Umpalá

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Cartas desde París en cuarentena. Día 45

Abril 28

El Pentágono anunció ayer que tres videos que circulan en internet (por/sobre/dentro de internet) y que mostrarían avistamientos de Objetos Voladores No Identificados son auténticos.

No dijo que fueran naves extraterrestres.

No dijo que adentro hubiera hombrecillos verdes.

Ni ojones, ni cabezones.

El “No-Identificado” quiere decir precisamente eso, que no se sabe qué eran esos discos que volaban a gran velocidad, que se intentó averiguar y no se supo.

El Pentágono dijo que eran videos de verdad, así como para que esa gente que dice que al Coronavairus lo causan las antenas de 5G y que para prevenirlo nos van a poner una vacuna con un chip no se ponga a decir que además de todo, una institución con una reputación de transparencia que va de Santiago a Bagdad como las Fuerzas Armadas Estadounidenses estaba ocultando información.

Ahí están los videos. Formas raras. Movimientos que parecen desafiar las leyes de la física (esta frase no la dice nadie, pero yo pasé mi infancia leyendo a Erik Von Däniken y Charles Berlitz y sé qué es una frase que hay que utilizar cuando se habla de OVNIS). Eso es todo.

Una noticia, no noticia.

Una noticias que hubiera sido no-noticia sobre todo antes de la época del Covid.

Si el 11 de septiembre nos acostumbró a las noticias en flujo continuo y mostró que nuestro mundo podía cambiar de un día para otro, el Coronavirus fue la prueba de que nuestro mundo puede cambiar en cuestión de días. Son dos fenómenos diferentes. En el primero hay una ruptura, así no sea evidente en el primer momento. El día que tumbaron las Torres Gemelas no sabíamos lo que vendría después, pero todo estaba consumado.

Con el COVID lo hemos ido viendo poco a poco pero sin tregua. El 1 de enero había algunos casos lejanos, en cuestión de semanas la plaga se expandió. Lo vimos, los nuevos punticos de contagios apareciendo en el mapa, no como un ejército que logra avanzar la línea del frente, sino como por magia en cualquier parte. Todo mundo creía que los científicos exageraban;

Todo mundo creía que los políticos minimizaban.

Más casos, más muertos. Los ruegos de prudencia. Las nuevas medidas. Los hombres y mujeres con máscaras y trajes anti-contaminación.

Todo paso a paso, pero cada vez más rápido. Diga usted, así como se propaga una epidemia.

Pero sobre todo como una película o un libro de desastre.

Los desastres son de dos tipos, inmediatos y graduales. El guión funciona en los dos casos pero sólo es verosímil en el segundo. A la hora de escribir cualquier película de terremotos o torres que caen o barcos que chocan contra icebergs, los guionistas hacen que sus personajes actúen como si la tragedia fuera a suceder, cuando en realidad nadie podía imaginarla. La vida cotidiana existía y en un minuto fue borrada. Sin presagios. Sólo alarmas y sorpresas. Con los desastres graduales se puede empezar con la vida de antes y contar cómo se va desmoronando hasta que llegan los estadounidenses y descubren que el Clorox, con ese olor evocador y sensual, era el remedio mágico contra el enemigo.

El Pentágono anunció ayer que tres videos que circulan en internet y que mostrarían avistamientos de Objetos Voladores No Identificados son auténticos” suena exactamente como hace unos meses nos sonaba “Las autoridades chinas anunciaron que el brote de una forma agresiva de neumonía en la región de Hubei podría estar relacionado con un virus detectado en el mercado de Wuhan”.

No sé ustedes. Yo voy a empezar a almacenar de nuevo papel higiénico y sobre todo a renovar mis previsiones de aerosol rojo para cuando haya que salir a pintar “V”s rojas en los muros.

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