Umpalá

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Cartas desde París en Cincuentena.

Día 50

Mayo 2

Muchas informaciones poco confiables circulan en estos días difíciles, esta, sin embargo no es una de ellas, pues no sólo ha aparecido en la Universidad de Harvard, sino que ha sido verificada por doctores que están en la primera línea de la guerra contra el Coronavirus en España e Italia.

En días pasados, los medios hablaron, casi con certeza, de la muerte del líder Norcoreano Kim Jong-Un, quien desde el pasado 11 de abril no aparecía en público.

En la noche del viernes, sin embargo, la agencia KCNA , órgano de comunicación del país más hermético del mundo, dio a conocer varias fotografías en la que el dictador de 36 años aparecía, luciendo su carismática sonrisa  en la inaugruración de una fábrica de abono.

Varios especialistas en medios de comunicación, entre ellos el ingeniero Ricardo Abdahllah, autor de una memoria de nivel Maestría en la que llegó a la conclusión que la KCNA exagera un poquito a la hora de hablar bien del líder máximo,  notaron que en las notas de prensa que acompañaban las imágenes, el nombre de la capital del país apareca escrito como «Yongyang» en lugar de «Pyongyang».

Una omisión que no tiene nada de error tipográfico, pues a pesar de que la versión oficial para explicar la ausencia del líder en la escena pública hablaba de un quiste en el tobillo, parece estar claro no sólo que el hombre fuerte del país asiático padeció en realidad de la enfermedad causada por el Coronavirus, sino que además los médicos y científicos que trabajaron en su recuperación habrían descubierto un tratamiento efectivo que podría reducir drásticamente la expansión de una enfermedad que ya parece será la sucesora de Gretta Thumberg como Personaje del Año de la Revista Time y que sin duda puntea  para ser reconocida como el mal del siglo.

Que las buenas noticias vengan de Corea del Norte no es una sorpresa. Si Kin Jong-Un efectivamente enfermó de COVID, era de esperar que  TODO el personal médico y científico del país se ponga a su servicio. Y no olvidemos que, según la Agencia Oficial de Prensa, los médicos norcoreanos son los mejores del mundo, como también lo son los atletas, cocineros, agricultores y albañiles.

Tampoco es difícil de imaginar la presión que quienes se ocupan de la salud del mandatario tuvieron sobre ellos. Curar a un dictador es uno de esos raros momentos en los que un médico teme no sólo por la vida del paciente sino por la suya.

Pero si, bendito sea Dios, el bondadoso líder máximo se recuperó tan rápido,, tal vez hay una razón de más peso : la cantidad de conocimiento que para ayudar a un alíado político incondicional, el gobierno chino pudo haber transferido a los norcoreanos en las últimas semanas.

Una información que sin duda incluye datos que pueden ser reveladores sobre el verdadero origen del virus, que los medios masivos y los gobiernos nos quieren ocultar pero que gracias a los canales Youtube de personas que han analizado el internet y a las cadenas WhatsApp que circulan en varios idiomas, parece ir saliendo a la luz.

Es un hecho que si las autoridades chinas lograron controlar rápidamente un virus «desconocido» es porque no lo era tanto. Los científicos sabían a lo que se enfrentaban y cada vez hay más voces que lo afirman no sólo en la Universidad de Harvard  sino entre los doctores que están en la primera línea de la guerra contra el Coronavirus en España e Italia.

Incluso el profesor bienémerito  Filemón de Sausage llegó a afirmar en un video publicado en su página de latinchat que  « El Coronavirus fue creado por el gobierno chino para desastabilizar el mundo occidental. Sólo que las cosas se salieron de control »

Y ese lapsus tipográfico, que no lo es, de la KNCA, al hablar de Yongyang en lugar de Pyongyang nos revela cómo se salieron de control.

La primera premisa del «Manual de Guerra Bacteriológica de la CIA» (Editorial Voluntad» es que un virus artificial que quiera usarse para doblegar una potencia enemiga debe cumplir con una doble condición, que sea imposible de controlar por los países atacados y que no se convirtiera en una amenaza contra la población del país que lanza el ataque.

La apuesta del gobierno Chino era que en lugar de expandirse por el aire o las secreciones como lo hacen los virus de bien, su virus artificial lo hiciera viajando en las « gotículas » o « goteletas » o « breves perlas de saliva suspirada » de los pacientes contaminados.

Esas que todo los científicos del mundo han tratado de bloquear cuando se diseminan en toses, estornudos, apretones de mano y besos de esos que ni valen la pena , pero que en realdiad se desprenden sobre todo al pronunciar la letra « P ».

Una letra que existe en todos los idiomas del mundo, excepto, y aquí es difícil imaginar que se trata de una casualidad, en el idioma Chino.

Al producir ese virus, las autoridades Chinas se aseguraban además de que cualquier persona que los acusara de estar detrás de un ataque, se contaminara al decir «El resposnable es el gobierno de PPPPekín ».

Ellos, por su parte, dicen « Beijing » (北京) , el riesgo es cero.

O eso creían. No contaban con que el laboratorio en el que lo desarrollaron tuviera un nivel de seguridad P4 y con que uno de los científicos que había estado en contacto con las cepas experimentales, contestara alegremente «PPP4 » , expulsando gotículas al hacerlo, cuando un vendedor de pescado del mercado de Wuhan le preguntó cuál era el nivel de seguridad del laboratorio ese que quedaba a tres cuadras.

El resto es historia. Y como suele suceder con la historia, es sobre todo tragedia.

En el punto en el que estamos, en el que es muy probable que dentro de poco la capital norcoreana comience oficialmente a llamarse  «Yongyang», no sirve de nada pedir un castigo para los culpables, menos aún iniciar un boycott en el que decidamos tirar por la ventana todo objeto que contenga la mención MADE IN CHINA, lo que de todas maneras equivaldría a botar por la ventana todos los objetos de la casa excepto los chiros hechos por mano de obra malpaga  de Sri Lanka o Bangladesh.

Las revelaciones tampoco son una invitación a no respetar el confinamiento o a creer que la vida normal que tuvimos regresará pronto.

Pero sí abren la luz a la más importante estrategia que tenemos para detener al virus al menos mientras las grandes compañías farmaceúticas  terminan el diseño del empaque de las vacunas (porque la vacuna ya la tienen, eso se sabe) y mientras la Resistencia termina de quemar las antenas 5G que exacerban el contagio.

Hay que usar barbijo.

Estornudar en el codo.

Evitar las aglomeraciones.

Lavarse las manos mucho, hasta que sangren.

No  jugar más a «pico de botella»

y por encima de cualquier otra cosa, dejar de utilizar la letra « P ».

Yo sé que no es fácil, que va a ser un duro golpe para los sicólogos y siquiatras , dos gremios cuya lucha principal desde hace años es que se les reconozca la raíz entomológica griega de su noble oficio, pero hoy en día hay que pensar en la comundiad, y allí donde la P es peligrosa, la combinación « Ps » es mortal.

Yo se qué será duro para los Paraguayos, quienes al llamarse Araguayos serán aún más confundidos con los Uruguayos.

Para las Patricias, como mi tía favorita (aunque si quieren pueden decirles « tía favorita »)

Para los Panaderos y las Panaderas.

Y para las veinte o treinta personas que aún apoyan al Polo Democrático.

Para los presidentes y para los residentes, a quienes confundirán como los primeros.

Para los Papás y los Papas (aunque este grupo sólo incluye a dos personas)

Para quienes a todos le ponen « peros »

para los paparazis, quienes serán ahora « aarazis ».

y que tal vez el único beneficiado sea un conocido expresidente, a quien ya no tendrán que sacarle en cara sus nexos con aramilitares.

La lucha será larga, pero sigamos por favor los consejos de e’idemiológos y científicos.

Así como hemos aprendido a tomar té caliente para matar el virus antes de que se reproduzca en la boca, bebido blanqueador a pico de botella como recomienda Trump  y seguido los ejercicios respiratorios recomendados por el doctor Attaroyo paras saber, sin pruebas de laboratorio, si tenemos, hemos tenido o tendremos el Covid.

Hoy or ti, mañana or mí.
No más goticas de babas virulentas en el aire.
Díle no a la letra « P ».
 

 

 

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