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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>ANDREA VILLATE, Author at Blogs El Espectador</title>
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        <title>¿Y si me quedara un año?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/relaciona2/y-si-me-quedara-un-ano/</link>
        <description><![CDATA[<p>Vi una publicación en Instagram que me llamó la atención. Hacía una pregunta: Si mi vida fuera a terminar exactamente dentro de un año, ¿cuál de mis preocupaciones de hoy dejaría de importarme enseguida? Es curioso cómo funciona nuestra mente. Pasamos los días atrapados en el mañana, esperando que algo llegue, que las cosas mejoren, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Vi una publicación en Instagram que me llamó la atención. Hacía una pregunta: <strong>Si mi vida fuera a terminar exactamente dentro de un año, ¿cuál de mis preocupaciones de hoy dejaría de importarme enseguida?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es curioso cómo funciona nuestra mente. Pasamos los días atrapados en el mañana, esperando que algo llegue, que las cosas mejoren, que se resuelva aquello que nos inquieta. Vivimos como si tuviéramos la eternidad garantizada, corriendo detrás de un futuro que todavía no existe, mientras el presente se nos escurre entre los dedos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero si el tiempo de pronto estuviera llegando a su fin y supiera que este es mi último año para ver un atardecer, mi último octubre, mi última Navidad, ¿qué cambiaría? ¿A qué le daría importancia? ¿Qué dejaría de quitarme la paz?</p>



<p class="wp-block-paragraph">De repente, la prisa perdería sentido. Tal vez dejaría de preocuparme tanto por cosas que hoy parecen enormes y dedicaría más tiempo a aquello que realmente me hace bien, a lo que me da tranquilidad, a las personas y los momentos que hacen que la vida valga la pena.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿No les ha pasado que, a veces, suceden cosas que nos cambian las rutinas y nos obligan a mirar los días de otra manera? De pronto, empezamos a vivir más despacio, a observar lo que antes pasaba inadvertido y a entender que no todo merece nuestra atención, mucho menos nuestra paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Últimamente, me han dejado de importar muchas cosas. Me he dado cuenta de cuánta energía valiosa gastamos en asuntos que, cuando los miramos con cierta distancia, no valen ni un segundo de nuestra tranquilidad. Cuántas veces nos desgastamos por lo que otros piensan, por situaciones que no podemos controlar o por problemas que, con el tiempo, quizá ni siquiera recordemos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, también hay que reconocer que en esta vida terrenal no somos tan libres como quisiéramos. Tenemos responsabilidades, compromisos, necesidades y circunstancias que no siempre podemos cambiar. Entre lo que queremos y lo que nos toca, muchas veces no queda más remedio que buscar un equilibrio. Pero quizás ese equilibrio también consista en aprender qué merece nuestro esfuerzo y qué no deberíamos permitir que nos robe la paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay cosas que los seres humanos terminamos entendiendo demasiado tarde. Parece que necesitamos enfrentarnos a la posibilidad de perder algo para reconocer su verdadero valor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entendemos que <strong>el tiempo no se recupera</strong>. Que el reloj sigue corriendo y no se detiene por nada ni por nadie. Que podemos recuperar muchas cosas, pero no una tarde que dejamos pasar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También entendemos que <strong>esperamos demasiado el momento perfecto</strong>. Esperamos tener todo resuelto, sentirnos preparados, contar con las condiciones ideales. Posponemos lo que queremos, como si la vida fuera a quedarse quieta mientras nosotros nos ponemos al día.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la vida no va a esperar a que estemos listos. Sigue pasando mientras hacemos planes, mientras resolvemos problemas, mientras esperamos que llegue ese momento en el que, por fin, todo parezca estar en su lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizás una de las preguntas más difíciles que podemos hacernos sea esta: ¿cuántas cosas estamos dejando para después sin saber cuánto después nos queda?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Nos preocupamos tanto por construir un futuro, que a veces olvidamos que el único lugar donde podemos habitar es el presente.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si tu vida fuera a terminar dentro de un año, ¿cuál de tus preocupaciones de hoy dejaría de importarte enseguida?</p>



<p class="wp-block-paragraph">ANDREA VILLATE </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>ANDREA VILLATE</author>
                    <category>Relaciona2</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=134189</guid>
        <pubDate>Sat, 17 Oct 2026 02:35:09 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Y si me quedara un año?]]></media:description>
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        <title>Cinco cosas que me llevaría a otra vida</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/relaciona2/cinco-cosas-que-me-llevaria-a-otra-vida/</link>
        <description><![CDATA[<p>Dicen que una de las grandes incertidumbres de la existencia es saber qué hay más allá. Sobre la reencarnación, nadie tiene una prueba absoluta; al final, todo se reduce al terreno de la fe y de las creencias personales. No hay certezas científicas, solo caminos que cada quien elige transitar. Juguemos un rato a la [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Dicen que una de las grandes incertidumbres de la existencia es saber qué hay más allá. Sobre la reencarnación, nadie tiene una prueba absoluta; al final, todo se reduce al terreno de la fe y de las creencias personales. No hay certezas científicas, solo caminos que cada quien elige transitar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Juguemos un rato a la hipótesis: Imaginemos que sí existe. Que nos toca arrancar otra vez de cero en otra vida, pero que nos dejan empacar cinco cosas, bien guardadas en la mente y en el corazón para que tengamos presente en la otra vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pensando en esto, y haciendo el ejercicio de mirar mi propia vida hacia atrás —porque dicen por ahí que la vida se vive hacia adelante, pero solo se entiende mirando hacia atrás—, me di cuenta de cuántos dolores de cabeza y sufrimientos innecesarios me habría ahorrado si hubiera tenido claras estas cinco cosas desde más joven.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así que, si me dieran la oportunidad de volver a empezar, no dudaría en llevármelas conmigo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>1. Romper con el mito de la media naranja</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos han vendido la idea de que la vida en pareja es una especie de meta obligatoria, el casillero que hay que marcar para estar “completos”. Mucha gente tiene un miedo paralizante a estar sola. ¿por qué?&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La verdad es que uno puede estar perfectamente bien en solitario, en absoluta paz, y ser igual de feliz sin ese adhesivo social que nos impone compañía a toda costa. Estar solo no significa estar incompleto. A veces, aprender a estar bien con uno mismo es precisamente la forma de dejar de conformarse con cualquier compañía.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>2. La independencia económica es sinónimo de libertad</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablo, sobre todo, del dinero y de la economía propia. No depender de nadie financieramente es una de las formas más concretas de libertad. Tener con qué mantenerse, tomar decisiones sin que el bolsillo de otro sea quien las determine y saber que uno puede sostenerse por sí mismo cambia completamente la manera de vivir. Cuando uno tiene independencia económica, el timón de la vida lo maneja uno. Y punto.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>3. Ser un buen ser humano, en público y en privado</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La empatía y la sensibilidad hacia los demás son fundamentales. Para mí, son parte esencial del sentido de nuestro paso por la tierra. Que realmente nos importe otro ser humano. No se trata de quedar bien ante los ojos de los demás, sino de ser genuinamente coherentes: cuidar al otro, entender que el mundo no gira únicamente alrededor de nosotros y practicar la bondad incluso cuando nadie nos está mirando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque al final, lo que somos cuando nadie nos ve dice mucho más de nosotros que cualquier cosa que podamos mostrarle al mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>4. Hay gente que simplemente cumple su ciclo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces nos aferramos a personas o relaciones por pura inercia, costumbre o nostalgia. Pero la vida avanza. Si alguien sale de tu vida, se salió. Y ya. No pasa nada. El mundo sigue girando. No todo el mundo está destinado a ser amigo, compañero, pareja, vecino, para toda la vida. Hay personas que llegan, nos enseñan algo, nos acompañan durante un tramo y después siguen su camino.&nbsp; Y eso no es una tragedia.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunas relaciones terminan sin que nadie sea culpable, sin necesidad de convertir el final en una guerra y sin tener que cargar rencores para siempre. Cada quien sigue su camino. Y la vida continúa, más liviana.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>5. Cero sufrimientos tontos por relaciones,&nbsp; seleccionar mejor&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sean laborales, personales o familiares, las relaciones deberían sumar, no convertirse en un calvario. Claro que es lindo construir vínculos, cuidar a la gente que queremos y mantener buenos lazos. Pero una cosa es querer y otra muy distinta es vivir atrapado en el drama, la culpa, la angustia, la crítica, o las relaciones que terminan desgastándolo a uno por dentro.  Seleccionar bien a quién se le da confianza, amistad y cariño. Y si algo no es recíproco, next, a lo que sigue&#8230;.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">Con los años uno aprende que no todo merece una batalla, que no toda discusión necesita una respuesta y que hay personas por las que simplemente no vale la pena perder la paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá esa sea una de las grandes lecciones de la vida: <strong>la paz también es una forma de felicidad.&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso me gusta tanto este juego de imaginar una próxima vida. Porque, pensándolo bien, tal vez no se trata de saber si existe la reencarnación. Tal vez se trata de preguntarnos qué haríamos diferente <strong>si supiéramos que esta es la única vida que tenemos.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿De qué nos desprenderíamos? ¿A quién dejaríamos de intentar convencer? ¿Qué miedo dejaríamos de alimentar? ¿Qué relación dejaríamos ir? ¿a quién no soltaríamos? ¿Qué decisión tomaríamos por fin? ¿Y cuánto tiempo más seguiríamos posponiendo lo que queremos hacer?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez la vida no nos da la oportunidad de volver a empezar, pero sí nos da algo mucho más valioso: <strong>la posibilidad de darnos cuenta a tiempo.&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y una cosa más: Nada merece que nos preocupemos tanto&#8230;  poco a poco la vida siempre se va acomodando como debe ser. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que el mayor aprendizaje es mirar hacia atrás reconociendo cuánto sufrimiento pudimos habernos ahorrado si hubiéramos sabido antes lo que hoy sabemos. Lo bueno, es que ya lo sabemos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Y usted qué se llevaría?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si pudiera echar para atrás el casete, mirar su historia en retrospectiva y le dieran la oportunidad de llevarse solo cinco aprendizajes para arrancar otra vez, ¿cuáles serían? </p>



<p class="wp-block-paragraph">ANDREA VILLATE </p>
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        <author>ANDREA VILLATE</author>
                    <category>Relaciona2</category>
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        <pubDate>Fri, 09 Oct 2026 19:00:05 +0000</pubDate>
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        <title>UNA SOLA PREGUNTA </title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/relaciona2/una-sola-pregunta/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay días en los que uno se detiene a mirar el ritmo del mundo y no puede evitar preguntarse cómo funciona todo esto en lo que estamos metidos. Si en este preciso instante tuviéramos la oportunidad de encontrarnos cara a cara con Dios, con el creador o con quien sea que lleve las riendas del [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hay días en los que uno se detiene a mirar el ritmo del mundo y no puede evitar preguntarse cómo funciona todo esto en lo que estamos metidos. Si en este preciso instante tuviéramos la oportunidad de encontrarnos cara a cara con Dios, con el creador o con quien sea que lleve las riendas del universo, y nos dieran el privilegio de hacer una <strong>única pregunta</strong>, ¿cuál sería?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo confieso que, si tuviera esa oportunidad frente a mí, le preguntaría algo muy concreto que ha sido tema de toda mi vida y es sobre el destino: <strong>si todo ya está escrito</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo pienso a diario. ¿A qué se deben esas casualidades de la vida que parecen sacadas de un libreto exacto? Esas conexiones instantáneas con alguien que apenas conocemos, los giros inesperados que nos llevan a un lugar en el que jamás pensamos estar, o los tropiezos y tragedias que, de un momento a otro, nos cambian el rumbo —para bien o para mal—. A veces siento que todo obedece a un mapa invisible, a un destino del que nadie puede escapar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace poco hablaba de esto con una de mis hermanas, y ella me decía que si pudiera hacer esa pregunta, además de saber si el destino ya está trazado, le interesaría averiguar otra cosa igual de profunda: <strong>si rezar, si pedir, tiene el poder de cambiar algo de lo que ya está escrito</strong>. ¿Funciona la fe como una llave capaz de modificar el libreto de nuestras vidas?&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta sensación de que las cosas simplemente pasan porque &#8220;tenían que pasar&#8221; me ha dado vueltas en la cabeza desde siempre, y con mucha más fuerza desde aquel terremoto del pasado 10 de agosto. Ver cómo la vida cambia en cuestión de segundos, cómo personas se quedaron únicamente con la ropa que llevaban puesta, o cómo un paso más adelante o más atrás en una escalera define quién sigue aquí y quién parte, te deja una mezcla de asombro y fragilidad. Las religiones suelen explicarnos que las tragedias naturales y los hechos más importantes del mundo, forman parte de un orden superior, de un destino inevitable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y es ahí donde uno se detiene a pensar a qué venimos realmente a este mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces nos comportamos como si la vida fuera una competencia de acumular títulos, colgar diplomas en una pared, perseguir ascensos o correr detrás de un trabajo que nos consume los días. Pero, ¿es eso todo? Yo me niego a creer que nuestra única misión en la tierra sea la productividad. Tiene que haber algo mucho más hondo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para mí, lo verdaderamente importante —la razón más pura por la que respiramos y coincidimos en este tiempo— son <strong>las relaciones humanas</strong>. La manera como manejamos las situaciones de la vida que todo tiene que ver con otros… las huellas que dejamos en otros. Al final, lo único que nos llevamos es lo que vivimos a través de los demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, hoy quería dejarte esta inquietud: Si pudieras sentarte hoy frente a Dios (sea cual sea tu imagen de él) y te permitieran hacer una sola pregunta, una sola… <strong>Tú qué le preguntarías?&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>ANDREA VILLATE</author>
                    <category>Relaciona2</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133717</guid>
        <pubDate>Fri, 02 Oct 2026 19:42:41 +0000</pubDate>
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        <title>El único lugar donde no eres reemplazable</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/relaciona2/el-unico-lugar-donde-no-eres-reemplazable/</link>
        <description><![CDATA[<p>En el ajetreo de la vida moderna, es fácil perder el norte. Nos la pasamos corriendo, persiguiendo metas laborales, tratando de ascender en el trabajo, de ser los mejores. Y, en medio de esa carrera, a veces, dejamos en segundo plano lo que de verdad importa. Sí, el trabajo es importante. Nos da estabilidad, nos [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<h3 class="wp-block-heading">En el ajetreo de la vida moderna, es fácil perder el norte. Nos la pasamos corriendo, persiguiendo metas laborales, tratando de ascender en el trabajo, de ser los mejores. Y, en medio de esa carrera, a veces, dejamos en segundo plano lo que de verdad importa.</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, el trabajo es importante. Nos da estabilidad, nos ayuda a crecer profesionalmente y a sentirnos productivos. Pero, ¿qué pasa si un día faltamos? Unos días, unas semanas, o, si la vida nos juega una mala pasada, para siempre. Lamentablemente, la respuesta es simple: seremos reemplazados. Así de cruel y así de real. En el mundo laboral, los puestos no pueden quedar vacíos por mucho tiempo. La empresa necesita seguir funcionando, los proyectos deben continuar. Rápidamente, alguien más ocupará nuestro escritorio, nuestra silla, y se encargará de las tareas que nosotros hacíamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y es aquí donde entra la reflexión: el mundo, a pesar de nuestra ausencia, seguirá girando. La vida no espera a nadie y todo sigue andando. Los trabajos se llenan, las responsabilidades se reasignan y la vida laboral sigue su curso. La persona que éramos en ese ámbito, puede ser reemplazada con facilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hay un lugar, un único lugar, donde esto jamás pasará: <strong>la familia</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La familia es ese espacio sagrado donde nuestra ausencia crea un vacío permanente. Un hueco que nadie, por más que lo intente, podrá llenar. Si has vivido la pérdida de un familiar, sabes de lo que hablo. En el caso de Miguel Uribe, aunque su curul en el congreso fue ocupada rápidamente, el vacío que dejó en su esposa María Claudia, su papá Miguel Uribe Londoño, sus hijas e hijo, perdurará para siempre. No hay sucesor, no hay reemplazo. Lo mismo sucede con cualquier persona. Nadie puede ocupar el lugar de un padre, una madre, un hijo, una hermana, en el corazón de su familia. Ese vínculo es irrompible y único.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<h3 class="wp-block-heading"><strong>¿Qué es lo que realmente importa?</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">A menudo, nos distraemos con otras prioridades. El grupo de amigos en WhatsApp, los temas laborales que no dejan de sonar, las notificaciones de las redes sociales, el plan del fin de semana. Y, en ese torbellino, a veces demeritamos un mensaje de la familia, lo dejamos para después, como si hubiera algo más urgente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es crucial recordar que las amistades, aunque importantes, no son un sustituto para la familia. Los amigos pueden ir y venir, pero la familia está ahí. En las buenas y en las malas. En los momentos de felicidad y en las crisis más profundas. Es la red de seguridad incondicional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos entregamos a las redes sociales, buscando &#8216;likes&#8217; y seguidores, creyendo que la influencia digital nos hace irremplazables. Pero no es así. En el mundo de los influencers, si uno se va, llegará otro con un estilo similar, otra voz, otro activista que continúe la conversación. En Estados Unidos, tras el asesinato de Charlie Kirk, aunque su voz no será la misma, otros seguirán su trabajo. En las redes sociales, uno puede ser fácilmente reemplazable. Sin embargo, para sus hijos, su familia, su mascota, su pérdida es un vacío que nadie jamás podrá llenar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las personas realmente ocupadas lo tienen claro: su tiempo es valioso, por eso no lo desperdician en lo banal. Son las primeras en responder los mensajes de la familia, porque saben que esos son los verdaderamente importantes. Reconocen que las prioridades no son las notificaciones fugaces, sino los lazos que construyen a lo largo de la vida. Para ellos, el éxito no solo se mide en logros laborales, sino en la solidez de sus relaciones personales más íntimas</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, la próxima vez que te llegue un mensaje al chat familiar, detente. Date el tiempo de responder. Haz esa llamada. Visita a tus padres, a tus hermanos. Porque, al final del día, cuando las luces del trabajo se apaguen, y las notificaciones de los amigos dejen de sonar, cuando pases por una crisis, la familia será lo único que te quedará. Es el verdadero tesoro de la vida, y es invaluable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Valora a tu familia. Es el único lugar donde siempre serás irremplazable.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea Villate</strong>&nbsp;–&nbsp;mavillateg@gmail.com</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sitio web&nbsp;<a href="https://andreavillate.blogspot.com/">https://andreavillate.blogspot.com/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">X:&nbsp;<a href="https://twitter.com/AndreaVillate" target="_blank" rel="noreferrer noopener">&nbsp;https://twitter.com/AndreaVillate&nbsp;</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Facebook/&nbsp;&nbsp;<a href="https://www.facebook.com/andreavillateperiodista/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.facebook.com/andreavillateperiodista/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Instagram /&nbsp;<a href="https://instagram.com/andreavillate_cielos" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://instagram.com/andreavillate_cielos</a> </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>ANDREA VILLATE</author>
                    <category>Relaciona2</category>
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        <pubDate>Sat, 13 Sep 2025 17:16:26 +0000</pubDate>
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        <title>El peso de la negación: Cuando evadir la culpa destruye más que el error</title>
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        <description><![CDATA[<p>Hace un par de años, el brutal feminicidio de Ana María Serrano a manos de su exnovio conmocionó a México y Colombia. El crimen, una tragedia insoportable, se agravó al ver a la familia del agresor negando lo evidente. A pesar de las pruebas irrefutables —cámaras de seguridad, chats, la escena del crimen—, los padres [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hace un par de años, el brutal feminicidio de <strong>Ana María Serrano</strong> a manos de su exnovio conmocionó a México y Colombia. El crimen, una tragedia insoportable, se agravó al ver a la familia del agresor negando lo evidente. A pesar de las pruebas irrefutables —cámaras de seguridad, chats, la escena del crimen—, los padres de Alan Gil, han intentado por todos los medios sacarlo de la cárcel, evitando audiencias y presentando amparos, en lugar de asumir la responsabilidad de los actos de su hijo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero fue el testimonio de la madre de Ana María, <strong>Ximena Céspedes</strong>, lo que me hizo reflexionar profundamente. En un podcast, ella planteaba un camino que, aunque doloroso, podría ofrecer un atisbo de redención. Sabiendo que el agresor podría enfrentar una condena de hasta 70 años, la madre sugirió que si él aceptara su responsabilidad, podría recibir beneficios y, algún día, tener la oportunidad de ayudar a otros hombres a no cometer el mismo error. Él era un joven brillante, primero en su clase, graduado del colegio con honores, con un futuro prometedor, y aun así se autodestruyó y destrozó la vida de otra familia. La propuesta de la madre no era un perdón, sino un llamado a la verdad. Ella entendía que la única forma de sanar es enfrentando lo ocurrido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este caso, por dramático que sea, es solo un espejo de un problema mucho más profundo que plaga nuestra sociedad: la <strong>incapacidad de asumir la responsabilidad</strong>.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>La huida de la verdad</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Vivimos en una cultura de la negación. Nos han enseñado a &#8220;negar hasta el final&#8221; como la mejor estrategia para salir del paso. Lo vemos en las relaciones de pareja: si una persona es sorprendida en una infidelidad, su primera reacción es negarlo, sin importar cuán abrumadoras sean las pruebas. La mentira se convierte en un escudo, no para proteger a la otra persona, sino para evitar la confrontación, para salir del &#8220;lío&#8221; y mantener una fachada de inocencia. Esta negación es más destructiva que el acto mismo, porque rompe la confianza de manera irreparable y anula cualquier posibilidad de perdón y crecimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este patrón se repite en el ámbito público y en la justicia. Recordarán a la influencer <strong>Epa Colombia</strong>, que subió videos destrozando las instalaciones de Transmilenio en Bogotá. A pesar de que ella misma documentó su delito, la primera vez que fue capturada se negó a aceptar los cargos, me imagino por recomendación de su abogado. Es la misma lógica: si no lo acepto, no pasó, o al menos no es mi culpa. La justicia se ve obligada a gastar recursos y tiempo en demostrar lo que es evidente, en lugar de enfocarse en cómo la persona puede reparar el daño y reintegrarse, si es que es posible, a la sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La negación se ha vuelto tan prevalente que incluso parece que el sistema judicial, en lugar de buscar la verdad y la justicia, se dedica a negociar con la mentira, creando un ciclo vicioso donde la irresponsabilidad se premia con atajos y beneficios.&nbsp; <em>“Vamos bien, pero si puede vuélese”</em>. Lo vemos en casos como el de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo (UNGRD), más de uno se terminará volando y los abogados a defender lo indefendible.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recordarán que el pasado 7 de junio cuando detuvieron al asesino de Miguel Uribe Turbay, la noticia fue que el sicario “no aceptó los cargos”. Cientos de celulares lo grabaron cometiendo el magnicidio y aún así “no aceptó cargos”. ¿A qué juegan los abogados? A ganar un caso a pesar que saquen de la cárcel a un hombre que lo haría de nuevo?. Yo me pregunto: ¿Cómo miran a la sociedad dejando libre a un asesino, a un violador o a un ladrón?&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>El alto costo de la evasión</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">No asumir la responsabilidad no solo daña a los demás, también nos destruye a nosotros mismos. La persona que se niega a enfrentar sus errores queda atrapada en un ciclo de mentiras y evasión que le impide crecer.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En lugar de aprender de la equivocación, se hunde más en la oscuridad. El joven que asesinó a Ana María Serrano tenía un gran futuro, pero al negarse a reconocer su crimen, solo se asegura un futuro de resentimiento y cárcel, sin posibilidad de redención. La propuesta de la madre era un camino para que él pudiera, tal vez, encontrar un propósito en el dolor, una forma de enmendar algo de la ruina que dejó. Pero sus padres, como en muchos otros casos que hemos visto a lo largo de los años en las noticias, tratan de ocultar los hechos y sacar del problema a su hijo en vez de ayudarlo a ser una mejor persona enfrentando sus acciones.&nbsp; Nos estamos acostumbrando a normalizar mentiras: “No lo crié”, “no lo dije”, “no me despertaron”, siempre echándole la culpa a otros, negando lo evidente. Y después nos quejamos de por qué estamos como estamos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mundo sería un lugar diferente si, en lugar de intentar escapar de nuestros errores, aprendiéramos a mirarlos de frente. Si una persona es infiel, debería ser capaz de admitirlo. Si alguien comete un delito, debería aceptar las consecuencias. Si alguien comete un error, reconozca sus acciones.&nbsp; La asunción de responsabilidades, aunque difícil, es el primer paso hacia la sanación, tanto para el que sufre el daño como para el que lo causa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La irresponsabilidad es una epidemia que carcome la confianza, corrompe la justicia y nos impide madurar como individuos y como sociedad. La única forma de salir de este círculo vicioso es enseñar y practicar la verdad, por dolorosa que sea. Porque al final, la verdadera libertad no se encuentra al evadir la culpa, sino al <strong>aceptar las consecuencias para poder reconstruir algo valioso a partir de la ruina</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8220;El heroísmo es la capacidad de asumir la responsabilidad por tu vida sin culpar a nadie por lo que te ha pasado.&#8221;<br><strong>— Joseph Campbell<br></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea Villate</strong> &#8211; mavillateg@gmail.com </p>



<p class="wp-block-paragraph">Sitio web <a href="https://andreavillate.blogspot.com/ ">https://andreavillate.blogspot.com/ </a></p>



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<p class="wp-block-paragraph"> </p>
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        <author>ANDREA VILLATE</author>
                    <category>Relaciona2</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=119856</guid>
        <pubDate>Sat, 30 Aug 2025 02:02:20 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El peso de la negación: Cuando evadir la culpa destruye más que el error]]></media:description>
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        <title>La responsabilidad es nuestra: 365 días para un nuevo amanecer</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/relaciona2/la-responsabilidad-es-nuestra-365-dias-para-un-nuevo-amanecer/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hoy es 7 de agosto, y el calendario marca un hito que para muchos es una cuenta regresiva. Nos quedan exactamente 365 días para que el actual gobierno termine su mandato. 365 días para que el país vuelva a tener la oportunidad de tomar un nuevo rumbo. Y solo quedan 7 meses para que, entre [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
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<p class="wp-block-paragraph">Hoy es 7 de agosto, y el calendario marca un hito que para muchos es una cuenta regresiva. Nos quedan exactamente 365 días para que el actual gobierno termine su mandato. 365 días para que el país vuelva a tener la oportunidad de tomar un nuevo rumbo. Y solo quedan 7 meses para que, entre todos, busquemos a la persona que tomará con responsabilidad las riendas de nuestra nación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Debo confesar que, cuando el actual presidente ganó, lloré mucho. Durante 8 años, mis blogs, en estas páginas, fueron un espacio para la reflexión, para hablar de lo importante de la vida. Pero desde que él asumió el cargo, me desanimé y dejé de escribir con frecuencia. En el fondo de mi corazón, le deseé lo mejor, esperaba que nos callara la boca a todos los que dudábamos de su capacidad, a quienes habíamos visto el desastre de su gestión en la alcaldía de Bogotá, la confrontación en redes sociales, la discordia y el poco remordimiento por sus actos pasados. Pero, lamentablemente teníamos razón. El país, en sus manos, iba directo al precipicio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Han sido meses, y ahora años, difíciles. Un gobierno marcado por la confrontación, por la retórica vacía y por la incapacidad de quienes ocupan cargos de alta dignidad. Hemos visto cómo la investidura de un ministro, de un canciller, e incluso del presidente, ha perdido su valor. En este gobierno no hemos tenido líderes con la formación técnica necesaria, ni con la altura moral que exige la administración de un país. Y los resultados están a la vista: un país más polarizado, más violento, desesperanzado y más dividido que nunca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No suelo hablar de política en este espacio, pero hoy es imposible callar. Nos queda un tiempo importante para elegir. Para elegir, de verdad, a un líder que se guíe por valores, principios y la lógica de la libertad. Necesitamos a alguien que apoye al empresariado, que genere empleo, que sea incorruptible, que ordene nuevamente al sector salud, que ponga orden en los territorios, que le devuelva la moral y el mando a la fuerza pública y que organice la casa para que funcione el país. La historia del mundo nos ha enseñado que la izquierda, tal como la conocemos hoy en Colombia, no funciona. No hay un solo ejemplo de éxito que podamos seguir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La indignación es un sentimiento colectivo que hoy nos une. Nos duele el ataque a la vida de personas como Miguel Uribe Turbay y que pese a la violencia que no cesa, seamos testigos de la constante confrontación del mandatario. Nos duele ver cómo ciertos personajes que han causado tanto dolor hoy hablan de moral y dignidad desde la libertad, mientras figuras como el expresidente Álvaro Uribe Vélez, que han dedicado su vida al servicio de este país, son perseguidas de forma injusta. Es una realidad que, para muchos, se siente como una bofetada a la justicia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la reflexión no puede quedarse en el dolor o la indignación. Hoy, a un año de que cambiemos de gobierno, tenemos una responsabilidad enorme, que va más allá del voto. Tenemos el deber de ser <strong>ciudadanos activos y conscientes</strong>. Cada palabra que escribimos en redes sociales, cada noticia que compartimos, cada conversación que tenemos, debe ser un aporte a la construcción, no a la destrucción. Debemos dejar atrás la retórica del odio y la descalificación, y empezar a buscar puntos de encuentro con quienes queremos que vuelva el orden, comenzando por los candidatos que deben unirse y sacar solo uno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vienen meses cruciales. Elecciones legislativas, presidenciales&#8230; una campaña que será fuerte y demandante. Es el momento de unirnos. De buscar, con el corazón y la razón, a una persona que no esté envuelta en escándalos, que no tenga investigaciones pendientes. Necesitamos un líder con una hoja de vida intachable, con los pergaminos adecuados para devolverle la dignidad a la presidencia. Una persona que nos inspire, que nos dé esperanza, que tenga la capacidad de unir a un país fragmentado, que tenga buenas propuestas, pero más que nada, que tenga un plan para llevarlas a cabo, es decir: no solo un qué hacer, sino un cómo hacerlo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es el momento de que todos, desde adentro y desde afuera, nos unamos para devolverle la dignidad a la política, para exigir un gobierno que esté a la altura de lo que merecemos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos quedan 365 días para hacer historia. Para reflexionar. Para actuar. Para construir. No permitamos que la desilusión nos gane. Es hora de buscar la esperanza, de encontrar el camino y de demostrar que somos un país capaz de levantarse. La responsabilidad es de todos. <strong>¿Estamos listos para asumirla?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">ANDREA VILLATE</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">E-mail:&nbsp;mavillateg@gmail.com&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">– Twitter: <a href="https://x.com/AndreaVillate">@AndreaVillate – </a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>ANDREA VILLATE</author>
                    <category>Relaciona2</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=118982</guid>
        <pubDate>Thu, 07 Aug 2025 01:18:03 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La responsabilidad es nuestra: 365 días para un nuevo amanecer]]></media:description>
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        <title>Entre el Dolor y la Esperanza</title>
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        <description><![CDATA[<p>El eco de un disparo en la tarde del sábado 7 de junio. La noticia se esparce como pólvora, helando la sangre de quienes crecimos en los 90s con el miedo tatuado en el alma. El ataque a Miguel Uribe Turbay nos ha devuelto a un pasado que creímos sepultado, a la Colombia de las [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">El eco de un disparo en la tarde del sábado 7 de junio. La noticia se esparce como pólvora, helando la sangre de quienes crecimos en los 90s con el miedo tatuado en el alma. El ataque a Miguel Uribe Turbay nos ha devuelto a un pasado que creímos sepultado, a la Colombia de las bombas, de las balas perdidas y los líderes caídos… <br></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las imágenes de la clínica Santa Fe, con la gente agolpada en una vigilia de esperanza, son un espejo de nuestra empatía y de la profunda conmoción que nos embargan estos hechos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A pesar de todo, en medio de esta marea de dolor y solidaridad, una verdad ineludible se asoma: la vida no espera. Rápidamente se pasó la primera semana luego de este atroz ataque. El sol sigue saliendo, la noche caerá, y las noticias, por impactantes que sean, terminarán por volverse paisaje, un recuerdo difuso en la vorágine del día a día. ¿Cuántas vigilias hemos visto? ¿Cuántas tragedias hemos lamentado? Y con el paso de los días un nuevo suceso o escándalo tapa al anterior.&nbsp; La crueldad de la impermanencia nos golpea, recordándonos que, para la mayoría, el dolor ajeno se desvanece, dejando un triste recuerdo en quienes lo vivimos a través de las noticias y una cicatriz permanente solo en el corazón de quienes lo vivieron en carne propia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuando el Odio Divide.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Este ataque, más allá de la tragedia individual, nos obliga a mirar la herida abierta de nuestra sociedad. Las divisiones se han profundizado, el lenguaje se ha vuelto violento, y el odio de clases se ha sembrado con palabras incendiarias. No podemos ignorar que la polarización actual, lejos de ser un fenómeno espontáneo, es el resultado de malas decisiones (electorales), un camino que hemos transitado, donde los principios se han erosionado y la sensatez ha sido eclipsada por la retórica del enfrentamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás este sea el momento de detenernos, de hacer una pausa en el vertiginoso ir y venir de las noticias y las redes sociales. Es hora de volver a los cimientos, a aquello que realmente importa: la unidad, el respeto por el otro, el diálogo constructivo. ¿Hemos olvidado acaso que construir un país requiere más que consignas, estigmatización y polarización? Para dirigir un país se requiere estudio, preparación, vocación de servicio, y la convicción de que el bien común está por encima de cualquier ideología o interés particular y que los principios y valores se muestran desde el primer acto o la primera palabra. Una persona que dirige una nación y genera odios solo puede sembrar tempestades.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ser Mejores Seres Humanos: La Urgencia de Reconstruir desde Adentro</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La tristeza y la rabia que sentimos por el ataque a Miguel Uribe Turbay no deben paralizarnos, sino impulsarnos a la acción. No se trata de activismo ciego, sino de una profunda reflexión sobre cómo podemos ser mejores seres humanos. ¿Qué estamos sembrando en nuestros hogares, en nuestras conversaciones, en nuestras interacciones diarias? ¿Estamos contribuyendo a un clima de paz o a uno de confrontación?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Volvamos a los estudios, a la formación, a la preparación rigurosa para asumir cualquier rol, público o privado, con la responsabilidad que implica. Los malos deben pagar, la impunidad solo cosecha tragedias y dolores.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La empatía, la compasión, la capacidad de escuchar y de tender puentes son habilidades que debemos cultivar con urgencia. Solo así podremos sanar las heridas y construir una Colombia donde la vida sea valorada por encima de cualquier diferencia, donde la tragedia no se convierta en paisaje, y donde la memoria de quienes han caído nos impulse a ser, cada día, una mejor versión de nosotros mismos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">** Hoy, mientras su vida pende de un hilo la incertidumbre que hoy rodea a Miguel Uribe Turbay, más allá de credos y convicciones, de la fe en milagros o la ciencia, de oraciones susurradas o silencios esperanzados, <strong>hay un deseo que nos une a todos: que Miguel salga de esta</strong>.  Lo que nos mantiene con vida, más importante que la sangre o el oxígeno, incluso que el amor, es la <strong>esperanza</strong>… </p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, hoy más que nunca: </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>#FuerzaMiguel </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>ANDREA VILLATE</author>
                    <category>Relaciona2</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=116968</guid>
        <pubDate>Sat, 14 Jun 2025 01:21:08 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Entre el Dolor y la Esperanza]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">ANDREA VILLATE</media:credit>
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        <title>Una flor</title>
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        <description><![CDATA[<p>Estaba esperando en mi casa a mis hermanas para almorzar. Ya todo estaba listo, pero aún no llegaban. Puse algo de música de domingo, una playlist fantástica de Silvestre Dangond y me senté en la sala a esperar. Iba a ponerme a leer noticias, a abrir X (twitter), estaba entrando un rayito de sol maravilloso, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Estaba esperando en mi casa a mis hermanas para almorzar. Ya todo estaba listo, pero aún no llegaban. Puse algo de música de domingo, una playlist fantástica de Silvestre Dangond y me senté en la sala a esperar. Iba a ponerme a leer noticias, a abrir X (twitter), estaba entrando un rayito de sol maravilloso, así que dejé el celular de lado y me puse a ver el cielo por la ventana, a ver la gente pasar… Los domingos la gente va a otro ritmo, no hay prisa, todo es más tranquilo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Cerca hay un camino que lleva a un parque, tiene varios arboles de Cayenas, me sorprendió verlo llenito de flores, de esos colores naranja y los bordes de color amarrillo, son preciosas.  Veo a un hombre por ahí de 40 años, llevaba un perrito y a su lado un niño de 7 u 8 años, en una bicicleta. Me causa curiosidad porque se veía como envolatado, con el perrito, el niño y llevaba una bolsa como de mercado. Me quedé mirándolos pasar, cuando de pronto se detiene en uno de los árboles de cayenas, arranca una flor y se la da al niño, el niño la toma y sigue derecho en su bicicleta con la flor en la mano, a pocos metros venía una señora, que asumo debe ser la mamá, y le entrega la flor. La mamá se derrite (su cara lo dice todo) y se inclina y abraza al niño&#8230; en esas el niño arrancó mientras la señora tomaba la bolsa del señor, acariciaba la cabeza del perrito y conversaban algo con el señor y siguieron su camino los 4.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego llegaron mis invitados a almorzar y se fue pasando un buen domingo. De esos de charla, comida rica, en familia&#8230; Sin embargo esa escena quedó en mi memoria durante varios días, me pareció hermosa y he pensando en las múltiples conclusiones de lo que vi. Tal vez una escena simple, pero con un abanico de perspectivas. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los niños aprenden con el ejemplo, cinco segundos de una acción, tienen más efecto que cinco minutos de palabras.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los detalles son importantes y no tienen nada que ver con el dinero.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ver las cosas bonitas que hay a nuestro alrededor es importante. Cuántas veces pasamos de largo como si todo fuera normal cuando deberíamos estar atentos como si todo lo viéramos por primera vez. Una puesta de sol, un perrito, una flor, una persona, un niño.  Y es que podemos pasar por una calle mil veces, pero cada día es diferente, diferente clima, diferentes personas, diferentes pensamientos, diferentes circunstancias&#8230; todo debería asombrarnos. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre más estemos abiertos a encontrar lo hermoso en lo que vemos creo que atraemos más:  Anoche salí con Copito alrededor de las 7 de la noche, cuando llamó mi atención que alguien cantaba a grito herido… era un joven, iba caminando, llevaba audífonos y cantaba una de los Enanitos Verdes que decía: “Porque este es mi primer día sin verte, porque este es mi primer día sin ti” era tanto el sentimiento que se percibía en su voz que hacía que uno no se fijara en si cantaba bien o no, solo en el sentimiento que transmía. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy que estoy escribiendo este blog me topé con otra escena linda: Un adulto mayor iba caminando en el parque con un perrito chiquito blanco. El perrito quería jugar, le saltaba, el señor caminaba lento y el perrito en posición de juego casi no lo dejaba caminar… el señor le hablaba y le decía&nbsp; “ya se acabó el paseo, para la casa, para la casa”&nbsp; y le sonreía como enternecido por los saltos del perrito…&nbsp; Hay ternura alrededor.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La vida tiene muchas escenas que segundo a segundo nos va mostrando, depende de nosotros levantar la vista del celular, alejarnos un poco de las noticias, tal vez un poco de ese lado crudo que tiene la vida&nbsp; y ver lo que hay en nuestro entorno. Capturar esos momentos que alimentan el alma, como alimentó esa familia, ese muchacho que cantaba y ese adulto mayor con su perrito, la mía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que tengan un maravilloso domingo. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea Villate</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sitio web https://andreavillate.blogspot.com/</p>



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]]></content:encoded>
        <author>ANDREA VILLATE</author>
                    <category>Relaciona2</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=114436</guid>
        <pubDate>Sun, 13 Apr 2025 02:16:42 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Una flor]]></media:description>
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        <title>Ukeireru</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/relaciona2/ukeireru/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hace unos días leí un artículo que hablaba sobre el Ukeireru, un hábito japonés que se refiere a aceptar las cosas, circunstancias y personas como son y no como uno quisiera que fuera. En otras palabras, el Ukeireru se refiere a la aceptación de una manera profunda. No se trata de conformismo o resignación, sino [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hace unos días leí un artículo que hablaba sobre el Ukeireru, un hábito japonés que se refiere a aceptar las cosas, circunstancias y personas como son y no como uno quisiera que fuera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En otras palabras, el Ukeireru se refiere a la aceptación de una manera profunda. No se trata de conformismo o resignación, sino vivir en armonía con lo que hay. En ocasiones vivir con esa aceptación no es nada fácil… Hay momentos que se pasa por turbulencias, pero es ahí donde el Ukeireru juega un papel importante, dejar vivir cada estación de la vida como viene, como si estuvieramos en un velero y nos tocara ajustar las velas dependiendo el viento.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En varias ocasiones les he contado en estas páginas que yo no profeso ninguna religión, sin embargo hay una frase muy bonita que varias religiones la acomodan a sus creencias pero a fin de cuentas significa lo mismo, dice:&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Dame serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, el valor para cambiar las que sí puedo y sabiduría para distinguir la diferencia”. </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Nada desgasta más que pelear contra lo que no podemos cambiar. Yo confieso que pasé mucho tiempo de mi vida peleando con la realidad, tratando de cambiar las cosas tal cual llegaban y no hice más que perder el tiempo. Es como si estuviera en un hoyo y por querer salir a como diera lugar, más me enterraba. Ahora que miro al pasado pienso que pude aceptar la realidad y decirme “Veamos que tiene este…  hoyo para mi”.   Pelear contra el destino es una pérdida de tiempo. Cuando acepté lo que mi destino tenía para mí empecé a vivir de una manera más tranquila y ligera.  Al final, siempre digo lo mismo: solo controlamos la manera en la que reaccionamos ante lo que nos pasa y ahí está el quid de asunto. Al aceptar encontramos serenidad para pasar esa estación, al resistirnos solo traeremos sufrimiento y desesperación. <strong>La aceptación es el camino a la serenidad.   </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa técnica japonesa también se refiere a que aceptemos a los demás tal como son, sin intentar cambiarlos, de esa manera construimos vínculos más auténticos y saludables y a entender que la crítica es una pérdida de tiempo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Ukeireru también es gratitud en todo lo que se tiene por pequeño que sea y no estar pensando en lo que falta y lo más importante ser compasivo con uno mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En conclusión: Cuando aceptamos las cosas sin tratar de cambiarlas, todo empieza a transformarse.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Confía en lo que sucede.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea Villate</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sitio web https://andreavillate.blogspot.com/</p>



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        <author>ANDREA VILLATE</author>
                    <category>Relaciona2</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=110998</guid>
        <pubDate>Sun, 02 Feb 2025 01:50:16 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Ukeireru]]></media:description>
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        <title>Hoy es un día normal</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/relaciona2/hoy-es-un-dia-normal/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hoy domingo 19 de enero salí sobre las 11 de la mañana a caminar con Copito. Un sol esplendoroso, cielo azul profundo, ni una sola nube en el cielo bogotano. Como siempre, Copito me da lecciones, aunque sea domingo salgo apurada como si tuviera afán de llegar a algún lugar, mientras él me detiene, vamos [&hellip;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Hoy domingo 19 de enero salí sobre las 11 de la mañana a caminar con Copito. Un sol esplendoroso, cielo azul profundo, ni una sola nube en el cielo bogotano. Como siempre, Copito me da lecciones, aunque sea domingo salgo apurada como si tuviera afán de llegar a algún lugar, mientras él me detiene, vamos caminando lentamente decantando el paseo, se detiene a oler una flor, a saludar a otro perrito, a oler una ramita… a vivir el momento presente sin afanes.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace días estaba abrumada por lo que está pasando en nuestro país, que el sistema de salud, que la UPC, que la delincuencia, que los grupos armados, que el nefasto gobierno y como dicen que uno atrae más de lo mismo por el algoritmo en redes sociales solo me salía lo mismo. A tal punto que el jueves, día en que intento escribir mi blog dominical, me detuve y dije “No tengo nada que decir”, como sumergiéndome en una tormenta perfecta, donde todo lo que podría salir mal, sale mal.&nbsp; Así que no iba a publicar nada hoy domingo…&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, después de ese paseo con Copito vi cosas maravillosas que quiero compartir con uds, tal vez son cosas normales, pero realmente se constituyeron en algo profundo para mi.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando salí de mi edificio una rafaga de viento cálido me recibió como una bocanada de aire fresco sobre los 22 grados centígrados. Cuando vamos caminando por el parque se aproximaba un hombre de aproximadamente 60 años, con un bastón verde (los bastones verdes son indicativo de personas que tienen poca visión). El señor entró al parque, iba delante de nosotros… cuando sale del camino y comienza a transitar por el pasto… se inclina a acariciar el pasto y sonríe y sigue su camino. Les cuento que me emocioné al verlo sonreír al tocar el pasto y enseguida hice lo mismo. Ese señor no lo ve con tanta claridad como muchos de nosotros y se emociona al verlo, tanto que lo quiere sentir en sus manos. Así es la vida.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de esa escena pensé en la necesidad de blindarnos ante la realidad nacional. No indica que no veamos noticias o que evadamos la realidad, pero sí que busquemos el equilibrio y abramos muy bien los ojos ante lo que la vida nos trae.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siempre he pensado que cada uno de nosotros tiene un destino, pero también, gracias a Brian Weiss y sus libros, comparto que todos tenemos un destino grupal que es el de los países, que nos tiene aquí por alguna razón viviendo lo que estamos viviendo, sin embargo no podemos ver todo el panorama negro. Tenemos que buscar esa luz en las cosas simples de nuestra vida, de lo contrario nos pasaran los días de una manera triste y aburrida y difícilmente saldremos de ahí.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego ya iba de regreso a casa cuando veo una joven de 30 años aproximadamente, con dos niños de 6 y 8 años más o menos. Los niños eran hermosos y les hablaba por lenguaje de señas. Desconozco el contexto de lo que estaban hablando pero el rostro de esos niños reflejaba alegría. Todos nos adaptamos a todos, al final eso es inclusión. Cuando pasamos más cerca, que Copito se les acercó a los niños, ellos esbozaron una sonrisa y movían sus manos como señal de saludo a Copito. Ahí reconozco que se me hizo un nudo en la garganta. Fue una escena hermosa.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todos debemos ser la voz, pero no el eco de lo trágico y lo malo, repitiendo sin parar las mismas noticias absurdas, en la que 11 millones de colombianos nos tienen sumergidos. No digo que lo ignoremos, pero si buscando el equilibrio. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy que ya han pasado casi 20 días de este 2025, les propongo&nbsp; blindarnos ante lo malo y buscar lo bueno de cada día en nuestra vida.&nbsp; Mirar con ojos de turista y hablar de cosas buenas y positivas, si no tenemos nada bueno que decir, no digamos nada. Las cosas no son perfectas ni tenemos todo lo que queremos, pero podemos disfrutar de cada día, al final la vida es así:&nbsp; Un día a la vez. Cada día trae su afán y una verdadera certeza es que todo en la vida cambia, nada es permanente ni lo malo ni lo bueno. Así que, queridos lectores, les propongo ver las cosas bonitas de cada día y menos eco a lo malo. Algún día todo será diferente.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que tengan una feliz semana.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Andrea Villate</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sitio web https://andreavillate.blogspot.com/</p>



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<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>ANDREA VILLATE</author>
                    <category>Relaciona2</category>
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        <pubDate>Sun, 19 Jan 2025 19:01:55 +0000</pubDate>
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