Umpalá

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Cartas desde París en cuarentena. Día 48

Primero de Mayo.

El plan era el siguiente. A eso de las siete de la mañana, después de viajar desde Bogotá en una Berlinas o en un Copetrán, yo llegaría al apartamento, entraría con la llave que mi hermana me habría dejado oculta en alguna parte y cocinaría unos huevos revueltos. A eso de las ocho, llegaría también mi hermana, caminaríamos hasta la habitación de mi mamá y, llevando los huevos, pan y café con leche le cantaríamos el Feliz Cumpleaños.

Esa sería la sorpresota. Ese era el plan. Estaban los pasajes y tales.

A principios de marzo empecé a decirme: Ese viaje a Colombia se va a enredar.

Las cosas han cambiado mucho desde la última vez que le lleve un desayuno de cumpleaños a mi mamá. En ese entonces había dos perros, que en caso de llegada sorpresa me habían delatado (al fin y al cabo me delataban cada vez que llegaba tarde o demasiado temprano). Ahora hay cuatro gatos. Todos salvados de la calle. Creo que mi mamá ya no toma café con leche ni come huevos pericos, pero ese era el desayuno de cumpleaños de siempre. Hace quince años , en un mes de mayo, me fui de la casa y de Bucara y de ahí me fui del todo.

Ese era el plan de este año. Pasar el cumple, conocer a mi sobrino.

Y tenga.

Yo aún no tengo claro si el Día del Trabajo (entendido como “Día de las luchas por los trabajadores y las trabajadoras”) se celebra el Primero de Mayo en homenaje al nacimiento de mi madre, o si mi madre nació el Primero de Mayo como homenaje a las luchas de los trabajadores y las trabajadoras. En mi cabeza las dos cosas van de la mano. Mi mamá me cantaba Bella Ciao y La Internacional cuando era pequeño y yo, círculo que se cierra, cada vez que las escuchó aquí, al otro lado del mundo, en una marcha de trabajadores, las grabo para que las escuche.

Este año no sólo no hubo viaje. Tampoco marchas. Aunque en los últimos años, lo que en otra época era un festival popular con familias desfilando juntas y militando juntas, se había convertido en un cortejo en el que desde temprano no faltaban los lacrimógenos, el bolillo y las balas de goma, la marcha del Primero de Mayo seguía siendo un gran consenso de contestación y resistencia en el que tenían cabida los sindicatos tradicionales, las nuevas corrientes feministas, de diversidad de género y anti-coloniales, los y las estudiantes y en el último año el movimiento popular de los chalecos amarillos.

Eso hace falta. Estar ahí como cronista y como parte. Una de esas ocasiones felices en las que las dos cosas tienen sentido porque no pueden separarse.

Eso ha de poder calificar como un caso de “doble ausencia”.

Yo con estas ganas que tenía de abrazar a mi mamá un primero de mayo, mi mamá la que todavía tiene el libro sobre Camilo Torres escrito por Broderick y el casette con la canción sobre Camilo Torres cantada por Victor Jara.

La que nunca cuando había pedrea en la UIS me dijo “No vaya” sino “Cuídese”.

La que sigue yendo a marchar, por las luchas de antes y por las nuevas, la que me enseñó a llevar la contraria como principio.

Yo con estas ganas que tenía de salir a marchar con ella hoy, porque nunca han dejado de faltar motivos.

El año pasado, en medio de los gases, una amiga atravesó el cerco policial de la Plaza de Italia para llevarme uno de esos ramos de muguete que aquí se regalan el Primero de Mayo. .

Le dije que mi mamá, que tenía su mismo nombre, estaba de cumpleaños y que estaba esperando que se calmara la cosa para llamarla.

Me dijo que mi apellido era el nombre de su papá.

Le dije que mi apellido era el apellido de mi papá, que además mi nombre era el nombre de mi papá, pero que mi padre nació en una fecha sin importancia.

Además era un militar. Los primeros años de mi vida los pasé entre las dos influencias contradictorias de mis progenitores.

Quienes me conocen pueden imaginar cuál fue la que terminó pesando más.

Feliz cumpleaños, camarada !!

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