Si yo fuera

Publicado el José Ricardo Mejía Jaramillo

Jota Guillermo Escobar

Por Javier Henao Hidrón

En la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia tuve el grato placer de ser compañero de estudios de J. Guillermo Escobar Mejía.

Era un joven estudioso, independiente, muy buen amigo de sus amigos, que tenía un concepto claro de la justicia y actuaba con decisión cuando se trataba de defender una causa justa o de hacer frente a alguna injusticia.

Cuando egresó de la Facultad de Derecho y obtuvo su título de abogado, organizó oficina con tres de sus compañeros. Y en el período 1964-66 fue elegido diputado a la Asamblea Departamental de Antioquia por el partido conservador, pero no obstante actuar con brillo en esa corporación, la política no lo apasionó, prefiriendo dedicarse al ejercicio profesional en el área del Derecho Penal.

Tuvo gran devoción por el Derecho Penal. Lo concebía como un instrumento idóneo para la reivindicación de los humildes y el control a los poderosos.

Vinculado a la organización judicial del Estado, fue primero Juez Superior y después, Fiscal de Juzgado Superior y del Tribunal Superior de Medellín, posición desde la cual puso al servicio de la comunidad su innata vocación en defensa de los pobres, de los humildes y de los perseguidos.

Una selección de su trabajo judicial como fiscal, puesto de presente ora en sus alegatos escritos o bien en sus defensas ante jurado, se encuentra en su libro “CONCEPTOS FISCALES, por los que nacen procesados” (dos ediciones: 1985, 2007); en esta última versión me fue obsequiado por su autor, con sentida dedicatoria que ocupa la primera página y donde reclama como único mérito: “La pureza emocional de mis utopías”.

Su labor como fiscal, que es primordialmente el de defensor de los más altos intereses de la sociedad civil, la asume al hacer un completo análisis de la personalidad del sindicado y del acervo probatorio, con apoyo en la psicología, la sociología, la estadística y la historia. Todo lo cual le permite concluir con pedimentos acordes a sus conocimientos y su conciencia de hombre bueno: libertad plena o vigilada, disminución de pena, un subrogado penal, una nulidad plena o parcial, legítima defensa, o aquel estado de “ira e intenso dolor, causado por grave e injusta provocación”.

Por eso, después de leer el libro, un colega suyo escribió: “El abogado es ante todo la voz de quien no tiene voz, y el derecho un medio para proteger al débil”. Y un magistrado de la Corte Suprema, pedía asimilar sus enseñanzas para “ser más humanos”.

Si quisiéramos completar un poco este perfil sobre Guillermo, resulta imprescindible mencionar que fue el inspirador del Movimiento de los Derechos Humanos Penitenciarios, y que después de obtener su reconocimiento legal, fungió como secretario.

Siempre me ha parecido que entre los mandamientos del abogado, sobresale aquel que enseña: “Cuando encuentres en conflicto la ley y la justicia, lucha por la justicia”.

 

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