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Coronavirus: Cartas desde París en cuarentena. Día 08

No tenemos huevo.

Tenemos, pero poquito.

En el supermercado los cajeros han instalado barreras improvisadas en celofán. Hay un cierto desorden. Como si estuvieran en inventario. No falta papel higiénico. No hay leche entera, pero la lecha semidescremada esta toda allí (Yo las distingo por el color de la tapa)

No hay huevos.

Hay cereales. Hay fruta. Granos. Hay café pero no de todos los tipos (yo no sé nada, para mí que tomo diez tasas diarias todos los cafés son iguales).  Hay pastas (para mí las pastas se dividen en ‘spagetti’ y ‘las otras’). Hay pocas barras de chocolate.

Y no hay huevos.

Eso lo escuché primero ayer. Los huevos han desaparecido.

Compró zanahorias. Jabón. Cerveza. Pan. Compotas.

Leonardo y yo tenemos esa «montaña» en frente de la casa. Jugamos a Frozen. Como van las cosas es posible que este Halloween él se disfrace de Elsa y yo de Anna.  Leonardo vio la nieve una vez pero no se acuerda, entonces arranca manotadas de pasto y las tira.

Sabemos cuánto vive el bicho ese en las superficies de metal y en las de plástico y en las de plástico, esos tres materiales de los que está hecha nuestra vida en las ciudades.

A nadie se le ha ocurrido investigar, como si no importara, cuánto tiempo sobrevive en la hierba.

Hoy hubo (¿hubieron?) los dos primeros dos muertos en Colombia y los dos primeros dos muertos en Rumania, los países de donde vino la gente que terminó por fabricar a Leonardo en París.

Pero en Colombia los muertos ya son más. Ventitres personas en las cárceles. Ventitres personas que sí sabían lo que es la tortura del encierro, lo que es cruzar puertas donde dice «Aquí entra el hombre no el delito» pero hay que leer «Abandonad toda esperanza».

 

Cuba envía médicos a Italia.  (Siempre Cuba)

En Italia, luego de doce días de confinamiento, hubo hoy 997 casos nuevos menos  y 142 muertos menos que ayer.

Si los diarios de cuarentena son lamentables como genero literario es porque con el tiempo o todo empeora o todo se repite.  Esta cuarentena mundial (hoy decían que éramos ya 900 millones los encerrados) no dará grandes novelas. Ni La Peste ni Ensayo Sobre la Ceguera ni el Diario de La Peste  fueron escritas DURANTE las epidemias y sobre todo son libros que van MÁS ALLÁ de las epidemias.  Las crisis no nos enseñan (si nos enseñaran otra sería la historia de este moridero) pero al menos nos obligan a una reflexión.

Pero para explorar lo más profundo del alma humana nos falta mucha calle, lo que en este caso quiere decir mucho envierro

Por ahora lo único que nos falta son huevos.

 

 

 

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