HomeActualidadRompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying
La crianza en el recreo
Por: Catalina Quiroga Matiz. Psicóloga – Consejera Escolar. Se trata de pensar en las formas en que la crianza se expresa de mil maneras en la interacción de los niños, niñas y adolescentes, esta vez, enfocándonos en cómo se muestran en compañía de sus pares y bajo el cuidado de otros adultos que no son…
Se trata de pensar en las formas en que la crianza se expresa de mil maneras en la interacción de los niños, niñas y adolescentes, esta vez, enfocándonos en cómo se muestran en compañía de sus pares y bajo el cuidado de otros adultos que no son necesariamente sus familiares.
El recreo, donde la magia ocurre
Es un momento, quizá pensado para el descanso, pero también es el escenario donde nacen ideas y se da la posibilidad natural de interactuar con el otro.
Realizar un ejercicio de observación en estos espacios resulta profundamente enriquecedor, porque allí todo ocurre de manera transparente. Incluso podría decirse que es un espacio donde aquello descrito por Charles Darwin sobre la selección natural encuentra una analogía curiosa:
los niños y adolescentes ubican sus intereses, afinidades y formas de relacionarse desde las características que les ha dejado la crianza recibida en casa.
Y es interesante porque, aunque el entorno está envuelto en un halo de diversión y juego, cada subgrupo, o incluso cada persona que elige estar sola, carga consigo un universo de conversaciones internas y externas.
Universos que, a veces, muestran aspectos que suelen camuflarse ante sus cuidadores. El recreo está lleno de risas y movimiento, pero basta una pequeña diferencia o roce para que la dinámica cambie por completo.
Ante esas dificultades, algunos niños buscan de inmediato a sus adultos de confianza para contar lo sucedido. Esa información, entregada en el momento justo, permite mediar de manera precisa y apoyar la continuidad del juego con más calma.
Otros prefieren evitar la pausa y continuar, mostrando una capacidad creciente para resolver por sí mismos. Pero muchos, como es natural, esperan a llegar a casa para narrar ese pequeño conflicto que, en la mayoría de los casos, no tiene una connotación tan grande como se percibe desde la emoción.
El recreo, un laboratorio vivo de lo aprendido
Y es ahí donde aparece otro escenario: el del hogar. Ante la voz vulnerable de un hijo que relata su experiencia, los padres escuchan con atención y, desde el amor, amplifican cada detalle. Actúan como madres y padres leones, dispuestos a proteger a sus retoños. No está mal; es profundamente humano.
Sin embargo, cuando la inconformidad crece y el relato se convierte en una preocupación mayor, algunos adultos buscan directamente a quienes consideran responsables, intentando impartir justicia de manera inmediata.
Es en ese impulso, comprensible pero riesgoso, donde, sin proponérselo, pueden llegar a reproducir dinámicas propias del acoso escolar: señalar, presionar, intimidar o acusar sin mediación, todo con la convicción de defender. Y es ahí cuando, sin darnos cuenta, los adultos también podemos convertirnos en parte del mismo problema que intentamos evitar.
Es en ese punto donde la crianza entra de nuevo al recreo: en las formas tajantes de resolver, en la mirada que señala, en el riesgo de revictimizar, en la dificultad de comprender que los conflictos infantiles tienen una escala distinta a la de los adultos.
Mientras tanto, quienes desde el colegio trabajan en mediación, resolución pacífica de conflictos, justicia restaurativa y procesos formativos comprenden que la historia suele ser menos dramática de lo que llega narrada a casa. Y aun así, el colegio queda con la etiqueta de “no hace nada”.
Al final, las formas de crianza también caben en el recreo
Quizás lo que nos recuerda el recreo es que todos estamos aprendiendo: los niños, a convivir; los adultos, a acompañar sin desbordarnos. Que en esos pequeños roces que parecen enormes se esconden oportunidades para enseñar y para mirarnos como cuidadores.
Y que antes de apresurarnos a defender, señalar o juzgar, vale la pena detenernos, respirar y recordar que cada experiencia es parte de un proceso más grande: el de formar seres humanos capaces de construir paz, primero en el patio del colegio y, luego, en la vida.
Rompamos el silencio
Un esfuerzo innovador en el país, liderado por El Colegio Bilingüe José Max León y la Universidad EAN, en el que colegios, autoridades públicas, organizaciones sociales y aliados internacionales se articulan para actuar de forma proactiva frente al Bullying y el ciberacoso.
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