Umpalá

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Coronavirus. Cartas desde París en Cuarentena. Día 17

Ana salió a hacer compras. Cuando regresó tenía en la mano una bolsa de arena para gatos.

Pánico.

Ya es bastante dramático tratar de criar un niño en estas circunstancias. Ni se diga un niño Y un gato.

Hubo un periodo de la vida donde dudábamos qué objeto podría servirnos de prolongación de la existencia (así como dice la canción del camino de la vida), siempre estuvo claro que era un niño O un gato pero no los dos.

La última vez que tuvimos un gato y a Leonardo en la casa descubrí que era alérgico.

Al gato.

En realidad a las manzanas y a los abedules, pero pensé que era al gato.

“No recogiste un gato. No ahora ¿Cierto?” dije con temor.

Nadie recoge gatos en las películas apocalípticas, pero vengo de un linaje famoso por recoger animales abandonados. Mi mamá y mi hermana tienen cuatro cada una en este momento.

Ana seguía en silencio mientras yo esperaba escuchar un maullido.

“Es para Leonardo” dijo.

Entonces había ocurrido. Hasta ese punto la crisis nos había obligado a racionar el papel higiénico.

“Es para que juegue a la arenera”.

“No fue una buena idea” pienso mientras barro.

Pienso también en que hace más de una semana (o menos de una semana, a estas alturas todos los días se repiten estilo – trip trip trip – Opio en las Nubes ) no voy a un supermercado. Es más, “ir al supermercado” se ha vuelto un eterno plan pospuesto pero que está ahí. La última vez había mucho desorden y pocos huevos.

Hay que dejar atrás el miedo consumista a que falten cosas, porque todavía estamos a mucho de que falten las cosas esenciales.

El otro miedo (ese da más por las noches) es el de enfermarse. De CoVid o de otra cosa. Me pasa que cualquier ruido en el estómago o una variación (en el sentido de música clásica) del dolor de espalda o un síntoma de alergía me hacen pensar que todo se está yendo al carajo.

Pero nah, ahí vamos.

Hay una canción de The Doors, ¿Dónde estaremos cuando termine el verano?

Y una de Floyd (en estos días vuelvo a puras referencias de rockero, es decir de viejo, porque el rock estaba muerto)

Todo lo que tocas
Y todo lo que ves
Todo lo que pruebas
Todo lo que sientes
Y todo lo que amas
Y todo lo que odias
Todo lo que te da mala espina
Todo lo que ahorras
Y todo lo que das
Y todo lo que tratas
Y todo lo que compras
Ruegas, robas o pides prestado
Y todo lo que creas
Y todo lo que destruyes
Y todo lo que haces
Y todo lo que dices
Y todo lo que comes
Y todos lo que conoces (todos los que conoces)
Y todo lo que desprecias
Y todos por lo que luchas
Y todo lo que ahora es
Y todo lo que fue
Y todo lo que está por venir
Todo bajo el sol está en sintonía
Pero el sol ha sido eclipsado por la luna.

Siempre la imaginé como el final perfecto, la banalidad de todas las luchas.

Hay una luna empezada, visible en medio de un cielo azul (excepto por ella impecable)

Todavía no hemos abierto el paquete de 24 rollos de papel higiénico que compramos el día que empezó esto.

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