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Publicado el Alberto Donadio

García Márquez visto por un gabólogo de Bucaramanga

Un ilustre gabólogo de Bucaramanga, Eduardo Villamizar, que ha leído toda la obra del Nobel y todas la obras sobre el Nobel, preparó en febrero de 2019 un estupendo texto sobre Gabo que combina la cronología con fabulosas anécdotas. Recomendamos su lectura.

 

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
 

 

 

 

 

 

Gabriel Eligio García Martínez, telegrafista en un comienzo y homeópata tiempo después, ante la oposición de la familia, se casó con Luisa Santiaga Márquez Iguarán, el 11 de junio de 1926, en Santa Marta.

 

El 6 de marzo de 1927, nace Gabriel José García Márquez, en Aracataca.

 

El 8 de septiembre de 1928 nace Luis Enrique García Márquez y  Luisa Santiaga entrega su hijo Gabriel a sus abuelos maternos Nicolás Ricardo Márquez Mejía y Tranquilina Iguarán Cotes, conocida como Mina. Sus padres y Luis Enrique abandonan Aracataca y se trasladan a Riohacha. Gabriel vivió con los abuelos hasta cumplir 10 años.

 

El 27 de julio de 1930, Gabriel es bautizado.

 

Hace preescolar y primero primaria en la Escuela María Montessori, con la maestra Rosa Elena Férguson.

 

Solo viene a conocer a su padre Gabriel Eligio a la edad de 7 años.

 

En 1935 fallece en Aracataca el Coronel Nicolás Márquez Mejía. En varias oportunidades García Márquez expresó sus sentimientos con quien ofició de padre en su niñez: “Desde entonces nada importante me ha ocurrido en la vida”.

 

En 1936 en la escuela pública hace segundo de primaria, con el profesor Enrique Antonio.

 

En 1938 y 1939 continúa estudios de primaria en Barranquilla, en el Instituto Cartagena de Indias, con el profesor Juan Ventura Casalins, ubicado en el Barrio Abajo.

 

En noviembre de 1939, toda la familia se traslada a Sucre.

 

En febrero de 1940 inicia estudios de primero de bachillerato en el Colegio San José de los Jesuitas, en Barranquilla.

 

En 1941, pierde segundo de bachillerato por enfermedad y lo repite al año siguiente, en el mismo Colegio San José. En esta época muestra condición de excelente dibujante y aparecen los primeros escritos en la revista Juventud, versos y crónicas que no son calificadas por García Márquez como sus inicios en la literatura.

 

En enero de 1943, producto de las dificultades económicas familiares, es enviado por sus padres a Bogotá, con el fin de presentarse al concurso nacional de becas del Ministerio de Educación.

 

Viaja desde Sucre en lancha por los ríos Mojana, San Jorge y Magdalena hasta Magangué, en donde aborda un barco procedente de Barranquilla, el David Arango.

Desembarca en Puerto Salgar, en donde aborda un tren que lo debe trasladar a Bogotá.

 

En este trayecto se le acerca un señor elegante, pasajero del barco en primera clase, quien le solicita la letra de un bolero que García Márquez interpretó en una de las francachelas nocturnas en la cubierta del barco.

Hay quienes dicen que el bolero era Perfidia, uno de sus favoritos.

 

No solo le copia la letra del bolero, también lo orienta en su aprendizaje.

 

En la Estación de La Sabana lo espera Eliécer Torres Arango, familiar lejano y quien haría las veces de su acudiente.

Contratan un zorrero para trasladar el voluminoso baúl y en la velocidad que el zorrero le imprime al vehículo, García Márquez conoce los efectos de la altura. Nadie se había tomado la molestia de explicárselo.

 

Ingresa a una humilde pensión y en las horas de la noche, al utilizar la cama, conoce el frío de las sábanas, convencido de que lo que estaban era mojadas.

 

Al día siguiente, al hacer la fila de interesados en las becas en el Ministerio de Educación, es abordado por un señor, que resultó ser el que le pidió la letra del bolero y quien le pregunta qué hace en la fila; García Márquez le responde que pretende obtener una beca y el señor le dice: “Pendejo, sal de la fila porque quien adjudica las becas soy yo”. Resultó ser Adolfo Gómez Támara, Jefe Nacional de Becas, costeño de Sincelejo y su novia, la del bolero, María Luisa Núñez.

 

Presenta exámenes con excelentes calificaciones y le es adjudicada la beca. García Márquez aspiraba al Colegio San Bartolomé, Gómez Támara le aclara que allí solo van los hijos de los ricos y los recomendados políticos, lo envía a hacer tercero bachillerato en el Liceo Nacional de Zipaquirá, matrícula que formaliza el 8 de marzo de 1943.

 

En un principio, durante estos años de bachillerato y primer año de carrera, su pasión era la poesía y sus primeros escritos aparecen publicados en la Gaceta Literaria.

 

1944 fue el año del primer cuento y los primeros poemas de García Márquez, con el apoyo del profesor de castellano y literatura, Carlos Julio Calderón Hermida. En esta época escribió con el seudónimo “Javier Garcés”.

 

El poema “Canción” se convirtió en la primera publicación literaria editada, en el suplemento literario de El Tiempo, el 31 de diciembre de 1944.

 

Hacia finales de cuarto bachillerato, en 1944, escribió su primer cuento “Psicosis obsesiva”, similar a “La metamorfosis” de Kafka, a quien solo leyó por primera vez, tres años más tarde.

 

Durante estos cuatro años de soledad en la fría Zipaquirá, en la práctica “se comió” la biblioteca del Liceo, hasta graduarse el 12 de diciembre de 1946 y se produce el regreso a Sucre.

 

En 1945, en visita a Sincé, Sucre, a donde vuelven a vivir sus padres, conoce a Mercedes Barcha Pardo, de 13 años de edad, nacida el 6 de noviembre de 1932 en Magangué, sus padres Demetrio Barcha y Raquel Pardo.

 

El 25 de febrero de 1947, presionado por sus padres, se matricula en Derecho en la Universidad Nacional de Bogotá, en donde alcanza a permanecer 14 meses, lee por primera vez “La metamorfosis” de Kafka y traba  amistad con Camilo Torres, Gonzalo Mallarino, Luis Villar Borda, Plinio Apuleyo Mendoza y Eduardo Santa.

 

Es en esta época que, en la práctica, decide ser un narrador y el 13 de septiembre El Espectador publica su primer cuento, “La tercera resignación”.

 

El 25 de octubre de 1947, El Espectador le publica su segundo cuento “Eva está dentro de su gato”, ilustrado por Enrique Grau.

 

El 17 de enero de 1948, el Espectador le publica su tercer cuento “Tubal – Caín forja una estrella”.

 

En la carrera 7ª Nº 14 – 55, a la 1:05 de la tarde del 9 de abril de 1948, Juan Roa Sierra disparó su revolver a bocajarro sobre la humanidad de Jorge Eliécer Gaitán y como reacción, se produjo el llamado “Bogotazo”, que generó violencia, cierre de la Universidad Nacional, incendio de la pensión en donde se alojaba García Márquez, razón por la cual el 29 de abril de 1948 viaja a Barranquilla, encuentra cerrada la Universidad, viaja a Cartagena el 20 de mayo de 1948, en donde el 17 de junio logra matricularse en la universidad.

 

Su amigo Manuel Zapata Olivella le presenta a Manuel Clemente Zabala, Jefe de Redacción del diario El Universal, de reciente fundación por Domingo López Escauraza.

 

Zabala, que había tenido oportunidad de leer los cuentos publicados en El Espectador, decide contratarlo como columnista y así nace uno de los mejores periodistas de la lengua y acaso su mejor reportero.

 

El 25 de mayo de 1948 publica su primer artículo, a la edad de 21 años y allí permaneció 20 meses, con sus 43 notas firmadas y muchas más sin firmas.

Este año ve nacer su cuarto cuento “La otra costilla de la muerte”.

 

En Cartagena se conforma su primer gran grupo de amigos: Manuel Clemente Zabala, Héctor Rojas Herazo, Gustavo Ibarra Merlano, Ramón y Óscar de la Espriella, Carlos Alemán, George Lee Bisswell Cotes y Santander Blanco Cabeza.

 

Con su gran amigo Gustavo Ibarra Merlano y con Rojas Herazo, se inventaron la llegada a Cartagena del gran poeta y novelista César Guerra Valdés, quien nunca existió.

En Cartagena escribe las primeras notas de “La casa”, novela que jamás terminó y en 1949 nace su quinto cuento “Diálogo con el espejo”, al igual que su sexto cuento, “Amargura para tres sonámbulos”

 

Por esta época, en un corto viaje que hace a Barranquilla, conoce a quienes vendrían a convertirse en sus mejores amigos: Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas Cantillo (hermano de Jorge), Álvaro Cepeda, Alejandro Obregón, José Félix Fuenmayor y el sabio catalán, Ramón Vimyes.

 

En marzo de 1949, una pulmonía lo obligó a trasladarse a Sucre, hogar de su familia, en donde permaneció mes y medio, tiempo que lo dedicó a la lectura y a estructurar los comienzos de “La hojarasca”.

Vuelve en mayo a Cartagena, se reincorpora a El Universal, con la columna “Punto y aparte”.

 

Álvaro Mutis y García Márquez tienen su primer contacto en Bogotá, en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Nacional y solo son presentados por Gonzalo Mallarino en Cartagena, hacia octubre o noviembre de 1949.

 

El 7 de octubre de 1949, con su columna dedicada a “Vida y muerte de Poe”, terminan las publicaciones en El Universal.

 

El 17 de diciembre de 1949 se traslada a Barranquilla y el 5 de enero de 1950, se vincula al diario El Heraldo e inicia su columna diaria titulada “La Jirafa”, seudónimo “Séptimus” y allí permanece tres años.

 

El 22 o 23 de marzo de 1950 conoce a Rafael Escalona.

 

En esta época, su crítica situación económica lo obliga a utilizar el hotelucho bautizado por sus amigos como “El Rascacielos”, utilizado por las prostitutas en su diario quehacer.

 

Por requerimiento de su padre Gabriel Eligio, regresa a Cartagena, a intentar continuar con los estudios de Derecho, se vincula de nuevo a El Universal y continúa con su columna en El Heraldo y de igual manera, lo hace con el diario La Crónica, de poca duración.

Crea el diminuto periódico, denominado “Comprimido” de ocho páginas, quinientos ejemplares por tirada que apenas duró del 18 al 23 de septiembre de 1951.

 

Escribe, según Héctor Rojas Herazo, los cuentos “Los cerezos de Yosanaf” y “El árbol que creció sobre un cadáver”

 

Antes de abandonar en forma definitiva los estudios, asiste a una clase con un duro profesor que le dice: ya que hoy tenemos visita poco frecuente del señor García, por qué no nos ofrece su opinión sobre el tema que hemos venido tratando y García Márquez, habilidoso y brillante le responde: profesor, creo que será mucho más interesante que usted lo expusiera y luego yo ofrecería mi opinión. El grupo de compañeros estalla en una sonora carcajada. No tenía la menor idea, producto de sus continuas inasistencias.

 

A finales de 1951 y enero de 1952, se dedica a viajar por las provincias del Magdalena, el Cesar y La Guajira, en compañía de su reciente amigo, Rafael Escalona, en plan de vender enciclopedias.

 

El vallenato se volvió parte de su ser y de su existencia diaria, música que iba a estar ligada a la concepción y a las fuentes de sus libros y a su especial amistad con Escalona.

Alguna vez le preguntaron sobre este tema, a lo cual respondió que Cien años de soledad era un vallenato de 415 páginas.

 

A partir de febrero de 1952 regresa a Barranquilla y se vincula de lleno a El Heraldo.

 

En 1952 en Barranquilla hizo la adaptación de la novela “Se han cerrado los caminos”, de la periodista barranquillera Olga Salcedo de Medina, para radio en 40 capítulos, transmitida por Emisora Atlántico.

 

Editorial Lozada de Buenos Aires le rechaza el manuscrito de La hojarasca y le recomienda dedicarse a otro oficio.

 

En esta época escribe los cuentos “Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles” y “Alguien desordena estas rosas”.

 

En octubre de 1953 se vincula al diario El Nacional en Barranquilla, de corta vida, dirigido por Álvaro Cepeda Samudio.

 

En 1954, gana el primer premio de la Asociación de Escritores y Artistas de Colombia, con su cuento “Un día después del sábado”

 

A finales de enero de 1954 y con la recomendación de su gran amigo Álvaro Mutis, quien le regala el pasaje, viaja a Bogotá y se vincula a El Espectador como comentarista cinematográfico, cronista y reportero. Llevaba en su equipaje los originales de “La casa” y de “La hojarasca”.

 

En este tiempo fueron importantes Eduardo Zalamea Borda, su apoyo permanente, lo mismo que Gonzalo González (Gog), nacido también en Aracataca. Allí García Márquez laboró 18 meses. Mutis trabajaba con la ESSO y tenía sus oficinas en el mismo edificio de El Espectador, en un piso superior.

 

En este año 1955 aparece “La hojarasca”, con carátula de Cecilia Porras, Editorial Sipa Ltda de Bogotá, con 4.000 ejemplares.

 

En julio de 1955 se ve obligado a viajar a Europa enviado por El Espectador, por amenazas provenientes del gobierno de Rojas Pinilla, producto de la publicación en 14 entregas, de la narración de lo ocurrido al marinero Luis Alejandro Velasco, único sobreviviente de la caída al mar de ocho marineros de un barco oficial que transportaba contrabando en su cubierta.

 

El 21 de noviembre de 1955, Semana publica un artículo sobre D’stéfano, que se convierte como en el acta de constitución del Grupo de Barranquilla, nombre que sin querer lo inventó Próspero Morales Pradilla:

Alfonso Fuenmayor, Gabo, Álvaro Cepeda Samudio, Germán Vargas Cantillo, Alejandro Obregón, Roberto Prieto, Eduardo Arango, Orlando Rivera, Ramón Vinyes, José Félix Fuenmayor, Jorge Rondón, Rafael Marriaga, Enrique Scopell, Alfredo Delgado, Bernardo Restrepo Maya, Juan B. Fernández Renowitzlky, Julio Mario Santodomingo, Escalona, Alfonso Carbonell, Adalberto Reyes, Néstor Madrid-Malo.

 

Años después, convirtió las 14 entregas en un libro titulado “Relato de un náufrago”, quien estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de la belleza, hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre”.

García Márquez tuvo el gesto de ceder los derechos a favor del náufrago Luis Alejandro Velasco.

 

En su viaje a Europa lleva una corta recomendación para Fernando Birri, quien hacía 5 años vivía en Roma, cineasta y quien lo vincula a un estudio de cine, aunque no le dieron oportunidad de iniciarse en el tema, hecho que le hubiese desviado de la actividad de escritor.

 

En diciembre de 1955 llega a París, se instala en el Hotel de Flandre, frecuenta la Rue Cujas del Quartier Latin, calle de hoteles que hospedaron gran cantidad de latinos exiliados y autoexiliados, conocida como “la tribu de los Cujas”, época de los dictadores en América Latina: Rojas Pinilla en Colombia, Juan Domingo Perón en Argentina, Manuel Odría en Perú, Anastasio Somoza en Nicaragua, Rafael Leónidas Trujillo en Santo Domingo, Fulgencio Batista en Cuba y Pérez Jiménez en Venezuela.

 

En este año 1956 empieza la redacción de “El coronel no tiene quien le escriba”, trabaja de noche y duerme de día, según sus propias palabras, para confundir el hambre.

 

En París nacen dos amistades: Plinio Apuleyo Mendoza, su amigo de toda la vida y quien se constituyó en su primer gran amor, Tachia Quintana.

Rojas Pinilla cierra El Espectador, le suspenden los giros, trabaja poco con El Independiente, nuevo periódico que también fue cerrado, se ve obligado a recoger botellas y periódicos para venderlos y sobrevivir. Tachia queda embarazada, pero lo culmina con un aborto, se vió precisado a cantar rancheras a dúo con el pintor venezolano Jesús Soto en L’ Escala, club nocturno de La Rue Monsieur le Prince. Ganaba por noche un promedio de 500 francos, algo más de un dólar.

 

Su crisis económica lo llevó a lanzar gritos de angustia, dirigidos a Álvaro Mutis y Germán Vargas en Bogotá, Rodrigo Arenas Betancourt en México, Plinio Apuleyo Mendoza en Caracas y Alfonso Fuenmayor, Álvaro Cepeda Samudio y Alejandro Obregón, en Barranquilla.

 

Plinio responde con publicaciones de García Márquez en la revista Élite, sus amigos de Barranquilla se reúnen y le compran un billete de 100 dólares y en La Librería Mundo de Jorge Rondón, quien como miembro del partido comunista, había aprendido en Bogotá a camuflar dinero en una tarjeta postal, se la enviaron y al tiempo le hacen llegar una carta en donde le explican el camuflaje. García Márquez ya había recibido la tarjeta postal y pensó: estos cabrones, qué ayuda. Logró rescatar la postal de la basura.

 

El dinero se lo envían en la postal que decía “Marica, tu allá aguantando frio y nosotros aquí chévere, viendo palmeras, tomando ron blanco y gozando del calor” firmado “Mamadores de gallo de La Cueva”. Como no le explicaron que el billete iba en la postal, le escribieron “Como tú eres bruto, seguramente no has notado que la tarjeta postal es un sándwich que, en lugar de jamón, tiene en la mitad un billete de cien dólares”

 

A finales de 1956 dejó el Hotel de Flandre en el Barrio Latino y se trasladó a la Rue d’ Assas, donde compartió una chambre de bonne con Tachia Quintana.

 

En enero de 1957 terminó “El coronel no tiene quien le escriba”.

En mayo de 1957, desde París, con Plinio y su hermana Soledad, viajan a las Alemanias, Checoslovaquia, Rusia, Hungría e Inglaterra.

 

El 23 de diciembre de 1957 viaja a Caracas y se vincula a la revista Momentos, con el seudónimo “Gastón Galdos”

Escribe para el Nacional, Élite, Jefe de Redacción de Venezuela Gráfica.

 

Escribe los cuentos “La siesta del martes”, “En este pueblo no hay ladrones” y “Un día de estos”.

 

En Caracas en el segundo semestre, escribe Los Cuentos “La viuda de Montiel”, “La prodigiosa tarde de Baltazar” y “Rosas artificiales”.

 

La revista Mito de Bogotá, publicó “El Coronel”.

Reproducen el texto la revista Cromos y el Semanario Sucesos.

 

García Márquez y Mercedes Raquel Barcha Pardo, nacida en Magangué el 6 de noviembre de 1932, se casan el 21 de marzo de 1958 en Barranquilla.

 

Las mujeres de García Márquez:

Mercedes Barcha, el cocodrilo sagrado

Luisa Santiaga Márquez, su madre

Tranquilina Iguarán Cotes, su abuela, historia fantástica y su cara de palo

Francisca Cimodosea Mejía, la tía que lo crió

Juana de Freites, caraqueña que le salvó la vida y lo contaminó de cuentos de hadas.

Rosa Elena Férguson, la maestra que le enseñó a amar la poesía.

Virginia Woolf, la dama inglesa que le dio tantas claves para concebir su universo literario.

 

Renuncia a Momentos por discrepar con el dueño por la visita de Richard Nixon, Vicepresidente de EU y el 20 de junio de 1958 se vincula a Venezuela Gráfica y a Élite.

 

El 1º de enero de 1959 cae Bautista en Cuba.

El 18 de enero de 1959 García Márquez y Plinio viajan a Cuba en un avión para periodistas y allí presenciaron el juicio de Sosa Blanco, condenado a muerte por la revolución castrista.

 

Regresan a Caracas y se vinculan a la Agencia Cubana de Noticias denominada Prensa Latina, con sede en Bogotá, para contrarrestar la información periodística norteamericana. A su alrededor se desarrolló una gran actividad de izquierda, que ventilaban en la revista Acción Liberal, en dirección compartida y en el Semanario La Calle.

 

En 1959 escribe el cuento “Los funerales de la mamá grande”. En Lecturas Dominicales de El Tiempo aparece publicado el cuento “La siesta del martes”, con ilustraciones de Fernando Botero.

 

El 24 de agosto de 1959 nace su primer hijo Rodrigo, apadrinado por Plinio y bautizado por Camilo Torres. Este último le pide el favor de que le de posada a un ladrón protegido por él.

 

García Márquez, Camilo y Gonzalo Mallarino conforman un grupo literario, en donde el periódico liberal “La Razón” les cedió una página semanal, más que todo orientada a la poesía.

 

En septiembre de 1960, Jorge Ricardo Massetti, director de Prensa Latina (PRELA), lo traslada de Bogotá a Cuba, viaja a La Habana vía Barranquilla, con pequeña escala en Camaguey, oportunidad en que conoce a Fidel.

 

Nace una estrecha amistad con Massetti y Rodolfo Walsh, escritor argentino. García Márquez vivió tres meses en La Habana y allí recibió consejos literarios de Félix B. Caignet, famoso autor de radionovelas como El derecho de nacer.

Allí empieza a sentir la presión de los comunistas cubanos, denominados “mamertos”, en el manejo de la información en Prensa Latina.

 

A finales de diciembre de 1960 viaja a México a visitar a Álvaro Mutis, recién salido de la cárcel de Lecumberri, después de permanecer 16 meses, pernocta 3 días y empieza a vislumbrar la posibilidad de radicarse en México.

 

El primero de junio de 1961, García Márquez y familia viajan a New York, todavía como empleado de Prensa Latina, con la intención de instalarse en Canadá, permanecen 6 meses, en un momento crítico producto de la radicalización de Cuba.

 

En 1961, Aguirre Editor publica en Colombia “El Coronel no tiene quien le escriba”

 

En junio de 1961, renuncia a Prensa Latina y con 200 dólares en el bolsillo, se sube con su familia en un bus de la Greyhound, rumbo a Nueva Orleans, a donde Plinio le hace llegar 150 dólares, desde Bogotá.

 

El 26 de junio de 1961, llega a la Estación Central de ciudad de México, con 20 dólares en el bolsillo, en donde lo espera su amigo del alma, Álvaro Mutis. Desde un comienzo su intención era permanecer en México poco tiempo.

Todo parece indicar que, por su paso por Prensa Latina y su posterior renuncia, es repudiado por Cuba.

 

En México sufre dificultades económicas hasta  que Gustavo Alatriste, por recomendación de Mutis, lo contrata para trabajar en las revistas de información frívola “La Familia” y “Sucesos para todos”, obligada decisión que lo afectó en lo emocional, por la poca calidad literaria de las revistas. Condicionó su actividad a que no figurasen, ni su nombre, ni su firma.

 

En este año 1961, “La mala hora” gana en Bogotá el concurso ESSO, con premio de 3.000 dólares, la Universidad Veracruzana publica el libro de cuentos “Los funerales de la mamá grande” y reedita “El Coronel no tiene quién le escriba”.

 

En 1962, además de publicar “La mala hora” con 5.000 ejemplares, el 6 de abril nace Gonzalo.

 

En 1963 renuncia a la revista, se vincula por poco tiempo con la Agencia de Publicidad Walter Thompson y con otras agencias, a la cual renuncia en septiembre de 1963.

 

Comienza a trabajar con el productor Barbacharo Ponce, en la adaptación de “El gallo de oro”, con argumento de Juan Rulfo.

 

A finales de 1963 conoce a Carlos Fuentes, quien resultó factor decisivo y definitivo para el presente futuro de García Márquez. Ambos redactaron el guión de “El gallo de oro”, que resultó un completo fracaso.

 

A finales de 1964 reescribe su primer guión original, “Tiempo de morir”, que también resulta un fracaso y en octubre del mismo año, le llega el momento memorable en el cine, cuando filman “En este pueblo no hay ladrones”, que se estrena el 9 de septiembre de 1965, considerada una de las mejores películas del momento.

 

García Márquez se encuentra en un bloqueo literario, cuando conoce a José Donoso, en una fiesta organizada por Fuentes.

Después de la fiesta, recibe dos visitas de trascendencia para el regreso de García Márquez a la literatura y el vuelco radical que daría su vida: Luis Harss, joven mitad chileno, mitad norteamericano a quien había conocido en New York en 1961, preparaba un libro de entrevistas con novelistas latinoamericanos de primera línea, quien entrevista a García Márquez por sugerencia de Fuentes, entrevista que se convirtió en un fuerte estímulo para García Márquez, al ser incluido en tremenda lista de escritores: Asturias, Borges, Carpentier, Cortázar, Vargas Llosa, etc.

 

La segunda visita, Carmen Balcells, con quien firma un contrato el 7 de julio de 1965, para que lo represente en todos los idiomas, a ambos lados del Atlántico.

 

Cumplida esta visita García Márquez y familia toman unas vacaciones y se dirigen a Acapulco, por el camino se le viene a la mente la frase “muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento”, García Márquez le dice a Mercedes: “encontré el tono”.

Unos dicen que de inmediato se devuelve a México, otros que en Acapulco empieza a tomar notas, en todo caso ya de regreso en su casa inicia la creación y desarrollo de “Cien años de soledad”, en su estudio que lo bautizó “La cueva de la mafia”. Allí se entrega a su trabajo durante 18 meses, entre julio de 1965 y noviembre de 1966.

 

Los seis personajes principales de la novela: José Arcadio Buendía, fundador de Macondo, Úrsula su esposa, sus hijos José Arcadio, Aureliano y Amaranta y el gitano Melquíades.

 

En la primera semana de septiembre de 1965 renuncia a su empleo remunerado en la Agencia de Publicidad.

 

Harss viaja por varios países latinoamericanos, llega a Buenos Aires y su contacto en Editorial Suramericana era Paco Porrúa, a quien le habla de García Márquez para mostrar interés en publicar el libro en proceso.

 

A principios de 1966 se agota el dinero, vende el vehículo Opel blanco y agotado este dinero, Mercedes empeña la tv, la nevera, el radio, etc y logra que le fíen la carne.

 

Al dedicarse de lleno, deja de escribir de noche, pasa a escribir de día y Mercedes, además de esposa, madre y ama de casa, se convierte en recepcionista, secretaria y gestora de sus asuntos, sin imaginarse que lo sería para siempre.

 

Debían 8 meses de renta y cuando habían transcurrido 3 meses, Mercedes habló con el dueño, por teléfono, le respondió que no solo le debían 8 meses, que le iban a deber otros meses más, suspende la conversación y le pregunta a García Márquez en cuanto tiempo cree que termina el libro y García Márquez le responde que en 5 o 6 meses, el dueño le dice que los va a esperar y que aspira a que en ese tiempo le cancelen la totalidad. A los seis meses pudieron cancelarle la totalidad de lo adeudado.

 

Esperanza (Pepa) Araiza, la mecanógrafa, encargada de pasarle las hojas a limpio, con el manuscrito del libro en la mano, en medio de un aguacero la atropella un bus y las hojas del manuscrito terminan en medio de un charco de aguas lluvias.

 

A las 2 a.m. de cualquier día, termina la novela, sube a la habitación donde Mercedes duerme, se tira en la cama y llora durante cerca de dos horas.

 

Antes de terminar la novela, viaja a Colombia a presentar la película “Tiempo de morir”, en el Festival de Cine de Cartagena, el primero de marzo de 1966, película que gana el primer premio.

 

Aprovecha la venida, viaja a Bogotá y Barranquilla, se ve con Plinio Apuleyo Mendoza y Álvaro Cepeda Samudio, vuelve a Aracataca, asiste a un festival vallenato después de diez años, acompañado de Cepeda, López Michelsen, Daniel Samper, Germán Vargas, Enrique Santos Calderón y del corresponsal de El Tiempo, quien escribe una crónica detallada del viaje.

 

Termina el libro y antes de enviar el manuscrito a Editorial Suramericana, le hace llegar una copia a Germán Vargas, quien escribe un artículo titulado “Un libro que hará ruido”, lo publica en el semanario “Encuentro Liberal” de Bogotá. Plinio recibió una copia del libro en Barranquilla, lo lee y se lo entrega a Cepeda.

 

El Espectador publica el primer capítulo y Fuentes recibe los tres primeros capítulos y se los cede a Cortázar, al igual que el segundo capítulo a Emir Rodríguez Monegal para que lo publicase en la primera edición de la revista literaria “Mundo Nuevo” que se imprime en París en agosto de 1966.

 

A comienzos de agosto de 1966, García Márquez y Mercedes se dirigen a la oficina de Correos, para enviar a Buenos Aires el manuscrito de 490 páginas mecanografiadas.

 

El funcionario responde que son 82 pesos, Mercedes busca en su cartera y solo encuentra 50 pesos, García Márquez le solicita al funcionario que elimine hoja por hoja, como si fuesen lonjas de jamón, hasta completar en la báscula 50 pesos. Envían un primer paquete que resulta ser la segunda parte del libro, vuelven a su casa, empeñan la estufa, el secador de pelo y la licuadora y así logran enviar el segundo bloque. En ese momento Mercedes le dice: “oye Gabo, ahora lo único que falta es que esa novela sea mala”.

 

García Márquez siempre mantuvo la actitud de no revelar los detalles más inocentes de su vida, siempre quiso ejercer el control sobre las versiones de su vida que se contaban, o difundir varias versiones, de modo que ninguna pudiese contarse, como para cubrir de una vez por todas los sentimientos de pérdida, traición, abandono e inferioridad que heredó de su niñez.

 

Uno o dos meses antes de terminar el libro, Editorial Suramericana le envía un mensaje con el cual le pregunta si es posible publicar sus cinco libros. García Márquez responde que no es posible porque están comprometidos con amigos suyos, pero que estaba cerca de terminar una nueva obra y que estaba dispuesto a enviársela. Suramericana le envía un contrato acompañado de 500 dólares.

 

El 30 de mayo de 1967 el libro sale de imprenta, 352 páginas, precio de venta $650, us$2, carátula de Vicente Rojo.

La idea inicial era una tirada de 3.000 ejemplares. Sin embargo, el entusiasmo desbordante de Fuentes, Vargas Llosa y Cortázar, además de la propia insistencia de Porrúa generan aumentar a 5.000.

Sin embargo, la demanda previa de libreros ascendía a 8.000, antes de llevarlo a la imprenta. A la semana de estar en la calle, el libro había vendido 1.800 ejemplares. Al final de la segunda semana esa cifra se triplicó solo en Buenos Aires.

La segunda, tercera y cuarta edición aparecieron en junio, septiembre y diciembre, cada una por 20.000 ejemplares.

La novela apareció en México el 2 de junio, seis años después de que la familia llegara al país.

El primero de agosto de 1967 García Márquez viaja a Caracas, al XIII Congreso Interamericano de Literatura Iberoamericana y a la entrega del premio Rómulo Gallegos.

Por coincidencia de los vuelos de Londres y México, aterrizan a la misma hora, oportunidad que les permite conocerse con Mario Vargas Llosa, con quien sostenía contacto por correo, encuentro que, al consolidar la amistad, los llevó a pensar en escribir una novela a cuatro manos sobre la guerra tragicómica Colombia-Perú.

 

Además de su mutua admiración, un extraño paralelismo los unía: Ambos criados por sus abuelos maternos con todas sus complacencias, niños mimados y caprichosos que pierden el paraíso de su infancia  a los 10 años, ambos conocieron tarde a sus padres y su relación de desencuentro, entre otras razones porque se opusieron a la vocación de sus hijos, ambos estudian en colegios religiosos y cursan bachillerato internos en centros de régimen monacal o castrense, ambos abrazan la literatura como refugio, ambos encuentran en el teatro y la poesía los pilares iniciales de su formación literaria y escriben versos en su adolescencia, publican su primer cuento a la misma edad, ambos leen con fervor a Dumas, Tolstoi, Rubén Darío, Faulkner, Borges y Neruda, ambos empiezan a ganarse la vida en periódicos de provincia, en condiciones muy precarias, ambos llegan muy jóvenes a Europa, atraídos por el mito literario de París, donde siguieron viviendo del periodismo en medio de las mayores dificultades, ambos pueden seguir escribiendo sus libros en las buhardillas que los mismos esposos monsieur y madame Lacroix les fían durante meses, ambos ven rechazadas sus primeras novelas, por la misma editorial de Buenos Aires, Editorial Lozada, los dos eluden siempre la militancia política en partidos de izquierda y defensores confesos de la revolución cubana, ambos amigos y delfines de Neruda e hijos predilectos de Carmen Balcells.

 

El 12 de agosto de 1967 García Márquez y Vargas Llosa viajan a Bogotá, en donde todavía no conocían la novela. Siempre García Márquez fue más apreciado y valorado fuera del país. En Bogotá son atendidos por Manuel Zapata Olivella, Jorge Zalamea y León de Greiff.

García Márquez y Vargas Llosa viajan al Perú a apadrinar un hijo de este último, de nombre Gabriel Rodrigo Gonzalo.

 

En septiembre de 1967 viaja a Cartagena y Valledupar, acompañado de Cepeda y Escalona, en donde Consuelo Araújo Noguera realiza el Festival Vallenato.

 

Antes de este viaje estuvo en Argentina como jurado del Premio de Novela Prima en donde su llegada fue apoteósica.

 

En octubre de 1967 García Márquez todavía no tenía una buena relación con su padre. Siempre lo sintió como un padrastro, siempre tuvo la impresión de que su padre era su abuelo Nicolás.

 

En 1968 García Márquez y su familia viajan a España, permanecen poco menos de una semana en Madrid y luego a Barcelona que, como en México, piensan en una estadía corta y permanecen allí seis años.

Se aleja del periodismo y de los políticos por la censura y se dedica a escribir “El otoño del patriarca”.

 

A muchos sorprendió el viaje de García Márquez a España, por considerar que no era sitio para un hombre de izquierda, que además odiaba a Franco, pero lo atrajo su declive y para quien escribió “El otoño del patriarca”.

 

Además Carmen Balcells vivía en Barcelona y esta ciudad se convirtió en el centro mismo de apoyo editorial que vivió la ficción latinoamericana en la década de los sesenta.

 

Rosa Regás, escritora española, les presenta a quienes serían sus mejores amigos: Luis y Leticia Feduchi, madrileño y malagueña, y tres hijos de la edad de Rodrigo y Gonzalo.

 

En abril y mayo de 1968 viajan a París y allí se produce el reencuentro con Tachia, su antigua compañera de afectos.

 

En septiembre de 1968 conoce a Cortázar y allí en París nace una amistad.

 

A finales del verano de 1968, Juan Marsé fue nombrado miembro extranjero del jurado del IV Concurso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), quienes iban a premiar al poeta y presunto contrarrevolucionario Heberto Padilla y al de teatro, al dramaturgo homosexual Antón Arrufat, decisión que hace estallar una crisis de credibilidad sobre el respeto hacia la libre expresión, cuando las autoridades secuestran al jurado para presionarlos, en un intento de hacerlos modificar la elección de los ganadores, situación que generó el rechazo de la mayoría de escritores latinoamericanos.

Marsé, durante una fiesta en Barcelona con sus amigos, contó la historia de lo ocurrido, que produjo una fuerte reacción de García Márquez por considerar que el jurado había incurrido en una gran equivocación.

Consecuencia de esta crisis se produjo el alejamiento de Cuba de Plinio Apuleyo, Vargas Llosa, Fuentes, Cabrera Infante y Donoso.

Solo continuaron cercanos a Cuba García Márquez y Cortázar.

Años después García Márquez intercedió con éxito a favor de Padilla, ante Fidel.

 

Para Rodrigo García Barcha, en esta época la unión familiar se consolidó más que nunca, en donde se le dio peso a los valores humanos, en especial el de la amistad, fue una educación muy humanística, “nos criaron en donde todo era culpa del gobierno o de los EU, nunca tuvimos el menor asomo de educación religiosa, a pesar de que a mí me bautizó Camilo Torres. Mis padres eran muy estrictos con los modales, con la educación, con la puntualidad, había que sacar buenas notas”.

 

En esta época García Márquez dejó de fumar, consecuencia de una conversación con su amigo Luis Feduchi y después de fumar hasta 80 cigarrillos al día, desde los 18 años.

 

En 1969 la Universidad de Columbia de Nueva York le otorga el título de Doctor Honoris Causa en Letras.

 

En 1970 se publica el libro “Relato de un náufrago”, conformado por los 14 capítulos del reportaje a Luis Alejandro Velasco, que como quedó escrito, García Márquez le cedió los derechos económicos a Velasco, quien en año posterior lo demandó, el juez falló a favor de García Márquez y le excluyó los derechos a Velasco, quien años después falleció de cáncer, no sin antes ofrecerle disculpas públicas a García Márquez.

 

En enero de 1970, “Cien años de soledad” fue nombrada la mejor novela extranjera de 1969 en Francia, contra el pronóstico de García Márquez, que siempre fue escéptico.

 

En junio de 1970 The Times, el periódico más conservador del mundo entero, dedicó una página entera al primer capítulo de “Cien años de soledad”.

 

En diciembre de 1970 el New York Times eligió la novela como uno de los doce libros del año: era el único título de ficción.

 

En esta época conoce a Pablo Neruda y su esposa Matilde. Mercedes le pide un autógrafo a Neruda, que dormía la siesta en la cama de García Márquez y Mercedes. García Márquez le dice a Mercedes: “No seas lagarta”. Neruda escribe: “A Mercedes, en su cama”. García Márquez miró la dedicatoria y dijo: “Esto queda como sospechoso” y agregó Neruda: “Para Mercedes y Gabo, en su cama”. García Márquez se quedó pensando y dijo: “La verdad es que ahora está peor” y agregó al final: “Fraternalmente, Pablo”. Muerto de risa comentó: “Quedó peor que al principio, pero ya no hay nada que hacer”.

 

García Márquez, Cortázar, Goytisolo, Fuentes y Donoso, junto con sus esposas, fueron a comer a un restaurante típico, La Font dels Ocellets en el barrio Gótico. Allí se estilaba que los clientes anotaran sus pedidos en una hoja impresa, pero todos estaban tan absortos en la conversación que, al cabo de un rato el impreso seguía en blanco y el camarero se quejó al propietario del local. Este, que además sabía de quienes se trataba, salió de la cocina con cara de pocos amigos y con un marcado sarcasmo catalán, dijo la inmortal frase: “¿Alguno de ustedes sabe escribir?” Se hizo el silencio, en parte divertido. Al cabo de un momento Mercedes repuso: “Yo, yo sé” y empezó a leer la carta en voz alta y pidió la comida para todos. Su serenidad ante el ataque fue proverbial.

 

A mediados de enero de 1971, los García Barcha viajan a Barranquilla, a pesar de que los hijos sienten más la lejanía de México.

En principio se hospedan en la casa de Álvaro Cepeda y Tita, aunque Cepeda estaba de viaje en Nueva York por chequeos médicos.

 

Juan Gossaín los recibió y pudo dar fe de la intención de García Márquez de volver a ser reportero.

 

Los acompañó el periodista mexicano Guillermo Ochoa, quien en el primer artículo se interesó por Luisa Santiaga, inspiradora de Úrsula Iguarán, a quien le preguntó cuál había sido su mayor satisfacción en la vida, a lo que respondió: “tener una hija monja”.

En otra oportunidad un periodista le preguntó a Luisa Santiaga a que le atribuía la inteligencia, la capacidad intelectual de su hijo, a lo que respondió que, cuando estaba embarazada de Gabo, tomó Emulsión de Scott.

 

La primera semana de abril de 1971, García Márquez y Mercedes, sin los hijos, viajan a Caracas. En este momento García Márquez tenía la preocupación sobre la suerte de Heberto Padilla, a quien el 20 de marzo el gobierno cubano había arrestado, acusado de actividades subversivas con la CIA.

 

Sartre, Simone de Beauvoir, Goytisolo, Vargas Llosa y Plinio Apuleyo Mendoza escribieron una carta de protesta dirigida a Fidel Castro, en la cual declaraban que, si bien apoyaban los principios de la revolución, no podían tolerar la persecución “stalinista” de los escritores e intelectuales. Plinio hizo incluir el nombre de García Márquez sin su autorización, quien hizo retirar su nombre, pero el daño ya estaba hecho en su relación con Cuba, a lo cual hubo que sumar las dificultades que afrontó con todos los amigos que mantuvieron la firma. Se produjo la crisis más importante en el panorama literario del siglo XX, crisis que dividió a los intelectuales latinoamericanos y europeos durante décadas.

Como paradoja, en diciembre de 1971, Seix Barral preparó y publicó el libro “García Márquez: historia de un deicidio”, escrito por Vargas Llosa, quien no autorizó una segunda edición del libro durante treinta y cinco años.

 

Mientras Fidel enfurecía cada vez más, García Márquez logró angustiado ofrecer una reacción pública más serena y mesurada en una entrevista preparada con cuidado con el periodista de Barranquilla, Julio Roca: que si bien el tema Padilla había perjudicado la imagen de la Revolución, insistió en que nunca firmó la carta y que a Fidel lo habían tergiversado con malevolencia, declaró su apoyo a Cuba e insistió en que si en Cuba hubiese elementos estalinistas, Fidel sería el primero en rechazarlos.

 

Este intento salomónico de García Márquez no convenció a nadie, recibió críticas de todos lados, hasta el punto que Goytisolo manifestó: “con su consumada pericia de escurrir el bulto” y para completar, antes del tema Padilla había recibido una invitación de la Universidad de Columbia en Nueva York, para hacerle entrega del doctorado honoris causa, a principios de junio de 1971, a sabiendas que Neruda y Fuentes habían sido excomulgados por la Revolución por algo similar, pero con habilidad García Márquez acepta el homenaje, pero rechaza el régimen norteamericano, aunque no fue suficiente para evitar entrar en desgracias con Cuba, por lo menos durante dos años.

 

Una controversia planteada por Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel 1967, a raíz de unas declaraciones sobre posible plagio de Cien años de soledad, fue utilizada por García Márquez con habilidad para suavizar la tensión con Fidel.

El 9 de julio de 1971 la familia García-Barcha viaja de Barranquilla a México.

Habían permanecido en Colombia 6 meses. García Márquez se convirtió en hijo predilecto de México, venido de afuera, un mexicano honorífico.

 

A finales de septiembre de 1971, la familia García Barcha viaja a Barcelona, desde México, con escalas en nueva York, Londres y París. Allí se dedica de lleno a terminar “El otoño del patriarca”.

 

En octubre de 1971 se produce la gran alegría para la izquierda tradicional, al concederle a Pablo Neruda el Nobel de Literatura, celebración privada, a la que asistieron García Márquez y Mercedes. Además de Neruda, el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, el poeta chileno Roberto Matta, el escritor Jorge Edwards, el intelectual francés Régis Debray y el gran fotógrafo Henri Cartier – Breison.

 

En 1972 García Márquez gana el Premio Rómulo Gallegos, que lo había ganado Vargas Llosa en 1967, dona el premio al partido venezolano disidente denominado Movimiento al Socialismo MAS, liderado por su amigo Teodoro Petkoff. Esta acción fue criticada desde todas partes.

 

A mediados de agosto de 1972 García Márquez viaja a Nueva York a visitar a Álvaro Cepeda, en tratamiento para el cáncer, quien fallece el 12 de octubre de 1972.

 

En este año 1972, se publica el libro de cuentos “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada”

 

El 31 de marzo de 1973, García Márquez y Mercedes viajan de Barcelona a París, a la boda de Tachia y Charles.

 

En el mismo 1973 García Márquez recibe el premio Neustadt, que se concedía por la Universidad de Oklahoma.

 

Mercedes e hijos viajan a Barcelona para iniciar año escolar y García Márquez viaja a Colombia en donde, sentado frente al televisor, conoce de la muerte de Salvador Allende, presidente en ejercicio de Chile, muerte violenta orientada por Augusto Pinochet.

 

El telegrama que García Márquez le envía a la Junta Militar para responsabilizarlos de la muerte de Allende, se convierte en la primera acción política de un nuevo García Márquez, socialista internacional en contra de la hegemonía y el imperialismo estadounidense.

Estaba más convencido que nunca de que la senda cubana era el único camino viable para que América Latina alcanzara la independencia política y económica, pero una vez más estaba distanciado de Cuba.

En 1973 publica “Cuando era feliz e indocumentado”, relatos y crónicas aparecidas en los medios venezolanos durante su estancia en Caracas en 1958.

En este momento García Márquez anunció que entraba en huelga de escritor hasta la caída de la Junta Militar en Chile.

 

Al final del verano, García Márquez y Mercedes, sin los hijos, quienes se negaron a viajar y quedaron a cargo en Barcelona de la empleada de una pareja de amigos de apellidos Franchi y de Carmen Balcells, viajan a Londres, a aprender inglés y allí García Márquez decide que es hora de volver a Cuba, contacta al escritor Lisandro Otero, amigo de Régis Debray, quien sirve de intermediario entre García Márquez y el Ministro de Relaciones Exteriores Cubano, Carlos Rafael Rodríguez, quien responde que ya es hora de que García Márquez vaya a Cuba.

 

En 1974 funda en Colombia la revista “Alternativa”, se publica el libro de cuentos “Ojos de perro azul”, un volumen con los cuentos escritos entre 1947 y 1954.

En marzo de 1975 se publica en Barcelona, por Plaza & Janés, “El otoño del patriarca”, 500.000 ejemplares de tapa dura. En junio publica Plaza & Janés los cuentos completos.

 

En cierto sentido es “El otoño del patriarca” y no “Cien años de soledad”, la obra decisiva de la carrera de García Márquez como escritor, porque en ella se compendian todas sus otras obras. Para García Márquez es la más importante porque es un retrato del propio García Márquez y el hecho de que escribió el libro para demostrarse a sí mismo su condición de autor, tras el éxito de “Cien años de soledad”.

A partir de este momento concentra toda su atención en Castro.

 

Estaba reunido en Londres con Lisandro Otero, con Matta, en casa de Brahim, embajador de Argelia, cuando un sirviente entregó a García Márquez un mensaje, de Carmen Ballcells, quien acababa de llegar de Barcelona, con cinco ejemplares de “El otoño del patriarca”, recién salidos de la imprenta. García Márquez tomó una pluma y dedicó cada libro a Fidel, Raúl, Carlos Rafael Rodríguez, Raúl Roa y Otero, quien dice que con este gesto oficializó su adhesión de manera inequívoca a la revolución cubana.

 

En junio de 1975, viajó a Lisboa a una reunión del Tribunal Russel, apoyó la revolución portuguesa, a la revolución militar peruana, ofició una opinión política que molestó a Vargas Llosa.

Viajó a Panamá a entrevistar al General Torrijos, quien se convirtió en uno de sus mejores amigos, quien había iniciado una campaña para restituir el Canal de Panamá.

 

En julio de 1975 viajó a Cuba con Rodrigo y fueron bien recibidos, les permitieron hablar con quienes quisieron, sobre cualquier tema. García Márquez escribió tres despachos memorables que combinaban con maestría halagos grandiosos con pequeñas críticas, con la intención de demostrar que las autoridades podían contar con un jugador de altos vuelos, con unas manos sumamente fiables.

 

En el verano la familia se reunió en México, adquirieron una casa en el sur de la ciudad, en la Calle Fuego, en la zona del Pedregal del Ángel, detrás de la Universidad Nacional, vivienda que mantienen 30 años después.

Rodrigo dice que siempre vuela a México y no a Colombia, como si sus padres se hubiesen hecho mexicanos, se establece por su cuenta y al final se marcha de México.

Gonzalo también intenta hallar su propio camino, agobiado por el peso de sus apellidos.

 

En noviembre de 1975, en Bogotá explota una bomba en “Alternativa”, atribuida a una banda paramilitar, en el momento en que la revista denuncia problemas de corrupción en la cúpula del ejército.

García Márquez declara que, al negarse López Michelsen a cerrar “Alternativa”, el ejército toma represalias, aludió al Ministro de Defensa General Camacho Leyva, quien a su vez acusa a “Alternativa” de simpatizar con el M-19.

El 21 de octubre de 1975, Franco sufre un ataque al corazón, el Príncipe Juan Carlos es nombrado Rey de España el 22 de octubre y se inicia una transición a la democracia.

El 10 de noviembre de 1975, Angola se independiza de Portugal, las fuerzas marxistas del MPLA, apoyadas y ayudadas por consejeros rusos, se alinearon en contra de UNITA de Jonás Savimbi, quien contaba con el respaldo de EU.

 

El 11 de noviembre de 1975 Cuba anuncia el envío de miles de soldados a Angola, donde permanecen 13 años, oportunidad de García Márquez para demostrar lo que un periodista de fuste podía hacer por la revolución.

 

El 12 de febrero de 1976 en México, en el estreno de la versión cinematográfica de La odisea de Los Andes, Vargas Llosa que había escrito el guión, se encontró con García Márquez, quien abrió los brazos, lo saludó y exclamó “hermano” y sin mediar palabra, Vargas Llosa lo derribó de un fortísimo puñetazo en la cara. Con García Márquez tendido en el suelo seminconsciente, tras haberse golpeado la cabeza al caer, Mario le grita algo parecido a “esto es por lo que le dijiste o por lo que le hiciste a Patricia”.

Solo García Márquez y Vargas Llosa saben qué ocurrió. Mercedes nunca perdonó a Vargas Llosa.

 

Para la posteridad, quedaron a la vista fotografías de García Márquez con el ojo morado.

 

En marzo de 1976 García Márquez vuelve a Cuba, le propone a Carlos Rafael Rodríguez hacer una crónica épica de la expedición cubana a Angola, Rodríguez le transmite la idea a Fidel, a quien le agradó la propuesta, García Márquez viaja a Angola y a su regreso, hace escala en La Habana, Fidel se entera y le llega al hotel, en donde permanecen cerca de 2 horas.

Al llegar García Márquez al aeropuerto, los periodistas le preguntan qué temas de trascendencia tocaron y respondió que todo el tiempo intercambiaron opiniones sobre culinaria.

 

García Márquez publica el artículo “Operación Carlota: Cuba en Angola”, con el cual García Márquez defiende con vehemencia la actuación de Cuba en defensa de los intereses de Angola, tema que es del agrado de Fidel y Raúl, que los acerca con simpatía de Fidel hacia García Márquez y que en la práctica se convierte en el inicio de la gran amistad que García Márquez cultiva hasta su muerte.

 

En dos o tres oportunidades anteriores hubo algunos acercamientos entre los dos, que no pasaron a mayores, de tal forma que el año 1977 marca en la vida de ambos el nacimiento de una amistad que creció con los años, criticada por muchos, como fue el caso de Vargas Llosa, quien acusó a García Márquez de haberse convertido en el lacayo de Fidel.

 

García Márquez recibió el premio mundial de periodismo por parte de la Organización Internacional de Prensa, por las crónicas sobre Angola y Cuba.

 

García Márquez, embriagado de alegría por su naciente amistad con Fidel, analiza en profundidad y estudia con juicio la problemática de Cuba y llega a la conclusión de darle la debida importancia al tema de los derechos humanos y los presos políticos, concluye que su existencia favorece las críticas hacia Cuba y que había que trabajar para disminuirlos.

 

Escogió a Reynold González González, líder de la oposición, acusado de conspirar para asesinar a Fidel y de incendiar el Centro Comercial El Encanto en La Habana, de donde resultó muerto Fidel Valle.

 

En agosto de 1977 establece primer contacto con Felipe González, con quien entabla gran amistad y producto de una entrevista que le hicieron y publicaron en “Alternativa”, García Márquez empezó a interesarse por el pensamiento de la Internacional Socialista moderada y democrática: Carlos Andrés Pérez, Francois Mitterand, Régis Debray.

 

En diciembre de 1977 Fidel autoriza a García Márquez para llevarse a Reynold González, volaron a Madrid y se reunieron con Teresa, esposa de Reynold, y junto con Mercedes y Gonzalo, escucharon las desgarradoras experiencias en las cárceles cubanas.

 

García Márquez y González fueron importantes en los acercamientos de Fidel con exiliados en Miami.

 

Producto de la demostración que García Márquez les hace a los Castro, de estar cargado de buenas intenciones, de que era un sincero partidario de la revolución, se produjo un fuerte acercamiento con Fidel, amistad inusual e inesperada por parte de Fidel, con muy pocos amigos después de la muerte de Guevara, aunque García Márquez era el mejor escritor hispanoamericano, socialista, defensor de Cuba, tenían solo siete meses de diferencia en la edad, ambos caribeños, contrarios al imperialismo, ambos habían estado presentes en el “bogotazo” de 1948, ambos estudiaron derecho, ambos creen en la justicia social, en la dignidad del hombre.

 

En 1978 García Márquez ofreció su apoyo a la revolución de Nicaragua, frente a la dictadura de Somoza, los ayudó a llegar a un acuerdo que unificó las tres fuerzas en un solo frente común sandinista.

 

En 1978 se publica “De viaje por los países socialistas” que recoge sus crónicas publicadas en revistas de Venezuela y Colombia en 1959.

 

García Márquez colabora con la creación de un grupo de izquierda en defensa de los derechos humanos llamado HABEAS y se le puso al frente desde México.

 

Culmina para García Márquez etapa entre 1970 y 1979, período de propaganda y activismo político, en donde se convirtió en una celebridad, se embarca con sus amigos de la prensa en un periodismo de muy distinto signo al que había cultivado hasta entonces, más cercano a escritos de los años 40 y 50 en Cartagena y Barranquilla, comentarios sobre política y cultura, una carta semanal a sus amigos, una circular a sus admiradores.

 

El rasgo más sorprendente desde el principio fue su acusado cambio de postura. Los artículos empezaron a aparecer en septiembre de 1980, hasta marzo de 1984, para un total de 173 artículos de periodicidad semanal.

 

En 1980 viaja a Nicaragua a celebrar el triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Allí se encuentra con Tomás Borge, Daniel Ortega, Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal, Fidel Castro y Yasser Arafat, entre otros.

 

En este mismo año de 1980 varios diarios del mundo empiezan una columna dominical, que luego García Márquez agrupa en un volumen bajo el título “Notas de prensa”.

 

Con su estilo logró mantener amistades como Petkoff del MAS, Venezuela, Bateman del M-19 y políticos respetables demócratas como Felipe González, Francois Mitterand, Carlos Andrés Pérez, Alfonso López Michelsen, Fidel, López Portillo, Belisario Betancur.

 

En febrero de 1981, García Márquez y Mercedes regresan a Colombia, en pleno gobierno represivo de Turbay Ayala. Conoce a Juan Gustavo Cobo Borda.

 

Turbay rompe relaciones con Cuba y a García Márquez le empiezan a llegar a su oídos que el gobierno tenía la intención de vincularlo con el M-19 y que el ejército colombiano tenía la intención de asesinarlo, razón por la cual el 25 de marzo de 1981 pidió asilo en la Embajada de México y al día siguiente viaja a México.

Durante el vuelo mantuvo una larga conversación con Margarita Vidal, a quien le aseguró que, ni Castro, ni Torrijos, le suministraron armas a la guerrilla colombiana, que Castro acordó con López Michelsen no brindarle ayuda militar a la guerrilla y que García Márquez regresaría a Colombia cuando López Michelsen volviera a la Presidencia.

 

En abril de 1981 se publicó “Crónica de una muerte anunciada” en forma simultánea en España (Bruguera), Colombia (Oveja Negra), Argentina (Editorial Suramericana) y México (Editorial Diana). Más de un millón de ejemplares para el mundo hispanoparlante. José Vicente Kataraín, director de Oveja Negra, aclaró que se imprimieron dos millones de ejemplares.

El 27 de abril de 1981 García Márquez declaró que “Crónica” era su mejor obra. Este año El Espectador publica el cuento “El rastro de tu sangre en la nieve”.

 

En este año de 1981 Francois Mitterand le otorga a García Márquez la Legión de Honor en el grado de Comendador.

En este mismo año se edita el primer volumen de su obra periodística bajo el título de “Textos costeños”

 

El 7 de mayo de 1981 el abogado de Bogotá, Enrique Álvarez, demandó a García Márquez por U$500.000 por difamar a los hermanos que se retrataban en la novela “Crónica”, demanda que no fructificó.

 

El 21 de mayo de 1981 García Márquez viaja a París a la toma de posesión de Francois Mitterand en compañía de Fuentes, Cortázar y la viuda de Allende, Hortensia.

 

En junio de 1981 viajó a La Habana, se aloja en una suite del Hotel Riviera que el gobierno le reserva permanente, se consolida la amistad con Fidel, con vacaciones anuales conjuntas y ante quien adoptó una posición como de hermano menor, para satisfacción de Fidel.

 

Torrijos respetaba a García Márquez como su hermano mayor y Felipe González cuenta que en una visita a Panamá, después de aplicarse Torrijos y García Márquez una botella de Whisky, se desató una tormenta que llevó a ambos a tirarse en el prado felices.

 

García Márquez visita de nuevo a Torrijos a mediados de julio de 1981, junto con Carlos Andrés Pérez y Alfonso López Michelsen y pasaron el fin de semana en la isla Contadora.

 

El 31 de julio de 1981 García Márquez sufre uno de los peores reveses en lo personal y en la política, con la muerte de Torrijos ocurrida en un accidente aéreo en Panamá. García Márquez estaba invitado, pero a última hora desistió de acompañarlo.

 

Para sorpresa general, García Márquez no asistió al funeral y su respuesta fue: yo no entierro a mis amigos.

 

Por esta época se publica “El olor de la guayaba”, obra a cuatro manos con su entrañable amigo Plinio Apuleyo Mendoza, quien atravesaba una época difícil.

 

Siempre se dijo que Fidel le pagaba a García Márquez por sus servicios y Fidel respondió que era imposible contratarlo por su alto costo.

 

El miércoles 20 de octubre de 1982, a la hora del almuerzo, llamó un amigo desde Estocolmo, para decirle que todos los indicios apuntaban a que el Nobel era para García Márquez, quien junto con Mercedes, asustados salieron corriendo a casa de Álvaro Mutis, en busca de consuelo.

A las 5:59 am del día siguiente 21 de octubre de 1982, hora de ciudad de México, Pierre Shori, Viceministro de Asuntos Exteriores de Suecia, lo llamó a casa y corroboró la noticia del premio. García Márquez colgó y le dijo a Mercedes: “Estoy jodido”.

El primero que lo llamó fue el Presidente Betancur. Castro envió un telegrama: “Por fin se ha hecho justicia. Aquí hay júbilo desde ayer. Imposible llamarte por teléfono. Debe estar roto. Te felicito de todo corazón, a ti y a Mercedes”

Graham Greene: “Mi más cariñosa enhorabuena, lástima que no podamos celebrarlo con Omar”

 

Cuando Alejandro Obregón apareció aquella mañana para quedarse en casa de su viejo amigo y vió el caos que se había desatado, lo primero que pensó fue: “Mierda, Gabo se murió”

 

Hacía tres semanas que García Márquez no hablaba con su madre porque tenía el teléfono estropeado. Juan Gossaín, periodista colombiano y buen amigo de García Márquez, logró comunicarse con ella por intermedio de un vecino, quien le dijo al mundo entero lo que esperaba de la noticia: “Ojalá y este premio sirva para que me arreglen el teléfono”

 

En conferencia de prensa improvisada, García Márquez anunció entre otras cosas que, el día de la entrega del Nobel, luciría una camisa guayabera o liquiliqui, en honor a su abuelo.

 

El mismo día en que anunciaron el Premio, EU confirmó que le negaba la visa a García Márquez.

El 7 de noviembre de 1982 escribió en El Espectador que dispuso prohibir la venta de sus libros en EU.

 

El mismo día, con mediación de García Márquez, el poeta disidente Armando Valladares era puesto en libertad en Cuba, presunto paralítico y acompañado de Regis Debray, dejó a todo el mundo estupefacto al levantarse de la silla de ruedas y echar a caminar en el aeropuerto de París.

 

Plinio en París lloró, José Vicente Kataraín bailó, Gabriel Eligio le decía a todo el mundo “yo lo sabía” y nadie le recordó su predicción, que García Márquez terminaría comiendo papel, por dedicarse a escribir y negarse a estudiar derecho. Poco a poco Gabriel Eligio empezó a decir barbaridades, que García Márquez fue premiado por influencia de Mitterand, que García Márquez era uno de los muchos escritores en la familia y que no entendió por qué a esto se le prestaba tanta atención.

 

Una semana después, Felipe González se convirtió en presidente del gobierno español.

 

El 6 de diciembre de 1982 un jumbo de Avianca despegó de Bogotá rumbo a Estocolmo con el Ministro de Educación Jaime Arias Ramírez y los doce amigos más íntimos de Gabo junto con sus cónyuges, elegidos por Guillermo Angulo, un buen número de invitados por Oveja Negra y setenta músicos de diversos grupos étnicos.

 

García Márquez, influenciado por la euforia y el cambio de horario, cayó rendido y se durmió. Entonces “me desperté en la cama y me acordé de que siempre daban la misma habitación del mismo hotel al ganador del Nobel y pensé: Rudyad Kipling ha dormido en esta cama y Thomas Mann, Neruda, Asturias, Faulkner. Me entró el pánico y acabé durmiendo en el sofá”

 

El 10 de diciembre de 1982, día de la gala del Nobel, García Márquez en liquiliqui, sus amigos en trajes de etiqueta alquilados, cada uno con una rosa amarilla en la solapa, para espantar la pava.

 

Cuenta Plinio que, al salir de la ceremonia, García Márquez se aterra y comenta en voz baja donde vibra una nota de repentino, alarmado y condolido asombro: “Mierda, esto es como asistir a su propio entierro”.

 

En 1982 adhiere a la candidatura de López Michelsen.

 

En este mismo año se edita el segundo volumen de su obra periodística, bajo el título “Entre cachacos”, El Espectador publica el cuento “El verano feliz de la señora Forbes”, el gobierno mexicano le otorga la Orden del Águila Azteca.

 

En 1983 se publica la tercera parte de su obra periodística titulada “De Europa y América”.

El 13 de diciembre de 1984, después de cumplir 83 años, muere Gabriel Eligio.

 

El 9 de noviembre de 1985 se produce la toma del Palacio de Justicia en Bogotá por el M-19, razón por la cual García Márquez suspende su traslado a Bogotá, en donde había comprado apartamento.

 

El 5 de diciembre de 1985 se publica “El amor en los tiempos del cólera”, Editorial Oveja Negra, 720.000 ejemplares.

 

En Colombia Betancur intenta conversaciones de paz, Barco inicia como Presidente, García Márquez maneja un discurso socialdemócrata y anticolonialista que debió desconcertar a viejos amigos.

 

En enero de 1983, Fidel y García Márquez sueñan e inauguran la Escuela Latinoamericana de Cine, en San Antonio de Los Baños, en la cual García Márquez es designado Presidente. El día de la inauguración Fidel pone las manos en los hombros de García Márquez, se dirige a los asistentes y les advierte: “ahora sí van a conocer a un verdadero dictador”, a sabiendas del juicio que García Márquez le pondría al manejo de la organización, exigente, cumplido, persistente.

 

En 1986, después de 18 horas de conversación con Miguel Littín, escribe “La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile”

 

El 6 de agosto de 1986 fue invitado a hablar en la Conferencia del Grupo de los 6 (Argentina, Grecia, India, México, Suecia y Tanzania) y el discurso de García Márquez se tituló “El cataclismo de Damocles”.

 

El 17 de diciembre de 1986 es asesinado Guillermo Cano. Al enterarse de la terrible noticia, García Márquez le comenta a Mercedes que su primera intención fue llamar a Guillermo Cano para comentarle sobre su muerte. Esta noticia para García Márquez fue muy dolorosa.

A pesar del éxito de sus actividades de cineasta en Cuba, fueron años difíciles, metido en controversias y polémicas.

 

En 1987 termina de escribir su primera obra de teatro “Diatriba de amor contra un hombre sentado”, se estrena la serie para televisión “Amores difíciles” y la Película “Crónica de una muerte anunciada”

 

En 1988 se dedicó un tiempo al cine y en agosto de este año estrenó en Buenos Aires la obra “Diatriba de amor para un hombre sentado”, sin éxito. No volvió a intentarlo.

 

En diciembre de 1988 consolidó amistad con Carlos Salinas de Gortari, nuevo presidente de México y asistió a la posesión de la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez en Venezuela.

En 1988 se estrena la película “Un señor muy viejo con unas alas enormes”, basada en su cuento del mismo nombre.

Vargas Llosa lanza su candidatura a la presidencia del Perú.

 

El gobierno cubano arresta y condena a muerte al General Arnaldo Ochoa. Los amigos de García Márquez, el coronel Tony la Guardia y su querido hermano Patricio, son condenados a 30 años de prisión.

 

García Márquez de nuevo piensa en regresar a Colombia, cuando el 18 de agosto de 1989 asesinan a Luis Carlos Galán, intento de asesinato a Ernesto Samper, intento de asesinato a Miguel Maza Márquez, bomba a El Espectador, bomba al Hotel Hilton de Cartagena , bomba al avión de Avianca, bomba al DAS.

En marzo de 1989 se publica “El general en su laberinto”, Editorial Oveja Negra, 700.000 ejemplares.

 

El 9 de noviembre de 1989 cae el muro de Berlín.

 

En noviembre de 1991 García Márquez, Fernando Botero, Antonio Caballero y otros intelectuales colombianos envían una carta corregida por García Márquez, dirigida a La Coordinadora Guerrillera, con la cual rechazan la violencia, rechazan la forma de lucha generadora del paramilitarismo y otras atrocidades.

 

García Márquez y Mercedes escogen un lote en Cartagena, próximo a las murallas y al lado del abandonado Convento de Santa Clara. Rogelio Salmona fue el constructor.

En agosto de 1991 García Márquez visita EU con una visa normal, por primera vez desde 1961.

Marina Montoya fue asesinada y Diana Turbay muere al intentar el gobierno su liberación.

Gaviria hace propuesta a narcos de penas menores si se entregan y García Márquez respalda la propuesta.

 

Cuando García Márquez vuelve a Colombia, nace el Noticiero QAP, en asocio con Enrique Santos Calderón, María Elvira Samper, María Isabel Rueda y Julio Andrés Camacho. Gaviria le concedió licencia a partir de enero de 1992.

En este mismo año se estrena la película “Me alquilo para soñar” y se publica “Doce cuentos peregrinos”

Ni García Márquez, ni Fidel nunca expresaron rechazo hacia EU.

Las objeciones de García Márquez hacia EU eran políticas.

Estando en Nueva York se produjo la tentativa golpista contra Mijail Gorbachov en Moscú.

En 1993 funda y dirige la Escuela de Nuevo Periodismo en Cartagena.

 

Con Enrique Santos Calderón, Daniel Samper Pizano, Antonio Caballero, Orlando Fals Borda y José Vicente Kataraín, crearon la revista de izquierda denominada “Alternativa” que en su primera edición vendió 10.000 ejemplares y llegó en un momento a editar 40.000 ejemplares. El primer número se publicó en febrero de 1994 y permaneció hasta seis años después.

 

En Cartagena, el 11 de enero de 1994, fue fotografiado con Augusto López Valencia (Grupo Santodomingo), García Márquez no impidió su publicación, como parte de un cambio de actitud y tolerancia con lo burgués, y fue el comienzo de un acercamiento con ricos y poderosos.

 

Aceptó participar en un foro de la UNESCO, enviado como representante del gobierno colombiano.

Al apoyar a Carlos Andrés Pérez, se afectó su vínculo con Venezuela.

 

El 22 de abril de 1994 se publicó “Del amor y otros demonios” Editorial Mondadori, Barcelona.

 

En 1996 se publica “Noticia de un secuestro”.

Bill Clinton, nuevo presidente de EU, era un lector entusiasta de García Márquez y el mismo Clinton lo reconoció en una entrevista por televisión, cuando comentó que había recibido en un sobre dirigido a la Casa Blanca, dos ejemplares del libro “Noticia de un secuestro”, enviados por García Márquez, leyó las dos primeras páginas y procedió a hacer algo inusual en él: le ordenó a su secretario cancelar los compromisos como presidente, para así dedicarse a leer el libro de un solo tirón.

En 1998 adquirió parte de la revista “Cambio”.

Le diagnosticaron linfoma, o cáncer del sistema inmunológico.

 

En 1999 se publica en España y Colombia, un nuevo volumen de crónicas y columnas periodísticas, titulado “Por la libre”

 

En 2002 muere Luisa Santiaga, a la edad de 96 años.

 

El 8 de octubre de 2002 se publica “Vivir para contarla”, en ciudad de México. En tres semanas se vendieron un millón de ejemplares en América Latina.

 

En  2004 se publicó “Memorias de mis putas tristes”

 

En enero de 2009 concedió la que en apariencia iba a ser la última entrevista, al periódico barcelonés La Vanguardia.

 

En 2007, a raíz del Congreso de la Real Academia en Cartagena y de los 80 años de García Márquez, se publicó una edición de lujo de “Cien años de soledad” de un millón de ejemplares.

 

En 2009 se publicó “Gabriel García Márquez, una vida” escrito por Gerald Martin, con autorización de García Márquez.

El 17 de abril de 2014, en su casa en México, fallece García Márquez.

 

García Márquez fue un cultor de la música popular. Entre sus gustos se leen los vallenatos de Escalona el tango Cuesta abajo, y los boleros interpretados por Bienvenido Granda: En la orilla del mar, Estás equivocada, Usted, Tu voz, Perfidia.

En una entrevista televisiva, García Márquez comentaba que, como en una época interpretaba boleros, así como a Bienvenido Granda le decían “el bigote que canta”, a García Márquez le decían “el bigote que escribe”.

 

García Márquez, antes de sentarse a escribir “Cien años de soledad”, escribía de noche, era una persona que debía ocuparse de una actividad económica para sobrevivir. Al convertirse en un real escritor, sufrió mucho para aprender a escribir de día.

 

En alguna oportunidad se negó a firmarle un libro a una joven, se lo recibió y lo rompió, no sin antes advertirle que se trataba de una edición pirata. Invitó a la joven a una librería cercana, le compró el libro y se lo firmó.

 

Era tal su timidez que se presentó a su última entrevista con Darío Arizmendi en Cartagena, con un suéter. Se moría de frio por los nervios, por su timidez, por su rechazo a la entrevista.

 

Álvaro Mutis dijo de García Márquez “Esta ha sido otra constante en la vida de Gabriel: una indulgencia inteligente para con todos sus semejantes y un sentido de vigilante servicio en la amistad. No conozco amigo igual, pero tampoco conozco otro que la cultive con más amoroso rigor, con tan sereno equilibrio”

 

García Márquez dijo alguna vez de Álvaro Mutis: “De modo que seguimos de amigos, muy a pesar del abismo insondable que se abre en el centro de su vasta cultura y que ha de separarnos para siempre: su insensibilidad para con el bolero”.

 

Comentario de García Márquez: “Quienes no cantan, no pueden imaginar siquiera lo que es la felicidad de cantar”.

García Márquez siempre sostuvo que Bogotá había sido la ciudad que más le había impactado, cuando la conoció: “llovía sin parar desde el siglo XVI, una bruma gris permanente, solo vio hombres de saco, corbata, chaleco, sombrero y paraguas y ni una sola mujer”.

En conferencia en San Antonio de los Baños, con presencia en la mesa principal de Fidel y García Márquez, un asistente se dirige a Fidel: si tuviese usted mañana que comenzar a contar la historia de la revolución cubana, cómo lo haría: ¿en una película, en un libro o en una poesía? Fidel responde que escogería el libro. Dice Fidel que la televisión ha desplazado la sala de cine, García Márquez lo interpela y le dice que cree que el cine va a llegar más lejos que el libro como medio de expresión y que el futuro es el de las artes visuales.

Fidel le pregunta: Gabo, ¿cuál futuro? García Márquez le responde: de aquí en adelante y Fidel le responde: Gabo, hasta como negocio, es mejor el libro que el cine, ¿es verdad o no, Gabo?

 

Gustavo Petro, exalcalde de Bogotá, estudió bachillerato en el Liceo Nacional de Zipaquirá, treinta años después de la época de estudio de García Márquez.

Con sus compañeros vivieron la particular situación consistente en que los curas generaron un velo de misterio que los llevó a ignorar que García Márquez hubiese estudiado allí, por ser señalado como de izquierda, como comunista.

 

Petro y compañeros se dieron a la tarea de buscar el mosaico de grado, lo localizaron en un salón ubicado en el cuarto piso del Liceo, abandonado, lleno de polvo y telarañas.

 

William Ospina, escritor colombiano, se dirige a García Márquez: a ti ya te leen más que al espíritu santo y eso es pecado. Cuéntame cual es el secreto. Entonces él me dijo: La verdad es que sí tengo un secreto y te lo voy a contar: todo consiste en impedir que el lector se despierte.

 

Margret S. de Oliveira Castro, alemana de nacimiento y huésped de Colombia entre los años 1976 y 1996 y Conrado Zuluaga, ella como escritora y él como editor, publicaron un libro titulado “La lengua ladina de García Márquez”, una especie de diccionario en donde anotan la palabra, la definen con el significado que utiliza García Márquez y a continuación, transcriben una frase que contiene la palabra y rematan con la abreviación de la novela utilizada. Dice Zuluaga del libro “Lo sorprendente, en todo caso, es la cantidad de expresiones que utiliza el escritor colombiano, la variedad maravillosa de su léxico, la maestría exhibida en el oficio, la destreza de que hace gala al construir su universo literario a punta de palabras. De ahí que la lectura de este volumen no puede emprenderse como la ingeniosa tarea de leer un diccionario, sino como la inmersión en un mundo que, a pesar de lo conocido que pueda parecer para alguno de sus lectores, depara una sorpresa reveladora en cada recodo de sus páginas. En ocasiones hace brotar la sonrisa cómplice y en otras conmueve hasta las lágrimas. Ahí radica su maravilla, su secreto esplendor”.

 

Al clausurar “El Espectador”, García Márquez en París resuelve ir a la empresa de aviación, solicita la cancelación del pasaje de regreso, recibe el dinero, lo guarda en un cajón, se dice él mismo “por fin me pude sentar a escribir sin que nadie me joda” y escribe “El Coronel no tiene quien le escriba”

Cuenta García Márquez que, en la época en que vivía en París, la dictadura se había apoderado de países como Colombia, Argentina, Perú, Venezuela, Cuba. Frente al edificio donde vivía, lo hacía el poeta cubano Nicolás Guillén, escandaloso, caribeño, quien tenía por costumbre gritar desde su edificio y una madrugada levanta a los vecinos a gritos: “cayó el hombre”. Todos salimos a la calle a celebrar “la caída del hombre” y cada uno creía que “su hombre” fue el que cayó.

 

Guillermo Angulo, uno de los grandes amigos de García Márquez, cuenta que le manda una edición de El otoño del patriarca, que presenta en la tapa posterior una fotografía de García Márquez tomada por su hijo Rodrigo, descalzo, ensimismado, peleando con una hoja en blanco y con una dedicatoria muy divertida: “Maistro: si el libro no te gusta, me importa un carajo, pero si te gusta la fotografía, te vas a la mierda”

Un abrazo, Gabo.

 

Guillermo Angulo cuenta que García Márquez se encontraba buscando una casa, no la conseguía por costosa, o por otras razones, alguien le aconsejó comprar un lote para construir la casa y un abogado le dijo a García Márquez que era mucho mejor que no interviniera en la compra porque, al darse cuenta la gente que era García Márquez, encarecían la oferta. García Márquez aceptó y el abogado consiguió el lote, ya en la práctica lo tenía negociado, pero el propietario puso como condición conocer al comprador, el lote tenía un galpón con una vieja imprenta y estaba medio ciego, le recomienda ponerse a contraluz para que no lo reconozca, le recomienda guardar silencio y lo único que García Márquez dice es ¡Ajá! Y el propietario dice: “tú eres Gabo”, advierte que el precio acordado ya no es el mismo, le preguntan cuánto nos va a cobrar, responde que va disminuir el precio inicial porque lleva toda la vida imprimiendo y vendiendo las novelas de Gabo, pirateadas.

 

El 8 de enero de 1982, Pablo Leyva y su esposa Feliza Bursztyn, famosa escultora que al igual que García Márquez, tuvo que salir del país por ser catalogada como seguidora del M-19, atiende una invitación a comer por parte de García Márquez y Mercedes y junto con Enrique Santos Calderón y su señora, en un restaurante en París. Se ubican en una mesa, Feliza toma en sus manos el menú, agacha la cabeza y su cuerpo se escurre hasta debajo de la mesa, la atiende un médico que de casualidad se encontraba allí, pero fallece sin alcanzar a socorrerla. García Márquez acude a los buenos oficios de su amiga Tachia Quintana, con quien mantuvo una relación amorosa al comienzo de su llegada a París, enviado por El Espectador, amistad que renace hasta el punto que Tachia y su esposo, pasaron a integrar el reducido grupo de las amistades de García Márquez y Mercedes.

 

Era una noche de diciembre de 2003, estaban celebrando el cumpleaños 45 de la escritora Almudena Grandes, cuando Joaquín Sabina llamó a su amigo García Montero, compañero de estudios en la Universidad de Granada: “¿Puedo llevar a un amigo a la fiesta de tu mujer? Es el Gabo, que está conmigo”.

 

Una vez llegaron, Joaquín les pidió a todos que no atosigaran al nobel, así que durante toda la noche no lo molestaron ni a él, ni a Mercedes. Al día siguiente, Gabo se encontró con Beatriz de Moura, editora de Tusquets, quien le preguntó por la fiesta, y él le dijo: “Es la primera vez en cuarenta años que voy a un lugar y nadie me hace ni puto caso”

 

Cuenta Lisandro Duque Naranjo que “La última anécdota sobre García Márquez me la contó Santiago. Me pareció muy graciosa, la cuento como si yo hubiera sido testigo de eso, es la siguiente:

Álvaro Mutis, el amigo de Gabo de toda la vida, padre de Santiago, estaba con él en México, donde vivían; Gabo ya presentaba un estado de memoria fallida, estaba un poco ido, y ambos salieron a cumplir una invitación del ministro de La Cultura de México a una cena. Entonces Gabo le pregunta a Mutis “¿a dónde es que vamos?” y Álvaro le dice, “vamos a cenar donde el ministro de la cultura” y Gabo le dice “pero hablas tú”, y Álvaro le dice, “y pagas tú”, esa era la manera como ellos para chancearse habitualmente.

 

Palabras de Gabriel García Márquez, en la celebración del cumpleaños 70 de Álvaro Mutis Jaramillo.

Fue una revelación que me transportó de golpe a mis años de universitario, en la desierta salita de música de la Biblioteca Nacional de Bogotá, donde nos refugiábamos los que no teníamos los cinco centavos para estudiar en el café.

 

Entre los escasos clientes del atardecer, yo odiaba a uno de nariz heráldica y cejas de turco, con un cuerpo enorme y unos zapatos minúsculos como los de Búfalo Bill, que entraba sin falta a las cuatro de la tarde y pedía que tocaran el Concierto de violín de Mendelssohn.

 

Tuvieron que pasar 40 años, hasta aquella tarde en su casa de México, para reconocer de pronto la voz estentórea, los pies de niño Dios, las temblorosas manos incapaces de pasar una aguja por el ojo de un camello: ¡Carajo! le dije derrotado, de modo que eras tú.

Lo único que lamenté, fue no poder cobrarle los resentimientos atrasados, porque ya habíamos digerido tanta música juntos, que no teníamos caminos de regreso.

De modo que seguimos de amigos, muy a pesar del abismo insondable que se abre en el centro de su vasta cultura y que ha de separarnos para siempre: su insensibilidad para el bolero.

Álvaro había sufrido ya los muchos riesgos de sus oficios raros e innumerables.

A los 18 años, siendo locutor de la Radio Nacional, un marido celoso lo esperó armado en la esquina, porque creía haber detectado mensajes cifrados a su esposa, en las presentaciones que Álvaro improvisaba en sus programas.

En otra ocasión, durante un acto solemne, en este mismo palacio presidencial, confundió y trastocó los nombres de los dos Lleras mayores.

Más tarde, ya como especialista de relaciones públicas, se equivocó de película en una reunión de beneficencia y, en vez de un documental de niños huérfanos les proyectó a los buenos señores de la sociedad, una comedia pornográfica de monjas y soldados, enmascarada bajo un título inocente: El cultivo del naranjo.

Fue también jefe de relaciones públicas de una empresa aérea que se acabó cuando se le cayó el último avión.

El tiempo de Álvaro se le iba en identificar los cadáveres, para darles la noticia a los familiares de las víctimas, antes que a los periódicos.

Los parientes desprevenidos abrían la puerta, creyendo que la que había tocado era la felicidad y con solo reconocer la cara, caían fulminados con un grito de dolor.

En otro empleo más grato, había tenido que sacar de un hotel de Barranquilla el cadáver exquisito del hombre más rico del mundo.

Lo bajó en posición vertical por el ascensor de servicio, en un ataúd comprado de emergencia en la funeraria de la esquina.

Al camarero que le preguntó quién iba dentro, le dijo: el señor obispo.

En un restaurante de México, donde hablaba a gritos, un vecino de mesa trató de agredirlo, creyendo que era en realidad el personaje de los Intocables, que Álvaro doblaba para la televisión.

Durante sus 23 años de vendedor de películas enlatadas para América Latina, le dio 17 veces la vuelta al mundo, sin cambiar de modo de ser.

De lo que más aprecié desde siempre, es su generosidad de maestro de escuela, con una vocación feroz que nunca pudo ejercer, por el maldito vicio del billar.

 

Ningún escritor que yo conozca se ocupa tanto como él de los otros, y en especial de los más jóvenes.

Los instiga a la poesía, contra la voluntad de sus padres, los pervierte con libros secretos, los hipnotiza con su labia florida y los echa a rodar por el mundo, convencidos de que es posible ser poeta sin morir en el intento.

 

Nadie se ha beneficiado más que yo de esa escasa virtud. Ya conté alguna vez que Álvaro fue quien me llevó mi primer ejemplar de Pedro Páramo y me dijo: ahí tiene para que aprenda.

Nunca se imaginó en la que se había metido, pues con la lectura de Juan Rulfo, aprendí no solo a escribir de otro modo, sino a tener siempre listo un cuento distinto para no contar el que estoy escribiendo.

Me preguntan a mí a menudo, cómo es que esta amistad ha podido prosperar en estos tiempos tan ruines. La respuesta es simple: Álvaro y yo nos vemos muy poco y solo para ser amigos.

Aunque hemos vivido en México más de 30 años, y casi vecinos es allí donde menos nos vemos.

Cuando quiero verlo o él quiere verme, nos llamamos antes por teléfono para estar seguros de que queremos vernos.

 

Solo una vez violé esta regla de amistad elemental, y Álvaro me dio entonces una prueba máxima de la clase de amigo que es capaz de ser. Fue así: ahogado de tequila con un amigo muy querido, toqué a las 4 de la madrugada en el apartamento donde Álvaro sobrellevaba su triste vida de soltero y a la orden.

Sin explicación alguna, ante su mirada todavía enmohecida por el sueño, descolgamos un precioso óleo de Botero, de un metro y veinte por un metro, un cuadro al óleo de Botero.

Nos lo llevamos sin explicaciones, e hicimos con él lo que nos dio la gana.

Álvaro no me ha dicho nunca una palabra sobre el asalto, ni movió un dedo para saber qué fue del cuadro y yo he tenido que esperar hasta esta noche de sus primeros 70 años, para expresarle mi remordimiento.

Otro buen sustento de esta amistad es que la mayoría de las veces en que hemos estado juntos, ha sido viajando.

Esto nos ha permitido ocuparnos de otros y de otras cosas la mayor parte del tiempo y solo ocuparnos el uno del otro, cuando en realidad valía la pena.

 

Para mí, las horas interminables de carreteras europeas, han sido la universidad de artes y letras donde nunca estuve.

De Barcelona a Exam Provans, aprendí más de 300 kilómetros de los _______ y los papas de Aviñón. Así es Alejandría como en Florencia, en Nápoles como en Beirut, en Egipto como en Buenos Aires.

Sin embargo, la enseñanza más enigmática de aquellos viajes frenéticos, fue a través de la campiña belga, que enrarecida por la bruma de octubre y por el olor de caca humana de los barbechos recién abonados, Álvaro había manejado durante más de 3 horas y, aunque nadie lo crea, en absoluto silencio.

De pronto dijo: país de grandes ciclistas y cazadores.

 

Nunca nos explicó qué quiso decir, pero nos confesó que él lleva dentro un bobo gigantesco, peludo y babeante, que en sus momentos de descuido suelta frases como aquella, aún en las visitas más propias y hasta en los palacios presidenciales y él tiene que mantenerlo a raya mientras escribe porque el bobo se vuelve loco y se sacude y patalea por las ansias de corregirle los libros.

 

Con todo, los mejores recuerdos de esa escuela errante no han sido las clases, si- no los recreos.

 

En París, esperando que las señoras acabaran de comprar, Álvaro se sentó en las gradas de una cafetería de moda, torció la cabeza hacia el cielo, puso los ojos en blanco y extendió su trémula mano de mendigo. Un caballero impecable le dijo con la típica acidez francesa: “es un descaro pedir limosna con semejante suéter de casemir”, pero le dio un franco y en menos de 15 minutos, recogió 40.

En Roma, en casa de Francisco Rossi, hipnotizó a Fellini, a Mónica Vitti, a Alida Valli, a Alberto Moravia, a la flor y nata del cine y las letras italianas y los mantuvo en vilo durante horas, contándoles sus historias truculentas del Quindío, en un italiano inventado por él y sin una sola palabra de italiano.

En un bar de Barcelona recitó un poema con la voz y el desaliento de Pablo Neruda y alguien que había escuchado a Neruda en persona, le pidió un autógrafo creyendo que era él.

Un verso suyo me había inquietado desde que lo leí: “Ahora que sé que nunca conoceré a Estambul”, un verso extraño, en un monárquico insalvable, que nunca había dicho Estambul, sino Bizancio, como no decía Leningrado sino San Petersburgo, mucho antes de que la historia le diera la razón.

No sé por qué tuve el presagio de que debíamos exorcizar aquel verso, “conociendo Estambul”.

De modo que lo convencí de que nos fuéramos en un barco lento, como debe ser cuando uno desafía el destino.

 

Sin embargo, no tuve un instante de sosiego durante los tres días que estuvimos allí, asustado por el poder premonitorio de la poesía.

Solo hoy, cuando Álvaro es un anciano de 70 años y yo un niño de 66, me atrevo a decir que no lo hice por derrotar un verso, sino por contrariar a la muerte.

De todos modos, la única vez en que de veras me he creído a punto de morir, también estaba con Álvaro: rodábamos a través de la provenza luminosa, cuando un conductor demente se nos vino encima en sentido contrario. No me quedó otro recurso que dar un golpe de volante a la derecha, sin tiempo para mirar dónde íbamos a caer. Por un instante, sentí la sensación fenomenal de que el volante no me obedecía en el vacío: Carmen y Mercedes, siempre en el asiento posterior, permanecieron sin aliento hasta que el automóvil se acostó como un niño en la cuneta de un viñedo primaveral.

Lo único que recuerdo de aquel instante, es la cara de Álvaro que en el asiento de al lado, que me miraba un segundo antes de morir, con un gesto de conmiseración que pareció decir: pero qué carajos está haciendo este pendejo.

Estos exabruptos, que nos sorprenden menos a quienes conocimos y padecimos a su madre, Carolina Jaramillo, una mujer hermosa y alucinada, que no volvió a mirarse en un espejo desde los 20 años, porque empezó a verse distinta de cómo se sentía. Siendo ya una abuela avanzada, andaba en bicicleta y vestida de cazadora, poniendo inyecciones gratis en las fincas de la sabana.

En Nueva York le pedí una noche que se quedara cuidando a mi hijo de 14 meses, mientras íbamos al cine.

Ella nos advirtió con toda seriedad que tuviéramos cuidado porque en Manizales había hecho el mismo favor con un niño que no paraba de llorar y tuvo que callarlo con un dulce de moras envenenadas. A pesar de eso, se lo encomendamos otro día en los Almacenes Macy’s y cuando regresamos la encontramos sola. Mientras los servicios de seguridad buscaban al niño, ella trató de consolarnos con la misma serenidad tenebrosa de su hijo. No se preocupe, también Alvarito se me perdió en Bruselas cuando tenía 7 años y ahora vean lo bien que le va.

Por supuesto que le iba bien, si era una versión culta y magnificada de ella y conocido en medio planeta, no tanto por su poesía, como por ser el hombre más simpático del mundo. Por donde quiera que pasara iba dejando el rastro inolvidable de sus exageraciones frenéticas y de sus comilonas suicidas, de sus abruptos geniales.

Solo quienes lo conocemos y lo queremos más, sabemos que no son más que aspavientos para asustar a sus fantasmas.

Nadie puede imaginarse cuál es el altísimo precio que paga Álvaro Mutis por la desgracia de ser tan simpático.

Lo he visto tendido en un sofá, en la penumbra de su estudio, con un guayabo de conciencia que no le envidiara ninguno de sus felices auditores de la noche anterior.

Por fortuna, esa soledad incurable es la otra madre a la que le debe su inmensa sabiduría, su descomunal capacidad de lectura, su curiosidad infinita y la hermosura quimérica y la desolación interminable de su poesía.

Lo he visto escondido del mundo, en las sinfonías paquidérmicas de Brutner, como si fueran divertimentos de Scarlatti, lo he visto en un rincón apartado de un jardín de Cuernavaca, durante unas largas vacaciones, fugitivo de la realidad por el bosque encantado de las obras completas de Balzac.

Cada cierto tiempo, como quien va a una película de Geros, relee de una tirada toda “La búsqueda del tiempo perdido”, pues una buena condición para que lea un libro, es que no tenga menos de 1200 páginas.

En la cárcel de México, a donde estuvo por un delito del que disfrutamos muchos artistas y escritores y que solo él pagó, permaneció los 16 meses que él considera los más felices de su vida.

Siempre pensé que la lentitud de su creación era causada por sus oficios tiránicos.

Pensé además que estaba grabado por el desastre de su caligrafía, que parece hecha con pluma de ganso y por el ganso mismo y cuyos trazos de vampiro, harían aullar de pavor a los mastines en la niebla de Transilvania.

Él me dijo cuándo se lo dije hace muchos años, que tan pronto como se jubilara de sus galeras, iba a ponerse al día con sus libros.

Que haya sido así y que haya saltado sin paracaídas de sus aviones eternos a la tierra firme de una gloria abundante y merecida, es uno de los grandes milagros de nuestras letras: 8 libros en 6 años.

Basta leer una sola página de cualquiera de ellos para entenderlo todo.

La obra completa de Álvaro, su vida misma, son las de un vidente que sabe a ciencia cierta que nunca volveremos a encontrar el paraíso perdido, es decir, Maqroll no es solo él como con tanta facilidad se dice, Maqroll  somos todos y por eso no puede morir.

Quedémonos con esta azarosa conclusión quienes hemos venido esta noche a cumplir con Álvaro estos 70 años de todos.

Por primera vez sin falsos pudores, sin mentadas de madre por miedo de llorar y solo para decirle con todo el corazón, cuánto lo admiramos, carajo y cuánto lo queremos.

 

 

 

“Recuerdo que trabajaba en El Heraldo. Escribía una nota por la cual me pagaban tres pesos y, probablemente, un editorial por el cual me pagaban otros tres, el hecho es que no vivía en ninguna parte, pero había muy cerca del periódico unos hoteles de paso. Había putas alrededor. Ellas iban a unos hotelitos que estaban arriba de las notarías. Abajo estaban las notarías, arriba estaban los hoteles. Por $1.50 lo llevaba a uno y eso daba el derecho de entrada hasta por 24 horas. Entonces comencé a hacer los más grandes descubrimientos: ¡Hoteles de $1.50, que no se encontraban!… Eso era, imposible. Lo que tenía que hacer era cuidar los originales en desarrollo de La hojarasca. Los llevaba en una funda de cuero, los llevaba siempre, siempre debajo del brazo… Llegaba todas las noches, pagaba $1.50, el tipo me daba la llave advierto que era un portero que sé dónde está ahora – era un viejito. Llegaba todas las tardes, todas las noches, le pagaba los $1.50… ¡Claro! Al cabo de quince días, ya se había vuelto una cosa mecánica: el tipo agarraba la llave, siempre del mismo cuarto, yo le daba los $1.50… Una noche no tuve los $1.50… Llegué y le dije: ¡Mire! Usted ve esto que está aquí, son unos papeles, eso para mí es lo más importante y vale mucho más de $1.50, se los dejo y mañana le pago. Se estableció casi como una norma, cuando tenía los $1.50 pagaba, cuando no tenía, entraba… ¡Hola! ¡Buenas noches!… y… ¡pah! Le ponía el folder encima y él me daba la llave. Más de un año estuve en esas”

 

 

 

John Sanabria, Cirujano Plástico y Frida de Sanabria, Otorrinolaringóloga, al ingresar al restaurante del Hotel Hilton con la intención de desayunar, viven la muy agradable sorpresa de observar en una mesa, a García Márquez y a Mercedes.

 

John, confundido, apenado, emocionado, se acerca a la mesa, no recuerda cómo se le dirigió, si maestro, don Gabriel, le ofrece toda clase de disculpas y le pregunta si tuvo oportunidad de leer El Espectador del día, que trae un artículo escrito por Silvia Galvis, en el cual se refiere a Luisa Santiaga, madre de García Márquez.

 

Ante la respuesta negativa, John le entrega el periódico a García Márquez, de nuevo se disculpa y se retira.

 

Transcurren unos minutos y García Márquez se acerca a la mesa de John y Frida, les devuelve el periódico y los invita a compartir la misma mesa.

 

Terminado el desayuno, García Márquez y Mercedes los invitan a conocer su residencia, pero antes dan un paseo por Cartagena en el automóvil de los García Márquez, conocen la residencia y por último, conmocionados por lo ocurrido, se retiran, se miran y se preguntan si todo lo sucedido ocurrió.

 

 

 

Narra Jorge Ruffinelli que, “mientras se filmaba la película La Vida de Montiel, dirigida por Miguel Littín en Tlacotalpam, Veracruz, “mientras la cámara rodaba, entra García Márquez. Quiero decir, se aparece por un costado del muro del cementerio, y al verme, se acerca cuidadoso de no enredarse en los cables ni hacer ruido. Estamos detrás de cámaras, de modo que no hay ningún problema. Pero la filmación se termina, y mientras el silencio vuelve a poblarse de voces diferentes, algunos fotógrafos empiezan a accionar sus cámaras en nuestra dirección, como si la escena fuera la nuestra y no la de la película. Y entonces le digo a García Márquez, fingiendo seriedad:

– ¿Ves? Eso te pasa por ponerte a mi lado.

El chiste le divierte y más tarde volverá a repetirlo varias veces, como ocurrencia propia”

 

 

 

Al día siguiente del fallecimiento de García Márquez, Angela Patricia Janiot entrevistó por CNN al abogado santandereano José Luis Ramírez León, amigo cercano de García Márquez.

 

Ante la pregunta que la periodista le hace a José Luis relacionada con el gusto que García Márquez tenía por las parrandas, después de responderle en forma afirmativa, ofreció este sabroso comentario: “Tengo una anécdota graciosa. Un día iban saliendo ya para la rumba de la noche al final del evento. Yo tenía que tomar un avión muy temprano, tenía que salir del hotel casi a las 3:30 am, Jaime Abello estaba insistiendo en que fuéramos al sitio este de Escandals, de la famosa rumba, yo quería irme a dormir. Soy muy malo para trasnochar, pasó el maestro Gabo y le pregunta a Jaime: “Jaime, que pasa” Jaime le dice: “No Gabo, es que imagínate que José no quiere ir a la rumba” yo le dije: “no maestro, tengo que tomar un avión muy temprano y la verdad casi que ya salgo para el aeropuerto. En ese momento el maestro Gabo se queda mirándome fijo, yo pensé que se iba a molestar y me dice: “Di la verdad, tú lo que le tienes miedo es a las putas”.

Yo me quedé así, ellos soltaron la carcajada, pero creo que la cercanía de él me iluminó y le digo yo: “Maestro, pero solamente a las tristes”. Ahí el de la carcajada grande fue él, me dio una palmada en el hombro, se fue y me dejó tranquilo”.

 

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