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Coronavirus: Cartas desde París en cuarentena. Día 09

¿Cuando abrirá Vale la puerta y encontrará su botella de Vino?

Esa se había vuelto una tradición. Dejar una botella en la puerta, golpear duro (así como golpean los fantasmas ) esperar que ella abriera y se riera y entonces (como hacen los fantasmas) aparecer.
Hoy subí las escaleras , dejé la botella , me fui sin golpear

(así como los fantasmas se van)

Quien sabe cuándo va a abrir la puerta.

Nada más lindo que las ciudades sin carros, pero también son tristes las ciudades sin gente.

En la Plaza de La Bastilla una madre con tapabocas pasea a su hija en monopatín. Eso es todo. No hay nadie esperando a nadie en las escalera de la ópera (porque no hay más citas. No hay más amores) en el cercano barrio del Marais, que es el barrio judio y el barrio gay, no falta el pan sin levadura  de los judíos pero no hay nadie en los bares ni citas en las cabinas de los sex-shops.

Hay gente en las ventanas.

«Yo vivo en una isla» dice uno de los que se asoman. Al principio no sé si es una metáfora. «He estado enfermo hace tiempo. Sé lo que es el encierro. Cuando la cuarentena me vine para París porque no quería robarle tiempo a los médicos de la isla con mis achaques».

Era raro que los parisinos le hablen a la gente. Dejó de serlo. Toda conversación es bienvenida.

Nadie en las calles alrededor de Chatelet, allí donde nunca cabe un alma. Nadie en el Forum de Les Halles, las tripas (más que el corazón) de París, excepto dos patrullas de policía.

 

 

 

En la Plaza Stravinski (no sé si es así que se llama. hay monstruos de colores. no sé si los hizo Niki de Saint-Phale) un tipo se queda mirando la sombra que proyecta una escultura recién puesta.

Luego se acerca a hablarme.

«Ese virus les está dando sólo a los países ricos. No creo que sea casualidad que algo tan pequeño que ni siquiera puede verse a ojo desnudo ponga al mundo de rodillas. Es Dios el que quiere enseñarles a estos países la humildad».

 

Dice que es musulmán.

De todas maneras Alá y Jehová son el mismo y ninguno ha dado noticias en estos días.

(No tengo ninguna fé. Casi nadie de las personas alrededor – ese alrededor que se volvió virtual- la tiene. No he escuchado hablar de Dios. Qué piensa la gente que cree).

En el pasto enfrente de mi casa hay uno de esos monopatines eléctricos abandonado. Tengo una fascinación por las cosas que se oxidan y no me faltarán ejemplos.

Sin tapabocas, porque los tapabocas escasean en Francia,  con los mismos guantes que todos los días, el Señor Viel, con esa cara eslava, ese silencio que quién sabe si sea eslavo, sigue sacando la basura de toda la calle.

 

 

Italia: doce días de confinamiento. Hoy50 muertos menos que ayer, 172 muertos menos que hace dos días.

El sábado hubo 6557 nuevos casos. Ayer 5560. Hoy 3780.

 

 

 

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