Si yo fuera

Publicado el José Ricardo Mejía Jaramillo

Al maestro J. Guillermo Escobar: Un ser humano maravilloso

Por Víctor Hugo Caicedo Moscote

Profesor Universitario

Corría el año 1982, me hallaba estudiando en la Universidad de Medellín. Era mi último año en la carrera de Derecho. En la Facultad, la gran mayoría de los estudiantes, entre ellos yo, transitábamos sin norte hacia nuestro futuro ejercicio profesional. Dentro del pénsum, para cursar en ese momento, figuraba la materia de Ética.

Como muchos de los demás estudiantes, pensé: “Quién va a darnos este hueso” Desde hacía algún tiempo estaba decepcionado con la forma de enseñanza que predominaba en la carrera que estudiaba en dicho claustro. De hecho, pensaba colgar el diploma y dedicarme de lleno a la docencia en Filosofía, un proyecto que realmente me entusiasmaba. Encontrarme con profesores de Derecho que defendían un régimen opresivo hacía que me preguntase: “De qué derechos estamos hablando en una Facultad de Derecho” Tampoco era ajeno a la posibilidad de ejercer otra actividad, como el comercio. En todo caso había decidido, en ese momento, renunciar al ejercicio profesional del Derecho.

Ver la irracionalidad de ciertas sentencias y a catedráticos decir que eso estaba bien, que era mera cuestión de interpretación, sin tocar para nada la idea del bien, hacía que percibiera el Derecho en la práctica más como un ejercicio de poder, que como forma –quijotesca o no quijotesca– de “enderezar tuertos y desfacer agravios”. Ello me estaba llevando a la decepción y a la larga podría generar frustración.

Para rematar, al haber estudiado Filosofía y Letras en la Universidad Pontificia Bolivariana, mi nivel de exigencia académica aumentaba en relación con el resto de estudiantes que cursaban conmigo las materias del área jurídica.

Conocí, entonces, en mi último año en la Facultad de Derecho de la Universidad de Medellín, al maestro J. Guillermo Escobar Mejía. En ese momento contaba J. Guillermo 46 años. En sus exposiciones (cada clase era, en realidad, una conferencia) encontré un ser culto con carácter. Indudablemente uno de los docentes más preparados y apasionados que haya conocido. Un hombre que leía  la literatura con sensibilidad, quizá más humanamente crítico que cualquiera que pudiese uno conocer. A la manera de Antonio Machado y Miguel de Unamuno, leía –desde y– para el hombre. Ha sido juez, procurador delegado ante el Tribunal de Medellín y profesor de diversas materias en varias facultades de Derecho de universidades de la ciudad de Medellín (Universidad de Antioquia y Universidad de Medellín, entre otras). Hoy está disfrutando de su pensión.

Recuerdo que, al finalizar los meses, a todos nos calificaba con cinco en su clase de Ética. La única condición era figurar matriculado, porque ni siquiera a lista llamaba. Aclarándonos, eso sí, que ese cinco debíamos ratificarlo en nuestras vidas o convertirnos en hijos de puta.[1]

Con él, en todas las oportunidades cuando lo he tratado, he llegado a comprender que el Derecho tiene un faro en el horizonte hacia el cual marchar. Que sólo está separado de la ética en el ámbito conceptual. En la realidad, Ética y Derecho se implican en un movimiento dialéctico. Ambas se alimentan entre sí y se sustentan y soportan en la economía. Resulta imposible separarlas. Todo esto se ve más claro con la lectura de su libro “Por los que nacen procesados”, obra en la que el maestro se explaya en la defensa de los más débiles de la sociedad. Los pobres económicamente, nacen con la herencia de un proceso judicial. Nacen ya procesados y, se puede agregar, condenados. En ese sentido, de él ya se ha dicho que “es la voz de los que no tienen voz”.

Esta defensa de los oprimidos la comprendí desde que lo observé el primer día de clase. Entró a ella con porte distinguido. Con don de gentes. Conocí por fin a un humanista, de carne y hueso. El portador del sentido del Derecho, con su rostro angelical y mirada diáfana, se hallaba dándome la materia Ética en el aula de clase. Me convertí, desde instante, en uno más de los que componen su legión de admiradores. 

Qué diferencia con la mediocridad de la gran mayoría de catedráticos de la Facultad. Docentes que habían declinado a ser maestros. Que habían renunciado a enseñar con el ejemplo. Profesores sin compromiso: mentes arribistas y oportunistas que producen asco, muchos de ellos dedicados a la politiquería.  Confucio, antes que Antanas Mockus, ante la pregunta: “¿Usted qué piensa de los que enseñan con el ejemplo?” contestó: “¿Y es que existe otra manera?”.

Estando la Institución Universitaria de Envigado bajo la rectoría de Jaime Molina Franco, este me pidió le recomendara expositores comprometidos con la academiapara una especie de charlas inaugurales en cada semestre. Cité, entonces, por diversas razones a varios de mis conocidos. Uno de ellos fue Vicente Albéniz Laclaustra, uno de los académicos más brillante que haya conocido la Universidad de Medellín (ex vicerector académico de ese claustro, y excelente conferencista). También invitamos a uno de los iusfilósofos más prominentes de la península ibérica: Gregorio Robles Morchón (residente en Madrid) a quien recientemente homenajeamos en razón de su trayectoria en el ámbito de la educación superior, específicamente en el área de la Filosofía del Derecho. Se le publicó un libro en cuya elaboración tuve el honor de participar con la escritura de uno de sus artículos.[2]  También, aceptó acompañarnos, el iusfilósofo y politólogo Gilberto Tobón Sanín, el cual deleitó a la audiencia con su brillante y crítico discurso. Y, obviamente, fue invitado de honor el maestro J. Guillermo Escobar Mejía.

Los que asistieron a la conferencia del maestro J. Guillermo Escobar tendrán siempre en su mente su espléndida e inolvidable charla. Con ella despertó conciencias y logró la admiración de muchos. Personas que no lo conocían quedaron asombradas al contactar con este ser sensible que les indicaba un camino ético a seguir. Si me preguntasen quién es J. Guillermo Escobar les diría que es un apóstol del Derecho. Les diría que es una persona digna de conocer y de tratar. Les diría que es un hombre con espíritu excepcional dentro y fuera del ámbito jurídico. Les diría que es un ser humano maravilloso.

 [1] Como se recordó luego, 25 años después, en el diario El Espectador del 6 noviembre de 2007 en http://www.elespectador.com/impreso/cuadernilloa/judicial/articuloimpreso-los-nacen-procesados

[2] La Teoría Comunicacional del Derecho y Otras Direcciones del Pensamiento Jurídico Contemporáneo. Libro homenaje al profesor Gregorio Robles Morchón. Tirant Lo Blanch, Editorial, Valencia, España, 2020, 980 Págs.

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