República de colores

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150 años de la graduación de ´El Negro´ Robles en el Rosario

El exministro guajiro, Amylkar Acosta, paisano de Luis Antonio Robles, recuerda que hace justamente 150 años se graduó de doctor en Jurisprudencia en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario el que sería el primer ministro negro de Colombia y una figura indiscutible de la segunda mitad del siglo XIX.

Amylkar Acosta Medina

Por Amylkar D. Acosta Medina, Miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Historia.

Hace 150 años el prohombre guajiro, figura cimera de afrocolombianidad en el siglo XIX, Luis Antonio El Negro Robles, fue recibido, como se decía por aquellas calendas, como doctor en Jurisprudencia en el procero y tricentenario Colegio Mayor Nuestra Señora del Rosario, hoy Universidad del Rosario.

Luis Antonio Robles – Óleo de Epifanio Julián Garay y Caicedo

Descolló como uno de los más brillantes e inteligentes estudiantes de su promoción. El 13 de abril de 1872 tuvo lugar la ceremonia de su graduación, con honores de parte del claustro que lo acogió como uno de sus discípulos más aventajados. Ello le mereció ser distinguido como Colegial, título este reservado para los 15 estudiantes con mayores méritos académicos, excelsas calidades morales y gran probidad de la institución, siendo esta la mayor aspiración de todo rosarista.

Su sólida formación académica se la debió a su Alma Mater, abrevando en ella los “nuevos saberes ilustrados”, legado este e influjo de las reformas borbónicas en la península ibérica, en contraposición a la escolástica y el confesionalismo que predominaba en la enseñanza para la época. El Acta de Independencia da cuenta de la enorme contribución de la Universidad del Rosario a la causa de la emancipación.

En ella están estampadas las firmas de muchos de sus egresados, mientras otros fueron sacrificados en el Altar de la patria a manos del Pacificador, como se conoció al señor de horca y cuchillo Pablo Morillo, en su vano intento de reconquistar las colonias que se le estaban saliendo de las manos a la Corona española a la que servía.

El Negro Robles, además de un denodado luchador desde el radicalismo liberal en el que militó, que lo llevó, en una carrera meteórica, primero a la Secretaría del Tesoro y Crédito Nacional (1876), luego al Parlamento (1876) y posteriormente a la Presidencia del Estado Soberano del Magdalena, se desempeñó con lujo de competencia en la Academia.

Fue así cómo se consagró como uno de los fundadores de la Universidad Republicana (1890 – 1919), de donde nació la Universidad Libre de Colombia (1923), de la cual fue, además de docente, su Rector (1892 – 1894)).

Posteriormente fungió como Rector de la Universidad Central de Managua
(Nicaragua, 1895). Entre sus obras se destaca la Introducción a la filosofía de la moral y las ciencias políticas (2009), la cual compila apuntes de sus clases, cuya autoría es de Alejandro Hernández (1906), rescatados y editados por su biógrafo el exmagistrado y exsecretario general de la Asamblea Nacional Constituyente Jacobo Pérez Escobar (2009).

Entre sus obras se cuenta El Código de Comercio comentado y concordado(1899), no alcanzó a ver la luz su estudio sobre Derecho público, legislación y derecho civil. Esta era la otra faceta del Negro Robles, la del intelectual, porque él fue un hombre multifacético y gozaba de una gran versatilidad.

La Universidad del Rosario, cuna de la independencia, epicentro de tantos acontecimientos de nuestra historia republicana, como lo atestiguan tantas placas conmemorativas que le rinden tributo a sus más ilustres egresados, le rindió honores al Negro Robles en una acto especial en el Aula máxima, en abril de 2010, presidido por el señor Rector Hans Peter Knudsen, ocasión propicia para descubrir una placa conmemorativa en sus instalaciones, la única de color negro.

En dicho acto tuve la oportunidad del alternar con el doctor Pérez Escobar con una disertación sobre El Negro Robles: adalid de la democracia. El texto Luis Antonio Robles. Sombra y luz. Con la sombra en la epidermis y la luz en el Alma, publicado por la Universidad del Rosario (2010) recoge las memorias de este solemne acto, promovido por la Fundación Color de Colombia, así como la placa, cuyo epígrafe se debe a la pluma del maestro e historiador rosarista Luis Enrique Nieto Arango, qepd.

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