Utopeando │@soyjuanctorres

Publicado el Juan Carlos Torres

Periodismo excremental

Ilegal y censurable lo que le hicieron a Vicky Dávila “Chuzándola”, y descortés y desmedida su retaliación: una abyecta y visceral embestida cargada de más rencor que coraje, más homofobia que justicia y de frágil valor probatorio. Hecho que más que censurar, nos permite reflexionar  sobre la preminencia  de un periodismo mercenario, extorsivo, difamatorio, sádico e inescrupuloso, al que solemos elogiar y consentir.

Qué nos sorprende si como sociedad vanagloriamos el escarnio. El carácter amarillista y difamatorio de nuestra prensa nacional se concentra en satisfacer lo que nos gusta, apetecemos  y  aceptamos. Somos un país sensacionalista de turbas enloquecidas por el agravio, somos un circo que honra el rumor y el prejuicio.

Un periodismo que vende más que informar, que confunde lo legal con lo ético, que no investiga, no verifica y no coteja fuentes, que funge de juez, que viola la intimidad y los derechos humanos; y que exagera la información más allá de lo estrictamente noticioso, es un periodismo irresponsable que no merece llamarse periodismo.

El éxtasis de este periodismo de “estómago” y mercantil  es el rating. La situación es insostenible, como lo dijera el maestro Ernesto Sábato, en su libro “La Resistencia”: “El rating es lo supremo, no importa a costa de qué valor, ni quién lo financia”. Un periodismo donde todo vale, de “opineros” serviles a los recados  y placeres de las elites, que denigra para la diversión y la distracción, que banaliza lo relevante, es un periodismo decadente.

Es tal el trastorno de la prensa nacional y de nuestra sociedad, que es más fácil que rueden cabezas  por escándalos sexuales que por corrupción y negligencia. Prueba de ello, cobraron los cargos del ex Defensor del Pueblo Jaime Otálora, el ex Viceministro del Interior Carlos Ferro y el ex General Rodolfo Palomino, en una incalificable violación a la intimidad, sin embargo continúan ilesos en sus cargos el Magistrado de la Corte Constitucional Jorge Pretelt y la Directora del ICBF Cristina Plazas; lo que refrenda una doble moral, dando cuenta que prima lo atractivo sobre lo fundamental.

El periodismo ha sido colonizado por la clase política quien no sólo pauta sino que también pone los micrófonos, las cámaras e imprentas, por ello resulta engañoso hablar de un periodismo independiente en Colombia,  ajeno a las veleidades e intereses de las élites.

La sociedad debe empezar a purgar de su sintonía a estos mercenarios que pignoran su pluma y su conciencia, bufones del sistema que nos desvían la atención de la realidad social, reporteros  que buscan la popularidad y el rating barriendo y trapeando la integridad de las personas; jornaleros  que nos han inoculado amar a sus amigos y odiar a sus disidentes.

En cambio sí, debemos loar a los exiguos profesionales probos y objetivos que se salvan de éste cáncer, sin embargo con menor protagonismo y reconocimiento que los “mercenarios”, quizás porque no eligieron el  atajo del todo vale para llegar a la cima, porque no les interesa, esos son los verdaderos periodistas, y también existen en Colombia.

El error cometido por Vicky Dávila es apenas la punta del  iceberg, no obstante a que gracias a ella debemos la investigación de la comunidad  del anillo y el proxenetismo de los insignes padres de esta patria. Fueron más sus aciertos que sus errores, sin embargo la “renunciaron” porque extirpó  una llaga muy sensible y quién sabe cuántos más personajes de la vida pública  nacional estén implicados.

También resulta conveniente echar una mirada hacia las redes sociales, donde una tropa de valiosos ciudadanos se han venido sumando a la crítica y a la reflexión, que dan cuenta que aún tenemos criterio y salvación, que no estamos tan idiotizados como creíamos y han pretendido; y que somos actores fundamentales en la construcción de la democracia, sin distinción de tribunas y convicciones, sin pautas ni patrones, una expresión libre que viene empujando al periodismo convencional.

@soyjuanctorres

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