Unidad Investigativa

Publicado el Alberto Donadio

Plegaria por Juan Gerardi

Tomado de La Silla Vacía

Por Marcos Fabián Herrera

02 de Mayo de 2021

Plegaria por Gerardi

Se cumplen 23 años del asesinato del obispo guatemalteco Juan Gerardi. Su valiente labor de defensa de los derechos humanos perdura como un ejemplo en toda América Latina.

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Marcos Fabián Herrera

Es la mañana del martes 2 de enero del 2021. La ligera lluvia que en las primeras horas del día bañó de rocío los árboles de las alamedas y parques del centro de Ciudad de Guatemala, se esfumó para abrir el telón de un sol embravecido que irriga sus rayos sobre los paseantes del populoso sector. Acompañado del internacionalista Milton José Barascout, nos internamos en la laberíntica zona 1 del centro histórico de la urbe latinoamericana conocida como la capital verde del continente, por la profusión de barrancos y zonas boscosas a lo largo y ancho de su perímetro. En las provincias cercanas, 8 volcanes activos vigilan los cielos del país en el que se habla 22 idiomas nativos. Lenguas que albergan el saber ancestral de 7 millones de indígenas herederos de los pueblos Mayas.

 

Nos dirigimos al Mercado Central, la pintoresca plaza en la que campesinos, aborígenes, ladinos y mestizos se confunden en una amalgama de idiosincrasias, anulando los prejuicios de una sociedad históricamente racista. El ansiado Revolcao, plato tradicional de la gastronomía guatemalteca, se anuncia en los estridentes pregones de los vocingleros que promocionan las viandas de la cocina Chapina. En estas cuadras han ocurrido varios de los magnicidios de la convulsa historia contemporánea del país. En ellas también se guarda celosamente muchos enigmas de los pasajes traumáticos en la memoria oculta del dilatado y tortuoso proceso de inserción en la vida democrática. Antes de saciarnos con un apetitoso almuerzo, nos desviamos a la Iglesia de San Sebastián.

 

El 27 de abril de 1998, dos días después de presentar el Informe Guatemala: Nunca Más, el obispo Juan Gerardi Conedera, fue asesinado con sevicia mientras ingresaba a la parroquia que regentaba en calidad de obispo. Al descender de su automóvil Volkswagen en el garaje del templo de San Sebastián, fue brutalmente golpeado hasta perder la vida. A cargo de la REMHI – Recuperación de la memoria histórica – documentó 410 masacres e identificó 50.000 muertos civiles. En cuatro voluminosos tomos, un equipo de 250 investigadores, que durante dos años visitaron la totalidad de los territorios, compilaron testimonios de pobladores refugiados hasta ese momento en el mutismo y la selva como única opción para salvar sus vidas. En diálogos con las comunidades indígenas que padecieron el asedio militarista impuesto por los sucesivos gobiernos golpistas, evidenciaron abominables prácticas de exterminio.

 

El propósito del obispo Gerardi y su equipo de trabajo, que tenía como investigadores principales a Ronald Ochaeta y Edgar Gutiérrez, era despertar la aletargada sociedad guatemalteca. Luego de la firma de los acuerdos de paz de 1996 entre el gobierno del presidente Álvaro Arzú y la UNRG – Unidad Nacional Revolucionaria Guatemalteca –, un tácito pacto de impunidad, convenido entre distintos poderes, prefería el deliberado olvido a la necesaria revisión prolija del pasado. Pero el conocimiento de las vívidas voces ignoradas por un corrompido sistema judicial, sacudiría el poder apertrechado en una institucionalidad sórdida e injusta.

 

Algunos de los cientos de testimonios recogidos en el informe revelan el nivel de descomposición al que descendió el conflicto y la ineficacia de los órganos de vigilancia, que siempre estuvieron cooptados por fuerzas regresivas:

 

La señora estaba embarazada. Con cuchillo le abrieron el vientre para sacarle el muchachito. Y mataron a los dos. Las niñas que jugaban en los arbolitos cerca de la casa, con machete cortaron sus cabecitas.  Casos 0976, Santa María Tzejá, Quiché, 1980.

 

No sé si un capitán o un teniente que llegó allí con los soldados dijo: “Esta aldea va a terminar toda porque esta aldea está metida con la guerrilla”. A la una de la tarde terminaron de matar a toda la gente y sólo quedaron mujeres y niños. Entonces dijo el teniente: “ Mejor matamos a todas las mujeres y los niños para que nadie quede”. A las mujeres y los niños los mataron con puras bombas, porque eran muchos los niños; como allí hay solteras buenas, entonces todos los soldados apartaron a todas las solteras. Hicieron como tres tandas y se pusieron a matar a la pobre gente, pues como todos los soldados se quitaron el gusto con las más jóvenes, fue el teniente el que empezó a chingar a las pobres muchachas. Los niños de dos años se hicieron una bola así, se quemó toda la ropa pegada, se hizo una bola, los niños se quemaron todos. Caso 6070, Petanac, Huehuetenango, 1982.

 

Incluidos por el escritor Francisco Goldman en su libro El arte del asesinato político, estos testimonios serían la brasa ardiente que avivaría un fuego de inquinas e insidias, y alentarían una cruzada justiciera que emergía como un reclamo unísono de la sociedad guatemalteca. También provocarían la maquinación del crimen de un héroe civil, obstinado en el conocimiento de la verdad y la recuperación del rumbo ético de una latitud centroamericana, en la que los poetas Luis Cardoza y Aragón y Porfirio Barba Jacob – el primero guatemalteco y el segundo colombiano -, encontraron una singular fuerza telúrica para alcanzar la perfección de sus mejores creaciones.

 

El asesinato del obispo Gerardi, vecino de infancia del premio nobel de literatura Miguel Ángel Asturias, concitó la vigilancia de defensores de derechos humanos de todo el mundo. Su desaparición, constataba la repulsión de ciertos sectores hacia la verdad; también confirmaría la necesidad de restañar heridas, acordar pactos civiles en torno a las responsabilidades de muchos actores y de enaltecer la justicia y garantizar su aplicación como único camino llevadero a la paz.

 

Hoy Guatemala es un país que reivindica con orgullo su legado ancestral. La mixtura de dos universos culturales se ha sabido convertir en el principal atributo para erigirse en líder de la comunidad política y económica denominada Triángulo Norte. Una amistosa triada de El Salvador, Honduras y Guatemala. La creciente consolidación de una ciudadanía vigorosa que no le teme al escrutinio de los poderes, ha abierto los espacios para que voces que en el pasado eran excluidas, hoy sean decisivas en el diálogo civil y político.

 

23 años después del asesinato de Moseñor Gerardi, alzar la vista al cielo centroamericano equivale a reafirmar las búsquedas y principios de un religioso que creyó en el porvenir de América Latina. Su sacrificio, se suma al martirologio de quienes a costa de sus vidas develaron la conjura de fuerzas aferradas al pasado. Los balbuceos de nuestras democracias incipientes nos hace creer que sus vidas no fueron en vano.

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