Viviendo por fuera

Publicado el @karlalarcn

El amor en los tiempos del Coronavirus

Por @karlalarcn

 

No sabiamos que eramos afortunados. No sabíamos que esa cancelación de un vuelo nos daría 12 horas más de alargue. Un par de horas para entregarnos el corazón.

No sabíamos que nos faltaría tiempo para tocarnos, para sentirnos. No sabíamos que nos íbamos a morir de ganas y que la palabra alejamiento se volvería confinamiento.

Era el mejor de los tiempos.

Nos conocimos de la forma menos convencional posible. Cinco mil kilómetros de lejanía. Tu sola y yo solo con el calendario por delante. 

Teníamos por vicio el olvidar lo que no nos servía. Teníamos por adicción el entregar el corazón al que se lo mereciera y en ese mismo momento decidimos que éramos los dos. Que íbamos a consumir tiempo en los dos, días, libros, botellas de vino y canciones de Sabina asi fuera a punta de redes sociales y WhatsApp como escaparate, como sitio para amanecer, para ocultarnos, para sentirnos amados. Sentirnos vivos.

Nos vimos y si que nos vimos. Acortamos distancias a punta de aviones, de horas de espera, de aterrizajes, de despegues, de esperas en aeropuertos pero sobretodo, acortamos distancias con eso tan esquivo en estos días: kilometros de amor, amor acompañado de complicidad, de besos, de amores y sobre todo entregando el corazón.

De los me gustas saltamos a los te quieros, de ahí con unos vinos acompañados de charlas saltamos a los te amos pero sobre todo nos dimos cuenta de algo que sólo puede comprender los proscritos a los amores de lejos, nos dimos cuenta que el uno sin el otro era caso perdido.

Los polos opuestos. Eso de los polos opuestos.

Yo nací con el frío carcomiendo los huesos y en vez de pan, nací con la biblia debajo del brazo. Tu naciste con la piel teñida buscando el calor con una salsa de fondo. Yo tan cáncer y tu tan sagitario. 

Yo con la mente perdida y el corazón remendado. Tu, con todo por dar pero siempre queriendo llevar la razón. Las mujeres me han dejado a mi. A los hombres tu los esquivas bailando.

Siempre lo supimos, somos opuestos o en el mejor de los casos, tenemos 45 grados de distancia pero aun así y contra corriente no nos importo. Sabina nos unió.

Sabina nos enseñó que podemos ser diferentes pero amarnos. Podemos estar juntos en una sola canción y separarnos en la otra con una sola condición: ser cada uno sabiendo que amamos el estar juntos.

Qué mejor que amar lo diverso, lo diferente, lo políticamente incorrecto, lo que en esencia le hace falta al otro.

Era el peor de los tiempos.

Quien iba a saber que ese beso entre lágrimas seria el ultimo. Quien iba a saber que un chino y su antojo por los murciélagos o los pangolines nos iba a separar.

Quien iba a saber que un cáncer y un sagitario se iban a extrañar. Quien iba a saber que nos íbamos a extrañar en las puertas, en las chimeneas, en los cielos nublados de Bogotá o en las nieves perpetuas de Quebec. Que mientras tu comes sola con el celular como invitado, yo hago lo mismo compartiendo la receta que utilice.

Quien iba a saber que nos amamos como podemos, con un mensaje, con un emoticon, una foto, un mensaje de voz, un meme, una pinche canción o un estúpido baile. Quien iba a saber que en este, el peor de los tiempos dos personas diferentes se iban a amar como en estas épocas se debe: sintiendo que se necesitan con lo poco o lo mucho que la tecnología, la vida y las mierdas que la época les dan.

Lo que viene.

Mis amigos lo saben, ellos saben que pido demasiado, pido que usted señora, decidiera amarme por siempre. Lo que ellos no saben es que esa propuesta fue hecha y fue aceptada. Que queremos dormir para siempre en pelotas.

Lo que mis amigos y los conocidos no saben es que ya te fuiste conmigo, con el idiota de tierra fría. El cundiboyacense venido a más.

Lo que tu familia sabe es que te pedí que me quisieras, que tu me quieres así parezca demasiado. Que desgraciadamente tendrán que aguantarse de regalo cada diciembre quesos, bocadillos y almojabanas. Solo serán veinte años para que lo asimilen.

Los que sí lo saben son mis hijos. Saben que vienen días de pizzas, Coca Cola, bailes de salsa. Que dejaran de ser los tontos de bailar como si el ciclo de lavado se les hubiera trabado. Ellos te esperan.

El que no sabe soy yo. No se el tiempo que pasaremos juntos, el tiempo que pasaremos bailando despavoridos, las lunas que miraremos mirando perdidos. Los amores guardados en el armario. Las veces que nos abrazaremos ocultando la tristeza, los despojos guardados en la mente, nuestro gato que nos amará como el hijo que nunca tuvimos. Las lluvias que miraremos por la ventana perdiendo la razón. El viento que escucharemos juntos pasando entre los árboles. Los oscuros deseos del amor perdiéndose entre besos.

Aca estoy pasando cuarentena perdiendo el tiempo entre las manos. Así pasare mi vida, queriendo saber donde estarás mientras refundo la vista preguntandole al universo.

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