Umpalá

Publicado el

Coronavirus: Cartas desde París en cuarentena. Día 10

El Ministro de Agricultura de Francia invita a las personas que están sin trabajo a que muestren su civismo yendo a trabajar en las cosechas. Los campos están vacíos. No es que no haya campesinos, los hay y están muertos de susto por que falta gente para transportar lo que se recoja.

Y hace falta gente para recoger lo que se produzca.

Las manos que hacen falta son las de los migrantes.

El ministro da a entender que los necesitaban. Que los necesitan aún.

Al mismo tiempo continúan los desalojos de campamentos en París y en Calais.

Una de las primeras ideas que me vinieron cuando empezó esto fue escribir una novela, que se llamaría El Sur. En un futuro distópico (hace dos semanas pensábamos que las distopías eran en el futuro y no en el presente) un virus, que por alguna razón no se amaña en los países sin estaciones, ha acabado con Europa y América del Norte. No hay más infraestructuras, la economías se ha derrumbado. La gente se muere en la calle y cada día cientos de miles de europeos tratan de cruzar el mar para llegar a África, el Medio Oriente, donde las poblaciones locales se dividen entre la solidaridad y la xenofobia.

No la estoy escribiendo. No llego a pensar que no habrá lectores, pero tal vez ya nadie tenga el ánimo de leer (de todas maneras hace tiempo pienso que los hombres cuarentones que usamos lenguas heredadas de la colonia ya no tenemos nada que decir)

¿Para qué escribimos?

En 1993 aprendí a cantar sin respirar las últimas estrofas de “You Could be Mine” pensando que las chicas iban a admirarme por eso. Ya no las puedo cantar seguido. De todas maneras no funcionó.

Escucho y escucho “It’s the end of the world as we know it (and I feel fine)”. Voy a terminar por arpendérmela.

Escucho y escucho “I’ll love you till the end of the world”

Escucho y escucho “The Future” de Leonard Cohen.

Sugieran, pues, canciones. No nos tenemos sino a nosotros. Es la primera vez en la historia en la que compartimos todos la misma pena.

Si tienen un niño de tres años en la casa, denle un platico con doce cubos de hielo. No sólo cuando esté más grande le pueden decir que lo hicieron como homenaje a Aureliano Buendía o al abuelo o a algún otro de los Buendía o de los Aurelianos, sino que lo tendrán ocupado horas y horas.

El hielo y el fuego, pruebas de que también hay fascinaciones que son universales.

Pueden también incluir referencias a Frozen. Un palacio con bloque de hielo en lugar de fichas de Lego o de Estra Landia, , de bloques de Armotodo.

Ayer a la hora de los aplausos, varias personas pusieron música en los balcones. Ahora Leonardo espera ponerla él. “Mi Burrito Sabanero” ha pasado de moda en sus favoritas, así que será la canción de Frozen.

En francés el coro es “Delivrée, Libérée”, dos maneras diferentes de decir “Liberada”. No hay Marsellesa que le gane a esa vaina.

Hay flores en todas partes, el viento me trae el polen y me arden los ojos cuando me asomo al balcón, pero igual me asomo. Una vecina con la que nunca he hablado trabaja en su computador en el patio. Otra lee tranquila. Siempre me fascinó la vida de los otros. Lo que pasa detrás de las ventanas y de las paredes. Cuando estoy poético suelo imaginar amores, amores prohibidos sobre todo, pero también amores que duran mucho. Cuando estoy prosáico bailes y gente que hace aseo.

Hoy imagino que la gente sigue amándose y haciendo aseo, pero que todos miran hacia afuera (miran también hacia mi balcón) y se preguntan detrás de cuántas ventanas hay gente contagiada.

Mi amigo querido tiene Coronavirus. Y su esposa. Y Ana la vecina de balcón. Y un niño en el edificio vecino. E Yvonne, con quien trabaje hace unos años. Y una joven que conocí en varios evento de Colombia Humana en Europa. Y la mamá y la abuela del director de una revista de la comunidad latinoamericana.

A lo mejor todos y todas terminaremos por tenerlo, pero hay que ganar tiempo para que no seamos todos al tiempo, para que avance la investigación. En Marsella , Didier Raoul, un epidemiólogo reputado, habla desde hace semanas las virtudes de un tratamiento para la Malaria, barato y fácilmente disponible. Avanzan los estudios. Ayer fue menos peor que antier en Italia. Escribo esto antes de saber las cifras del día.

En Francia, en los últimos días, murieron 20 residentes en un mismo anciano. Acá, donde a las cosas les ponen siglas para que no se parezcan a lo que son, los llaman “EHPAD” (Établissement d’hébergement pour personnes âgées dépendantes ) pero al fin de cuentas es lo mismo.

¿Alguien recuerda la canícula del 2003? 

Una ola de calor en agosto del 2003 mató 14.802 ancianos en veinte días en Francia. Decir que los mató el calor es inexacto. La inmensa mayoría de ellos murieron porque no tenían alguien que les acercara un vaso de agua para hidratarse.

Son datos y hay que darlos.

Comentarios