Utopeando │@soyjuanctorres

Publicado el Juan Carlos Torres

“Con la ayuda de pocos”

Del abandono estatal al deporte colombiano y el desaire de Winner Anacona al Presidente Santos.

No existe motivación que una más a los colombianos sin distingo de militancia política, convicciones, clase social, raza o regionalismo que los eventos deportivos gánese o piérdase. Es tal el sentido de pertenencia  que nos caracteriza y el punto de enorgullecimiento que acabamos alegando “ganamos” o “perdimos”, como si hubiésemos participado de la justa; lo que es muy válido, pues es  el fervor patrio el que nos incita a apropiarnos y ser celosos, máxime en un país divido y  polarizado por un sinnúmero de diferencias sociales y conceptuales.

Hasta el Estado se ufana por aquello que no ha podido darle a nuestros deportistas. No es un secreto que muchos de los que han triunfado han debido bregar por su sustento desde el proceso de formación física e integral y alimentación, hasta los gastos de logística; tanto, que además de la especialidad en la respectivas disciplinas, los deportistas ostentan posgrados en rebusque en la universidad de la vida. Es de caracterizar los numerosos vendedores ambulantes de maní, agua, flores, libros, rifas; etc.;  albañiles, coteros, escobitas, porteros, taxistas, cuidanderos de carros y aseadores, entre un sinfín, que recurren a estos menesteres como fórmula para garantizar su sostén y cobijar los gastos que acarrea una representación nacional o internacional. En muchos casos los deportistas deben partir hacia otros  horizontes en busca de oportunidades para la realización de sus sueños.

Como consecuencia de lo anterior,  la molestia del ciclista colombiano Winner Anacona y su incomoda  respuesta al Presidente Santos, que como tal no es contra Santos sino contra el histórico menosprecio del gobierno nacional con el deporte, pues la expresión: “volveremos por más” pudiera nacerle a cualquier colombiano sin que ello represente arrimarse al mérito de los deportistas. No obstante sólo éstos y sus familias saben cuántas veces necesitaron un apoyo gubernamental que jamás llegó, por eso la prevención, conociendo además nuestra oportunista clase política que no desaprovecha ocasión  para sacar pecho con camándula ajena  y presumir de triunfos donde no coadyuvaron.

Entre otros casos que refrendan la falta de apoyo a los deportistas en formación, vale destacar la de tres héroes nacionales que no figuran en el collage de Coldeportes. En los inicio de su carrera, Nairo Quintana solicitó a la liga Santandereana de Ciclismo quinientos mil pesos para defender los colores de la tierra de la hormiga culona en la vuelta al Porvenir, los cuales fueron negados por falta de recursos económicos. Nuestro único marchista colombiano en mundial de atletismo de Moscú, Fredy Hernández, debió abandonar la carrera durante la prueba  de marcha  de cincuenta kilómetros y terminó disgustado renegando por la falta de apoyo al negársele  un entrenador y no garantizársele  una concentración que implicara entre otros, su recuperación muscular; y nuestra bicampeona mundial Catherine Ibarguen debió partir desde inicios de su carrera hacia Puerto Rico, el país que le ha dado todo, desde su casa y hasta su carrera de enfermería, seguramente en Colombia no habría logrado lo que hoy, pese a ello representa con dignidad la tricolor.

No podemos seguir permitiendo que nuestros deportistas abandonen sus sueños por tener que dedicarse  a trabajar como única posibilidad de salir adelante. Otros países que no cuentan con el presupuesto de Colombia, como Cuba, tienen políticas deportivas  claras y priorizadas gracias a las cuales son potencia. Mientras un atleta estadounidense se come diez huevos, un atleta colombiano debe compartir un huevo entre diez personas.

En Colombia históricamente sólo se ha apoyado y pensionado con limosnas a quienes suben a los pódium mundiales, más no existe un fondo de inversión para el deporte que bregue por el sustento de los deportistas para que estos encuentren la solvencia y la tranquilidad necesaria que les permita concentrarse en su disciplina. Pareciera que nuestros intelectuales concibieran  el deporte como un gasto y no como una inversión.

Pese a que el deporte en Colombia es reconocido como derecho social en la Constitución de 1991, en la realidad es todo un privilegio y de propiedad de los clubes privados. Por fortuna, a esta nueva generación de deportistas no les tiembla la voz para cantarle la tabla al gobierno, son un ejemplo de dignidad y coraje, son los verdaderos “gran colombiano”

@soyjuanctorres

 

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