República de colores

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Sector música en tiempos de Covid-19 (1). Reflexión de Cédrid David

Primera entrega de tres textos del director de Cecom Música y Afropicks sobre el futuro de la industria musical. En esta habla de «El batallón independiente del Ejército de la Música».

Por Cedric David, presidente de la Asociación de Managers y Bookers de América Latina. Gestor y asesor cultural*.

Uso esta palabra, batallón, por la semántica actual, muy militar y de guerra, en nuestra sociedad.

Un poco asustador para quien no ha estado acostumbrado: en efecto, hoy en día nos toca por todas partes ver o leer: ‘confinamiento, aislamiento social, estado de emergencia, toque de queda, cuarentena’.

Bueno, eso sí, en Colombia por ese lado estábamos más preparados que los europeos. Hemos vivido cantidad de crisis terribles que ni vale la pena recordar con un repertorio que incluye conocidas palabras como cúpula, guerra, desplazamiento humano, ataques a población, víctimas civiles, conflicto interno, terrorismo, guerrillas. De manera que el vocabulario militar aquí se entiende.

En el tema de la salud, también tenemos nuestra dosis de problemas y aprendizajes sobre enfermedades tropicales graves y altamente transmisibles: dengue, Zika, Chikungunya.

Sin hablar de nuestras propias epidemias: el narcotráfico y el paramilitarismo. Pero parece que pasamos en otra dimensión con el Covid-19.

Entrando en materia, digo ‘ejercito’ también porque en la industria de la música hay una organización, una disciplina, un compromiso, unas funciones, unas jerarquías, unos procesos, hasta en la parte en vivo…

¡También hay uniformes! Todo eso hace pensar en la metáfora de un ejército, y eso es exactamente lo que necesitamos en este momento para sobrevivir.

También digo ‘de la música’ no solo de los músicos, porque este mundo lo compone un montón de gente de todas las edades, sexos, orígenes sociales, y raciales, perfiles profesionales, una verdadera representación de la sociedad, un ecosistema rico y vivo, pero que recientemente ha sido muy golpeado.

Sin duda, uno de las primeras y casi inmediatas víctimas de la crisis que estamos viviendo, ha sido el sector cultural; fue un tremendo golpazo, uno solo y-cataplum, al piso y sin piedad. Enseguida la crisis fue tumbando al turismo, al entretenimiento, al deporte, como un juego de dominó.

Importante respuesta para quienes hablan de fragilidad y exposición de sectores económicos que hay que rescatar, teniendo esos tres: cultura, deporte, turismo, no solo la incomparable responsabilidad de la imagen país en el exterior sino que son la metáfora de una esperada vida sana, alegre, enriquecedora y tolerante para los habitantes del mundo, de su cuerpo como de su mente.

Está claro que debemos buscar la manera de no desaparecer como industria. Se están organizando partes del sector, notablemente la producción y los empresarios de los eventos con actitud incluyente, pero hace falta una organización para lo que se suele llamar ‘la música independiente’, por ende sub-representada, o más bien, ausente de las mesas de reflexión y propuestas sea con el gobierno o internas.

Muy preocupante: es sin duda el hormiguero de la creación artística nacional, los que encuentran y cuidan a la semilla hasta que se vuelva flor, la siguen acompañando en su crecimiento o se separan luego, pero sin ellos, no crece la planta, básicamente.

También son claves en la vida cultural local: su activismo sea en redes, en contenidos sonoros y visuales, mantener una escena vigente de estudios, oficinas, escenarios pequeños, medianos o grandes.

Ojo que independiente no significa pequeño, hay bandas internacionales muy seguidas allí. Pero, sin duda, todo este tejido de servicios, artistas y trabajadores está amenazado.

Empresas pequeñas, cooperativas, asociaciones, fundaciones formalizadas, registradas, cumpliendo con sus deberes administrativos pero con una contribución tributaria que las tiene agotadas y ahogadas desde varios años. ¡Una economía naranja que las tiene olvidadas en el camino!

Y con la crisis del Conoravirus para rematar…

Peligran agencias de managment y booking, cooperativas de técnicos e ingenieros, sellos disqueros, oficinas de producción, de asesoría legal, de sincronización y publishing, de logística, de marketing digital, material audiovisual, estudios, empresas de transporte, catering, personal y gerentes de salas.

Su limitada tesorería y capacidad de endeudamiento va a hacer que muchos tengan que –en el mejor de los casos– reorientar actividades, cerrar su entidad jurídica, o ‘bajar la vela’ y dejar de contratar servicios que suelen usar con gente freelance.

La irregularidad de sus ingresos y la gran incertidumbre, a mediano plazo de su negocio son importantes limitaciones para buscar endeudarse y abrir créditos. Por eso, serán insuficientes mini-gestos como los préstamos sin intereses en bancos o congelar los incrementos de servicios públicos.

Sin medidas de choque de parte del gobierno y de las ciudades, el resultado de este primer enfrentamiento virus-sector económico habrá sido letal para el batallón independiente del llamado ‘Ejército de la Música’.

A suivre. To be followed

* Se publica aquí por cortesía de El Isleño y el autor.

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