Sapere Aude

Publicado el Daniel Cartagena

¿Fútbol como filosofía?

Sobre el fútbol y el patrioterismo.

Hay pocas personas, me incluyo, que no nos gusta el fútbol.

Si uno pretende ser sincero, debe admitir que el fútbol no es promotor de violencia. Sin embargo, alrededor de él se genera la perversa idea del “equipoterismo”. Un símil contemporáneo del patrioterismo.  Hace unos siglos, en estas montañas nos peleamos a machete limpio por regiones, por pedazos de tierras, cual mejor y más grande.  Cual debía, por derecho divino y natural, ser el epicentro de comando y gobierno. Luego un cambio político hizo que diéramos un paso, no necesariamente para mejorar, y empezamos a pelear con machete en mano por ideas políticas. La gente azul esperaba un país sin rojos y los rojos esperaban un tanto igual. Al final de la historia nadie se interesó por las ideas y el foco de disputa paso a una venganza perpetua. Hoy, que pienso en el instinto de territorialidad, no debo ir muy lejos en mi libro de historia, me bastaría con ir a un estadio.

Jóvenes habitando un color que solo representa un estribillo grupal, una lucha a muerte con otros y una fidelidad que se funde en un acto de fe. Características, todas estas, propias del equipoterismo. Da la sensación que parte de los jóvenes solo reconocen su hinchada como grupo social y responden ante ella. Ella les brinda refugio y protección, pero les exige para máxima gloria del equipo que los hinchas adversos sean convertidos al fútbol verdadero, a la doctrina cierta y sagrada del balón en pies de sagrados ídolos que visten el color inmaculado. Digo pues, que guardando proporciones, la peor fase del regionalismo tiene su versión moderna.

Solo me queda anotar, que a pesar de muchos, el fútbol no es filosófico ni místico. Frases como: el fútbol es así, esto esa fútbol, unas veces se ganan y otras se pierde, en el fútbol hay justicia, el fútbol es injusto a veces… dan cuenta de una mistificación innecesaria y vulgar que tiene un punto casi patético en llamar a Carlos Antonio Vélez, profesor.

Hay pocas personas, me incluyo, que nos negaríamos en decirle profesor a Vélez.

 

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