Ventiundedos

Publicado el Andrey Porras Montejo

Los malabares de mis primeros 40 años

Raras veces el destino tiene ramificaciones, siempre suele fundamentarse en un solo evento por el que las demás cosas suelen girar. A ese punto cero siempre vuelve la conciencia, y cuando pasan los años, parece crecer la dimensión de entendimiento sobre aquel quiebre trascendental de nuestras vidas.

Viene a mí esta reflexión el día en que cumplo 40 años. Los inexistentes biógrafos de esa travesía existencial tendrían que hacer un recuento de la suma de derrotas adquiridas con el paso de los días. Esa arrogancia escéptica pregonada en los años de despilfarro hoy tiene bien arraigados en la experiencia a una serie de sutiles hoyos negros. La batalla cada vez más se centra en impedir que lo succionen todo: ingenuamente, se creía que ello era cuestión de años para superarlo, pero con el paso de los julios, la única certeza es la de que a esos monstruos les salen más cabezas.

Y tal realidad se manifiesta profundamente interesante, pues estar del lado seguro siempre causó incomodidad, pero el problema reside en el cansancio, en la crueldad de ver cómo se escapan oportunidades, en el cinismo que tiene la realidad al plantear siempre las mismas dificultades.

Y no vaya a pensar el lector que este escrito es un prontuario de quejas acomplejadas, piense, mejor, en la urgente necesidad de una conciencia en revisar su estado de ánimo, en garabatear impresiones sobre él para que no se agoten los latidos, y aunque cacofónicos, tengan alguna validez.

Y es aquí donde el pensamiento comparativo viene a salvar esta sensibilidad algo gastada.

Alguna vez, en un contexto particular, mientras yo estaba preocupado por llegar tarde, me enteré que la persona sentada junto a mí le había llegado la noticia de un familiar detenido en Miami por inmigración, claramente, entre el devenir de tales desproporcionadas preocupaciones, supe que mi llegada tarde era un asunto menor.

Bajo la misma perspectiva, pienso en las paradojas de algunos personajes famosos en nuestra actualidad y recibo el mismo consuelo: el mejor jugador de fútbol del mundo no puede ganar una copa con su equipo nacional, y de sobremesa, le espera una condena por evasión de impuestos; un respetadísimo primer ministro le pide disculpas a las 129 familias de soldados ingleses, muertos en la toma de Irak, pues un informe, sonado hace varios años, demuestra cómo tal intervención era absolutamente injustificada y hoy en día no consiguió sus objetivos; por otra parte, un ex jugador y dirigente de fútbol francés, quien había soñado con la organización de la Euro 2016 en su país, es destituido y separado de su cargo, semanas antes de cumplir su sueño, gracias a sus relaciones corruptas con Blatter y su séquito de ladrones; y por último, el bastión de la moral en Colombia, el baluarte Procurador de la tradición pacata, quien impartió su cátedra troglodita durante más de 3 años, hubiera podido ser un cero a la izquierda, pues su reelección fue ilegal, suma de mermelada y artilugios de la jurisprudencia.

La paradoja del mejor jugador de fútbol, evasor de impuestos y sin títulos internacionales; la de un primer ministro, asesino indirecto y desconocedor de la política internacional; la del futbolista dirigente corrupto, lejano de su sueño; y la del moralista que Procura dudosas procedencias, tendrán que amilanar, de alguna manera, mis angustias cuarentonas.

Sé que puede caer, en este momento, sobre mí, todo el peso de la frase “mal de todos consuelo de tontos”, pero a pesar de ello, me siento tranquilo, las cosas no están tan mal como aparentan.

El día 14601 de mi existencia será como todos los demás: con la maleta llena de problemas en mi espalda, saldré a seguir haciendo malabares dentro de este circo existencial.

40 años

@exaudiocerros/[email protected]

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