Viviendo por fuera

Publicado el @karlalarcn

Yo salí de la San Martin

san martin

 

 

Por @karlalarcn

Hay cosas que es mejor no preguntar, pero también hay cosas que cuando la gente pregunta es mejor cambiar de tema. En ese grupo estoy yo cuando la gente me pregunta donde estudie.

Si, soy administrador de empresas de la San Martin. Todo el mundo habla acerca de como los estudiantes actuales se ven afectados por la situación que vive hoy la universidad, pero muy pocos hablan de los que ya salimos y tenemos el nombre de la universidad en la hoja de vida.

 – ¿Como resulto usted allá? Es la pregunta que desde siempre me hacen cuando se enteran que soy egresado “san Martiniano”

En mi caso fue la rebeldía y la oportunidad. Me presente a varias universidades para poder estudiar. Negué la ayuda de mi familia que me apoyaba financieramente para estudiar donde quisiera. Quería hacerlo como lo hacen muchos, con esfuerzo. Después de trabajar más de un año en una fabrica ahorre y con los ahorros decidí que era la hora de estudiar. Escogí una reconocida aunque las ganas me duraron hasta la entrevista.

Después de comprar, llenar, enviar el formulario y una entrevista de 10 minutos, recibí la noticia que no era admitido. El problema fue que para esa universidad los números de mi declaración de ingresos y retenciones no eran suficientes. Fui descartado por no tener en mi cuenta de ahorros cifras de seis números.

No me quería dar por vencido y un día encontré un anuncio en el periódico:

“Universidad San Martin – Trae tus sueños…juntos los realizaremos”.

La frase y saber que el formulario no era costoso me alentó.

Después de comprar, llenar y enviar el formulario tuve una entrevista de 5 minutos. Lo más llamativo fue un anillo en oro gigantesco de la persona que me entrevisto. Días después recibí la llamada. Estaba adentro.

Lo primero que usted encuentra vistoso cuando va a la universidad es su estilo. Por fuera, un edificio con columnas, blanco por todos lados y una estatua del Santo patrón. Ya adentro, el primer piso era solo para la cafetería. Cada piso con 3 salones cada uno y aproximadamente 30 pupitres en su interior.

La biblioteca era en el sótano con unas mesas pequeñas de madera, algunos computadores vetustos para buscar libros que aun alumbraban en fondo azul y letras en amarillo. Los libros siempre estaban prestados. El « bibliotecólogo » un estudiante cuadrando dinero para el semestre siempre decía – Viejo, mejor vaya a la Luis Ángel.

Los profesores eran de cátedra o profesor taxímetro que llamaban. Salían corriendo de una clase para ir a dictar clase en otra universidad.

Las personas con las que compartí mientras era alumno eran estudiantes que se pagaban sus estudios por ellos mismos o simplemente su familia no tenia recursos para pagar una universidad de renombre, teníamos ganas de ser alguien, de tener una carrera, de progresar, desgraciadamente como pasa con la salud, la educación en Colombia es un vil negocio.

-No se preocupe joven, la financiera esta para ayudarle. Acá puede conseguir la plata para su semestre.

Todos los comienzos de semestre alguna financiera se hacia presente a la entrada de la universidad para ofrecer créditos. Muchos por no aplazar semestre o terminar la carrera rapido dejaban lo poco que tenían a expensas de este tipo de organizaciones. Hoy en día me pregunto si no tienen responsabilidad también en todo lo que paso.

En mi caso, el primer semestre con un promedio de 4.5 me valió para poder hacerme acreedor de un préstamo del Icetex. Craso error. Dure más de 7 años para poder pagar un préstamo para estudiar en la San Martin. ¿Sera que el Icetex ayudara a todos (alumnos y ex alumnos) que están con la soga hasta el cuello con los prestamos?

Los viernes en la mañana era el espectáculo. Una camioneta de marca Toyota verde llena de escoltas se posaba sobre el anden en frente de la entrada principal de la universidad. El señor Alvear bajaba de la camioneta con su mirada déspota hacia cualquiera que osara atravesarse en su camino. Lo de déspota, era cosa de familia, su hijo Martin, heredero del emporio también se paseaba de cuando en vez por la universidad. Dicen que estudiaba.

En varias oportunidades quise cambiarme de universidad. En una de ellas me dijeron que no podía hacerlo por que probablemente tendría que volver a empezar toda la carrera y en otra oportunidad -Una segunda vez- mis ingresos no encajaban en el requerido para entrar en otra universidad.

La fama de la San Martin fue de novela. Betty la fea y un personaje diciendo que hizo 6 semestres de finanzas en una hipotética universidad llamada San Marino hizo famosa a la universidad. Muchos me preguntaban si la fama era bien ganada. Debo decir que conocí gente brillante. Gente con ganas de comerse el mundo, con ideas de emprendimiento, con notas sobresalientes pero desgraciadamente aparte de las clases, la universidad no brindaba herramientas para ir más allá en cuestiones académicas o de creación de empresas, debía de hacerlo usted mismo, con  las uñas.

En Colombia, perdí varias oportunidades laborales cuando miraban San Martin en la hoja de vida. Casi siempre las empresas buscan egresados de las 3 o 4 universidades de siempre. Alguien de una bolsa de empleos me lo dejo claro alguna vez :

-Los que salen de la San Martin son clase C. Clase A universidad top, clase B  reconocida.

-¡Ustedes son la tercera opción!

Todo reducido al clasismo, a un sistema de castas.

La ultima vez que pise la universidad fue para el grado. Fue la ultima vez que vi al señor dueño de la universidad hoy preso por estafa que se declara inocente. Dicen que todo el dinero ya no esta en Colombia no se sabe en que paraíso fiscal se encuentra mientras que muchos estudiantes sufren por mirar que será de sus vidas, quien les devolverá sus sueños que la San Martin les robo y donde encontrar la oportunidad de estudiar sin ser estigmatizados.

Otros, como yo, los egresados de la San Martin, cuando nos preguntan algo de ese tema, preferimos cambiar de tema.

Twitter: @karlalarcn

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