Umpalá

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Cartas desde París en Cuarentena. Día 43

Abril 27

Entre lo que todavía no sabemos sobre el COVID, está por qué, a pesar de los diferentes tiempos y niveles de rigor del confinamiento, el famoso “aplanamiento” de la curva pareciera sincronizado en todos los países de Europa. En el instante presente, el único que conocemos, las cifras de nuevos muertos y nuevos casos bajan en cada rincón del continente.

Por eso, aunque todo mundo le tiene a la segunda ola del Coronavirus el miedo que los machistas le tienen a la segunda, tercera y cuarta olas del feminismo, el des-confinamiento también será más o menos simultáneo. España y Alemania levantan ya las restricciones, en Italia abren las librerías y se espera una apertura general para el 4 de Mayo. La fecha en Francia es el 11. La próxima alocución, de Emmanuel Macron, con ese tono pausado de quien habla pensando en su lugar en la historia en lugar de la urgencia presente, será el comienzo del conteo regresivo de dos semanas, el tiempo que al principio pensábamos que duraría el encierro.

Dos semanas en las que tanto las soledades como las compañías se harán cada vez más necesarias y más insoportables. Al mismo tiempo, la gente, confiada, se ha ido al ido tomando de nuevo las calles, también los autos reaparecen, presagio del ruido de siempre. Es probable que los patos, zorros y delfines que según los videos de la gente linda y positiva en internet habían regresado a las ciudades, ya se hayan vuelto a ir a un lugar seguro.

Los cajeros, casi todas cajeras, seguirán detrás de sus placas de plexiglass, pero no habrá sin duda más compras de pánico.

Aún no hay harina, pero regresaron los huevos y de este ensayo de los Apocalipsis que vendrán que nos quede al menos la lección de que el papel higiénico nunca ha escaseado, nunca escasea, nunca escaseará.

El Apocalipsis no fue esta vez.

Que decepción ¿No?

Porque desde un punto de vista narrativo lo esperábamos. Los trajes estilo Chernobyl, el ejército en las calles, los políticos pagando sus errores, siquieritaa los camiones dispersando nubes de productos químicos. Cierto es que las autoridades de Niza están utilizando un dron para advertir a las personas y filmarlas de cerca, pero hasta eso es un mal remedo de la sociedad post-viral con la que el cerebro hollywodiano que tenemos nos había ilusionado.

Habrá que ver con qué salen las compañías que desarrollarán aplicaciones “voluntarias” que siguen y centralizan la información de los lugares de dónde uno ha estado.

Pero por ahora nadita. Todos veníamos a ver el show, a sentir la emoción y nos quedamos con las ganas.

De sentir la cálida emoción de la confusión, el aura de los raros”.

Ya regresa la vida normal.

Así de rápido.

¿Qué será lo primero que harán?

Yo pensaba ir sobre todo al peluquero. Luego de mis dos periodos de años sin ni siquiera un despunte (1996-2001 y 2001-2009) una calvicie incipiente en eso que llaman la tonsura me había obligado a una visita casi mensual al salón de belleza de Hassam, el argelino, que se encarga de emparejar la cosa para que no termine pareciéndome a Krusty, el payaso.

(Un parecido de vieja data, el día del partido entre el Atlético Bucaramanga y el Barcelona estuve a punto de ser linchado por una hinchada a la que le pareció gracioso agredirme a punta de bon-ice por mi parecido con el payaso de Los Simpsons)

¿A dónde van a correr?

Yo sé que piensan, pensamos, a nuevas pieles o pieles que extrañamos, a orgías y parques de diversiones, pero será al trabajo, porque hay que mover las industrias.

¿A qué iglesia a qué templo?

Ahora que todos los dioses nos han fallado, qué se ha comprobado que no existen la ley de la compensación ni la mano invisible del mercado, que, no, las cosas no “pasan por algo” sino porque pasan.

Ahora que los saberes ancestrales nos han decepcionado tanto o más que la ciencia infalible.

¿A qué biblioteca irán a leer, a qué editorial irán a rogar, queridos lecto-escritores si no completamos los libros que había que leer en ese tiempo que nos dieron los que estaban en la calles salvándonos?

¿Si no dejamos escritas más que banalidades?

Es posible que el Coronavirus sea el triunfo de la mediocridad: ni solución ni catástrofe. Esa tibieza que tanto aprecian los centristas.

Guacale.

Por eso con los días, el interés de estos textos, de escribirlos y de leerlos, es cada vez menor. La trama falla porque no llegamos a ninguna parte. El contenido también porque tal vez algo había en los delirios contemplativos del principio, cuando pensábamos que el mundo que conocíamos se desvanecía pero con la contemplación nace el tedio y con el tedio un cierto resentimiento. Y de un tiempo para acá me jarto de mi tono didáctico.

Van 43 días, 44 “cartas” desiguales.

Escribir me ha permitido hacer algo de mis días, pero esto partiendo de una premisa doblemente falsa, que sólo vale la pena lo que deja huella y que estos textos dejan alguna clase de huella, lo que es presuntuoso.

Los testamentos de esta época mediocre no se están escribiendo ahora. Todos somos Enoch Soames. Nadie Filemón de Sausage. No hay futuras Pestes, ni Ensayos Sobre la Ceguera ni Muertes en Venecia en los discos duros ni en la nube por la que los autores pagan a Apple Co.

Y en lugar de Decamerones nos quedan minutas de borracheras en Zoom.

¿Quién será la primera persona que verán? ¿Entre qué brazos quisieran tirarse con la desesperación del náufrago que llega a la playa?

(Así sea de una isla desierta, por supuesto, así sea a una tierra donde corren ríos de sal en lugar de agua dulce).

¿Qué harán ustedes en esos días de libertad antes de que digan que el desconfinamiento falló y habrá que regresar a nuestras cuevas personales mientras afuera se desata, ahora sí de verdad. la padre madre de todas las pandemias?

A esa hora en la que intento dormir y hago listas mentales de tanto abrazo y beso y trago pendiente, a esa hora en la que los párpados me pesan, así como dicen los hipnotizadores de la tele, recuerdo que no le he mostrado todavía a Leonardo las auroras boreales de Arendelle y me digo

Recogeremos flores en los jardines de Malmö, que tienen tanto verde que nadie se imagina que entre el verde y el mar hay un puerto industrial y ahí esperaremos meses y meses”.

Y conforme los párpados pesan todavía más, así como decían los hipnotizadores de los programas de televisión, me digo que mañana iré a bailar en los pueblitos de Andalucía y cuando digo pueblitos los digo todos, durante meses y meses, y va a llover y contra toda expectativa de elegancia, el vino será blanco y lloverá una lluvia de verdad, de esas con truenos que asustan a todo el mundo excepto a los amantes.

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