Si yo fuera

Publicado el José Ricardo Mejía Jaramillo

Un cumpleaños más allá de lo personal

Por Albeiro Pulgarín Cardona

Profesor Universitario

La evocación de un hecho de la naturaleza o de una circunstancia sociológica, exige fidelidad a la historia, entendiendo por esa actitud el acatamiento a una óptica objetiva sobre el respectivo acontecimiento materia de análisis.

Este escrito pretende evocar el proyecto de vida de una persona reconocida en el entorno social, jurídico y académico del país, por las enseñanzas que proyectó desde la ciudad de Medellín;  se hará referencia al abogado J. Guillermo Escobar Mejía, de quien deben distinguirse las virtudes que orientaron su quehacer profesional, social y familiar, no sólo como paradigmas para las generaciones que, con sentido humanístico, asumen su proyecto de vida con responsabilidad; sino que se hace necesario reconocer que  el quehacer  pedagógico del citado jurista tiene plena actualidad para resistir al deterioro de la vida social e institucional de Colombia, propiciado por una propuesta económica que niega los valores que desde las concepciones filosóficas desde Grecia, el Renacimiento y la Ilustración le han dado base conceptual y norte ético al ejercicio del derecho.

Ese reconocimiento a la persona que hoy se evoca, se expresó en un trato que superaba lo respetuoso hacia él, pues al referenciarlo o en la interlocución directa, la manifestación del título de doctor era connatural al respeto que inspira y al reconocimiento a toda su integridad.

La virtud de más connotación se manifiesta en su apostolado por la formación humanística proyectada a la juventud en los distintos auditorios, ya fueran especializados en la rama del derecho, o  hacia la comunidad con los  no iniciados que acudían cada que se convocaban, pues era frecuente contar con el doctor J. Guillermo en las sesiones académicas que impartía en todos los sectores de la sociedad.

Debe hacerse hincapié sobre el ejercicio profesional en su trasegar por la función pública, pues desde esos escenarios, ya como representante del ministerio público y posteriormente de la rama judicial, sus conceptos y decisiones estaban fundadas en una sindéresis incubada desde su formación filosófico jurídica, superando la rígida exégesis prescrita en la carta de 1886.

En el pronunciamiento de sus conceptos fiscales en representación del ministerio público, con categórica argumentación inaplicaba la norma que afectara la dignidad humana del respectivo procesado; y aún, tomando distancia con la tutela exegética de la constitución derogada,  sus peticiones tenían interlocución tanto al interior de la judicatura como de la figura del jurado de conciencia en donde afortunadamente fueron escuchados sus análisis y peticiones que ostensiblemente tenían sentimientos de justicia, no de sumisión a la ley.

Ese ejercicio, que por muchos años nutrió a los jueces superiores de la época, también dio cuenta de la elocuencia de la palabra en el doctor J. Guillermo, que él mismo en sus pláticas sobre oratoria insistía en que la brillantez del discurso, nace de la lealtad a los sentimientos que lo trasuntan.

Afortunadamente, de su ejercicio como servidor público, quedaron escritos conceptos fiscales que, para la escuela normativista estricta que regía, eran relacionados en las fronteras de la ilicitud jurídica; interpretaciones que le daban más fuerza al humanista por el convencimiento de su conocimiento y de su formación literaria, filosófica, criminológica y psíquica.

Contando con la producción intelectual de riqueza probatoria para hoy, es justo el reconocimiento al doctor Escobar Mejía, de ser uno de los precursores del Estado social de derecho, promulgado como modelo político de Estado en la norma de normas vigente; se quiere significar que cuando el constituyente de 1991, aprobó como principios fundamentales la dignidad humana, la prevalencia del bienestar general, el trabajo y la solidaridad, ya la producción del connotado penalista que homenajeamos había tenido en cuenta en su práctica jurídica esos principios, además el de la función social de la propiedad, la libertad de cátedra y la idoneidad ética y pedagógica.

Una circunstancia a resaltar en el proyecto de su vida profesional, es la de haber sido contemporáneo del resurgimiento de la modalidad bélica en todas sus manifestaciones en la ciudad de Medellín, de la cual fueron víctimas una pléyade de juristas y defensores de derechos humanos, que también afectó al doctor J. Guillermo por su fervor no sólo la defensa de la dignidad humana en general, sino su compromiso por los derechos humanos penitenciarios,  que también dan testimonio de su vocación por los humildes, que bien destacó en su libro Conceptos Fiscales: Por los que nacen procesados.

Es recurrente la prensa nacional en denunciar la crisis del sistema penitenciario, situación que le da validez histórica a otra insistencia del doctor J. Guillermo en su compromiso, en donde censuró y denunció el sistema penitenciario, proponiendo la humanización del mismo, postulados que sólo se han cumplido excepcionalmente, pero para beneficiar a las élites lumpenizadas; e infortunadamente agravando la condición de los desposeídos hoy en cautiverio.

Para quienes hemos sido beneficiarios de su compañía, ya en el escenario académico, ya en el debate o en la acción jurídico política, es de elemental responsabilidad histórica destacar las virtudes de un modelo de la crítica pedagógica, de la criminología y de la práctica humanística, como lo ha sido el doctor J. Guillermo Escobar Mejía.

 

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