<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
    xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
    xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
    >

<channel>
    <title>Blogs El Espectador</title>
    <link></link>
    <atom:link href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/republica-de-colores/en-memoria-de-adela-la-mujer-que-con-su-don-curo-y-salvo-en-el-choco/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Tue, 14 Apr 2026 23:46:05 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
    <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
    <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
    <generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/11163253/cropped-favicon-96-32x32.png</url>
	<title>En memoria de Adela: la mujer que con su don curó y salvó en el Chocó | Blogs El Espectador</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
        <item>
        <title>En memoria de Adela: la mujer que con su don curó y salvó en el Chocó</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/republica-de-colores/en-memoria-de-adela-la-mujer-que-con-su-don-curo-y-salvo-en-el-choco/</link>
        <description><![CDATA[<p>Esta es la historia de Adelaida González Palomeque (1936-2022), oriunda de Yuto, Chocó, conocida como Adela o Ela, una mujer cuya vida sencilla se convirtió en un refugio de saberes ancestrales y cuidados comunitarios. Por Glenda Yineth Ramírez Córdoba, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Católica de Pereira. Hijos, nietos, vecinos y [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Esta es la historia de <strong>Adelaida González Palomeque</strong> (1936-2022), oriunda de Yuto, Chocó, conocida como Adela o Ela, una mujer cuya vida sencilla se convirtió en un refugio de saberes ancestrales y cuidados comunitarios.</p>



<p><em>Por <strong>Glenda Yineth Ramírez Córdoba</strong>, estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Católica de Pereira.</em></p>



<p>Hijos, nietos, vecinos y forasteros la recuerdan por su calidez humana, su extraordinaria forma de ser y la dedicación que ponía en sus remedios hechos de hierbas, sabiduría que heredó de un linaje de sabedoras ancestrales por parte de su madre.</p>



<p>A través de este testimonio se devela la vida de una mujer que, sin grandes estudios ni recursos materiales, cultivó un legado de resiliencia, sanación y dignidad, convirtiendo lo cotidiano en un manifiesto de fortaleza.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Infancia y raíces</h2>



<p>Hija de Evangelista Palomeque, conocida como Imba, y Carlos González, Adela, la sexta de doce hermanos, creció en un entorno donde la fortaleza fue el valor fundamental, gracias al ejemplo de trabajo y disciplina de sus padres. </p>



<p>Buena hija, buena hermana, vecina, abuela y todo, desde temprano demostró un profundo sentido de la ayuda. Su infancia se dividía entre el río, donde participaba de las faenas mineras y un sinfín de actividades que le enseñaron a cultivar, cosechar y pescar. </p>



<p>Esta vida, marcada por la responsabilidad temprana, sería el cimiento de la resiliencia que más tarde la definiría.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una vida de lucha y maternidad</h2>



<p>Su vida en pareja inició a sus escasos trece años, pero el matrimonio no tardó en quebrarse. Abandonada y con la responsabilidad inmediata de sus hijos, su prioridad se centró en el sustento y la manutención diaria. </p>



<p>En medio de la dureza del Chocó, la minería artesanal se convirtió en su principal fuente de ingreso: barequeando día tras día, extraía el oro de las arenas para sustentar a los siete hijos que crió, entre propios y ajenos. Llegó hasta cuarto de colegio. </p>



<p>Su amor se manifestaba en esa incansable acción. Adela no era una madre de palabras, de decir ‘te quiero’ o ‘te amo’, sino de hechos tangibles: sabía cuándo ser dura, disciplinando con rigor, pero siempre era comprensiva. </p>



<p>Con ese mismo sacrificio silencioso y constante, logró que todos sus hijos culminaran el bachillerato, asegurándoles el camino de trabajo digno que ella forjó con sus manos. </p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="657" height="613" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/30141221/Adela-2a.jpg" alt="" class="wp-image-121841" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/30141221/Adela-2a.jpg 657w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/30141221/Adela-2a-300x280.jpg 300w" sizes="(max-width: 657px) 100vw, 657px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em><strong>Adelaida González Palomeque</strong>, alma que habita en Yuto, Chocó.</em></figcaption></figure>



<p>A pesar de sus dificultades siempre tenía una gran sonrisa y unos chistes preparados para hacer reír a los demás, pues no le gustaba ver tristeza en otros. </p>



<p>Tenía la mejor disposición para el baile, eran inseparables y si de un ´pellejo´ se trataba (un tipo de chirimía, música tradicional del Chocó) ahí la tendrían sin falta luciéndose como la mejor.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El arte de sanar con hierbas</h2>



<p>En un Chocó largamente ignorado y desprovisto de infraestructura, donde la larga duración de los viajes y la ausencia de vías pavimentadas convertían la llegada de cualquier asistencia en una odisea de días, Adelaida se erigió como la sanadora ineludible de Yuto y sus alrededores. </p>



<p>Su don no era producto del estudio formal, sino la herencia de un linaje de sabedoras ancestrales y de una fe inquebrantable. Su patio, un pequeño universo de biodiversidad, era su &#8220;farmacia viva&#8221;: allí convivían decenas de plantas —cada una con un propósito y un rezo— que ella cultivaba, conocía y utilizaba para curar desde un simple resfriado hasta lo que la ciencia moderna no podía explicar, brindando la tranquilidad que el abandono institucional negaba. </p>



<p>Ella comprendía la simbiosis entre la tierra y el espíritu. Sus remedios no eran solo hojas machacadas; eran infusiones y emplastos cargados de afabilidad, un bálsamo de dignidad y esperanza para su comunidad. </p>



<p>Para Adela, esta sabiduría era un servicio divino, una misión de entrega total al Santo Eccehomo y a todos los que tocaban a su puerta.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La rutina de Ela</h2>



<p>La vida de Adela en Yuto se regía por la disciplina del sol y la tierra. Madrugaba para organizarse, pues sabía que el orden era la primera estrategia para la jornada. </p>



<p>Su desayuno era primitivo, pero potente: un buen pedazo de pescado tapao o carne seca (pues en sus tiempos solo comía animales de monte, como el guatín, su favorito), acompañado de un vaso de agua de panela o un café bien cargado.</p>



<p>Ella entendía que la fortaleza física era indispensable para enfrentar los quehaceres del día, una certeza que la mantendría en pie para su incansable labor.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Los rituales y la espiritualidad</h2>



<p>La misión de Adela desbordaba el plano físico. Además de curar, encabezaba rituales espirituales para despedir a los fallecidos, en especial uno llamado Guali, e incluso hasta que ella no llegaba, no se daba inicio al ritual. </p>



<p>Se necesitaba un permiso para cantar, conocido como “licencia”, que era otorgada por la familia del niño en la casa. La persona que llegaba a pedir la licencia lo hacía cantando: “licencia vengo pidiendo, para empezar a cantar, si no me dan la licencia me tomo la facultad”. </p>



<p>Una vez concedida la licencia, la familia y los presentes comenzaban a bailar con el niño, pasándolo de mano en mano. Este ritual se le realiza a niños hasta los 7 años, su origen es africano y se hace de esta manera porque los padres celebraban que sus hijos no serían esclavos, volviéndose libres de una realidad de la cual no podían escapar. </p>



<p>Sus cánticos, conocidos como “romances”, erizaban la piel y Adela creaba una atmósfera sacada de cuentos mágicos que ayudaba a las familias a encontrar paz en el dolor, conduciendo esas almas hacia el descanso. </p>



<p>Para ella, su don no era un privilegio personal, sino una misión otorgada por el Santo Eccehomo. Adela nunca buscó fama ni riquezas: lo suyo era servir con humildad y entrega a su comunidad, una vocación que definió su existencia.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El legado de una abuela</h2>



<p>Adela era un pilar de amor, sabiduría y disciplina. Una mujer que reía, regañaba y enseñaba con igual intensidad. Su impacto trascendió las fronteras del Chocó; gente de otras regiones llegaron a saber de ella y utilizar su gran don, hasta el punto de llegar a inspirar trabajos universitarios. </p>



<p>De los hijos que tuvo, la menor heredó varios remedios, con los cuales también ha ayudado a quienes lo han necesitado, continuando con un legado de sabiduría, entrega y amor. </p>



<p>Para quienes la conocieron, su familia, su pueblo y su comunidad, Adela no es un recuerdo, sino una presencia mágica e imprescindible, un testimonio imborrable de fortaleza y humanidad, y para mí también, abuela. </p>
]]></content:encoded>
        <author>Fundación Color de Colombia</author>
                    <category>República de colores</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=121837</guid>
        <pubDate>Thu, 30 Oct 2025 19:14:39 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/30141041/Adela-imagen-destacada-EE.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[En memoria de Adela: la mujer que con su don curó y salvó en el Chocó]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Fundación Color de Colombia</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
    </channel>
</rss>