VIDA PERRA

Publicado el Henry Salazar

Callejero*

Pasados muchos muchos años, en otra tierra, bajo otro cielo, un perro apareció en mi puerta. Tenía hambre y sed. Le dimos agua y comida, y lo echamos. Volvió pocas horas despúes y nos miró. Entonces le dijimos: “Entra, has encontrado tu casa”. No fue él único. Otros dos, cada uno por su lado, vinieron a preguntar si la casa también estaba abierta para ellos. Les dijimos que sí. Se llaman, por su orden, Pepe, Greta y Camões. Son nuestros perros, y está todo dicho.

Cuadernos de José Saramago. 2 de Agosto de 2012.

 

Los perros callejeros son perros de la comunidad. Son de todos y como sociedad somos responsables de esos vagabundos, sin nombre, sin dueño ni identificación, que sólo intentan hacer la vida que les tocó en suerte. Si hay afecto, será una enorme ganancia.

 

Sobreviven con lo que su genética les permite. Pero desarrollan grandes habilidades para sortear dificultades ambientales que un perro que tiene sus necesidades básicas resueltas difícilmente lograría. Eso hace diferente a una mascota de un perro en total libertad.

 

Pareciera que han vuelto en el tiempo a la época en que desconfiados se acercaron a los humanos, para alimentarse de sus sobras y retribuirles con un tiempo de servicio gracias a sus destrezas de guardia. Pueden organizar manadas rápidamente y desarrollar un sólido trabajo colaborativo que facilite la consecución de los recursos de vida.

 

El perro de la calle aprende de su entorno y sus límites son más amplios. Aprende a manejar sus emociones y desarrolla umbrales mas altos ante estímulos poderosos. El ruido poco o nada lo afecta. Aprender a leer el peligro. Tolera mucho más las expresiones de rechazo que vienen de otros seres caninos y humanos porque su mente actúa en una sola dirección: Solucionar sus necesidades básicas. Esta condición no le permite desarrollar otra cosa diferente a sus destrezas innatas: alimentarse, aparearse, defenderse y escapar cuando las cosas no son fáciles. Después de esto, solo le resta esperar el final de cada día.

 

Pero, ¿cómo aplicaría en este caso la idea de tenencia responsable?

 

Un perro de la calle no es responsabilidad del otro. Tampoco lo es de la institución correspondiente. No es responsabilidad de la ley. No es responsabilidad de los animalistas o proteccionistas, ni de los refugios ni las asociaciones defensoras de animales. Es responsabilidad de todos como sociedad porque está ampliamente demostrado que las instituciones, las leyes o los animalistas no pueden hacer nada si no hay el compromiso social de darle una solución al perro de la calle. 

Se requiere de actitudes responsables, de políticas públicas para la tenencia de animales domésticos, de organismos de control que ejerzan vigilancia sobre criaderos, asociaciones y clubes caninos, y también sobre los comerciantes de animales; se necesita con urgencia la definición de estrategias de control demográfico eficientes y constantes en el tiempo, programas de divulgación y educación acerca de las responsabilidades para con estas especies, pero sobre todo, el reconocimiento social de la existencia de una problemática con muchas aristas que afecta la convivencia, la salud, la movilidad y la seguridad.

 

El problema no es del perro de la calle, él hace lo que puede para vivir, el problema es causado por cada ser humano que deja que un perro vague sin alternativa alguna.

 

Los perros han sido grandes colaboradores de los seres humanos y pueden seguir siendo de gran ayuda para muchos. Desde luego hay quienes no piensan igual y preferirían eliminarlos, actitud comprensible en tanto nadie está obligado a tener un perro, esto es opcional. Pero el camino de acabar con la vida del otro, aún siendo de otra propia especie, ha dejado los resultados que todos conocemos.

 

Pero una relacion milenaria entre canino y humano no se verá afectada por ello. Son más los beneficios de tener un perro en casa que las dificultades cuando se tiene claro el motivo por el cual integra la familia.

 

Así como se espera que todos seamos buenos ciudadanos es necesario trabajar en la formación de los buenos ciudadanos caninos. Pero no olvidemos que por iniciativa perruna esto no sucederá.

 

Dijo alguna vez Mahatma Gandhi que: Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales. Es momento para demostrarlo.

 

 

* (En memoria de Alberto Cortéz)

 

Aunque fue de todos, nunca tuvo dueño
que condicionara su razón de ser.
Libre como el viento era nuestro perro,
nuestro y de la calle que lo vio nacer.

@VidaPerraBlog


Comentarios