevo. El terror envuelve como un “anillo de hierro” a los individuos y elimina el “entre” que hay entre ellos. De esta manera no es posible reunirse, pensar, opinar, contrastar lo pensado; así se mata la política y se <em>aísla</em> a los <em>sujetos</em>, se los comprime y se los desarraiga (como en el caso de los refugiados). Todos estos temas los retomará Arendt después, pues como dijo Claude Lefort (1988), en <em>Los orígenes del totalitarismo </em>está <em>in nuce </em>todo el pensamiento político de esta gran pensadora del siglo XX.</p>



<p><strong>Resonancias actuales del totalitarismo<a href="#_ftn1" id="_ftnref1"><strong>[1]</strong></a>&nbsp;</strong></p>



<p>No es posible hacer un discurso aséptico, meramente académico del totalitarismo en Arendt, sin aludir a las resonancias que sus planteamientos tienen hoy. Si para ella la filosofía debía estar atenta a los acontecimientos y hacerse cargo del tiempo y la experiencia que nos toca vivir, mal haríamos nosotros al no encargarnos de nuestras propias circunstancias. &nbsp;</p>



<p>U primer punto que llama la atención es que en la época en la que Arendt filosofa se está hablando de la “decadencia de occidente”. Esta expresión se popularizó con el famoso libro de Spengler, pero resonó décadas después tras la evidencia de que lo que estaba en juego era la crisis misma de la modernidad. María Zambrano habló de la “agonía de Europa” (2000) , la primera Escuela de Frankfurt realizó un fuerte diagnóstico de la ilustración y la manera como la misma había devenido en dominio y terror. No olvidemos la famosa frase de Adorno y Horkheimer cuando decían en 1944: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>“la ilustración ha perseguido desde siempre el objetivo de liberar a los hombres del miedo y constituirlos en señores. Pero la tierra enteramente ilustrada resplandece bajo el signo de una triunfal calamidad” (2009). </p>
</blockquote>



<p>Hobsbawn se referiría a estos tiempos como “la época de las catástrofes”; y Hannah Arendt hablaría de un “tiempo oscuro”. Pues bien, para gran parte de esa generación intelectual lo que moría allí en los altares de la guerra, la barbarie y los campos de concentración, era la civilización occidental, el proyecto mismo de la modernidad. Sobre este “espíritu de época” dijo Bauman:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>“Lo que fue asesinado y enterrado en las tumbas masivas junto a millones de soldados fue la confianza en Europa en sí misma, y la fe de la gente civilizada en la victoria de la razón […] en la benevolencia de la historia y [en el] convencimiento tranquilizador y amable de un presente seguro y un futuro garantizado” (2009, p. 77). &nbsp;</p>
</blockquote>



<p>Si la razón había devenido irracional, si la ciencia y la técnica se habían puesto al servicio de la posibilidad de la destrucción misma del planeta bajo las bombas atómicas, si la libertad, la igualdad y la fraternidad no se habían realizado; si el progreso era tan solo un optimismo de la razón o un espejismo; en fin, si la democracia y la convivencia misma se hacían imposibles, ¿no era la civilización misma y, específicamente occidente, la que se dirigía al abismo? ¿No era Europa misma la que estaba agonizando? Hoy ocurre lo mismo. Por eso el filósofo africano Achille Mbembe dice: “Europa dejó de ser el centro de gravedad del mundo” (2016, p. 25). Ya solo conserva la tradición intelectual, pero no es un faro ético, político o geopolítico que represente un horizonte para occidente: se ha sometido totalmente a los Estados Unidos, Europa es una lacaya del neoimperialismo de Donald Trump.</p>



<p>Pues bien, hoy, como hace ya casi cien años, en la filosofía y en las ciencias sociales se viene hablando de la <em>crisis civilizatoria</em>, de un colapso de la civilización, pero ahora debido a la crisis climática, ambiental energética, alimentaria, económica, demográfica (a pesar de la reducción de la natalidad); se trata de una crisis de la civilización y de su modo hegemónico de vida. Estas crisis son multidimensionales y son interseccionales, es decir, relacionales.</p>



<p>Hoy, como en la época de Arendt, las guerras provocan miles de muertos y violaciones de derechos humanos. Y, muy especialmente, genera millones de desplazados, refugiados, migrantes en el mundo. Naciones unidas informa, por ejemplo, que la guerra en Sudan, iniciada en 2023, ha dejado “11,3 millones de desplazados internos, una de las mayores crisis de desplazamiento del mundo, mientras que casi cuatro millones han huido a países vecinos, principalmente Egipto, Sudán del Sur y Chad”. La guerra en Ucrania ha dejado cerca 6, 5 millones de refugiados. Tampoco puede olvidarse que la guerra de Siria y la <em>pobreza</em> en África lanzó a miles de migrantes y desplazados a las puertas de Europa. Hace unos años el Mediterráneo, al que Hegel llamó “el centro de la historia universal”, se convirtió en uno de los cementerios marítimos más grandes de la historia. Cada año miles de personas que huyen de la pobreza, el hambre, el cierre de futuro, los conflictos interétnicos, las guerras convencionales, son sepultadas a las puertas de Europa.</p>



<p>Todos estos migrantes <em>son personas desarraigadas de su mundo, de sus comunidades</em>, sus amigos, sus parientes; pierden sus bienes, quedan a merced de otros Estados y otras fuerzas violentas, pero, principalmente, quedan a la intemperie, sin ciudadanía, “sin derecho a tener derechos”, en manos de la caridad mundial, las donaciones y la ayuda de la comunidad internacional y sus ONG´s. Como decía Arendt: son personas que al perder su comunidad son lanzadas al <em>margen</em> de la humanidad misma.</p>



<p>Por otro lado, el análisis que Arendt hizo del imperialismo en África, donde este fungió como un laboratorio para el totalitarismo, permitió convertir a esa periferia en una “zona del no-ser”, para decirlo en palabras de Franz Fanon (2020, p. 42), el pensador de Martinica al que Arendt leyó con cuidado. Si la periferia es el mundo del no-ser, sus habitantes pueden ser tratados como no-humanos. Esta lógica colonial e imperial de Europa se mantiene. Crea seres humanos de primera categoría y humanos de segunda, o subhumanos. Es decir, la geopolítica crea su propia antropología o geoantropolítica donde los habitantes del sur o por fuera del Norte global son convertidos en superfluos, en <em>existencias dispensables</em>. Por eso, humanos de la periferia son desechables, matables, asesinables, prescindibles.</p>



<p>&nbsp;Lo ocurrido en Medio Oriente durante el genocidio en Palestina sigue esta lógica: la zona del ser, Europa y Estados Unidos, dando prioridad a sus intereses económicos y geopolíticos, consienten activamente (también pasivamente) el exterminio del Otro, de los árabes, de esos enemigos históricos que forman parte del “eje del mal”, de los enemigos de la civilización occidental. Si Arendt se refería a las “matanzas administrativas” durante el imperialismo racista, Israel las decreta sobre los gazaties en pleno siglo XXI. Pero no solo matanzas administrativas, sino “detenciones administrativas” de mujeres, niños y hombres, sin el más mínimo debido proceso o garantía jurídica. Estas personas no son prisioneros de guerra, sino secuestrados o rehenes. De esta manera, a cielo abierto, ante la mirada del mundo, Israel despliega una necromáquina asesina que “produce cadáveres en serie”; es la fábrica de cadáveres del totalitarismo de las que hablaba Arendt o lo que llamé “necrofordismo”: producción serializada de muertos en manos del sionismo internacional y de sus aliados. Valga decir de paso que Arendt avizoró no solo el militarismo israelí como política, sino el polvorín violento que implicaba la coexistencia con los árabes en esa región, por eso ella propuso UN Estado federal <em>binacional</em> donde coexistieran árabes y judíos organizados desde abajo en consejos para la toma de decisiones (Bernstein, 2019, p. 41-51).&nbsp;</p>



<p>El necrofordismo mencionado es la prueba fehaciente de la deshumanización del mundo, donde no hay persona jurídica, ni persona moral y donde una gran parte de la humanidad se torna “superflua”; es también, la prueba de que hay una crisis axiológica brutal, atizada por las ideas darwinistas de la salvación a través de la competencia feroz. La crisis axiológica actual es también parte de la crisis civilizatoria en curso en pleno Antropoceno.</p>



<p>En este marco, si hay una <em>expresión de la crisis actual del modelo civilizatorio es justamente la crisis de las instituciones con que hace 80 años se reconfiguró el orden mundial tras 1945</em>. La Organización de las Naciones unidas, la OEA, manipuladas por las grandes potencias; la Declaración universal de los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario (DIH), inaplicados y desconocidos para una gran parte de los habitantes del planeta; y el control de las instituciones financieras como el BID, el Banco Mundial, el Banco europeo, por los países poderosos, lo confirman. Asistimos al desmonte del derecho internacional público, lo que incluye los ataques a la Corte Internacional de Justicia, la Corte Penal Internacional, justamente para que los nuevos leviatanes del mundo impongan su ley del más fuerte y reconfiguren el nuevo orden global. La “vuelta al estado de naturaleza” de Hobbes, tal como van las cosas, parece ser el futuro de las relaciones entre los Estados del mundo. La actual crisis del multilateralismo en las relaciones internacionales, las tensiones entre bloques políticos y económicos (G7 y BRICS+), entre las grandes potencias (Estados Unidos y China), así lo testimonian. Esto pasa, como en el caso de Israel y de Estados Unidos, por desbaratar primero la institucionalidad al interior del Estado. Ya decía Arendt, citando a Henry Steel, que: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>“si destruimos el orden mundial y destruimos la paz mundial debemos inevitablemente subvertir y destruir primero nuestras propias instituciones políticas” (Arendt, 2015, p. 115).  </p>
</blockquote>



<p>&nbsp;Por eso, la tendencia a “destruir las propias instituciones políticas” parece en la actualidad una especie de preámbulo de las aspiraciones neofacistas de la actualidad. Y esto nos lleva al problema del <em>totalitarismo </em>que pensó Hannah Arendt, el cual incluía, desde luego, lo que tiempo después, en amplios círculos de la opinión pública, intelectuales y académicos, como fascismo alemán. Hoy se habla de neofacismos, neoderechas, derechas emergentes, de derechización mundial, de “ultraderechas” (Alemán, 2025), etc., para dar cuenta de un cúmulo de prácticas peligrosas que vienen haciendo ciertos gobiernos. Lo alarmante de estas prácticas es que muchas de ella repiten el libreto del fascismo de hace un siglo. Y aquí hay que tener en cuenta la preocupante advertencia que Hannah Arendt nos dejó casi al final de su voluminoso libro, a saber, que:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>&nbsp;“Las soluciones totalitarias pueden muy bien sobrevivir a la caída de los regímenes totalitarios bajo la forma de fuertes tentaciones, que surgirán allí donde parezca imposible aliviar la miseria política, social o económica”,</p>
</blockquote>



<p>porque el fascismo puede</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>“estar seguro de que sus fábricas de aniquilamiento, que muestran la solución más rápida para el problema de la superpoblación, para el problema de las masas humanas económicamente superfluas y socialmente desarraigadas, constituyen tanto una atracción como una advertencia”. &nbsp;(Arendt, 2004, p. 557).</p>
</blockquote>



<p>Esto equivale a decir, que el neofascismo saldrá el rescate del neoliberalismo moribundo. La pensadora germano-americana nos dice, de paso, que el ecofascismo, la eliminación de los superfluos, puede estar a la vuelta de la esquina, es decir, que el fascismo es un fantasma que nos acecha.</p>



<p><em>La vuelta a los nacionalismos, las políticas xenofóbicas, la caza de migrantes en Estados Unidos y otros Estados, la destrucción de la división de poderes y las instituciones intra e interestatales, la censura de la prensa, la censura de libros, el ataque a la autonomía universitaria como ocurre en Estados Unidos, los ataques a la libertad de expresión y de reunión, el anti-intelectualismo, el rechazo de la ciencia en los movimientos antivacunas, la defensa a ultranza de los valores familiares tradicionales, el negacionismo climático, la movilización del miedo y del odio como afectos inmunitarios contra el diferente, el otro, el extranjero, el pobre; la misoginia, la proscripción de los discursos de género y la negación de los derechos para las minorías, el supremacismo blanco racista; el aumento del securitismo y el militarismo, el culto a la personalidad en algunos sistemas políticos, el adoctrinamiento mediático que busca colonizar el sentido común con tesis discutibles convertidas en dogmas. El neofascismo actual fortalece “lógicas identitarias” en su “jerga de la autenticidad” y las articula con los principios del neoliberalismo </em>(Cadahia y Biglieri, 2022, p. 91). </p>



<p>Así que las derechas actuales asumen un neoliberalismo autoritario, inmunitario, elitista y excluyente. Son todas manifestaciones preocupantes de un posible retorno del fascismo y de la materialización de la advertencia arendtiana.</p>



<p>La problemática actual de los migrantes y los refugiados del mundo ponen de presente la vigencia de la brillante crítica de Hannah Arendt a la ciudadanía ligada a la nación, a la desprotección jurídica de los sin patria; y su crítica del imperialismo y tematización del totalitarismo, etc., muestran las tentaciones del fascismo actual. Desde luego, no es posible dejar por fuera las múltiples resistencias a nivel global, de la solidaridad mostrada con Palestina, de las luchas por la dignidad y alternativas civilizatorias en miles de comunidades, colectivos y movimientos sociales. Ellos son pruebas de que la esperanza no ha muerto y de que no nos han logrado desposeer de la idea de futuro.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Aparte de la conferencia dictada en la Universidad de Pamplona, en el Programa de Filosofía, el día 27 de noviembre en la conmemoración del Día Mundial de la Filosofía. Evento organizado por Unipamplona y la Sociedad Colombiana de Filosofía.</p>



<p><strong>Referencias</strong></p>



<p>Alemán, Jorge. (2025). Ultraderechas. Notas sobre la nueva deriva neoliberal. España: Ned ediciones.</p>



<p>Arendt, Hannah. (1958). <em>The human condition</em>. Chicago University Press.</p>



<p>Arendt, Hannah. (2004). Los orígenes del totalitarismo. México: Taurus.</p>



<p>Arendt, Hannah. (2015). “Sobre la violencia”. En Crisis de la república (pp. 81-152), Madrid: Trotta.</p>



<p>Bernstein, Richard. (2019). ¿Por qué leer a Hannah Arendt hoy? Barcelona: Gedisa.</p>



<p>Cadahia, Luciana y Biglieri, Paula. (2022). Siete ensayos sobre el populismo, Barcelona, Herder.</p>



<p>Bauman, Zygmunt. (2009). El arte de la vida. Barcelona: Paidós.</p>



<p>Fanon, Franz. (2020). Piel negra, máscaras blancas. Madrid: Akal.</p>



<p>Horkheimer, Max, y Adorno, Theodor. (2009). Dialéctica de la ilustración. Madrid: Trotta.</p>



<p>Lefort, Claude. (1988). “Hannah Arendt and the question on the political”. In Democracy and Political Theory, University Of Minesotta Press.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Marcuse, Herbert. (2025). La teoría crítica en la era del nacionalsocialismo. Ensayos (1934-1941). Madrid: Trotta.</p>



<p>Mbembe, Achille. (2016). Crítica de la razón negra. Ensayo sobre el racismo contemporáneo. Barcelona: Futuro anterior, NED edicions.</p>



<p>Pachón, Damián (2025). “Hannah Arendt y la época de las catástrofes. Totalitarismo, democracia y libertad”. Madrid, revista Filosofía &amp; co, 15, 30-47.</p>



<p>Zambrano, María. (2000). La agonía de Europa. Madrid: Trotta</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=123237</guid>
        <pubDate>Fri, 05 Dec 2025 18:52:24 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Hannah Arendt y las resonancias actuales del totalitarismo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Neoliberalismo, nihilismo y ultraderechas.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/neoliberalismo-nihilismo-y-ultraderechas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Filosofía y coyuntura, espacio de El Espectador, presenta esta reseña-comentario del libro &#8220;Ultraderechas&#8221; (NED ediciones, 2025) del psicoanalista y pensador argentino Jorge Alemán, un texto que aclara el papel que el neofascismo juega al interior del nihilismo y la crisis del actual régimen neoliberal. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>En torno a un libro de Jorge Alemán.</strong></p>



<p>En su libro <em>Ultraderechas </em>(2025), el pensador y escritor argentino Jorge Alemán, exiliado en España desde 1976, nos dice: “Trump es el jefe mundial de un grupo de ricos de ultraderechistas y superneoliberales que desplegarán sobre el mundo un sistema de acumulación por desposesión”; ellos representan el “fascismo neoliberal sobre el planeta” para el cual el “escenario apocalíptico de las guerras es al menos una posibilidad cierta” (Alemán, 2025, p. 103). Pero ¿cómo justificar este diagnóstico o, a lo mejor, esta prognosis, en principio pesimista pero posible, en los tiempos actuales? Alemán lo hace en el libro citado de manera un tanto asistemática (en las páginas preliminares del libro dice: “Aunque los textos de este libro parezcan alejados del tema, es el amor quien escribe”) cuya comprensión cabal implicaría acudir a su vasta obra, en la estela de una “izquierda lacaniana” en diálogo con la filosofía, pero, especialmente, atenta a los problemas y las tensiones del presente.</p>



<p>Alemán es uno de esos académicos combativos, militantes, que no rehúye la discusión y que piensa en medio del barullo y la madeja del mundo. &nbsp;Entre sus libros más recientes encontramos: <em>Capitalismo: Crimen perfecto o emancipación</em>. Barcelona, Ned Ediciones (2019), <em>Pandemónium. Notas sobre el desastre</em>. Barcelona, Ned Ediciones (2020), <em>Lacan and Capitalist Discourse</em>,&nbsp;<em>Neoliberalism and Ideology</em>. Abingdon / New York, Routledge, (2023), <em>Breviario político de psicoanálisis</em>. Barcelona, Ned Ediciones, (2023) y <em>Punto de emancipación. Conversaciones frente a un horizonte posdemocrático</em>. Jorge Alemán y Papo Kling (eds), NED Ediciones (2025).</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="666" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/25112549/Imagen-de-WhatsApp-2025-11-25-a-las-10.37.47_1f6eab1c-666x1024.jpg" alt="" class="wp-image-122835" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/25112549/Imagen-de-WhatsApp-2025-11-25-a-las-10.37.47_1f6eab1c-666x1024.jpg 666w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/25112549/Imagen-de-WhatsApp-2025-11-25-a-las-10.37.47_1f6eab1c-195x300.jpg 195w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/25112549/Imagen-de-WhatsApp-2025-11-25-a-las-10.37.47_1f6eab1c-768x1180.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/25112549/Imagen-de-WhatsApp-2025-11-25-a-las-10.37.47_1f6eab1c.jpg 893w" sizes="(max-width: 666px) 100vw, 666px" /></figure>



<p>Ahora ¿Cómo se relacionan, se entrecruzan, el neoliberalismo, el nihilismo y la proliferación actual de las ultraderechas? ¿Cómo es posible ese escenario desalentador y peligroso mencionado al principio? En las primeras páginas del libro <em>Ultraderechas </em>encontramos de manera comprimida la respuesta:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p> “el <em>nihilismo </em>es el soporte filosófico e histórico que permitió que se constituyera el mundo de las ultraderechas” (Alemán, 2025, p. 15). </p>
</blockquote>



<p>Este nihilismo caracteriza el capitalismo tardío, su forma última, esto es, el neoliberalismo. Este régimen económico, surgido en los años setenta, tiene una pretensión de permanencia, se ha naturalizado y normalizado, como si no hubiera un horizonte alternativo posible. Por eso aparece como un “movimiento circular” no susceptible de ser interrumpido por una voluntad histórico-política, por la acción humana misma; es un régimen económico que destruye la experiencia de la verdad y que, como es bien sabido, desvertebra e impide formar “lazos sociales”, vínculos humanos y experiencias colectivas. Es una modalidad del capitalismo donde impera el <em>individualismo de masas</em> “gobernado por un goce mortífero”, esto es, donde el sujeto disfruta de un sistema que lo lleva a su propia explotación, opresión y, finalmente, destrucción, pues el neoliberalismo opera con la “<em>lógica de la devastación</em>”. </p>



<p>Para Jorge Alemán es claro que hay una “lógica estructural entre el discurso capitalista y el nihilismo de la técnica” (p. 10). Podemos preguntarnos, entonces, ¿Cómo es que ocurre esto? Partamos de la idea de que el nihilismo es, como ya anotaba Nietzsche en el siglo XIX, la pérdida del sentido, la falta del <em>por qué</em>, de la <em>finalidad</em>. Nihilismo es que “todo se va reduciendo a nada, que los valores y sus referencias van desapareciendo, que <em>no hay figura y forma del mundo que no esté alcanzada por su poder anonadante </em>[…] e<em>s el desamparo del ser</em> que ningún sentido trascendental vendrá a colmar”. Se define, y aquí Alemán vuelve a Nietzsche, por el peso del “eterno retorno de lo mismo” en todo lo que sucede, es decir, en esa circularidad de la cual parece imposible escapar, es esa tediosa falta de horizontes, de salidas. Por eso, en consecuencia, Alemán afirma que <em>el nihilismo se puede nombrar neoliberalismo</em>.</p>



<p>Lo que se quiere decir con esto es que el neoliberalismo mismo es nihilista, no ofrece sentido alguno para la existencia del sujeto y la sociedad actual. ¿Por qué ocurre ello? Por la lógica misma del neoliberalismo, sus mecanismos, sus efectos, por la captura que realiza de la subjetividad, con lo cual provoca una “mutación antropológica” (p. 24), en lo que consiste su verdadera potencia, su gran poder. Digamos, de paso, que el objetivo de esa gran <em>mutación </em>es “borrar para siempre la experiencia existencial y comprometida de la política, que es como anular la matriz de todas las experiencias” (p. 30) y, de paso, de sancionar y acomodarse al mundo tal y como está.&nbsp;</p>



<p>El neoliberalismo es un <em>proyecto totalizador</em>, donde se acuñan subjetividades destinadas a ser el motor funcional de la reproducción ilimitada del capitalismo y de sus exigencias muchas veces imposibles de cumplir. El neoliberalismo posee imperativos, exigencias para el individuo, y en él </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>“el significante libertad juega un rol determinante en este proyecto de unificación totalizante”. La libertad, dice Alemán, es un “nombre que aparenta abrir un espacio de posibilidades, que, a la vez, está <em>mediatizado, intervenido, formateado, por la lógica del mercado […] </em>En el neoliberalismo la libertad solo es compatible con un aparato psíquico absolutamente estresado, en tensión consigo mismo y nunca a la altura de las obligaciones que el poder hace contraer a las vidas singulares. De tal modo que, <em>en competencia con los otros y consigo mismo, e interpretando su existencia como puro valor de cambio, los sujetos ya no encuentran su lugar en ningún legado histórico” </em>(p. 25). Esto se complementa con el hecho de que el individualismo de masas ha generado “un empuje hacia los automatismos mentales cada vez más alejados del trabajo de la memoria <em>y de la posibilidad de reinscribir la historia en el campo de los simbólico</em>”<strong> (</strong>p. 49).</p>
</blockquote>



<p>En las líneas anteriores del libro de Jorge Alemán resuena la idea de Theodor Adorno (2003) de que la “libertad organizada” no es libertad, pues está mediatizada por el capitalismo mismo y las industrias culturales; también las ideas de Byung-Chul Han (2014) y de Mark Fischer (2018) en torno a los graves problemas de depresión y de salud mental en las sociedades contemporáneas, problemas que son un </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>“efecto estructural de una forma de organización del lazo social que ha convertido al sujeto en un operador de sí mismo, obligado a maximizar su propia existencia como un capital en constante valorización” (Alemán, 2025, p. 50). </p>
</blockquote>



<p>Aquí el “<em>imperativo de la felicidad”</em> (2019) del que habló Sara Ahmed, con su violencia psíquica, con la posibilidad del fracaso y la impotencia, generan daños en el sujeto, un sujeto que, como ha advertido Han, se autoexplota y autoculpa por sus fracasos.&nbsp; Como he dicho en otro lado: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>“El resultado son cuerpos con una atención dividida, fragmentada, desconcentrados, ansiosos, cansados, saturados, estimulados, agotados, pero dispuestos a seguir adelante tal como lo hace el hámster en su rueda” (Pachón, 2024, p. 24).</p>
</blockquote>



<p>Alemán advierte, además, cómo opera esto en momentos de inteligencia artificial y algoritmos: </p>



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<p></p>



<p>“El consumidor paga, pero simultáneamente es un productor de información que se archiva, se interviene con algoritmos, se procesa y se intercambia. Esta información se convierte en plusvalía que alimenta todo el sistema mediático-financiero. La novedad es justamente esta: el sujeto paga por su propia explotación” (p. 19). </p>
</blockquote>



<p>Y en estas lógicas, mediadas por las redes, el individuo está más expuesto a la comparación con otros, se impulsa la competencia, se acrecienta la sensación de cansancio y saturación, y aumenta la <em>frustración</em> social y el resentimiento.&nbsp;</p>



<p>Todo esto ofrece un horizonte desolador. Cuando Alemán sostiene, por ejemplo, que en el neoliberalismo: “<em>los sujetos ya no encuentran su lugar en ningún legado histórico” </em>y de la imposibilidad de “reinscribir la historia en el campo de los simbólico”, está aludiendo al mencionado nihilismo del capitalismo tardío, esto es, a la falta de sentido que opera como un “eterno retorno de lo mismo” donde el individuo queda desamparado, desvalido, a la intemperie, sin apoyo y sin los lazos sociales. El individuo queda totalmente desarraigado y despojado de narrativas de sentido que puedan orientar su vida. Ese neoliberalismo “necesita, además, vaciar de sentido cualquier alternativa, convencernos de que no hay otra posibilidad más que la que impone la técnica”, apuntando a la reproducción infinita de lo que ya existe, en fin, es amigo de la pulsión de muerte. De tal manera que el neoliberalismo es un régimen nihilista que, no solo mina la democracia, la comunidad, la participación, las instituciones, desmonta los marcos de protección del Estado y los servicios sociales, destruye los vínculos sociales, sino que <em>nos desposee de futuro</em>. En él, el individuo queda solo, aislado, saturado, cansado, flotando como una abeja sin panal al interior del caos sistémico de la actual sociedad y al final de una Historia que parece no tener porvenir.</p>



<p>Así llegamos a una época en la que “el mercado ocupa el lugar de lo sagrado”, y en la cual se le atribuye propiedades mágicas al capitalismo; una época en la que la economía es la nueva teología de la sociedad. Este mercado, y sus violencias, es <em>naturalizado</em> como el mejor de los mundos posibles a pesar de los múltiples daños constatables que produce.&nbsp; Hoy, donde ningún alma candorosa puede hacerse la de la vista gorda frente a la devastación ambiental y social producida por el capitalismo, no podemos dudar de su lógica de muerte, pues subsiste gracias a la explotación de la vida en cada vez más amplias manifestaciones. Al respecto dice Alemán:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
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<p> “El capitalismo, en su esencia, es una máquina acelerada que ningún desastre- ya sea ecológico, sanitario o militar- pueda frenar. En todos los escenarios, incluso los más horrendos, el mercado puede continuar, y la reducción de la vida a la ecuación costo-beneficio también […] Así como la pandemia no frenó la deriva capitalista, <em>ahora la guerra es el nuevo escenario. Una escena que logra mimetizarse con el propio capitalismo</em>” (Alemán, 2025, p. 74). &nbsp;</p>
</blockquote>



<p>Es al interior de este torbellino nihilista donde brotan las <em>ultraderechas.</em> Es al interior del nihilismo neoliberal donde están sus posibilidades. Digamos que la captura de la subjetividad de los individuos por el neoliberalismo produce efectos propicios para el surgimiento de esas ultraderechas: </p>



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<p>“Viviendo en un presente deshilachado, [los sujetos] oscilan entre una culpabilidad autodestructiva -por no haber encontrado el lugar donde sostener sus vidas- y un odio sin sublimación posible” (p. 71) </p>
</blockquote>



<p>hacia aquello que les impide el goce. Así se <em>extiende</em> el <em>odio </em>contra un gran Otro, el otro culpable, </p>



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<p>“un odio a los débiles, a los vulnerables, a las mujeres, al propio lugar natal, al Estado si este está aún interesado en la cosa pública. <em>Ese odio no sólo reemplaza la lógica de las argumentaciones políticas tradicionales, sino que es un factor de cohesión libidinal en la vida de la masa”</em> (Alemán, 2025, p. 25). </p>
</blockquote>



<p>Estas líneas me parecen fundamentales, pues aquí encontramos la lógica del neofascismo y con la cual opera las ultraderechas o neoderechas: suponen que al comienzo hay un orden, una Edad Dorada, adánica, edénica, donde todo estaba bien, donde reinaba la armonía y la paz en el orden social…era una especie de “unidad primordial” que es amenazada por una exterioridad, por un gran “Otro engañador”, bien sea el “progre”, el socialismo, el comunismo, el inmigrante, el extranjero, el populismo, el movimiento LGBTI+, las vacunas, el cambio climático, etc. Así la sociedad cae en una especie de paranoia donde ese Otro es un enemigo que hay que destruir pues amenaza la “unidad primordial”: </p>



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<p>“Este es el verdadero éxito de la operación paranoica, legitimar su odio desmedido y obsceno a través de las imputaciones y denuncias permanentes a un supuesto Otro sin ley” (Alemán, 2025, p. 18).</p>
</blockquote>



<p>En este <em>modus operandi </em>la ultraderecha defensora del cuerpo social usan el odio, el resentimiento, la rabia, como inmunología afectiva que los protegerá de los virus externos. Es una e<em>conomía afectiva</em>, para decirlo con la filósofa colombiana Laura Quintana (2022), donde los afectos son inmunitarios y protegen del Otro. Así surge lo “Uno” bueno frente a lo “Otro” malo, la lectura binaria, opuesta y reductiva de lo social, que construye el fascismo. Sin duda, </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
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<p>“la ultraderecha ha utilizado la rabia y el resentimiento como esa fuerza orientada contra todo lo que el neoliberalismo ha precarizado […] el posfascismo contemporáneo funciona dentro de la anarquía del mercado, aprovechando sus ruinas para establecer formas de gobierno <em>basadas en la administración del odio y la exclusión” </em>(p. 10). </p>
</blockquote>



<p>De aquí se colige algo clave: no es que la ultraderecha quiera corregir los desajustes del neoliberalismo, es que los usa, los atiza, los emplea, para movilizar afectivamente a los ciudadanos contra las alternativas al <em>Statu quo</em>, contra el progresismo y el pensamiento crítico y emancipador.</p>



<p>Las ultraderechas en su versión neofascista administran el caos, de tal manera que así ofrecen una “salida propia del régimen nihilista, del capitalismo tardío” (p. 9). Ofrecen odio como aglutinador libidinal contra el Otro, el inmigrante. Por eso apelan a lo Uno y acuden a la familia, a la nación, a una edad Dorada perdida; los caracteriza una “lógica identitaria inmunitaria” (Cadahia &amp; Biglieri, 2021, p. 91) adobada con una jerga de la autenticidad frente a los peligros externos. En esta operación la ultraderecha acude al <em>fundamentalismo identitario, cerrado</em>, celebrado <em>como ritual de pertenencia,</em> frente a los inmigrantes, los latinos, los pobres, etc.&nbsp; Pero debe quedar claro que </p>



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<p>“la ultraderecha, lejos de tratar de resolver el malestar, lo gestiona, lo amplifica y lo convierte en una maquinaria de movilización política. Aquí se hace evidente que el neoliberalismo no ofrece una promesa de felicidad, sino una <em>administración de la miseria en la que cada uno debe encontrar su propio culpable” </em>(Alemán, 2025, p. 12). </p>
</blockquote>



<p>Lo que se concluye de todo esto es que: “la ultraderecha es un síntoma del fracaso de las democracias neoliberales y de la incapacidad de construir un horizonte alternativo” (p. 12).&nbsp; Por eso mismo son tan peligrosas, porque el neofascismo que encarnan pretende mantener vivo por medio de la violencia, el autoritarismo y la guerra a un moribundo. Y esto es evidente en la actualidad, en la crisis sistémica del mundo, en la lucha por la nueva hegemonía global, en la actual transición geopolítica en medio de la crisis civilizatoria. El nuevo amo del mundo parece que se va a definir a costa del sufrimiento y de la miseria de grandes mayorías.&nbsp;</p>



<p>Del libro de Jorge Alemán es necesario recalcar un tema que aborda que tienen plena relación con la manera como funciona la política actual o, mejor, lo que el politólogo colombiano Edwin Cruz llama “pornopolítica” (2025), pues en ella se presenta una “explotación algorítmica de la enemistad” (p. 101), donde el odio y el insulto operan como estrategias para el aumento del <em>tráfico digital</em> y la generación de <em>tendencias</em> y <em>manipulación de la opinión pública</em>. Alemán se detiene en el fenómeno del odio, muestra cómo puede crear identificaciones frente a un otro que hay que <em>destruir, </em>a la vez que señala una de sus características principales: anular la discusión argumentada: “Tal como demostró Freud, el odio insultante es un eficaz cohesionador&nbsp; de grandes grupos sin pasar por el dificultoso trámite de los argumentos”, de ahí que los </p>



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<p>“discursos difamatorios y mentirosos no buscan atacar el discurso que se les opone […]: se proponen más bien atacar la propia existencia del otro, otro que ya no es un adversario, ni siquiera un enemigo, sino un ‘algo’ que no debería existir” (Alemán, 2025, p. 34). </p>
</blockquote>



<p>De esta manera se obtura la posibilidad del diálogo, “pues los argumentos conllevan cierta posibilidad dialéctica; el odio solo quiere destruir”. El odio y el insulto reemplaza los argumentos y suelen acompañarse por <em>automatismos mentales</em>, por frases prefabricadas o eslóganes simplistas. El odio opera, entonces, como afecto inmunitario aniquilador de todo aquello considerado amenazante.</p>



<p>En síntesis, </p>



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<p>“las nuevas derechas, con argumentos neonazis que acceden al poder en distintos lugares del mundo, constituyen la nueva máquina de guerra construida en una férrea lógica identitaria [El “Uno” y el “Otro”, D.P], la que siempre habla a los verdaderos nacionales <em>invocando la anulación, el desprecio, el rechazo con odio hacia el otro extranjero</em>” (p. 79), </p>
</blockquote>



<p>el zurdo, las feministas, el comunista, el indigente, el pobre. Aquí Vox, Trump, Milei, etc., con sus matices, terminan pareciéndose, identificándose. Esa es la lógica de la ultraderecha o el neofascismo que intenta <em>salvar el “orden”</em>, o construir uno más perverso y desigual, en las entrañas del actual colapso civilizatorio en curso</p>



<p class="has-text-align-center">***</p>



<p>El libro de Jorge Alemán ofrece un diagnóstico del mundo actual. Sobre todo, ofrece luces para comprender las ultraderechas y su relación con la crisis del capitalismo tardío en su versión neoliberal. Es un libro que no tiene una argumentación sistemática, analítica, sobre el tema, por eso se presenta como “Notas sobre la nueva deriva neoliberal”, y, sin embargo, el lector puede leer cada una de esas notas (alrededor de 46), más tres intervenciones finales, y detectar la manera como se teje el argumento; con cierto esfuerzo se puede hacer una visión total del cuadro.</p>



<p>Creo que Alemán es un intelectual de primer orden en América Latina y en España, un académico comprometido, que acoge las ideas republicanas, defiende el populismo, lo nacional popular; un intelectual que no claudica ante el horror de la realidad y le apuesta a un mundo diferente; convencido de que el psicoanálisis tiene mucho que decir en el mundo de hoy. </p>



<p>Lastimosamente, no es un autor muy conocido en Colombia, un país donde la tradición lacaniana, psicoanalítica en general, no ha tenido un gran arraigo, a diferencia de lo que ha ocurrido en Argentina desde el siglo pasado; en Colombia el psicoanálisis no ha sido una fuente teórica de la academia comprometida más conocida, con excepción de la figura de Estanislao Zuleta en la década de los años ochenta. En últimas, se trata de un autor que debemos leer, profundizar, para, de paso, ampliar las <em>herramientas teóricas</em> con las que leemos y nos enfrentamos al ominoso presente. </p>



<p><strong>Referencias</strong></p>



<p>Adorno, Theodor. (2003). <em>Consignas. </em>Buenos Aires: Amorrortu.</p>



<p>Ahmed, Sara. (2019). <em>La promesa de la felicidad. Una crítica cultural al imperativo de la alegría. </em>Buenos Aires: Caja negra.</p>



<p><strong>Alemán, Jorge. (2025). <em>Ultraderechas. Notas sobre la nueva deriva neoliberal. </em>NED ediciones.</strong> <em>&nbsp;</em></p>



<p>Cadahia, Luciana &amp; Biglieri, Paula. (2021). <em>Siete ensayos sobre el populismo.</em> Barcelona: Herder.</p>



<p>Cruz, Edwin. (2025). <em>Pornopolítica. </em>Bogotá: Desde abajo.</p>



<p>Fisher, Mark. (2018). <em>Los fantasmas de mi vida. Escritos sobre depresión, hauntología y futuros perdidos. </em>Buenos Aires: Caja Negra.</p>



<p>Han, Byung-Chul. (2014). <em>Psicopolítica, </em>Barcelona: Herder.</p>



<p>Pachón, Damián. (2024). <em>Neoliberalismo, salud mental y estoicismo. </em>Bucaramanga: Universidad Industrial de Santander.</p>



<p>Quintana, Laura. (2022) <em>Rabia</em>. <em>Afectos, violencia, inmunidad. </em>Barcelona: Herder.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
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        <pubDate>Tue, 25 Nov 2025 16:28:22 +0000</pubDate>
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