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La época donde todo es desechable

Atardecer en Ecuador – Foto de Ana María Serrano.

“¿A ti no te parece triste que a veces dejemos de tener contacto con personas que en algún instante llegaron a significarlo todo? Es extraño. Ya sé eso que se dice de que «la vida da muchas vueltas» y «la gente va y viene», pero quizá no deberíamos verlo con tanta normalidad. Porque a mí me asusta que el ser humano sea capaz de olvidar tan rápido.” 

Me encantó este texto, hace parte del libro “Nosotros en la Luna” de la escritora española Alice Keller.  Una historia de amor entre dos personas que se conocen en las calles de París, Francia. A pesar de tener diferentes formas de ver el futuro y la vida, se enfrentan a desafíos comunes, intentando encontrar cada uno sus sentidos personales. Lo que más me gustó fue ese romance del que ya no se ve. 

Siento que últimamente estamos en una época donde todo es desechable, fácil. Si no funciona una relación, chao. Si no me gusta el trabajo o me molesta algo de alguien, chao. Si alguna cosa dijo el amigo que no cayó bien, chao… Si un matrimonio tiene una falla, Chao. Y así con todo… como si las personas, las relaciones, los vínculos, los retos, los empleos fueran de quitar y poner. Como si ya no se luchara por nada. 

Antes los noviazgos empezaban lentamente, las invitaciones a salir, la llamada por teléfono, las visitas en casa, la espera… la emoción por la primera vez que se tomaban de la mano. Las largas conversaciones por teléfono. El detalle. Todo hacía que se conocieran mejor las personas. Ahora todo es más fácil y más vacío, no hay tiempo para conocerse.  Una mirada, se gustan, un mensaje en WhatsApp, una cita y a la cama y ya.  Fácil. Y como se llenó rápido esa necesidad, ese gusto, esas ganas… Pues se acaba rápido. No hay tiempo para el amor de verdad. Para las canciones, para sentir de verdad.  Como si el amor fuera algo desechable.   Ya no se dedican canciones, boleros, letras hermosas… ahora todas las canciones de reggaeton solo hablan de sexo, de placer, de engaños. Nada comparado con las letras hermosas de Armando Manzanero, de Felipe Pirela, de Luis Miguel, de Andrés Cepeda, de Fonseca. 

Sé que la tecnología ha traído muchas cosas buenas, ahora estamos conectados, el hecho que podamos hablar con alguien en tiempo real en un chat, vernos en cámara a cientos de kilómetros de distancia, es maravilloso, entre muchas otras cosas… pero creo que nos estamos desconectando del corazón y de las cosas bonitas que tienen la vida por tomar tan frívolamente las relaciones humanas.  

Hay relaciones que se acaban solo con bloquear a otro, como si el amor fuera un botón que se apaga y listo. Cambian de pareja y de amigos como si fuera tan fácil como cambiar de chaqueta. 

Yo se que hay relaciones que llegan a su fin, amistades que por más que uno intente ya llegaron hasta ahí, o decepciones tan fuertes que uno dice, aquí no hay nada que hacer… pero como que se daban el tiempo.   Como esa teoría de que la vida se asemeja a un tren, donde sube y se bajan algunos en cada estación y hay otros quienes permanecen todo el camino.  Pero hasta eso se está perdiendo como si todos con todos fuéramos meras estaciones. 

Al igual que el libro que les mencioné al comienzo a mi me asusta esa frivolidad de las relaciones de ahora y que se olviden tan rápido de lo vivido.  

En Prime Video encontré la serie Hombres de 1996, protagonizada por Margarita Rosa de Francisco y Nicolas Montero. En esa época la vi, la pasaban por RCN  y la disfruté tanto que ahora la volví a ver. Al ver una serie de esa época, queda claro cómo ha cambiado todo. Hasta el hecho de que uno tuviera que esperar 8 días para ver el siguiente capítulo.  Tal vez la generación de esa época teníamos más capacidad de espera que la generación de ahora que todo es rápido y tal vez por eso las cosas valiosas no duran porque todo es corriendo, no se da la oportunidad de decantar las cosas que pasan. 

¿Será que estamos perdiendo el norte… que importan más las cosas de afuera que las de adentro, que todo termina siendo tan banal y superficial?  

Tal vez era verdad lo que decía el escritor Eduardo Galeano: 

Vivimos en un mundo donde el funeral importa más que el muerto, la boda más que el amor y el físico más que el intelecto. Vivimos en la cultura del envase, que desprecia el contenido.  

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