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Las pequeñas inquisiciones disfrazadas de justicia social

En el debate social, en la familia, en la escuela o en la cotidianidad: ¡A enseñar con asertividad!

Todos los días oímos o leemos comentarios espantosos: racistas, clasistas, sexistas y violentos. Algunos son dichos a propósito y a conciencia, otros son fruto de la torpeza. Y Me detengo para enfatizar qué de la torpeza no nos salvamos nadie, es una torpeza social que hemos heredado debido a un sistema que nos educó con paradigmas y lineamientos racistas, sexistas, clasistas y violentos, toda la ciudadanía colombiana por no decir en todo el planeta, todas las ciudadanías, venimos de una malformación social y es espantoso que en estos tiempos a esto le agreguemos la superioridad moral de quienes hemos despertado y ya no queremos más de eso.

No sé porque nos olvidamos de que también hemos venido de familias y de constructos sociales absolutamente injustos sólo porque hoy día somos escuderos y escuderas de los derechos.

Estoy convencida de que tenemos el deber de expresarnos contra esos constructos sociales dañinos. Y mi trayectoria habla de ello. He sido transgresora, me he valido del performance y de elementos simbólicos impactantes para transformar mentes y generar saberes disidentes. Creo profundamente en el diálogo franco y directo, sin caer en tonos dulzarrones o en diplomacias sobreactuadas. No obstante, reconozco que existe una gran diferencia entre la transgresión y la agresión. Y así como he estado señalando por años toda esa malformación social tóxica que hemos heredado, también he metido las patas y también he sido lapidada verbal y psicológicamente por horas y por días por cosas que dije mal.

En ocasiones aun cuando he ofrecido disculpas públicas no ha sido suficiente y he tenido que soportar reproches a mis faltas verbales por mucho tiempo. Estamos necesitando urgentemente recordar de dónde venimos para qué ese ego que nos hace sentir superior moralmente a quienes todavía no han despertado a tantas verdades no nos permita convertirnos en la inquisición que tanto hemos despreciado. Dejemos la maldita costumbre de educar “a palos”.

Las resistencias requieren visibilidad y difusión, y hay múltiples tácticas para lograrlo. Con los equipos que he construido, con menor o mayor esfuerzo, hemos logrado hacer eco para llevar nuestro mensaje de la reivindicación de todas las formas de ser mujer, como tiene que ser. Pero hoy, lastimosamente, sé que hay personas que pasan ciertos límites que, desde mi ética, no deben cruzarse. Me duele ver que algunas voces, camufladas en redes sociales, con perfiles reales o falsos, puedan atreverse a amenazar hasta de muerte a quien comete una torpeza y dice algo discriminativo que incluso no encaja con su pensamiento ni práctica social , comentarios que de manera inocente se hacen como chiste o ironía y no somos conscientes que al hacerlos disparamos imaginarios tóxicos y al no ser conscientes simplemente hablamos con desparpajo sin medir las consecuencias sociales de nuestros comentarios.

¿Por qué hago esta reflexión? Porque  yo también he hecho comentarios de ese talante  algunas veces, y lo he hecho sin querer porque no nací aprendida y también he sido agredida por mis comentarios. Debo decir que las personas que se atreven a amenazar la integridad física y psicológica de quienes hemos hecho comentarios desafortunados sobre su realidad generalmente no son activistas, son personas que pertenecen a las comunidades, pero sus vidas no están dedicadas a la transformación social. Simplemente están por ahí en las redes sociales haciendo bulto y ruido viendo a qué horas tienen una excusa para sacar los demonios que llevan dentro.

La gran mayoría de activistas somos personas de paz y jamás hacemos amenazas a la integridad de alguien. Yo soy una activista de más de una década y de  tiempo completo que por voluntad propia ha renunciado a muchos placeres de la vida y a un plan y proyecto de vida individual por trabajar por este país que tanto necesita una transformación auténtica social. Quienes me conocen saben que no es carreta lo que estoy diciendo, lo que he hecho poco o mucho lo he hecho con el corazón y la vida no solamente con discursos y con todo eso he sido maltratada verbalmente y he lideado con amenazas fantasmas algunas veces. Amenazas despreciables de internautas desocupados que no son activistas y me han acusado de cosas espantosas y no ha sido fácil , hoy pienso : Yo tengo el cuero duro y ya sé que esta gente existe y tengo que superarlo con pericias mentales, pero hay otras personas que no son activistas que simplemente tratan de hacer sus aportes desde su realidad y percepción y a veces se equivocan y cuando son matoneadas e incluso amenazadas lo único que dicen es: “Nunca más voy a participar de esos temas , me estoy buscando una muerte pendeja por participar”. Y esto es preocupante porque simplemente podemos estar perdiendo a grandes aliados y aliadas con poder en su voz para dar a conocer tantas realidades que la sociedad ignora sólo porque no tenemos pedagogía.

Las resistencias debemos dar ejemplo: esta debe ser la era de una pedagogía urbana y social, de un activismo que dialogue y construya. Las cosas justas se deben defender de forma justa: nunca voy a estar a favor de ninguna persona que para defender sus postulados atente contra la integridad de sus detractores, incluso si estás personas están equivocadas de “cabo a rabo”.

Me da tristeza ver cuentas de redes sociales que, en aras de una supuesta defensa de la diversidad sexual, del feminismo o de las luchas antirracistas se atreven a amenazar a la gente con quemarla con ácidos o con dañar a su familia. ¡Créanme!: esas personas no representan el verdadero activismo! Es más: quienes ejercemos liderazgos sociales de alguna clase las debemos rechazar frontalmente, porque así no se construye sociedad ni se genera diálogo social.

Una cosa es la terapia de choque social transformador de estructuras y otra la violencia que se ensaña contra un ser, por más desacertado que nos parezca, para llenarle de terror y pánico, al estilo de las peores dictaduras.

La terapia social de choque busca ser espejo y hasta ridiculizar las cosas que están mal y se deben cambiar, pero no busca destrozar a personas por sus “fallas”. Una cosa es el casticismo y la ilustración a través de palabras irónicas, o cualquier otro método incómodo o altanero, y otra cosa amenazar vidas.

Es inaceptable que personas llenas de odio y con impulsos criminales, camufladas en causas justas como son las luchas sociales contra el racismo o el sexismo, se valgan de estos espacios cruciales de la sociedad para verter su veneno y amenazar la integridad física y moral de alguien. Esto no tiene lugar en unas resistencias éticas, por profundas que sean las diferencias y por enormes que sean los rechazos que nuestras contrapartes nos causen.

Desde las resistencias debemos dar ejemplo de respeto a la diferencia, de la posibilidad de que toda persona hacer una fe de erratas, y de la necesidad que tiene esta sociedad de más pedagogía asertiva y menos matoneo. Yo no tengo ningún problema en decirles que con más de 20 años de activismo aún hoy hago comentarios desafortunados, aún lucho con el racismo, el clasismo, machismo y toda esa mierda que cargamos dentro porque la heredamos de generación en generación. Y les digo que tengo miedo de que un día alguien me haga daño con la excusa de que yo soy una monstruosidad.

Todos los días de mi vida, más de diez horas de mi tiempo son dedicados a hacer aportes a este país que muchísimas veces parece inviable y me aterra que por una salida en falso mía, de un solo plumazo todo lo que he entregado sea borrado por alguien que me estigmatizo por algún comentario suelto que hice. Estoy abierta a todo tipo de diálogo y siempre voy a confrontar todo comentario infortunado y aceptaré la confrontación con altura a mis comentarios infortunados, pero jamás voy a validar una inquisición en el nombre de los derechos humanos porque eso es una contradicción. Estamos aprendiendo y pasarán décadas para que todas las sociedades entendamos el fondo de las cosas. Yo no me considero superior moral por ser defensora de lo que es justo estoy dispuesta a seguir destejiendo y tejiendo esta realidad el tiempo que sea necesario.

Seguiré persiguiendo monstruos y cuidando de no convertirme en uno de esos monstruos que persigo. Algo que nos puede ayudar a no ir matoneando atentando contra la salud psicológica de todas las personas equivocadas es siempre hacernos esta pregunta: ¿ Esa persona está haciendo un comentario o esa persona está opinando? La diferencia entre comentario y opinión es que en el comentario hablamos sin mayor pensamiento, de manera espontánea por la memoria que tenemos de las circunstancias, por las ideas heredadas, por nuestro contexto cultural desde nuestra experiencia personal y cosmovisión sin profundizar y a partir de ahí expresamos ideas sueltas a veces con convencimiento a veces con simple interés de un tema que hasta ahora están decantando, en la opinión hablamos desde una investigación juiciosa que hemos hecho de un tema, con conocimiento de causa, en la opinión hay rigurosidad en las ideas que tenemos porque ya hemos dedicado tiempo de nuestra vida a estudiar el texto y el contexto de las circunstancias dadas.

Conocemos los pretextos sociales para justificar lo injusto, entendemos las cortinas de humo y dominamos el tema qué ponemos sobre la mesa y a partir de allí es que exponemos nuestras ideas argumentadas. No solamente las ideas en el aire. Cuando yo entiendo esa diferencia puedo leer a mí contrario sin rabia y odio y puedo encontrar pedagogías para comunicarme asertivamente, quizá gane una alianza maravillosa para las causas justas y para mi propio desarrollo individual en todos estos procesos o quizá no, pero siempre lograré defender lo justo con métodos justos y no convertirme en todas aquellas cosas que yo he rechazado toda mi vida.

¡Unámonos como sociedad, como activistas, como líderes sociales, para repudiar toda amenaza de muerte anónima y solapada disfrazada de lucha social! ¡Estas personas dañan a las resistencias, a las personas violentadas y a la sociedad en general! La lapidación no es educación. Ya es hora de que dejemos la maldita costumbre educar “a palos” la violencia es la más grande enemiga de todo conocimiento, de toda verdad y de toda justicia.

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