Si yo fuera

Publicado el José Ricardo Mejía Jaramillo

Un referente Ético

Por Juan Carlo Gaviria Gómez

Profesor Eafit

En 1990 cursaba el último año de la carrera de Derecho en la Universidad de Medellín y debía matricular la asignatura de Ética.

Tenía muchas dudas de la pertinencia de que en un pénsum académico se consagrara la Ética como una asignatura autónoma.  Me inclinaba por pensar que la Ética debía estar presente de manera transversal durante todo el proceso pedagógico, sin que fuera adecuado que existiera una materia que tuviera como propósito su enseñanza.

Razón no me faltaba, pues los cursos de Ética solían enfocarse en el estudio del estatuto del ejercicio de la abogacía, y en disquisiciones sobre los deberes de los abogados, las faltas disciplinarias y las sanciones que aquél consagraba.

Sin embargo, tuve la fortuna de que aquel curso de Ética donde me matriculé, estuvo a cargo del maestro J. Guillermo Escobar Mejía, de quien tenía referencias, pero no un conocimiento directo. Las clases permitieron ratificar que la Ética no se enseña, pero que los referentes éticos son esenciales en la formación y en el ejercicio profesional.

Con sus vivencias, con su concepción profundamente humanista de la vida en general y del Derecho en particular, con su consideración por el ser humano y especialmente por aquellos en condiciones de inferioridad o de dificultad, el maestro Escobar se convirtió en un ejemplo ético para todos aquellos que fuimos sus discípulos.

La Ética, en el caso del maestro Escobar, trascendió con holgura el ámbito teórico, logrando una de las máximas aspiraciones que debe tener un ser humano: la coherencia.

En su caso, ha existido plena conformidad entre su discurso humanista –si se quiere auténticamente cristiano– y sus actuaciones personales y profesionales, signadas por el altruismo, por el respeto por el prójimo y por el entendimiento de la debilidad humana.

En cada uno de los escenarios donde el maestro Escobar ha intervenido durante su vida pública, ha revelado sus profundas calidades humanas y su ejemplar coherencia.

En el foro penal evidenciaba como causas que parecían imposibles de defender encontraban justificación –o por lo menos explicación– en la historia y desgracia de los seres humanos que protagonizaban la misma; en sus charlas públicas y privadas, la reivindicación de la dignidad humana se convertía en la base del discurso; en el acto pedagógico se destacaba por el afecto con el que trataba a sus discípulos, por quienes mostraba un alto grado de respeto y consideración (a veces, contradictoriamente extraño en las aulas en las que se enseña el Derecho).

De manera consistente, su vocación por defender a los humildes y a los desvalidos le ha impedido ser connivente con el poder y con la arrogancia de quienes lo ejercen. La intolerancia que caracteriza a nuestra sociedad explica que sus actuaciones hayan causado incomodidad y que su actuar consistente haya sido considerado por esos intolerantes, como cercano a lo subversivo.

Encuentro reflejado al maestro Escobar en la referencia que hace Thomas Mann al humanismo al expresar que éste “…no era otra cosa que una política, una actitud de sublevación contra todo lo que mancha y deshonra la idea del hombre.”

En tiempos donde la corrupción campea, cuando se privilegia la consecución expedita del dinero y donde los principios claudican fácilmente, el referente del maestro Escobar se convierte en una esperanza para que las nuevas generaciones retomen los caminos de la Ética y de la valoración integral del ser humano.

 

Comentarios